¿Quiénes fueron las brujas? Terror patriarcal en la gestación del capitalismo (Parte 2)

Cazador de Brujas

Original por Alex Knight en The End of Capitalism, Who Were the Witches? Patriarchal Terror and The Creation of Capitalism

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Una revolución olvidada

Federici defiende que este pudo no ser el único camino.  «El capitalismo no fue la única salida posible a la crisis del poder feudal. A lo largo y ancho de Europa, una oleada de movimientos sociales de carácter comunitario y de rebeliones contra el feudalismo ofrecían la promesa de una nueva sociedad igualitaria construida sobre cimientos de igualdad social y cooperación», p. 61.

Las partes más mordaces de Calibán dejan constancia de la infinidad de movimientos encabezados por los estratos sociales más pobres que a lo largo de todo el continente estuvieron a punto de derribar a la Iglesia y al Estado del bajo Medioevo. Estos movimientos campesinos de los siglos XIII al XVI fueron etiquetados de heréticos por su enfrentamiento al poder vaticano, aunque su objetivo era una transformación mucho más profunda de la sociedad feudal. Los así llamados herejes se oponían a las jerarquías sociales, propiedad privada y a la acumulación de riqueza y extendieron entre la gente un nuevo y revolucionario concepto de sociedad por vez primera durante el Medioevo. También redefinieron todo aspecto de la vida cotidiana, como el trabajo, la sexualidad y el papel de las mujeres, llevando el debate de la emancipación hacia términos verdaderamente universales, p.33.

La autora nos muestra las múltiples formas de estos movimientos , desde el pacifista y vegetariano catarismo del sur de Francia al comunismo antinobiliario de los grupos taboritas de Bohemia en los que ambos confluían en la lucha en pos de la igualdad social. Muchas de estas comunidades planteaban que era profundamente anticristiano la vida opulenta de la que disfrutaban clero y la nobleza mientras tantas otras personas sufrían de escasez de comida, alojamiento o atención médica.

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El catarismo, vegetariano y pacifista, fue reducido por los Cruzados.

Otro nexo de unión entre todos los movimientos campesinos en Europa fue el liderazgo femenino. Federici describe que, «las mujeres herejes disfrutaban de los mismos derechos que los hombres y podían disfrutar de una vida social y de una movilidad como en ningún otro lugar durante la Edad Media… Sorprende poco que las mujeres estuvieran más presentes en la historia herética que en ningún otro ámbito de la vida medieval», p. 38. Algunos cultos heréticos, como el catarismo, disuadían a la gente de casarse y hacían hincapié en los métodos anticonceptivos, abogando por una liberación sexual que chocaba frontalmente con la autoridad moral de la Iglesia.

La política de género de los movimientos campesinos demostró ser una fortaleza que atrajo a una multitud de seguidores que consiguieron socavar el poder de un sistema feudal ya moribundo.  Federici nos muestra cómo el ardor revolucionario creció a la vez que crecía el tamaño de los mismos movimientos. «En el transcurso de este proceso, el horizonte político y las dimensiones organizativas de la lucha campesina y artesana se ampliaron. Regiones enteras entraron en rebelión, formando asambleas y levantando ejércitos. De tanto en cuando, bandas organizadas de campesinos atacaban los castillos de sus señores destruyendo en ellos los archivos donde permanecían resguardadas las escrituras de servidumbre», p. 45.

Lo que dio comienzo como un movimiento religioso comenzó a alcanzar cotas revolucionarias. Por ejemplo, en la década de los veinte y treinta del siglo XV, comunidades taboritas combatían para liberar la totalidad de Bohemia, causando varias derrotas a ejércitos cruzados de más de 100.000 hombres enviados por el Vaticano, p.54-55. Estos levantamientos empezaron a extenderse por toda Europa a un nivel tal que en el periodo que transcurre entre 1350 y 1500 tienen lugar concesiones sin precedentes, como la subida de salarios de un 100% y la reducción de precios, alquileres y jornada laboral. En palabras de Silvia: «la economía feudal estaba condenada», p. 62.

Federici indica que la primera reacción de las élites fue la fundación de la Santa Inquisición, una campaña brutal de represión estatal en la cual se incluía la tortura y la quema de herejes. Con el paso del tiempo, la estrategia de la élite dominante pasó de apuntar a herejes en general a las mujeres líderes de estas comunidades. Y así la Inquisición dio paso a la caza de brujas.

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Muy pronto, simples reuniones de mujeres campesinas comenzaron a sufrir estigma: los sabbats, en los cuales, supuestamente, el diablo seducía a las mujeres para que se convirtieran en brujas. Federici aclara que esta demonización tuvo como objetivo la rebeldía política y la disconformidad con las relaciones de género características de estos encuentros. Decenas de mujeres fuertes y rebeldes fueron asesinadas y, junto con ellas, la caza de brujas borró del mapa «todo un universo de prácticas femeninas, relaciones colectivas y sistemas de conocimiento que sustentaban el poder de las mujeres en esta Europa precapitalista junto a los fundamentos de su resistencia en la lucha contra el feudalismo», p. 103.

Para la élite noble de Europa, laica y eclesiástica , la caza de brujas tuvo éxito al  desmantelar una lucha de clases que amenazaba progresivamente su dominio. Aun más, Federici adelanta que la caza de brujas facilitó el auge de un nuevo paradigma sociocapitalista: la producción económica a gran escala en busca del beneficio económico y la evacuación de campesinos de sus tierras para su incorporación a una mano de obra urbana en expansión. Tiempo después,  el sistema capitalista se convirtió en amo y señor de Europa y consiguió extenderse a través de armas, género y acero de conquistadores por todo el globo, llevándose por delante incontables culturas y civilizaciones6. El análisis que propone Federici es el siguiente: «el capitalismo fue la contrarrevolución que aplastó toda alternativa surgida de la confrontación antifeudal. Alternativas que, de haberse tenido en cuenta, hubieran librado al mundo de la eliminación de incontables vidas y el daño al medio ambiente que ha definido la expansión de las relaciones capitalistas por todo el globo», p.22. ¿Cómo hubieran sido las cosas de haber triunfado la revolución olvidada?

Conclusión – El redescubrimiento de lo mágico de la verdadera historia.

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Malalai Joya en un discurso en una escuela femenina de Farah, Afganistán.

«Día tras día la situación empeora para mi pueblo, especialmente las mujeres. Por eso proclamamos que es esta una democracia de pantomima y esta Guerra contra el Terror una farsa.» – Malalai Joya, activista afgana, 2009.

Calibán y la Bruja es un libro que desmantela muchos e importantes mitos del mundo en el que vivimos. El primero y más importante, es la extendidísima creencia de que el capitalismo, aunque quizá imperfecto en su forma actual, fue un forma progresista de desarrollo que liberó al trabajador y mejoró las condiciones de vida de las mujeres, personas no blancas y otros grupos oprimidos. El trabajo de Federici es impresionante llevándonos a los cimientos del capitalismo en la Europa tardomedieval para desvelar una oscura historia de expropiaciones, empobrecimiento, terror de género y sexual  y colonizaciones brutales de pueblos no europeos. Este abyecto legado le lleva a afirmar que el sistema mismo está «inherentemente comprometido con el racismo y el sexismo», p. 17.

De manera más taxativa, escribe que: «es contradictorio asociar capitalismo con cualquier otra forma de liberación o atribuir a su longevidad la capacidad de satisfacer las necesidades humanas. Si el capitalismo ha sido capaz de sobrevivir es únicamente por la red de desigualdades que ha grabado en el cuerpo del proletariado mundial y por su capacidad para globalizar la explotación. Y es este un proceso que todavía se sigue desarrollando delante de nuestros ojos, como así ha sido durante los últimos 500 años», p. 17.

Se suele decir que podemos medir la catadura moral de una sociedad por cómo trata a sus mujeres. Este libro facilita una documentación lo suficientemente convincente como para evidenciar que el capitalismo siempre ha sido un sistema dominado por los hombres, un sistema que estrecha los márgenes de oportunidad y seguridad para las mujeres así como excluye a aquellas que no se adecúan a los exiguos roles de género. Federici hace un uso particular de la historia de la caza de brujas para dar luz a los entresijos del capitalismo y mostrar la demonización, silenciamiento y restricción del poder sexual femenino sobre las que se sustentó desde su origen7. En respuesta a la pregunta que da título a este ensayo, escribe: «la bruja era la partera y la que renunciaba a la maternidad, era la mendiga que se ganaba el pan robando leña o mantequilla de sus vecinos y la mujer promiscua, la prostituta o adúltera.  Sin embargo, también era, generalmente, la mujer que hacía uso de su sexualidad fuera de la celda del matrimonio y la procreación. La bruja era la mujer rebelde que contestaba, discutía, juraba y no derramaba una lágrima bajo tortura», p. 184.

En otras palabras, las brujas eran aquellas mujeres que de una manera u otra ofrecieron resistencia al establecimiento de un orden social injusto: la explotación mecánica de capitalismo. Las brujas representaban un mundo que los nuevos amos de Europa ansiaban destruir: un mundo con un liderazgo femenino sólido, un mundo cuyo núcleo fueran las comunidades y conocimiento locales, un mundo vivo con posibilidades infinitas, un mundo rebelde.

