Lenguaje, pensamiento, feminismo, autismo y estado salvaje. Parte 1.

Del original en Katherine Lives in the Real WorldLanguage, thought, feminism, autism, wildness (part1).

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

IMG455

Os incluyo aquí un primer grupo de ideas relacionadas, aun por terminar y simplificadas desde el ámbito mental al verbal, y donde incluyo algunas citas que pueden ayudaros a comprender todas sus implicaciones.

«Lo que no tiene nombre, lo que no se representa en imágenes, lo que se deja fuera de cualquier biografía, lo que se censura en correspondencia, lo que se confunde con otra palabra, lo que es difícil de encontrar, lo que permanece enterrado en la memoria cuando el significado colapsa por un uso inadecuado o mentiroso del lenguaje; todo esto no solo se sobreentiende, sino que se convierte en innombrable»

-Adrienne Rich

Innombrable. Intransferible.

Desde una perspectiva autista y neurodiversa, el lenguaje y cognición verbales, en sí mismos, no garantizan la comunicación, y mucho menos por sí solos. Son, además, exclusivos y alienantes, ya que privan a la comunicación de la elaboración de innumerables ideas y significados personales. La posición de la verbalidad como la única, normativa y mejor o más valiosa forma de expresión y comunicación hace recaer sobre la persona no verbal múltiples presunciones solo por el hecho de serlo. Existe un paralelismo entre esto y la destrucción de la diversidad lingüística durante las grandes colonizaciones de la Edad Moderna; y, de hecho, es bastante probable que esta última aniquilación sea una consecuencia de la primera. Después de todo, las formas primitivas de comunicación eran táctiles, audibles, pictóricas, olfativas y mediante otros símbolos sensoriales, no palabras.

En su origen, los grupos humanos habrían compartido cierto tipo de comunicación sensorial, similar al de algunos animales u otras formas de vida. La evolución hacia el lenguaje oral nos permitió expresar nuestras experiencias sensoriales en forma de símbolos audibles, y a partir de ahí…

En base a quien ostente el poder (es decir, quien tenga la potestad de regular el lenguaje) las formas auditivas de estas palabras se permiten o no, dependiendo de si expresan ideas que encajen en el statu quo o lo contrario. Hemos aquí la diferencia entre lo nombrable y lo innombrable, lo significativo y lo que carece de sentido. La idea o el símbolo se ha extirpado del mundo sensorial y más que como herramienta comunicativa se usa como herramienta para prevenir el cambio y preservar relaciones de poder; para reducir la comunicación a una idea particular y predeterminada.

El lenguaje es un sistema de signos del cual hacemos uso para comunicarnos y formular y expresar pensamientos. Comúnmente, a los signos que encajan en esta definición, se les denomina palabras. El error de confundir la manifestación acústica/escrita del lenguaje (lo que se conoce como discurso) con el lenguaje en sí es lo que nos empuja a la falacia de que el lenguaje, para serlo, ha de ser verbal o no será.

-Olga Bogdashina

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Anuncios

Desmontando la machicharla y otras formas de discurso privilegiado.

Del original de R. Nithya en Everyday Feminism, Breaking Down the Problem of Mansplaining (and Other Ways of Privileged Explaining).

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

rothman_mansplain_post

Muchas veces doy gracias al feminismo por términos que muestran de manera nítida las experiencias diarias que me atormentan y que muchas veces o pasamos por alto o nos resultan muy complicadas de definir.

Os hablo de esa situación exasperante en la que un tipo empieza a darme la charlita en tono paternalista, dando por hecho que yo no voy a tener ni idea del asunto porque soy una mujer.

Lo habéis adivinado, es la consabida machicharla, del término en inglés mansplaining, mezcla de man (hombre) y explain (explicar).

Como no creo que sepas la diferencia entre analógico y digital, déjame que te lo explique. Analógico es…

¿Pero sabes lo que es un fuera de juego?

Para copiar, «Control C».

El término machicharla me ha ahorrado un montón de frustración. ¡Por fin un nombre para este nefasto fenómeno social! Por fin me di cuenta de que no era la única, de que muchas mujeres eran víctimas del mismo problema, de este mismo comportamiento por parte de los hombres.

Fue todo un alivio enterarme de que no era la única mujer que me había dado cuenta de esta forma tan sutil de opresión y de que, además, muchas otras mujeres ya debatían sobre esto.

Sigamos.

Definición de machicharla (y de otras formas de discurso privilegiado)

Como existen multitud de privilegios, también existen multitud de discursos privilegiados.  Os presento aquí algunos de los más comunes y las situaciones en las que afloran.

La machicharla es el fenómeno o comportamiento social por el cual un hombre, de manera paternalista, le da a una mujer una explicación sobre algo sencillo, asumiendo que ella seguramente lo desconocerá por el hecho de ser una mujer.

Por ejemplo, aquellos tipos que, sin que se lo hayan solicitado, dan consejo a una mujer sobre cómo cambiar un neumático o que se ven con la potestad de explicarnos las normas de cualquier deporte supuestamente «para tíos». A menos que os hayamos pedido ayuda explícita para cambiar el neumático o hayan mostrado interés en aprender más sobre tal deporte, no deis por hecho que no vamos a saber nada sobre ello. El hecho es que muchos tipos lo hacen, porque «¡joder, es una mujer!».

La machicharla también puede adoptar la forma de un tipo dándole la charla a una mujer sobre lo de que «el piropeo es un cumplido» o sobre lo que es el feminismo o por lo que debería luchar.

Su característica más notoria es un tipo ignorando o invalidando las experiencias vitales de mujeres que ellos nunca tendrán que experimentar.

PF-mansplain

Por otro lado, la racicharla se caracteriza por una persona blanca diciéndole a otra persona no blanca que está interpretando mal su comentario racista. Poco importa si tu comentario tenía ánimo de parecerse a un chiste o estabas citando a otra persona. Si tal persona no blanca te reprende, no eres quien para echar balones fuera.

La racicharla también puede adoptar la forma de una persona blanca dando la charla a una persona no blanca sobre su propia cultura. En el mejor de los casos da vergüenza ajena, en el peor, estás invisibilizando la experiencia de tu interlocutor. En cualquier caso, evítalo.

No nos olvidemos de la heterocharla, la clásica parrafada de aquella persona hetero que, condescendientemente, le da la tabarra o incluso le emite su opinión a alguien sexodivergente sobre, por ejemplo, la posibilidad de decantarte por una identidad no heterosexual u otra como posición política.

A menos que seas sexodivergente, no eres quien para darle la charla sobre su propia identidad, especialmente a alguien que sí lo es.

También existe la cischarla, o cuando esa persona cis empieza a decir que piensa que «si el género binario es ficticio, las identidades trans no tienen razón de ser». ¿Quién te ha dicho que te bases en conjeturas para anular la identidad de alguien?

En resumen: si como persona privilegiada te dedicas a dar la charla respecto a lo más profundo de la opresión de tal o cual grupo oprimido, seguramente estarás haciendo uso de un discurso privilegiado. No sigas por ahí.

El origen del discurso privilegiado.

