Las guarras no existen

Del original de Melissa Gira Grant There is no such thing as a ‘slut’.

Melissa Gira Trant. America.aljazeera.com.

Ser una guarra es útil. Esto es lo que las sociólogas Elizabeth A. Armstrong y Laura T. Hamilton escriben en su recientemente publicado estudio sobre el sexo y el estatus social. En él, analizan las fiestas de dormitorio y la vida sorórica de un colegio mayor. Hablan sobre cómo las mujeres se enfrentan a ser tachadas de guarras por otras mujeres; y cómo esa etiqueta se aplica concretamente a unas pero no a otras. Su descubrimiento ha sido el siguiente: el estigma de la putificación no tiene nada que ver con el comportamiento sexual, sino que se produce cuando alguna de estas mujeres transgrede las barreras determinadas por su clase social.

En el momento en que alguna mujer putifica a otra, no estamos hablando de una muestra de sexismo naturalizado, sino de un movimiento perfectamente calculado cuyo objetivo es conseguir alzarse socialmente sobre otras mujeres. Según sostienen las autoras de estudio, «las mujeres se involucran activamente en la putificación porque puede proporcionarles réditos». No solo eso, las chicas «bien» pueden tener todas las relaciones sexuales que deseen y esquivar la etiqueta. Las chicas «malas», las que normalmente proceden de una posición económica menos privilegiada o que aparentan ser menos femeninas, han disfrutado, de hecho, de menos experiencias sexuales que las chicas «bien». Entre ellas, las chicas «malas» podrán haber tachado de putas a las chicas «bien»; sin embargo, muy difícilmente habrán socavado su reputación.

 group-of-college-girls-on-campus

«Es una especie de privilegio sexual», concluyen las investigadoras

Por lo que parece, las «guarras» no existen, solo existen chicas a las que se quiere excluir y eliminar de los círculos sociales. Casi ninguna de las jóvenes en edad universitaria a las que las autoras y su equipo investigaron pudo ponerse de acuerdo sobre qué constituía ser una guarra. Eso sí, sí estuvieron de acuerdo en todos los casos en que las guarras eran otras.

Una etiqueta que causa división

Las guarras forman más parte de nuestra imaginación que de nuestras camas. Como pasa con sus primas, las «putas», que te tachen de guarra poco tiene que ver con qué hiciste o con quién lo hiciste, más bien sobre lo que se habla de ti. «Puta» es un apelativo con más solera, pero es parte del mismo concepto: el valor sexual de una mujer es intercambiable con su valor social, con su poder y con su influencia. Gracias a Armstrong y Hamilton, en el momento en que discriminamos estos elementos, descubrimos que no podemos enfrentarnos al estigma de la putificación solo rechazando la etiqueta. Este rechazo va inherentemente unido a la etiqueta, y es el que le da su poder. Es decir, no te lleva a ninguna parte insistir que no eres una guarra porque en realidad es lo que supuestamente estás llamada a hacer. Da igual cómo llames a esa mujer —guarra, puta, furcia, casquivana, ramera—, con ello estás trazando una línea roja.

El feminismo de los noventa quiso apropiarse del término guarra, o al menos resignificarlo. El transgresor estilo kinderwhore incorporó las faldas cortas, siempre unidas al maquillaje corrido o a las botas con punta de acero. Además, y junto al movimiento de punk rock feminista Riot Grrrl, lograron entrar en la corriente algunas tendencias minoritarias de visión positiva del sexo. Esto propició la aparición de lugares limpios e iluminados donde pudieras comprar tu primer vibrador o arnés, artículos en lustrosas revistas para mujeres donde se decía que el lesbianismo estaba guay (en estos casos, solo si te habías pintado bien los labios). La etiqueta de guarra supuso una revolución para algunas mientras que para otras adquirió un hálito más guay y más moderno.

 23690_n00b103_riot-grrrl

Por otro lado, la ola feminista más reciente, la que denuncia la putificación, puede parecer contradictoria. ¿Lo que quieren las feministas es destruir el poder que ejerce la putificación o, simplemente y de manera superficial, lo que pretenden es mantenerlo a distancia? El estudio de Armstrong y Hamilton sugiere que nuestra cambiante relación con respecto al término «guarra» tiene poco que ver con nuestras impresiones sobre la libertad sexual (la que existe o la que se supone) y más con nuestras inquietudes sociales y de clase. Una guarra siempre es alguien peor que tú, alguien a quien es lícito expulsar de la correcta femineidad y cuyo verdugo obtiene gratificación. El estigma de la putificación seguirá ahí hasta que más gente reconozca las divisiones que este tipo de humillación favorece.