No debemos desesperar por el mundo que pudo ser y no fue. Permanece aun en nosotras hoy día, en las luchas de la gente que nos organizamos en busca de justicia. Podemos escuchar hoy desde Afganistán la voz clara de Malalai Joya, una mujer valiente, expulsada del parlamento afgano en 2007 por cargar contra los señores de la guerra apoyados por EEUU que gobiernan su país. Apareció recientemente en Democracy Now! proclamando que «mi gente se encuentra ahora atrapada entre dos poderosísimos enemigos: desde el cielo, las fuerzas de ocupación que arrojan bombas sobre civiles inocentes… [y] desde el suelo, los talibán y estos señores de la guerra, que continúan arrasando nuestras vidas a golpe de fascismo».8

Joya corre un riesgo con este tipo de comentarios, pero lleva en sus palabras una verdad irrenunciable y necesaria para poner fin al sinsentido de la guerra y la ocupación de Oriente Medio. Todas aquellas personas que acuden a su llamada lo hacen imbuidas en el espíritu inmortal del hereje y la bruja que se opusieron al avance del feudalismo primero y del capitalismo después, defendiendo una lucha tan grande como la Tierra y tan vieja como el tiempo mismo.612px-Lützelburger_Hohlbein_Kämpfende_Bauern

Notas.

6 – ver Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años de Jared Diamond. Un estudio del auge de Europa con enfoque más en la ecología que en el patriarcado, pero útil por otra parte para vislumbrar la carnicería del proceso colonizador.

7 – para  una brillante categorización de percepciones a través de las cuales la sexualidad femenina aun continúa bajo asedio, ver Friedman, Jaclyn & Jessica Valenti. Yes Means Yes! Visions of Female Sexual Power and A World Without Rape. Seal Press 2008. My review of this book can also be found here:http://endofcapitalism.com/2009/05/17/review-of-yes-means-yes-visions-of-female-sexual-power-and-a-world-without-rape/

8- Retransmisión Democracy Now! del 28 de octubre de 2009: “A Woman Among Warlords: Afghan Democracy Activist Malalai Joya Defies Threats to Challenge US Occupation, Local Warlords.” Online athttp://www.democracynow.org/2009/10/28/a_woman_among_warlords_afghan_democracy

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¿Quiénes fueron las brujas? – Terror patriarcal en la gestación del capitalismo. (Parte 1).

Original por Alex Knight en The End of Capitalism, Who Were the Witches? Patriarchal Terror and The Creation of Capitalism

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Esta temporada no hay libro que desee más recomendar que el brillante Calibán y la Bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria de Silvia Federici, donde nos cuenta el oscuro fenómeno de la caza de brujas que arrasó Europa durante más de 200 años. Federici, sacando a la luz este pedazo de historia oculta, nos muestra los orígenes del capitalismo en su brutal opresión a la masa trabajadora (representada por el shakesperiano Calibán) y también, sorprendentemente, en la despiadada subyugación de la mujer. También saca a la luz los gigantescos y coloridos movimientos campesinos de Europa que presentaron oposición ante las injusticias de su tiempo, conectando su derrota con la imposición de un nuevo orden patriarcal que provocó un cisma entre hombres y mujeres de clase trabajadora. Hoy día, cuando cada vez más y más gente pone en duda le eficacia de un sistema capitalista que ha arrojado al planeta en una gran crisis, Calibán y la Bruja se presenta como una lectura ineludible para comprender la traumática violencia y la desigualdad de la que el capitalismo se ha nutrido desde su creación.

¿Quiénes eran las brujas?

Es probable que aquellos padres y madres que les dan un sombrero puntiagudo a sus retoños la noche de Halloween nunca se hayan parado a reflexionar sobre ello, al margen de considerar a las brujas como otro icono de la cultura popular más al nivel del monstruo de Frankenstein o Drácula. Sin embargo, en lo más profundo de este ritual yace una historia oculta que puede explicarnos varias cosas de nuestro mundo, ya que su legado aun nos afecta 500 años después. En su libro, Federici nos lleva al pasado para mostrarnos cómo la misteriosa figura de la bruja es clave para la comprensión de la aparición del capitalismo, el sistema basado en la obtención de capital que hoy día domina el mundo.

Durante los siglos XV, XVI y XVII el miedo a las brujas dominaba la vida en Europa y en la América colonial hasta tal punto que cualquier mujer que se enfrentara a una acusación de práctica de brujería podía verse sometida a la más cruel de las torturas para obtener su confesión, o simplemente ser ejecutada en base meras sospechas, algo que era habitual al no existir en muchas ocasiones ningún tipo de prueba. La autora comenta que «durante más de dos siglos, en varios países europeos, cientos de miles de mujeres fueron juzgadas, torturadas, quemadas vivas o colgadas bajo la acusación de haber vendido su cuerpo y alma al diablo, de, mediante hechicería, haber causado la muerte a niños, bebido su sangre, elaborado pociones con sus despojos, provocado la muerte a vecinos, destruido cosechas o ganado, desatado tormentas y otras muchas abominaciones», p. 169.

En otras palabras, cualquier inconveniente que ocurriera en cualquier momento de la época era susceptible de ser producto de las brujas. Así que, ¿de dónde surgió esta avalancha de histeria que se llevó las vidas de tantas desgraciadas mujeres, muchas de las cuales es bastante probable que nunca volaran montadas en escobas ni cocinaran con ojos de tritón en grandes calderos?

Calibán subraya que la caza de brujas no fue una anécdota de manos de un grupo de campesinos ignorantes, sino una política planificada por el Estado y la Iglesia, los estamentos gobernantes de la sociedad. Para que lo comprendamos mejor en perspectiva: la brujería actual no sería causa en absoluto de alarma, pero el pánico a las células terroristas durmientes que podrían operar en cualquier momento porque odian nuestra cultura es el pan nuestro de cada día. Nada que nos sorprenda: políticos y medios de comunicación han estado metiéndonos con sacacorchos este mensaje en nuestras cabezas durante años, aunque el terrorismo cause menos muertos que, por ejemplo, la falta de acceso a sanidad. Y así como el pánico al terrorismo ha dado legitimidad a los poderes fácticos actuales para rediseñar Oriente Medio, el libro da cuenta de cómo los poderes fácticos de entonces inventaron y explotaron el miedo a las brujas para rediseñar la sociedad europea en un nuevo paradigma que satisficiera sus intereses.

Es interesante comparar cómo ambas cruzadas han hecho uso de la táctica que se conoce técnicamente como dominio rápido (Shock and Awe), con el objetivo de confundir a la población con una enorme exhibición de fuerza, suavizando así la oposición a la implantación de reformas drásticas e impopulares. Con la caza, esta terapia del shock se aplicó mediante la quema de brujas, espectáculos de tal violencia que paralizaban pueblos y regiones enteras para inducirlos a que aceptaran los elementos fundamentales de la reestructuración de la sociedad medieval. Federici describe una quema cualquiera como un «importante evento público al que todos los miembros de la comunidad debían asistir , incluyendo a los hijos e hijas de las condenadas, particularmente a sus hijas, a las cuales, en ocasiones, se les propinaba una sarta de latigazos frente a la hoguera en la que veían su madre arder viva», p. 186.

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La quema de brujas fue la versión moderna de la táctica de dominio rápido.

El libro argumenta que este tipo de cruentas ejecuciones no tenían como objetivo únicamente castigar a las brujas, sino mostrar gráficamente las consecuencias de cualquier tipo de desobediencia al clero o a la nobleza. Más en concreto, la quema de brujas pretendía aterrorizar a las mujeres para que aceptaran un «nuevo orden patriarcal en el cual su cuerpo, su fuerza de trabajo y su poder sexual y reproductivo quedara a disposición del estado y fuera transformado en capital económico», p. 170.

Federici hace hincapié en que hasta el siglo XVI, aun viviendo en una sociedad sexista, las mujeres conservaban una independencia económica sustancial al respecto del hombre que en el capitalismo ha desaparecido, donde los roles de género están más diferenciados. «Si tenemos en cuenta que en la sociedad medieval  las relaciones colectivas preponderaban frente a las relaciones familiares y que la mayoría de tareas de las mujeres siervas (lavado, hilado, recolección y cuidado de los animales) se llevaban a cabo en cooperación con otras mujeres podemos deducir que esto representaba una fuente de poder y protección para las mujeres. Era la base de una intensa sociabilidad femenina y de una solidaridad que otorgaba a las mujeres poder para resistir al hombre».

La caza de brujas dio comienzo a un periodo en el cual las mujeres fueron forzadas a convertirse en lo que ella ha denominado «siervas de la fuerza de trabajo masculina», p.115 y verse así excluidas de obtener un salario. Se las recluyó en el gratuito cuidado de menores, mayores y enfermos, en la alimentación de sus maridos o parejas y en el mantenimiento del hogar. En palabras de Federici, esta fue la reclusión doméstica femenina, la imposición de un estatus de segunda clase en el cual las mujeres se encontraban totalmente sometidas al salario del hombre, p.27.