El percatarse de algo tan abstracto como el fenónemo del discurso privilegiado nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cómo ha llegado esto a convertirse en un problema tan grande?

Reducido al mínimo común, el discurso privilegiado debe su existencia a la dicotomía privilegio/opresión presente en nuestra sociedad.

Por ejemplo, el privilegio masculino permite a los hombres interrumpir, dominar y llevar la iniciativa; así que adivináis de donde viene la machicharla, ¿no? ¡Sorpresa! Del privilegio masculino.

El privilegio masculino es un pilar fundamental del patriarcado, en sí mismo un elemento más del kyriarcado. El kyriarcado, en nuestra sociedad, es el garante de que aquellos grupos privilegiados continúen siéndolo y perpetúen su beneficio a costa de la opresión sobre otros grupos.

De esta manera, el discurso privilegiado es algo más que una explicación inofensiva de un interlocutor de una determinada identidad a una oyente de otra; es un claro reflejo del poder institucionalizado y la jerarquía del privilegio a nivel individual.

Umc69mh

También tenemos que tener en cuenta que poder y privilegio cambian según contexto. Estamos formados por varias identidades, y como tal, podemos vernos oprimidos según en qué situaciones y con qué identidades nos veamos implicados y disfrutar de privilegio en otras.

Pongamos por ejemplo a una mujer blanca. Como mujer, puede verse en el lugar paciente de la opresión cuando un tipo le da la machicharla. Por otro lado y al mismo tiempo, puede estar cometiendo racicharla cuando interactúa con personas de otras etnias.

Otro ejemplo: un hombre cis con rasgos del sudeste asiático puede verse sometido a racicharla cuando su interlocutora es una mujer blanca y, a su vez, estar poniendo en práctica la cischarla.

No nos olvidemos de tener en cuenta de que la opresión a la que estamos sometidas en un campo no elimina el privilegio del que hacemos uso en otros.

Cómo evitar el discurso privilegiado

Muy bien, ya hemos visto lo horrendo que es el discurso privilegiado; es opresivo, juega en la liga del kyriarcado y pasa por alto la experiencia de aquellas personas en situación de marginalidad. Y claro, quieres dejar de hacerlo. ¡Genial! ¿Pero ahora cómo llevamos a cabo este cambio en nuestro comportamiento?

  1. Saber cuándo abrir la boca

Puede resultar difícil encajar que lo que puedas aportar no importa mucho dentro de círculos feministas, especialmente si eres alguien nuevo en esto del feminismo y mucho más especialmente si tienes la costumbre de moverte dentro del privilegio.

Sin embargo, el feminismo no busca excluir a las personas con privilegio, lo que busca es alzar la voz de las personas que carecen de él. Y si no revisas tus privilegios y en vez de eso boicoteas el debate feminista lanzando comentarios aleatorios e ininteligibles, flaco favor le estás haciendo.

La importancia de la labor de la gente privilegiada está en el proselitismo dentro de aquellos espacios vetados a personas de grupos no privilegiados.

Por poner otro ejemplo, los argumentos de alguien leído como hombre contra los chistes de violaciones serán más efectivos en tu grupo de tíos de confianza (léase bar de abajo o vestuario deportivo) que en una conversación entre su novia y otras mujeres.

  1. Tengo en cuenta las vivencias de otras personas

El privilegio blanco viene acompañado de aquella consideración subconsciente por la que pensamos que nuestras vivencias nos dan legitimidad para hablar de cualquier materia, incluyendo las luchas ajenas.

Los privilegios sociales inherentes a determinadas categorías identitarias, como sexo (macho/masculino) o etnia (blanco), nos condicionan para que creamos que nuestra vivencia es normal, normativa y universal, que, de algún modo, las mismas otorgan más legitimidad a nuestros argumentos.

Y ojo, que no es una puya, no eres responsable de los privilegios sociales que recaen sobre tal o cual parte de tu identidad, pero sí es tu obligación revisarlos.

140323-Mansplaining__05_0554

Es de vital importancia que prestemos atención a la gente que decide compartir con nosotros sus vivencias. Seguramente son experiencias que nunca vamos a conocer en nuestro pellejo, y el único camino para hacerlo es escucharlas de aquella gente que las experimenta personalmente.

  1. Abandona las suposiciones

Mucha gente se pone a la defensiva cuando se la reprende por estar haciendo uso del discurso privilegiado porque es su cabeza solo consideran que están intentando ayudar, aun cuando nadie le ha solicitado tal ayuda.

No está mal creer que somos expertas en tal materia, como tampoco lo es querer mostrar nuestro conocimiento a gente interesada en el ámbito. Lo que está mal es suponer que tu interlocutora no tiene ni idea de lo que le estás hablando, o peor, que es demasiado ignorante como para saberlo.

Presta atención a las suposiciones con respecto a lo que sabe o no otra gente y trata de eliminarlas.

  1. Presta atención

Ahora que ya vas aprendiendo más sobre patrones de comportamiento condescendientes, haz por ubicarlos en tu vida diaria.

Empieza por identificar ese comportamiento en otras personas. ¿Acabas de ver cómo ese compañero tuyo hombre acaba de revisar de nuevo el problema que su compañera mujer ya había solucionado? ¿Te acabas de dar cuenta de que ese comportamiento tiene su origen en una mezcla de sexismo y machicharla? Si la respuesta es sí, un 10 en atención.

Una vez que has ubicado este comportamiento en tu entorno, presta más atención al que practicas tú.

Si te encuentras en una situación en la que dudas sobre si podías estar haciendo uso del discurso privilegiado, hazte la pregunta: ¿dirías lo mismo si tu interlocutora tuviera los mismos privilegios que tú?

Discúlpate cuando metas la pata. Te hará comprender mejor lo que aún necesitas cambiar de ti misma y estarás viviendo tu vida de una manera más feminista.

***

Si queremos poner en práctica el feminismo de tal manera que dignifiquemos todo tipo de identidades, repensemos y reestructuremos los cánones de nuestra sociedad.

Una manera de conseguir esto es denunciando los cánones normativos ajenos y redefiniendo nuestros patrones de comportamiento para impulsar nuestras relaciones sociales y nuestra experiencia.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Ferguson: el sistema no está roto, solo funciona a la perfección.

Del original en The Belle Jar On Ferguson – The System Isn’t Broken, It Was Built This Way.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

APTOPIX Police Shooting Missouri

Tengo un tío que era poli.

Sus hijas, mis primas, eran de mi edad, y cuando íbamos a ver nuestra familia a Québec cada verano, hacíamos vida en su casa. Tan pronto como llegábamos a casa de mi abuela, hartísimas y hechas una pasa tras ocho horas de viaje en coche, me ponía a marcar el teléfono de mis primas en su teléfono beige de ruleta. Me tiraba todo el maldito año escolar esperando el verano para pasar rato con ellas, nos escribíamos cartas durante todo el plomizo invierno maquinando planes para nuestras futuras hazañas estivales. La vida de la que disfrutaba con mis primas – nadar en su piscina, barbacoas familiares, jugar al escondite entre el monstruoso seto del jardín de mi abuela al anochecer – se encontraba a años luz del tedio rutinario de Ontario.

