El legado histórico de las brujas y las mujeres estadounidenses.

Del original de Hilary McGraw, trabajadora en prácticas de NWHM (National Women’s History Museum) en su Tumblr Putting Women in their place.

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Salem Witch Trials Martha Corey-Longfellow

Los disfraces de bruja son uno de los emblemas más comunes y reconocibles que la gente suele ponerse en esta época del año, que cada vez conocemos más como Halloween. No solo eso, un sombrero negro y una escoba simbolizan algo que reconocemos universalmente, algo indistintamente femenino. Las brujas forman parte de nuestra fantasía, son algo divertido e incluso positivo (recordad a la emblemática Hermione Granger), pero la indulgente y tibia reivindicación de las brujas que hacemos actualmente en nuestra querida cultura pop tiene un origen violento y un tanto incómodo, como descubrí hace poco en el libro de Gail Collins, America’s Women (Mujeres estadounidenses).

Los Juicios de Salem y las ejecuciones que estos conllevaron acaecieron en las postrimerías del siglo XVII y continúan formando parte del legado histórico estadounidense más fascinante e imperecedero. También fascina  el hecho de que de las diecinueve personas ejecutadas por brujería, quince de ellas fueran mujeres. En un tiempo en el que las mujeres, en su mayoría, eran excluidas o invisibilizadas en todo aspecto de la vida pública, cuando llegaron las acusaciones de brujería, su presencia creció como la espuma. ¿Por qué?

La asociación que establecemos entre la feminidad y la brujería parte del dogma religioso de la Europa moderna, en la que se consideraba que la mujer era más vulnerable a ser corrompida por Satanás por su debilidad mental y su inherente naturaleza pecaminosa. Después de todo, Eva fue la responsable de la expulsión de la humanidad del paraíso. Estas creencias fueron trasladadas al Nuevo Mundo por los peregrinos europeos que migraron en el siglo XVII.

Los Juicios de Salem de 1692 fueron la culminación de un legado extensísimo de procesos y ejecuciones que se llevaron a cabo de Europa durante el final de la Edad Media y la Edad Moderna. En su obra, Collins anota que las mujeres acusadas solían sobresalir socialmente de algún tipo de manera o rechazaban adherirse a los cánones sociales impuestos: eran o muy obstinadas o muy poderosas. Sarah Good, ejecutada en 1692, era una sintecho que solía chillar a los viandantes. Sarah Osborne, ejecutada ese mismo año, era una mujer de mediana edad que se encontraba involucrada en un proceso legal para defender sus propiedades en el momento en que se hizo firme la acusación. Otra de las víctimas, Martha Corey, conocida por su franqueza al hablar, fue declarada culpable usándose como prueba ese mismo hecho.

Es interesante percatarse del siguiente dato: todas las denunciantes originales en los Juicios eran mujeres, o, para ser más exactas, chicas adolescentes entre los nueve y los doce años de edad. Dos de estas chicas, Ann Putnam y Betty Harris, fueron las primeras en tener accesos de histeria o síntomas de posesión de los que responsabilizaban a ciertas «brujas» camufladas como miembros de su comunidad. Es difícil averiguar de manera clara los motivos específicos de cada una de las chicas, pero puede servirnos de pista tener en cuenta la poca presencia que las chicas jóvenes solían tener entre los miembros de la sociedad puritana de Nueva Inglaterra. Estas chicas nunca podían confiar en tener acceso a tal tipo de educación que les permitiera alcanzar puestos gubernamentales o eclesiásticos de decisión, algo que sí podían alcanzar sus hermanos (¿no es extraño que no hubiera ningún hombre joven dentro de la parte denunciante?). Su papel era ser obedientes y permanecer a un lado, desde la niñez a la adultez, algo que no se aplicó a estas chicas cuando empezaron a tener accesos de histeria y denunciaron estar poseídas por agentes del demonio. De un día para otro, todos los focos de la comunidad estaban puestos sobre ellas; los prohombres de la aldea escuchaban atentamente cada una de sus palabras, palabras a las que otorgaban una legitimidad insólita para la época, un privilegio especialmente poco común para una chica joven del siglo XVII.

En conclusión, aunque durante los Juicios de Salem influyeron gran variedad de agentes sociales, el género fue sin duda de los más importantes. Por suerte, las chicas y las mujeres de hoy en día pueden disfrutar desinteresadamente de los conceptos de bruja y brujería sin tener en cuenta que el apelativo «bruja» se usó en otro momento histórico como artimaña para silenciar o hacer desaparecer a mujeres indómitas.

Nota del traductor: en relación al sesudo análisis que hace Silvia Federici en su Calibán y la bruja, he optado por incluir que el la persecución por causa de brujería comenzó en la Edad Moderna o muy a finales del medievo, en contraposición a la común idea de que estas causas se produjeron sobre todo en etapas anteriores.

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La apropiación cultural. Qué es y cómo evitarla.

Del original en el tumblr de SwanpinionsWhat is cultural appropriation and how to avoid it.

Nota: Imágenes extraídas a través de Órbita Diversa.

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Creo que voy a convertir la anterior entrada en una entrada de pleno derecho para que pueda rebloguearse. Os repito de nuevo: esto es solo la opinión personal de alguien, no la toméis como la verdad absoluta. Preguntadle a más gente sobre lo que piensan e informaos a través de otras fuentes.

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¿Qué es la apropiación cultural?

Significa literalmente «lo que ocurre cuando cuando una cultura usurpa elementos de otra». Por ejemplo, la pizza se extendió por los Estados Unidos a través de la inmigración italiana y se convirtió en un plato que todo el mundo lee como «estadounidense»; sin embargo, la cosa no es tan sencilla como eso.

Una de las razones por la que la apropiación cultural resulta nociva es que, en ocasiones, tiene el poder de crear estereotipos sobre la cultura origen entre la gente. También puede mostrar  una versión en su mayor parte creada por personas que no provienen de esa cultura y que, en definitiva, es errónea. Una consecuencia de esto puede ser que la gente leamos esa cultura como «extranjera» o «exótica» (el otro) porque nuestro único contacto con esa cultura es a través de personas de nuestra misma cultura. Esto suele ocurrir cuando una cultura que goza de una posición de poder sobre otra usurpa elementos de esta última, estableciendo de esta manera estereotipos y creando una idea nueva de su naturaleza que socava las consideraciones que de esta cultura origen poseía la gente.

Otro argumento a favor de la toxicidad que provoca esta apropiación es que tanto costumbres como historia, que pueden tener ambas una carga altamente significativa para la cultura de origen, pueden llegar a recibir un trato condescendiente por parte de las personas ajenas a esa cultura. De esta manera, una persona que las considera a ambas, costumbres e historia, una parte importante de su cultura, considerará que reciben un trato irrespetuoso e incluso ofensivo.

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¿Cómo evitar la apropiación cultural?

La apropiación cultural causa perjuicio en el momento en que una cultura dominante usurpa elementos de otra cultura sin su previa comprensión o hace uso de ellos de manera diferente a como eran en su origen y refuerza las consideraciones que la cultura dominante tiene sobre la cultura ajena. Consejos:

Cuando estudies otras culturas, asegúrate de que estudias fuentes originales emitidas por gente de esa cultura. No estudies textos de personas ajenas a la cultura sobre la que escriben, en muchas ocasiones, esa información es racista y tóxica.

Cuando estudies otras culturas,  asegúrate de que te tomas tu tiempo para absorber detalles sobre esa cultura y por qué las cosas se hacen así y no de otra manera. No te aprendas una o algunas cosas sobre una cultura y digas que ya te lo sabes todo. Las culturas son enormes y complejas, si crees que un poco de estudio puede enseñarte todo lo que hay que saber, las estás considerando como algo superficial. Si te das cuenta. incluso algunas regiones de tu país poseen culturas, lenguas, dialectos y gastronomía diferentes, algo que también ocurre con grupos de etnias diferentes (que pueden diferir, incluso, de las de su país originario); solo entonces te percatarás de que no podemos entender un país entero si solo conocemos algunas de sus costumbres culturales.