La autora más adelante nos muestra cómo la sexualidad femenina, considerada entonces una fuente de poder femenino sobre el masculino, comenzó a caer bajo sospecha y se convirtió objetivo militar de las autoridades. El asedio dio comienzo mediante nuevas leyes que eliminaron el control de las mujeres sobre el proceso reproductivo, tal como los métodos anticonceptivos  y la sustitución de matronas por obstetras hombres, así como la prohibición del aborto y el infanticidio. Federici considera esto un intento para convertir el cuerpo de las mujeres en una «máquinas productoras de niños para el Estado», de tal manera que el único objetivo vital al que toda mujer debía aspirar fuera la reproducción, p. 144.

Aun con todo, comprendemos que esto solo es una parte de un gran plan elaborado por Iglesia y Estado para eliminar todas las formas «improductivas» de sexualidad. Por ejemplo, «la homosexualidad, el sexo entre personas jóvenes y mayores, el sexo entre personas de distinta clase, el coito anal, el sexo a cuatro patas, el nudismo y las danzas. También se suprimió la sexualidad pública y colectiva tan en boga durante el Medievo, como en los festivales de primavera de origen pagano que aún se celebraban por toda Europa en el siglo XVI.», p. 194. En este punto, la caza de brujas atrapó no solo a la sexualidad femenina sino a la homosexualidad y a la disconformidad de género, colaborando en la elaboración del cisma sexual patriarcal que nos define hoy como sociedad.

Capitalismo – Nacido de entre las llamas

Lo que destaca a Calibán de otros trabajos que han explorado el fenómeno brujería es que el libro coloca la caza de brujas dentro del contexto del desarrollo del capitalismo. Para Federici, no fue ningún accidente que «la caza de brujas ocurriera de manera simultánea a la colonización y el exterminio de poblaciones del Nuevo Mundo, el cercamiento en Inglaterra o el comienzo del comercio de esclavos», p.164. Para ella, este cúmulo de tragedias, aparentemente inconexas, fueron instigadas por la élite europea cuando el capitalismo aún se encontraba en gestación, a lo largo de los siglos XV al XVII. Muy contrariamente a la ortodoxia del dejar-hacer, que propugna que el buen funcionamiento del capitalismo se basa en la no intervención estatal, Federici propone que fue precisamente la violencia estatal a través de estas campañas la que sentó las bases del capitalismo económico.

Illustration of Joan of Arc Being Burned at the Stake

Una nueva era surgió de entre las llamas de la caza de brujas.

Por suerte para el lector o lectora, en caso de que no esté familiarizada con este periodo histórico, Federici da a conocer estos eventos mediante un lenguaje claro y accesible. Hace hincapié en las políticas de cercamiento porque su importancia se ha diluido  a lo largo del tiempo.

La mayoría no recordamos que durante el Medievo, antes del cercamiento, incluso lo más bajo de la servidumbre poseía su pedazo de tierra para uso personal. Federici añade que «con el uso de la tierra también llegó el uso de zonas comunitarias como prados, bosques, lagos, pastos salvajes, las cuales proveían al campesinado de recursos cruciales para su economía (leña como combustible, madera para construcción, estanques para pescar y zonas de pastoreo para animales que fortalecieron la cohesión comunitaria y la cooperación », p. 24. Este acceso a la tierra suponía un colchón para el campesinado a través del cual obtenían una seguridad que de otro modo debían obtener del designio de su señor. Podían cultivar su propio alimento y cazar en abundantes bosques que aún permanecían en pie por aquel entonces, lo que junto a su conexión con las zonas comunitarias les otorgó un territorio en el que organizar movimientos de resistencia y economías alternativas ajenas al control de sus amos.

El cercamiento fue un proceso mediante el cual la tierra era sustraída por el Estado, dividida en lotes y entregada a especuladores que buscaban obtener un beneficio a través del pastoreo de rebaños de ovejas o vacas o de la agricultura a gran escala. En lugar de usarse para subsistencia, como hasta entonces, el botín catastral se vendía en los frágiles mercados nacionales o internacionales. Una nueva clase de terratenientes capitalistas emergió, mientras, en su contraparte más oscura, el campesinado desahuciado era víctima del trauma de la desposesión. En palabras de Federici: «tan pronto se vieron privados del acceso a la tierra, toda esta clase trabajadora cayó presa de una dependencia desconocida  durante el Medievo, ya que su condición de campesinado desposeído permitió a sus empleadores reducirles los salarios y extender su jornada», p.72.

Para Federici, la consecuencia del cercamiento fue la creación de una clase trabajadora desposeída, sin propiedades ni tierra, un proletariado sin más opción que trabajar por un salario para sobrevivir, constituyéndose el trabajo asalariado como elemento troncal del capitalismo.

Excluidas de su hogar tradicional, muchas comunidades se disolvieron por toda la campiña en busca de nuevas fincas. Así, el Estado contraatacó con el llamado Código Sangriento, que convirtió en legal la captura de vagabundos errantes para forzarles a trabajar por un salario o ser ejecutados. El resultado, para Federici, es claro: «el empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora europea. Una prueba de ello es el cambio en su dieta. La carne desapareció de sus mesas, con la excepción de algún resto de manteca, así como la cerveza y el vino, la sal y el aceite de oliva.», p.77.  Y aunque esta clase empezó a trabajar durante más horas al servicio de sus nuevos amos capitalistas, el nivel de vida cayó en picado durante todo el siglo XVI y no fue hasta el siglo XIX cuando los ingresos alcanzaron de nuevo el nivel de antes del cercamiento.

Según Federici, la caza de brujas fue de vital importancia en este proceso de empobrecimiento al introducir un cuño sexista en el seno de la clase trabajadora que minó la solidaridad de clase, dificultando la resistencia de estas comunidades al verse desplazadas de sus tierras, p. 48. Mientras que las mujeres sufrían la amenaza de horribles torturas y muerte si no se adaptaban a los nuevos y sumisos roles de género, a los hombres se les sobornaba con la promesa de unas esposas dóciles y un nuevo acceso al cuerpo femenino. También se cita que «otro aspecto de la política de división sexual para difuminar la protesta de la clase trabajadora fue la institucionalización de la prostitución, implementada mediante la apertura de burdeles municipales por toda Europa», p.49. Junto a la prostitución, la legalización de la violencia sexual otorgó más aprobación a la explotación del cuerpo de las mujeres. Explica que «En Francia, las autoridades municipales en la práctica despenalizaron la violación, siempre y cuando las víctimas fueran mujeres de clase baja», p-47. Con esto dio comienzo lo que Federici gusta de llamar «movimiento proviolación de facto», colocando a las mujeres en una posición difícil si deseaban salir de casa.

Los juicios por brujería fueron el asalto final, mediante los cuales la integridad de las comunidades campesinas fue totalmente destruida gracias a la promoción en su seno de la sospecha y el miedo. En cada vez peores condiciones, se animaba a los vecinos a volverse los unos contra los otros para que cualquier insulto o molestia presentara base para una denuncia por brujería. Sondeando todo este perjuicio, Silvia Federici concluye que «la persecución de las brujas, en Europa y el Nuevo Mundo, tuvo la misma importancia que las colonizaciones y le expropiación del campesinado europeo en el desarrollo del capitalismo».

1 – Estudiantes de Harvard publicaron un estudio el 17 de septiembre de 2009 en el que defendían que aproximadamente 45.000 estadounidenses mueren anualmente por falta de acceso al sistema médico, una proporción bastante mayor que los asesinados el 11 de septiembre en los ataques terroristas al World Trade Center. Más información en este enlace: http://www.reuters.com/article/healthNews/idUSTRE58G6W520090917

2 – Dominio Rápido, Wikipedia. En línea. http://en.wikipedia.org/wiki/Shock_and_awe.

3 – La estrategia de la doctrina del shock ha sido analizada con detalle en diversos casos por Naomi Klein en su excelente La Doctrina del Shock: El auge del capitalismo deldesastre. Metropolitan Books 2007. Por ejemplo, cuenta que la devastación por parte de Estados Unidos de la infraestructura social de Irak, entre la que se encontraban hospitales, escuelas y sistemas de suministro de alimentos y agua dejó en tal estado de trauma a la población iraquí que carecieron de fuerza de movilización para prevenir la privatización de la riqueza petrolera del país.

4 – Más información de las consecuencias de la caza de bruja en la dominación masculina de la reproducción y la medicina en Brujas, Parteras y Enfermeras: Una historia de sanadoras de Bárbara Ehrenreich.

5 – El punto más alto en el que se encontraron los salarios ocurrió poco antes del siglo XVI (en torno a 1450) y su punto más bajo fue en sus postrimerías (en torno a 1650). Su caída durante el siglo XVI fue abruptísima. The Modern World-System. Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century. New York: Academic Press, 1974. pg. 80.

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No están locos: la gran mentira de los asesinatos en masa perpetrados por hombres blancos.

Original en Salon por Arthur Chu, It’s not about mental illness: the big lie that always follows mass shootings by white males.

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Cargar la responsabilidad de actos violentos en las “enfermedades mentales” es una excusa que nos aparta de abrir el debate de la raza, las armas, el odio y el terrorismo.

Estoy harto de escuchar la expresión “enfermos mentales” como sustituto de “masculinidad tóxica”, “supremacismo blanco”, “misoginia” o “racismo”.

