La castración de la violación

Del original en The Thinking AsexualWhy the Desexualization of Rape is Problematic, petición de María Zerobox <3.

Muchas de nosotras hemos oído a feministas, académicas, investigadoras y celebridades explayarse con aquello de que «la violación es poder». Que no tiene que ver con el sexo y no debería llamarse como tal. Que es poder, violencia y dominación.

Las partidarias/feministas de/con una visión positiva del sexo insisten con vehemencia en conceptualizar la «violación» como algo totalmente opuesto al «sexo» porque en su pensamiento, en su evangelio, «el sexo es bueno». (Seamos más específicas: el sexo [consentido] entre adultos siempre es bueno, sano y placentero). No desean incluir la violación en la categoría de «sexo» porque hacer tal cosa significaría reconocer que el sexo no es de innata, automática y universalmente bueno. Considerar que la violación es otra forma de sexo —si bien en su opuesto negativo— nos hace pararnos a reflexionar sobre aquellas formas de sexo dudosamente consentido y sexo consentido dudosamente sano a pesar haber sido consentido. No solo eso, además nos hace plantearnos la pregunta sobre si todo sexo consentido y no violento es siempre bueno y no ha de ser por ello motivo de debate, reflexión ni crítica.

La argumentación de aquellas personas con una visión positiva del sexo y de aquellas otras quefirman la lapidaria frase «la violación [tan solo] es poder» se reduce a lo siguiente: «en realidad, la violación no tiene que ver con el sexo, es violencia en la que se ven involucrados los genitales. El sexo real siempre es consentido y, por ende, sano. La violación no puede considerarse como sexo porque es nociva y el sexo nunca lo es».

Pues mira, que lo jodan.

Decir que la violación no tiene que ver con el sexo es como decir que el asesinato no tiene que ver con matar. Hay infinitas razones por las que una persona decide matar a otra, siendo el puro placer de hacerlo una de esas razones. Sin embargo, al final, el asesinato se define como acabar con la vida de una persona sin su consentimiento, independientemente de lo que el asesino estuviera pensando, sintiendo o lo que deseara conseguir gracias al homicidio. Tanto la muerte ocasionada como el método llevado a cabo para conseguirla van unidas, de la misma manera que no puedes «emascular» la violación sin desdeñar la mecánica con la cual ha tenido lugar.

Discriminamos la violación de otras formas de violencia física por el uso de los órganos sexuales que, generalmente, implican la excitación y el orgasmo del violador. Ser víctima de violación no es lo mismo que recibir golpes, maltrato psicológico o amputación de miembros. Todas estas acciones son violentas, en todas está presente el dolor y el sufrimiento, pero solo en la violación los genitales entran en un juego creando una situación intrínsecamente sexual entre víctima y agresor.

El sexo es una expresión de la violación. Así, como suena. La violación no se consiente, tiene carácter violento y se usa como herramienta de dominación y humillación, sin que esto excluya que muchos violadores se sientan atraídos sexualmente por sus víctimas o busquen placer sexual cuando violan a alguien. Los móviles no sexuales, la satisfacción personal y demás consecuencias de la violación, no eliminan el placer genital y erótico que muchos violadores experimentan durante e inmediatamente después del acto. Es posible que su placer genital y erótico esté intrínsecamente unido a los aspectos de poder y dominación que emanan de la violación, lo que significa que la violación se convierte en fetiche de determinados agresores, en cuyo caso es innegable el componente sexual del acto desde el punto de vista del violador y debe tenerse en cuenta posteriormente en su procesamiento.

No existe un único tipo de violación, como tampoco existe una sola combinación de motivos y objetivos en la perspectiva del violador. En las violaciones efectuadas por desconocidos, donde hay un desconocido y en las violaciones efectuadas por amigos, donde hay un amigo; existen las violaciones en la cárcel, existen las violaciones en las citas, existen las violaciones incestuosas. También hay violaciones políticas o en tiempos de guerra, que en la mayoría de casos son violaciones masivas. Existen las violaciones efectuadas por parejas sentimentales, incluyendo las de dentro del matrimonio. Existen violaciones en las que se utiliza la fuerza y existen violaciones en las que no es necesaria por el uso de determinadas drogas o alcohol, chantaje emocional o presión psicológica en su lugar.