Recuerda que las cosas que sobre otras culturas aprendes a través de la televisión, en el colegio, etc. en muchas ocasiones son estereotipos. Cuando comiences a aprender seriamente sobre una cultura, ignora todas tus presunciones y todas las cosas que ya crees que sabes y aprende directamente de esa cultura.

Si quieres hacer algo que provenga de otra cultura, conoce su significado en esa cultura y descubre si existe alguna razón por la que pudiera resultar irrespetuoso el hecho de que hagas uso de ello tú mismo. Hacer algo cuyo origen está en una cultura ajena no es sistemáticamente irrespetuoso, pero es importante enterarse de si ello podría resultar un problema.

No te hagas el experto solo por el hecho de que estés aprendiendo sobre una cultura. Escucha siempre a las personas de esa cultura cuando te dicen que te equivocas.

No taches de «exóticos» ni «misteriosos» elementos de culturas ajenas. Te recuerdo que para las personas de esas culturas, son corrientes. No les hagas sentirse como bichos raros.

No asumas que, como alguien pertenece a una cultura sobre la que estás estudiando, arden en deseos de oírte decir lo que te fascina. Imagina que alguien se te acerca y te dice: «¡oh, eres estadounidense!, me encantan las hamburguesas, ¿alguna vez has actuado en alguna película?» ¿A que parece vergonzoso, amén de raro y ofensivo? Pensarás que «los Estados Unidos tienen son algo más que eso y, solo por el hecho de ser estadounidense, no significa que me gusten las cosas de este país que se consideran estereotípicas». Pues esto es lo que sienten las personas de otras culturas cuando no las tratas como lo que son: personas.

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Repito: lo importante es que no olvides que las culturas son más complejas de lo que piensas. La comida en los Estados Unidos es algo más que hamburguesas, de la misma manera que la comida en culturas ajenas no es solo sushi, curry o arroz. Intenta evitar decir cosas como «me gusta la comida japonesa». ¿Sabes la cantidad de tipos de comida japonesa que existen? En vez de eso, especifica los tipos de comida que te gustan, algo así como «me gusta el onigiri y el udon al curry», como yo ya hago.

Y, para finalizar, trata a las demás culturas como te gustaría que otras personas trataran a la tuya. No es cosa de pensar «mejor no hago nada que tenga que ver con esta cultura», pero ten cuidado cuando pienses que lo sabes todo de una cultura solo porque te has aprendido un par de cosas. Guarda respeto, sé humilde y conserva las ganas de aprender. No te abalances con tus ideas, piensa un poco antes de hablar y cede el turno de palabra a las personas de la cultura en cuestión.

Y si alguien dice «esta prenda/esta palabra/este tipo de comida tiene una alta carga significativa, no puedes hacer uso de ella así, por diversión», simplemente escucha y respeta.

¡De esta manera, podrás disfrutar del aprendizaje y del descubrimiento de culturas ajenas a la tuya sin ofender a nadie! Espero que esto os sea de ayuda.

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Carta abierta a aquellos privilegiados que ejercen de abogados del diablo

Del original de Juliana en Feministing, An open letter to privileged people who play devil’s advocate.

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Sabes quién eres. Eres aquel tipo blanco de la clase de estudios étnicos que sopesa la idea de que la gente pobre solo tiene hijas para vivir de las prestaciones sociales. O esa persona que, entre copa y copa, argumenta la posibilidad de que muchas mujeres finjan haber sufrido violación como reclamo de atención. O, muy oportunamente, aquel que hace hincapié  en la idea de que Elliot Rodger es un loco, una excepción, no un producto del supremacismo blanco y de una sociedad misógina.

En la mayoría de ocasiones, no hay duda de que crees fervientemente y porque sí en los argumentos que defiendes. Sin embargo, sabes que son impopulares, sobre todo porque te hacen parecer egoísta y privilegiado, así que le echas la culpa al diablo. Lo que ocurre es que el diablo no necesita más abogados, ya goza de una gran cantidad de poder sin tu ayuda.

Igual, para ti, este debate es una forma de entretenerte, pero para mucha gente de esta sala, es con sus vidas con lo que te entretienes. La razón de que esto te parezca un juego es que es un asunto que no te afecta directamente; siendo un tipo, te resbala si la mayoría las víctimas de tiroteos en masa son mujeres que previamente habían rechazado al tirador. Aunque debería, ya que la misoginia también mata hombres. Si eres blanco, te da lo mismo si la gente no blanca está siendo investigada y perseguida únicamente por motivos étnicos. Puedes manipular conversaciones de  problemas reales porque, al final del día, tienes la potestad de largarte tranquilamente del desaguisado que has provocado. Seamos justas, hay muchos abogados del diablo privilegiados por ahí que sí se preocupan por aprender; conozco a gente que piensan con más claridad en alto, arrojándome ideas para ver cuál encaja con las de  esa «vecina feminista tan maja». Tanto tú como los tuyos preferís acercaros a un concepto desde múltiples ángulos antes de posicionaros. Nos pedís a aquellas que sabemos del tema que os lo expliquemos una y otra vez porque os resulta más sencillo considerarnos vagas, lloricas o mentirosas que ver que, en este mundo, lo mismo es que las cosas basculan más de vuestro lado.

Frustra tanto física como emocionalmente que se nos requiera continuamente que probemos la existencia de esos sistemas de dominación. Para la mayoría de nosotras, ya solo luchar contra ellos es bastante, ¿ahora queréis que los destripemos y analicemos para vosotros? Imagínate con un peso en los pies y una mordaza y que te pidan que expliques por qué consideras que vives en una situación injusta y de desventaja. Imagínate ver un vídeo en el que un joven promete que va a cargarse a todas aquellas mujeres que no han querido acostarse con él y que encima tengas que soportar que te lean como una histérica que ve misoginia por todas partes. Es terriblemente doloroso sentir que, para que tengas una mínima sensibilidad hacia mi seguridad, tenga que ganarte el pulso verbal que tú mismo has iniciado solo por diversión.

A aquellos abogados del diablo que tienen inquietud por aprender: mejor buscaos otros caminos para ello. Tened en consideración que vuestras amigas no reciben remuneración por desmenuzar y analizar aquellos conceptos que, a menudo, les retraen a experiencias traumáticas. Sed delicados con su tiempo y energía. Sed agradecidos, mostradlo; escuchad cuidadosamente y reflexivamente cuando estas personas hagan el esfuerzo de compartir estas experiencias con vosotros.

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Algunos protestaréis porque consideraréis que estoy guardando para mí ideas nuevas y bloqueando oportunidades de crecimiento, pero esas ideas que me estáis forzando a expresar no son nuevas, son producto de siglos de desigualdad. Vuestra insistencia por mantenerlas vivas es la consecuencia directa del beneficio que os otorga su existencia. Dejadlo, no nos vengáis con estas teorías racistas y misóginas, estamos hartas de oírlas y de que nos pidáis que las tengamos en cuenta una, otra  y otra. Y otra. Y otra vez.

Así que, estimados abogados del diablo, hablad por vosotros mismos, no en defensa del diablo. Educaos, tened en cuenta que vuestra causa se ha defendido durante siglos por múltiples personas, así que ahora tomad asiento. Es el momento de que se nos escuche a nosotras.

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Discurso de Emma Watson en la Organización de Naciones Unidas

Traducción íntegra de Mariana Munárriz Merodio (Al Menari) del discurso de Emma Watson en la sede de Naciones Unidas de Nueva York el 21 de septiembre de 2014. Cargada por Demonio Blanco.