Poco sabemos del sospechoso de los atentados de Charleston, en el sudeste estadounidense. En absoluto hemos tenido constancia a través de un especialista cercano a él sobre si se encontraba aquejado de alguna afección psiquiátrica en concreto o si había sido objeto de algún tipo de diagnóstico.

Existen estadísticas que muestran que la gran mayoría de la gente que comete actos violentos no ha sido diagnosticada de enfermedad mental alguna y, de hecho, por paradójico que parezca, la gente que sufre este tipo de afecciones es mucho más susceptible de ser antes víctima que responsable de esta violencia.

El estigma de las personas diagnosticadas como enfermas mentales, que las califica como potenciales asesinas a las que hemos de temer, les representa un perjuicio todos los días de su vida. Les cuesta sus relaciones, sus trabajos y les aparta de buscar ayuda en otras personas; y, además, pone la carga de la vergüenza y el miedo en quien ya bastante difícil lo tiene.

Y, sin embargo, los medios no dejan de darle vueltas y vueltas a la “enfermedad mental” cada vez que hay un nuevo asesinato en masa. Me he tenido que morder la lengua mil veces cada vez que he debatido personalmente con alguien y ha recurrido al irreflexivo cliché de “si es que estaba loco” hablando de la masacre más reciente.

“Es que estaba loco” es una mierda de forma de escaquearse. Y en la vida la he oído de boca de algún especialista, de alguien con voz legítima en el mundo de la salud mental, de cualquiera con un mínimo de opinión formada en términos de salud mental o con propuestas de peso para mejorar el tratamiento de las personas diagnosticadas en este país o donde sea.

Lo que oigo decir a la gente que berrea lo de “que estaba loco” cuando les pido que me especifiquen a qué se refieren con lo de “loco” es un espanto de sinsentido con el único objetivo de echar a los leones a la gente diagnosticada. Los padres de Elliot Rodgers debieron haberle forzado a tomarse la risperidona y Seung-Hui Cho debió ser ingresado contra su voluntad. Todo aquel con un diagnóstico debe abandonar todos sus derechos constitucionales de inmediato antes de poner en un compromiso nuestro derecho a llevar armas como personas autodeclaradas cuerdas, faltaría más.

Y lo más interesante de todo es quién es esta gente con interés por echar a los leones a las personas diagnosticadas. Poco después del atentado en la escuela de Sandy Hook, Oregón, en el noroeste de los Estados Unidos, la Asociación Nacional del Rifle mostró su desacuerdo con que se creara un registro nacional de portadores de armas ya que eso significaría otorgar al gobierno de un poder tiránico imposible de controlar. Sin embargo, no mostraron la misma agresividad ante la creación de un registro de personas enfermas mentales aun considerando que una persona “cuerda” con una pistola en la mano es intrínsecamente mucho más peligrosa que una persona “loca” armada, independientemente de su nivel de locura.

Hemos creado un mundo tan vuelto del revés que una persona en busca de ayuda médica para tratar su depresión o ansiedad es una muestra más evidente de tendencias violentas que alguien que sale de su casa para comprarse un arma con el único objetivo de cometer actos de violencia. Nos hemos montado un discurso por el cual no está mal estigmatizar al primero pero sí al último. Dios bendiga América.

Otro punto que no tiene desperdicio es cómo el argumento “es que estaba loco” se aplica a los asesinos en masa al igual que se hace en general, como una manera de restar crédito a las palabras de esta gente. Cuando en esta cultura decimos que alguien “está loco” lo que intentamos es hacer un llamamiento a la gente para que no le presten atención, para que ignoren lo que dicen de sus actos y motivaciones, para revestirnos de la autoridad con la que bramar que conocemos mejor a esa persona que ella misma.

Este argumento es cruel e ignorante cuando se para desvalorizar a aquellas personas que son víctimas de estos actos delictivos y, es, de hecho, un elemento que subyace bajo la misma realidad de que las personas diagnosticadas son más susceptibles de ser víctimas de violencia que responsables.  Todo agresor ama a la víctima a la que ha sido despojada de la capacidad de defenderse.

También es un mierdón cuando se usa para desvalorizar a los responsables de esos delitos. Muy a menudo, los asesinos no se cortan en mostrar los motivos por los cuales cometen sus atrocidades; buscan atención con el objetivo de que su causa se convierta en mediática y causar el pánico a través de una acción local a toda la población. Si nos vamos al diccionario, esta acepción viene acompañada del nombre “terrorismo”, pero solo se suele usar esa palabra para un determinado tipo de asesinos en masa. O bueno, para un determinado color de asesinos en masa.

Ellito Rodger nos contó por qué hizo lo que hizo, en vídeo, con detalle y con citaciones a las páginas “portadoras de la verdad” de las que sacó su tremebunda ideología. Y no es física cuántica: mató a mujeres que se negaron a acostarse con él y a hombres cuyo éxito consideraba que le había sido negado.

Sí, la enfermedad mental que hubiera podido tener digamos que contribuyó en la disfunción de sus creencias con la la realidad, pero ninguna enfermedad mental creó de la nada esas creencias desde lo más hondo de su cerebro sin ningún tipo de conexión con el mundo exterior.

Pensar así es igual de paradójico que leer las quejas en vídeo de un tipo en Facebook sobre el asco que le da la religión y en concreto el Islam y seguir creyendo que la motivación que le llevó a asesinar a una familia musulmana es que se “volvió loco” tras una discusión en un aparcamiento.

Uno de los últimos vestía parches a modo de solidaridad con regímenes del apartheid, ha vivido su vida en una cultura que le ha rodeado de armas  y, como muchos otros, recibió por su mayoría de edad un arma de fuego a modo de rito de iniciación en la adultez.

Les dijo directamente a sus víctimas, antes de dispararlas, que lo hacía para defender “nuestro país” de una “sublevación” negra. Le dijo a una mujer que le perdonaba la vida únicamente para que contara todo lo que había llevado a cabo.

No hay interpretación alguna de las acciones de este tipo que no sea la de “manual de instrucciones de terrorismo contra la comunidad afroamericana”. Y sin embargo hemos vuelto a oír lo de siempre: “es que estaba loco”.

La “locura” nunca ha creado una idea, un móvil o un sistema de creencias por sí sola. La “locura” puede afectar a la manera en  que nuestras mentes distorsionan las ideas que obtenemos del mundo, pero esas ideas siguen teniendo un origen determinado.

Uno de los casos más notorios de esquizofrenia a gran escala es el de John Nash, quien a diferencia de la mayoría de gente diagnosticada, creó un sistema completo de alucinaciones totalmente ajeno a la realidad. Aun así, la película Una Mente Maravillosa, biopic de Nash, descafeína la naturaleza de sus creencias: la conspiración que vigilaba todos y cada uno de sus movimientos estaba formada por judíos.

Qué casualidad que la fértil imaginación de este genio justo eligió a  los judíos como los malos de la película. ¿O es que acaso asimiló esa idea de alguna otra parte?

Las teorías misóginas que tan bien le encajaron a Ellit Rodger  y los hilos racistas de los que se nutrió Dylann Roof están solo a una búsqueda de Google de distancia, podéis probar si aún no habéis desayunado. ¿Está todo el mundo de ahí loco? Y si es así, ¿por qué no se toman su medicación?

Dylann Roof es fan del régimen de la Sudáfrica del apartheid y de Rodesia del sur. Aun siendo terrible el crimen de este chico, los que se cometieron hace décadas bajo el apartheid bajo auspicio de miles de políticos, burócratas y fuerzas de seguridad fueron mucho peores. ¿También estaban enfermitos? Y no quiero escoger ya el comodín del nazismo, pero no creo que John Nash fuera la única persona que creyera en una conspiración judeomasónica para eliminarle; en cierto momento de la historia una gran parte del mundo desarrollado apoyó esas teorías y seis millones murieron en consecuencia. ¿También toda esa gente había sido diagnosticada?

Aun cuando el origen de la violencia tiene su origen genuinamente en las alucinaciones de una mente aislada de la realidad, cosa bastante rara, esa violencia siempre parece decantarse por unos objetivos culturalmente aceptados. Y sí, la mayoría de supremacistas blancos no están tan “locos” como para liarse a tiros, la mayoría de misóginos no están tan “locos” como para matar a todas las mujeres que les rechazan y la mayoría de anarcocapitalistas fanáticos no están tan “locos” como para dinamitar edificios gubernamentales, pero esta gente “loca” siempre tiene a unos homólogos respetables viviendo una vida normal a través de la cual predican su “manifiesto de los locos”; es decir, dibujar dianas en gente de izquierdas o llamar a las clínicas abortistas campos de exterminio. Son la misma gente que cuando se produce otra masacre es la primera en arrojar a  los leones al “loco” asesino por tomarse tan en serio sus palabras.

Los titulares amarillistas sobre grandes atrocidades suelen distraernos sobre otros que no salen en las portadas. El público en general está dispuesto a reconocer como delito de odio el que un chico blanco asesine vaciándoles cinco cargadores a nueve personas en una iglesia reconociendo abiertamente que su motivación era étnica aun cubriéndolo todo del aislamiento individual apelando al comodín de la enfermedad mental.  Sin embargo, un blanco en uniforme que le vacía dos cargadores a dos personas en un coche de un “barrio chungo” de Cleveland queda como pura estadística del soporte informático del Departamento de Justicia.

