Desmontando la machicharla y otras formas de discurso privilegiado.

Del original de R. Nithya en Everyday Feminism, Breaking Down the Problem of Mansplaining (and Other Ways of Privileged Explaining).

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

rothman_mansplain_post

Muchas veces doy gracias al feminismo por términos que muestran de manera nítida las experiencias diarias que me atormentan y que muchas veces o pasamos por alto o nos resultan muy complicadas de definir.

Os hablo de esa situación exasperante en la que un tipo empieza a darme la charlita en tono paternalista, dando por hecho que yo no voy a tener ni idea del asunto porque soy una mujer.

Lo habéis adivinado, es la consabida machicharla, del término en inglés mansplaining, mezcla de man (hombre) y explain (explicar).

Como no creo que sepas la diferencia entre analógico y digital, déjame que te lo explique. Analógico es…

¿Pero sabes lo que es un fuera de juego?

Para copiar, «Control C».

El término machicharla me ha ahorrado un montón de frustración. ¡Por fin un nombre para este nefasto fenómeno social! Por fin me di cuenta de que no era la única, de que muchas mujeres eran víctimas del mismo problema, de este mismo comportamiento por parte de los hombres.

Fue todo un alivio enterarme de que no era la única mujer que me había dado cuenta de esta forma tan sutil de opresión y de que, además, muchas otras mujeres ya debatían sobre esto.

Sigamos.

Definición de machicharla (y de otras formas de discurso privilegiado)

Como existen multitud de privilegios, también existen multitud de discursos privilegiados.  Os presento aquí algunos de los más comunes y las situaciones en las que afloran.

La machicharla es el fenómeno o comportamiento social por el cual un hombre, de manera paternalista, le da a una mujer una explicación sobre algo sencillo, asumiendo que ella seguramente lo desconocerá por el hecho de ser una mujer.

Por ejemplo, aquellos tipos que, sin que se lo hayan solicitado, dan consejo a una mujer sobre cómo cambiar un neumático o que se ven con la potestad de explicarnos las normas de cualquier deporte supuestamente «para tíos». A menos que os hayamos pedido ayuda explícita para cambiar el neumático o hayan mostrado interés en aprender más sobre tal deporte, no deis por hecho que no vamos a saber nada sobre ello. El hecho es que muchos tipos lo hacen, porque «¡joder, es una mujer!».

La machicharla también puede adoptar la forma de un tipo dándole la charla a una mujer sobre lo de que «el piropeo es un cumplido» o sobre lo que es el feminismo o por lo que debería luchar.

Su característica más notoria es un tipo ignorando o invalidando las experiencias vitales de mujeres que ellos nunca tendrán que experimentar.

PF-mansplain

Por otro lado, la racicharla se caracteriza por una persona blanca diciéndole a otra persona no blanca que está interpretando mal su comentario racista. Poco importa si tu comentario tenía ánimo de parecerse a un chiste o estabas citando a otra persona. Si tal persona no blanca te reprende, no eres quien para echar balones fuera.

La racicharla también puede adoptar la forma de una persona blanca dando la charla a una persona no blanca sobre su propia cultura. En el mejor de los casos da vergüenza ajena, en el peor, estás invisibilizando la experiencia de tu interlocutor. En cualquier caso, evítalo.

No nos olvidemos de la heterocharla, la clásica parrafada de aquella persona hetero que, condescendientemente, le da la tabarra o incluso le emite su opinión a alguien sexodivergente sobre, por ejemplo, la posibilidad de decantarte por una identidad no heterosexual u otra como posición política.

A menos que seas sexodivergente, no eres quien para darle la charla sobre su propia identidad, especialmente a alguien que sí lo es.

También existe la cischarla, o cuando esa persona cis empieza a decir que piensa que «si el género binario es ficticio, las identidades trans no tienen razón de ser». ¿Quién te ha dicho que te bases en conjeturas para anular la identidad de alguien?

En resumen: si como persona privilegiada te dedicas a dar la charla respecto a lo más profundo de la opresión de tal o cual grupo oprimido, seguramente estarás haciendo uso de un discurso privilegiado. No sigas por ahí.

El origen del discurso privilegiado.

El percatarse de algo tan abstracto como el fenónemo del discurso privilegiado nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cómo ha llegado esto a convertirse en un problema tan grande?

Reducido al mínimo común, el discurso privilegiado debe su existencia a la dicotomía privilegio/opresión presente en nuestra sociedad.