Casi cada verano, mi tío, en un momento dado, nos llevaba de visita a la comisaría. Jugaba con nosotras a que éramos delincuentes y nos tomaba las huellas o fingía hacernos unas fotos policiales. También nos dejaba explorar las celdas de la comisaría; recuerdo lo que me flipaban aquellos cuartos planos y monocromáticos en miniatura, cada uno con su lavabo y retrete. Una vez, me quedé zascandileando tanto rato, que me amenazó con encerrarme si no salía. Le respondí que guay, que por qué no lo hacía, y le pregunté por la comida que le iban a dar a los reclusos aquella noche. No tenía miedo, no tenía razones para sentirlo.

Como muchas otras personas blancas, crecí con la idea de que la poli estaba de mi lado. Me harté de oír que la policía estaba ahí para protegerme. Desde que mi más tierna juventud, me dijeron que si alguna vez me perdía o me encontraba en peligro, lo primero que debía hacer era contactar con un agente de policía. Me enseñaron que así funcionaba el sistema, que existía para protegerme.

Lo que nunca me contaron es que ese mismo sistema se dedica a proteger a la gente blanca primero y a las demás después, si tal.

He hecho por averiguar durante estos meses recientes por qué la gente blanca podemos llegar a cabrearnos tanto y de manera tan irreflexiva por los eventos que se han desencadenado en Ferguson. No os miento, es desconcertante oírles debatir sobre lo guay que es que un agente de policía le descerraje seis balazos a un hombre desarmado porque lo mismo ha robado unos puritos y encima no se sube a la acera. Me anonada la enorme cantidad de gimnasia mental que se requiere para llegar a creer que no hay nada malo en que un poli le meta seis tiros a un tipo en defensa propia. Esto vale para esto como vale igual para las reacciones blancas ante los asesinatos de Trayvon Martin, John Crawford III, Tamir Rice y otros incontables jóvenes negros asesinados sin una razón aparente. He vivido en la burbuja de una vida lo suficientemente privilegiada como para que las respuestas blancas a estos crímenes aún me conmocionen; sé que para las personas negras este tipo de comentarios están a la orden del día. No puedo mostrarme lo suficientemente indiferencia ante esta avalancha de odio racista como para convertirla en algo rutinario: he aquí una muestra de mi privilegio.

ferguson-protester

A la gente blanca nos enseñan a lo largo de nuestras vidas a creer en el sistema. El sistema es civilización, el sistema es democracia, es nuestros tribunales de justicia, es las maneras en que el estado se hace cargo de nosotros y nos apoya. Nos cuentan que el sistema se encarga de que vivamos a salvo y sin miedo. Sin embargo, siempre que ocurre algo como lo de Ferguson, la gente blanca vislumbramos lo jodido que está el sistema, atisbamos destellos que nos hacen cagarnos vivos porque socavan los cimientos de cada sentimiento patrio que nos han inculcado a presión desde que ponemos un pie en este mundo.

Un mito recurrente y falso entre la gente blanca progre es que el sistema está jodido. Sin embargo, el sistema no está jodido, lo que ocurre es que se es construyó deliberadamente así, como un sistema para dar prioridad al bienestar y la seguridad de las personas blancas sobre las demás, y su forma de actuar es oprimiendo a personas negras en particular y no blancas en general. Según palabras de Ta-Nehisi Coates en una conferencia reciente a la que acudí: la maquinaria funciona como está previsto. A lo largo de la historia de los Estados Unidos y del Canadá, hay múltiples ejemplos de marginalización patrocinada por el Estado y de opresión a personas no blancas que incluso perduran hasta nuestros días y si no, echad un vistazo a la sobrepoblación de personas negras en las cárceles. Y este es el jodido sistema; y así es como está llamado a funcionar. No es necesario que lo arreglemos, porque ya funciona perfectamente, funciona de la manera que se espera que funcione. Lo que hace falta es que lo destruyamos y empecemos de nuevo desde cero.

Aquellas amigas mías con hijas negras, mientras luchan a diario contra la pena, el dolor y el miedo, intentan asegurarse de alguna manera de que su hija no sea el próximo Mike Brown o Trayon Martin, quieren saber qué decirles a sus hijas que las mantenga a salvo. Ojalá tuviera una respuesta para ellas, pero no la tengo… porque soy blanca y esto se sale del ámbito de mi experiencia personal, porque no estoy en una posición como para dar consejo y porque creo que no hay respuesta. La única manera de asegurarnos de que estas jóvenes no sufran daño alguno es que sean blancas, algo que es imposible amén de una respuesta horrible. Todo lo relacionado con esto provoca impotencia y espanto – y, repito de nuevo, he aquí a una persona blanca hablando de estas cosas, no puedo siquiera imaginar el tremendísimo miedo que las comunidades negras sufren ahora mismo.

Tenemos que – y con tenemos hablo de las personas blancas que pretendemos actuar como aliadas– pasar a la acción. Salgamos del centro del polisistema y comencemos a visibilizar las voces de las personas negras. En debates de justicia social, hagámonos un sitio, es nuestra obligación hacernos con una excavadora, entrar a saco y hacernos con la mayoría del espacio de debate. Hagamos por escuchar para que luego podamos girarnos y compartir nuestro aprendizaje con el resto de gente blanca. Tenemos que permitir que la gente negra lleve la iniciativa, así como tenemos que aprender a ser buenas seguidoras. Nosotras creamoseste sistema podrido, así que contribuyamos humildemente ahora construir uno mejor y más justo.

AP_FERGUSON9_140818_DG_4x3_992

Porque puede ser que incluso ahora mismo mi amiga esté sentada junto a su hija contándole cómo no siempre puede fiarse de la policía mientras, al mismo tiempo, alguna niña blanca con su tío poli está aprendiendo que las comisarías son un lugar pulcro y muy divertido para visitar y en el que jugar; siendo la única diferencia entre ambas el color de su piel. Todo está hecho una mierda y, a la vez, funcionando como un reloj.

Abajo incluyo algunas muy buenas obras escritas por autoras negras. Si eres blanca, por favor tómate tu tiempo para leerlas y educarte. Este es tu trabajo ahora mismo. Si conoces algún otro artículo (o entradas de blog, vídeos, lo que sea) cuyos autores sean personas negras o activistas, por favor, compártenos el enlace aquí y lo incluiré en la lista.

The Case for Reparations by Ta-Nehisi Coates

About Ferguson, White Allies and Speaking Up When It Matters by Awesomely Luvvie 

America’s Not Here For Us by A’Driane Nieves

A Letter to My Unborn Black Son by George Johnson

Youth Are on the Frontlines in Ferguson, and They Refuse to Back Down by Muna Mire

If There Are Good Cops Out There, Prove It by Albert L. Butler

 Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Binarismo de género

Del original en la wiki de Social JusticeGender Binary.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Alien_gender

Si no se nos asignara forzosamente un género…[1]

«No pertenezco a ningún género. Es decir, científicamente pertenecemos a múltiples géneros, pero es imposible de decir. Algunas de nosotras pueden criar hijas más fácilmente que otras, algunas tenemos más masa muscular, nuestros órganos sexuales que varían en tamaño y efectividad, algunas tenemos más estrógenos, otras más testosterona, etc. Nuestras características psíquicas y de comportamiento son el resultado de todo lo anterior, junto a nuestra experiencia vital,  y clasificarlas así es simplista. Cada persona pertenece a su propio y único género ¿en tu raza no pasa lo mismo?»

