Anarquía Relacional y Poliamor No Jerárquico

Del original en The Thinking Asexual,  Relationship Anarchy vs. Nonhierarchical Polyamory.

Me he percatado de que, en la comunidad alosexual y poliamorosa, cuando sale a colación el término anarquía relacional, suele usarse como término sinonímico al de poliamor no jerárquico. Sin embargo, yo los considero significativa y sensiblemente diferentes  y, aunque puedo equivocarme, creo que Andie Nordgren, que tiene el honor de haber acuñado el término en su sueco natal, también lo ve así.

A continuación, desarrollo mi visión de los tres tipos mayoritarios relaciones no monógamas:

  1. Poliamor jerárquico: red en la cual existe una relación romántico-sexual principal y el resto de relaciones románticas o sexuales están supeditadas a ella. Es decir, la relación principal sostiene la mayor parte de carga emocional, de compromisos, de tiempo, etc. A menudo, la pareja principal tiene derecho de veto sobre el resto de relaciones romántico-sexuales. Las relaciones románticas, sexuales o romántico-sexuales secundarias (o incluso terciarias) podrán sacrificarse, reducirse o sufrir perjuicio siempre que la relación principal así lo necesite. El componente secundario de la pareja, tanto sexual como romántico-sexual, posee menos derechos por defecto que el componente principal.

 En alguna ocasión he oído describir a los componentes de este tipo de relación como «monógamos que mantienen una relación poliamorosa bajo normas monógamas», descripción que considero bastante acertada. Las personas en una relación de poliamor jerárquico solo consideran como parte de su red las relaciones romántico-sexuales, mientras que sus amistades se encuentran en una posición inferior, al igual que en relaciones monógamas, ya que esas mismas amistades también funcionan de manera normativa. No están sujetas a compromisos, contacto físico, intimidad ni afectividad, etc.

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  1. Poliamor no jerárquico: red en la cual ninguna relación romántico-sexual tiene una posición privilegiada con respecto a las demás. Es decir, nadie tiene derecho de veto y nadie tiene autoridad sobre las relaciones de los miembros de la red con terceras personas. Puede existir un sentimiento amoroso parejo entre sus componentes aunque los compromisos establecidos no sean idénticos. Incluyo un ejemplo: Janie vive con su amante, Mike, y tienen hijos; a su vez, ambos tienen amantes respectivas que no viven con ellas y que no comparten la maternidad con ellas a tiempo completo. Desde su punto de vista no jerárquico, Janie y Mike consideran sus relaciones romántico-sexuales respectivas importantes, valiosas y dignas de dedicar todo el tiempo y los cuidados que las partes involucradas deseen. Janie y Mike aplican los mismos niveles de esfuerzo y cortesía en el resto de sus relaciones romántico-sexuales que ya aplican en su propia relación; se preocupan de la misma manera por las necesidades, deseos y bienestar de sus amantes que por las de ellas mismas. Ni Janie ni Mike van a sacrificar su propia relación para satisfacer a algunas de sus otras parejas, ni tampoco van a hacer lo mismo con el resto de sus relaciones para satisfacer la relación entre las dos.

poliamor

Por otro lado, y al igual que en el anterior punto, las personas en relación poliamorosa no jerárquica posicionan sus amistades de una manera normativa; solo consideran parte de su red a las personas con la mantienen relaciones romántico-sexuales. Sus relaciones romántico sexuales disfrutan de una posición homogénea, pero todas, en su conjunto, ostentan un lugar privilegiado dentro de su entorno social, frente a sus relaciones no románticas o no sexuales, que carecen de él, al igual que en relaciones monógamas.

Recomiendo encarecidamente dos ensayos en los que se tratan tanto las relaciones de poliamor jerárquico como las relaciones de poliamor no jerárquico: The problem with polynormativity, Polyamory and hierarchy.

  1. Anarquía relacional: el concepto de anarquía relacional no hace exclusivas las relaciones románticas ni el sexo, aunque puede incorporar tanto una como ambas. De esta manera, para una anarquista relacional, tanto sus relaciones convencionales como sus relaciones íntimas y más intensas no van a reducirse a las categorías de «pareja romántica», «sexual» o «romántico-sexual». Puede que incluso no tengan ese tipo de parejas porque, maldita sea, las personas asexuales y arrománticas también pueden ser ARs. Usemos como ejemplo a una persona romántica, alguien quien discrimina claramente el amor «romántico» del «no romántico»/«amistad». Si una persona romántica, tanto alosexual como asexual es anarquista relacional, jamás pondrá sus relaciones no románticas por delante de las románticas. Nunca diferenciará sistemáticamente entre «pareja» y «amiga» («no pareja»); es decir, no discriminará a alguien con quien se relacione de manera romántica de alguien con quien se relacione de manera no romántica, respectivamente. Una anarquista relacional no hará exclusivo de sus parejas románticas el sexo, el compromiso, el afecto físico/sensorial y la intimidad, afectiva o no. Es decir, no privará de todo esto a sus relaciones de amistad no románticas.

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Una anarquista relacional no solo rechaza la jerarquización entre relaciones de pareja, sino entre relaciones románticas y no románticas. Puede hacer que una de sus relaciones de amistad no románticas se convierta en su pareja,  y no hablo ya de sexo. Es decir, una anarquista relacional puede copiar todo el código de conducta del concepto de «pareja» –compromisos de convivencia, crianza, gananciales, integración de la pareja en la familia de origen, etc. – y ponerlo en práctica con una pareja con la que no mantiene relaciones románticas ni sexuales o incorporarlo a su relación con una pareja romántica y/o sexual. Queda a disposición de la anarquista relacional incluso estructurar su ámbito de relaciones individuales y su red relacional totalmente fuera de toda tendencia romántica; en otras palabras, un anarquista relacional, hombre y heterosexual, puede convivir con su mejor amigo o establecer una relación romántica homoplatónica con él sin que se diferencie en absoluto de una relación igualmente importante, íntima y afectiva que ya haya establecido con una mujer. Puede incluso acabar conviviendo con él y su pareja romántica, formar una familia y que todos funcionen como parejas ecuánimes.

Una persona arromántica de cualquier orientación también puede ser anarquista relacional (soy de las que opina que las personas arrománticas sí pueden ser poliamorosas, pero ese es otro tema).

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En definitiva, y en mi opinión, la anarquía relacional tiene diferencias fundamentales que la separan del poliamor no jerárquico. El poliamor (excepto para aquellas personas arrománticas) no tiene en absoluto en consideración las relaciones no románticas y no sexuales, como sí hace la anarquía relacional. La anarquía relacional derriba las estructuras sobre las que colocamos las relaciones individuales, lo que provoca que no existan ideas preconcebidas sobre cómo deberían funcionar las relaciones «románticas» y las relaciones de  «amistad». Las parejas románticas no tienen autoridad sobre las relaciones de amistad de cada componente ni sobre las relaciones románticas de los mismos. En una red AR, puedes disfrutar de amistades sexuales no románticas, de relaciones románticas no sexuales y de amistades no sexuales y no románticas con mucho más significado que algunas relaciones románticas o sexuales.

La anarquía relacional se mueve sobre una escala de grises. Crea relaciones sobre esa base, y ese es el espacio que ocupa. No existe un número finito de posibilidades de relación dentro de una red anarcorelacional, y, de hecho, eso es lo que configura su núcleo, el que no importe cómo conformas tu relación. Las relaciones establecidas dentro de escala de grises no se adscriben a las definiciones sociales categóricas de «relación romántica», «amistad», «pareja» y «familia».

