Asexualidad: la vida sin atracción sexual

Del original anónimo en Everyday Feminism, Asexuality: Life Without Sexual Attraction.

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Publicado originalmente en Feminspire y compartido aquí con su permiso.

Ace-of-Hearts

Durante mi etapa de instituto, no me resultaba un gran problema mantener conversaciones sobre sexo. No era algo que hubieran practicado la mayoría de mis amigas más cercanas, así que apenas salía a colación. Además, tenía una experiencia al respecto lo suficientemente competente como para inmiscuirme en cualquier conversación referente o para formar parte de cualquier corrillo que jugara al yo nunca, llegado el caso.

Sin embargo, cuando llegué a la universidad, parecía que todas las charlas de presentación eran un interrogatorio sobre a quién te habías tirado o cómo y así un largo etcétera. No era que no tuviera historias con las que contribuir, lo que me pasó es que en algún momento de ese lapso de tiempo que transcurrió entre el fin del instituto y el comienzo de esas charlas con mis nuevas compañeras de colegio mayor, me di cuenta de algo muy personal: no sentía atracción sexual por nadie.

No miraba a la gente y fantaseaba sobre cómo me la follaría y ni siquiera es un factor que tenga en cuenta en mis relaciones o mis citas  (si exceptuamos ese leve pánico a las expectativas sexuales que cargan sobre mis espaldas).

Me siento comodísima en debates sobre orientaciones y experiencias sexuales, desde el tibio sexo hetero hasta el más bizarro, quinqui y salvaje que te puedas imaginar; creo que es importante permitir que la gente se alce como portavoz de sus propios designios y acciones.

No obstante, seamos cuidadosas, no nos dejemos llevar por la excitación y pongamos en un apuro a aquellas personas como nosotras que tienen poco o nulo interés en el sexo o en actividades sexuales de cualquier índole.

No  existen muchos trabajos de investigación sobre asexualidad actualmente, pero uno de ellos, muy comúnmente citado, es el del Journal of Sex Research, del año 2004, que declara que el 1% de la población mundial es asexual. Sin duda, un número muy inferior al real, teniendo en cuenta la gente que no se declara como tal por miles de razones.

Una persona asexual es aquella que no experimenta atracción sexual alguna.

Esto no quiere decir que no puedan experimentar excitación, atracción afectiva o estética, o que no deseen intimidad en sus relaciones. Incluso puedes masturbarte y tener encuentros sexuales y seguir siendo asexual.

La sexualidad conforma un espectro en la cual la asexualidad se encuentra en uno de los extremos; sin embargo, alguien que se identifica como asexual es también un individuo, independiente y con particularidades.

También puedes ser asexual y heteroafectiva, y asexual y homoafectiva, o incluso asexual y anafectiva, o cualquier cosa entre medias.

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El espectro asexual también incluye a  personas demisexuales, aquellas que solo experimentan atracción sexual tras haber establecido un sólido vínculo emocional y a personas grisexuales, aquellas que en muy raras ocasiones experimentan atracción sexual.

La asexualidad se diferencia notoriamente del celibato o de la abstención de actividades sexuales porque existe una diferencia intrínseca  entre conducta y atracción. Y, aun con esto, hay personas asexuales que se involucran en prácticas sexuales por múltiples razones.

En la sociedad hipersexualizada en la que vivimos, las personas asexuales tienen que enfrentarse a miles de situaciones de discriminación y juicio, no solo ante personas heterosexuales, sino ante todas las que conforman el espectro de género y orientación.

Los cuerpos leídos como masculino que se identifican como asexuales, por ejemplo, no suelen involucrarse en las típicas conversaciones de vestuario en las que muchas de nosotras nos jactamos de nuestras conquistas sexuales ni chismorrean sobre la gente atractiva de su entorno ni sobre todo lo que les gustaría hacerles.

Los cuerpos leídos como femenino e identificados como asexuales, por otra parte, sufren la acusación constante de mojigatería o de hacerse las difíciles.

Todas las personas asexuales pueden sufrir ostracismo, especialmente de adolescentes, cuando la mayoría de nuestras conversaciones están monopolizadas por el sexo o las relaciones, cuando esas personas se ven incapaces de asociar o entender por qué el sexo es un tema tan solicitado.

Suelen ser diana de comentarios como el de estar perdiéndose todo ese gran mundo del sexo, o el tan manido ya encontrarás a la persona adecuada.

Hace poco que me identifico como asexual y coincido con la mayor parte de su definición, pero sí hubo un momento a lo largo de mi vida en el que pasaba, de pleno derecho, por una persona sexualmente activa. El caso es que no me gustaba ni se me antojaba, ni tampoco veía a gente y me sentía vincluada a ella de manera sexual.

Para mí, el sexo era una manera de obtener la intimidad de una relación con alguien pero, desafortunadamente, no me funcionó. La gente no compartía mi visión, así que pensé que igual algo me ocurría al no compartir ese deseo.

Durante mucho tiempo, incluso descarté aplicar para mí cualquier tipo de orientación sexual, ya que ninguna me definía como es debido. Tampoco creía que hubiera otra gente como yo, que no concibiera las relaciones desde una óptica sexual.

AceFlag

Lo que acabó por ocurrirme es que me vi envuelta en multitud de relaciones tóxicas porque consideraba que sexo era lo que se esperaba de mí y lo que tenía quedar en una relación.

Tener constancia de la asexualidad ha sido para mí un paso importantísimo a la hora de firmar la paz con todas esas experiencias sexuales no deseadas.

Para muchas personas asexuales, el ser capaces de decir simplemente que lo son es una parte importantísima dentro de la construcción de su identidad y una forma de salir del armario. Es algo perfectamente equiparable a la situación de las personas que no se identifican como heterosexuales.

No pretendo hablar por las personas asexuales en general ni por ninguna en particular, tengo perfecta constancia que el espectro asexual es igual de amplio que el alosexual (activosexual). La Red por el Reconocimiento y la Visibilidad Asexual, AVEN en sus siglas en inglés, contiene recursos informativos muy detallados y un foro de consulta y debate por internet. También hay gran cantidad de muy buena información sobre relaciones con personas asexuales (¡también hay unos consejos muy buenos para practicar sexo 100% consentido entre personas alosexuales!).

Lo mejor que podemos hacer es mantenernos informadas, tanto de nuestras propias orientaciones como de las ajenas, y tener siempre en cuenta la posibilidad de que hay personas a nuestro alrededor que pueden no compartir nuestra visión del sexo.

Incluso entre personas alosexuales existen un amplio abanico de situaciones e individuos que les estimulan o deprimen sexualmente. ¿Por qué parece tan rupturista que algunas de nosotras no pertenezcamos a ninguna opción de este surtido tan difuso?

Muchas veces parece que cada vez que nos distraemos un momento, aparece una nueva orientación que debemos empezar a tener en cuenta.

Es muy importante que tengamos en cuenta que no solo no hay nada malo en tener sexo, en evitarlo, en tenerlo con una persona, muchas o personas de distinto género, tampoco hay nada malo en simplemente no tenerlo o no querer tenerlo.

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2 comentarios en “Asexualidad: la vida sin atracción sexual

  1. Muy revelador y novedoso. Señalar la liberación que supone ‘salir del armario’ como asexual resulta muy reconfortante, particularmente cuando se detalla la diferencia entre la afectividad y la sexualidad. Quizá quienes lean este artículo descubran que no son homosexuales sino homoafectivos asexuales, o heterosexuales pero homoafectivas… Estupendo.

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