El binarismo de género es aquella construcción social que categoriza de manera dicotómica las actividades, comportamientos, emociones, modales y anatomía humanos en masculino y femenino. Es uno de los principales pilares del patriarcado.

El binarismo defiende que solo existen dos géneros, masculino y femenino, y dos tipos de ser humano, varón y hembra. Se suele añadir el corolario de que el género puede diagnosticarse mediante observación externa, no mediante autoidentificación, y en frontal oposición a la misma.

Esta estricta división de la vivencia humana en dos ámbitos de género mutuamente excluyentes es una falacia que no se sostiene mediante ningún argumento científico. A pesar de ello, a todas las personas se nos asigna un género al nacer, por mediación de ascendientes, personal médico o cultura. Lo que determina una asignación u otra es, en la mayoría de los casos, la presencia de un pene o de una vagina. Si un recién nacido es intersexual, se le será diagnosticada una patología prácticamente sin excepción, y se le someterá a cirugía para que sus órganos reproductivos se asemejen más a los de un extremo u otro del espectro.

Detalles históricos

Este  concepto tiene su origen en la invención patriarcal de la normalidad de género durante la época moderna, en el marco de las grandes colonizaciones, un hecho reciente históricamente. En las sociedades modernas, el poder institucional ha intentando por todos los medios reforzar el binarismo de género a expensas del sufrimiento, dolor y de las mismas vidas de personas transgénero, intersexuales y no binarias.

Hoy-comienza-el-Congreso-Internacional-sobre-Identidad-de-Genero-y-Derechos-Humanos

Diadismo

Ver artículo principal de este tema: Diadismo.

Los genitales de las personas intersexuales, al nacer, no se asemejan a las ideas sociales preconcebidas sobre a qué debe parecerse un cuerpo leído como masculino y otro leído como femenino. Debido a este hecho, estas personas son obligadas a someter sus genitales a intervenciones quirúrgicas hasta que su forma y tamaño comienzan a asemejarse a lo que propugnan esas ideas. A las personas intersexuales, al igual que al resto, se les asigna forzosamente un género; sin embargo y en su caso particular, esta asignación (normalmente basada en la forma de sus genitales) solo puede llevarse a cabo si se pone en práctica una intervención quirúrgica.

Esta normalización genital forzosa y violenta es un efecto más del binarismo de género, uno especialmente despiadado. Cuando la lógica binaria se extiende a nuestra anatomía, (hecho conocido como diadismo (dyadism)), la vida de muchas de estas personas se ve afectada perjudicialmente por la denominada cirugía genital correctiva o normalizadora, que, junto al  tratamiento hormonal forzoso que esta conlleva, acaba en muchas ocasiones despojándoles de su capacidad para el disfrute sexual.

En ocasiones, a algunos niños intersexuales (nacidos con penes pequeños o con los testículos sin descender) se les ha sometido a intervenciones genitales durante su infancia en base a la consideración de que, como hombres, un pene pequeño podría ocasionarles infelicidad, pero que, sin embargo, lo tenían todo para ser felices como mujeres: «agujeros lo suficientemente grandes como para albergar un pene adulto de tamaño medio.» (La cita proviene de uno tantos artículos médicos que me leí para mi Proyecto de Fin de Carrerea en la Universidad de Berkeley.). A pesar de haber sido sometidos a castración a cambio de un par de enormes pechos obtenidos gracias a medicación estrogénica, se sintieron varones durante todas sus vidas. Muy tristemente, los propios médicos les dijeron a sus padres que negaran  rotundamente la existencia de la intervención para que las modificaciones sexuales surtieran efecto, psicológicamente hablando. Nunca lo hicieron; durante toda su vida sufrieron trastornos psicológicos y cargaron con la sensación de haber sido profundamente traicionados por sus padres.

Por otro lado, a algunas mujeres que, como yo, que nacieron con grandes clítoris, se les fue extirpado o se les redujo mediante sesiones de cirugía cuyos efectos, según afirmaciones rotundas del personal médico, no influirían negativamente en su sensibilidad sexual. Jamás se me olvidará la historia que me contó una de las víctimas de esta operación. Habló sobre lo complicado que le había resultado siempre mantener relaciones sexuales con hombres debido a su falta de estimulación sexual, pero que si se sentaba en el suelo y ponía en contacto su área genital con un tacón o su propio pie, tras más o menos diez minutos, comenzaba a sentir cierto tipo de excitación, la cual se preguntaba si sería similar a la que experimentaban otras mujeres en fases de excitación sexual. Todavía me entristezco cuando pienso cómo a esta mujer le fue arrebatada una vida de placer e intimidad tan solo porque alguien consideró que su clítoris no era lo suficientemente femenino. [3]

Ver también

Enlances externos

Referencias

  1. Jump up↑Alien Contact – A Comic on Gender Roles
  2. Jump up↑Lugones, Maria (2007). Heterosexualism and the Colonial / Modern Gender System Hypatia, Volumen 22, Número 1, Invierno 2007, pp. 186-209 | 10.1353/hyp.2006.0067.
  3. Jump up↑Dispelling The Myths: My Experience Growing Up Intersex and Au Naturel, de Hida Viloria

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Neurosexismo

Del original en Social Justice WikiNeurosexism.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

 “ Nuestros intelectos no están presos de nuestro género o nuestros genes. El objetivo de todas aquellas personas que afirman lo contrario es sencillamente ocultar estereotipos de otra época bajo un manto de credibilidad científica.
Cordelia Fine[1]

Gendered_brains

Los cerebros determinados por el género son un mito cisexista.

El neurosexismo es aquella suposición de carácter sexista que defiende que las diferencias de género que percibimos en nuestro carácter y comportamiento tiene su origen en las diferencias biológicas de nuestro cerebro. La creencia en las diferencias de género naturales contribuye a crear una profecía autorrealizada: el neurosexismo proporciona una infraestructura que fomenta la diferencia de trato de niños y adultos en base a su género, lo que origina modificaciones en su comportamiento y. a cambio, crea en estas personas lo que conocemos como diferencias de género, un elemento que en sí mismo sostiene al propio neurosexismo — el paradigma de la lógica circular y la profecía autorrealizada[2][3].

El neurosexismo es una falacia cuyo origen se encuentra en la intersección entre neurociencia y sexismo. Los máximos responsables de este sesgo son las fuerzas institucionales y culturales, cuya influencia provoca que en la investigación neurocientífica (entre la que se incluye la neurobioogía y la neurología) se tomen como bases  consideraciones cisexistas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, y por ende, nuestra mente.[4][5][6][7][8][9][10][11][12][13][14][15][16][17][18][19][20][21][22][23][24][25][26][27][28][29] Aunque es un planteamiento totalmente erróneo, ha servido como cabeza de playa para que el sexismo desembarque en las calas del rigor científico a ojos de mucha gente, tanto dentro como fuera de la comunidad científica.