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Hoy lanzamos una campaña llamada «ÉlporElla». Me dirijo a vosotros porque necesito vuestra ayuda. Queremos acabar con la desigualdad de género… y para ello necesitamos que todo el mundo esté involucrado. Es la primera vez que la ONU lanza una campaña de este tipo: queremos intentar movilizar a cuantos hombres y chicos sea posible, para que sean abogados de la igualdad de género. Y no queremos únicamente hablar de ella, sino asegurarnos de que es tangible.

Fui nombrada Embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres hace seis meses, y cuanto más hablaba de feminismo más me daba cuenta de que la lucha por los derechos de las mujeres se ha convertido demasiado a menudo en sinónimo de odio hacia los hombres. Si hay algo que sé con certeza es que eso tiene que acabar.


Que conste que el feminismo, por definición, es la creencia de que hombres y mujeres deberían tener los mismos derechos y las mismas oportunidades. Es la teoría de la igualdad política, económica y social de los géneros.


Empecé a replantearme las premisas basadas en el género cuando, con ocho años, no entendía que a  mí me llamaran «mandona» por querer dirigir las obras que preparábamos para los padres, pero no a los chicos. Con 14, algunos medios empezaron a sexualizarme. Con 15, mis amigas empezaron a abandonar sus equipos de deporte porque no querían parecer «musculosas». Con 18, mis amigos no eran capaces de expresar sus sentimientos.

Decidí que era feminista y para mí fue sencillo. Pero mis recientes indagaciones me han demostrado que la palabra feminismo se ha desprestigiado. Las mujeres han decidido no identificarse como feministas. Parece que me encuentro entre las filas de aquellas mujeres cuyas opiniones son vistas como demasiado fuertes, demasiado agresivas, separatistas, anti hombres, o incluso sin atractivo.

¿Por qué esta palabra resulta tan incómoda? Yo crecí en Reino Unido y creo que es justo que, como mujer, cobre lo mismo que mis colegas masculinos. Creo que es justo que pueda tomar decisiones sobre mi propio cuerpo. Creo que es justo que haya mujeres que me representen en política y en la toma de decisiones de mi país. Creo que es justo que se me ofrezca el mismo respeto que a los hombres.

Sin embargo, me entristece decir que no hay un solo país en el mundo en el que a todas las mujeres se les reconozcan esos derechos. Todavía no hay país en el mundo que pueda decir que ha conseguido la igualdad de género. Yo considero que estos derechos son derechos humanos, pero soy una de las afortunadas.

Mi vida es puro privilegio porque mis padres no me quisieron menos porque naciera niña. Mi escuela no me limitó porque fuera chica. Mis mentores no asumieron que no llegaría tan lejos como otros porque pudiera dar a luz un día. Estos apoyos fueron los embajadores de la igualdad que me hicieron quien hoy soy. Puede que no lo sepan, pero son los feministas involuntarios quienes hoy están cambiando el mundo. Necesitamos más como ellos.

Y si aún odiáis la palabra… no es la palabra lo que importa, sino la idea y la ambición que hay tras ella. Porque no a todas las mujeres se les reconocen los mismos derechos que a mí. De hecho, estadísticamente, a muy pocas.

En 1997, Hilary Clinton dio en Pekín un memorable discurso sobre los derechos de las mujeres. Por desgracia, muchas de las cosas que quería cambiar siguen siendo hoy una realidad. Lo que más me llamó la atención, sin embargo, fue que solo el 30 por ciento de la audiencia eran hombres. ¿Cómo vamos a conseguir cambiar el mundo si solo la mitad es o se siente invitada al debate?

Hombres: me gustaría aprovechar esta oportunidad para invitaros de forma oficial. La igualdad de género también es vuestro problema. Porque, a día de hoy, he visto cómo la sociedad valoraba menos el papel que mi padre ha desempeñado como tal, aunque de niña le necesitara a él tanto como a mi madre. He visto cómo jóvenes que sufrían enfermedades mentales eran incapaces de pedir ayuda por miedo a parecer menos hombres. De hecho, en el Reino Unido el suicidio es la primera causa de muerte en hombres de 20 a 49 años, por encima de los accidentes, el cáncer o las enfermedades coronarias. He visto a hombres que se sentían frágiles e inseguros debido a una imagen distorsionada de lo que constituye el éxito para un hombre. Los hombres tampoco poseen los derechos de la igualdad.

No solemos hablar de cómo afectan los estereotipos de género a los hombres, pero yo veo que es así y que, cuando ellos sean libres, las cosas cambiarán para las mujeres como una consecuencia natural. Si los hombres no tienen que ser agresivos para ser aceptados, las mujeres no sentirán que tienen que ser sumisas. Si los hombres no tienen que controlar, no tendrán que controlar a las mujeres.

Tanto hombres como mujeres deberían ser libres para sentirse vulnerables. Tanto hombres como mujeres deberían ser libres para sentirse fuertes. Es hora de que todos empecemos a percibir el género como un espectro y no como dos frentes de ideales opuestos. 
Si dejamos de definirnos el uno al otro por lo que no somos y empezamos a definirnos a nosotros mismos por lo que somos, solo podemos ser más libres, y esto es lo que busca ÉlporElla. La libertad.

Quiero que los hombres se unan a esta lucha. Para que sus hijas, hermanas y madres puedan existir libres de prejuicios, pero también para que a sus hijos se les permita ser vulnerables y humanos; para que puedan reclamar esas partes de ellos mismos que han abandonado y, al hacerlo, se conviertan en una versión más cierta y más completa de sí mismos.

Puede que estén pensando «¿Quién es esta chica de Harry Potter y qué hace hablando desde la ONU? » Es una buena pregunta y, créanme, yo también me lo he estado preguntando.

No sé si estoy cualificada para estar aquí. Todo lo que sé es que este problema me preocupa y quiero remediarlo. Y habiendo visto lo que he visto (y si tengo la posibilidad), creo que tengo el deber de decir algo.

El estadista inglés Edmund Burke dijo: «Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada».

Al sentirme nerviosa por este discurso y en los momentos de duda, me digo a mí misma: si no yo, ¿quién?; si no ahora, ¿cuándo? Espero que estas palabras os sean de ayuda si os surgen dudas similares cuando se os presenta una oportunidad. Porque la realidad es que si no hacemos nada, las mujeres no podrán pensar en ganar lo mismo que los hombres por el mismo trabajo hasta dentro de 75 años, es decir, cuando yo ronde los cien. En los próximos 16 años se casarán 15 millones y medio de chicas que aún son niñas. Al ritmo actual, no podremos ofrecer una educación secundaria a la población femenina rural de África antes de 2086.

Si creéis en la igualdad, puede que seáis uno de esos feministas involuntarios de los que hablaba, y os aplaudo por ello. Estamos luchando por encontrar una palabra que nos una, pero las buenas noticias es que ya tenemos un movimiento que lo haga. Se llama ÉlporElla. Os invito a dar el paso, a haceros ver, a hablar, a ser él por ella. Y a preguntaros: si no yo, ¿quién?; si no ahora, ¿cuándo?

Muchas, muchas gracias.

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Las feministas no somos humanistas y no nos vamos a cambiar el nombre.

Del original de Sherrie Silman en Feminspire, Feminists Are NOT Humanists – And We Should Not Be Renamed

Traducido íntegramente por Daphne Blacksmith <3, corregido y subido por Demonio Blanco.

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Hay una pregunta que muchas feministas están hartas de escuchar:

Si el Feminismo defiende la igualdad de derechos para todo el mundo, ¿por qué no se llama igualitarismo o humanismo?

He aquí la respuesta corta:

El Feminismo no se llama Humanismo ni Igualitarismo porque Feminismo, Humanismo, e igualitarismo son tres teorías distintas.