Por ejemplo, el privilegio masculino permite a los hombres interrumpir, dominar y llevar la iniciativa; así que adivináis de donde viene la machicharla, ¿no? ¡Sorpresa! Del privilegio masculino.

El privilegio masculino es un pilar fundamental del patriarcado, en sí mismo un elemento más del kyriarcado. El kyriarcado, en nuestra sociedad, es el garante de que aquellos grupos privilegiados continúen siéndolo y perpetúen su beneficio a costa de la opresión sobre otros grupos.

De esta manera, el discurso privilegiado es algo más que una explicación inofensiva de un interlocutor de una determinada identidad a una oyente de otra; es un claro reflejo del poder institucionalizado y la jerarquía del privilegio a nivel individual.

Umc69mh

También tenemos que tener en cuenta que poder y privilegio cambian según contexto. Estamos formados por varias identidades, y como tal, podemos vernos oprimidos según en qué situaciones y con qué identidades nos veamos implicados y disfrutar de privilegio en otras.

Pongamos por ejemplo a una mujer blanca. Como mujer, puede verse en el lugar paciente de la opresión cuando un tipo le da la machicharla. Por otro lado y al mismo tiempo, puede estar cometiendo racicharla cuando interactúa con personas de otras etnias.

Otro ejemplo: un hombre cis con rasgos del sudeste asiático puede verse sometido a racicharla cuando su interlocutora es una mujer blanca y, a su vez, estar poniendo en práctica la cischarla.

No nos olvidemos de tener en cuenta de que la opresión a la que estamos sometidas en un campo no elimina el privilegio del que hacemos uso en otros.

Cómo evitar el discurso privilegiado

Muy bien, ya hemos visto lo horrendo que es el discurso privilegiado; es opresivo, juega en la liga del kyriarcado y pasa por alto la experiencia de aquellas personas en situación de marginalidad. Y claro, quieres dejar de hacerlo. ¡Genial! ¿Pero ahora cómo llevamos a cabo este cambio en nuestro comportamiento?

  1. Saber cuándo abrir la boca

Puede resultar difícil encajar que lo que puedas aportar no importa mucho dentro de círculos feministas, especialmente si eres alguien nuevo en esto del feminismo y mucho más especialmente si tienes la costumbre de moverte dentro del privilegio.

Sin embargo, el feminismo no busca excluir a las personas con privilegio, lo que busca es alzar la voz de las personas que carecen de él. Y si no revisas tus privilegios y en vez de eso boicoteas el debate feminista lanzando comentarios aleatorios e ininteligibles, flaco favor le estás haciendo.

La importancia de la labor de la gente privilegiada está en el proselitismo dentro de aquellos espacios vetados a personas de grupos no privilegiados.

Por poner otro ejemplo, los argumentos de alguien leído como hombre contra los chistes de violaciones serán más efectivos en tu grupo de tíos de confianza (léase bar de abajo o vestuario deportivo) que en una conversación entre su novia y otras mujeres.

  1. Tengo en cuenta las vivencias de otras personas

El privilegio blanco viene acompañado de aquella consideración subconsciente por la que pensamos que nuestras vivencias nos dan legitimidad para hablar de cualquier materia, incluyendo las luchas ajenas.

Los privilegios sociales inherentes a determinadas categorías identitarias, como sexo (macho/masculino) o etnia (blanco), nos condicionan para que creamos que nuestra vivencia es normal, normativa y universal, que, de algún modo, las mismas otorgan más legitimidad a nuestros argumentos.

Y ojo, que no es una puya, no eres responsable de los privilegios sociales que recaen sobre tal o cual parte de tu identidad, pero sí es tu obligación revisarlos.

140323-Mansplaining__05_0554

Es de vital importancia que prestemos atención a la gente que decide compartir con nosotros sus vivencias. Seguramente son experiencias que nunca vamos a conocer en nuestro pellejo, y el único camino para hacerlo es escucharlas de aquella gente que las experimenta personalmente.

  1. Abandona las suposiciones

Mucha gente se pone a la defensiva cuando se la reprende por estar haciendo uso del discurso privilegiado porque es su cabeza solo consideran que están intentando ayudar, aun cuando nadie le ha solicitado tal ayuda.

No está mal creer que somos expertas en tal materia, como tampoco lo es querer mostrar nuestro conocimiento a gente interesada en el ámbito. Lo que está mal es suponer que tu interlocutora no tiene ni idea de lo que le estás hablando, o peor, que es demasiado ignorante como para saberlo.

