Los hombres no tienen ni idea de ponerse malos

Del original de Alicia Schindler en The Huffington Post Women, Men suck at being sick.

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Me duele todo el cuerpo, tengo la mente nublada, soy un despojo chorreante e hirviente, pero soy la madre y no tengo tiempo para estar mala. Ni un minuto. Tengo que domar a las niñas, hacer los almuerzos y organizar las actividades del día. Así que, aunque lo único que quiero es caerme muerta y dormir, lo que hago es no parar quieta y agitarme de un lado a otro. Aunque puede que sea por el frío.

Mi marido se arrastra hasta la cocina, con una mueca de cansancio plasmada en su cara.

«¿Qué te pasa?», pregunto, mientras a duras penas puedo hacerme cargo de todo.

«No puedo respirar», dice. «¿Me pasas un pañuelo?» Mientras, me mira con ojos de cordero degollado.

«Claro», digo de mala gana, y le acerco el paquete de pañuelos. ¿Puedo yo tomarme el día libre por estar mala? ¿Puedo ser yo la que por una vez esté mala?

«¿Te traigo un barreño?», le pregunto, sarcásticamente.

«Preferiría un zumo». Intenta ponerme ojos de cachorrito, pero lo que a mí me parece es que es un perro.

Intento respirar hondo, tranquilamente, pero tengo la nariz bloqueada, así que trago mocos y toso, pero nadie parece notarlo. Si no estuviera tan agotada, seguramente tendría algo mordaz que decir, pero como no puedo con mi alma, le paso una vaso de zumo, con el ceño fruncido, eso sí.

¿Cómo demonios lo hace? ¿Cómo demonios ocurre que siempre que tiene un catarro, lo convierte en neumonía?

Cuando tiene náuseas, se va al baño a emitir esa voz perruna, ese sonido de mala bestia cual animal moribundo.

Cada vez que está pocho, el mundo ha llegado a su fin.

Sí, efectivamente, algo le pasa a mi marido, pero no hay duda de que, principalmente, no tiene ni idea de ponerse malo.

Igual soy yo, pero siempre que no me encuentro bien, sus síntomas empeoran mágicamente. No voy a decir que lo haga adrede pero…

Yo: no me encuentro muy bien.

Marido: yo tampoco.

Yo: me duele la cabeza.

Marido: a mí también, y la garganta.

Yo: qué raro.

Marido: también tengo la espalda un poco agarrotada.

Yo: ¿de verdad?

Marido: Sí. La verdad es que me duele todo, creo que voy a echarme. ¿Me haces un caldito?

Parece ser que las mujeres no tenemos derecho a ponernos malas. Nunca.

Y creo que puedo decir, oficialmente, que esto no solo le pasa a mi marido. Creo que podemos meter a la gran mayoría de hombres en este saco, si acaso excluiremos a Clint Eastwood, a mi abuelo y a alguna que otra excepción, que siempre hay.

Mujeres de todas partes coinciden en que los hombres no pueden sobrellevar el dolor. Resoplan y gimotean, se quejan en exceso, rozan la hipocondría y arman escándalo mientras sus esposas cuidan del bebé de pie, hacen la cena y vigilan los deberes del cole de sus hijas, todo con 40 de fiebre y una pierna y tres brazos rotos. Sí, tres.

Me hace pensar en las expresiones que uso al azar y sin pensar: «compórtate como un hombre» o «¿qué eres, un tipo o una mierdecilla?». ¿Cómo llegaron estas expresiones a formar parte del imaginario popular? Creo que sería más apropiado «compórtate como una mujer» o «qué eres, una madre o una mierdecilla?». Esta última voy a empezar a decírsela a mis hijas, porque si hay algo que sabemos muy bien cómo hacer, es sufrir.

Me pone enferma.

Descargo de responsabilidad marital: Como aclaración y no porque lo esté leyendo, he de decir que mi marido es muy macho. Es el entrenador para todo, mata arañas, sube escaleras, arregla cosas y no hay nada que le guste más que las patatas fritas de bolsa en el sofá y los deportes en la tele. No hay duda de que mi marido le puede al tuyo… al menos que esté malo, claro.

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12 comentarios en “Los hombres no tienen ni idea de ponerse malos

  1. Coincido en todo pero en mi actual relación no ocurre así, soy más yo la hipocondríaca, una de esas excepciones quizás… Aunque pensándolo bien, creo que ocurre al revés porque después de tantos años viendo como mi padre lloriqueaba enfermo y mi madre podía con todo aprendí para que no me ocurriese a mi. Me gusta lo de “¿Qué eres, una madre o una mierdecilla?” ¡Benditas madres!

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    • Gracias por tu comentario. Al margen particularidades (espero una avalancha de NOT ALL MEN), sobre lo que se intenta hacer hincapié aquí es sobre el monopolio de los cuidados atribuidos a las mujeres mediante la feminidad impuesta. Y lo curioso es cómo entra en conflicto con la masculinidad hegemónica (fortaleza masculina ¿solo en el espacio público?). También creo que reivindica el trabajo tradicionalmente invisibilizado. Un saludote ;).