El Feminismo no se llama Humanismo ni Igualitarismo porque tanto en el  Igualitarismo como en el  Humanismo bulle un concepto preexistente; el que defiende que «las mujeres pueden o incluso deben ser reconocidas como personas» sin tener en cuenta la lucha por la equidad de género y contra la homofobia, el racismo u otras discriminaciones que la Declaración de Derechos Humanos pretende erradicar.

El Feminismo se niega a eliminar el fem- de su nombre porque eliminar el femenino de la palabra sería discriminatorio y  contraproducente.

El Feminismo debe su nombre precisamente debido al sentimiento de odio hacia lo femenino que impregna todo el planeta.

Y aquí la explicación:

El Feminismo es un movimiento social que aboga por el reconocimiento ecuánome de los derechos humanos para todo el mundo y la protección que esto conlleva para todos los géneros.  No sólo de derechos y protecciones sobre el papel o en teoría, también en la práctica.

El Feminismo opera sobre el principio de que el género no conforma una base sólida sobre la que aplicar discriminación, sometimiento, marginación, opresión, esclavitud, y/o genocidio. El primer principio unificador del movimiento fue el concepto de que el sexo no debe dictar la personalidad de un individuo dentro de un marco legal ni  tener la potestad de facilitar o usurpar los derechos humanos básicos del mismo. Se llama Feminismo porque el género despersonalizado y sometido a otras formas de opresión fue (y sigue siendo) el femenino, de ahí el fem- en el Feminismo.

El Feminismo se gestó en lugares donde las personas de sexo/género femenino se encontraban sometidas a discriminación, marginación, opresión, esclavitud, genocidio y otros tipos de violencia. Históricamente, en la mayoría de las partes del mundo, las personas de sexo/género femenino han sufrido desconsideración con respecto a los hombres, han estado sujetas a los hombres en concepto de propiedad y se las ha leído como elementos infrahumanos. Este sexismo persiste en la mayor parte del mundo actual (y que nadie te diga que las cosas no están tan mal, a esas personas, lo que realmente les ocurre es que no sufren el sexismo, la marginación o la subyugación de manera directa y, de esta manera, les resbala solidarizarse con aquellas personas que sí las sufren).

Así que sí, el Feminismo aboga por que las personas de sexo/género femenino gocen de los mismos derechos que las personas leídas como no mujer/femenino.  El Feminismo defiende la igualdad de derechos para todas las personas independientemente de su género, porque el género no conforma una base sólida sobre la que aplicar discriminación. Defender que el género no conforma una base sólida sobre la que aplicar discriminación implica sostener que el sexo, la orientación sexual, la edad, el origen, la situación socioeconómica, la alfabetización, la capacidad, etc. tampoco conforman bases sólidas sobre las que aplicar discriminación. La mayoría de nosotras nunca estaremos en desacuerdo: los derechos humanos son para todas. Sin embargo, violaciones de los Derechos Humanos fundamentales, como la esclavización y la opresión de manera explícita, ocurren todos los días en todas partes del planeta. ¿Cómo cambiar esto? A través de la acción. Poniendo en marcha un movimiento. Preparándose para la batalla.

El Feminismo es un movimiento que aboga por la igualdad de género.

¿Hubo algo antes que el Feminismo que promoviera y exigiera igualdad de derechos para todas las personas independientemente de su sexo? Pues no, no lo hubo. No ha habido ningún movimiento semejante y que se recuerde antes del Feminismo. Hubo movimientos antes de que naciera el Feminismo, hubo movimientos que contribuyeron al fomentar un clima social que permitiera que el Feminismo se gestara, pero ninguno de ellos tenía el enfoque del Feminismo. El Feminismo es el movimiento que se opone a utilizar el género como base para la discriminación.

Aquellas «reivindicaciones feministas» que no comparten el objetivo de lograr la igualdad en términos de derechos humanos y  protección de todos los géneros (y por extensión, de todas las personas y clases sociales que sufren abuso de poder) no son verdaderas reivindicaciones feministas.

El humanismo es una rama de la filosofía (y la ética) que aboga por la igualdad, la tolerancia y la laicidad (lo que se conoce comúnmente como «la separación de iglesia y estado»). El humanismo reconoce que los seres humanos no «necesitan» de la religión para desarrollar sistemas morales o establecer un comportamiento moral. En otras palabras, el humanismo es la teoría que defiende que los seres humanos son capaces de utilizar la lógica para determinar lo que es ético (el bien y el mal) y no necesitan de los dictados del monstruo espagueti o de cualquier otra deidad para alcanzar el conocimiento moral. Los humanistas abogan por la educación, la tolerancia, la política representativa (en contraposición a la monarquía) y la libertad de pensamiento (en contraposición al dogma religioso). El humanismo no es un movimiento sociopolítico que se encuentre activo en la actualidad.

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El igualitarismo es una forma de filosofía política que defiende que  todos los seres humanos son iguales en esencia y por lo tanto tienen el mismo derecho a iguales recursos como los alimentos, la vivienda, el respeto, el estatus social). El igualitarismo, con todos sus méritos, se encuentra limitado en la práctica. La igualdad se conceptualizó originalmente como un medio para dar a todas las mismas cosas y garantizarles los mismos medios, por así decirlo, y los conceptos y teorías de la igualdad se transformaron y crecieron a partir de ese punto de partida. No obstante, puedes facilitar a todo el mundo los mismos elementos y perpetuar la desigualdad y/o la inequidad. Por ejemplo, puedes enunciar que todo el mundo tiene derecho a dos manzanas y, de esta manera, entregar dos manzanas a cada persona, sin así explicar la desigualdad de recursos que previamente existían antes de la entrega de las manzanas. En otras palabras, algunas personas podían tener ya dos manzanas, otras podían no tener ninguna, algunas personas podían ser alérgicas a las manzanas, y otras de más allá tenían más necesidad de una manta que de una manzana. El igualitarismo, aun siendo un concepto ético fundamental, no tiene generalmente en cuenta las desigualdades a través de una perspectiva interseccional. El igualitarismo no es un movimiento sociopolítico que se encuentre activo en la actualidad.

Humanismo e Igualitarismo son movimientos intelectuales importantes cuyas filosofías forman parte del Feminismo así como de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. Sin embargo, el Feminismo es el único movimiento que aboga activamente por la igualdad de género. El Feminismo lleva ese nombre porque comenzó como un movimiento sociopolítico con el objetivo de  lograr la igualdad de género para las mujeres y, por lo tanto, a través de su propia lógica y discurso, es un movimiento sociopolítico cuyo objetivo es lograr la igualdad para todas las personas independientemente de su sexo o cualquier otra característica demográfica. Por extensión lógica, el Feminismo apoya la Teoría de la Equidad.

La Teoría de la Equidad reconoce la existencia de esferas de  dinámicas de poder diversas e interseccionales que crean lugares de dominación/subordinación basados en juicios de valor asignados a diversos conceptos o realidades (p.e.: raza, género, etc.). A diferencia del Igualitarismo, la Teoría de la Equidad  debate sobre cómo crear igualdad sin tratar a todas las personas como si fueran exactamente iguales. Las personas no son exactamente iguales, diferentes agentes sociales en diferentes ubicaciones sociales se enfrentan a diferentes retos en su situación social. Entregar a cada uno una manzana no crea igualdad si alguien es incapaz de sostener físicamente la manzana. Las barreras físicas, sociales y discursivas crean desigualdades de acceso y requieren enfoques individualizados que hay que superar. La Teoría de la Equidad es un enfoque interseccional que engloba la ética, los Derechos Humanos y el pensamiento sociopolítico.