Es por esto que a veces me siento incómoda o decepcionada al escuchar a gente alosexual y poliamorosa en relación no jerárquica usar el término «anarquía relacional». No soy la policía del lenguaje de la comunidad poliamorosa mundial; ni siquiera soy la persona que acuñó el término «anarquía relacional», por lo que no puedo obligar a las personas poliamorosas a adherirse a las definiciones que he incluido aquí. Sin embargo, si se me acerca alguna persona poliamorosa hablando de anarquía relacional, me mostraré escéptica  y la preguntaré qué es en realidad lo que quiere decir con ese término. ¿Tienes en cuenta tus relaciones no románticas o no sexuales? ¿Tus relaciones romántico-sexuales ostentan una posición muy parecida a la que ostentan las relaciones romántico-sexuales en un ámbito normativo y monógamo, si excluyes la monogamia? ¿O tienen una posición menos definida y ambigua?.

Anarquismo Sin Tonterías, Conan y las muchachas

La castración de la violación

Del original en The Thinking AsexualWhy the Desexualization of Rape is Problematic, petición de María Zerobox <3.

Muchas de nosotras hemos oído a feministas, académicas, investigadoras y celebridades explayarse con aquello de que «la violación es poder». Que no tiene que ver con el sexo y no debería llamarse como tal. Que es poder, violencia y dominación.

Las partidarias/feministas de/con una visión positiva del sexo insisten con vehemencia en conceptualizar la «violación» como algo totalmente opuesto al «sexo» porque en su pensamiento, en su evangelio, «el sexo es bueno». (Seamos más específicas: el sexo [consentido] entre adultos siempre es bueno, sano y placentero). No desean incluir la violación en la categoría de «sexo» porque hacer tal cosa significaría reconocer que el sexo no es de innata, automática y universalmente bueno. Considerar que la violación es otra forma de sexo —si bien en su opuesto negativo— nos hace pararnos a reflexionar sobre aquellas formas de sexo dudosamente consentido y sexo consentido dudosamente sano a pesar haber sido consentido. No solo eso, además nos hace plantearnos la pregunta sobre si todo sexo consentido y no violento es siempre bueno y no ha de ser por ello motivo de debate, reflexión ni crítica.

La argumentación de aquellas personas con una visión positiva del sexo y de aquellas otras quefirman la lapidaria frase «la violación [tan solo] es poder» se reduce a lo siguiente: «en realidad, la violación no tiene que ver con el sexo, es violencia en la que se ven involucrados los genitales. El sexo real siempre es consentido y, por ende, sano. La violación no puede considerarse como sexo porque es nociva y el sexo nunca lo es».

Pues mira, que lo jodan.

Decir que la violación no tiene que ver con el sexo es como decir que el asesinato no tiene que ver con matar. Hay infinitas razones por las que una persona decide matar a otra, siendo el puro placer de hacerlo una de esas razones. Sin embargo, al final, el asesinato se define como acabar con la vida de una persona sin su consentimiento, independientemente de lo que el asesino estuviera pensando, sintiendo o lo que deseara conseguir gracias al homicidio. Tanto la muerte ocasionada como el método llevado a cabo para conseguirla van unidas, de la misma manera que no puedes «emascular» la violación sin desdeñar la mecánica con la cual ha tenido lugar.

Discriminamos la violación de otras formas de violencia física por el uso de los órganos sexuales que, generalmente, implican la excitación y el orgasmo del violador. Ser víctima de violación no es lo mismo que recibir golpes, maltrato psicológico o amputación de miembros. Todas estas acciones son violentas, en todas está presente el dolor y el sufrimiento, pero solo en la violación los genitales entran en un juego creando una situación intrínsecamente sexual entre víctima y agresor.

El sexo es una expresión de la violación. Así, como suena. La violación no se consiente, tiene carácter violento y se usa como herramienta de dominación y humillación, sin que esto excluya que muchos violadores se sientan atraídos sexualmente por sus víctimas o busquen placer sexual cuando violan a alguien. Los móviles no sexuales, la satisfacción personal y demás consecuencias de la violación, no eliminan el placer genital y erótico que muchos violadores experimentan durante e inmediatamente después del acto. Es posible que su placer genital y erótico esté intrínsecamente unido a los aspectos de poder y dominación que emanan de la violación, lo que significa que la violación se convierte en fetiche de determinados agresores, en cuyo caso es innegable el componente sexual del acto desde el punto de vista del violador y debe tenerse en cuenta posteriormente en su procesamiento.

No existe un único tipo de violación, como tampoco existe una sola combinación de motivos y objetivos en la perspectiva del violador. En las violaciones efectuadas por desconocidos, donde hay un desconocido y en las violaciones efectuadas por amigos, donde hay un amigo; existen las violaciones en la cárcel, existen las violaciones en las citas, existen las violaciones incestuosas. También hay violaciones políticas o en tiempos de guerra, que en la mayoría de casos son violaciones masivas. Existen las violaciones efectuadas por parejas sentimentales, incluyendo las de dentro del matrimonio. Existen violaciones en las que se utiliza la fuerza y existen violaciones en las que no es necesaria por el uso de determinadas drogas o alcohol, chantaje emocional o presión psicológica en su lugar.

Lo que intento decir es que, de todas estas situaciones, algunas de ellas sí tienen que ver mayormente con poder, dominación y humillación, pero algunas de ellas tienen que ver más con el sexo de lo que la gente quiere reconocer. No quiero decir con esto que la violación sea el resultado de un impulso sexual incontrolado; los impulsos sexuales SIEMPRE pueden controlarse. No me importa si tienes que encerrarte en una jaula y tirar la llave. La violación es una opción que tomas y sobre la que solo tú eres responsable. Tampoco quiero decir que todas las violaciones contengan un punto de atracción sexual, porque, en la mayoría de casos, no la tienen. Sin embargo, e independientemente de las reacciones que esto pueda provocar cuando escribo esto, algunos violadores sí se sienten sexualmente atraídos hacia sus víctimas. Algunos violadores simplemente actúan porque quieren follar y les da lo mismo cómo hacerlo, y otros obtienen placer sexual cuando violan. El argumento plano de que «la violación no tiene que ver con el sexo» no puede tomarse como una verdad universal.

Me niego a compartir la idea de que la atracción y el deseo sexual siempre son benignos y respetuosos y que, de esta manera, nunca pueden formar parte de situaciones de violencia sexual. No, eso es una mierda como un castillo de grande. Los hombres heterosexuales llevan violando mujeres desde el principio de los tiempos, y los cerdos volarán antes de que me hagas creer que en cada una de esas ocasiones, el tipo solo forzó ese encuentro sexual por el gusto que la sensación de poder y la dominación que le provocaba sin que sintiera ningún tipo de deseo sexual hacia su víctima semejante al que sentía hacia aquellas mujeres que sí deseaban por voluntad propia tener sexo con él. Cuando un tipo ve a una mujer que encuentra guapa o excitante y quiere follársela, y en el caso en que carezca de juicio o no la vea como una persona con derechos, independencia y con potestad sobre su cuerpo, la viola para obtener satisfacción sexual a través de ella y no le importa lo más mínimo lo que ella quiera. Incluso, en este caso, si existe algún grado de poder y dominación que contribuye a este placer, en su mente prevalece el deseo sexual.

¿Cómo explicarías que gran parte de los violadores machos que cometen violación no consideran realmente como tal lo que han hecho? Sus víctimas hembras sí lo ven así, lo llaman así, consideran a su agresor un violador y a ellas mismas como víctimas de violencia. Y sin embargo, él piensa que lo que acaba de tener es sexo. Él no se considera un violador y, en estos casos, tampoco considera que su víctima no haya dado su consentimiento. Piensa que no acaba de tener una relación sexual diferente a la que tienen dos personas de manera casual y entusiasta. Puede que, para la víctima/superviviente, la violación tuviera que ver con poder y dominación, pero el violador no considera que haya cometido una violación y sea en realidad un violador, considera que ha sido solo sexo. Sexo es lo que quería, y desde su perspectiva, sexo es lo que ha obtenido.