Contenido

[ocultar]

 Perjuicio infantil

Exagerar las diferencias de género conduce a una situación peligrosa en las expectativas de progenitores, docentes y de los propios menores. La fe que profesamos a nuestras hijas es la que provoca su auge o caída, y cuanto más hincapié hagamos en las diferencias entre niños y niñas, más probable será que esos estereotipos arraiguen en su autopercepción y en sus profecías autorrealizadas.
—Lise Eliot[2]

Baby_gender_role

Atamos a las personas a roles de género desde el mismo momento de su nacimiento.

Aparte de su carácter pseudocientífico, con todo el perjuicio que eso conlleva a la investigación científica, el neurosexismo es un agente activo en la creación de diferencias de género al incitar a docentes y progenitores a tratar a niños y niñas de manera diferenciada.[3][30] Las normas culturales y sociales también ejercen un papel determinante, ya que riegan la semilla del propio neurosexismo mediante la creación, a su vez, de diferencias de género, origen de otras nuevas diferencias.

Un estudio sacó a la luz que los chicos lanzaban mejor la pelota con su brazo bueno que las chicas —sin embargo, cuando se les pidió lo mismo a ambos pero con el otro brazo, no había diferencias de género. Si el elemento biológico fuera el único determinante de la habilidad para el lanzamiento de pelota, los chicos lanzarían mejor que las chicas con ambos brazos. Era la práctica, no la habilidad innata, la que hacía que los chicos fueran mejores lanzadores. Jugar a videojuegos de persecuciones o de rastreo también mejora las habilidades mentales de rotación. [2]

Historia

La palabra.

El término neurosexismo fue acuñado por Cordelia Fine en su libro Delusions of Gender (La ilusión del género) con el objetivo de dar una descripción al fenómeno que presupone diferencias esenciales entre los cerebros masculino y femenino  en los campos de la neurociencia, neurobiología y, más ampliamente, en las ciencias del cerebro y la cognición. Gracias a textos científicos paralelos y a otras voces que han dado apoyo a su punto de vista, este fenómeno ha sido reconocido por multitud de científicos neurológicos y cognitivos. [1]

El concepto

El concepto sobre el que versa la idea de que las diferencias aparentes o reales en nuestro cerebro son causa directa de las diferencias de género ha servido para mantener a los cuerpos leídos como mujer sometidos a opresión y marginalización desde mucho antes que Fine escribiera su libro.

Hemos creído durante muchos años que una diferencia esta vez  sí, estructural — el mayor tamaño del cerebro en hombres — era un elemento clave para determinar la inteligencia; finalmente, se averiguó que apenas tenía consecuencias. Sin embargo, esta falacia ha sido la responsable de mantener a las mujeres de las universidades durante años. [2] 

Definiciones complementarias

El diccionario web Wiktionary define el neurosexismo como:

El uso de la investigación neurocientífica para reforzar prejuicios sobre las diferencias sexuales naturales. [32]

Sexo neurológico vs. Sexo biológico

Algunas activistas transgénero, las truscum (que niegan la identidad de personas trans que no han sido  diagnosticadas con disforia de género, en sus términos cismédicos y patriarcales), las TERF (feministas transexclusivistas) y muchas radicales feministas hacen uso de expresiones como sexo neurológico para referirse a una determinada configuración neurológica que da lugar a un cerebro determinado por el género y de sexo biológico como sinónimo de genitales.

Ambas expresiones, además de ser anticientíficas, son sujeto de opresión. Estos son los motivos:

  • El sexo neurológico no existe. En un nivel de análisis neuronal cognitivo y cerebral, el género no existe. El género es, además de un concepto en sí mismo, una construcción social, no una configuración neurológica.
  • El sexo biológico, usado en este caso para describir el tipo de genitales de una persona, conlleva un uso erróneo de la palabra sexo/género. Atribuir en términos de género el pene a los hombres y las vaginas a mujeres tiene como consecuencia, por ejemplo, la denominación de género errónea para los cuerpos de las mujeres trans. Una forma más correcta de describir los genitales en debates de género, es hacer uso de las palabras que nos proporciona la biología, como vulva, glande, clítoris, testículos, etc. Sexo biológico es un concepto tóxico porque la categorización de partes del cuerpo humano dentro de las categorías macho/hembra actúa en perjuicio de las personas intersexuales o trans. Muy a menudo, las personas intersexuales se ven obligadas a someterse a intervenciones quirúrgicas que en otras tantas ocasiones, les provocan lesiones que afectan a su vida sexual.

Existe una minoría de personas transgénero, personas partidarias del síndrome de Harry Benjamin y de truscum  que se han apropiado del concepto de género neurológico para intentar alcanzar, consciente o inconscientemente,  una posición de privilegio y de respeto mediante el uso de un lenguaje neurosexista. Solo es otra manera que tiene la opresión de manifestarse.

Recurriendo a la normatividad cis, a conceptos científicos y médicos desfasados y a comunidades académicas con conciencia de género, las personas partidarias del síndrome de Harry Benjamin y las truscum obtienen de esta manera aceptación y reconocimiento. En otras palabras: naturalizan y propagan el cisexismo por los beneficios a corto plazo que obtienen en términos de hegemonía de género. Cuando alguien se hace eco de la normatividad, cuando alguien se compromete con el kyriarcado, como cuando alguien acepta el binarismo de género y que tales genitales o tal cerebro están bien y tales otros están mal, adopta forzosamente el papel de guardián. De esta manera, las truscum y las partidarías del SHB, sistemáticamente por su ideología y su objetivo último de normalización de kyriarcado, aceptan el sistema cisnormativo, rechazan a las personas no binarias y presentan un comportamiento tóxico ante todas aquellas personas del espectro trans, a quienes ven como una amenaza para sus intentos de inclusión dentro de ese sistema. Estos últimos comportamientos son un efecto colateral de su teoría por definición, prácticamente, ya que las personas truscum y las comunidades partidarias del SHB no tienen ningún interés en la aceptación, (permitir la existencia de ciertas personas sin que se vean obligadas a cambiar), sino en la asimilación (que esas personas se amolden al sistema cisnormativo).

Las partidarias del SHB y las truscum, en otras palabras, hacen uso de herramientas de opresión (binarismo, diadismo, género binario, neurosexismo, etc.) para construir una estructura que cabalgue a lomos del colonialismo, racismo y cisexismo inherentes a la ciencia y medicina occidentales. Para proteger esta estructura de la crítica de fuerzas opresoras, tienen que eliminar las voces trans y feministas disidentes que reclaman unas definiciones de género más inclusivas. Tanto para las truscum como para las pro SHB, la pseudociencia y, en concreto, el neurosexismo, les dan los fundamentos que necesitan por el mismo prestigio que ese lenguaje pseudocientífico contiene. El resultado final es la legitimación de sus ideas y comportamientos tóxicos y la perpetuación de la marginalización y la opresión tanto horizontal como vertical de personas trans y no binarias.

