Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión

Original por Chris Boeskool en Theboeskool.

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Nunca he recibido un puñetazo en la cara. Ni siquiera me he visto involucrado en ninguna pelea. No soy alguien que se meta en peleas, si acaso en “discusiones”. No es que me de miedo meterme en broncas, en varias ocasiones me he colocado en situaciones susceptibles de haber acabado en pelea, es que no me veo como el tío que da la primera leche, más bien soy el que rebaja el tono de la gresca con algo de lógica o humor. Una de las consecuencias de ser este tipo de tío es que al otro tipo de tío, ese de gresca fácil, por lo general no le caigo bien. Al menos al principio, solemos caernos bien después. Y no siempre. A veces no puedes hacerte con todos.

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La primera regla del Club de los Blancos es que no se habla del Club de los Blancos

Me  mudé a Nashville, en el sur de los Estados Unidos, sin conocer a nadie. Conseguí un trabajo de camarero en mi segundo día de estancia y, casi de inmediato, me convertí en uno de los camareros favoritos de la directiva, lo que me facilitó el acceso a mejores turnos, mejores secciones y mejor salario. Nueve meses después de llegar yo, contrataron a otro tipo. Nos caímos mal desde el minuto uno. A él no le molaban mis comentarios audaces y a mí no me molaba la manera que tenía de entrar a un lugar y parecer el amo y señor del mismo. Se movía por todas partes con esa altanería repelente, como que todo fuera suyo y que la presencia de otras personas se debiera a una especie de tolerancia por su parte, siempre y cuando nos apartáramos de su camino. Se corrían rumores sobre que el tipo había estado en la cárcel, y junto con otras pruebas, me quedó claro que era del tipo de tío que no es propicio a rebajar el tono en un momento de gresca. Era el tipo de tío perfectamente consciente de su fuerza, podías sentir que bajo la superficie bullía un torrente de energía que silenciosamente de desafiaba a decirle algo. Sin duda, me intimidaba.

Me molestó un poco al principio cuando, tan solo tras un mes de estar él trabajando ahí, ya estaba haciendo turnos en alguna de las mejores secciones… una boca más que alimentar significaba menos dinero para mí. Aun así, creo que hacía bien su trabajo; sin embargo, nada me hinchaba más las narices que lo siguiente: Chuck (le llamábamos Chuck pese a que ese no era su nombre, sin embargo, Chuck era un nombre que le pegaba) tenía la costumbre de caminar hacia a ti y SISTEMÁTICAMENTE confiar en que TÚ te ibas a apartar de su camino. Con las chicas no lo hacía, pero con otros tipos (especialmente yo), no variaba su camino y, sin establecer contacto visual, continuaba andando esperando a que tú te apartaras. En caso de no hacerlo, tu destino era impactar contra esa masa hercúlea y agresiva que parecía anhelar que alguien cuestionara su camino preestablecido. Esta parecía la descripción más típica de la vida de Chuck: andar recto hacia otras personas esperando a que se aparten. Hasta que un día…

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Ya estaba harto. Me quedé pensando: ¿por qué me estoy apartando del camino de este tío todo el rato? Lo más habitual en cualquier parte del mundo es que si dos personas transcurren por la misma dirección en sentido inverso, ambas se hagan un poquito a un lado, facilitándose recíprocamente ambas el paso. ¿Qué derecho tenía el tipo este a PRESUPONER que era yo el que tenía que apartarme? Otro pensamiento empezó a inundar mi mente: ¿y si ya no me aparto? ¿Y si sigo andando como si nada? Estaba harto de jugar con sus reglas, así que esa tarde, cuando me le encontré por el pasillo del restaurante (ambos nos movíamos muy rápido) caminando hacia a mí, comencé a andar hacia él, sin desviarme. No soy un gigante, pero sí lo suficientemente sólido como para mantenerme en pie (especialmente en momentos de colisión inminente), así que cuando impactó en mí se trastabiló y dio una vuelta sobre sí mismo. Allí mismo, enfrente de toda la clientela, dijo: ¿pero de qué coño vas, tío? ¿Estás bien? Le contesté. Estaba furioso y no dejaba de preguntarme por qué me había abalanzado sobre él. Le dije: Chuck, tan solo andaba de frente, ¿Por qué asumiste que el que me tenía que apartar era yo? Comenzó a perseguirme por todo el restaurante intentando caldear el ambiente para provocar un conflicto. Acabó parándome en frente de una mesa y cuando le espeté algo así como bienvenido al Planeta Tierra, me propinó un empujón durísimo. No fue un empujón del estilo que te ponen las manos en el pecho y empujan, sino del que las manos te golpean cuando ya van a mucha velocidad, y hace bastante ruido. Todos sus músculos de gimnasio descargaron sus energías sobre mí, sobre esa persona que se atrevió a cuestionar su derecho de paso, y caí dos pasos hacia atrás.

Me alejé de él mientras sentía mi corazón latir en mis orejas. Pensé en qué hacer, en si debería decirle algo al gerente (no me pareció buena idea), en si debería decirle algo más a Chuck (me pareció PEOR idea)… Así que decidí esquivarle y dejar que se calmara. Quince minutos después el gerente me llamó para hablar. Me dijo que un cliente había visto a Chuck empujarme de manera violenta, y que se había quejado describiendo los hechos (los describió como que hubiera recibido un “golpe” aunque fue un empujón). Le conté lo que ocurrió, sobre lo de que él siempre asumía que era yo el que me apartaría de su camino y lo de que por una vez, no lo hice, sobre la bronca y el empujón del final. Era un restaurante de empresarios, así que se tomaron todo muy en serio. El gerente rellenó un informe de incidencias y me pregunto si deseaba presentar cargos y si deseaba que le despidieran. Contesté que no quería verle perder su trabajo, solo que reconociera que todo el mundo tenemos derecho a paso, tanto como él.

Toda esta historia volvió a mi memoria al leer esta gran cita (de quien, por desgracia, no he encontrado autor o autora aún, así que permanece como “anónimo”):

Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión.

Y todo pareció cobrar sentido: toda esta rabia de la gente que grita “All Lives Matter” (todas las vidas importan) en respuesta a las manifestaciones convocadas por activistas de etnia negra en respuesta a los recientes asesinatos de jóvenes negros por la policía, todo el cabreo de la gente que proclama que SU “libertad religiosa” está siendo atacada por las parejas gays que se casan, toda esa gente escupiendo su odio contra inmigrantes o musulmanes o contra esa “moda” que les impide decir racistadas sin ser llamados racistas. Son la gente que ha crecido en un mundo en el que podían andar hacia otras personas y sabiendo que las demás se apartarían. Así que cuando “esa gente” en su trayectoria NO se aparta, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿por qué tengo que apartarme yo del camino de este colega?, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿y si no me muevo? ¿y si sigo andando como si nada? Cuando esa gente empieza a a darse cuenta de que tienen el mismo derecho a circular por el pasillo como cualquier otra… puede parecer que SUS derechos estén siendo vulnerados.

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La igualdad PUEDE parecer opresión, pero no lo es. Lo que sientes es la molestia de estar perdiendo ese privilegio, la misma molestia que en nuestra niñez sentimos cuando vamos a la guardería y descubrimos que otras personitas quieren jugar con el mismo juegue que nosotras. Es como la molestia que siente ese anciano acostumbrado a nadar en una piscina para él solo a la que ahora pueden acceder todos los miembros de la comunidad mientras grita: ¿¡y mi derecho a nadar yo solo en la piscina!?

La situación actual nos muestra ira por ambas partes. Por un lado, las personas enrabietadas porque “esa gente” se está colando en “su” piscina. O porque tienen que compartir sus juguetes con el resto del jardín de infancia. Les enfada que les llamen racistas solo porque dicen cosas racistas o tienen pensamientos racistas. Les enfada tener que tener en consideración a esa otra persona cuya trayectoria de paso comparten. Por otro lado está la gente que opina que la piscina es para todo el mundo, la que opina que lo correcto cuando llegamos al jardín de infancia es enseñarnos a compartir juguetes, la que opina que para respetar a los demás hay que prestar atención al uso del lenguaje, la que se posiciona en solidaridad junto a las personas que reclaman su derecho a existir… Las que legítimamente siente enfado al tener que apartarse siempre del camino. Las que se preguntan ¿y si sigo andando como si nada?

¿Qué tipo de persona eres tú?

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Desmontando el mito de “la homosexualidad no es cosa de África”.

Original por Abel Shifferaw en OkayAfrica, Disscting The “Homosexuality is Un-African” Myth

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).Mastaba-tomb-of-the-brothers-Niankhkhnum-Khnumhotep-egypt-715x537.jpgKhnumhotep and Niankhkhnum.

Aunque tipos como el matusalén zimbabuense Robert Mugabe defiendan que la homosexualidad es algún tipo de embrujo tribal del que el occidente imperialista hace uso para destruir a la población africana a través del sida, lo cierto es que bueno, más bien no, amigo.

Intentare mostraros aquí muy brevemente algunos hechos para que luego consideréis lo verídico de esta conspiración imperialista, aquí van:

El Afrobarómetro, una red panafricana e independiente controlada por personas del continente negro que dirige encuestas públicas de tendencia sobre democracia, gobierno, condiciones económicas y similares, hizo público recientemente un informe basado en cincuenta mil entrevistas realizadas en más de treinta países del continente con el título ¿Buenos vecinos? El pueblo africano muestra un alto nivel de tolerancia para la mayoría de convecinos, pero no todos. La mayoría representaban inmigrantes, personas de otra religión y etnicidad; no todos eran las personas de la comunidad LGBTQ. De las personas encuestadas, solo el 21 por ciento contestó que le resultaba indiferente vivir al lado de alguien sexodivergente.

Este tipo de tendencias son consecuencia de una última oleada de leyes restrictivas hacia la comunidad sexodivergente a lo largo del continente. Una de ellas se aprobó en Uganda en 2014 y condena a toda persona acusada de homosexualidad a cadena perpetua. En Nigeria está penado con 14 años el sentirte atraído por tu mismo género. Por la misma, puedes asesinar a alguien y ser culpable de homicidio involuntario, que la pena impuesta será menor. En 2014, Chimamanda Ngozi Adichie, novelista nigeriana, escribió al respecto de la nueva legislación restrictiva de su país: un crimen lo es por una razón, hay víctimas. Un crimen hace daño a una sociedad, ¿en qué se basan para considerar la homosexualidad un crimen? Las personas no causan perjuicio a una sociedad por su forma de amar o a quién aman. Esta ley no prevendrá el crimen, al contrario, promoverá crímenes de odio, y ya los hay actualmente; en muchos lugares de Nigeria se están llevando a cabo ataques contra personas sospechosas de homosexualidad.

El mes pasado, a Akinnifesi Olumide Olubunmi, hombre acusado de homosexualidad en el Estado de Ondo, Nigeria, una turba, vistiéndose a la vez de jurado, juez y verdugo, le sometió a linchamiento hasta causarle la muerte.

El informe del Afrobarómetro da constancia de que el podio del país menos tolerante se lo lleva Senegal, con un 3 por ciento de senegaleses a los que no les importaría vivir pared con pared con un o una homosexual. Esto suma un total de 97 por ciento de senegaleses contrarios a convivir en su vecindario con personas LGBTQ. Guinea va segunda y luego ya Burkina Faso, Níger, Malawi y Sierra Leona, con un ínfimo 6 por ciento de tolerancia. Los países más tolerantes, por el contrario, son Cabo Verde, con un 74 por ciento al que no le molesta convivir con homosexuales; Sudáfrica, con un 67 por ciento y Mozambique con un 56.

afrobarometer-tolerance-in-africa-survey-copy-715x373Del informe de Afrobarómetro: ¿Buenos vecinos? El pueblo africano muestra un alto nivel de tolerancia para la mayoría de convecinos, pero no todos.

Muy bien, ahora pongámonos las boinas de viajar en el tiempo y busquemos la primera relación (presuntamente) homosexual de la que tenemos registros en toda la historia. Buf, follón, a Mugabe esto no le va a molar. Nos vamos hasta el Antiguo Egipto, en el continente al que Mugabe llama hogar, en torno al 2400 A.C., como diez años antes de que naciera el bueno de Robert. Conocemos a Khnumhotep y Niankhkhnum, supervisores de manicura en el palacio del Rey Niuserre, durante la quinceava dinastía de los faraones de Egipto. Ojo, que aunque soy partidario de que la imposición de género y sus roles imperativos desaparezcan, sé que en muchos círculos, especialmente al que pertenece Mugabe, las asignaciones de estos muchachos, podrían ser muestra clara de su orientación sexual.

En antiguos murales aparecen reflejados dos hombres abrazándose y frotándose nariz con nariz, algo equivalente a besarse para el Egipto antiguo. Sus nombres cambiaron en algún momento de la historia y a la traducción Niankhkhnum significaría unido a la vida y Khnumhotep significaría unido al sagrado estado de la muerte. Sí, y sus nombres juntitos significaría algo así como unidos en vida y unidos en muerte.

Pese a que ambos provenían de familias heteronormativas, de lo mono del significado de sus nombres juntos y del hecho de que hicieran real su promesa y consiguieran ser enterrados juntos, existe un intenso debate en el seno de la egiptología al respecto de la naturaleza de su relación y su orientación. Según encuestas del Centro de Estudios Pew de 2013, el 95 por ciento de la población egipcia actual rechaza abiertamente la homosexualidad.

El concepto de que la homosexualidad no existía en África antes de la avalancha colonial europea es falsa; es más, fueron los colonialistas europeos los primeros en legislar la penalización de la sodomía o la homosexualidad por todo el continente, sustentando su supuesta guía moral en textos como la Biblia. Antes de la imposición de estos códigos, personas homosexuales y trans ya existían y vivían acorde a los grados de tolerancia de sus respectivas sociedades. Bueno, y de hecho, ahora que lo pienso, sí que existe esa conspiración de la que hablaba al principio, pero de una manera distinta a la que pensamos: lo único invasivo en África no es la homosexualidad, es la homofobia. Y si vamos más allá, podemos argumentar que decir que algo no es africano es algo típicamente reduccionista si tenemos en cuenta el enorme tamaño y diversidad del continente.

En noticias recientes que nos llegan de Kenya, los derechos LGBTQ, algo que el presidente Kenyatta proclamó que no era algo que debatir, al final sí, es algo (que ya era, por cierto) que debatir. Las autoridades solicitaron el bloqueo del acceso a través de Google a una versión interpretada por un grupo de rap nigeriano del himno en favor de la sexodivergencia de Macklemore y Ryan Lewis porque no acataba la moral del país.