Una situación en la que la violación está intrínsecamente ligada al sexo y no al poder es en relaciones afectivas. Poco debate existe sobre las violaciones dentro de relaciones afectivas; se las considera aún un tema tabú, y es la última situación que se nos pasa por la cabeza cuando hablamos o pensamos sobre violaciones. Mucha gente, incluso, cree que no pueden existir, porque han caído en la jodida y enfermiza posición de pensar que el mantener una relación afectiva te otorga el derecho inalienable de tener acceso al cuerpo de tu compañera y a mantener sexo con ella en cualquier momento. Muchos no quieren darse cuenta de que existen violaciones dentro del matrimonio, la más alta institución del Amor Romántico-Sexual de nuestra cultura. Aquellas que han sido violadas por su pareja afectiva o por su cónyuge ni siquiera quieren usar la palabrita para describir lo que les ha ocurrido, porque «violación» es un término antitético a «romance» y «amor» tanto en el imaginario colectivo como en el personal. Lo es tanto que eso que se niegan a aceptar que lo que acaban de sufrir dentro de su relación afectiva es exactamente lo mismo que les hubiera podido hacer ese «escalofriante y misterioso desconocido que, en un callejón oscuro, agrede y viola a una viandante anónima».

¿Sabéis qué? Esa pareja afectiva que amas, quieres y en la que confías también puede violarte. Y cuando eso ocurre,  exceptuando aquellas situaciones de violencia doméstica en la que sí existe un elemento activo y desequilibrante de dominación y poder, normalmente estamos hablando de sexo. Y no hace falta que me aleje mucho de mi comunidad para descubrir ejemplos explícitos. Compañeras asexuales que sienten repulsión, aversión o indiferencia hacia el sexo, pueden fácilmente sufrir una violación por sus parejas afectivas alosexuales; de hecho, muchas de ellas la han sufrido. Varones asignados como tal al nacer (AVAN), hembras asignadas como tal al nacer (AHAN), heterorománticas, homorrománticas, birománticas, panrománticas, las llamamos. Existen violaciones a personas asexuales por sus parejas afectivas cuando quieren follar con ellas porque están cachondas, porque se sienten atraídas hacia ellas y porque se sienten con derecho a tener sexo con ellas porque ya existe una relación afectiva. Estas violaciones no tienen que ver con poder y dominación. Incluso la violación «curativa» de asexuales no tiene que ver con poder ni dominación cuando ocurre dentro de relaciones afectivas. Es sexo, es la consecuencia de que una persona asexual diga «no, no quiero mantener relaciones sexuales contigo» y de que la persona alosexual diga, «y una mierda, yo quiero tener sexo, y tú eres mi relación afectiva». Aquí estamos, en la cama, haciéndonos carantoñas. Aquí estamos, tenemos una cita y estamos solos. Lo normal es que tengamos sexo, y el sexo es una de las razones por las que me involucro en relaciones afectivas. Me atraes y voy a follarte tanto si quieres como si no.

Las asexuales reticentes al sexo descubren violadores dentro de gente alosexual que, de otro modo, nunca habrían violado «de manera violenta» a otra persona de forma consciente, premeditada a alevosa. No me resultaría raro que gran parte de los violadores alosexuales responsables de haber violado a sus parejas afectivas asexuales no se consideraran violadores o consideraran el sexo mantenido con sus parejas asexuales como violación. Sé de más de una persona asexual que ha sido agredida sexualmente por alguna expareja afectiva o por algún amigo en algún momento de su vida. Estas personas asexuales, tanto AVAN como AHAN, nunca se enfrentaron a sus exparejas/examigos por lo ocurrido. Nunca exigieron responsabilidades, nunca usaron la palabra «violación», nunca hubo discusión al respecto de la violación o el consentimiento dudoso de la relación sexual. El dolor y el trauma de la persona asexual se quedaron en el ámbito privado, nunca se hicieron públicos. Las personas alosexuales en ningún momento recibieron consentimiento por parte de sus parejas asexuales. En algún caso sí sabían que sus parejas eran asexuales y, por ende, no sentían gusto por el sexo, pero, aparentemente, no lo tuvieron lo suficientemente en cuenta como para considerar que estaban gestando una situación de violación cuando aquellas personas alosexuales empujaban a las asexuales a mantener una relación sexual. ¿Intentas decirme que estas personas alosexuales abandonaron las escena del crimen sintiéndose mal por haber violado a sus parejas? ¿Crees que se miran al espejo por las mañanas y ven a un violador? Juro por los siete infiernos que no lo creo.

Las personas asexuales demuestran que no hay nada de natural, de determinado ni de positivo en el sexo o en el deseo sexual y, en algunas ocasiones, incluso el sexo consentido resulta nocivo, al nivel de resultar poco cómodo o traumático de manera física, emocional o física. Esas mismas personas asexuales demuestran  que la violación dentro de una relación afectiva es algo que puede ocurrir con facilidad y que esos violadores, en otras situaciones, personases benévolas, no violentas ni nocivas, ni han sido capaces de elaborar un metódico calendario para violar a personas tal o cual día ni violar sistemáticamente a la pareja con la que mantienen una relación afectiva y que a la vez desee mantener sexo con ellos de manera regular. Esas mismas personas asexuales demuestran que, en ocasiones, la violación tiene que ver con el sexo. Incluso algunas veces, solo tiene que ver con eso. Esas mismas personas asexuales demuestran que la violación no es en su totalidad una muestra misógina de la dominación patriarcal del hombre sobre la mujer.  Esas mismas personas asexuales demuestran que el sexo técnicamente consentido y que, de esta manera, se aleja totalmente (y otra vez técnicamente) de la violación, puede llevarse a cabo incluso contra la voluntad de alguien.

El sexo no es inherentemente bueno (tampoco es malo, por los mismos motivos). A veces, el sexo es violación, y, cuando no lo es, cuando técnicamente se da una situación de consentimiento mutuo, no siempre es positivo ni sano para la gente que lo aplica. El sexo consentido puede ser agresivo, explotador, traumático, emocional y psicológicamente doloroso e incluso violento. Según lo visto, el consentimiento no vale como criterio a la hora de determinar qué tipo de sexo es «sano» y cuál es «nocivo». Lo siento, peña con una visión positiva del sexo. Todo este follón es más complejo que decir «sí» o «no».

En defensa de Catelyn Stark

Del original en Feminist Fiction, In Defense of Catelyn Stark.

Catelyn Stark es de las pocas voces de la razón en Canción de Hielo y Fuego, y aun así es sistemáticamente ignorada por su condición de madre y mujer. Aunque, como cualquier otro personaje de la serie, comete errores (como fiarse de Meñique, por ejemplo), sus consejos son generalmente muy sólidos. Ha vivido una sangrienta guerra y ha perdido a gente a la que quería; lo que no quiere es vivir otra y perder a toda su familia, la que le queda. Y, de esta manera, ella sola, desmarcándose del resto de personajes principales, clama en contra de la guerra y la venganza. Comprende que más muerte y destrucción no le devolverán a la gente a la que ha perdido. Ante todo, desea la paz. Advierte a Renly de que sus hombres son “caballeros del verano” que juegan a la guerra sin tener en cuenta lo que ello conlleva. Muchas de las horrorosas situaciones que se producen en los libros podrían haberse evitado si alguien hubiera tenido en cuenta sus advertencias, cargadas de experiencia y sabiduría. ¿Por qué? Porque es mujer. Porque es madre. Y como es madre, se la desvaloriza por compasiva, por estar demasiado preocupada por su prole y no poder entender la verdadera naturaleza de la guerra. Porque, como madre de Robb, si hubiera prestado atención a sus palabras, hubiera sido síntoma de debilidad.