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  2. Una historia un poco parcializada, nunca conocemos el punto de vista del hombre, tan sólo el punto de vista de la mujer quejona.
    Bueno, en conclusión cada ser humano es una historia y la única forma de conocer la historia de otro ser humano es tener empatía y preguntar, y eso es lo que le faltó a la mujer de la historia. Quejas, quejas y más quejas.
    Parece que se le olvidó la profesión de soldado, bombero y policía; en estas profesiones tienen que sobrellevar el dolor, porque hay vidas en juego. Mientras ella vive en una casa con agua, electricidad, alcantarillado y otros servicios que son proveídos por hombres, ella se queja y se queja; que ingrata.
    Ojalá que algún día ella madure y viva la vida con gratitud por los hombres quienes han hecho tanto por ella y que ella no tiene ni idea.

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    • Se me han ocurrido varias de maneras de contestarte (contestaros), pero qué mejor que una pequeña aportación de una mujer, sí, una mujer, alguien que vive bajo eso que ni tú ni yo nunca podremos entender:

      Yo creo que lo que dice el articulo es muy cierto (salvo extrañas excepciones). Es cierto que las mujeres tambien nos ponemos enfermas, y es cierto que la sociedad nos deja quejarnos menos. Muchas mujeres tienen que afrontar su jornada de trabajo, su trabajo en casa, y el cuidado de los hijos, y no te puedes quejar. Por que? Porque tu has elegido trabajar fuera de casa, asique te aguantas. Y si eres ama de casa…te aguantas tambien, porque tienes suerte de que no tienes que ir al trabajo (fuera de casa). Al final, te quejes por lo que te quejes, eres una cuentista, porque podria ser peor (supongo).
      En la serie “Cuentame” se ve muy claro. El marido trabaja mañana y tarde, y llega destrozao, se sienta, cena, ve la tele y se va a dormir. Muy sacrificado, nadie dice que no. Pero su mujer se ocupa de la casa y los hijos (q ya no es poco), y despues trabaja fuera de casa como una leona (igual q el marido)…. Y llega igual de destrozada, pero no abre la boca. Hace la comida/cena, recoge despues, bla bla bla. Y aunque nos creamos muy modernos y veamos esa serie como “pasada de onda”, lo cierto es que sigue siendo una realidad en la mayoria de las casas españolas.
      El trabajo invisible. Pero ahi esta.

      Simple, pero conciso. Y como que no hubiera mujeres bombero, policía o soldado…

      Dejad de echarles la culpa a las mujeres y al feminismo de todos vuestros (nuestros) problemas.

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      • Yo no le hecho la culpa ni a las mujeres ni al feminismo, eso es una falsedad. Quiero igualdad pero sin feminismo.
        Mi comentario hablaba de que todos tenemos problemas, no sólo las mujeres.
        De tu respuesta, demonioblanco, puedo notar que parece ser que tu crees en una competencia de víctimas, yo estoy en desacuerdo.
        No hay que competir quien la pasa peor y quien sufre en mayor silencio. Todos estamos en esto juntos, sin clubes exclusivos de víctimas.

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      • Sin feminismo no hay igualdad que valga?
        ¿quien le dio toda la autoridad sobre igualdad al feminismo?
        Ese concepto es falso demonioblanco.
        Existen más de un sólo camino para la igualdad y el camino del feminismo está demasiado cargado de ideología como para ser viable.

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  3. Lo que describes en este artículo es un claro caso de repartición de roles tradicional. La mujer trabaja en casa y es su responsabilidad. El hombre trabaja fuera y es su responsabilidad. No creo que haga falta que te nombre la cantidad de personas que se sacrifican diariamente para ir a su trabajo (fuera de casa) estando en condiciones cuando poco desalentadoras sin pedir ningún reconocimiento. Las personas, hombres y mujeres, nos hacemos fuertes frente a aquello que aceptamos y asumimos, y débiles frente a aquello a lo que nos rendimos y delegamos en otros. Te podría detallar cuales son las mil situaciones en las que las mujeres desempeñan una actitud de dependencia frente a un hombre por convenciones sociales. Desde el caso de un accidente, una situación peligrosa, un imprevisto que requiera de un ejercicio extenuante, etc.. en el que las mujeres van a delegar la responsabilidad en un hombre porque la sociedad las ha educado para eso. Pero es inútil hacerlo, puesto que sabemos que son malas costumbres heredadas que no convierten a las mujeres en seres dependientes per se, puesto que como expones antes, cuando se les requiere, pueden hacer uso de una gran fuerza de voluntad.

    No se si es tu caso el que se repita este repartición tradicional del trabajo, o que tu marido no haya aceptado que no seas la ama de casa y que tengáis que compartir este puesto ya que los dos trabajais fuera de casa. Quizás se lo tienes que explicar.

    En todo caso parece que tu marido es un poco hipocondriaco. Te explico: he visto a mi padre cuidar de mi madre cuando ambos han estado enfermos, y por lo general suele ser él el que se recupera antes y le hace sopitas calientes a mi madre. Y de la misma forma he visto a mi abuelo cuidar de mi abuela cuando la vida pudo con ella y la dejo postrada durante 10 años, hasta el día que el murió con 97. Y te hablo de cocinar para ella, levantarse por las noches, ducharla y todo lo que hiciese falta.

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