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Llamemos al trabajo sexual por su nombre: trabajo.

Original en The Nation, Let’s Call Sex Work  What It Is: Workpor Melissa Grant.

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Criminalizar a las trabajadoras del sexo no mejorará sus vidas. Otorgarles derechos, sí.

Artículo adaptado de Playing the Whore: The Work of Sex Work, de Melissa Grant.

No hay una única industria del sexo. El negocio de las escorts, la prostitución callejera, las azaxfatas, strippers o la grabación de vídeos sexuales o por webcam… El abanico de ocupaciones que abarca la industria del sexo hace que hablar de una única industria se quede corto. El abogar por la eliminación de todo el comercio sexual a partir de esa visión limitada puede conllevar el riesgo de apelar a un concepto tan plano y superficial cuya consecuencia sería el reforzamiento de que todo el sexo que se puede obtener a través de dinero tiene su origen en el mismo fenómeno: violencia, anormalidad o desesperación.

En muchos sentidos, la industria del sexo es solo un parte del océano de la economía sumergida, ese mercado oculto de puestos de trabajo con varios niveles de regulación y legalidad. En esta economía, aquella industria que opera bajo la más intensa criminalización en las áreas menos reconocidas posee una capacidad organizativa que se mantiene oculta deliberadamente. Las trabajadoras de este tipo de sectores se encuentran presas en una ciudad flotante, como el sociólogo Sudhir Venkatesh la describió en su libro homónimo, una ciudad en los confines de una sociedad legítima. Sin embargo, parece que los académicos de la economía sumergida, que han esquematizado las ocupaciones de recogedores furtivos de basura, vendedores ambulantes,  falsificadores y contrabandistas no le han otorgado el mismo valor al trabajo sexual porque es ilegal, porque presta un servicio y porque en la mayoría de los casos, sus trabajadoras son mujeres.

Describiré a continuación algunas ocupaciones que estos sabios de la economía sumergida han obviado: en primer lugar, una mazmorra muy popular, que es en realidad una casa en un barrio residencial en el extrarradio de una de las ciudades más grandes de Estados Unidos, conectada por transporte público a su distrito administrativo y a todas aquellas personas que trabajan allí. No es un lugar marginal, ni mucho menos transgresor, tan solo es una mazmorra en las que aquellos clientes que busquen contratar los servicios de sus trabajadoras sepan qué se pueden encontrar. Es decir, algo distinto a un sitio de masajes o a un club de caballeros. A nadie se le encadena contra su voluntad, solo a quien paga por ello y siempre por un tiempo determinado previamente acordado.

En estas mazmorras, el cliente sabe que tiene a su disposición a varias trabajadoras de varios departamentos. Algunas de ellas le facilitarán lo que pide y otras no. Una recepcionista le atenderá las llamadas o le contestará a sus correos o le remitirá a otra trabajadora que podrá ayudarle en lo que necesita con arreglo a las preferencias de la trabajadora y a la disponibilidad mutua. Algunas de estas mazmorras publican las especialidades de sus profesionales en su página web e incluso les incluyen en una lista junto a un enlace donde aparece su teléfono, los cuales también pueden turnarse entre la recepción, en la adjudicación de sus clientes al resto de trabajadoras según su sección. Tras cada adjudicación, la trabajadora redacta un pequeño informe y lo archiva para tener una referencia de ese cliente en caso de futuras llamadas para facilitar el trabajo al resto. La mazmorra se encuentra sumergida solo porque el valor de su trabajo producido no figura como trabajo real. Hay reuniones de departamento, horarios y reparto de comisiones en base a antigüedad. Llegan facturas y se pagan, igual que los impuestos sobre la propiedad. En ocasiones puede que el administrador dé leves referencias de empleo y puede que en otras despida a gente.

Hay un grupo de personas en la mazmorra que se hacen cargo de un trabajo que no remunerado: los múltiples amos de casa que llaman a diario para pedir ir a limpiar. Las empleadas de la mazmorra saben que gestionar las fantasías de esclavitud de estos hombres es en sí una ocupación, aunque solo tengan que cerciorarse que toda la cubertería y vajilla permanecen intactas tras el paso de estos esclavos. Que no cuente como precedente esto ante las décadas de debate feminista sobre el valor del trabajo doméstico, pero ¿y lo gratificante que resulta que los amos de casa se conformen con la la remuneración que les otorga un fregadero vacío?

En la otra punta del país, existe una agencia de escorts gestionada por R. en una pequeña ciudad gestionada., una persona que solo se encarga de pagar por un anuncio en la contraportada de un periódico y del móvil a los que los clientes llaman tras ver el anuncio. La mujer con la que comparte anuncio y línea le paga a R. una parte de lo obtenido en cada cita de media hora que consigue mediante el anuncio, para así no tener necesitar plena disponibilidad para coger el teléfono o facilitar datos sobre ellas al periódico de turno donde colocaron el anuncio.  Les basta con presentarse en las habitaciones de los moteles donde se reunen con sus clientes. De vez en cuando alguna mujer se pone en contacto con ellas para ofrecerles colaboración, R. se reúne con ellas en cualquier cafetería. Si llegan a un acuerdo, les es facilitada una formación y son incluidas en los turnos telefónicos o de reserva de citas y una vez que ya conocen bien sus tareas, remontan el vuelo para seguir de manera independiente su profesión.

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También está M, modelo transexual en páginas web de la misma temática. La mayor parte de su dinero lo obtiene  haciendo de escort para hombres aficionados a esos sitios web en fiestas sexuales en clubs y otros eventos semiprivados, independientemente de acabar manteniendo relaciones sexuales, algo que ocurre solo en ocasiones. A través de estos sitios web consigue publicitarse como acompañante sin tener que pagar por aparecer en los directorios de escorts online. Cuando algún cliente se pone en contacto con ella para mostrarle su interés, tiene tiempo de planear cómo llevar a cabo la cita. M. deja siempre claro que cobrará por cada cita. Una amiga de ella tuvo un disgusto cuando un policía secreta se puso en contacto con ella a través de un anuncio abierto en internet y, tras concertar la cita, la arrestó en su propio apartamento, confiscándole su teléfono y portátil. M. no teme tener que hacer frente a la policía en el club.

Y por otro lado también está C., administradora de una web porno desde el apartamento que comparte con su novio. Además de confeccionar su propio porno, también recluta a otras personas a través de foros en línea en los que se involucra o a través de amigas que saben que vive de la página. Cuando llega una modelo al apartamento de C. para retratarse, el único contacto de la página de la que esta persona dispone es C., que también es la fotógrafa. El ordenador personal de C es también su equipo de trabajo. Su puesto de trabajo es su salón: un sofá, un telón fotográfico, sus DVDs y sus gatos.

A veces se queda sin dinero con que pagar a sus modelos y se dedica a fotografiarse a ella misma hasta que más personas se registran en su página. A veces algunos fans le piden que vaya a visitarles a otras ciudades para fotografiar a modelos allí pagándole viaje y obra. Ingresa al mes una cantidad imprevisible. También trabaja de stripper en un club para terminar de cuadrar el mes.

Aunque estas son las vertientes más visibles del trabajo sexual: porno, striptease, dominación y escorting, y cada una ofrece un ambiente totalmente distinto, no es raro que sus trabajadoras obtengan sus ingresos de varias de ellas. Y ya no es solo cuestión de aumentar sus ingresos, sino de tener la capacidad de negociar los distintos grados de exposición y vigilancia a los que te somete cada ámbito. Para cada escort que nunca abandonaría su intimidad para trabajar en un club de streaptease ante el riesgo de encontrarse con alguien conocido en él, hay una stripper que nunca abandonaría su intimidad trabajando en el porno o publicando fotos suyas en internet y también hay trabajadoras del porno que nunca tendrían sexo por dinero fuera del rodaje.

He podido tener acceso a anécdotas exclusivas de trabajadoras del sexo que han compartido conmigo en los últimos diez años en los que he colaborado con algunas y conocido a otras. Todas incorporan trabajo online y analógico. Cada una agasaja a sus clientes de una determinada manera y según sus propios usos: páginas web que venden books de fotos y registros, servicios de escorts que organizan citas, clubes que aíslan un porcentaje de entrada y consumiciones, etc. Cada una de ellas exige unas determinadas habilidades, cada una tiene su intríngulis y cada una tiene sus inconvenientes.

Sin embargo, pese a ser trabajos totalmente distintos y pese a moverse cada uno en un ambiente distinto y pese a los problemas que puede acarrear juntarlos todos en el mismo saco, hay cierta utilidad política en denominarlos todos trabajo sexual, concepto que, insisto, varía considerablemente según el tiempo y el lugar. La utilidad política de esto radica en que, todas aquellas personas que llevan a cabo trabajo sexual, sea cual sea el lugar o las condiciones, merecen los derechos y el respeto que sí se facilitan a los y las trabajadoras de otros sectores. Por ejemplo, el retrato de la prostitución callejera como se nos muestra en los medios es el de una mujer, sobre todo no blanca, en falda corta junto a un coche o inclinada hacia él. Es una imagen poderosísima, aunque muy concreta. Como protagonista del imaginario de la prostitución, esta mujer representa un paradigma para todas las trabajadoras del sexo: la reducción de su trabajo y vidas a la fantasía de un cuerpo y de su representación limitada y particular para el consumo público. Los cuerpos de las trabajadoras sexuales pocas veces son representados o entendidos como algo más que símbolos intercambiables por decadencia urbana, misoginia o explotación incluso por aquellas personas que pretenden mostrar empatía por ellas, que quieren derribar esos estereotipos o que simplemente quieren ayudar.

Este personaje ni siquiera representa a la totalidad de las trabajadoras del sexo a pie de calle. La socióloga Elizabeth Bernstein habla al respecto de la prostitución callejera: es importante reonocer hasta qué punto las prácticas y significados del trabajo sexual han cambiado en los diferentes caminos que la prostitución ha seguido, caminos que ella ha estudiado, todos incluso en una misma ciudad. Cierta parte de este trabajo puede describirse de manera más exacta como comercio o trueque, según Bernstein, autogestionado, intercambios ocasionales que por lo general tienen lugar en las comunidades u hogares de las mujeres.  Discrimina esto anterior del trabajo sexual de la prostitución callejera ‘de carrera’, en la que el intercambio comercial del sexo se conceptualiza como trabajo ceñido a la muestra pública del cuerpo. Algo parecido cuentan en el Proyecto de Empoderamiento Mujeres Jóvenes de Chicago, una organización de base constituida por mujeres y adolescentes negras que están o se han visto envueltas en trabajo sexual. Han optado por autodefinirse  como comercio sexual y economía callejera para reconocer que, para su comunidad, intercambiar sexo por cualquier cosa que necesiten para sobrevivir no es algo necesariamente entendido como trabajo y que convive de manera natural con otras tareas, como el trenzado o el cuidado de bebés.

La industria del sexo es variada y porosa por doquier. En Estados Unidos, más concretamente en el estado de Nevada, existen burdeles legales en los pocos condados en los que la prostitución nunca ha sido penalizada del todo y donde se hace más tolerable ante la opinión pública gracias a una estricta regulación y aislamiento. Allí, según The State of Sex, un estudio reciente realizado por Barbara G. Brents, Crystal Jackson y Kathryn Hausbeck, un tercio de las trabajadoras de estos burdeles nunca habían hecho trabajo sexual antes, pero venían de otros sectores del sector servicios, no sexuales, eso sí. Tres cuartas partes de las trabajadoras entrevistadas cambiaron el trabajo normal por el trabajo sexual. Vender sexo, escriben, es, por lo general, una ocupación entre otras muchas.

Cuando decimos que el trabajo sexual presta un servicio no pretendemos dotar de higiene o elevar el estatus de sus trabajadoras, sino para dejar claro que las mismas trabajadoras que facilitan un servicio sexual también están facilitando uno no sexual. En su estudio al respecto de las strippers del cinturón industrial de los Estados Unidos, Policing Pleasure: Sex Work, Policy, and the State in Global Perspective, Susan Dewey pudo observar que la gran mayoría de bailarinas (todas menos una) de un club en el norte del Estado de Nueva York provenían de otros sectores ajenos a la industria del sexo y muchas habían abandonado empleos en el sector servicios poco remunerados y antes que volver, preferían la barra del topless con sus posibilidades de oleadas de clientes. Para las bailarinas a las que Dewey entrevistó, el verdadero trabajo explotador, exclusivista y por el que no podrían nunca optar a la movilidad social y la estabilidad financiera era el trabajo de fuera.

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Aquellas personas opuestas a esta industria, desde el lobby europeo de mujeres a blogueras feministas reaccionarias gustan de defender que las trabajadoras del sexo tienen mucho morro insistiendo en lo de que su trabajo es como cualquier otro. Con esto, las activistas por la abolición no solo coinciden con las trabajadoras sexuales en que las condiciones bajo las que se facilitan los servicios sexuales pueden ser igualmente inestables o repugnantes que las que se dan cortando cutículas, aplicando enemas o cambiando de pañales al bebé de otra persona.

Lo que las abolicionistas piensan realmente cuando se estremecen ante la idea de que el trabajo sexual pueda ser como cualquier otro es que el trabajo sexual no es o no puede parecerse a su trabajo. Cuando las abolicionistas piensan en trabajo, piensan en sus ocupaciones, mucho más respetadas, administrando proyectos sociales o investigando o colaborando en grupos de presión. Considerar a su nivel el trabajo sexual elimina las divisiones que otorgan más prestigio a unas ocupaciones denigrando a  otras.

El verdadero mensaje abolicionista es que son ellas, las mujeres que pelean contra el trabajo sexual, las que de verdad trabajan duro, las que rompen los techos de cristal y le dan prestigio a la feminidad mientras que las putas de ahí abajo poco más hacen que tirarse a la bartola. Según afirma la teórica Kathi Weeks, llamar puta a una mujer es una manera de emitir un juicio sobre el valor sexual y del trabajo de una mujer. Cada puta, escribe en El problema laboral, es  un elemento peligroso que, a menos que se la arrincone en la otredad, puede poner en tela de juicio los aparentemente inamovibles beneficios del trabajo, así como el hogar, la familia y el compromiso femenino hacia ellas. Cuando las abolicionistas rescatan a una trabajadora sexual, lo que en realidad están haciendo es disciplinarla y empujarla de nuevo a su rol correcto como mujer. Y esto va más allá de pretendidas ONG:  misiones individuales de mujeres inundan internet e incluso iglesias; proyectos que se jactan de autofinanciarse vendiendo velas y joyería elaborada por trabajadoras sexuales rescatadas. Este tipo de empleo podría considerarse ajeno a la industria del sexo, pero sin un suministro regular de trabajadoras rescatadas no existiría mano de obra barata y por tanto ninguna vela que vender y ningún proyecto en el que pudieran ocuparse estas rescatadoras.