Muchas lectoras reaccionan de la misma manera. Catelyn Stark, como muchos otros personajes de la serie, es imperfecta. La diferencia con otros de los «buenos» radica en que es una madre imperfecta, y esta es una tara produce mucho rencor. Catelyn es una madre demasiado típica: prioriza el bienestar de sus descendientes ante cualquier otra cosa. Sin embargo, en el fondo no es una madre TAN típica, ya que posee sus prejuicios y debilidades. No se encuentra todo el tiempo criando de sus hijos ni se somete a caridades ajenas y finalmente decide involucrarse en la guerra en vez de esperar su desenlace en casa con sus hijos más jóvenes. Y esto, por lo que parece, no puede permitirse

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Algunas lectoras critican a Catelyn por involucrarse en la guerra en vez de volver a Invernalia a cuidar de Bran y del cada vez más indómito Rickon, Discuten sobre si debería haber vuelto corriendo a casa una vez recibe la noticia de que Bran ha despertado. Le culpan del saqueo de Invernalia ya que debería haber estado ahí criando y protegiendo a sus hijos, aun cuando fue ella la que aconsejó explícitamente a Robb de que no usara a Theon como diplomático.

No se tiene en cuenta que Catelyn estuvo dos semanas enteras con Bran, junto a su cama, sin comer ni dormir, totalmente envuelta en dolor e implorando por su recuperación. Su propia presencia le salva del intento de asesinato; la misma tentativa despierta a Catelyn de su dolor y le hace darse cuenta que no ayudará a Bran de ninguna manera si se queda llorando junto a su cama, que lo que debe hacer es informar a Ned del ataque y, más tarde, unirse a su hijo y ayudarle a salir triunfante en la guerra. Hasta lo que Catelyn sabe, Bran y Rickon se encuentran a salvo en Invernalia bajo el cuidado del maestre Luwin, y que no sufrirán ningún daño a menos que Robb pierda la guerra. A partir de aquí, su mayor preocupación es ofrecerle a Robb, el joven rey carente de experiencia de liderazgo bélico, su consejo y apoyo. Al encontrarse junto a Robb y al servir de enviada para reunirse con Renly, está protegiendo a su familia.  Con sus esfuerzos para ponerle fin a la guerra, está tratando de proteger a todo el mundo.

Se critica también a Catelyn por su trato hacia Jon, sobre todo cuando le cuenta que hubiera preferido que se cayera él del torreón en vez de Bran. Aunque sea algo muy duro de decir, Catelyn se encuentra muy dolorida por la situación su hijo en ese momento. Por lo general, no es cruel con Jon. Le permite vivir en Invernalia, le permite establecer vínculos de amistad con sus hijos y, en la mayoría de casos, le permite igualarse en trato al resto de los Starks del castillo. Está resentida con él porque es la prueba viviente de la infidelidad de su marido que pulula enfrente de sus narices, incluso con un parecido mayor a su marido que el resto de sus hijos. Sin embargo, no recibe otra cosa que indiferencia, algo que solo cambia tras dos semanas sin dormir y un dolor agudo.

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A pesar de esto, la crítica más feroz y, a la vez, la más extraña que recibe Catelyn  es por su actuación tras dejar a Bran y viajar a Desembarco del Rey. Aunque esas mismas fuentes critican a Catelyn por no ser tan madre amantísima, sus discusiones con Tyrion Lannister también reciben críticas por serlo demasiado, es decir, por dar prioridad a su familia frente al resto. A pesar de la serie se caracteriza por sus conexiones internas; es decir, ninguna acción aislada o individual es enteramente responsable del estallido de algo tan complejo como una guerra, mucha gente acusa a Catelyn de ser la responsable del estallido [de la Guerra de los Cinco Reyes] por creerse las mentiras de Meñique y capturar a Tyrion.

El caso es que Catelyn no decide capturar a Tyrion. Su objetivo es volver a Invernalia de incógnito, y así lo intenta cuando él entra en la taberna en la que se encuentra. Sin embargo, cuando el Gnomo advierte su presencia, no le queda otra que pasar a la acción. Ella cree que Tyrion forma parte de un complot en contra de su familia y que si los Lannister se percatan de su reciente presencia en Desembarco del Rey, tanto su marido como sus hijas correrán peligro. ¿Qué otra opción tiene? Le lleva a Nido de Águilas porque cree que su hermana es de fiar y tiene acusaciones fundadas de intento de asesinato contra los Lannister. Una vez que descubre la locura en la que ha caído Lysa, levanta la voz y trata de proteger a Tyrion de la sed de sangre de su hermana. Sin embargo, ya es tarde. Catelyn sí es directamente desponsable del ataque de Jaime Lannister a Ned en las calles y que los hombres Lannister comiencen el ataque a las Tierras de los Ríos, pero los mismos Lannister estaban ya enrareciendo la situación para provocar el enfrentamiento. Lysa Arryn tiene parte de responsabilidad por mentir a su hermana. Meñique, en definitiva, es el total responsable de que se precipiten los acontecimientos al mentir a Catelyn sobre la autoría intelectual del intento de asesinato de Bran, que carga a Tyrion. De toda esta intrincada red, Catelyn es el único elemento imperfecto. Por último, a Catelyn se la critica por liberar a Jaime Lannister, por priorizar de nuevo sus instintos maternos frente a una visión más estratégica de la guerra. Desde un punto de vista diplomático y estratégico, no parece un buen movimiento (aunque, una vez transcurre la trama, se convierte en una de las mejores opciones que entonces pudo tomar). Empero, Catelyn sufría por sus hijas. La liberación de Jaime no es obra de un líder frío y calculador, sino de un ser humano corriente y yo, en definitiva, la admiro por ello.

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Como dice Brienne, Catelyn tiene «el valor de una madre» y la fuerza de una madre. Junto con su inteligencia y su percepción de las situaciones, la mayor cualidad de Catelyn es su habilidad de reponerse. A lo largo de dos libros, pierde prácticamente todo. Pero ahí sigue; continúa insistiendo en que la venganza no lleva a ningún sitio, que deben quedarse con lo que les queda, antes de que no les quede nada. Y, pese a todo, la gente sigue ignorándola por ser madre, porque se guía por emociones femeninas muy tibias y porque lo que debería hacer es dejar de invadir los espacios masculinos y volver con sus hijos. Y así se mantiene, con poco poder de influencia, como Cassandra, mientras intenta advertir a todo el mundo de sus errores; observando, sin ayuda, cómo nadie la presta atención mientras todo lo que ama desaparece.

Y mientras tanto, las lectoras la critican por sus errores. Por ser madre y por no serlo lo suficiente. Por involucrarse en los acontecimientos, por atreverse a ser un personaje complejo, en vez de una simple «madre».

Pin-ups, cultura del porno y post-feminismo de mujeres blancas: sobre Hilda, la olvidada pin-up de talla grande.

Traducción del artículo de Aphrodite Kocięda en feministcurrent, 20 de agosto de 2013.

Un montón de gente ha estado posteando sobre “la olvidada pin-up de talla grande” creada en los años ’50 y llamada Hilda, porque está más rellenita de lo que estamos https://i1.wp.com/feministcurrent.com/wp-content/uploads/2013/08/Screen-shot-2013-08-05-at-4.54.32-PM.pngacostumbrados a ver en las imágenes sexualizadas de mujeres. Hilda ha sido recientemente redescubierta por la cultura mainstream y ahora parece que medios feministas de todas partes están exaltando su imagen, más que nada por ser una mujer de talla grande (una expresión que, por cierto, odio).

No están criticando el hecho de que esté sexualizada y objetivada exactamente igual que las modelos delgadas; solamente están aplaudiendo sus esfuerzos por ser superficialmente diversa.

Blogs feministas están alabando la imagen de Hilda, llamándola “bonita” e “inspiradora”. Mientras tanto, aquellas que cotidianamente criticamos los mecanismos sexistas contra las mujeres en la cultura mainstream quedamos dejadas a un lado porque somos muy conscientes de que la imagen de la chica pin-up promueve la deshumanización de las mujeres. A ver, tal vez no lo he entendido bien, pero, como feministas, ¿estamos ensalzando a las pin-up?