¿Y cientos de años de historia en los cuales la economía de un país se sustentó en el esclavismo de millones de personas negras, forzándolas a trabajar y disparándolas si trataban de huir? Eso solo es historia.

La motivación de esa persona a la que le gusta tanto hablar de “enfermedades mentales” es atraer la atención hacia estos megacrímenes abyectos y excepcionales para tratarles como eso, excepciones. Es una manera de desviar la atención de que los peores crímenes de la historia fueron cometidos por personas que hacían su trabajo: policías aplicando la ley, soldados siguiendo órdenes y burócratas firmando y sellando documentos. Si definimos la “racionalidad” como adaptarte al medio social para llevarte bien con él y en general como lo que se considera “normal” en una sociedad, entonces durante una gran parte de la historia lo “cuerdo” ha sido apoyar e incitar lo más monstruoso. Nos gusta hablar de la salud mental de la gente porque nos evita tratar la peor y más aterradora enfermedad social: que el peligro no está en la locura de un individuo, sino en la del mundo en el que vivimos.

Lógico, no hay mediación para ello.

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Consentimiento: ¿en serio es tan difícil?

Original en Rockstar Dinosaur Pirate Princess, Consent: not actually that complicated.

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¿Sabéis qué no es tan difícil?

El consentimiento.

Se ha debatido mucho recientemente mucho sobre ello: algunas universidades han lanzado normas relativas al consentimiento explícito y ha llegado a la gran pantalla, y arrasando en taquilla, la adaptación del libro que hizo de la ausencia de consentimiento algo sexy. Igual no lo sabéis, pero ya existe en Reino Unido algo parecido al consentimiento explícito, o cómo Ched Evans acabó condenado mientras que su codemandado no. Las actas del tribunal recogen cómo el jurado entendió que era razonable que la víctima hubiera decidido mantener relaciones sexuales con el codemandado, pero no con otro tipo cualquiera que pasaba por allí, véase Evans. Esto, en Reino Unido, no funciona la mayoría de las veces como en los tribunales; lo que sí es similar es la investigación; de hecho, se han hecho públicas hace poco nuevas pautas para facilitarla.

Por otro lado, llueven las críticas y los comentarios negativos siempre que se escribe un artículo sobre consentimiento o se da un paso en favor de aumentar la carga de la prueba en la persona que da comienzo a la relación sexual para asegurarse que la persona con la que quieren mantener esas relaciones, bueno, en fin, como os lo diría, verdaderamente QUIERE mantener esas relaciones.

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Incluso los comentarios en respuesta a estas viñetas nos muestran de manera nítida lo mal entendido del consentimiento.

Salta a la vista  que muchísima gente NO entiende de verdad lo que significa consentimiento. Desde el famoso hay a quien no hace falta que le pregunten antes de cada relación pasando por el estudiante al que, presuntamente, se le ocurrió sorprender a su pareja con algo de BDSM no consentido hasta a esta mierda de canción y a cada basura de comentario en cualquier artículo que deje caer que sí significa SÍ; parece que la gente tiene un problema importante al entender que siempre que te acuestas con alguien, y cuando digo siempre digo en todas las ocasiones en las que mantienes relaciones con alguien, es preciso asegurarse de que quieren mantenerlas. Esto va para mujeres, hombres y todo el mundo. Con quien quiera que sea que te estés poniendo a juguetear, asegúrate de que de verdad le apetece. Y ya está, no es tan difícil, de verdad.

Si todavía te rechina el asunto, ponte en que en vez de iniciando una relación sexual, estás sirviendo una taza de té.

Di en alto  ─ ¿oye, te apetecería una taza de té?─, y si te responden ─ joder, joder, sí, coño, sí, me encantaría MIL una taza de té, ¡gracias!*─ bien, entonces ya tienes claro que les apetece una taza de té. Si dices ─ ¿oye, te apetecería una taza de té?─ y te encuentras con un dubitativo ─no lo tengo muy claro…─ entonces prepara el té o no lo prepares, pero sí ten claro que pueden o no bebérselo, y en caso de que no, bien, ten la delicadeza de NO HACÉRSELO BEBER. No les culpes de haberte hecho hacer el esfuerzo de preparar el té en el improbable caso de que lo hubieran querido; asimila que no lo quieren y en paz. El mero hecho haberlo preparado no te da derecho a metérselo por el gaznate.

SI la respuesta es ─no, gracias─, entonces no hagas té. Punto. No prepares té, no se lo hagas beber y no te enfades porque no les apetezca. No les apetece y punto, ¿bien?

También puedes oír un ─sí, por favor, muy amable─ y cuando llegues con el té ya no les apetece para nada. Sin duda es un chasco, has hecho el esfuerzo de preparar el té y todo, pero están sujetas a ninguna ley vinculante que les obligue a beberse el té. Antes les apetecía, ahora no. Mucha gente cambia de opinión en el rato que tarda en hervir la tetera, reposar el té y añadirse la leche. Sigue sin haber ningún follón por el que la gente cambie de parecer y tampoco tienes ningún derecho a verles bebérselo por el hercúleo esfuerzo que has realizado preparando ese té.

Si se encuentran privadas de consciencia, no hagas té. La gente inconsciente no suele querer té y tampoco es capaz de responder a la pregunta de que si quieren té porque están inconscientes.

Bien, pongamos por caso que estaban conscientes cuando les preguntaste si querían té y dijeron que sí, pero en el rato que ha tardado la tetera en hervir, el té en reposar y la leche en añadirse, han perdido la consciencia. Muy sencillo, deja el té un momento, asegúrate de que la persona inconsciente se encuentra bien y, ojo al pequeño detalle, no le hagas beber el té. Te dijeron que sí, claro, sin problema, pero la gente sin consciencia muy raramente quiere té.

¿Y si alguien te dijo que sí quería té, empezó a tomárselo y luego se desmayó antes de terminárselo? Bueno, lo primero, no se lo eches por el gaznate. Lo segundo, deja el té a un lado y asegúrate de que se encuentra bien, para este caso también vale lo de que a la gente inconsciente no le apetece té. Hazme caso, te lo digo de corazón.

Si a alguien le apetecía té en tu casa el sábado pasado no quiere decir que le vaya a apetecer siempre. Muy seguramente no querrán que aparezcas de la nada en su casa y les hagas té para forzarles a bebérselo porque «PERO SI LA SEMANA PASADA SÏ QUE QUERÍAS» o despertarse descubriéndote a ti derramándoselo por el gaznate porque «PERO SI ANOCHE SÍ TE APETECÍA».

Una analogía estúpida, ¿eh? Sí, sin duda esto lo tenías claro, en ningún caso le forzarías a nadie a beber té porque la semana pasada sí le apetecía. POR DESCONTADO ni se te ocurriría derramar té por el gaznate de alguien inconsciente porque hacía cinco minutos, estando consciente, te había dicho que sí. Muy bien, entonces, si te das cuenta de lo ridículo que es obligar a la gente a tomar té cuando no lo quieren y eres perfectamente capaz de entender cuándo no lo quieren, ¿por qué es tan difícil de entender esto mismo cuando hablamos de sexo?

En sexo y té, el consentimiento lo es todo.

Y ya que estamos, me voy a poner un té.

*Expresado palabra por palabra a un amigo un domingo de mañaneo tras una fiesta en una nave. , qué genial es.

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Sobre Bye Felipe

Original en Know your meme, Bye Felipe.

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Sobre Bye Felipe

Bye Felipe es un blog monotemático donde se recogen capturas de pantalla de respuestas hostiles o agresivas de hombres en páginas web de citas como OKCupid o Tinder. El nombre del blog tiene su origen en la cita Bye Felicia, usada despectivamente a modo de despedida.

Origen

El 14 de octubre de 2014 nace el Instagram[1] Bye Felipe en Los Ángeles (California, Estados Unidos) de mano de Alexandra Tweten cuya primera entrada mostraba un mensaje agresivo escrito de un hombre en el que pedía iniciar una conversación a una mujer en una página web de citas (abajo).

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[¿Hablamos? 🙂

No

¿POR QUË COJONES NO?

Si no estabas interesada, hubiera bastado con que no contestaras, NO ME JODAS!]

Difusión

El 27 de octubre de 2014, el diario en línea The Atlantic[5] publicó un artículo sobre el feed con el título The Rise of the Tinder-Creep-Busting Web Vigilante (El auge cibernético de la vigilante feminista azotababosos de Tinder), comparándolo con el blog de la plataforma Tumblr, Straight White Boys Texting (Chicos blancos y hetero texteando). El mismo día, el canal de Youtube Young Turks (Jóvenes Turcos) subió a su red un debate sobre el escarnio público y el feed Bye Felipe.
El 31 de octubre, el blog especializado en temas de mujeres Ms. Magazine[2] publicó el artículo de Tweten Why I Created Bye Felipe (¿Por qué creé Bye Felipe), donde se revelan los motivos de la creación de este feed de Instagram: que otras mujeres supieran que no están solas, visibilizar la situación de las mujeres cuando navegan por la red y denunciar la problemática sobre las libertades que muchos hombres creen poder tomarse con las mujeres. En los días sucesivos, diversos sites de noticas publicaron artículos relativos al feed de Instagram; entre ellas Mashable,[3] BuzzFeed[4] y The Daily Dot.[7]

Ejemplos notorios

 aea

[Vale

Bueno, cuándo quedamos.