Como bien apuntó la anarcofeminista Emma Goldman en 1910, el pánico de nuestra sociedad a la prostitución no ayuda en nada a las trabajadoras, pero ha demostrado ser una fuente de trabajos parasitarios de políticos que acechan por el mundo en forma de inspectores, investigadores, detectives y así. La reducción de los ingresos de las trabajadoras del sexo era ya entonces y sigue siendo hoy objetivo de las abolicionistas.

Son las mismas que se hacen con los puestos de trabajo de las trabajadoras del sexo cuando se adjudican alguna victoria. La activista sociofeminista y antirracista Selma James, en su ensayo “Putas en la Casa del Señor”, documenta el cierre en los ochenta de un exitoso y legal proyecto de base de trabajadoras del sexo en Londres para que abogadas feministas y mujeres del lobby antiporno pudieran poner en marcha el suyo sin verse en la necesidad emplear a las trabajadoras que pusieron en marcha el anterior proyecto. Lo que estamos contemplando ante nosotras es el proceso por el cual la lucha de las mujeres se aparta de la historia y se convierte en industria, apunta James.

Por estas reivindicaciones de las trabajadoras del sexo, aunque devaluadas, seguimos insistiendo que el trabajo sexual es trabajo. Ojo, no confundamos esto con un sentimiento acrítico: como que el trabajo sexual solo es trabajo si goza de buenas condiciones y si nos gusta realizarlo. La esperanza de que mostremos entusiasmo por nuestros trabajos es algo habitual en las trabajadoras del sexo: la administración del sex shop sindicado Lusty Lady en San Francisco trató de insertar una cláusula en sus contratos por la cual el trabajo facilitado por las firmantes debía de ser divertido, algo que las bailarinas se negaron a firmar. Insistir conque las trabajadoras del sexo solo se merecen el acceso a derechos si su trabajo es divertido, si lo aman o si les empodera es retrógrado. Es una exigencia que asegura que nada de esto último se cumpla nunca.

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¿Quiénes fueron las brujas? Terror patriarcal en la gestación del capitalismo (Parte 2)

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Original por Alex Knight en The End of Capitalism, Who Were the Witches? Patriarchal Terror and The Creation of Capitalism

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Una revolución olvidada

Federici defiende que este pudo no ser el único camino.  «El capitalismo no fue la única salida posible a la crisis del poder feudal. A lo largo y ancho de Europa, una oleada de movimientos sociales de carácter comunitario y de rebeliones contra el feudalismo ofrecían la promesa de una nueva sociedad igualitaria construida sobre cimientos de igualdad social y cooperación», p. 61.

Las partes más mordaces de Calibán dejan constancia de la infinidad de movimientos encabezados por los estratos sociales más pobres que a lo largo de todo el continente estuvieron a punto de derribar a la Iglesia y al Estado del bajo Medioevo. Estos movimientos campesinos de los siglos XIII al XVI fueron etiquetados de heréticos por su enfrentamiento al poder vaticano, aunque su objetivo era una transformación mucho más profunda de la sociedad feudal. Los así llamados herejes se oponían a las jerarquías sociales, propiedad privada y a la acumulación de riqueza y extendieron entre la gente un nuevo y revolucionario concepto de sociedad por vez primera durante el Medioevo. También redefinieron todo aspecto de la vida cotidiana, como el trabajo, la sexualidad y el papel de las mujeres, llevando el debate de la emancipación hacia términos verdaderamente universales, p.33.

La autora nos muestra las múltiples formas de estos movimientos , desde el pacifista y vegetariano catarismo del sur de Francia al comunismo antinobiliario de los grupos taboritas de Bohemia en los que ambos confluían en la lucha en pos de la igualdad social. Muchas de estas comunidades planteaban que era profundamente anticristiano la vida opulenta de la que disfrutaban clero y la nobleza mientras tantas otras personas sufrían de escasez de comida, alojamiento o atención médica.

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El catarismo, vegetariano y pacifista, fue reducido por los Cruzados.

Otro nexo de unión entre todos los movimientos campesinos en Europa fue el liderazgo femenino. Federici describe que, «las mujeres herejes disfrutaban de los mismos derechos que los hombres y podían disfrutar de una vida social y de una movilidad como en ningún otro lugar durante la Edad Media… Sorprende poco que las mujeres estuvieran más presentes en la historia herética que en ningún otro ámbito de la vida medieval», p. 38. Algunos cultos heréticos, como el catarismo, disuadían a la gente de casarse y hacían hincapié en los métodos anticonceptivos, abogando por una liberación sexual que chocaba frontalmente con la autoridad moral de la Iglesia.

La política de género de los movimientos campesinos demostró ser una fortaleza que atrajo a una multitud de seguidores que consiguieron socavar el poder de un sistema feudal ya moribundo.  Federici nos muestra cómo el ardor revolucionario creció a la vez que crecía el tamaño de los mismos movimientos. «En el transcurso de este proceso, el horizonte político y las dimensiones organizativas de la lucha campesina y artesana se ampliaron. Regiones enteras entraron en rebelión, formando asambleas y levantando ejércitos. De tanto en cuando, bandas organizadas de campesinos atacaban los castillos de sus señores destruyendo en ellos los archivos donde permanecían resguardadas las escrituras de servidumbre», p. 45.

Lo que dio comienzo como un movimiento religioso comenzó a alcanzar cotas revolucionarias. Por ejemplo, en la década de los veinte y treinta del siglo XV, comunidades taboritas combatían para liberar la totalidad de Bohemia, causando varias derrotas a ejércitos cruzados de más de 100.000 hombres enviados por el Vaticano, p.54-55. Estos levantamientos empezaron a extenderse por toda Europa a un nivel tal que en el periodo que transcurre entre 1350 y 1500 tienen lugar concesiones sin precedentes, como la subida de salarios de un 100% y la reducción de precios, alquileres y jornada laboral. En palabras de Silvia: «la economía feudal estaba condenada», p. 62.

Federici indica que la primera reacción de las élites fue la fundación de la Santa Inquisición, una campaña brutal de represión estatal en la cual se incluía la tortura y la quema de herejes. Con el paso del tiempo, la estrategia de la élite dominante pasó de apuntar a herejes en general a las mujeres líderes de estas comunidades. Y así la Inquisición dio paso a la caza de brujas.

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Muy pronto, simples reuniones de mujeres campesinas comenzaron a sufrir estigma: los sabbats, en los cuales, supuestamente, el diablo seducía a las mujeres para que se convirtieran en brujas. Federici aclara que esta demonización tuvo como objetivo la rebeldía política y la disconformidad con las relaciones de género características de estos encuentros. Decenas de mujeres fuertes y rebeldes fueron asesinadas y, junto con ellas, la caza de brujas borró del mapa «todo un universo de prácticas femeninas, relaciones colectivas y sistemas de conocimiento que sustentaban el poder de las mujeres en esta Europa precapitalista junto a los fundamentos de su resistencia en la lucha contra el feudalismo», p. 103.

Para la élite noble de Europa, laica y eclesiástica , la caza de brujas tuvo éxito al  desmantelar una lucha de clases que amenazaba progresivamente su dominio. Aun más, Federici adelanta que la caza de brujas facilitó el auge de un nuevo paradigma sociocapitalista: la producción económica a gran escala en busca del beneficio económico y la evacuación de campesinos de sus tierras para su incorporación a una mano de obra urbana en expansión. Tiempo después,  el sistema capitalista se convirtió en amo y señor de Europa y consiguió extenderse a través de armas, género y acero de conquistadores por todo el globo, llevándose por delante incontables culturas y civilizaciones6. El análisis que propone Federici es el siguiente: «el capitalismo fue la contrarrevolución que aplastó toda alternativa surgida de la confrontación antifeudal. Alternativas que, de haberse tenido en cuenta, hubieran librado al mundo de la eliminación de incontables vidas y el daño al medio ambiente que ha definido la expansión de las relaciones capitalistas por todo el globo», p.22. ¿Cómo hubieran sido las cosas de haber triunfado la revolución olvidada?

Conclusión – El redescubrimiento de lo mágico de la verdadera historia.

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Malalai Joya en un discurso en una escuela femenina de Farah, Afganistán.

«Día tras día la situación empeora para mi pueblo, especialmente las mujeres. Por eso proclamamos que es esta una democracia de pantomima y esta Guerra contra el Terror una farsa.» – Malalai Joya, activista afgana, 2009.

Calibán y la Bruja es un libro que desmantela muchos e importantes mitos del mundo en el que vivimos. El primero y más importante, es la extendidísima creencia de que el capitalismo, aunque quizá imperfecto en su forma actual, fue un forma progresista de desarrollo que liberó al trabajador y mejoró las condiciones de vida de las mujeres, personas no blancas y otros grupos oprimidos. El trabajo de Federici es impresionante llevándonos a los cimientos del capitalismo en la Europa tardomedieval para desvelar una oscura historia de expropiaciones, empobrecimiento, terror de género y sexual  y colonizaciones brutales de pueblos no europeos. Este abyecto legado le lleva a afirmar que el sistema mismo está «inherentemente comprometido con el racismo y el sexismo», p. 17.

De manera más taxativa, escribe que: «es contradictorio asociar capitalismo con cualquier otra forma de liberación o atribuir a su longevidad la capacidad de satisfacer las necesidades humanas. Si el capitalismo ha sido capaz de sobrevivir es únicamente por la red de desigualdades que ha grabado en el cuerpo del proletariado mundial y por su capacidad para globalizar la explotación. Y es este un proceso que todavía se sigue desarrollando delante de nuestros ojos, como así ha sido durante los últimos 500 años», p. 17.

Se suele decir que podemos medir la catadura moral de una sociedad por cómo trata a sus mujeres. Este libro facilita una documentación lo suficientemente convincente como para evidenciar que el capitalismo siempre ha sido un sistema dominado por los hombres, un sistema que estrecha los márgenes de oportunidad y seguridad para las mujeres así como excluye a aquellas que no se adecúan a los exiguos roles de género. Federici hace un uso particular de la historia de la caza de brujas para dar luz a los entresijos del capitalismo y mostrar la demonización, silenciamiento y restricción del poder sexual femenino sobre las que se sustentó desde su origen7. En respuesta a la pregunta que da título a este ensayo, escribe: «la bruja era la partera y la que renunciaba a la maternidad, era la mendiga que se ganaba el pan robando leña o mantequilla de sus vecinos y la mujer promiscua, la prostituta o adúltera.  Sin embargo, también era, generalmente, la mujer que hacía uso de su sexualidad fuera de la celda del matrimonio y la procreación. La bruja era la mujer rebelde que contestaba, discutía, juraba y no derramaba una lágrima bajo tortura», p. 184.

En otras palabras, las brujas eran aquellas mujeres que de una manera u otra ofrecieron resistencia al establecimiento de un orden social injusto: la explotación mecánica de capitalismo. Las brujas representaban un mundo que los nuevos amos de Europa ansiaban destruir: un mundo con un liderazgo femenino sólido, un mundo cuyo núcleo fueran las comunidades y conocimiento locales, un mundo vivo con posibilidades infinitas, un mundo rebelde.

No debemos desesperar por el mundo que pudo ser y no fue. Permanece aun en nosotras hoy día, en las luchas de la gente que nos organizamos en busca de justicia. Podemos escuchar hoy desde Afganistán la voz clara de Malalai Joya, una mujer valiente, expulsada del parlamento afgano en 2007 por cargar contra los señores de la guerra apoyados por EEUU que gobiernan su país. Apareció recientemente en Democracy Now! proclamando que «mi gente se encuentra ahora atrapada entre dos poderosísimos enemigos: desde el cielo, las fuerzas de ocupación que arrojan bombas sobre civiles inocentes… [y] desde el suelo, los talibán y estos señores de la guerra, que continúan arrasando nuestras vidas a golpe de fascismo».8

Joya corre un riesgo con este tipo de comentarios, pero lleva en sus palabras una verdad irrenunciable y necesaria para poner fin al sinsentido de la guerra y la ocupación de Oriente Medio. Todas aquellas personas que acuden a su llamada lo hacen imbuidas en el espíritu inmortal del hereje y la bruja que se opusieron al avance del feudalismo primero y del capitalismo después, defendiendo una lucha tan grande como la Tierra y tan vieja como el tiempo mismo.612px-Lützelburger_Hohlbein_Kämpfende_Bauern

Notas.

6 – ver Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años de Jared Diamond. Un estudio del auge de Europa con enfoque más en la ecología que en el patriarcado, pero útil por otra parte para vislumbrar la carnicería del proceso colonizador.

7 – para  una brillante categorización de percepciones a través de las cuales la sexualidad femenina aun continúa bajo asedio, ver Friedman, Jaclyn & Jessica Valenti. Yes Means Yes! Visions of Female Sexual Power and A World Without Rape. Seal Press 2008. My review of this book can also be found here:http://endofcapitalism.com/2009/05/17/review-of-yes-means-yes-visions-of-female-sexual-power-and-a-world-without-rape/

8- Retransmisión Democracy Now! del 28 de octubre de 2009: “A Woman Among Warlords: Afghan Democracy Activist Malalai Joya Defies Threats to Challenge US Occupation, Local Warlords.” Online athttp://www.democracynow.org/2009/10/28/a_woman_among_warlords_afghan_democracy

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¿Quiénes fueron las brujas? – Terror patriarcal en la gestación del capitalismo. (Parte 1).

Original por Alex Knight en The End of Capitalism, Who Were the Witches? Patriarchal Terror and The Creation of Capitalism

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Esta temporada no hay libro que desee más recomendar que el brillante Calibán y la Bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria de Silvia Federici, donde nos cuenta el oscuro fenómeno de la caza de brujas que arrasó Europa durante más de 200 años. Federici, sacando a la luz este pedazo de historia oculta, nos muestra los orígenes del capitalismo en su brutal opresión a la masa trabajadora (representada por el shakesperiano Calibán) y también, sorprendentemente, en la despiadada subyugación de la mujer. También saca a la luz los gigantescos y coloridos movimientos campesinos de Europa que presentaron oposición ante las injusticias de su tiempo, conectando su derrota con la imposición de un nuevo orden patriarcal que provocó un cisma entre hombres y mujeres de clase trabajadora. Hoy día, cuando cada vez más y más gente pone en duda le eficacia de un sistema capitalista que ha arrojado al planeta en una gran crisis, Calibán y la Bruja se presenta como una lectura ineludible para comprender la traumática violencia y la desigualdad de la que el capitalismo se ha nutrido desde su creación.