Vale, lo entiendo. Vivimos en una cultura en la que proclamamos ser post-todo. Entonces nos damos una palmadita en la espalda, actuando como si fuésemos súper progres porque colgamos imágenes sexualizadas de mujeres gordas en nuestros muros en vez de colgarlas de mujeres delgadas. Joder, ¡cuánto activista!

Las pin-ups no fueron creadas para las mujeres, no importa cuántos ojos femeninos adoren al cuerpo de la modelo. Quiero decir, se llaman PIN-UPS [en inglés pin-up significa literalmente algo que se cuelga de una pared]. ¿Hay algo más objetualizante? Fueron creadas por la mirada masculina heteronormativa. El hecho de que las mujeres sigan tratando de apropiarse de la cultura masculina heterosexista para su propia liberación demuestra un problema más profundo.

Actualmente vivimos en una cultura pin-up donde las mujeres sólo tienen la visibilidad garantizada si exhiben sus cuerpo para el consumo público. De ahí que la mayoría de mujeres son preparadas y disciplinadas desde edades muy tempranas para desarrollar cuerpos de cartel.

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De esto va el post-feminismo blancocentrista. De la idea de la liberación sexual que encaja con la visión y aprobación masculina. Ahora nos podemos sentar y tener la larga, acrítica y desacertada conversación sobre las mujeres que eligen desnudarse y disfrutar siendo pin-ups. Pero voy a ahorrarme un infarto cerebral y seguir, porque hablar sobre “agenciamientos individuales” es irrelevante cuando estamos discutiendo la hegemonía.

Cuando hay  mujeres que pelean para acabar con las representaciones negativas de mujeres en los medios de comunicación de la sociedad contemporánea, y aun así hacen circular imágenes de pin-ups blancas, están obviando cómo la cultura que rodea a las chicas pin-up pone de relieve el sexismo contra el que estamos luchando.
Esto es lo que pasa cuando sólo nos centramos en el individuo y no en el sistema que lo condiciona.

Si tenemos un nivel de comprensión superficial de la dominación, entonces tendremos un nivel superficial de soluciones. Es así de simple. Postear en tu muro una mujer sexualizada de cualquier talla, originalmente creada para hombres, no resolverá el hecho de que sistemáticamente las mujeres son degradadas, deshumanizadas y privadas de entender su propia sexualidad. También enseña a los hombres que sexualizar cuerpos “diversos” o “alternativos” es progre y, por lo tanto, aceptable.

Adicionalmente, como reitero todo el tiempo, los mecanismos de sexualización pública del cuerpo son una iniciativa de la cultura blanca. Las mujeres negras no tienen los mismos privilegios cuando exhiben su cuerpo porque son vistas como propiedad pública, lo que se evidencia por los altos índices de violaciones y lo mal pagadas que están en los espacios de trabajo sexual.

La idea del cuerpo de una mujer (a veces sin nombre) en el escaparate para el consumo público, irónicamente envasada como “sexy” y “liberada” para las mujeres de hoy, es simplemente otra https://i0.wp.com/feministcurrent.com/wp-content/uploads/2013/08/Screen-shot-2013-08-05-at-5.04.37-PM.pngpista de que el feminismo ha sido absorbido por el patriarcado. Supongo que eso es lo que pasa cuando las mujeres más privilegiadas son las que deciden cómo se consigue el empoderamiento de las mujeres. Me temo que no entiendo cómo es que al tiempo que criticamos el sexismo en los medios, nos suscribimos a la idea de una pin-up como feminista.

Las imágenes de las pin-up evocan nostalgia de un tiempo donde las mujeres eran disciplinadas para mantenerse “en su sitio” y cooperar con la dominación de los hombres sobre las mujeres. Éste es otro ejemplo de cómo el sexismo “irónico” y la cultura hipster  están impactando en las mujeres y el feminismo.

La imagen de la pin-up representa una de las imágenes de la sexualidad femenina más cliché, más dañinas, comercializadas, estereotipada… A saber, que existimos para atraer a los hombres heteronormativos, que necesitamos mostrar nuestra sensualidad en público para ser vistas como auténticas mujeres sexuales y que no podemos conjurar un auténtico deseo sexual sin tener en cuenta el apetito masculino.

Este tipo de lógica binaria no es liberadora. Por ejemplo, sigo viendo esta imagen posteada por todas partes:

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Éste no es un problema de tallas, la cuestión es que los estándar de belleza definen el valor de una mujer. Ya que estos estándar de belleza están siendo creados o surgen de una supremacía blanca patriarcal, inevitablemente son exclusivos y limitantes. Muchas ni siquiera se dan cuenta de cuán excluyente y limitante es este estándar. Estamos atascados en una batalla perpetua sobre qué expresión de belleza es la más real o hermosa. La idea de que una mujer “real” es definida por unas mediciones superficiales como el tono de piel, el largo del  pelo, la talla de ropa, etc., es simplemente una manifestación de que vivimos en un acrítico patriarcado neoliberal y de supremacía blanca donde las mujeres todavía no pueden definirse a sí mismas.

De hecho, yo argumentaría que las mujeres ni siquiera son vistas como seres humanos sintientes, y la imagen pin-up ayuda a solidificar la deshumanización de las mujeres, a la par que la contemporánea cultura porno.

En realidad, las mujeres se han convertido en unidades de medida para reforzar la masculinidad de los hombres. Por lo tanto las mujeres no se pueden beneficiar de las imágenes pin-up como lo hacen los hombres. De hecho, es imposible hacer eso en un patriarcado heterosexista.

Incluso si tú como mujer te sientes excitada por estas imágenes pin-up, no significa que estas imágenes estén destinadas a ser tu fuente de liberación. Están destinadas a ser una herramienta simbólica de la opresión masculina sobre las mujeres. Su imagen es usada como una lección discursiva: que la vida como mujer puede ser muy fácil si simplemente te ajustas a los roles de género. Todo lo que tienes que hacer es lucir tu cuerpo y usar tu cómoda feminidad para ser ensalzada. ¿Qué mejor reconocimiento que tanto hombres y mujeres vean tu cuerpo sexualizado y lo cuelguen en sus paredes para cubrir sus necesidades?

No podemos confundir los impulsos sexuales naturales de las mujeres con el comercio institucionalizado y masivo de imágenes de mujeres “sexys” creadas por y para hombres. Si lo hacemos estamos siendo engañadas para creer que la liberación de la mujer puede ser de alguna forma celebrada en una cultura patriarcal y sexista que aprovecha cada oportunidad que tiene para deshumanizar a las mujeres.

Hay una ironía inherente en estas exaltaciones de los cuerpos de las mujeres, una ironía a la que merece la pena prestar atención. Hay que sospechar de una cultura que tiene que intentar convencerte de que eres libre y estás liberada mientras se aprovecha de tu esclavitud y opresión.

Recordad, la pin-up es una expresión distorsionada de la sexualidad masculina, no de la femenina. Todavía no tenemos una expresión de nuestra sexualidad porque todavía estamos intentando entender qué significa realmente la sexualidad para nosotras. No podemos reclamar o celebrar la sexualidad de la mujer o sus cuerpos porque reclamar algo significa que sabemos cuál es su estatus actual, o quién lo posee actualmente. Como mujeres, si no estamos al tanto de que nuestra sexualidad ahora mismo no nos pertenece, sólo podremos reclamar y celebrar una imagen que ha sido diseñada para mantenernos oprimidas. En otras palabras, al elogiar a las pin-up estamos celebrando nuestra propia deshumanización.

Ahora bien, podemos empezar a comprometernos con conversaciones feministas reales sobre las pin-up, o podemos quedarnos mirando las imágenes bidimensionles de mujeres que no hablan, no piensan, no se mueven, no comen, pero sonríen.

Aphrodite Kocieda se graduó en Comunicación en la Universidad de South Florida y contribuye con el Vegan Feminist Network. Su actual investigación fin de carrera está centrada en el papel del activismo feminista en un ámbito postfeminista predominado por la cultura de la violación.

Traducción de (todavíanohasehapuestonombre)

Corrección de Isis Brand.