Lo que intento decir es que, de todas estas situaciones, algunas de ellas sí tienen que ver mayormente con poder, dominación y humillación, pero algunas de ellas tienen que ver más con el sexo de lo que la gente quiere reconocer. No quiero decir con esto que la violación sea el resultado de un impulso sexual incontrolado; los impulsos sexuales SIEMPRE pueden controlarse. No me importa si tienes que encerrarte en una jaula y tirar la llave. La violación es una opción que tomas y sobre la que solo tú eres responsable. Tampoco quiero decir que todas las violaciones contengan un punto de atracción sexual, porque, en la mayoría de casos, no la tienen. Sin embargo, e independientemente de las reacciones que esto pueda provocar cuando escribo esto, algunos violadores sí se sienten sexualmente atraídos hacia sus víctimas. Algunos violadores simplemente actúan porque quieren follar y les da lo mismo cómo hacerlo, y otros obtienen placer sexual cuando violan. El argumento plano de que «la violación no tiene que ver con el sexo» no puede tomarse como una verdad universal.

Me niego a compartir la idea de que la atracción y el deseo sexual siempre son benignos y respetuosos y que, de esta manera, nunca pueden formar parte de situaciones de violencia sexual. No, eso es una mierda como un castillo de grande. Los hombres heterosexuales llevan violando mujeres desde el principio de los tiempos, y los cerdos volarán antes de que me hagas creer que en cada una de esas ocasiones, el tipo solo forzó ese encuentro sexual por el gusto que la sensación de poder y la dominación que le provocaba sin que sintiera ningún tipo de deseo sexual hacia su víctima semejante al que sentía hacia aquellas mujeres que sí deseaban por voluntad propia tener sexo con él. Cuando un tipo ve a una mujer que encuentra guapa o excitante y quiere follársela, y en el caso en que carezca de juicio o no la vea como una persona con derechos, independencia y con potestad sobre su cuerpo, la viola para obtener satisfacción sexual a través de ella y no le importa lo más mínimo lo que ella quiera. Incluso, en este caso, si existe algún grado de poder y dominación que contribuye a este placer, en su mente prevalece el deseo sexual.

¿Cómo explicarías que gran parte de los violadores machos que cometen violación no consideran realmente como tal lo que han hecho? Sus víctimas hembras sí lo ven así, lo llaman así, consideran a su agresor un violador y a ellas mismas como víctimas de violencia. Y sin embargo, él piensa que lo que acaba de tener es sexo. Él no se considera un violador y, en estos casos, tampoco considera que su víctima no haya dado su consentimiento. Piensa que no acaba de tener una relación sexual diferente a la que tienen dos personas de manera casual y entusiasta. Puede que, para la víctima/superviviente, la violación tuviera que ver con poder y dominación, pero el violador no considera que haya cometido una violación y sea en realidad un violador, considera que ha sido solo sexo. Sexo es lo que quería, y desde su perspectiva, sexo es lo que ha obtenido.

Una situación en la que la violación está intrínsecamente ligada al sexo y no al poder es en relaciones afectivas. Poco debate existe sobre las violaciones dentro de relaciones afectivas; se las considera aún un tema tabú, y es la última situación que se nos pasa por la cabeza cuando hablamos o pensamos sobre violaciones. Mucha gente, incluso, cree que no pueden existir, porque han caído en la jodida y enfermiza posición de pensar que el mantener una relación afectiva te otorga el derecho inalienable de tener acceso al cuerpo de tu compañera y a mantener sexo con ella en cualquier momento. Muchos no quieren darse cuenta de que existen violaciones dentro del matrimonio, la más alta institución del Amor Romántico-Sexual de nuestra cultura. Aquellas que han sido violadas por su pareja afectiva o por su cónyuge ni siquiera quieren usar la palabrita para describir lo que les ha ocurrido, porque «violación» es un término antitético a «romance» y «amor» tanto en el imaginario colectivo como en el personal. Lo es tanto que eso que se niegan a aceptar que lo que acaban de sufrir dentro de su relación afectiva es exactamente lo mismo que les hubiera podido hacer ese «escalofriante y misterioso desconocido que, en un callejón oscuro, agrede y viola a una viandante anónima».