Ver también

Enlaces externos

 Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

 

 

 

De cómo me colé en una reunión de MRAs.

Del original de Kane Daniel en ViceI Infilitrated a Men’s Rights Group.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

HAT

Yo, como mucha gente de mi entorno, me indigno con la propia idea del activismo pro derechos de los hombres. Hablamos de un grupo a medias organizado de tíos que creen que el malvado fantasma del feminismo se ha infiltrado en nuestro tejido sociocultural y en los medios de comunicación; de un grupo de illuminatis en la sombra que han convertido a los hombres en una mayoría oprimida. ¿Tenéis en vuestra pandilla a ese colega con ideas particulares sobre los judíos? Bueno, pues cambiad al pueblo elegido por mujeres y empezaréis a saber por dónde voy.

Nos sacan de quicio, sí, a quién no le sacarían de sus casillas un grupo de bebés lloricas berreando sobre cómo esas pérfidas feministas les roban sus derechos y comportándose como si el fantasma del feminismo radical pasado se les fuera a colar en casa mientras duermen plácidamente sus sábanas de The Matrix Reloaded para mágicamente castrarles mientras sueñan con la cara chafada de un tipo bajo una bota Martens.

La respuesta del feminismo a esto no ha sido tibia. Lógico; como en cualquier ámbito, silencio y radicalidad no son compatibles. Theodore Roosevelt llegó a decir en una ocasión que «todo movimiento reformista tiene algún fleco rebelde». Lo que parece es que ahora internet parece haberse dividió en dos flecos en disputa; en un lado los MRAs y en otro, las feministas radicales, una dicotomía de la que es cómplice la prensa (pasar de la gente no te da clicks). Me pareció que había mucho ruido en todo esto, y que lo único que podía llegar a escuchar eran berridos, así que me planteé cómo sería eso de compartir cuatro paredes con algunos MRAs. Es decir, saber si tienen vida más allá de la avalancha de entradas de blog y vídeos de Youtube.

Me topé con un hilo escrito por un grupo de ellos de Sydney dentro de foro MRA más importante de internet, A Voice for Men, en el que avisaban de una quedada en Melbourne, una quedada para quedar en un bar o similar, comer y tomar algo para conocernos un poco y discutir la posibilidad de montar una célula MRA en Melbourne. Me inventé un nombre y usé una cuenta no personal para contactarles y me presenté como un visitante de foros con curiosidad por el movimiento.

Pierden totalmente el culo con el tema de la identificación, quieren pasar totalmente inadvertidos (me he ahorrado dar detalles intentando empatizar con este deseo). No publicaron en el foro ni el lugar ni la hora de la quedada y se pidió a los que fueran a acudir que vistieran con ropa de calle normal, no con camisetas con referencias MRA o cualquier cosa que pudieran identificarles como MRA. Como era el primer encuentro físico para mucha de esa gente, se usó un cubo de Rubik como referencia en una de las mesas del bar, supongo que como guiño a los abanderados de la racionalidad y la lógica que dicen proclamarse.

Durante el rato que estuve allí (no pude quedarme hasta que terminó), la quedada se dividió en tres partes diferenciadas. La primera fue la clásica charla ligera de cuando te encuentras con gente de muchos sitios por primera vez,  un tipo particular de gente acostumbrada a perseguir hilos conversacionales por internet. Muchísimos seguramente me conocerás por mi nick y mucho tanteo. Por ejemplo, salió a colación mi forma de hablar, geográficamente inubicable; fue agradable, de alguna manera. Estaba casi convencido de que me encontraba con gente que actuaba en base a un tipo de reglas rollo Dragones y Mazmorras que les resultaban apasionantes, y que su excitación se debía a estar todos juntitos entre gente afín.

Más tarde la cosa empezó a parecerse más a una reunión de Alcohólicos Anónimos como esas que se ven en las pelis americanas. La gente se colocó en círculo para presentarse, para comentar cómo llegaron al movimiento y el lugar que ocupaban en él, y aquí es cuando la cosa se puso turbia. No me quedó ninguna duda de que la gran mayoría de estos tipos tenía una profunda tortura interior: surgieron historias sobre madres esquizofrénicas, esposas agresivas y separación de su prole. Su punto de vista para gestionar estos traumas quedaba en evidencia: es mucho más sencillo despotricar contra aquellas instituciones que creen que persiguen y castigan su sagrada masculinidad que enfrentarse a la idea de que han sido víctimas de injusticia —una injusticia, ojo, que de ser tal, sería fruto de la caprichosa casualidad o de algún error individual, nunca de un sistema establecido a gran escala. Yo, el último en hablar, me tiré el rollo con lo de que el feminismo se había pasado de la raya y que había ido para aprender, algo que pareció bastarles.

Después de esto, empezó la parte más organizativa, con los tipos sintiéndose como estudiantes de primer curso de universidad cuando se reúnen para decidir acciones políticas prácticas. Empezó la charlita política grandilocuente sobre lo imposible de llevarlas a cabo a través del Partido Laborista (infestado de feministas, cuidao) o la poca cantidad de gente, muy organizada, eso sí, que se necesita para influenciar o designar a algún simpatizante que tenga acceso al gobierno. Empezaron a comparar el feminismo con el comunismo y, aunque solo hacían referencia a la parte más radical y ruidosa del movimiento, ni siquiera lo condenaban. Más que eso, lo que hacían era discutir como redirigir sus energías para conseguir sus objetivos. La declaración de intenciones se resumía en los siguientes puntos: luchamos por recuperar la igualdad perdida, nuestro objetivo global es la custodia compartida y queremos hacer saber que la violencia sexual de la que son víctimas los hombres existe. Se comentó cómo intentar repetir el éxito (ya depende de cómo definamos éxito) de la Asociación por la Igualdad de Canadá (Canadian Association for Equality, CAFÉ) en Australia. Hubo un intento fallido de skypeo con una personalidad MRA a través de un portátil monstruosamente grande. En general, fue una charla divagante, un debate sin objetivo definido que me resultaba difícil seguir por la ansiedad que me provocaba la pantomima que estaba llevando a cabo.

Tras toda esta confusión, recuerdo con claridad a uno de los comparecientes, que se acercó a mí cuando salieron a colación las fedoras. Sabiendo que era novato en estas cuestiones, me preguntó si me había sorprendido no haberme tropezado por ninguna parte con ese sombrero que se ha convertido en símbolo se frustración sexual para esos tipos-majos-que-siempre-son-los-que-más-duran-follando. Digamos que es considerar el feminismo una afrenta personal a tu caballerosidad hecha boina, o un #notallmen en forma de pedazo de fieltro a dos centímetros de tu coletita.  «¿Ves? No nos parecemos en nada a eso», dijo, o algo parecido, la verdad es que no me acuerdo, con la salvedad de que alrededor de la mesa donde estábamos sentados eran exactamente idénticos a como me los imaginaba. La autoimagen personal de cada uno tiene sus límites, supongo.