Simplifiquémoslo: el igualitarismo pretende dar a cada persona las mismas dos barras de pan a pesar de que algunas personas son alérgicas al pan. El humanismo también sostiene que deberíamos dar esas barras a todo el mundo, no porque el monstruo espagueti nos haya dicho que lo hagamos, sino porque es lógicamente ético hacerlo. La Teoría de la Equidad reconoce que lo que algunas personas necesitan para alcanzar la igualdad son dos tipos diferentes de pan o un pan y una manzana o ningún pan y dos naranjas, porque todo el mundo es diferente. El Feminismo nos recuerda que ningún género tiene derecho a más hogazas de pan o a las rebanadas más frescas y que ciertas situaciones sociales (género, orientación sexual, identidad étnica) han sido silenciadas y empequeñecidas con frecuencia de manera injusta y a menudo violentamente. El Feminismo defiende  que, a pesar de los buenos pensamientos y las buenas intenciones iniciales del Igualitarismo y el Humanismo, esas situaciones sociales en situación de discriminación se están muriendo de hambre solo con las migajas que dejan aquellas personas que piensan que sólo ciertos tipos de personas tienen derecho y un más fácil acceso al pan. Lo que hace el Feminismo es mostrarles a esos Igualitaristas y a esos Humanistas que actualmente reposan sobre las cabezas de personas en situación de marginalidad que esas mismas personas que se encuentran bajo sus pies existen, y que si pudieran cambiarse levemente de sitio, dejarían de aplastarles.

Así que la próxima vez que alguien te diga que solo participaría en el Feminismo si cambase su nombre por el de algún otro movimiento que no combate activamente la opresión y la desigualdad, adelante, felicíta a ese imbécil por lo enorme de sus prejuicios. Si quieres optar por algo con un poco más de clase, tal vez puedas enviarles este artículo.

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Los hombres pueden ser feministas, pero se lo tienen que currar.

Del original de Katie McDonough en Salon, Men can be feminists but it’s actually really hard work

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El feminismo es para todas porque el sexismo nos afecta a todas; sin embargo, muchos hombres se sienten cómodos en el statu quo.

La ley de los titulares de Betterbridge defiende que «cualquier titular en forma de pregunta puede ser respondido con un «no»». Sin embargo, este artículo del New York Times puede ser una honrosa excepción: « ¿Es posible ser hombre y feminista?», nos pregunta el autor Jack Flanagin, que se define como tal. La respuesta a esa pregunta es «sí», o más que eso, «venga ya, claro que sí, ¿estás de broma?».

Sin duda, es excelente que un periodista haga semejante pregunta, aunque falle al centrarse en individuos como Hugo Schwyzer —quien dispone de varias plataformas a través de las cuales escribir sobre los hombres y el feminismo mientras dedica su tiempo libre a atacar las vidas personales, académicas y profesionales de feministas negras y no blancas—. Jamil Smith subió un twitt  en el que anunciaba que puestos a mantener una conversación sobre hombres y feminismo, ¿por qué no hablar con hombres feministas? Lo que Smith pretende, creo, es abrir el debate sobre por qué nos hacemos tantas cábalas sobre si los hombres pueden ser feministas y tan pocas una vez se nos contesta afirmativamente a esa pregunta. ¿No nos pica ni un poquito la curiosidad?

El punto más persuasivo del artículo del Times se encuentra en el último párrafo, donde el autor Noah Berlatsky debate sobre el trabajo que exige ser un hombre feminista. «Es cierto que, en ocasiones, los hombres feministas, yo incluido, nos imaginamos como bravos aliados que altruistamente salvamos a las mujeres luchando en su nombre», atina Berlatsky, «pero las fantasías de hombres que salvan a las mujeres cual caballeros de cuento no son más que diferentes caras de la misoginia, y, en este caso en particular, terriblemente retrógadas. La misoginia nos enjaula a todas. Cuando me declaro hombre feminista, no lo hago porque creo que podré con ello salvar mujeres, sino porque considero importante que los hombres nos demos cuenta de que no seremos libres hasta que las mujeres también lo sean».

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Berlatsky llega a una conclusión importante en relación a la naturaleza de la justicia: es un proyecto con múltiples ramas, todas entrelazadas. En contraposición al trillado cliché de «madres, esposas e hijas» que suele centrar el debate sobre por qué los hombres deberían preocuparse por los derechos de las mujeres, Berlatsky defiende que los hombres deberían ser feministas particularmente porque las vidas de las mujeres de cualquier edad con las que nunca han tenido contacto y con las que nunca lo tendrán también son importantes. Y más en concreto, en una cultura que disuade a los hombres de construir y expresar su empatía, el propio hecho de que les importe algo más que una mierda alguien a quien no conoces, constituye en sí mismo un acto de subversión. Sin embargo, la idea de Berlatsky de que «la misoginia nos enjaula» también nos muestra otro argumento por el cual considero que los hombres pueden y deberían identificarse como feministas: los hombres han de enfurecerse por la violencia infligida contra las mujeres y por el sistema que las despersonaliza, pero circunscribir la relación de los hombres con el feminismo exclusivamente a la relación de los mismos con el estatus de las mujeres en el mundo solapa el hecho de que a los hombres también les afecta el patriarcado, las masculinidades tóxicas y el sexismo institucional y cultural sistémico.

Sin embargo, siempre van a existir grados y escalones; nunca me atreveré a decir lo contrario. Las normas culturales que nos encarcelan a las mujeres en el papel exclusivo de madres y cuidadoras significan también para nosotras un salario inferior al de nuestros compañeros hombres y que nuestras ambiciones personales y profesionales queden a expensas de los cuidados que tendremos que aplicar a nuestras u a otras personas. No obstante, estas normas también impiden que los hombres se cuestionen su masculinidad o que duden de su capacidad de quedarnos en casa a cuidar de nuestras hijas. Ambas cosas son gradualmente diferentes, pero ambas importan.

Lo mismo podemos decir del discurso hegemónico sobre agresiones sexuales. Las mujeres, de cualquier edad, copan las estadísticas de víctimas de agresiones sexuales, pero una cultura que taxativamente afirma que no hay víctimas de violación entre varones jóvenes adolescentes imposibilita que estas víctimas denuncien su situación. El núcleo de la cultura de la violación contiene conceptos destructivos sobre los derechos sexuales de los que gozan los hombres y es el responsable de que a las mujeres se las adjudique el papel de víctima durante toda su vida. Por otro lado, también alimenta la idea de que los hombres son seres sedientos de sexo, lo que provoca que aquellos que han sido víctimas de violación duden sobre si lo que les ha ocurrido constituye un delito o no. De hecho, para que esto se tipificara como delito, tuvo que pasar mucho, mucho tiempo. Estas mismas normas también favorecen que los hombres tengan distorsionado el concepto de deseo y satisfacción sexual. Aunque las más afectadas por la violencia que esto causa son las mujeres, los hombres también sufren su influencia.

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Hay miles de cosas que tenemos que preguntarnos en relación a cómo los hombres pueden ser feministas sin ostentar el núcleo del movimiento; tienen que ver sobre aprender a escuchar y a apoyar en vez de censurar y sabotear. Tiene que ver sobre cómo los hombres se llevan todos los elogios y alabanzas por hacer cosas básicas, cosas que se da por sentado que deberían hacer, como no agredir mujeres. También tiene que ver sobre cómo muchos hombres no se identifican como feministas porque están estrechamente implicados en el sostenimiento de un sistema —el patriarcado y el supremacismo blanco— que les beneficia. Y la idea de Berlatsky en lo que respecta a la delgada línea que separa el complejo salvador masculino y los hombres como fuerza social legítima capaz de efectuar un cambio social en positivo no tiene desperdicio. Podemos seguir dándole vueltas y vueltas a esto siempre y cuando reconozcamos que los hombres que se identifican como feministas no son meros animadores del movimiento feminista —más bien, lo que hacen es luchar contra los sistemas que les enseñan que escuchar es de maricas, que no deberían mostrarse emocionalmente, que los hombres heteros no pueden tener amistades íntimas con otros tipos, o que mira qué graciosas son las violaciones en la cárcel.