Presta atención a las suposiciones con respecto a lo que sabe o no otra gente y trata de eliminarlas.

  1. Presta atención

Ahora que ya vas aprendiendo más sobre patrones de comportamiento condescendientes, haz por ubicarlos en tu vida diaria.

Empieza por identificar ese comportamiento en otras personas. ¿Acabas de ver cómo ese compañero tuyo hombre acaba de revisar de nuevo el problema que su compañera mujer ya había solucionado? ¿Te acabas de dar cuenta de que ese comportamiento tiene su origen en una mezcla de sexismo y machicharla? Si la respuesta es sí, un 10 en atención.

Una vez que has ubicado este comportamiento en tu entorno, presta más atención al que practicas tú.

Si te encuentras en una situación en la que dudas sobre si podías estar haciendo uso del discurso privilegiado, hazte la pregunta: ¿dirías lo mismo si tu interlocutora tuviera los mismos privilegios que tú?

Discúlpate cuando metas la pata. Te hará comprender mejor lo que aún necesitas cambiar de ti misma y estarás viviendo tu vida de una manera más feminista.

***

Si queremos poner en práctica el feminismo de tal manera que dignifiquemos todo tipo de identidades, repensemos y reestructuremos los cánones de nuestra sociedad.

Una manera de conseguir esto es denunciando los cánones normativos ajenos y redefiniendo nuestros patrones de comportamiento para impulsar nuestras relaciones sociales y nuestra experiencia.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Anuncios

¿Qué es civilización?

Original por Moss Moth.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

civilizacion2

Hay gente que, cuando oye que otras personas quieren acabar con la civilización, responde de manera negativa porque de siempre han asociado civilización a bien. Este fragmento es un intento por aclarar, definir y describir lo que yo (y otra gente) entendemos por civilización.

La definición de diccionario de la palabra civilización recoge el uso común de la palabra:

  1. Sociedad que ha alcanzado un nivel avanzado de desarrollo social (y disfruta, por ejemplo, de organizaciones políticas y religiosas complejas), «la gente evolucionó progresivamente de un estado de barbarie a uno de civilización».
  2. Proceso social por el cual las sociedades alcanzan un estado civilizado.
  3. Una determinada sociedad en un determinado momento y lugar, «la civilización maya arcaica». Sinónimo: cultura.
  4. Cualidad de la excelencia en pensamiento, modales y gusto, «un hombre refinado intelectualmente», «se le recuerda por ser un hombre generoso y civilizado».

Sus sinónimos incluyen avance, educación, cultura, desarrollo, instrucción, encumbramiento, ilustración, iluminación, modales, progreso y refinamiento.

No hace falta decir que aquellas personas que se encargan de redactar las acepciones de diccionario son en sí gente civilizada, lo que explica  las flores con las que se describen. Parafraseando a Derrick Jensen, ¿os imagináis a las personas que redactan los diccionarios describiéndose como miembros de una sociedad pobre, subdesarrollada y atrasada?

Por el contrario, entre los antónimos de civilización se incluyen: barbarie, salvajismo, brutalidad, jungla. Estas son las palabras que la gente civilizada usamos para referirnos a aquellas personas que consideramos que se encuentran más allá del linde de la civilización, en concreto, pueblos indígenas. Bárbaro viene de la palabra griega cuyo significado es no griego, extranjero. La palabra salvaje viene del latín silvaticus, que significa perteneciente a los bosques. Las etimologías parecen, en su origen, inofensivas, pero es bastante esclarecedor el modo en que hemos aplicado estos términos.

Bárbaro

  1. Cualidad de ser explícitamente cruel e inhumano. Sinónimos: atroz, atrocidad, barbaridad, monstruosidad.
  2. Acto salvaje y bárbaro. Sinónimos: brutalidad, barbarie, salvajismo.

Salvajismo

  1. Cualidad o condición de lo salvaje.
  2. Acto cruel y violento.
  3. Comportamiento o naturaleza salvaje, barbarie.

Esta asociación de crueldad e incivilización es, sin embargo, contradictoria si repasamos los registros de los contactos entre gente civilizada e indígena.

Retrotraigámonos a unos de los contactos más famosos entre pueblos indígenas y civilizados: cuando Cristóbal Colón puso el pie por primera vez en lo que más adelante se conocería como Américas, registró la impresión que le causaron los nativos, incluyendo en su diario lo siguiente: su inocencia desnuda… Son muy amables y no conocen el mal ni el asesinato ni el robo…

Así que concluyó: serán unos esclavos excelentes.