Al final, puse una excusa para largarme; estreché unas pocas manos, apunté una dirección email y le prometí a la gente que contactaríamos por el foro. Cuando salí, me encontraba catatónico. Mis opiniones no habían cambiado ni un ápice, pero me sentía preocupado por lo fácilmente que la retórica antifeminista había salido de mi boca, por lo sencillo que era zambullirse en una corriente de odio – incluso si es una corriente de la que quieres salir lo antes posible, por cómo la inercia de la aceptación social hace que toda opinión suene veraz, por lo cómodo que resultaba oír cualquier artimaña, por lo sencillo que es poner cara de pena y escucharle los dramas a alguien, por lo fácil que era que te surgieran punzaditas de empatía, algo que me hace pensar que estos tipos no necesitan un movimiento, necesitan necesitan un grupo de apoyo.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Asexualidad: la vida sin atracción sexual

Del original anónimo en Everyday Feminism, Asexuality: Life Without Sexual Attraction.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Publicado originalmente en Feminspire y compartido aquí con su permiso.

Ace-of-Hearts

Durante mi etapa de instituto, no me resultaba un gran problema mantener conversaciones sobre sexo. No era algo que hubieran practicado la mayoría de mis amigas más cercanas, así que apenas salía a colación. Además, tenía una experiencia al respecto lo suficientemente competente como para inmiscuirme en cualquier conversación referente o para formar parte de cualquier corrillo que jugara al yo nunca, llegado el caso.

Sin embargo, cuando llegué a la universidad, parecía que todas las charlas de presentación eran un interrogatorio sobre a quién te habías tirado o cómo y así un largo etcétera. No era que no tuviera historias con las que contribuir, lo que me pasó es que en algún momento de ese lapso de tiempo que transcurrió entre el fin del instituto y el comienzo de esas charlas con mis nuevas compañeras de colegio mayor, me di cuenta de algo muy personal: no sentía atracción sexual por nadie.

No miraba a la gente y fantaseaba sobre cómo me la follaría y ni siquiera es un factor que tenga en cuenta en mis relaciones o mis citas  (si exceptuamos ese leve pánico a las expectativas sexuales que cargan sobre mis espaldas).

Me siento comodísima en debates sobre orientaciones y experiencias sexuales, desde el tibio sexo hetero hasta el más bizarro, quinqui y salvaje que te puedas imaginar; creo que es importante permitir que la gente se alce como portavoz de sus propios designios y acciones.

No obstante, seamos cuidadosas, no nos dejemos llevar por la excitación y pongamos en un apuro a aquellas personas como nosotras que tienen poco o nulo interés en el sexo o en actividades sexuales de cualquier índole.

No  existen muchos trabajos de investigación sobre asexualidad actualmente, pero uno de ellos, muy comúnmente citado, es el del Journal of Sex Research, del año 2004, que declara que el 1% de la población mundial es asexual. Sin duda, un número muy inferior al real, teniendo en cuenta la gente que no se declara como tal por miles de razones.

Una persona asexual es aquella que no experimenta atracción sexual alguna.

Esto no quiere decir que no puedan experimentar excitación, atracción afectiva o estética, o que no deseen intimidad en sus relaciones. Incluso puedes masturbarte y tener encuentros sexuales y seguir siendo asexual.

La sexualidad conforma un espectro en la cual la asexualidad se encuentra en uno de los extremos; sin embargo, alguien que se identifica como asexual es también un individuo, independiente y con particularidades.

También puedes ser asexual y heteroafectiva, y asexual y homoafectiva, o incluso asexual y anafectiva, o cualquier cosa entre medias.

what-is-asexuality

El espectro asexual también incluye a  personas demisexuales, aquellas que solo experimentan atracción sexual tras haber establecido un sólido vínculo emocional y a personas grisexuales, aquellas que en muy raras ocasiones experimentan atracción sexual.

La asexualidad se diferencia notoriamente del celibato o de la abstención de actividades sexuales porque existe una diferencia intrínseca  entre conducta y atracción. Y, aun con esto, hay personas asexuales que se involucran en prácticas sexuales por múltiples razones.

En la sociedad hipersexualizada en la que vivimos, las personas asexuales tienen que enfrentarse a miles de situaciones de discriminación y juicio, no solo ante personas heterosexuales, sino ante todas las que conforman el espectro de género y orientación.

Los cuerpos leídos como masculino que se identifican como asexuales, por ejemplo, no suelen involucrarse en las típicas conversaciones de vestuario en las que muchas de nosotras nos jactamos de nuestras conquistas sexuales ni chismorrean sobre la gente atractiva de su entorno ni sobre todo lo que les gustaría hacerles.

Los cuerpos leídos como femenino e identificados como asexuales, por otra parte, sufren la acusación constante de mojigatería o de hacerse las difíciles.

Todas las personas asexuales pueden sufrir ostracismo, especialmente de adolescentes, cuando la mayoría de nuestras conversaciones están monopolizadas por el sexo o las relaciones, cuando esas personas se ven incapaces de asociar o entender por qué el sexo es un tema tan solicitado.

Suelen ser diana de comentarios como el de estar perdiéndose todo ese gran mundo del sexo, o el tan manido ya encontrarás a la persona adecuada.

Hace poco que me identifico como asexual y coincido con la mayor parte de su definición, pero sí hubo un momento a lo largo de mi vida en el que pasaba, de pleno derecho, por una persona sexualmente activa. El caso es que no me gustaba ni se me antojaba, ni tampoco veía a gente y me sentía vincluada a ella de manera sexual.

Para mí, el sexo era una manera de obtener la intimidad de una relación con alguien pero, desafortunadamente, no me funcionó. La gente no compartía mi visión, así que pensé que igual algo me ocurría al no compartir ese deseo.

Durante mucho tiempo, incluso descarté aplicar para mí cualquier tipo de orientación sexual, ya que ninguna me definía como es debido. Tampoco creía que hubiera otra gente como yo, que no concibiera las relaciones desde una óptica sexual.

AceFlag

Lo que acabó por ocurrirme es que me vi envuelta en multitud de relaciones tóxicas porque consideraba que sexo era lo que se esperaba de mí y lo que tenía quedar en una relación.

Tener constancia de la asexualidad ha sido para mí un paso importantísimo a la hora de firmar la paz con todas esas experiencias sexuales no deseadas.

Para muchas personas asexuales, el ser capaces de decir simplemente que lo son es una parte importantísima dentro de la construcción de su identidad y una forma de salir del armario. Es algo perfectamente equiparable a la situación de las personas que no se identifican como heterosexuales.

No pretendo hablar por las personas asexuales en general ni por ninguna en particular, tengo perfecta constancia que el espectro asexual es igual de amplio que el alosexual (activosexual). La Red por el Reconocimiento y la Visibilidad Asexual, AVEN en sus siglas en inglés, contiene recursos informativos muy detallados y un foro de consulta y debate por internet. También hay gran cantidad de muy buena información sobre relaciones con personas asexuales (¡también hay unos consejos muy buenos para practicar sexo 100% consentido entre personas alosexuales!).