Que el feminismo tiene implicaciones para todo el mundo es algo que se ha expresado continuamente durante toda la historia del movimiento, y lo volví a recordar este fin de semana al leer una entrevista a la actriz Mackenzie Davis, quien dijo que no es capaz de entender cómo la palabra «feminismo» provoca tanto pavor en determinadas personas.

«El feminismo tiene como base las luchas raciales y de género, ambas conectadas interseccionalmente, por eso me confunde que algunas personas digan que es algo que no pueden apoyar», enunció en Times. «Creo que es una gran palabra».

Una opinión que comparten muchos hombres.

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Nota del traductor: no estoy muy de acuerdo en la manera en la que el artículo mezcla peligrosamente las opresiones patriarcales que sufren las mujeres y las que sufrimos los hombres. Como bien dice, no son equiparables. Pero acercarlas tanto puede dar lugar a que se equiparen o incluso a que se justifiquen.

En defensa de Catelyn Stark

Del original en Feminist Fiction, In Defense of Catelyn Stark.

Catelyn Stark es de las pocas voces de la razón en Canción de Hielo y Fuego, y aun así es sistemáticamente ignorada por su condición de madre y mujer. Aunque, como cualquier otro personaje de la serie, comete errores (como fiarse de Meñique, por ejemplo), sus consejos son generalmente muy sólidos. Ha vivido una sangrienta guerra y ha perdido a gente a la que quería; lo que no quiere es vivir otra y perder a toda su familia, la que le queda. Y, de esta manera, ella sola, desmarcándose del resto de personajes principales, clama en contra de la guerra y la venganza. Comprende que más muerte y destrucción no le devolverán a la gente a la que ha perdido. Ante todo, desea la paz. Advierte a Renly de que sus hombres son “caballeros del verano” que juegan a la guerra sin tener en cuenta lo que ello conlleva. Muchas de las horrorosas situaciones que se producen en los libros podrían haberse evitado si alguien hubiera tenido en cuenta sus advertencias, cargadas de experiencia y sabiduría. ¿Por qué? Porque es mujer. Porque es madre. Y como es madre, se la desvaloriza por compasiva, por estar demasiado preocupada por su prole y no poder entender la verdadera naturaleza de la guerra. Porque, como madre de Robb, si hubiera prestado atención a sus palabras, hubiera sido síntoma de debilidad.

Muchas lectoras reaccionan de la misma manera. Catelyn Stark, como muchos otros personajes de la serie, es imperfecta. La diferencia con otros de los «buenos» radica en que es una madre imperfecta, y esta es una tara produce mucho rencor. Catelyn es una madre demasiado típica: prioriza el bienestar de sus descendientes ante cualquier otra cosa. Sin embargo, en el fondo no es una madre TAN típica, ya que posee sus prejuicios y debilidades. No se encuentra todo el tiempo criando de sus hijos ni se somete a caridades ajenas y finalmente decide involucrarse en la guerra en vez de esperar su desenlace en casa con sus hijos más jóvenes. Y esto, por lo que parece, no puede permitirse

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Algunas lectoras critican a Catelyn por involucrarse en la guerra en vez de volver a Invernalia a cuidar de Bran y del cada vez más indómito Rickon, Discuten sobre si debería haber vuelto corriendo a casa una vez recibe la noticia de que Bran ha despertado. Le culpan del saqueo de Invernalia ya que debería haber estado ahí criando y protegiendo a sus hijos, aun cuando fue ella la que aconsejó explícitamente a Robb de que no usara a Theon como diplomático.

No se tiene en cuenta que Catelyn estuvo dos semanas enteras con Bran, junto a su cama, sin comer ni dormir, totalmente envuelta en dolor e implorando por su recuperación. Su propia presencia le salva del intento de asesinato; la misma tentativa despierta a Catelyn de su dolor y le hace darse cuenta que no ayudará a Bran de ninguna manera si se queda llorando junto a su cama, que lo que debe hacer es informar a Ned del ataque y, más tarde, unirse a su hijo y ayudarle a salir triunfante en la guerra. Hasta lo que Catelyn sabe, Bran y Rickon se encuentran a salvo en Invernalia bajo el cuidado del maestre Luwin, y que no sufrirán ningún daño a menos que Robb pierda la guerra. A partir de aquí, su mayor preocupación es ofrecerle a Robb, el joven rey carente de experiencia de liderazgo bélico, su consejo y apoyo. Al encontrarse junto a Robb y al servir de enviada para reunirse con Renly, está protegiendo a su familia.  Con sus esfuerzos para ponerle fin a la guerra, está tratando de proteger a todo el mundo.

Se critica también a Catelyn por su trato hacia Jon, sobre todo cuando le cuenta que hubiera preferido que se cayera él del torreón en vez de Bran. Aunque sea algo muy duro de decir, Catelyn se encuentra muy dolorida por la situación su hijo en ese momento. Por lo general, no es cruel con Jon. Le permite vivir en Invernalia, le permite establecer vínculos de amistad con sus hijos y, en la mayoría de casos, le permite igualarse en trato al resto de los Starks del castillo. Está resentida con él porque es la prueba viviente de la infidelidad de su marido que pulula enfrente de sus narices, incluso con un parecido mayor a su marido que el resto de sus hijos. Sin embargo, no recibe otra cosa que indiferencia, algo que solo cambia tras dos semanas sin dormir y un dolor agudo.

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A pesar de esto, la crítica más feroz y, a la vez, la más extraña que recibe Catelyn  es por su actuación tras dejar a Bran y viajar a Desembarco del Rey. Aunque esas mismas fuentes critican a Catelyn por no ser tan madre amantísima, sus discusiones con Tyrion Lannister también reciben críticas por serlo demasiado, es decir, por dar prioridad a su familia frente al resto. A pesar de la serie se caracteriza por sus conexiones internas; es decir, ninguna acción aislada o individual es enteramente responsable del estallido de algo tan complejo como una guerra, mucha gente acusa a Catelyn de ser la responsable del estallido [de la Guerra de los Cinco Reyes] por creerse las mentiras de Meñique y capturar a Tyrion.

El caso es que Catelyn no decide capturar a Tyrion. Su objetivo es volver a Invernalia de incógnito, y así lo intenta cuando él entra en la taberna en la que se encuentra. Sin embargo, cuando el Gnomo advierte su presencia, no le queda otra que pasar a la acción. Ella cree que Tyrion forma parte de un complot en contra de su familia y que si los Lannister se percatan de su reciente presencia en Desembarco del Rey, tanto su marido como sus hijas correrán peligro. ¿Qué otra opción tiene? Le lleva a Nido de Águilas porque cree que su hermana es de fiar y tiene acusaciones fundadas de intento de asesinato contra los Lannister. Una vez que descubre la locura en la que ha caído Lysa, levanta la voz y trata de proteger a Tyrion de la sed de sangre de su hermana. Sin embargo, ya es tarde. Catelyn sí es directamente desponsable del ataque de Jaime Lannister a Ned en las calles y que los hombres Lannister comiencen el ataque a las Tierras de los Ríos, pero los mismos Lannister estaban ya enrareciendo la situación para provocar el enfrentamiento. Lysa Arryn tiene parte de responsabilidad por mentir a su hermana. Meñique, en definitiva, es el total responsable de que se precipiten los acontecimientos al mentir a Catelyn sobre la autoría intelectual del intento de asesinato de Bran, que carga a Tyrion. De toda esta intrincada red, Catelyn es el único elemento imperfecto. Por último, a Catelyn se la critica por liberar a Jaime Lannister, por priorizar de nuevo sus instintos maternos frente a una visión más estratégica de la guerra. Desde un punto de vista diplomático y estratégico, no parece un buen movimiento (aunque, una vez transcurre la trama, se convierte en una de las mejores opciones que entonces pudo tomar). Empero, Catelyn sufría por sus hijas. La liberación de Jaime no es obra de un líder frío y calculador, sino de un ser humano corriente y yo, en definitiva, la admiro por ello.