¿Cómo lidiar con la gordofobia en el periodo de recuperación de un TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria)?

Del original de Erin McKelle en Dealing with Fatphobia while in Eating Disorder Recovery.

Humillar a una persona por su peso tiene efectos altamente nocivos para su salud física y mental y para la relación de esta con su propio cuerpo.

Los trastornos alimentarios tienen efectos altamente nocivos para la salud física y mental las personas y para la relación de estas con sus propios cuerpos.

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¿Lidiar con ambos a la vez? Harto difícil.

Cualquier receptora de medios de comunicación te dirá que muchas cosas relacionadas con este asunto son inevitables. Que allá donde mires, existen mensajes relacionados con el cuerpo y el peso. Vivir en [esta] sociedad y no haber tenido contacto con algún tipo de gordificación[1] es, cuanto menos, imposible.

Está en nuestra mano aprender cómo lidiar estos ataques de tal manera que evitemos que afecten al transcurso de nuestra recuperación.

Trastornos alimenticios y gordofobia.

Ambos elementos, los trastornos alimentarios y la gordofobia, están íntimamente ligados.

Muchos (si no la mayoría) de trastornos alimentarios se relacionan directamente con el dúo peso-ansiedad. La necesidad de controlar el peso propio o de manipular personalmente nuestro cuerpo también es consecuencia de lo anteriormente mencionado.

También existe cierta conexión entre los trastornos alimentarios y la influencia de los medios de comunicación. La insatisfacción con nuestro cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria son consecuencia directa de nuestros hábitos en la sociedad de consumo y la publicidad.

Estas afecciones están experimentando un repunte. Según recientes investigaciones, la quinta parte de las mujeres de entre doce y treinta años padece algún trastorno de este tipo. De manera esclarecedora, el alcance de los medios de comunicación también ha crecido con el paso de los años. Algunas investigaciones han demostrado que incluso una exposición a corto plazo al canon ideal mediático de delgadez puede agravar la insatisfacción con nuestro propio cuerpo.

Existe una conexión entre la recepción (y la consecuente naturalización) del modelo de delgadez ideal y el desarrollo de trastornos alimentarios.

Esta obsesión cultural con la delgadez, y la gordofobia que la acompaña, genera efectos negativos no solo en el ámbito de la salud mental sino también en el contexto de la creación y explotación de estereotipos y de actitudes gordofóbicas hacia personas que padecen trastornos alimentarios. Esto no solo puede poner trabas a la recuperación, sino que puede incluso agravar el trastorno.

¿Entonces, qué opciones tenemos para solucionar esto?

Lidiar con la gordificación.

En el momento de entrar en conflicto con alguien por motivos de gordificación, la réplica podrá variar dependiendo de tu cercanía con esa persona.

Si la vejación procede de un extraño (alguien quien, a priori,  desconoce tu trastorno), es recomendable que evites cualquier tipo de interacción o abandones la conversación, dependiendo de tu nivel de confianza y seguridad.

Puedes elegir dar una contestación a esa persona, pero lo más importante es cuidarte a ti misma.

Si alguien es susceptible de llevarte a un estado de ansiedad, no te molestes en establecer una conversación con esa persona.

En el caso en que esa persona sea cercana a ti o conozca de alguna manera tu afección (compañeros de clase o amigos mutuos), puedes optar por solicitarle cortésmente no emitir comentarios provocativos en tu presencia. Una buena opción es decir qué te hace sentir incómodo o que no te gusta hablar sobre cuerpos ajenos. Exponer razones conseguirá, probablemente, que abandone el tema.

¿Y en caso de que no lo haga? De nuevo, abandonar la conversación siempre es una opción válida.

Si la persona en cuestión es especialmente cercana, alguien a quien procuras cuidados (un familiar o un buen amigo), probablemente te encuentres en una situación lo suficientemente cómoda como para mostrar tu malestar al nivel que creas conveniente. Si crees conveniente transmitir que padeces un trastorno alimentario, hazlo. Si no deseas expresar tu malestar, también está bien. Una manera muy útil de gestionar ese malestar es hacer lo que te haga sentir segura en ese momento en concreto. En cierto modo, puede ser más difícil lidiar con la gordofobia que procede de gente a la que consideramos cercana porque las palabras de esas personas causan un efecto mayor en nosotros. Asimismo, esas personas pueden empeorar la situación cuando son origen de ese trastorno alimentario (yo, por ejemplo, tengo a algunas personas en mi vida que interpretan ese papel).

Un buen criterio al que adherirse en cualquier situación es la honestidad (en cualquiera de sus formas). Dudar sobre tu actuación es y será una sensación siempre recurrente; así que, si la cortas de raíz, te será de gran ayuda a largo plazo.

Permítete poner en práctica un juicio crítico sobre ese tipo de comentarios ajenos, no los interiorices ni naturalices.

Cuida de ti misma y ten en cuenta tus necesidades por encima de todo; pon en marcha actividades de autocuidado para aliviar el estrés causado.

Gordificación a través de los medios de comunicación.

La gordofobia que emana de los medios de comunicación es un hueso más duro de roer. No nos engañemos, vivimos en una sociedad cuyo eje es el consumo publicitario; lo comemos, lo bebemos y lo respiramos. Lo vivimos a diario.

Intenta pasar un día sin buscar nada en internet, sin ver la tele, sin leer ningún artículo, sin escuchar música, sin ver un anuncio o un cartel publicitario o sin ni siquiera revisar tu teléfono. ¿A que es difícil?

Teniendo en cuenta todo esto, evitar el contacto con los medios no es una buena solución para lidiar con el problema de la gordofobia. Sin embargo, existe una alternativa: aplicar los preceptos de la competencia medioinformativa a tu consumo personal de medios.

Mediante la puesta en práctica de la competencia medioinformativa, no absorbes sin criterio el bombardeo de mensajes. La gran diferencia es que, en este caso, estás interviniendo en su captación y analizándolos  en vez de dejar que se enconen en bruto en tu subconsciente.

La competencia medioinformativa abarca una inmensidad de pensamiento crítico y analítico (¡y práctico!), pero puede llevarse a cabo si simplemente reflexionas sobre las siguientes cuestiones elaboradas por el Center for Media Literacy (organización educativa relacionada con la competencia informativa) cuando ves un anuncio:

1. ¿Quién ha creado este mensaje?

2. ¿Qué creatividades llaman habitualmente mi atención?

3. ¿En qué medida otras personas entienden el mensaje de una manera diferente a la mía?

4. ¿Qué valores, estilos de vida y puntos de vista están representados u omitidos en este mensaje?

5. ¿Por qué se ha enviado este mensaje?

Un consejo para ayudarte a responder a estas preguntas: es importante recordar que los mensajes publicitarios tienen un objetivo, y ese objetivo es, en la mayoría de ocasiones, la obtención de poder o beneficio económico.

La próxima vez que veas un programa de televisión o leas algo en internet, tómate un momento para hacerte estas preguntas y para responderlas. Cuanto más practiques, mejor.

Gordofobia naturalizada

La cultura en la que vivimos se articula en torno al culto al ideal de delgadez. De esta manera, todos tenemos naturalizada su presencia en nuestro interior, y afecta a su vez a nuestra forma de pensar, a uno u otro nivel.

La concepción de nuestro propio cuerpo puede agravar el trastorno alimentario que padecemos. No solo eso, también puede constituir, en sí misma, una gran parte de ese trastorno. Por esto, enfrentarse a la gordofobia debe ser parte esencial de nuestra terapia. Debemos aprender a amar nuestros cuerpos y extirpar los juicios de valor sobre él, tanto ajenos como propios. Esto último constituye el caso más severo de gordofobia al que nos enfrentaremos.

Y no puedes hacerlo sola.