En 1493, bajo el auspicio de la Corona de Castilla, se declaró Virrey y Gobernador del Caribe y las Américas. Se instaló en la isla que actualmente se encuentra dividida entre Haití y la República Dominicana y comenzó a exterminar y esclavizar sistemáticamente a la población indígena (las tribus taino de la isla estaban sin civilizar, al contrario que la civilización inca, también invadida por los conquistadores). En tres años había conseguido reducir la población indígena de ocho millones a tres. Hacia 1514 solo quedaban veintidós mil, y para 1542 se les consideraba extintos. [2]

Conquista_América

El sistema tributario establecido por Colón [en los territorios recién colonizados] alrededor de 1495, tan sencillo como despiadado, satisfizo el hambre de oro español  y aunó el desprecio, también español, por el trabajo manual, leído como judaizante. Todo habitante taíno que superara los 14 años estaba obligado a tributar a los nuevos dirigentes un cascabel de oro cada tres meses (o en zonas con no tanta abundancia de oro, veinticinco libras de algodón empacado). A aquellos que satisfacían esta demanda, se les daba un identificador que se colgaban al cuello como prueba de que así lo habían hecho. A los que no, se les castigaba cortándoles las manos y dejándoles desangrarse hasta la muerte… [3].

Más de diez mil personas fueron asesinadas durante la etapa de Colón como gobernador. En innumerables ocasiones estos civilizados invasores hicieron uso de tortura, violación y asesinato. Los españoles se apostaban quién era capaz de partir a una persona en dos, o de cortar una cabeza de un solo tajo o de abrirle las tripas a alguien. Arrancaban a los recién nacidos de los pechos de sus madres para estamparles la cabeza contra las rocas… Pasaron por la espada a recién nacidos, a sus madres y a todos los que estaban allí antes que ellos.

En otro momento:

Un español… desenvainó de repente su espada. Al momento, los otros cien hicieron lo mismo y empezaron a abrir tripas, a tajar y a asesinar hombres, mujeres, niños y personas ancianas que se encontraban en cautiverio y en estado de pánico… Y entre dos credos, solo puede quedar uno. Los españoles entraron en una casa grande que se encontraba al lado de donde sucedieron los hechos y, de la misma manera, empezaron a pasar por el filo a todo al que encontraron allí, derramando un arroyo de sangre como si en vez de personas hubiera sido sacrificado ganado…”[5].

Este patrón de crueldad y vicio unilateral, inexcusable y sin provocación se ha repetido innumerables veces en las interacciones entre gente civilizada e indígena a lo largo de la historia.

Este fenómeno está bien documentado en obras excelentes, entre ellas A Little Matter of Genocide: Holocaust and Denial in the Americas, de Ward Churchill, The Conquest of Paradise: Christopher Columbus and the Columbian Legacy, de Kirkpatrick Sale y Bury My Heart at Wounded Knee: An Indian Historia of the American West. Las obras de Farley Mowat, entre las que destacan Walking on the Land, The Deer People y The Desperate People ilustran también todos estos hechos poniendo el énfasis en las regiones árticas de Norteamérica. Eduardo Galeano también toca el tema  en  la trilogía Memoria del Fuego poniendo el punto de mira en el sur del continente americano (esta trilogía épica recoge varias situaciones de injusticia y sus consiguientes revueltas).  Una muy buena recomendación es el libro de Jack D. Forbes, Columbus and Other Cannibals: The Wétiko Disease of Exploitation, Imperialism and Terrorism. Otra fuente de información es el libro de Jared Diamond’s Guns, Germs and Steel: The Fates of Human Societies, aunque discrepo con algunos puntos de vista del autor.

EL mismo tipo de agresiones cometidas por la gente civilizada contra la población indígena fueron también cometidas contra toda forma de vida no humana animal y vegetal, a las que prácticamente se esquilmó (a menudo deliberadamente) incluso cuando no eran necesarias como alimento, simplemente por deporte. Para más información sobre esto, echadle un vistazo a las obras exhaustivas y conmovedoras de Farley Mowat Sea of Slaughter o de Clive Ponting A Green History of the World: The Environment and the Collapse of Great Civilization (donde se analiza la forma de vida precolombina y el colonialismo europeo).

Con todo este historial de atrocidades, deberíamos (si no lo hemos hecho ya) desterrar las connotaciones propagandísticas que conlleva la palabra civilizado (bueno) e incivilizado (malo) y buscar una definición más adecuada. Antropólogos y demás académicos ya han pensado en algunas definiciones de civilizado  menos propagandísticas.