¿Quiénes eran las brujas?

Es probable que aquellos padres y madres que les dan un sombrero puntiagudo a sus retoños la noche de Halloween nunca se hayan parado a reflexionar sobre ello, al margen de considerar a las brujas como otro icono de la cultura popular más al nivel del monstruo de Frankenstein o Drácula. Sin embargo, en lo más profundo de este ritual yace una historia oculta que puede explicarnos varias cosas de nuestro mundo, ya que su legado aun nos afecta 500 años después. En su libro, Federici nos lleva al pasado para mostrarnos cómo la misteriosa figura de la bruja es clave para la comprensión de la aparición del capitalismo, el sistema basado en la obtención de capital que hoy día domina el mundo.

Durante los siglos XV, XVI y XVII el miedo a las brujas dominaba la vida en Europa y en la América colonial hasta tal punto que cualquier mujer que se enfrentara a una acusación de práctica de brujería podía verse sometida a la más cruel de las torturas para obtener su confesión, o simplemente ser ejecutada en base meras sospechas, algo que era habitual al no existir en muchas ocasiones ningún tipo de prueba. La autora comenta que «durante más de dos siglos, en varios países europeos, cientos de miles de mujeres fueron juzgadas, torturadas, quemadas vivas o colgadas bajo la acusación de haber vendido su cuerpo y alma al diablo, de, mediante hechicería, haber causado la muerte a niños, bebido su sangre, elaborado pociones con sus despojos, provocado la muerte a vecinos, destruido cosechas o ganado, desatado tormentas y otras muchas abominaciones», p. 169.

En otras palabras, cualquier inconveniente que ocurriera en cualquier momento de la época era susceptible de ser producto de las brujas. Así que, ¿de dónde surgió esta avalancha de histeria que se llevó las vidas de tantas desgraciadas mujeres, muchas de las cuales es bastante probable que nunca volaran montadas en escobas ni cocinaran con ojos de tritón en grandes calderos?

Calibán subraya que la caza de brujas no fue una anécdota de manos de un grupo de campesinos ignorantes, sino una política planificada por el Estado y la Iglesia, los estamentos gobernantes de la sociedad. Para que lo comprendamos mejor en perspectiva: la brujería actual no sería causa en absoluto de alarma, pero el pánico a las células terroristas durmientes que podrían operar en cualquier momento porque odian nuestra cultura es el pan nuestro de cada día. Nada que nos sorprenda: políticos y medios de comunicación han estado metiéndonos con sacacorchos este mensaje en nuestras cabezas durante años, aunque el terrorismo cause menos muertos que, por ejemplo, la falta de acceso a sanidad. Y así como el pánico al terrorismo ha dado legitimidad a los poderes fácticos actuales para rediseñar Oriente Medio, el libro da cuenta de cómo los poderes fácticos de entonces inventaron y explotaron el miedo a las brujas para rediseñar la sociedad europea en un nuevo paradigma que satisficiera sus intereses.

Es interesante comparar cómo ambas cruzadas han hecho uso de la táctica que se conoce técnicamente como dominio rápido (Shock and Awe), con el objetivo de confundir a la población con una enorme exhibición de fuerza, suavizando así la oposición a la implantación de reformas drásticas e impopulares. Con la caza, esta terapia del shock se aplicó mediante la quema de brujas, espectáculos de tal violencia que paralizaban pueblos y regiones enteras para inducirlos a que aceptaran los elementos fundamentales de la reestructuración de la sociedad medieval. Federici describe una quema cualquiera como un «importante evento público al que todos los miembros de la comunidad debían asistir , incluyendo a los hijos e hijas de las condenadas, particularmente a sus hijas, a las cuales, en ocasiones, se les propinaba una sarta de latigazos frente a la hoguera en la que veían su madre arder viva», p. 186.

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La quema de brujas fue la versión moderna de la táctica de dominio rápido.

El libro argumenta que este tipo de cruentas ejecuciones no tenían como objetivo únicamente castigar a las brujas, sino mostrar gráficamente las consecuencias de cualquier tipo de desobediencia al clero o a la nobleza. Más en concreto, la quema de brujas pretendía aterrorizar a las mujeres para que aceptaran un «nuevo orden patriarcal en el cual su cuerpo, su fuerza de trabajo y su poder sexual y reproductivo quedara a disposición del estado y fuera transformado en capital económico», p. 170.

Federici hace hincapié en que hasta el siglo XVI, aun viviendo en una sociedad sexista, las mujeres conservaban una independencia económica sustancial al respecto del hombre que en el capitalismo ha desaparecido, donde los roles de género están más diferenciados. «Si tenemos en cuenta que en la sociedad medieval  las relaciones colectivas preponderaban frente a las relaciones familiares y que la mayoría de tareas de las mujeres siervas (lavado, hilado, recolección y cuidado de los animales) se llevaban a cabo en cooperación con otras mujeres podemos deducir que esto representaba una fuente de poder y protección para las mujeres. Era la base de una intensa sociabilidad femenina y de una solidaridad que otorgaba a las mujeres poder para resistir al hombre».

La caza de brujas dio comienzo a un periodo en el cual las mujeres fueron forzadas a convertirse en lo que ella ha denominado «siervas de la fuerza de trabajo masculina», p.115 y verse así excluidas de obtener un salario. Se las recluyó en el gratuito cuidado de menores, mayores y enfermos, en la alimentación de sus maridos o parejas y en el mantenimiento del hogar. En palabras de Federici, esta fue la reclusión doméstica femenina, la imposición de un estatus de segunda clase en el cual las mujeres se encontraban totalmente sometidas al salario del hombre, p.27.

La autora más adelante nos muestra cómo la sexualidad femenina, considerada entonces una fuente de poder femenino sobre el masculino, comenzó a caer bajo sospecha y se convirtió objetivo militar de las autoridades. El asedio dio comienzo mediante nuevas leyes que eliminaron el control de las mujeres sobre el proceso reproductivo, tal como los métodos anticonceptivos  y la sustitución de matronas por obstetras hombres, así como la prohibición del aborto y el infanticidio. Federici considera esto un intento para convertir el cuerpo de las mujeres en una «máquinas productoras de niños para el Estado», de tal manera que el único objetivo vital al que toda mujer debía aspirar fuera la reproducción, p. 144.

Aun con todo, comprendemos que esto solo es una parte de un gran plan elaborado por Iglesia y Estado para eliminar todas las formas «improductivas» de sexualidad. Por ejemplo, «la homosexualidad, el sexo entre personas jóvenes y mayores, el sexo entre personas de distinta clase, el coito anal, el sexo a cuatro patas, el nudismo y las danzas. También se suprimió la sexualidad pública y colectiva tan en boga durante el Medievo, como en los festivales de primavera de origen pagano que aún se celebraban por toda Europa en el siglo XVI.», p. 194. En este punto, la caza de brujas atrapó no solo a la sexualidad femenina sino a la homosexualidad y a la disconformidad de género, colaborando en la elaboración del cisma sexual patriarcal que nos define hoy como sociedad.

Capitalismo – Nacido de entre las llamas

Lo que destaca a Calibán de otros trabajos que han explorado el fenómeno brujería es que el libro coloca la caza de brujas dentro del contexto del desarrollo del capitalismo. Para Federici, no fue ningún accidente que «la caza de brujas ocurriera de manera simultánea a la colonización y el exterminio de poblaciones del Nuevo Mundo, el cercamiento en Inglaterra o el comienzo del comercio de esclavos», p.164. Para ella, este cúmulo de tragedias, aparentemente inconexas, fueron instigadas por la élite europea cuando el capitalismo aún se encontraba en gestación, a lo largo de los siglos XV al XVII. Muy contrariamente a la ortodoxia del dejar-hacer, que propugna que el buen funcionamiento del capitalismo se basa en la no intervención estatal, Federici propone que fue precisamente la violencia estatal a través de estas campañas la que sentó las bases del capitalismo económico.

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Una nueva era surgió de entre las llamas de la caza de brujas.

Por suerte para el lector o lectora, en caso de que no esté familiarizada con este periodo histórico, Federici da a conocer estos eventos mediante un lenguaje claro y accesible. Hace hincapié en las políticas de cercamiento porque su importancia se ha diluido  a lo largo del tiempo.

La mayoría no recordamos que durante el Medievo, antes del cercamiento, incluso lo más bajo de la servidumbre poseía su pedazo de tierra para uso personal. Federici añade que «con el uso de la tierra también llegó el uso de zonas comunitarias como prados, bosques, lagos, pastos salvajes, las cuales proveían al campesinado de recursos cruciales para su economía (leña como combustible, madera para construcción, estanques para pescar y zonas de pastoreo para animales que fortalecieron la cohesión comunitaria y la cooperación », p. 24. Este acceso a la tierra suponía un colchón para el campesinado a través del cual obtenían una seguridad que de otro modo debían obtener del designio de su señor. Podían cultivar su propio alimento y cazar en abundantes bosques que aún permanecían en pie por aquel entonces, lo que junto a su conexión con las zonas comunitarias les otorgó un territorio en el que organizar movimientos de resistencia y economías alternativas ajenas al control de sus amos.

El cercamiento fue un proceso mediante el cual la tierra era sustraída por el Estado, dividida en lotes y entregada a especuladores que buscaban obtener un beneficio a través del pastoreo de rebaños de ovejas o vacas o de la agricultura a gran escala. En lugar de usarse para subsistencia, como hasta entonces, el botín catastral se vendía en los frágiles mercados nacionales o internacionales. Una nueva clase de terratenientes capitalistas emergió, mientras, en su contraparte más oscura, el campesinado desahuciado era víctima del trauma de la desposesión. En palabras de Federici: «tan pronto se vieron privados del acceso a la tierra, toda esta clase trabajadora cayó presa de una dependencia desconocida  durante el Medievo, ya que su condición de campesinado desposeído permitió a sus empleadores reducirles los salarios y extender su jornada», p.72.

Para Federici, la consecuencia del cercamiento fue la creación de una clase trabajadora desposeída, sin propiedades ni tierra, un proletariado sin más opción que trabajar por un salario para sobrevivir, constituyéndose el trabajo asalariado como elemento troncal del capitalismo.

Excluidas de su hogar tradicional, muchas comunidades se disolvieron por toda la campiña en busca de nuevas fincas. Así, el Estado contraatacó con el llamado Código Sangriento, que convirtió en legal la captura de vagabundos errantes para forzarles a trabajar por un salario o ser ejecutados. El resultado, para Federici, es claro: «el empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora europea. Una prueba de ello es el cambio en su dieta. La carne desapareció de sus mesas, con la excepción de algún resto de manteca, así como la cerveza y el vino, la sal y el aceite de oliva.», p.77.  Y aunque esta clase empezó a trabajar durante más horas al servicio de sus nuevos amos capitalistas, el nivel de vida cayó en picado durante todo el siglo XVI y no fue hasta el siglo XIX cuando los ingresos alcanzaron de nuevo el nivel de antes del cercamiento.

Según Federici, la caza de brujas fue de vital importancia en este proceso de empobrecimiento al introducir un cuño sexista en el seno de la clase trabajadora que minó la solidaridad de clase, dificultando la resistencia de estas comunidades al verse desplazadas de sus tierras, p. 48. Mientras que las mujeres sufrían la amenaza de horribles torturas y muerte si no se adaptaban a los nuevos y sumisos roles de género, a los hombres se les sobornaba con la promesa de unas esposas dóciles y un nuevo acceso al cuerpo femenino. También se cita que «otro aspecto de la política de división sexual para difuminar la protesta de la clase trabajadora fue la institucionalización de la prostitución, implementada mediante la apertura de burdeles municipales por toda Europa», p.49. Junto a la prostitución, la legalización de la violencia sexual otorgó más aprobación a la explotación del cuerpo de las mujeres. Explica que «En Francia, las autoridades municipales en la práctica despenalizaron la violación, siempre y cuando las víctimas fueran mujeres de clase baja», p-47. Con esto dio comienzo lo que Federici gusta de llamar «movimiento proviolación de facto», colocando a las mujeres en una posición difícil si deseaban salir de casa.

Los juicios por brujería fueron el asalto final, mediante los cuales la integridad de las comunidades campesinas fue totalmente destruida gracias a la promoción en su seno de la sospecha y el miedo. En cada vez peores condiciones, se animaba a los vecinos a volverse los unos contra los otros para que cualquier insulto o molestia presentara base para una denuncia por brujería. Sondeando todo este perjuicio, Silvia Federici concluye que «la persecución de las brujas, en Europa y el Nuevo Mundo, tuvo la misma importancia que las colonizaciones y le expropiación del campesinado europeo en el desarrollo del capitalismo».

1 – Estudiantes de Harvard publicaron un estudio el 17 de septiembre de 2009 en el que defendían que aproximadamente 45.000 estadounidenses mueren anualmente por falta de acceso al sistema médico, una proporción bastante mayor que los asesinados el 11 de septiembre en los ataques terroristas al World Trade Center. Más información en este enlace: http://www.reuters.com/article/healthNews/idUSTRE58G6W520090917

2 – Dominio Rápido, Wikipedia. En línea. http://en.wikipedia.org/wiki/Shock_and_awe.

3 – La estrategia de la doctrina del shock ha sido analizada con detalle en diversos casos por Naomi Klein en su excelente La Doctrina del Shock: El auge del capitalismo deldesastre. Metropolitan Books 2007. Por ejemplo, cuenta que la devastación por parte de Estados Unidos de la infraestructura social de Irak, entre la que se encontraban hospitales, escuelas y sistemas de suministro de alimentos y agua dejó en tal estado de trauma a la población iraquí que carecieron de fuerza de movilización para prevenir la privatización de la riqueza petrolera del país.

4 – Más información de las consecuencias de la caza de bruja en la dominación masculina de la reproducción y la medicina en Brujas, Parteras y Enfermeras: Una historia de sanadoras de Bárbara Ehrenreich.

5 – El punto más alto en el que se encontraron los salarios ocurrió poco antes del siglo XVI (en torno a 1450) y su punto más bajo fue en sus postrimerías (en torno a 1650). Su caída durante el siglo XVI fue abruptísima. The Modern World-System. Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century. New York: Academic Press, 1974. pg. 80.

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La revolución feminista de Rojava es un rayo de esperanza en un océano de horrores

Original en Telesurtv.net, por Tony Iltis & Stuart Munckton.

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En la región de Rojava, en Siria, al margen de todas las dificultades, sus habitantes se están organizando en comunas y en comités de mujeres.