No vamos a quedar.

Claro, porque eres una zorra.

Con un ego inflado que no te mereces.]

 b59

[¿Qué te gusta hacerle a los tíos?

Lo que quieres es ser otra puta zorra impresentable a la que le mola jugar.

¿Eh, qué coño?

¡Veo que me lees, tortilera, y no te atreves a responder!]

b0c

[Buenas *_* *_*

Tus fotos son muy bonitas y me atraen J J J

Muy geniales :3 :3

No estoy interesada.

Yo tampoco, solo estoy matando el tiempo, so puta.

Qué gorda eres.]

21a

[Me voy a dormir. No le cuento esto a la mayoría de las chicas. Bueno, igualmente, saldremos otro día. Que pases una buena noche.

Muchas gracias por todo, de verdad que aprecio cada una de tus palabras, pero no veo que vayamos a llegar a ningún punto. Lo siento de verdad.

¿Por qué no? ¿Qué problema hay, de verdad?

Ah, claro, la libertad que tenéis las tías de hoy, ese es el problema.

Me gustaría ver a los tipos a los que te follas.]

 ad3

[¿Qué talla de sujetador usas?

¿???

¿???

Deja de preguntar. Adiós.

Que te follen.

Zorra pechotabla.

Adiós, gorda.]

296

[Hola, soy Stan, encantado de conocerte. Me pareces  muy atractiva y me encanta esa cara tan linda.

Puta cabezona.

Bien que te daba de hostias.]

Referencias externas

[1]Instagram – Bye Felipe

[2]Ms Magazine – Why I Created Bye Felipe

[3]Mashable – The biggest jerks in online dating

[4]BuzzFeed – This Woman Set Up An Instagram To Show The Shocking Truth Of Being A Woman Online

[5]The Atlantic – The Rise of the Feminist Tinder-Creep-Busting Web Vigilante

[6]The Huffington Post – Bye Felipe Beautifully Calls Out Online Datings Worst Guys

[7]The Daily Dot – One woman is using Instagram to call out hostile guys on dating sites

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El terrorista más común en Estados Unidos es un hombre blanco, armado y profundamente resentido

Original de Michelle Goldberg en The Nation, The Most Common Type of American Terrorist is a White Man with a Weapon and a Grudge.

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Ayer, un ateo blanco sin ningún tipo de complejo dio muerte a tres estudiantes musulmanes en la localidad de Chapel Hill, en el estado de Carolina del Norte, Estados Unidos. Aún no sabemos si este crimen estuvo motivado por el odio o si el asesino, Craig Stephen Hicks, actuó por otro móvil, ya que fuentes policiales informan que el delito pudo tener su origen en una disputa en relación a una plaza de aparcamiento. Creo que aquí nadie dudamos de que si Hicks hubiera sido el musulmán y sus víctimas las ateas, muy poca gente habría esperado a que se hicieran públicas el resto de pruebas para llamarle terrorista. También estaríamos ante el clásico llamamiento a otras musulmanas para que condenasen los asesinatos, sin que se tuviera lo más mínimo en cuenta a aquellas que lo hacen. Tampoco dudamos de la risa que nos provocan las proclamas de Richard Dawkins y de Bill Maher para distanciarse de Hicks; ¿para qué? Saben de sobra que a ellos nadie les está señalando. La violencia provocada por musulmanes es habitualmente considerada una muestra más de una conspiración a escala global, pero cuando los que la practican son tipos blancos como Hicks, se les identifica y aisla como psicópatas.

Sí es cierto que existe un movimiento yihadista organizado, mientras que no hay noticia de grupos terroristas ateos; sin embargo, en Estados Unidos, una de las causas de violencia más importantes es la islamofobia. El asesinato de Yusor Mohammad, de su marido, Deah Shaddy Barakat y de su hermana, Razan Mohammad Abu-Salha, por parte de Hicks, no debe considerarse como esa noticia que por ser tan extraña acaba saliendo en los telediaros o como una inversión del típico patrón terrorista porque los musulmanes son mayoritariamente las víctimas de este tipo de violencia por motivos ideológicos, no sus responsables.

Según los datos más recientes del FBI, en 2013 se registraron más de 160 crímenes de odio cuyas víctimas eran musulmanas. Mezquitas y centros islámicos han sufrido el azite de armas incendiarias o vandalismo; siete mezquitas sufrieron ataques solo durante el Ramadán de 2012. Además, varias personas de culto musulmán, o leídas como musulmanas, han sido asesinadas o han sufrido ataques con extrema violencia. En 2010, un estudiante blanco que se autodefinía como patriota intentó cortarle el cuello a un taxista bangladesí, Ahmed Sharid. El supremacista blanco que asesinó a seis personas en un templo Sikh en 2012 seguramente pensó que sus objetivos eran musulmanes. Lo mismo le ocurrió, presuntamente, a Erika Menendez, una sin techo neoyorkina que empujó a las vías del metro a un hombre llamado Sunando.

En la mayoría de casos, los autores han sido pobres diablos, gente sin filiación alguna y de entornos marginales, pero se han nutrido de corrientes de odio o teorías de la conspiración preestablecidas y en boga (se puede decir lo mismo de terroristas musulmanes sin filiación, como Man Haron Monis, el defraudador que retuvo a varios rehenes el año pasado en Sydney, o de los hermanos Tsarnaev, responsables de los atentados del maratón de Boston de 2013). No sabemos aún si a Hicks le movía un fanatismo solitario, pero de serlo, no sería un caso tan raro como a priori nos puede parecer. La      violencia explícita efectuada por personas ateas es poco común, `pero Hicks encaja en el perfil del típico terrorista estadounidense: un tipo blanco, armado y profundamente resentido.

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Ferguson: el sistema no está roto, solo funciona a la perfección.

Del original en The Belle Jar On Ferguson – The System Isn’t Broken, It Was Built This Way.

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Tengo un tío que era poli.

Sus hijas, mis primas, eran de mi edad, y cuando íbamos a ver nuestra familia a Québec cada verano, hacíamos vida en su casa. Tan pronto como llegábamos a casa de mi abuela, hartísimas y hechas una pasa tras ocho horas de viaje en coche, me ponía a marcar el teléfono de mis primas en su teléfono beige de ruleta. Me tiraba todo el maldito año escolar esperando el verano para pasar rato con ellas, nos escribíamos cartas durante todo el plomizo invierno maquinando planes para nuestras futuras hazañas estivales. La vida de la que disfrutaba con mis primas – nadar en su piscina, barbacoas familiares, jugar al escondite entre el monstruoso seto del jardín de mi abuela al anochecer – se encontraba a años luz del tedio rutinario de Ontario.

Casi cada verano, mi tío, en un momento dado, nos llevaba de visita a la comisaría. Jugaba con nosotras a que éramos delincuentes y nos tomaba las huellas o fingía hacernos unas fotos policiales. También nos dejaba explorar las celdas de la comisaría; recuerdo lo que me flipaban aquellos cuartos planos y monocromáticos en miniatura, cada uno con su lavabo y retrete. Una vez, me quedé zascandileando tanto rato, que me amenazó con encerrarme si no salía. Le respondí que guay, que por qué no lo hacía, y le pregunté por la comida que le iban a dar a los reclusos aquella noche. No tenía miedo, no tenía razones para sentirlo.

Como muchas otras personas blancas, crecí con la idea de que la poli estaba de mi lado. Me harté de oír que la policía estaba ahí para protegerme. Desde que mi más tierna juventud, me dijeron que si alguna vez me perdía o me encontraba en peligro, lo primero que debía hacer era contactar con un agente de policía. Me enseñaron que así funcionaba el sistema, que existía para protegerme.

Lo que nunca me contaron es que ese mismo sistema se dedica a proteger a la gente blanca primero y a las demás después, si tal.

He hecho por averiguar durante estos meses recientes por qué la gente blanca podemos llegar a cabrearnos tanto y de manera tan irreflexiva por los eventos que se han desencadenado en Ferguson. No os miento, es desconcertante oírles debatir sobre lo guay que es que un agente de policía le descerraje seis balazos a un hombre desarmado porque lo mismo ha robado unos puritos y encima no se sube a la acera. Me anonada la enorme cantidad de gimnasia mental que se requiere para llegar a creer que no hay nada malo en que un poli le meta seis tiros a un tipo en defensa propia. Esto vale para esto como vale igual para las reacciones blancas ante los asesinatos de Trayvon Martin, John Crawford III, Tamir Rice y otros incontables jóvenes negros asesinados sin una razón aparente. He vivido en la burbuja de una vida lo suficientemente privilegiada como para que las respuestas blancas a estos crímenes aún me conmocionen; sé que para las personas negras este tipo de comentarios están a la orden del día. No puedo mostrarme lo suficientemente indiferencia ante esta avalancha de odio racista como para convertirla en algo rutinario: he aquí una muestra de mi privilegio.