Antropólogos decimonónicos como E.B Tylor definieron la civilización como la vida urbanita organizada bajo un gobierno y estructurada mediante escribas (o el uso de la palabra escrita). En estas sociedades, según él, hay un excedente de recursos con los que se puede comerciar o que se puede conseguir mediante guerra o explotación, lo que permite a su vez la diversificación de la actividad urbana en sí.

El genial autor y activista contemporáneo Derrick Jensen, habiendo reconocido las fallas que tiene la definición popular y de diccionario, escribe:

Definiría civilización de manera más precisa, y creo que también más útil, como una cultura , o lo que es lo mismo, como un complejo de historias, instituciones y mecanismos que se gobiernan y se sostiene en base al crecimiento urbano (civilización, ver civil, de civis, ciudadano, de latín civitatis, estado o ciudad) definiéndose así ciudad en contraposición a campo, pueblo, etc. y con una población en la práctica permanentemente sedentaria establecida en densidades que hacen necesaria la importación de comida y otras necesidades primarias.

Civilizacion-azteca

Jensen también tiene en cuenta que, debido a las necesidades de importación que tienen estas ciudades para satisfacer su nivel de vida y para crecer, ven necesario crear sistemas de centralización indefinida de recursos, creando una creciente área de insostenibilidad alrededor de un área rural cada vez más sobreexplotada.

El antropólogo contemporáneo John H. Bodley dice que «la principal función de la civilización es la organización de redes sociales paralelas de influencia ideológica, política, económica y militar que benefician explícitamente a intereses privilegiados. En otras palabras, instituciones civilizadas como iglesias, corporaciones y ejércitos existen por y para dotar de recursos y de pujanza a la élite dominante».

El historiador y sociólogo del siglo XX Lewis Mumford es el creador de una de mis definiciones favoritas de civilización, breve y concisa. Para él, una civilización es un grupo de instituciones que comenzó a tomar forma bajo los regímenes monárquicos. Sus características principales, constantes pero en proporciones variables a lo largo de la historia, son la centralización del poder político, la división en clases, la estratificación laboral de por vida, la mecanización de la producción, la hipertrofia del poder militar, la explotación económica del débil y la generalización de la esclavitud y el trabajo forzoso con fines industriales o militares [8).

Teniendo en cuenta el mencionado surtido de definiciones históricas y antropológicas, podemos deducir criterios básicos de lo que conocemos como civilización (en contraposición a poblaciones indígenas)…

  • Los grupos humanos viven en núcleos sedentarios, ciudades en su mayoría.
  • La sociedad en su conjunto depende del cultivo agrícola a gran escala, necesario para sostener a las poblaciones urbanas densas que no cultivan.
  • La sociedad está regida por gobernantes y cierta aristocracia bajo la centralización del poder político, económico y militar que se sustentan en la cúspide de la pirámide mediante la explotación de las masas.
  • La élite, y probablemente otros elementos, hacen uso de la escritura y las matemáticas para controlar la mercancía y los botines de guerra, entre otros.
  • Existe esclavitud y trabajo forzoso mediante el uso directo de la violencia física o la violencia mediante coacción económica (por la que la población es excluida sistemáticamente de todo aquello ajeno al trabajo asalariado).
  • Existen ejércitos profesionales y belicismo institucional.
  • La producción está mecanizada mediante el uso de maquinaria o el uso de fuerza de trabajo humana como si de elementos mecánicos se tratara (más explicación próximamente).
  • Existen instituciones complejas con el objetivo de mediar y controlar el comportamiento de la población a través de su aprendizaje y del moldeo de su visión del mundo (escuelas e iglesias), de su relación con las demás personas, con lo desconocido y con la naturaleza (religión organizada).

El antropólogo Stanley Diamond lo resumió de la siguiente manera: la civilización se sustenta en la conquista extranjera y la represión doméstica.

El patrón recurrente es el control. La civilización es una cultura de control. En las civilizaciones, un pequeño grupo de personas ejercen control sobre la gran mayoría de la población mediante instituciones civilizadas. Si hay personas más allá de las fronteras de la civilización, el control intentará extenderse mediante ejércitos o misioneros (tanto religiosos como laicos(técnicos)). Si la gente a la que se quiere someter es urbana, el control se efectuará mediante grupos locales militarizados, como la policía. Sin embargo, es más barato y explícitamente menos violento condicionar tipos de comportamiento mediante religión organizada, institucionalización académica y medios de comunicación u otros elementos semejantes que hacer uso de la fuerza bruta, algo que requiere una inversión significativa en armamento, vigilancia y mano de obra asalariada.