Siria nos podrá parecer un agujero de miseria sin fondo alguno, pero en el norte, la ancha región kurda de Rojava, es el escenario de una revolución popular y humana que coloca los derechos de minorías étnicas y mujeres en el epicentro de su ser.

Irónicamente, debido a todo el horror que la rodea, en la región de Rojava se están dando la mayoría de experimentos de democracia de base y participativa a nivel mundial si excluimos los proyectos revolucionarios latinoamericanos. Como en Venezuela, el ideal de comuna representa el corazón de su floreciente democracia.

La revolución de Rojava ha dado a conocerse al mundo especialmente mediante la heroica resistencia de las combatientes de las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades de Protección Femenina (YPJ) para levantar el asedio y derrotar a los asediadores del Estado Islámico en la ciudad de Kobane en enero de 2015. Otras muchas personas nos percatamos de su situación gracias a la profunda ideología revolucionaria que guía a las luchadoras de Rojava, una ideología que buscan poner en práctica pese a las dificultades.

Rojava es una “zona liberada” en el norte de Siria que forma parte de la nación kurda histórica y reclamada. Su mayor partido político es el Partido de la Unión Democrática (PYD), ideológicamente afín al izquierdista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), en Turquía.

En 2011 el PYD dio apoyo al levantamiento contra Assad aunque empezó a mostrar su preocupación por las intenciones de la oposición de sobremilitarizar el conflicto. Un conflicto detonado por la represión de protestas pacíficas de Assad pero alimentado por las agencias de inteligencia occidentales y sus aliados en la región.

Esto, unido al chovinismo étnico de una oposición árabe y suní,  que solo quiso definirse como árabe y suní, consiguió que el movimiento kurdo se mantuviera al margen de la levantisca oposición armada.

Hacia julio de 2012, la presencia militar del gobierno de Assad en la región desapareció por completo debido a presiones desde múltiples frentes en una guerra civil que se recrudecía. Empezaba a existir un tangible y creciente peligro porque Rojava se convirtiera en campo de batalla entre fuerzas opositoras hostiles al pueblo kurdo y a otras minorías, lo que originió como respuesta un levantamiento sin derramamiento de sangre que declaró a Rojava como zona liberada. Esta insurrección popular permitió que las ideas del PKK y el PYD pudieran llevarse a cabo como una democracia confederal sustentada en un sistema participativo con autonomía local.

El papel del PYD en la transformación revolucionaria de Rojava es más bien ideológico que institucional. Colaboró en la creación del Movimiento por una Sociedad Democrática (TEV-DEM), que da cierto orden y movilización a la población, pero actualmente es un organismo independiente del propio PYD.

El poder institucional recae sobre un orden denominado autonomía democrática. El blog Ecology or Catastrophe nos informa sobre lo que el pasado enero, una portavoz del TEV-DEM, Çinar Salih relató a una delegación académica: nuestro sistema se nutre de las comunas, constituidas por vecindarios de 300 personas. Cada comuna poseen una copresidencia y existen copresidencias a todos los niveles, desde la propia comuna a la administración cantonal.

En cada comuna hay cinco o seis comités distintos. Las comunas tienen dos vías de actuación. En primer lugar, resuelven problemas rápida y prontamente (como los problemas técnicos o sociales). Hay algunos trabajos que solo te requieren cinco minutos; sin embargo, si los delegas en el Estado, entran en una vorágine burocrática, por eso resolvemos los resolvemos rápido. La segunda vía es la política, contaba Salih.

Si hablamos de una democracia real, las decisiones no pueden tomarse de arriba abajo, han de tomarse desde abajo y luego ascender por grados. La copresidencia la forman un hombre y una mujer. La representación femenina está garantizada en todos los comités populares. Ningún género excede el 60% de representación. No solo eso, también existen en paralelo organizaciones exclusivamente de mujeres.

Hay comités de mujeres en paralelo a todos los niveles, comunal, de distrito, local y cantonal. Los comités de mujeres no tienen poder de decisión sobre asuntos de índole general, para ello ya están los comités populares. Estos comités deciden sobre asuntos específicos de mujeres y tienen derecho de veto sobre todo tipo de asuntos que involucren mujeres.kobane.jpg_1718483346.jpg

El énfasis en la liberación femenina aparece reflejado en la alta visibilidad de la que gozan las combatientes kurdas en los grupos armados revolucionarios de Rojava.

Salih hizo hincapié en que la revolución de Rojava es una revolución femenina porque hay mujeres involucradas en todos los ámbitos vitales. Creemos que una revolución que no abre camino a la liberación femenina no es revolución alguna. Ha habido revoluciones en Túnez, Egipto y Libia; sin embargo, el estatus femenino no ha sido revertido.

Por la situación bélica, la devastación y el aislamiento a los que se ve sometida la región de Rojava, su economía está orientada a la subsistencia. Sin embargo, se están aplicando medidas de corte socialista como el alojamiento, alimentación, sanidad, cuidados infantiles y educación universales, ninguno de los cuales eran provistos por el régimen sirio antes de la guerra.

La revolución de Rojava también es explícitamente multiétnica. En su prefacio, la constitución de los cantones autónomos de Rojava los describe como una confederación kurda, árabe, siria, aramea, turcomana, armenia y chechena.

Sigue: en la construcción de una sociedad libre de toda autoridad, militarismo, centralismo e intervención de cualquier institución religiosa en asuntos públicos, la Carta Magna reconoce la integridad territorial siria y es firme defensora del mantenimiento de la paz tanto a nivel local como internacional.

La tendencia actual en Rojava es el establecimiento de estructuras mutiétnicas, no únicamente kurdas. Todo, desde señales de tráfico, medios de comunicación o educación se plantea desde la lengua primera de cada comunidad.

Como en cuestiones de género, la participación étnica en las comunas y comités está definida por cuotas. También existen organismos paralelos para minorías étnicas.

Gracias a estas políticas, la revolución obtuvo el rápido apoyo de minorías no kurdas, y así se muestra con la participación de comunidades no kurdas en las estructuras y organizaciones revolucionarias, así como en las alianzas con organizaciones políticas y grupos armados no kurdos.

La revolución de Rojava se están enfrentando ahora mismo a múltiples amenazas desde varios frentes y tiene que navegar entre complejas fuerzas competidoras que buscan hacer efectivos sus propios intereses en la región, pero por todo lo ya conseguido pese a todas las dificultades, la revolución de Rojava merece nuestra solidaridad. El mundo necesita a Rojava.

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Revolución y nativos americanos: el marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como el capitalismo. PARTE 1

Original por Russel Means (oral) transcrito en Black Hawk Productions.

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El siguiente discurso fue pronunciado por Russell Means en Julio de 1980 ante miles de personas de todo el mundo que se había dado cita en la Convención Internacional por la preservación de Black Hills, en la localidad homónima del estado de Dakota del Sur, en Estados Unidos. Es el discurso más famoso de Means.

Miembro de la tribu Lakota Oglala, muy probablemente fue la voz más destacada de Movimiento Nativo Americano, que inició su actividad en 1973 con la Ocupación de Wounded Knee, reserva india. También se involucró en el cine con papeles como el de Chingachgook en El Último Mohicano. Murió el 22 de octubre de 2012 a los 72 años.

La única fase de  obertura que se me ocurre darle a un discurso como este es que detesto escribir. Este proceso personifica en sí mismo el concepto europeo de pensamiento «legítimo»; es decir, la palabra escrita disfruta de una legitimidad de la que carece la oralidad. Mi cultura, la lakota, es de tradición oral, por lo que normalmente no suelo escribir. Es una de las formas que tiene el mundo blanco de destruir las culturas ajenas a lo europeo: la imposición de lo abstracto sobre las relaciones orales de un pueblo.

Así que lo que leerán aquí no lo he escrito yo, es una transcripción de mis palabras hecha por otra persona. Permito que sea así porque parece ser que la única manera de comunicarse con el mundo blanco es a través de las hojas muertas y secas de un libro. No me importa si mis palabras consiguen llegar a los blancos o no, han demostrado a lo largo de toda su historia que están sordos y ciegos, solo pueden leer (por supuesto que hay excepciones, pero son excepciones que no hacen sino confirmar la regla). Me preocupa más el pueblo indioamericano, sus estudiantes y todos los demás, que han empezado a ser asimilados por el mundo blanco a través de sus universidades y otras instituciones. Sin embargo, esta preocupación mía no es global: puedes criarte como piel roja con mentalidad blanca, y que así sea si es consecuencia de una decisión personal, pero poco tengo que hacer ahí, es parte del proceso actual de genocidio cultural del europeo contra los pueblos indioamericanos. Mi preocupación está orientada a aquellas personas indígenas que han decidido enfrentarse a este genocidio pero no saben cuál es el siguiente paso que dar.

(Habrán notado que uso el término indio antes que nativo americano  o indígena o amerindio cuando hablo de mi pueblo. Son términos que tradicionalmente han sido polémicos, sin embargo, en un punto como en el que estamos, creo que debatir sobre ellos es absurdo. Se ha puesto en solfa el término indio americano  por tener origen europeo, cierto, por otra parte, pero todos los términos que he mencionado anteriormente tienen ese mismo origen; el único autóctono sería Lakota, y más concretamente Oglaga, Brule, etc. O Dineh, Miccousukee y otros cientos de nombres de tribus más apropiados.

También existe cierta confusión sobre el origen de la palabra indio. Tradicionalmente se ha considerado que Colón, cuando apareció en el Caribe, dio ese nombre a los habitantes del continente al considerar que había llegado al que buscaba, India, cosa que no es cierta, ya que en Europa se denominaba a esa región «Indostán» ya en 1492. No tienen más que echar una ojeada a mapas de aquella época. Colón llamo indios a los habitantes indígenas por el italiano in dio, “en Dios”.)

Todo persona del pueblo indioamericano tiene que luchar arduamente durante su vida para no acabar europeizado, y la energía para sostener esta lucha solo puede obtenerse de la manera tradicional, con los valores tradicionales que aún conservan nuestros ancianos. Debe provenir del aro sagrado, de los cuatro vientos, de las relaciones, no de las páginas de uno o mil libros. Un europeo nunca podrá enseñar a un lakota a vivir como un lakota o a un hopi como a un hopi. El máster en «Estudios Indígenas» o en «educación» o cualquier otro de ese campo no puede construir a una persona como ser humano y proveer de conocimiento como en las formas tradicionales, solo puede colonizar tu mente a la europea y convertirte en un extranjero.

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Dejemos las cosas claras, porque parece que aún a estas alturas hay dudas al respecto: cuando hablo de europeos o personas de mente europea no estoy abogando por una falsa dicotomía. No pretendo decir, por una parte, que existen unos elementos consecuentes con miles de años de desarrollo intelectual europeo basado en el genocidio y la reacción, algo nocivo; y que por otra parte hay otro desarrollo intelectual, novedoso, y de connotaciones positivas. No, estoy hablando de las teorías marxistas y anarquistas y al izquierdismo en general. No creo que esas teorías puedan desglosarse del resto la tradición intelectual europea. En absoluto, son la misma historia de siempre.

El proceso comenzó hace mucho. Newton, por ejemplo, revolucionó la física y las llamadas ciencias naturales reduciendo el universo físico a una ecuación matemática lineal; Descartes hizo lo mismo con la cultural y Locke con la política. Por su parte, Adam Smith hizo lo propio con la economía. Cada uno de estos pensadores cogió  parte de la espiritualidad de la existencia humana y la convirtieron en un código, en algo abstracto. Retomaron el proceso donde lo había dejado el Cristianismo: secularizaron la religión cristiana, como a los académicos les gusta decir, y al hacer tal cosa pusieron a punto a Europa y a su cultura para lanzarse al expansionismo. Cada pequeña revolución intelectual sirvió para llegar a la abstracción la mentalidad europea a límites insospechados, para eliminar la maravillosa complejidad y espiritualidad del universo y reducirla a una secuencia lógica: un, dos tres, ¡conteste!

Esto es lo que se califica de eficiente en términos europeos. Lo que es mecánico es perfecto, lo que funciona en el momento; es decir, lo que prueba que el modelo mecánico es el correcto, es considerado apropiado, incluso cuando es abiertamente falaz. Por eso la verdad  cambia tan rápido en la mentalidad europea; las respuestas que surgen de tal proceso son meros apaños temporales que deben desecharse continuadamente en favor de otros apaños que den apoyo a modelos mecánicos y los mantengan con vida.

Hegel y Marx heredaron el pensamiento de Newton, Descartes, Locke y Smith. Hegel puso fin al proceso secularizador de la teología y, en sus propios términos, secularizó el pensamiento religioso a través del cual Europa tuvo conocimiento del universo. Más tarde, Marx explicó la filosofía hegeliana en términos de materialismo; o lo que es lo mismo, Marx desespiritualizó el trabajo de Hegel en su conjunto, también en términos del propio Marx. El potencial revolucionario de Europa se basa en esto, y los europeos podrán verlo como algo revolucionario, pero para el pueblo indioamericano no es más que el mismo conflicto europeo de siempre entre el ser y el obtener. Las raíces intelectuales de un nuevo imperialismo europeo con formas marxistas subyacen en los vínculos de Marx y sus seguidores con la tradición newtoniana y hegeliana, entre otras.

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Ser implica una propuesta espiritual. Obtener es un acto material. Tradicionalmente, el pueblo indioamericano hemos hecho por ser las mejores personas posibles. Parte de nuestro proceso espiritual era y es desprendernos de cualquier riqueza, de desechar cualquier tipo de riqueza para evitar la obtención. La ganancia material es un indicador de falso estatus entre las personas que vivimos a la manera tradicional, mientras que es una prueba de la efectividad del sistema en términos europeos. Podemos discernir claramente dos posturas opuestas aquí, y el marxismo se encuentra en el extremo contrario a la indioamericana. Analicemos mayores implicaciones de esto que van más allá de un mero debate intelectual.

La tradición materialista europea de desespiritualización del universo guarda similitud con el proceso mental que nos lleva a deshumanizar a otras personas. ¿Quiénes son los expertos en deshumanizar al prójimo y por qué? Soldados que han vivido múltiples situaciones de combate son instruidos en esto antes de retornar a la batalla. Asesinos, antes de llevar a cabo sus acciones, deshumanizan a sus víctimas. Los guardias de las SS en los campos de concentración lo llevaban a cabo con los reclusos Lo hace la policía y los directivos de las multinacionales que envían a sus trabajadores a minas de uranio o acerías precarias y los políticos lo hacen con todo el mundo. Lo común de este proceso deshumanizador que llevan a cabo todos estos grupos es que hace que matar o destruir a otras personas sea correcto. Uno de los mandamientos cristianos dice «no matarás»; a humanos, al menos, así que el truco está en convertir a las víctimas en no humanas. Solo así se consigue proclamar la violación de un mandamiento como el parangón de la virtud.