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A la gente blanca nos enseñan a lo largo de nuestras vidas a creer en el sistema. El sistema es civilización, el sistema es democracia, es nuestros tribunales de justicia, es las maneras en que el estado se hace cargo de nosotros y nos apoya. Nos cuentan que el sistema se encarga de que vivamos a salvo y sin miedo. Sin embargo, siempre que ocurre algo como lo de Ferguson, la gente blanca vislumbramos lo jodido que está el sistema, atisbamos destellos que nos hacen cagarnos vivos porque socavan los cimientos de cada sentimiento patrio que nos han inculcado a presión desde que ponemos un pie en este mundo.

Un mito recurrente y falso entre la gente blanca progre es que el sistema está jodido. Sin embargo, el sistema no está jodido, lo que ocurre es que se es construyó deliberadamente así, como un sistema para dar prioridad al bienestar y la seguridad de las personas blancas sobre las demás, y su forma de actuar es oprimiendo a personas negras en particular y no blancas en general. Según palabras de Ta-Nehisi Coates en una conferencia reciente a la que acudí: la maquinaria funciona como está previsto. A lo largo de la historia de los Estados Unidos y del Canadá, hay múltiples ejemplos de marginalización patrocinada por el Estado y de opresión a personas no blancas que incluso perduran hasta nuestros días y si no, echad un vistazo a la sobrepoblación de personas negras en las cárceles. Y este es el jodido sistema; y así es como está llamado a funcionar. No es necesario que lo arreglemos, porque ya funciona perfectamente, funciona de la manera que se espera que funcione. Lo que hace falta es que lo destruyamos y empecemos de nuevo desde cero.

Aquellas amigas mías con hijas negras, mientras luchan a diario contra la pena, el dolor y el miedo, intentan asegurarse de alguna manera de que su hija no sea el próximo Mike Brown o Trayon Martin, quieren saber qué decirles a sus hijas que las mantenga a salvo. Ojalá tuviera una respuesta para ellas, pero no la tengo… porque soy blanca y esto se sale del ámbito de mi experiencia personal, porque no estoy en una posición como para dar consejo y porque creo que no hay respuesta. La única manera de asegurarnos de que estas jóvenes no sufran daño alguno es que sean blancas, algo que es imposible amén de una respuesta horrible. Todo lo relacionado con esto provoca impotencia y espanto – y, repito de nuevo, he aquí a una persona blanca hablando de estas cosas, no puedo siquiera imaginar el tremendísimo miedo que las comunidades negras sufren ahora mismo.

Tenemos que – y con tenemos hablo de las personas blancas que pretendemos actuar como aliadas– pasar a la acción. Salgamos del centro del polisistema y comencemos a visibilizar las voces de las personas negras. En debates de justicia social, hagámonos un sitio, es nuestra obligación hacernos con una excavadora, entrar a saco y hacernos con la mayoría del espacio de debate. Hagamos por escuchar para que luego podamos girarnos y compartir nuestro aprendizaje con el resto de gente blanca. Tenemos que permitir que la gente negra lleve la iniciativa, así como tenemos que aprender a ser buenas seguidoras. Nosotras creamoseste sistema podrido, así que contribuyamos humildemente ahora construir uno mejor y más justo.

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Porque puede ser que incluso ahora mismo mi amiga esté sentada junto a su hija contándole cómo no siempre puede fiarse de la policía mientras, al mismo tiempo, alguna niña blanca con su tío poli está aprendiendo que las comisarías son un lugar pulcro y muy divertido para visitar y en el que jugar; siendo la única diferencia entre ambas el color de su piel. Todo está hecho una mierda y, a la vez, funcionando como un reloj.

Abajo incluyo algunas muy buenas obras escritas por autoras negras. Si eres blanca, por favor tómate tu tiempo para leerlas y educarte. Este es tu trabajo ahora mismo. Si conoces algún otro artículo (o entradas de blog, vídeos, lo que sea) cuyos autores sean personas negras o activistas, por favor, compártenos el enlace aquí y lo incluiré en la lista.

The Case for Reparations by Ta-Nehisi Coates

About Ferguson, White Allies and Speaking Up When It Matters by Awesomely Luvvie 

America’s Not Here For Us by A’Driane Nieves

A Letter to My Unborn Black Son by George Johnson

Youth Are on the Frontlines in Ferguson, and They Refuse to Back Down by Muna Mire

If There Are Good Cops Out There, Prove It by Albert L. Butler

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El legado histórico de las brujas y las mujeres estadounidenses.

Del original de Hilary McGraw, trabajadora en prácticas de NWHM (National Women’s History Museum) en su Tumblr Putting Women in their place.

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Los disfraces de bruja son uno de los emblemas más comunes y reconocibles que la gente suele ponerse en esta época del año, que cada vez conocemos más como Halloween. No solo eso, un sombrero negro y una escoba simbolizan algo que reconocemos universalmente, algo indistintamente femenino. Las brujas forman parte de nuestra fantasía, son algo divertido e incluso positivo (recordad a la emblemática Hermione Granger), pero la indulgente y tibia reivindicación de las brujas que hacemos actualmente en nuestra querida cultura pop tiene un origen violento y un tanto incómodo, como descubrí hace poco en el libro de Gail Collins, America’s Women (Mujeres estadounidenses).

Los Juicios de Salem y las ejecuciones que estos conllevaron acaecieron en las postrimerías del siglo XVII y continúan formando parte del legado histórico estadounidense más fascinante e imperecedero. También fascina  el hecho de que de las diecinueve personas ejecutadas por brujería, quince de ellas fueran mujeres. En un tiempo en el que las mujeres, en su mayoría, eran excluidas o invisibilizadas en todo aspecto de la vida pública, cuando llegaron las acusaciones de brujería, su presencia creció como la espuma. ¿Por qué?

La asociación que establecemos entre la feminidad y la brujería parte del dogma religioso de la Europa moderna, en la que se consideraba que la mujer era más vulnerable a ser corrompida por Satanás por su debilidad mental y su inherente naturaleza pecaminosa. Después de todo, Eva fue la responsable de la expulsión de la humanidad del paraíso. Estas creencias fueron trasladadas al Nuevo Mundo por los peregrinos europeos que migraron en el siglo XVII.

Los Juicios de Salem de 1692 fueron la culminación de un legado extensísimo de procesos y ejecuciones que se llevaron a cabo de Europa durante el final de la Edad Media y la Edad Moderna. En su obra, Collins anota que las mujeres acusadas solían sobresalir socialmente de algún tipo de manera o rechazaban adherirse a los cánones sociales impuestos: eran o muy obstinadas o muy poderosas. Sarah Good, ejecutada en 1692, era una sintecho que solía chillar a los viandantes. Sarah Osborne, ejecutada ese mismo año, era una mujer de mediana edad que se encontraba involucrada en un proceso legal para defender sus propiedades en el momento en que se hizo firme la acusación. Otra de las víctimas, Martha Corey, conocida por su franqueza al hablar, fue declarada culpable usándose como prueba ese mismo hecho.

Es interesante percatarse del siguiente dato: todas las denunciantes originales en los Juicios eran mujeres, o, para ser más exactas, chicas adolescentes entre los nueve y los doce años de edad. Dos de estas chicas, Ann Putnam y Betty Harris, fueron las primeras en tener accesos de histeria o síntomas de posesión de los que responsabilizaban a ciertas «brujas» camufladas como miembros de su comunidad. Es difícil averiguar de manera clara los motivos específicos de cada una de las chicas, pero puede servirnos de pista tener en cuenta la poca presencia que las chicas jóvenes solían tener entre los miembros de la sociedad puritana de Nueva Inglaterra. Estas chicas nunca podían confiar en tener acceso a tal tipo de educación que les permitiera alcanzar puestos gubernamentales o eclesiásticos de decisión, algo que sí podían alcanzar sus hermanos (¿no es extraño que no hubiera ningún hombre joven dentro de la parte denunciante?). Su papel era ser obedientes y permanecer a un lado, desde la niñez a la adultez, algo que no se aplicó a estas chicas cuando empezaron a tener accesos de histeria y denunciaron estar poseídas por agentes del demonio. De un día para otro, todos los focos de la comunidad estaban puestos sobre ellas; los prohombres de la aldea escuchaban atentamente cada una de sus palabras, palabras a las que otorgaban una legitimidad insólita para la época, un privilegio especialmente poco común para una chica joven del siglo XVII.

En conclusión, aunque durante los Juicios de Salem influyeron gran variedad de agentes sociales, el género fue sin duda de los más importantes. Por suerte, las chicas y las mujeres de hoy en día pueden disfrutar desinteresadamente de los conceptos de bruja y brujería sin tener en cuenta que el apelativo «bruja» se usó en otro momento histórico como artimaña para silenciar o hacer desaparecer a mujeres indómitas.

Nota del traductor: en relación al sesudo análisis que hace Silvia Federici en su Calibán y la bruja, he optado por incluir que el la persecución por causa de brujería comenzó en la Edad Moderna o muy a finales del medievo, en contraposición a la común idea de que estas causas se produjeron sobre todo en etapas anteriores.

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Las TERF o el feminismo transexclusivista y transfóbico.

Del original en la Home de The Terfs.

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EL FEMINISMO RADICAL NO TIENE NADA QUE VER CON EL FEMINISMO TRANSEXCLUSIVISTA.