Activismo de acera

Quizá las muestras actuales más evidentes de esta relación con la putificación tanto de afinidad como de aversión, sean las múltiples Marchas de las Putas que han tenido lugar en las calles de ciudades como Toronto, Sydney o Nueva York. El origen de estas marchas, que denuncian tanto las agresiones sexuales como la putificación, está en las chicas de un colegio mayor que se opusieron a la recomendación displicente de un oficial de policía de Toronto que las recomendaba que «“dejaran de vestir como guarras» para evitar violaciones. La Marcha de las Putas pretendía enfrentarse a aquellas obligaciones legales que instaban a las mujeres a adherirse a sus estándares de recato como requisito indispensable para solicitar protección,

«No avanzaremos si las mujeres siguen alejándose del término «guarra» y los intentos por reformularlo no serán más que castillos en el aire».

Armstrong y Hamilton nos proponen revisar las Marchas de las Putas, ya que, según su estudio, en ellas las mujeres ejercen control sobre otras mediante el establecimiento de una normativa sexual por el rechazo y la imposición ajena del estigma de la putificación. Por otro lado, también podemos revisar cómo este estigma se desarrolla ámbitos de autoridad más explícita: la policía. Ahí, como en el colegio mayor, algunas mujeres también esperan obtener beneficios. Por otro lado, no todas tienen garantizada la protección policial, en concreto aquellas que por motivos de raza, identidad de género y vida sexual son más susceptibles de sufrir acoso policial. Me refiero a mujeres negras, mujeres trans, lesbianas y trabajadoras del sexo.

Slut Walk Chicago

Las predecesoras intelectuales de estas Marchas fueron aquellas manifestaciones lideradas por trabajadoras del sexo, las más proclives a pasarlo peor cuando el estigma de la putificación se mezcla con la autoridad policial. En julio de 2006, documenté a un grupo de trabajadoras del sexo que se habían reunido en Las Vegas procedentes de todo Estados Unidos, mientras marchaba con ellas. Sus pintas no eran muy diferentes de las que cualquiera pudiera llevar en una Marcha de las Putas; únicamente se explotaban deliberadamente todos los clichés asociados a su uniforme de trabajo: pantalones cortos de plástico, medias de rejilla en forma de pequeños cuadrados o botas de plataforma. Nos detuvimos en frente de glamurosos hoteles y en la Avenida Las Vegas mientras repartíamos pasquines que informaban sobre los derechos de las trabajadoras del sexo; sin embargo, cuando un pequeño grupo se atrevió a entrar en el Caesar’s Palace, fueron expulsadas. Este supuesto es exclusivo de Las Vegas, ya que, esas activistas, al cruzar la puerta, se convirtieron inmediatamente en potenciales competidoras de las propias trabajadoras del sexo con las que el casino, no oficialmente, contaba. (No hay duda de que si las activistas hubieran estado trabajando, hubieran accedido al casino con una vestimenta más discreta, como cualquier otra mujer de negocios).

Femineidad ilegítima

La relación del estigma de la putificación con la lucha de clases queda aún más en evidencia cuando nos fijamos en la sensatez que esas putas mostraron. En los noventa, el sociólogo y psicólogo Gail Pheterson identificó a su precursor, el «estigma de la meretriz». Según incluye en The Prostitution Prism, el Prisma de la prostitución, esto «va unido no únicamente a la femineidad sino a aquella femineidad ilegítima o ilícita. En otras palabras, ser una mujer es un requisito previo para ser puta, pero no la única justificación». El «estigma de la meretriz», tal y como escribo en mi libro Playing the whore, «Jugando a las putas», «pone en el punto de mira las jerarquías de raza y clase, favorecidas por la división de las mujeres entre puras e impuras, limpias y sucias, las blancas y virginales y todas las demás. Si una mujer es «lo otro», ser puta es «lo otro de lo otro».

class-warfare-fish_fec41

Mientras muchas piensan que el estigma de la putificación está unido intrínsecamente al sexo, las investigadoras nos muestran que, en realidad, de sexo, poco. Este estigma se encarga explícitamente de crear y fomentar todas esas diferencias. Acabar con él necesitará de algo más que una reivindicación sexual como la que hubo en los noventa. No avanzaremos si las mujeres se alejan del término «guarra» y los intentos por reformularlo no serán más que castillos en el aire. Si queremos luchar contra este estigma, debemos empezar por desmantelar el, según las autoras, privilegio sexual para que las situaciones en las que se dan experiencias sexuales y que no están unidas a términos de movilidad o estatus social se multipliquen. En esto, luchas básicas del feminismo como el libre acceso al aborto y el fin de la violencia de género deben ser entendidas como parte de la lucha por la libertad sexual. Aunque en ocasiones se las considere contradictorias, lo cierto es que la lucha por la obtención tanto de medios sanitarios dignos como de igualdad de género no puede ganarse mientras se encuentre separada de la lucha por el placer y la liberación sexual.

El deseo y la justicia son inseparables. Empero, mientras exista el estigma de la putificación entre mujeres, la libertad sexual será privilegio de unas pocas.

Melissa Gira Grant es periodista freelance y autora de “Playing the Whore: The Work of Sex Work.” (Jugando a las putas: el trabajo de las trabajadoras del sexo).

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s