¿Sabéis qué? Esa pareja afectiva que amas, quieres y en la que confías también puede violarte. Y cuando eso ocurre,  exceptuando aquellas situaciones de violencia doméstica en la que sí existe un elemento activo y desequilibrante de dominación y poder, normalmente estamos hablando de sexo. Y no hace falta que me aleje mucho de mi comunidad para descubrir ejemplos explícitos. Compañeras asexuales que sienten repulsión, aversión o indiferencia hacia el sexo, pueden fácilmente sufrir una violación por sus parejas afectivas alosexuales; de hecho, muchas de ellas la han sufrido. Varones asignados como tal al nacer (AVAN), hembras asignadas como tal al nacer (AHAN), heterorománticas, homorrománticas, birománticas, panrománticas, las llamamos. Existen violaciones a personas asexuales por sus parejas afectivas cuando quieren follar con ellas porque están cachondas, porque se sienten atraídas hacia ellas y porque se sienten con derecho a tener sexo con ellas porque ya existe una relación afectiva. Estas violaciones no tienen que ver con poder y dominación. Incluso la violación «curativa» de asexuales no tiene que ver con poder ni dominación cuando ocurre dentro de relaciones afectivas. Es sexo, es la consecuencia de que una persona asexual diga «no, no quiero mantener relaciones sexuales contigo» y de que la persona alosexual diga, «y una mierda, yo quiero tener sexo, y tú eres mi relación afectiva». Aquí estamos, en la cama, haciéndonos carantoñas. Aquí estamos, tenemos una cita y estamos solos. Lo normal es que tengamos sexo, y el sexo es una de las razones por las que me involucro en relaciones afectivas. Me atraes y voy a follarte tanto si quieres como si no.

Las asexuales reticentes al sexo descubren violadores dentro de gente alosexual que, de otro modo, nunca habrían violado «de manera violenta» a otra persona de forma consciente, premeditada a alevosa. No me resultaría raro que gran parte de los violadores alosexuales responsables de haber violado a sus parejas afectivas asexuales no se consideraran violadores o consideraran el sexo mantenido con sus parejas asexuales como violación. Sé de más de una persona asexual que ha sido agredida sexualmente por alguna expareja afectiva o por algún amigo en algún momento de su vida. Estas personas asexuales, tanto AVAN como AHAN, nunca se enfrentaron a sus exparejas/examigos por lo ocurrido. Nunca exigieron responsabilidades, nunca usaron la palabra «violación», nunca hubo discusión al respecto de la violación o el consentimiento dudoso de la relación sexual. El dolor y el trauma de la persona asexual se quedaron en el ámbito privado, nunca se hicieron públicos. Las personas alosexuales en ningún momento recibieron consentimiento por parte de sus parejas asexuales. En algún caso sí sabían que sus parejas eran asexuales y, por ende, no sentían gusto por el sexo, pero, aparentemente, no lo tuvieron lo suficientemente en cuenta como para considerar que estaban gestando una situación de violación cuando aquellas personas alosexuales empujaban a las asexuales a mantener una relación sexual. ¿Intentas decirme que estas personas alosexuales abandonaron las escena del crimen sintiéndose mal por haber violado a sus parejas? ¿Crees que se miran al espejo por las mañanas y ven a un violador? Juro por los siete infiernos que no lo creo.

Las personas asexuales demuestran que no hay nada de natural, de determinado ni de positivo en el sexo o en el deseo sexual y, en algunas ocasiones, incluso el sexo consentido resulta nocivo, al nivel de resultar poco cómodo o traumático de manera física, emocional o física. Esas mismas personas asexuales demuestran  que la violación dentro de una relación afectiva es algo que puede ocurrir con facilidad y que esos violadores, en otras situaciones, personases benévolas, no violentas ni nocivas, ni han sido capaces de elaborar un metódico calendario para violar a personas tal o cual día ni violar sistemáticamente a la pareja con la que mantienen una relación afectiva y que a la vez desee mantener sexo con ellos de manera regular. Esas mismas personas asexuales demuestran que, en ocasiones, la violación tiene que ver con el sexo. Incluso algunas veces, solo tiene que ver con eso. Esas mismas personas asexuales demuestran que la violación no es en su totalidad una muestra misógina de la dominación patriarcal del hombre sobre la mujer.  Esas mismas personas asexuales demuestran que el sexo técnicamente consentido y que, de esta manera, se aleja totalmente (y otra vez técnicamente) de la violación, puede llevarse a cabo incluso contra la voluntad de alguien.

El sexo no es inherentemente bueno (tampoco es malo, por los mismos motivos). A veces, el sexo es violación, y, cuando no lo es, cuando técnicamente se da una situación de consentimiento mutuo, no siempre es positivo ni sano para la gente que lo aplica. El sexo consentido puede ser agresivo, explotador, traumático, emocional y psicológicamente doloroso e incluso violento. Según lo visto, el consentimiento no vale como criterio a la hora de determinar qué tipo de sexo es «sano» y cuál es «nocivo». Lo siento, peña con una visión positiva del sexo. Todo este follón es más complejo que decir «sí» o «no».

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