En relación la desespiritualización del universo, el proceso mental consecuente actúa de tal manera que destruir el planeta es algo también virtuoso. Términos como progreso y desarrollo se usan como tapadera, a la manera de cómo otras palabras como victoria y libertad justifican carnicerías en el proceso de deshumanización. Por ejemplo, un especulador del suelo puede hablar de desarrollo de una parcela mediante la apertura de una cantera, donde aquí el desarrollo significa destrucción total y permanente con desplazamiento de terreno incluido. Sin embargo, la lógica europea obtiene unas cuantas toneladas de gravilla con la que desarrollar mucho más terreno mediante la construcción de carreteras. En última instancia todo el universo está disponible, en retórica europea, para desarrollarse en esta absurdez.

Lo más importante de esto es que es probable que los europeos carezcan de sensación de pérdida; después de todo, sus filósofos han desespiritualizado la realidad, por lo que no existe satisfacción en lo que se obtiene con la simple observación de las maravillas de la existencia de una montaña, lago o pueblo. No, la satisfacción se mide en términos de obtención de elementos materiales, de tal manera que la montaña es gravilla, el lago es refrigerante industrial y el pueblo es cercado para su procesamiento en las factorías de adoctrinamiento que en Europa gustan de llamar escuelas.

Cada porción de progreso ve y sube la apuesta en el mundo real, y si no, tomen como ejemplo el uso de combustible en la industria. Hace menos de dos siglos, casi todo el mundo usaba leña, elemento reemplazable y natural, como combustible para las necesidades humanas de cocinar y calentarse. Más tarde llegó la Revolución Industrial y el carbón pasó a ser el combustible por excelencia cuando la producción ocupó el lugar primordial en la sociedad europea. La polución se convirtió en un problema para las grandes ciudades y la tierra comenzó a desgarrarse para suministrar carbón a lugares en los que siempre se había cortado leña sin mayor coste para el entorno. Más tarde fue el turno del petróleo cuando la tecnología productiva obtuvo cierto grado de perfeccionamiento tras un número de revoluciones científicas. La polución alcanzó niveles dramáticos y nadie conoce cuál será el coste ambiental a largo plazo de la extracción de ese petróleo. Ahora vivimos una crisis energética y el uranio parecer estar llamado a ocupar el lugar de combustible principal.

Podemos tener por seguro que los capitalistas desarrollarán el uso de uranio como combustible principal únicamente hasta el punto en que les genere beneficios. Esta es su ética, y es probable que pueda comprarles algo de tiempo. Por otro lado, los marxistas solo lo desarrollarán lo más rápido posible porque es el combustible del que disponen cuya producción es la más eficiente. Esta es su otra ética, y dudo sobre cuál es mejor. Como les he dicho, el marxismo está incrustado en lo más hondo de la tradición europea. Es la misma historia.

Existe una regla general que me viene muy a mano: no se puede juzgar la naturaleza de una doctrina revolucionaria europea en base a los cambios que propone para la propia sociedad europea y sus estructuras de poder, solo se podrá juzgar en base a cómo afectará a los pueblos no europeos. Toda revolución de la historia en Europa ha tenido como consecuencia un blindaje de las clásicas tendencias y capacidades europeas de exportar destrucción a otros pueblos y culturas y al propio entorno ecológico. Les desafío a cualquiera de ustedes a señalarme un ejemplo que contradiga esto último.

Así que ahora, a nuestro pueblo, al pueblo indioamericano, se nos dice que creamos en una nueva doctrina revolucionaria europea, el marxismo, que corregirá las consecuencias negativas de la historia europea en nuestro pueblo. Las relaciones de poder europeas serán modificadas de nuevo y parece ser que por fin las cosas mejorarán para nuestras comunidades. Sin embargo, ¿qué hay de tras de todo esto en realidad?

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Ahora mismo, hoy en día, aquellas personas que vivimos en la reserva Pine Ridge, vivimos en lo que la sociedad blanca ha denominado Zona de extracción. Es decir, vivimos junto a enormes vetas de uranio y la cultura blanca (no la nuestra) necesita el uranio para producir energía. La manera más barata y eficiente de extraer y gestionar este uranio para la industria es arrojar los deshechos generados durante la extracción en los mismos lugares de excavación. Aquí mismo, donde vivimos. Estos deshechos  son radioactivos y harán inhabitable la región para siempre. La industria y la sociedad blanca que la originó consideran que este es un precio aceptable por el desarrollo de recursos energéticos. Junto a esto, también planean drenar la capa freática de esta región de Dakota del Sur como parte del proceso industrial, lo que doblará la inhabitabilidad de la región. Algo parecido a lo que ya ocurre en las tierras Navajo y Hopi, en Cheyenne del Norte y Cuervo, y en muchas otras partes. El treinta por ciento del carbón del Oeste y la mitad de las vetas de uranio de los Estados Unidos han sido localizados bajo reservas, algo que nos afecta con la mayor importancia.

Nuestra resistencia está ahora en evitar ser denominados Zona de Extracción y que nos convirtamos en población de una Zona de Extracción. Los costes del proceso industrial no son aceptables para nuestro pueblo. Para nuestro pueblo, extraer uranio y drenar la capa freática es genocidio, ni más, ni menos.

Bien, entonces supongan que en nuestra resistencia a la exterminación buscamos aliados (que tenemos), supongan que adoptamos los preceptos del marxismo revolucionario: nada menos que el derrocamiento del orden capitalista europeo que amenaza nuestra propia existencia. Una alianza aparentemente natural para el pueblo indioamericano. Al fin y al cabo, como dicen los marxistas, son los capitalistas los que nos calificaron de zona de extracción. Hasta aquí, ninguna pega.

Sin embargo, como ya les he contado, la verdad es engañosa. El marxismo revolucionario está estrechamente vinculado a la perpetuación y perfeccionamiento del proceso industrial que busca nuestra destrucción, la única diferencia estriba en su propuesta de redistribución de los resultados (el dinero, probablemente) de esta industrialización entre un sector más amplio de la población. Su propuesta es arrebatarles la riqueza a los capitalistas y repartirla, pero para alcanzar esto, el marxismo debe preservar el sistema industrial. Una vez más las relaciones de poder de la sociedad europea deben modificarse, sin embargo, sus consecuencias sobre el pueblo indioamericano aquí y no europeo en general no se verán alteradas. Algo similar a lo que ocurrió durante las llamadas revoluciones burguesas, la redistribución de riqueza desde la propiedad eclesiástica hacia manos privadas. La sociedad europea cambió ligeramente, superficialmente al menos, pero su actitud ante las sociedades no europeas no cambió un ápice. ¿O qué efectos creen que tuvo la Revolución Americana de 1776 sobre la población india? La misma historia.

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El marxismo revolucionario, como la sociedad industrial en otras facetas, busca racionalizar a las personas en su relación con la industria (máxima industria, máxima producción). Es una doctrina que entra en conflicto con la tradición espiritual indioamericana, nuestra cultura y modo de vida. El propio Marx nos denominó precapitalistas y primitivos. Precapitalista significa, según él, que en algún momento descubriremos el capitalismo y nos volveremos capitalistas, porque en términos marxistas siempre hemos estado económicamente retrasados. La única manera por la cual los pueblos indioamericanos podríamos vernos envueltos en una revolución marxista sería, por este orden: adoptar un sistema industrial y convertirnos en trabajadores industriales o proletarios, en términos marxistas. El hombre dejó bastante claro que la revolución solo podría llevarse a cabo mediante la lucha proletaria y que la existencia de una sociedad mayoritariamente industrial es condición sine qua non para que pueda surgir la sociedad marxista.

Creo que existe un problema lingüístico aquí. Cristianos, capitalistas y marxistas, todos ellos se han considerado revolucionarios en sus pensamientos, pero ninguno de ellos lo han sido realmente. Continuistas, eso es lo que han sido; hacen lo que la situación precisa para que la cultura europea siga existiendo y desarrollándose acorde a sus necesidades.

En definitiva, para que podamos unir nuestras fuerzas al marxismo, los pueblos indioamericanos debemos aceptar que nuestro hogar sea zona de extracción, cometer suicidio cultural, industrializarnos y  europeizarnos.

Continuará…

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Ser mujer en las redes sociales

Original por Lore Danvers.

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Muchos me llamaran exagerada. Otros tantos creerán que me gusta hacerme la víctima. Pero a mí me gustaría explicar cómo he vivido mi experiencia en las redes sociales, y en especial en Twitter. Tuve que borrarme mi perfil porque no aguantaba más tantos insultos y ver mis fotos resubidas en otros perfiles riéndose de mí. Y a día de hoy, después de más de un mes de haber dejado Twitter, todavía hay gente suplantándome con mi nombre de usuario. Mi usuario era @yungflaca666 y gané mucha presencia en las redes tras llevar a cabo la iniciativa No Son Depravados (@Nosondepravados) que denuncia el acoso sistemático y situaciones de abuso a la mujer desde la infancia y durante la juventud. Si quieres leer más acerca de esto: http://verne.elpais.com/verne/2015/08/10/articulo/1439202831_684354.html

NSD es un proyecto de visibilización de acoso y abuso sexual sufrido desde la infancia, mayoritariamente por mujeres y personas leídas mujer. Nace de una necesidad – recalco la palabra necesidad – de las víctimas de contar sus experiencias. Yo, como todas las mujeres, antes de que se iniciara esta campaña había experimentado en mi infancia y juventud sucesos como el típico exhibicionista que te enseña su miembro en el parque hasta el toqueteo furtivo del señor mayor que se sienta al lado en el transporte público. Pero hasta que comenzó no sabía cuán grave era el tema. Todo empezó una noche en la que una compañera comenzó un debate sobre cómo el patriarcado influenciaba nuestros gustos: la ropa aniñada o de lolita, el rosa… etc. En definitiva afirmaba que se nos inculcaban ciertos gustos a la hora de vestir ya que a los hombres por regla general les resulta más atractiva una mujer de aspecto aniñado, dócil, débil, sumisa y manipulable. Leer esto me dio mucho que pensar y comencé a escribir tuits sobre la sexualización de la mujer desde la tierna infancia. A partir de ahí mis seguidoras comenzaron a comentarme tanto pública como anónimamente experiencias “leves” como las que he comentado anteriormente o graves y aterradoras como relatos de abuso sexual y violación. Me di cuenta de que era un problema y de que el sistema nos había enseñado a callarnos, a sonreír y guardárnoslo… a echarnos las culpas y a llevarlas como estigma durante toda nuestra vida. Se vio mal que las víctimas se apropiaran de este estigma y hablaran: aunque en principio solo era una red de denuncia y de apoyo moral entre afectadas, hubo mucha gente que se lo tomó una vez más como un ataque desde el feminismo hacia los hombres y comenzaron las burlas, el acoso y el escarnio.

A priori Internet puede parecer algo a lo que no hay que dar mayor importancia, una amalgama de desconocidos que opinan, argumentan, comparten… pero también faltan al respeto e insultan y se refugian en la posibilidad de anonimato que la red les otorga. En el momento que entras a formar parte de esta masa, eres susceptible de que se te insulte, se te desprecie o se te ridiculice: y lo peligroso es que esto se asume como lo normal.

Es que claro… ¡si subes esas fotos/dices esas cosas… te EXPONES a críticas

En primer lugar, llamar puta a alguien (a pesar de que el estigma sobre las trabajadoras sexuales no debería ser tal) o meterse con su físico NO son críticas y mucho menos constructivas. Se justifica el insulto fácil, se justifica el acoso y se culpa a la persona acosada. Es un discurso que está muy en boga en Twitter y este tipo de comentarios van dirigidos a mujeres y sobre todo a aquéllas que manifiestan una ideología feminista. No lo he visto solo hacia mí, sino también hacia muchas compañeras.

A mí me han dicho barbaridades dignas de mención: anoréxica de mierda, puta, feminazi, subnormal, retrasada, perra. Me han intentado hacer daño con comentarios como: “normal que seas una feminazi, si produces menos estrógenos que una niña de 10 años”, “gente como ella después se queja de que las violen” y su posterior deseo de que sufra una agresión sexual. También me han amenazado con alguna que otra paliza o algún que otro golpe en la cabeza. En mis últimas semanas en Twitter, todos los días había personas que subían fotos mías – que o bien no estaban ya en mi perfil (pues me había tocado borrar mis fotos y mi perfil de Instagram ya que había tenido este problema con anterioridad) o bien excavaban en mis fotos para resubirlas y ridiculizarme por mi físico o manera de vestir.

Durante mi labor en NSD, había días que no podía más. Desmoralizaba encontrarte día sí y día también con trolls que venían a desprestigiar algo en lo que habías invertido tiempo y ganas. Por un lado, lamento haber dejado aparte (por haber cerrado mi perfil en Twitter) un proyecto de visibilización con tanta difusión como había alcanzado porque unos pocos hayan podido conmigo. Pero por otro, no me arrepiento de haber ganado en tranquilidad y estabilidad mental al no haber dejado que el acoso en la red me afecte más a mi vida diaria y haber cerrado mi Twitter es quizás el mayor ejercicio de auto aceptación y auto amor que he podido llevar a cabo.

Nos queda mucho camino por andar y aunque no es una batalla muy importante dentro de nuestra lucha, el acoso a compañeras en red nos mina y nos perjudica a TODAS. Si bien Internet es algo que “no hay que tomarse tan a pecho”, las redes sociales son un reflejo muy importante de la sociedad y de nuestra cultura y nuestra manera de pensar. Muchas veces las bromas dejan translucir verdades que el individuo no se atreve a expresar de otra manera, y con el anonimato ocurre lo mismo.

A veces me pregunto por qué puedo llegar a suscitar tal amalgama de sentimientos negativos: odio, rechazo, etc. Y me gustaría saber qué problema tienen conmigo las personas que no me han dejado en paz, por aquéllas por las que he perdido la libertad de subir las fotos que quiera y de expresarme en general. Pero sé que no voy a obtener más respuesta que un insulto o una amenaza. Ser una mujer y no callarse, ser una mujer y hacerse oír, hacer ruido, MOLESTA, aun en pleno siglo XXI. Pudiendo utilizar las redes sociales como plataforma para cambiar las cosas y remover conciencias acerca de las desigualdades, parece que lo que realmente se hace -y se premia- es acosar e insultar, disfrazándolo de broma y de ‘troleo’. Pero como reflexión final, incendiaria como aquella que la realiza, si hay gente a la que le molesta la denuncia de actitudes y violencia machista (no olvidemos que violencia machista también es el acoso continuado a feministas en uno de los ámbitos en los que pueden tener más difusión: LA RED) es porque se ven amenazados porque no quieren que esto cambie y porque se ven reflejados en ellas.