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Como dice Brienne, Catelyn tiene «el valor de una madre» y la fuerza de una madre. Junto con su inteligencia y su percepción de las situaciones, la mayor cualidad de Catelyn es su habilidad de reponerse. A lo largo de dos libros, pierde prácticamente todo. Pero ahí sigue; continúa insistiendo en que la venganza no lleva a ningún sitio, que deben quedarse con lo que les queda, antes de que no les quede nada. Y, pese a todo, la gente sigue ignorándola por ser madre, porque se guía por emociones femeninas muy tibias y porque lo que debería hacer es dejar de invadir los espacios masculinos y volver con sus hijos. Y así se mantiene, con poco poder de influencia, como Cassandra, mientras intenta advertir a todo el mundo de sus errores; observando, sin ayuda, cómo nadie la presta atención mientras todo lo que ama desaparece.

Y mientras tanto, las lectoras la critican por sus errores. Por ser madre y por no serlo lo suficiente. Por involucrarse en los acontecimientos, por atreverse a ser un personaje complejo, en vez de una simple «madre».

El Síndrome de Trinity y el fin de las Tipas Duras del Cine

Original de Tasha Robinson en We’re losing our Strong Female Characters to Triniry Syndrome. 

La película de Dreamworks Cómo entrenar a tu dragón 2 amplía considerablemente el mundo que se nos muestra en la primera película incluyendo la presencia de un nuevo personaje: Valka, la madre desaparecida del jinete de dragones y protagonista Hiccup, a quien da voz Cate Blanchett.  La parte intermedia de la película, una parte tierna y sensible, está dedicada a presentar a este personaje, construyéndolo de manera elaborada y llena de matices. Esta nueva figura, tan fantástica y misteriosa, consigue derribar a Hiccup y a su montura Toothless (Sindientes) con una facilidad pasmosa. Además de eso, es culta, ya que tras veinte años de estudio, conoce los intríngulis de la anatomía de Toothless mejor que su propio jinete. También es inteligente, tiene principios sólidos y es feliz. Sin embargo, al mismo tiempo está aquejada de cierta tortura y división personal y se siente vulnerable. En definitiva,  tiene algo que no poseen muchos personajes femeninos de películas de acción y de aventuras con protagonistas hombres: es interesante.

Es toda una lástima que su papel en la trama sea nimio.

Lleva existiendo desde hace años una tendencia cultural en producciones comerciales a introducir personajes femeninos independientes, respetuosos consigo mismos, seguros y capaces, saliendo del cliché típico de «víctimas y trofeos» de las películas de acción de los 80 o de los personajes quejicas, con mala cara, castos pero sexualizados que vinieron después, los herederos de la macarra Vasquez de Aliens. El concepto de Tipa Dura del Cine —alguien con identidad propia, objetivos personales y finalidad en la trama— ha influido mucho en el debate sobre la problemática a la hora de cómo se perciben y se retratan a las mujeres en cómics, videojuegos y, sobre todo, en cine. La escritora Sophia McDougall ha analizado el concepto, para luego desecharlo, y artistas como Kate Beaton, Carly Monardo, Meredith Gran han parodiado de manera muy acertadamente cómo este se desarrolla en los cómics. El concepto Strong Female Character, en su original en inglés, algo así como Tipa Dura del Cine, se usa indistintamente tanto de manera descriptiva como burlesca debido a su simpleza y a sus mínimas exigencias. Es más bien un término de marketing que un objetivo real. Pero si ya es poco común que muchas producciones siquiera pasen los exigüos requisitos del test de Bechdel, todavía es más extraño que películas comerciales de temática de acción, terror, ciencia ficción o fantasía contengan un personaje femenino verdaderamente fuerte, más allá de los estereotipos comunes.

Cuando sorprendentemente lo consiguen, los guionistas se pierden. Introducir a una Tipa Dura del Cine® no es feminista, ni inclusivo, ni siquiera tristemente igualitario si ese personaje no tiene razón de ser en la historia y solo vale para que los productores se regocijen frente al cartel promocional diciendo: «¿Veis? ¡Esta película sí que respeta totalmente a las mujeres fuertes!»

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Valka solo es el último ejemplo  de Tipa Superflua y Descafeinada disfrazada de Tipa Dura. Esto es lo más deprimente, teniendo en cuenta el impacto que produce el personaje desde la sinopsis y otras muchas grandes cualidades de la película. La producción dedica mucho tiempo a mostrarla primero impactante y más tarde empática, además de un poco dolida por su soledad e incomodidad a la hora de relacionarse otras personas. Sin embargo, una vez acaban las presentaciones y comienza la batalla, deja inmediatamente de tener algo de utilidad para el resto de personajes y de la aceleradísima trama. Cuando se enfrenta al villano (un villano, por cierto, al que lleva resistiendo ella solita durante años), sufre una derrota estrepitosa y prácticamente instantánea. Ese es el momento en que su marido e hijo la eclipsan totalmente, ya que tienen que rescatarla dos veces en cinco minutos. Su mayor aportación a la trama es la frase trillada y vacía que le dice a Hiccup: «Eres tú el Elegido» para luego prácticamente desparecer de la línea argumental, dejando al espectador preguntándose por qué tanto interés en ella al principio de la historia. Esto tiene una explicación: en primer lugar, el director, Dean DeBlois, planeaba darle el papel de personaje antagonista, aunque luego lo descartara en borradores posteriores. Sin embargo, esos borradores posteriores sí dieron lugar a la creación de un personaje antagonista complejo para ella, para luego no escoger ninguno. (Por otro lado, el antagonista final carece de historia personal, cosa que no está mal, por otra parte, aunque descompensa bastante la película.)

Film Review The Lego Movie

El personaje tipo Valka, la Tipa Dura Sin Nada Que Hacer, prolifera cada vez más. Lego, la película es el ejemplo más indignante. Presenta a su protagonista femenino, Elizabeth Banks’ Wyldstyle como una heroína con su superpoderes, extremadamente hábil, con gran confianza en sí misma, quien se encuentra en estado de shock por la estupidez y lo desgraciado de su otro protagonista, Emmet. A partir de ahí, la película se mofa de ella y la da de lado hasta el punto en que experimenta una evolución y se convierte en un completo incordio que no hace más que ir a la contra, alguien huraño y cenizo. En un gag, Emmet la saca totalmente de quicio cuando intenta involucrarle en su la lucha por el destino del mundo de su pandilla: imita sus palabras con un «Bla, bla, bla; mira lo guapa que soy». Su papel una vez presentada reduce a ser rescatada una y otra vez para finalmente aprobar el examen de chica guay que confiere a Emmet el estatus de tipo molón, tras haberse tirado toda la película siendo un pringado. Tras una trama espectacular y un final poderosísimo, la propia película emborrona su clímax con una etiqueta en la cual WyldStyle le pide permiso a su actual novio para poder abandonarle y entregarse a Emmet como recompensa por su éxito. Para que el tipo normalito acabe triunfando, la tipa dura del cine debe disolverse y resurgir como el Personaje Trofeo Florero. Esto es el Síndrome de Trinity, del personaje de la película Matrix. Una mujer perfectamente capaz que pierde paulatinamente la independencia, importancia y emoción que poseía en su escena introductoria. El director Chris Makay reconoció en cierto modo este problema en una entrevista al Daily Mail, una entrevista cuyo titular era «El productor de Lego, la película, promete más «mujeres fuertes» en su secuela». Sin embargo, ninguna de sus citas registradas refleja algo parecido.