Las feministas radicales transexclusivistas (TransExclusionary Radical Feminists, de ahí el acrónimo TERF) pretenden excluir a las personas trans del acceso igualitario a vivienda, empleo, educación,  residencia y protección de ámbito local, nacional y de las Naciones Unidas, lo que significa perpetuar un mundo donde las personas cis ostenten privilegio a través de la exclusión de personas trans de la vida social en igualdad de condiciones.

Cómo es el Transexclusivismo:

Hay ahora mismo una cosa que me confunde, y es que cuando presencio un debate legislativo en la Cámara de los Lores, suelo coincidir en su mayor parte con las posiciones de extrema derecha. Particularmente, con la persona con la que más estoy de acuerdo en esto, aunque no creo que le haga mucha gracia darse cuenta de ello, es Norman Tebbit… Tebbitt también habla de la salvaje mutilación del transgenerismo. De ocurrir en  culturas ajenas a las de las Islas Británicas, diríamos que se trata de una práctica cultural totalmente nociva, y que cómo es que no nos damos cuenta de ello aquí, en nuestra propia casa.

– Sheila Jeffreys, doctora, académica y autora TERF, durante un discurso en la Conferencia en homenaje a Andrea Dworkin en el Centro de Estudios de Justicia de la Universidad de Oxford.

Hoy en día, estamos invadidas por el conocido como fenómeno Frankenstein, no solo en forma de mito religioso, sino como su prole, la tecnología falocrática. El insano deseo por el poder y la locura por la transgresión de fronteras son la seña de los necrófilos, aquellos que sienten carencia de su alma, espíritu y amor por su propia existencia y de esta manera tratan de quebrantar y asesinar toda su espiritualidad, sustituyéndose por cachos de cadáver. Esta invasión o supresión necrófila tiene múltiples formas, una de ellas es la transexualidad.

– Mary Daly, doctora, académica y autora TERF en su libro Gyn/ecology: The Metaethics of Radical Feminism (Gin/ecología: la metaética del feminismo radical), pp. 70-71

NOTA: siguiendo la misma línea que esos grupos que se autodenominan cristianos, como WBC, la Iglesia Baptista de Westboro (Texas), las TERF siempre intentan extender su transfobia haciéndola pasar por feminismo.

Cómo es el feminismo:

No confundáis mis palabras: creo que las personas transgénero, incluyendo a aquellas que han efectuado su transición, están viviendo unas vidas reales y auténticas. Debemos admirar esas vidas, no ponerlas bajo lupa. Sus decisiones médicas deben pertenecer única y exclusivamente a ellas. Lo que escribí hace décadas no es reflejo de lo que hoy conocemos, ya que paulatinamente abandonamos las categorías binarias de «masculino» y «femenino» y comenzamos a vivir a lo largo del amplio espectro humano de identidad y expresión.

– Gloria Steinem, activista e icono feminista.

La transfobia dentro del movimiento feminista no es un fenónomeno nuevo y sigue promoviéndose por parte de feministas radicales como Sheila Jeffreys, Germaine Greer y Julie Bindel, que tachan de patológico el transgenerismo mediante múltiples argumentos. Lo describen de diferentes maneras: desde una práctica sexual muy bizarra a una enfermedad mental, equiparándolo con el trastorno dismórfico corporal. En algunas ocasiones, critican con tintes paternalistas, como cuando argumentan que las personas transgénero son víctimas de explotación por parte de la industria médica, que pretende exprimirles para sacarles el dinero mediante intervenciones quirúrgicas y hormonales. El libro Transexual Empire, The Making of the She-Male (Imperio Transexual: la elaboración del travelo), de Janice Raymond, publicado en 1994, describe a las personas transexuales como una invención médica creada con el único objetivo del obtener beneficio económico. Otra crítica es la que afirma que las personas transgénero refuerzan los roles de género y de expresión. Por ejemplo, Germaine Greer se refirió una vez a una mujer trans como «una parodia abominable de una mujer» con «demasiada sombra de ojos». Algunas veces, los ataques a las personas transgénero alcanzan niveles conspirativos; hay quien las considera un fenómeno creado por [cis]hombres para conseguir colarse en espacios no mixtos. Las feministas radicales Lierre Keith y Derrick Jensen han incorporado la transfobia al movimiento ecológico anticivilización del grupo Deep Green Resistance, (DGR), un grupo que insistió a Julie Labrouste, de Radical Women, para que se incorporara al movimiento hasta que mencionó que era una mujer trans, tras lo cual fue expulsada.

– Radical Women: organización feminista de segunda ola, inaugurada en 1967

NOTA: de la misma manera que los grupos en contra de los derechos de los homosexuales, las TERF, en muchas ocasiones, afirman que todo lo que hacen es por amor a su comunidad, no por odio a las personas trans.

EXL1

Posición TERF en acceso a cuidados médicos de personas trans.

En los años ochenta, las TERF tuvieron éxito en poner fin al acceso a cuidados médicos de personas trans. Una funcionaria TERF escribió un informe al mismo gobierno que llevó a la revocación del acceso a cuidados médicos de personas trans financiados por programas gubernamentales. Poco más tarde, las aseguradoras privadas hicieron lo mismo.

EXL2

Posición TERF en igualdad trans.

Hace décadas, unas TERF solicitaron al Gobierno de los Estados Unidos que legislara en contra de la personalidad física de las personas trans y aun siguen oponiéndose a las medidas de igualdad para gente trans, llegando hasta tal punto de haber solicitado a las Naciones Unidas que eliminaran la protección a personas trans de todo el planeta.

EXL3

Posición TERF en acceso de las personas trans a los servicios vestuarios públicos.

De manera muy parecida a la de sus homólogas de extrema derecha, las TERF no apoyan el acceso de las personas trans a los servicios públicos y vestuarios; de hecho, en 1973, fue la comunidad TERF fue la primera que usó esto como arma política.

EXL4

Posición TERF en autonomía de género.

De manera muy parecida a la de sus homólogas extremistas, las TERF, por lo general, no reconocen el estatus de las personas trans una vez estas han efectuado su transición e insisten, por el contrario, en que las personas trans continúan perteneciendo al género que se les asignó al nacer.

Un movimiento mezquino.

El objetivo no cambia: la exclusión de las personas trans; ya sea desde que en 1973 se instrumentalizara como arma política la necesidad de las personas trans para el uso de servicios o vestuarios públicos o desde que en 2011 se solicitara a la Organización de Naciones Unidas la revocación de la protección a las personas trans de la comunidad trans mundial.

El movimiento TERF, mediante su insistencia en atacar el acceso a cuidados médicos de personas trans y presionar al gobierno de los Estados Unidos para establecer un programa de terapia rehabilitadora forzosa para personas trans, es el responsable de infligir el mayor sufrimiento a la comunidad trans, mucho más que cualquier otro movimiento semejante en la historia de los Estados Unidos, aunque históricamente se le haya considerado ridículo e irrelevante.El movimiento TERF es particularmente eficaz en sus campañas contra personas trans y contra la igualdad trans ya que revisten todas sus acciones de un halo de crítica de género político/feminista/lésbico/radical/promujeres y, de tal manera, son bienvenidas en espacios que rechazarían el mismo tipo de retórica de organizaciones reaccionarias. Las TERF suelen disfrutar de aceptación en ambientes progresistas, como el mundo académico u organizaciones de izquierdas.

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Muestra ilustrada del piropeo. El acoso callejero en profundidad.

Del original de Nina Bahadur en The Huffington Post, Catcalling Comic Illustrates Street Harassment From the Very Beginning.

Maquetado con la inestimable ayuda de María Zerobox  <3.

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En ocasiones es difícil entender, incluso para el hombre más empático, los niveles de acoso callejero a los que nos vemos sometidas la mayoría de mujeres. Así que si alguna vez se lo tienes que explicar a alguien, este cómic te será útil.

Ursa Eyer, dibujante afincada en Nueva Orleans, recibió la visita de las musas tras sufrir un encontronazo especialmente frustrante con otro hombre y creo estas viñetas

.EXTRACTO VIÑETA 2

«Creé este comic en respuesta a una conversación que tuve con un hombre joven al que conocí en una fiesta», cuenta Eyer al Huffington Post en un correo electrónico. «Acabamos entablando la misma conversación que yo ya había tenido miles de veces, sobre la crítica al piropeo… Me inspiró para ilustrar mi historia personal con el piropeo para mostrarlo cómo es y cómo se siente a alguien que nunca lo ha experimentado.»

Aunque algunas lo consideren un comportamiento válido (ver Presentadoras de Fox News, activistas a favor de los derechos de los hombres y Doree Lewak) lo cierto es que los hombres nos dicen cosas realmente enfermizas por la calle.

El cómic nos muestra los tipos de comentarios no solicitados que las mujeres recibimos por parte de extraños y referentes a nuestra apariencia a lo largo de nuestra vida, empezando por «Qué guapa eres» cuando somos pequeñas, para ir in crescendo hasta los comentarios agresivos y sexualizados de la adultez.

«De pequeñas tenemos que aprender, sobre todo por nosotras mismas, cómo enfrentarnos a situaciones frustrantes y aterradoras», afirma Eyer en el Huffington. «Nos peleamos con ellas tantas veces que ya forman parte de nuestra vida diaria. Ni siquiera las mencionamos, porque se han convertido en norma.»

Echadle un vistazo.

1- traducido

2- traducido

3- traducido

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