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Del fenómeno esparramacho a la machicharla. 6 maneras de dominación masculina del entorno.

Original en Everyday Feminism por Jamie Utt, From Manspreading to Mansplaining — 6 Ways Men Dominate the Spaces Around Them

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Había quedado con un amigo en una cafetería hacía unas semanas. Hacía calor fuera y me extendí un poco hasta que, sin darme cuenta, tenía mis piernas esparramadas por el pasillo. Una mujer que justo entraba tuvo que esquivarás par pasar.

Mi amigo se rió: “Tío, ¿ahora eres un esparramacho?

“¿Yo? No creo, ¿no? ¿Sí? Bueno, igual.

Sí, lo estaba siendo. Sin duda.

Me puse de primeras a la defensiva porque di por hecho que, básicamente, yo no era como “esos tipos”, “esos” sacos de mierda que se creen con derecho a usar más espacio del que necesitan o merecen.

Pero ahí está el fondo del fenómeno esparramacho: no es cosa de que los tipos decidan de manera activa comportarse como una mierda o que intenten deliberadamente ser sexistas y capacitistas (ya que las consecuencias de nuestro esparramamiento no solo dispone a nuestro favor espacio bajo la excusa de alguna necesidad ficticia, sino que, en muchas ocasiones, también elimina un espacio del que podrían disponer personas con diversidad funcional).

Es cosa de nuestra socialización, de cómo nos han enseñado, implícita y explícitamente, a obviar todo tipo de reflexión sobre el derecho que creemos que tener sobre el espacio público.

De esta manera, cuando un montón de mujeres nos hacen notar, muchas veces de forma cómica, que nos estamos esparramando por todas partes, muy rápidamente escuchamos el cuñadismo “es que las mujeres también lo hacen” y “no mezcles el ser un incívico con el machismo”.

Pero el problema de todo es la misma masculinidad tóxica y, por extensión, el machismo,  algo más que el uso sexista del lenguaje o las agresiones físicas por parte de hombres.

Es nuestra socialización en una determinada masculinidad la que define nuestro uso del espacio desde que somos muy jóvenes. Algo que queda más en evidencia cuando se incluyen en la ecuación otro tipo de relaciones de poder (o de opresión).

El privilegio masculino unido al de clase, al blanco y cualquier otro, crece hasta proporciones bíblicas (a lo Donald Trump y “como soy rico, puedo hacer lo que me plazca”).

Por otra parte, cuando el supremacismo blanco y los sistemas que lo sustentan humillan y tratan con brutalidad a hombres no blancos reduciéndoles en su expresión mediática a caricaturas hipermasculinizadas, es esa masculinidad el último reducto de poder al que pueden optar esos hombres negros, pueden dar lugar a expresiones hipermasculinas o gestiones tóxicas del espacio.

Nosotros, como hombres, hemos sido bombardeados durante toda nuestra vida con la idea de que todo espacio ha de ser nuestro y la mayoría de veces así actuamos, en muchas de ellas de manera subconsciente, con una determinada expresión corporal u otras formas explícitas de ocupación como la dominación del espacio conversacional, las constantes interrupciones y el acoso callejero.

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Una ilustración que muestra a la perfección este privilegio masculino es en la que aparece el personaje de KoolAid atravesando una pared al grito de “not all men”.

Por todo este tipo de cosas considero que el fenómeno esparramacho es un problema de raíz, ya no por ser una muestra más que explícita de misoginia, sino por ser una representación clarísima y de las más públicas de algo mucho más preocupante: el privilegio masculino.

Tras una vida enterrados bajo mensajes que alicatan nuestra identidad en base a supuesto derecho al espacio y a otros cuerpos, tiene mucho sentido que de adultos hagamos uso de más espacio del que necesitamos en un autobús atestado, pero debemos entender que esto es indicativo de un problema mucho más grande.

El caso es que, si lo tomamos de manera aislada, el fenómeno esparramacho no es inherentemente sexista, pero cuando lo ubicamos dentro de un contexto de poder y opresión u otro tipo de dinámicas gracias a las cuales consciente o subconscientemente apuntalamos ese derecho al espacio público, entonces estamos hablando de algo sexista en su totalidad.

Teniendo en consideración todo lo anterior, os presento a continuación seis espacios en los que este presunto derecho aflora de manera nítida no exclusivamente mediante el ya mencionado fenómeno esparramacho y gracias a los cuales espero que muchos hombres se lancen a reflexionar sobre otras formas  mejores de vivir en comunidad.

  1. Dominación masculina del espacio público.

No estoy muy metido en esto de los gimnasios Crossfit, un tipo de establecimientos deportivos que se caracterizan por ser “un programa diseñado para ser fácilmente adaptable [que] lo convierte en el sistema de entrenamiento perfecto para cualquier persona con motivación, independientemente de su edad, sexo, capacidades o experiencia previa. Una de las grandes maravillas del CrossFit es que durante su práctica, un mismo entrenamiento puede ser realizado simultáneamente por un anciano con problemas cardiovasculares o de movilidad reducida y un bombero en un estado de forma óptima”, pero de lo que más he oído a mujeres respecto a ellos es sobre su inclusividad y la menor recurrencia de dinámica de machitos que en uno normal. No veáis con la cantidad de mujeres y gente generodivergente y politizada con la que he hablado que se queja del acoso, de los intentos no consensuados de ligoteo y del poco espacio que les queda en favor de tipos gruñendo, gritando y arrojando con poco cuidado cantidades enormes de peso.

Como el fenómeno esparramacho también podrían haber sido un grupito aislado de tipos actuando de manera desagradable si no fuera por la manera en la que los tipos de hacemos uso del espacio público.

En mi propia experiencia, lo he notado cuando mis amigos y yo nos metemos en una pista de baile de alguna discoteca, algo que nos encanta. Cuando está hasta arriba, ya no mola tanto, queremos una donde podamos movernos de verdad. Sin embargo, cuando nuestra libertad dificulta el bienestar y divertimento de las demás personas de la pista (por lo que ya nos han echado la bronca en ocasiones) debemos reaccionar menos acusando a esas personas de “cortarrollos” y más bien reflexionando sobre cómo podemos partirlo sin joder a toda esa gente.

Desde la hipercompetitividad arrolladora de hombres sobre mujeres en deportes mixtos a tipos abarcando mesas enteras en bibliotecas o coffee shops hasta las cejas de gente, por favor, reflexionemos críticamente sobre el espacio que ocupamos y convenzamos a otros de hacer lo mismo.

  1. Dominación masculina del espacio intelectual

Tanto en términos de machicharla hacia aquellas personas ajenas a nuestro género sobre algo que por sí solas pueden entender o contribuyendo activamente a la opresión interseccional dentro de la Academia, los hombres somos la caña ocupando el espacio intelectual.

Muestro dominación del espacio intelectual cuando rebato a otra gente en debates por internet o en charlas de taberna. Pero cuando de verdad estoy complicándole la vida al prójimo es cuando le hablo a mujeres de cosas de mujeres.

Como con el fenómeno esparramacho, admitiendo esto no me hace una persona nefasta, pero si me jacto de ser solidario, más me vale ponerme a currar.

  1. Dominación masculina del espacio profesional

No hace falta un máster para ver claramente que el mundo de los negocios rebosa dominación masculina. Y si no, echémosle un vistazo a cualquier trabajo efectuado por una mujer en este ámbito. Y aun así, igual que con el fenómeno esparramacho, no deja de haber tipos negando la posibilidad de que lo problemático de esto es este prototipo de masculinidad en particular y el sexismo en general.

El llamamiento a las mujeres para que se “incorporen” nos exime de todo esfuerzo y nos libra de escuchar, reflexionar en vez de actuar de manera dominadora en el ámbito profesional.

Nos exime de desmantelar la exclusividad sexual de determinados campos (desde las cocinas a las salas de juntas) y de asumir el liderazgo de mujeres que lo demuestran en nuestros puestos de trabajo.

Si tanto nos jactamos de que lo que hacemos es para favorecer el liderazgo de las mujeres, hagamos de nuestros lugares de trabajo menos tendientes a la dominación masculina.

  1. Dominación masculina del espacio social

Y yo el primero, aquí. Anda que no lo he sido veces, el que estalla a voces montando una escenita para hacerme el gracioso en fiestas. Y también he sido el que se quitaba los pantalones o el que hacía el gilipollas, en definitiva.

Podemos evitar que este derecho a ocupar el espacio, un derecho que nos da réditos por parte de gente de todo tipo de géneros, sea sistemáticamente el alma de la fiesta.

Las voces masculinas tienden a sonar más alto, pero eso no quita que no podamos regular su volumen para no ocupar todo un espacio con la densidad vocal de un barítono. Tampoco hace falta que interrumpamos para soltar esa “joyita” de chiste o para que nadie se pierda el superimportante punto que queremos incluir.

Tomémonos un momento para reflexionar en cómo ocupamos (física y figurativamente) el espacio en fiestas o cenas y veamos cómo podemos dar un pasito atrás. Hagamos notar a otros tipos que en vez de escuchar están interrumpiendo o superponiéndose. Tampoco hace falta hacerse el héroe, basta con decir “¿qué era lo que estabas diciendo de ____” a la persona interrumpida y haciendo el esfuercito de escuchar.

  1. Dominación masculina del espacio político

¿Hay alguien a estas alturas que no se haya pispado del efecto de este derecho sobre las mujeres a través de la regulación de su acceso al sistema sanitario?

Pero la cosa no acaba ahí, incluso entre los más “progres”, ¿en qué aplicamos nuestro poder y energías? ¿acaso en elegirnos a nosotros mismos o a otros tipos? ¿en excluir a las mujeres procesos políticos formales e informales gracias al tradicional control masculino de la esfera política?

Gracias a mujeres y a personas genderqueer y generodivergentes con determinación hemos conseguido poder elegir de entre ellas a personas que se alineen con nuestra ideología; sin embargo, esto ha sido a expensas de los procesos políticos creado por nosotros, los cuales han carecido sistemáticamente de la más mínima inclusividad.

No vale con decir que “tiene que haber más mujeres” si no nos vamos a poner a cambiar una cultura política que valora únicamente las formas tradicionales de liderazgo masculino y centra la elegibilidad en expresiones y modos de vida masculinos.

  1. Dominación masculina del espacio íntimo

Vayamos a lo gordo: no existe separación entre los tipos de legitimación sobre el espacio de las que ya hemos hablado y cómo, como hombres, nos creemos con derecho sobre cuerpos ajenos, sobre todo los de las mujeres.

Hay una relación directa entre el sentimiento de disfrute de este derecho y las altísimas cifras de violencia sexual en todas partes.

No tiene sentido separra el fenómeno esparramacho de otra forma de privilegio masculino, ya sea violencia sexual, violencia doméstica o de los derechos masculinos sobre sexualidades ajenas. Todos nacen de la misma raíz tóxica: la socialización masculina por la cual nos vemos con derecho a coger lo que queremos.

EL FENÓMENO ESPARRAMACHO, COMO TODA FORMA DE PRIVILEGIO MASCULINO, SE NUTRE DEL SILENCIO DE LOS HOMBRES.

Y por eso, muchos de nosotros pedimos centrarnos en “problemas más importantes” antes que sobre esos tipos  que abusan del espacio en el transporte público. Es nuestro deber como tipos denunciar el fenómeno esparramacho no una horrendísima forma de sexismo, sino como otro síntoma más de esa enfermedad llamada masculinidad tóxica.

Desde el fenómeno esparramacho a la violencia sexual y doméstica, todo el daño causado por el privilegio masculino y su solución es responsabilidad nuestra, y solo lo haremos cuando decidamos denunciar, reprobar conductas y, lo más importante, reformularnos a  nosotros mismos. Solo así podrá haber un atisbo de cambio.

Sí, las mujeres pueden pedirnos que cerremos las patitas, pero el sistema no cambiará hasta que nosotros no lo hagamos. Lo mismo con las violaciones, habrá mujeres podrán poner el grito en el cielo, pero la cosa no cambiará hasta que no nos revisemos a nosotros mismos, nuestras actitudes en relación a los derechos sexuales que creemos ostentar y al mismo sistema que apoya y protege a los violadores.

En definitiva, el privilegio masculino poco tiene que ver con comportamientos individuales, sino con una violencia de género de carácter sistémico que aflora a diario a través del privilegio masculino y por nuestra complicidad con este mismo sistema.

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Fundamentos de la anarquía relacional

Original en el blog The Thinking Asexual, Relationship Anarchy Basis.

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¿Qué es la anarquía relacional?

La anarquía relacional es un estilo de vida, es una manera de gestionar nuestras relaciones personales, es una filosofía para el amor, específicamente. Un anarquista relacional cree que el amor es una materia abundante e infinita, que todas las formas que puede adoptar ese amor no están sujetas a jerarquías, que las relaciones pueden y deben desarrollarse de manera espontánea sin estar sometidas a reglas ni expectativas impuestas por nada ajeno a la propia relación, que ambas integrantes de una pareja en cualquier tipo de relación deberían ser libres para decidir hacer lo que de manera espontánea desean tanto para su propia relación como para su relación con el resto de personas de su entorno.

¿Cuándo, dónde y cómo y por quién se inaugura la anarquía relacional?

No está del todo claro, aunque tenemos actualmente a nuestra disposición muy poca documentación sobre la anarquía relacional, podemos deducir que se trata de una filosofía que evolucionó a partir de un origen dentro de la comunidad poliamorosa. Andi Nordgren, autora sueca sexodivergente, desarrolló sus propias ideas sobre la AR a través de un blog que administró en los primeros 2000. (Andi debate sobre la anarquía relacional con Déborah Anapol de una forma muy exquisita en Polyamory in the 21st Century: Love and Intimacy with Multiple Partners). Durante los últimos dos años ha aumentado la cantidad de personas poliamorosas que han optado por investigar este concepto, que, hasta el momento, podemos considerar novedoso.

Podéis consultar la definición de anarquía relacional aquí.

¿En qué se diferencia la anarquía relacional del poliamor?

Definamos primero poliamor.