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Y cuando tipas duras y seguras de sí mismas se las apañan para contribuir en tramas lideradas por personajes masculinos, sus aportaciones son secundarias o se reducen a papeles de cuidados, de víctima o románticos. Por ejemplo, Tauriel, de El Hobbit: La desolación de Smaug, una Tipa Dura que alguien se ha sacado de la manga única y exclusivamente para suavizar el desequilibrio de género en una historia copada por personajes masculinos. Es capaz de cargarse en torno a mil millones de arañas y orcos con técnicas de kung-fu aplicadas a su arco élfico, pero solo demuestra tener algo de personalidad cuando se siente atraída por el enano Kili y obtiene interés a su vez por parte de Legolas, en un triangulo de amor repelente similar al de Crepúsculo. Otro ejemplo es Dahl (Katte Sackhoff) en Riddick, un personaje que se nos presenta como la copiloto durísima que, de primeras, proclama que no es el objeto sexual de ningún hombre —en contraste el otro personaje femenino de la película, una mujer maltratada, víctima de repetidas violaciones, que muere en favor de la trama—, pero que carece de importancia argumental. A pesar de lo que dice Dahl, el personaje no aporta más que un toque sexualizante: se desnuda delante de la cámara, se defiende de un intento de violación, exhibe sonrisillas de superioridad ante las insinuaciones explícitamente vulgares del antihéroe, al que, en última instancia, le dice que igual sí sería su objeto sexual. Otro más, Carol Marcus, interpretado por Alice Eve en Star Trek: En la oscuridad, presentado como un personaje rebelde y desafiante como James Kirk, pero cuyo objeto definitivo en la trama es (otra vez) desnudarse en pantalla y presentarse de manera vergonzante como un rehén poco efectivo. Mako Mori, interpretado por Rinko Kikuchi, en Pacific Rim y Raleigh (Charlie Hunnam). El pasado traumático de la primera le impide ser buena en  combate mecánico, poniendo en peligro a todos a su alrededor. Sin embargo, incluso en el momento en que ella demuestra su valía, él tiene que reafirmarse derribándola y cargando con su cuerpo renqueante mientras se dirige a salvar el día. Ditto y Jack (Tom Cruise) en Oblivion, provocando la misma situación en Julia (Olga Kurylenko), su pareja.

Es muy difícil que una película de acción incorpore a dos personajes protagonistas igualmente nivelados. Además, estas ideas en conjunto no valen para todas las tramas. Puede entenderse que para que el arco argumental del protagonista se resuelva, ese personaje, en ocasiones, tenga que dar los últimos pasos él solo. Para los héroes masculinos, se consigue, sobre todo, mediante independencia y sacrificio personal. Sin embargo, durante décadas, las películas de acción han encontrado vías para que los secundarios masculinos se incorporen al clímax de la trama sin que sea necesario que mueran, desaparezcan o esperen en casita que el protagonista vuelva para celebrar la victoria. No es estrictamente necesario que los personajes femeninos sean conductores de la trama para que podamos considerarlos autosuficientes, pero sí deben tener algún objetivo en la historia. Valka aparentemente lo tiene: alentar e inspirar a Hiccup, y poco más. Un papel insignificante para alguien a quien el guión mima bastante. Hasta que llega el momento en que le toca hacer algo, claro.

Adjunto ahora un breve cuestionario para aquellos productores que hayan creado un personaje femenino que represente ser algo más que un trapo, una harpía, un MacGuffin (elemento argumental para motivar a los personajes, pero sin relevancia propia, según Hitchcock) que rebota de un lado a otro o un juguete sexual. Enhorabuena, habéis creado a vuestra Tipa Dura del Cine. Es un buen comienzo, sin duda, pero, ¿ahora qué? Guionistas, productores, directores, consideren lo siguiente:

  1. Una vez introducido, ¿tiene su Tipa Dura influencia significativa en el desenlace de la trama? ¿O no tiene ninguna?
  1. En el caso de que lleve a cabo algo de importancia en la trama, ¿es ese algo ser víctima de una violación, ser golpeada o asesinada con el objetivo de motivar al protagonista masculino? ¿Es ese algo decidir o declinar tener relaciones sexuales con él? ¿Es ese algo tener una cita o romper con el protagonista? ¿Y es ese algo regañar al protagonista para que espabile o para que deje de hacerse el héroe? En definitiva, ¿la existencia de ese personaje está única y exclusivamente motivada por y para atender las necesidades, el desarrollo y los deseos del protagonista masculino?
  1. ¿Se notaría la diferencia si su Tipa Dura fuese sustituida por una lámpara de pie con una notita pegada en la que se incluyera información útil para el protagonista masculino?
  1. ¿Es de vital importancia en la trama que su Tipa Dura sea el personaje más fuerte, más astuto, el más decidido, el más duro o el más experimentado hasta que el protagonista masculino hace acto de presencia?
  1. O incluso peor, ¿hace su entrada en la historia como un panoli totalmente inepto pero que evoluciona rápidamente durante toda la película, dejándola atrás, mientras ella se mantiene estática y además le jalea por ello? ¿El motivo existencial de su Tipa Dura del Cine es impresionar al protagonista masculino?
  1. ¿Es ella un personaje molón que solo comienza a ser así para que el protagonista masculino mole más en comparación con ella cuando este la rescata o toma ventaja sobre ella?
  1. ¿Es lo suficientemente fuerte y competente para que no necesite que la rescaten pero una vez que la trama despega el villano o la captura o la amenaza y necesita que el protagonista masculino intervenga? ¿Es uno de los argumentos importantes de la trama el herir su orgullo?
  1. ¿Desaparece completamente a partir de la mitad de la película o en su y no está interviniendo de manera significativa en la trama (aparte de ser un rehén o morir)?

Si la respuesta a todas y cada una de estas preguntas es «no», su Tipa Dura es digna de su nombre. ¡Enhorabuena!.

EDGE OF TOMORROW

Siempre está la excepción que confirma la regla. Al filo del mañana presenta a Rita (Emily Blunt), un personaje femenino muy duro que muere para ponerle las pilas al protagonista. (¡Otra vez!) Empieza siendo la más macarra de todos, hasta que se le come la merienda William Cage (Tom Cruise), el protagonista, que comienza en la trama como un panoli de cuidado. Su papel en el argumento es proveer a Cage de información y darle ánimos, además de que, finalmente, un momento romántico acaba por certificar su trayectoria. Y, sin embargo, la trama no consigue degradarla, ni devaluarla, ni debilitarla, ni dejarla de lado. El protagonista toma la delantera sin ella al final, pero muy al final, y solo cuando ella ha probado su valía una y otra vez. Es dura y segura, pero está desesperada. También es graciosa. En resumidas cuentas, tiene aspiraciones y provoca sensaciones edificantes. Es un personaje emocionante tanto al final como al principio de la película.

Entonces, todas las preguntas pueden resumirse en lo siguiente: Teniendo en cuenta eso que se conoce como Tipa Dura del Cine, ¿querría usted, señor guionista, señor director, señor espectador, ser ella? Es decir, nada de intentar demostrar que ser mejor que ella o desear que le entierre en elogios y que reconozca su superioridad. En las películas de acción los deseos tienen que cumplirse. ¿Cumple alguno de sus deseos, más que los ajenos? Cuando los personajes femeninos sean por costumbre lo suficientemente fuertes como para hacerlo, quizá, y solo entonces, el término Tipa Dura del Cine recupere el significado y deje de ser usado de manera sarcástica.