Estos elementos alcanzan la cumbre de su efectividad cuando se combinan con el control económico y de los medios agrícolas. Si controlas el suministro de alimento o de otros elementos de primera necesidad, la gente te obedecerá o morirá. La población urbana depende de sistemas de suministro de alimentos controlados por la élite para sobrevivir, ya que en la definición comúnmente aceptada de ciudad, la población está concentrada a unos niveles tan densos  que la importación de alimentos es capital.

Para aumentar el grado de control, la élite gobernante ha combinando su control sobre los medios de producción alimentaria y agrícola con un condicionamiento específico que refuerza su supremacía. En nuestra sociedad hegemónica capitalista, las clases altas controlan tanto el suministro de alimentos y de otros elementos de primera necesidad como de los contenidos que se enseñan en las escuelas. Las escuelas y los lugares de trabajo llevan a cabo un proceso de selección: aquellas personas que demuestran que son válidas para cooperar con la élite comportándose como es debido y obedeciendo en el trabajo o en la escuela, tendrán acceso a trabajos mejor remunerados y con menor carga de trabajo. Aquellas personas que o no pueden o no quieren obedecer, estarán excluidas de un acceso cómodo a elementos de primera necesidad, alimentos entre ellos, pudiendo acceder solo a trabajos de baja categoría y estando apocadas a trabajar mucho más solo para sobrevivir o directamente caer bajo el umbral de la pobreza. Un sistema de explotación tan racionalizado como este ayuda a aumentar la eficacia del propio sistema reduciendo la posibilidad de resistencia o de revuelta entre la población.

Los medios propagandísticos han conseguido convencer a la mayoría de la población de que este sistema es, en cierto modo, natural o necesario. Sin embargo, la realidad es que, como sistema, es una estructura completamente artificial y consecuencia directa de las acciones de la élite gobernante (y la omisión de aquellas personas que creen que se benefician del sistema o han sido reducidas mediante violencia o amenazas).

En contraposición a lo anterior, el concepto de natural que nos vende la cultura dominante no es cierto. Durante el 99% de la historia humana, las poblaciones han convivido en grupos pequeños, ecológicos, participativos e igualitarios. Y hay multitud de libros que comparan civilización e indigenismo de manera muy acertada, algunos de los cuales expongo a continuación.

My name is Chellis and I’m in recovery from western civilization, de Chellis Glendinning es un libro genial y muy asequible, amén de ser de mis favoritos. También podéis echar una ojeada al extracto del libro A Lesson in Earth Civics en línea: http://www. eco-action. org/dt/civics. html. De la misma autora, When Technology Wounds: The Human Consequences of Progress. O el Against Civilization: Readings and Reflections  de John Zerzan, una recopilación de extractos de autores de todo el mundo.

The Culture of Make Believe de Derrick Jensen es una crónica de los odios con violencia que han acusado nuestro planeta, tirando del hilo hasta sus orígenes imperiales, esclavistas, capitalistas y de ideología de la propiedad y el consumo. El Stone Age Economics de Marshall Sahlin es otro clásico en la misma línea. Mirad su ensayo The Original Affluent Society en línea aquí: http://www. primitivism. com/original-affluent. htm

El  libro del antropólogo Stanley Diamond Search of the Primitive: A Critique of Civilization también es digno de leerse, y el ensayo The Primitivist Critique of Civilization, de Richard Heinberg, también, y está disponible aquí: http://www. eco-action. org/dt/critique. html. También podéis revisar http://www.primitivism.com y http://eco-action.org/.

Lo que podéis encontrar ahí es una explicación de cómo lo común en las sociedades humanas eran las comunidades igualitarias y ecológicas durante generaciones, y que lo que es monstruoso y aberrante son las civilizaciones.

Vivir en el seno del ambiente controlador de la civilización es una experiencia traumática, aunque el nivel de trauma varía según las circunstancias personales y los grados de privilegio que las personas ostentamos dentro de la sociedad. Derrick Jensen deja bastante claro esto en su increíble documento A Language Older thn Words y Chellis Glendinning también en la obra que he mencionado anteriormente.

La insostenibilidad ecológica de las civilizaciones, sistemática, también es importante. Ampliaremos esta información más adelante.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).