Poliamor es aquella práctica con la cual se mantiene más de una relación afectiva simultáneamente y de una manera abierta y honesta que requiere constantes consentimiento y conocimiento de las personas involucradas. El poliamor, no confundir con poligamia, es un fenómeno social bastante reciente en el mundo occidental cuyo origen a veces se adjudica al movimiento por el amor libre de los años sesenta. La poligamia, por otro lado, es una práctica antigua y extendida por todo el mundo por la cual una persona se casa múltiples veces; normalmente bajo el paraguas de alguna religión y en la que es habitual que sea el hombre el que posea varias esposas mientras que a las mujeres se les prohíbe la opción inversa. El poliamor no tiene nada que ver con el matrimonio o la religión, es un movimiento secular que pretende extender el concepto de amor sexoafectivo consensuado y ofrecer una alternativa a la formación familiar y comunitaria.

Aquí un glosario maravilloso sobre el poliamor.

La anarquía relacional supera al poliamor en su lectura del imperativo monógamo. Sí comparte con él su global rechazo a la monogamiay al matrimonio jurídico, pero también busca eliminar lo que me gusta llamar la jerarquía basada en las relaciones sexoafectivas; es decir, las categorías basadas en la presencia o ausencia de sexo o relación afectiva. De esta manera, la anarquía relacional homogeneiza a las personas y a las relaciones que establecemos con ellas, tanto conductualmente como emocionalmente. La libertad para interactuar y dar valor a las relaciones personales, una expresión de esta homogeneidad, parte de una tabula rasa y redistribuye la intimidad física, sexual y emocional en base a los deseos particulares de cada persona no de reglas y categorías de modelos relacionales preexistentes.

Una persona poliamorosa puede ser, y de hecho lo es en muchas ocasiones, supremacista del sexo y de las relaciones afectivas, casi tanto como una persona monógama. Lo que quiero decir con esto es que, como la inmensa mayoría de gente monógama, una persona poliamorosa mantiene en un estatus superior sus relaciones sexoafectivas frente a las que no lo son (no sexuales o no afectivas), basándose únicamente en criterios sexuales y afectivos.

polyparty

El anarquismo relacional no otorga valor especial a una relación solo porque esta incluya sexo o amor, aunque este se identifique desde un primer momento como emoción o conjunto de conductas aisladas y determinadas. El anarquismo relacional parte de una asunción de libertad y flexibilidad absoluta por parte cada individuo y de la definición individual de sus relaciones, estudiando caso por caso. Las anarquistas relacionales pueden mantener relaciones sexuales con varias personas, pueden mantenerse célibes todas sus vidas, pueden convivir con alguien con quien no mantienen relaciones sexuales, pueden vivir solas si así lo deciden, pueden criar a su prole con una o varias parejas sexuales o con parejas con las que no mantienen relaciones, pueden tener relaciones físicas y sensuales intensas con mucha gente al mismo tiempo, muchas de las cuales o con cuya totalidad pueden no mantener ningún tipo de relación ni sexual ni afectiva. El anarquismo relacional no etiqueta tal o cual conducta como inherentemente afectiva, y la única conducta leída como inherentemente sexual es el sexo genital. Lo que define cualquier acto son los sentimientos personales que este provoca.

Para la gente monógama y poliamorosa, una pareja es alguien a quien te estás follando y por quien te sientes atraída,  y, como tal, es el único tipo de relación en la cual puedes establecer un compromiso, practicar la convivencia a largo plazo, criar a tu prole,  desarrollar una intimidad intensa o mostrarte abiertamente vulnerable, crear una interdependencia financiera o el contacto físico sensual y no genital. Para estas personas una amistad no puede estar al mismo nivel que una pareja no hay en ella ningún tipo de deseo sexual ni de atracción afectiva. La amistad de tipo normativo no deja lugar al compromiso, la convivencia y el resto de puntos que acabo de mencionar. La gente monógama jerarquiza sus relaciones a través de un patrón rígido y obvio; al igual que muchas personas poliamorosas, otorgando a sus relaciones sexoafectivas un puesto superior a las relaciones que no son así. En ocasiones, también jerarquizan las relaciones dentro de su círculo poliamoroso, naciendo así el concepto de parejas principales y secundarias, el origen de lo que se empieza a conocer por polinormatividad.

En el anarquismo relacional, las relaciones personales y afectivas no están sometidas a jerarquía. No está establecido que ningún tipo de código de conducta sea exclusivo de relaciones sexuales o afectivas, lo que impide que las relaciones sexoafectivas ostenten un estadio superior a las no sexuales o no afectivas. La gente AR considera que todas sus relaciones personales o afectivas; esto es, cualquier relación al margen de lo profesional o lo casual, son igual de importantes y particulares, que todas satisfacen una necesidad o deseo vital y poseen un potencial emocional, físico, mental, íntimo, amoroso y satisfactorio similar o idéntico. Aquella persona que pone en práctica la anarquía relacional no tiene como expectativa pasar la mayor parte de su tiempo con tan solo una pareja sexual o afectiva con varias en general, ni tampoco asumen que sus relaciones sexoafectivas, en caso de tenerlas, merecen por el hecho de serlo más dedicación y prioridad que las que no lo son.

¿Es apta la anarquía la relacional para las personas asexuales, anafectivas, polisexuales o célibes? De ser así, ¿cómo?

La anarquía relacional, en oposición al poliamor, puede llegar a ser una filosofía amorosa altamente compatible con la asexualidad célibe, la anafectividad y la orientación mixta. Como persona asexual célibe o arromántica que has renunciado a los modelos de pareja tradicionales o persona alosexual de orientación mixta que buscas construir tus relaciones en base tus múltiples orientaciones, ya vives bastante lejos del sistema normorelacional con el que vive la mayor parte de la gente. Puede ser que hayas desechado también la jerarquía basada en las relaciones sexoafectivas y parece que te encuentras en una posición que pone en duda la validez de la monogamia, ya sea sexual o afectiva, en un lugar desde el que puedes difuminar o directamente borrar las fronteras que dividen la amistad y las relaciones afectivas (de pareja). Solo por ser quien eres. Has llegado a un punto en el que puedes permitirte desafiar los conceptos de esa gran mayoría sexoafectiva que define cómo debe funcionar una relación, una compañía de vida, una familia, etc.

Las personas asexuales afectivas pueden ser poliamorosas, independientemente de si son célibes o sexualmente activas y, como gente poliamorosa y alosexual, estas personas del espectro ace pueden adherirse a la mayoría de reglas por las que se rigen personas monógamas alosexuales; por ejemplo, creando jerarquías entre relaciones en las cuales la relación afectiva siempre se encontrará en la cima, restringiendo la mayoría de muestras de intimidad a la misma o considerándola el único vínculo que digno de llamarse principal y el único que puede unirte a una compañía de vida.

Por otro lado, alguien asexual y célibe, afectivo o anafectivo, puede poner en práctica una versión muy radical de la AR. En mi opinión sobre lo que, gira en su mayor parte la anarquía relacional es sobre la búsqueda de la igualdad de todo el tablero relacional con el objetivo de que las relaciones sexuales no se sitúen sobre las sexuales y las afectivas sobre las no afectivas. Es decir, una igualdad que significe que esa amistad no sexual o no afectiva puede tener el mismo acceso a amor, intimidad, afecto físico, apoyo, etc. que las demás; significa que esa amistad no sexual o no afectiva tiene las mismas posibilidades de convertirse en una compañera de vida (o en una de ellas) del o la anarquista relacional cualquier otra. La anarquía relacional proporciona el tipo de respeto, seguridad, oportunidad, igualdad y amor que las personas asexuales y célibes necesitan, especialmente si se encuentran solteras o están buscando como compañía de vida a más de una persona que satisfaga todas las necesidades típicas que puedan surgir en una relación afectiva tradicional.

La anarquía relacional puede ser de especial ayuda para la comunidad asexual por representar el único modelo relacional que elimina el sexo como baremo de calidad derelaciones o parejas y que divide con claridad los vínculos profundos de los casuales. Para las personas anafectivas, la anarquía relacional puede resultar ideal por su filosofía de eliminación del poder y supremacía de las relaciones afectivas y creación de un espacio libre para que estas personas disfruten de una intimidad emocional y física más intensa de lo que los cánones de la amistad común establecen. La anarquía relacional también puede ser una opción muy acertada para las personas de orientación mixta porque en ella pueden convivir relaciones sexuales tanto afectivas y no afectivas de manera ecuánime.

Creo que una persona anafectiva en busca de una compañía de vida o de varias con la que o con las que no desea un vínculo afectivo o siquiera sexual ya es anarquista relacional. También creo que alguien de orientación mixta y alosexual que se las apaña para separar sus relaciones afectivas de sus relaciones sexuales, alguien que puede distinguir entre una amistad sexual no afectiva y una amistad afectiva pero no sexual o alguien que desea formar una familia con una pareja no sexual, ya es también anarquista relacional. Y también creo, por una parte, que aquella persona asexual que a la vez es célibe y poliamorosa también es anarquista relacional.

RelationshipAnarchy

La comunidad poliamorosa se centra demasiado en el sexo y en las connotaciones sexuales que conlleva compaginar varias relaciones afectivas, algo por lo que la gente poliamorosa y asexual puede verse excluida, sobre todo a la célibe. La anarquía relacional versa sobre todo tipo de relaciones personales e íntimas, no únicamente sobre las afectivas o sexuales, por lo que es un espacio más cómodo para la asexualidad y la anafectividad, facilitando la exploración de la no monogamia y de formas alternativas de amar y de gestionar de relaciones.

Vale, todo lo que me has contado es un lío y no me aclaro. ¿Algún ejemplillo concreto de anarquía relacional en acción?

  1. Jessica es heterosexual y anarquista relacional. Mantiene relaciones sexuales con todos los hombres que le apetece, simultáneamente. En ocasiones desarrolla sentimientos más allá de la amistad por alguna de sus parejas sexuales, pero el resto de sus relaciones sexuales continúan abiertas y ninguna está sometida a la escalera mecánica relacional. Jessica también comparte piso con Tracy, por la que no siente atracción ni mantiene vinculación sexual, Tracy pasa tanto tiempo con Jessica como Jessica con sus parejas sexuales. Jessica ha llegado a un compromiso con Tracy de que continuarán viviendo juntas hasta que dejen de disfrutar de la convivencia, y ninguna relación sexual con una tercera parte podrá anular ese acuerdo (aunque puedan decidir que alguna de esas parejas sexuales conviva con ambas). Jessica y Tracy tienen previsto criar prole, tienen una relación que incluye intimidad física entre ambas (se abrazan, se dan la mano, se besan en las mejillas y en ocasiones duermen juntas en la misma cama), con el resto de sus parejas sexuales y con otras amistades con las que no mantienen relaciones sexuales.
  2. Juan es asexual y homoafectivo cuya predilección es el celibato. Mantiene una relación afectiva con Taylor, un hombre gay que mantiene relaciones sexuales con otros hombres pero no con Juan. Juan también mantiene una amistad con una mujer llamada Rachel tan importante para él como su pareja masculina, ya que incluye a Rachel en todos sus planes y decisiones vitales importantes. A ambos les gusta el contacto físico que se proporcionan el uno al otro. Rachel tiene por su lado sus relaciones sexoafectivas personales y Juan tiene una amistad afectiva con otro hombre llamado Paul a quien quiere tanto como a Taylor. La relación de Juan y Paul se parece mucho  a la de Juan y Taylor, la diferencia está en que Paul no tiene interés en mantener relaciones sexuales ni comenzar a salir con Juan, porque es heterosexual.
  3. Gina es anafectiva y asexual. No mantiene relaciones sexuales con nadie y no tiene interés en comenzar ninguna relación afectiva tradicional. Vive con su pareja y mejor amiga, Ruby. Duermen en habitaciones separadas y no son afectuosas físicamente la una con la otra aunque se quieren tanto que quieren pasar el resto de sus vidas juntas. Ruby es asexual y heteroafectiva y tiene una relación no sexual y afectiva con Don, que es un hombre bisexual que mantiene una relación sexual con su novio. Don y Ruby no se plantean irse a vivir juntas, les gusta vivir cada una por su lado. Aun así, Ruby nunca dejaría de vivir con Gina. En el caso de que Ruby decidiera el día de mañana criar a su prole, tanto Gina como Don serían coprogenitores (en el caso de que Don aun siga vinculado a Ruby).

¿Y para qué todo este rollo de la anarquía relacional? ¿Por qué querría alguien enfrentarse a todos los problemas que conlleva el plantearse cómo organizar relaciones con una vinculación tan intensa y hacer encaje de bolillos con las necesidades y deseos de tanta gente a la vez?

Cada anarquista relacional tendrá sus diferencias y pondrá en práctica una versión particular de la anarquía relacional, y es probable que haya llegado a la AR por diversos motivos. Hablando por mí mismo, lo único que puedo contar es que así soy y así he sido desde mi infancia. No hago distinciones entre amor afectivo, no afectivo o amistad. Siempre he tenido como referencia aquellas relaciones entre dos aguas que reflejan cosas de la normatividad afectiva sin incluir ni atracción afectiva ni sexual. No tiene ningún sentido para mí limitar la intimidad o el amor a una o varias relaciones sexoafectivas como tampoco lo tiene el prohibir intimidad física o emocional en las relaciones no afectivas. ¿Tendría lógica para vosotras dibujar en la arena una línea y decir que si quieres a alguien antes de la línea es amistad  y si es después es amor (o sexo, en su defecto)?

Si soy anarquista relacional es porque considero bello el concepto de una vida rebosante de amor e intimidad real, de una vida que, estés donde estés, te hará encontrar a  alguien que te ame, apoye y dedique la atención que necesitas. Soy anarquista relacional porque, aun no amando a muchas personas, mi tendencia natural es, cuando lo hago,  amar con pasión, a desear intimidad física y sensual y tiempo de calidad con todas y cada una de esas personas a las que amo, no solo con alguien que cumpla el rol culturalmente designado de pareja afectiva. Soy AR porque la jerarquía basada en las relaciones sexoafectivas es un insulto para un asexual célibe que busca y valora muy intensamente la amistad ante todo y porque considero la monogamia convencional (con sexo o sin él) limitada, claustrofóbica y astringente emocionalmente. Quiero ser libre, quiero amar libremente y quiero poder obedecer mis impulsos naturales en cada relación, no solo en una en particular. Soy anarquista relacional porque me gusta ser dueño de mis propias normas en vez de obedecer las ajenas o las que la sociedad mayoritariamente me impone. Quiero que mi vida rebose amor, quiero amar todo lo que pueda y a toda la gente que pueda de la manera más libre posible. La anarquía relacional es el único modelo de vida que me ofrece a la vez libertad y abundancia.

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