Es de vital importancia estar rodeado de una red de apoyo con la que puedas hablar y en la que puedas disfrutar de protección. Expresa ahí tu diálogo interno, ese en el que hablas de tu cuerpo. Pregunta por nuevas técnicas para relacionarte con tu cuerpo. Procura que te hagan mantener la responsabilidad sobre ti misma.

No existe una hoja de ruta infalible para tratar con la gordofobia, ya que cada persona explota un tipo diferente de gordofobia. Sin embargo, puede ser de ayuda poner en práctica algunas técnicas que te ayuden a entender cómo piensas sobre tu propio cuerpo.

Intenta escribir cualquier pensamiento que tengas sobre cuerpos durante un día entero. Percátate de los momentos en los que usas lenguaje gordofóbico o te sobrevienen pensamientos gordofóbicos. Usa afirmaciones positivas para acallar a ese duende de tu cabeza. Intenta que tu red entienda lo mejor posible en la posición en la que te encuentras. Puede dar miedo, pero entiende que es una parte insoslayable de la terapia.

***

Lidiar con la gordofobia nunca es fácil, pero es posible. Un elemento importante que debes recordar es que tanto tú como tu entorno debéis ser responsables de vosotros mismos.

La gordofobia forma parte de nuestro entorno cultural y, por ende, de tu realidad. Pero no tiene que ser así para siempre.

Puedes recuperarte.

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Erin McKelle es escritora colaboradora de Everyday Feminism además de ciberactivista, videobloguera, estudiante y abogada vocacional. Ha puesto en marcha varios proyectos, entre ellos  Fearless Feminism y Consent is Sexy. En sus ratos libres le gusta leer, escribir poesía de mala calidad, dibujar, la política y los realities de televisión. Puedes visitar su página o encontrarla en  Fearless Feminism,  Facts About Feminism y  Period Positive. Síguela en Twitter  @ErinMckelle y lee aquí sus artículos.

 

[1] Del término en inglés fat-shaming, del hipertérmino victim-shaming: humillar y vejar a alguien por determinada condición, en este concreto, por su peso.

El Síndrome de Trinity y el fin de las Tipas Duras del Cine

Original de Tasha Robinson en We’re losing our Strong Female Characters to Triniry Syndrome. 

La película de Dreamworks Cómo entrenar a tu dragón 2 amplía considerablemente el mundo que se nos muestra en la primera película incluyendo la presencia de un nuevo personaje: Valka, la madre desaparecida del jinete de dragones y protagonista Hiccup, a quien da voz Cate Blanchett.  La parte intermedia de la película, una parte tierna y sensible, está dedicada a presentar a este personaje, construyéndolo de manera elaborada y llena de matices. Esta nueva figura, tan fantástica y misteriosa, consigue derribar a Hiccup y a su montura Toothless (Sindientes) con una facilidad pasmosa. Además de eso, es culta, ya que tras veinte años de estudio, conoce los intríngulis de la anatomía de Toothless mejor que su propio jinete. También es inteligente, tiene principios sólidos y es feliz. Sin embargo, al mismo tiempo está aquejada de cierta tortura y división personal y se siente vulnerable. En definitiva,  tiene algo que no poseen muchos personajes femeninos de películas de acción y de aventuras con protagonistas hombres: es interesante.

Es toda una lástima que su papel en la trama sea nimio.

Lleva existiendo desde hace años una tendencia cultural en producciones comerciales a introducir personajes femeninos independientes, respetuosos consigo mismos, seguros y capaces, saliendo del cliché típico de «víctimas y trofeos» de las películas de acción de los 80 o de los personajes quejicas, con mala cara, castos pero sexualizados que vinieron después, los herederos de la macarra Vasquez de Aliens. El concepto de Tipa Dura del Cine —alguien con identidad propia, objetivos personales y finalidad en la trama— ha influido mucho en el debate sobre la problemática a la hora de cómo se perciben y se retratan a las mujeres en cómics, videojuegos y, sobre todo, en cine. La escritora Sophia McDougall ha analizado el concepto, para luego desecharlo, y artistas como Kate Beaton, Carly Monardo, Meredith Gran han parodiado de manera muy acertadamente cómo este se desarrolla en los cómics. El concepto Strong Female Character, en su original en inglés, algo así como Tipa Dura del Cine, se usa indistintamente tanto de manera descriptiva como burlesca debido a su simpleza y a sus mínimas exigencias. Es más bien un término de marketing que un objetivo real. Pero si ya es poco común que muchas producciones siquiera pasen los exigüos requisitos del test de Bechdel, todavía es más extraño que películas comerciales de temática de acción, terror, ciencia ficción o fantasía contengan un personaje femenino verdaderamente fuerte, más allá de los estereotipos comunes.

Cuando sorprendentemente lo consiguen, los guionistas se pierden. Introducir a una Tipa Dura del Cine® no es feminista, ni inclusivo, ni siquiera tristemente igualitario si ese personaje no tiene razón de ser en la historia y solo vale para que los productores se regocijen frente al cartel promocional diciendo: «¿Veis? ¡Esta película sí que respeta totalmente a las mujeres fuertes!»

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Valka solo es el último ejemplo  de Tipa Superflua y Descafeinada disfrazada de Tipa Dura. Esto es lo más deprimente, teniendo en cuenta el impacto que produce el personaje desde la sinopsis y otras muchas grandes cualidades de la película. La producción dedica mucho tiempo a mostrarla primero impactante y más tarde empática, además de un poco dolida por su soledad e incomodidad a la hora de relacionarse otras personas. Sin embargo, una vez acaban las presentaciones y comienza la batalla, deja inmediatamente de tener algo de utilidad para el resto de personajes y de la aceleradísima trama. Cuando se enfrenta al villano (un villano, por cierto, al que lleva resistiendo ella solita durante años), sufre una derrota estrepitosa y prácticamente instantánea. Ese es el momento en que su marido e hijo la eclipsan totalmente, ya que tienen que rescatarla dos veces en cinco minutos. Su mayor aportación a la trama es la frase trillada y vacía que le dice a Hiccup: «Eres tú el Elegido» para luego prácticamente desparecer de la línea argumental, dejando al espectador preguntándose por qué tanto interés en ella al principio de la historia. Esto tiene una explicación: en primer lugar, el director, Dean DeBlois, planeaba darle el papel de personaje antagonista, aunque luego lo descartara en borradores posteriores. Sin embargo, esos borradores posteriores sí dieron lugar a la creación de un personaje antagonista complejo para ella, para luego no escoger ninguno. (Por otro lado, el antagonista final carece de historia personal, cosa que no está mal, por otra parte, aunque descompensa bastante la película.)

Film Review The Lego Movie

El personaje tipo Valka, la Tipa Dura Sin Nada Que Hacer, prolifera cada vez más. Lego, la película es el ejemplo más indignante. Presenta a su protagonista femenino, Elizabeth Banks’ Wyldstyle como una heroína con su superpoderes, extremadamente hábil, con gran confianza en sí misma, quien se encuentra en estado de shock por la estupidez y lo desgraciado de su otro protagonista, Emmet. A partir de ahí, la película se mofa de ella y la da de lado hasta el punto en que experimenta una evolución y se convierte en un completo incordio que no hace más que ir a la contra, alguien huraño y cenizo. En un gag, Emmet la saca totalmente de quicio cuando intenta involucrarle en su la lucha por el destino del mundo de su pandilla: imita sus palabras con un «Bla, bla, bla; mira lo guapa que soy». Su papel una vez presentada reduce a ser rescatada una y otra vez para finalmente aprobar el examen de chica guay que confiere a Emmet el estatus de tipo molón, tras haberse tirado toda la película siendo un pringado. Tras una trama espectacular y un final poderosísimo, la propia película emborrona su clímax con una etiqueta en la cual WyldStyle le pide permiso a su actual novio para poder abandonarle y entregarse a Emmet como recompensa por su éxito. Para que el tipo normalito acabe triunfando, la tipa dura del cine debe disolverse y resurgir como el Personaje Trofeo Florero. Esto es el Síndrome de Trinity, del personaje de la película Matrix. Una mujer perfectamente capaz que pierde paulatinamente la independencia, importancia y emoción que poseía en su escena introductoria. El director Chris Makay reconoció en cierto modo este problema en una entrevista al Daily Mail, una entrevista cuyo titular era «El productor de Lego, la película, promete más «mujeres fuertes» en su secuela». Sin embargo, ninguna de sus citas registradas refleja algo parecido.

tauriel

Y cuando tipas duras y seguras de sí mismas se las apañan para contribuir en tramas lideradas por personajes masculinos, sus aportaciones son secundarias o se reducen a papeles de cuidados, de víctima o románticos. Por ejemplo, Tauriel, de El Hobbit: La desolación de Smaug, una Tipa Dura que alguien se ha sacado de la manga única y exclusivamente para suavizar el desequilibrio de género en una historia copada por personajes masculinos. Es capaz de cargarse en torno a mil millones de arañas y orcos con técnicas de kung-fu aplicadas a su arco élfico, pero solo demuestra tener algo de personalidad cuando se siente atraída por el enano Kili y obtiene interés a su vez por parte de Legolas, en un triangulo de amor repelente similar al de Crepúsculo. Otro ejemplo es Dahl (Katte Sackhoff) en Riddick, un personaje que se nos presenta como la copiloto durísima que, de primeras, proclama que no es el objeto sexual de ningún hombre —en contraste el otro personaje femenino de la película, una mujer maltratada, víctima de repetidas violaciones, que muere en favor de la trama—, pero que carece de importancia argumental. A pesar de lo que dice Dahl, el personaje no aporta más que un toque sexualizante: se desnuda delante de la cámara, se defiende de un intento de violación, exhibe sonrisillas de superioridad ante las insinuaciones explícitamente vulgares del antihéroe, al que, en última instancia, le dice que igual sí sería su objeto sexual. Otro más, Carol Marcus, interpretado por Alice Eve en Star Trek: En la oscuridad, presentado como un personaje rebelde y desafiante como James Kirk, pero cuyo objeto definitivo en la trama es (otra vez) desnudarse en pantalla y presentarse de manera vergonzante como un rehén poco efectivo. Mako Mori, interpretado por Rinko Kikuchi, en Pacific Rim y Raleigh (Charlie Hunnam). El pasado traumático de la primera le impide ser buena en  combate mecánico, poniendo en peligro a todos a su alrededor. Sin embargo, incluso en el momento en que ella demuestra su valía, él tiene que reafirmarse derribándola y cargando con su cuerpo renqueante mientras se dirige a salvar el día. Ditto y Jack (Tom Cruise) en Oblivion, provocando la misma situación en Julia (Olga Kurylenko), su pareja.

Es muy difícil que una película de acción incorpore a dos personajes protagonistas igualmente nivelados. Además, estas ideas en conjunto no valen para todas las tramas. Puede entenderse que para que el arco argumental del protagonista se resuelva, ese personaje, en ocasiones, tenga que dar los últimos pasos él solo. Para los héroes masculinos, se consigue, sobre todo, mediante independencia y sacrificio personal. Sin embargo, durante décadas, las películas de acción han encontrado vías para que los secundarios masculinos se incorporen al clímax de la trama sin que sea necesario que mueran, desaparezcan o esperen en casita que el protagonista vuelva para celebrar la victoria. No es estrictamente necesario que los personajes femeninos sean conductores de la trama para que podamos considerarlos autosuficientes, pero sí deben tener algún objetivo en la historia. Valka aparentemente lo tiene: alentar e inspirar a Hiccup, y poco más. Un papel insignificante para alguien a quien el guión mima bastante. Hasta que llega el momento en que le toca hacer algo, claro.

Adjunto ahora un breve cuestionario para aquellos productores que hayan creado un personaje femenino que represente ser algo más que un trapo, una harpía, un MacGuffin (elemento argumental para motivar a los personajes, pero sin relevancia propia, según Hitchcock) que rebota de un lado a otro o un juguete sexual. Enhorabuena, habéis creado a vuestra Tipa Dura del Cine. Es un buen comienzo, sin duda, pero, ¿ahora qué? Guionistas, productores, directores, consideren lo siguiente:

  1. Una vez introducido, ¿tiene su Tipa Dura influencia significativa en el desenlace de la trama? ¿O no tiene ninguna?
  1. En el caso de que lleve a cabo algo de importancia en la trama, ¿es ese algo ser víctima de una violación, ser golpeada o asesinada con el objetivo de motivar al protagonista masculino? ¿Es ese algo decidir o declinar tener relaciones sexuales con él? ¿Es ese algo tener una cita o romper con el protagonista? ¿Y es ese algo regañar al protagonista para que espabile o para que deje de hacerse el héroe? En definitiva, ¿la existencia de ese personaje está única y exclusivamente motivada por y para atender las necesidades, el desarrollo y los deseos del protagonista masculino?
  1. ¿Se notaría la diferencia si su Tipa Dura fuese sustituida por una lámpara de pie con una notita pegada en la que se incluyera información útil para el protagonista masculino?
  1. ¿Es de vital importancia en la trama que su Tipa Dura sea el personaje más fuerte, más astuto, el más decidido, el más duro o el más experimentado hasta que el protagonista masculino hace acto de presencia?
  1. O incluso peor, ¿hace su entrada en la historia como un panoli totalmente inepto pero que evoluciona rápidamente durante toda la película, dejándola atrás, mientras ella se mantiene estática y además le jalea por ello? ¿El motivo existencial de su Tipa Dura del Cine es impresionar al protagonista masculino?
  1. ¿Es ella un personaje molón que solo comienza a ser así para que el protagonista masculino mole más en comparación con ella cuando este la rescata o toma ventaja sobre ella?
  1. ¿Es lo suficientemente fuerte y competente para que no necesite que la rescaten pero una vez que la trama despega el villano o la captura o la amenaza y necesita que el protagonista masculino intervenga? ¿Es uno de los argumentos importantes de la trama el herir su orgullo?
  1. ¿Desaparece completamente a partir de la mitad de la película o en su y no está interviniendo de manera significativa en la trama (aparte de ser un rehén o morir)?

Si la respuesta a todas y cada una de estas preguntas es «no», su Tipa Dura es digna de su nombre. ¡Enhorabuena!.

EDGE OF TOMORROW

Siempre está la excepción que confirma la regla. Al filo del mañana presenta a Rita (Emily Blunt), un personaje femenino muy duro que muere para ponerle las pilas al protagonista. (¡Otra vez!) Empieza siendo la más macarra de todos, hasta que se le come la merienda William Cage (Tom Cruise), el protagonista, que comienza en la trama como un panoli de cuidado. Su papel en el argumento es proveer a Cage de información y darle ánimos, además de que, finalmente, un momento romántico acaba por certificar su trayectoria. Y, sin embargo, la trama no consigue degradarla, ni devaluarla, ni debilitarla, ni dejarla de lado. El protagonista toma la delantera sin ella al final, pero muy al final, y solo cuando ella ha probado su valía una y otra vez. Es dura y segura, pero está desesperada. También es graciosa. En resumidas cuentas, tiene aspiraciones y provoca sensaciones edificantes. Es un personaje emocionante tanto al final como al principio de la película.

Entonces, todas las preguntas pueden resumirse en lo siguiente: Teniendo en cuenta eso que se conoce como Tipa Dura del Cine, ¿querría usted, señor guionista, señor director, señor espectador, ser ella? Es decir, nada de intentar demostrar que ser mejor que ella o desear que le entierre en elogios y que reconozca su superioridad. En las películas de acción los deseos tienen que cumplirse. ¿Cumple alguno de sus deseos, más que los ajenos? Cuando los personajes femeninos sean por costumbre lo suficientemente fuertes como para hacerlo, quizá, y solo entonces, el término Tipa Dura del Cine recupere el significado y deje de ser usado de manera sarcástica.