Lo mejor que podemos hacer es mantenernos informadas, tanto de nuestras propias orientaciones como de las ajenas, y tener siempre en cuenta la posibilidad de que hay personas a nuestro alrededor que pueden no compartir nuestra visión del sexo.

Incluso entre personas alosexuales existen un amplio abanico de situaciones e individuos que les estimulan o deprimen sexualmente. ¿Por qué parece tan rupturista que algunas de nosotras no pertenezcamos a ninguna opción de este surtido tan difuso?

Muchas veces parece que cada vez que nos distraemos un momento, aparece una nueva orientación que debemos empezar a tener en cuenta.

Es muy importante que tengamos en cuenta que no solo no hay nada malo en tener sexo, en evitarlo, en tenerlo con una persona, muchas o personas de distinto género, tampoco hay nada malo en simplemente no tenerlo o no querer tenerlo.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Mitos y realidades sobre las mujeres musulmanas

Del original de Ruby Hamad en Daily Life The most common myths about muslim women and why they are wrongtraducido por Tina Mita ❤ y corregido por Demonio Blanco.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

wide-052409-be6a1ffa-454b-11e4-8d18-6daa66de36c2-620x349

La percepción occidental de las mujeres musulmanas es a menudo contradictoria. A pesar de que se las compadece por considerarlas víctimas de opresión, las mujeres musulmanas  también tienen que soportar el resentimiento contra lo islámico. La semana pasada, dos mujeres australianas y musulmanas, Randa Abdel-Fattah y Anne Azza-Aly, en el programa de debate Q&A del medio ABC de Australia  destruyeron muy atinadamente muchos de los mitos y visiones distorsionadas que contaminan el ámbito del Islam y del terrorismo. Como respuesta a la creciente tensión tras las «redadas del terror» en el país, pedí ayuda a Randa,  abogada que se encuentra actualmente trabajando en su doctorado, y de Anne,  investigadora especializada en lucha antiterrorista, con el fin de desmantelar algunos de los mitos más comunes relativos a las mujeres musulmanas.

Mito: Las mujeres musulmanas están oprimidas

El supuesto que todas las mujeres musulmanas se encuentran oprimidas tiene su origen, principalmente, en los requerimientos islámicos de vestimenta (hijab). Mientras que el Corán exige tanto a hombres como a mujeres vestir «modestamente», en la práctica es principalmente la indumentaria femenina la que está sometida a escrutinio, y sus múltiples denominaciones dan lugar a interpretaciones encontradas con respecto a su propio significado. Mientras que las mujeres pertenecientes a la pequeña secta alauita abandonaron todos los tipos de hijab ya en los años sesenta, en el Islam suní (dentro del cual se encuentra el Salafismo, el más estricto en su interpretación), se inauguró una tendencia hacia una vestimenta más conservadora, por la cual cada vez más mujeres comenzaron a cubrirse la cara y el pelo.

Por supuesto, cualquier mujer que es forzada, ya sea por el Estado o por su propia familia, a llevar  burqa o cualquier tipo de pañuelo en la cabeza, está siendo víctima de opresión. No obstante, muchas mujeres musulmanas eligen llevar velo por voluntad propia, y que esta elección sea solo potestad de mujeres nos lleva a  cuestionar legítimamente si tal elección puede ser realmente libre. Sin embargo, Randa advierte que «todas estamos sujetas a la influencia de ciertas normas y expectativas sobre maneras de vestir, de comportamiento, de expresión… Creo que muy pocas decisiones son realmente «libres», ya sea a la hora de llevar el hijab o no, tanto si somos religiosas como si no.»

En otras palabras, todas nuestras decisiones se encuentran coaccionadas por la sociedad patriarcal en la que vivimos. La impresión de que todas las mujeres musulmanas se encuentran subyugadas está vinculada a la errónea convicción de que la liberación de las mujeres en occidente ya se ha conseguido. Sin embargo, la idea de que los cuerpos femeninos existen básicamente para ser objetos sexuales está  afianzada tanto en Occidente como en las sociedades musulmanas, ya que a las musulmanas se las empuja a ocultar su sexualidad mientras que a las occidentales se las anima a explotarla.

tumblr_lcrtc5FQWs1qet98po1_r1_400

La abolición de estos sistemas de opresión no pasa por algo  tan sencillo como prohibir un tipo determinado de vestuario. Así como las mujeres occidentales se hicieron ellas mismas con las riendas de su propia liberación,  otro tanto deben hacer las mujeres musulmanas que se sientan constreñidas por su cultura. Anne defiende que una de las maneras por las que las musulmanas pueden ejercer su descontento puede ser «abriendo un debate sobre el niqab (burqa) al margen de cuestiones de derechos y apariencias y llevado al terreno del simbolismo político y de las interpretaciones religiosas». Irónicamente, cuanto más se obsesiona Occidente con el burqa y más intenta dictar cómo deberían vestirse las musulmanas, más musulmanas son excluidas del debate.

Mito: Las mujeres musulmanas o son analfabetas o lo parecen.

Las personas que pudieron presenciar el programa de las semana pasada habrán podido comprobar como Randa y Anne son un ejemplo de cuán erróneo es este mito, sin embargo, la propia hostilidad en algunas naciones musulmanas hacia la educación de mujeres alienta la percepción de que el propio Islam desaprueba la educación femenina.

«Es ridículo que en la mayoría de países musulmanes hayan olvidado u optado por ignorar la rica historia de jurisprudencia islámica, que han protagonizado  un montón de maravillosas mujeres musulmanas», dice Randa, «Existe una enorme brecha entre la doctrina Islámica, nuestra historia y lo que actualmente percibimos».

Un hecho verídico es que la primera universidad del mundo la fundó una mujer musulmana en el siglo IX, y hoy en día las mujeres musulmanas trabajan sin descanso para asegurarse acceso a la educación. Una de ellas es Malala Yousafzai, pero también hay otras,  como Sakeena Yacoobi, fundadora del Instituto Afgano de Enseñanza, que empezó educando a niñas en la clandestinidad durante el gobierno talibán en ese país en los años noventa.

La triste verdad es que existen fundamentalistas misóginos que niegan la educación tanto a mujeres como a algunos hombres simplemente porque eso facilita su opresión. Sin embargo, la doctrina islámica no solo condena este hecho, sino que se opone sistemáticamente al mismo: las primeras palabras del Corán rezan «Lee. Lee en el nombre del Señor.»

muslim_women_supporting_the_hijab

Mito: Las mujeres musulmanas constituyen un riesgo para la seguridad nacional.

En Australia, cuando el senador del Partido Liberal Australiano, de centro derecha, Cory Bernardi se apoyó en los recientes «terror raids» (redadas del terror) para, de nuevo, pedir la prohibición del burqa, la senadora Jacqui Lambie, del partido PUP  (Palmer United Party, denominado así por su fundador, el magnate de la minería Clive Palmer),  conservador, no dudó en unirse rápidamente a la propuesta, coincidiendo ambos en que el velo representa un riesgo para la seguridad del país.

Anne nos dice que mientras en algunos países árabes se ha prohibido el burqa por razones de seguridad, en Australia «no se han registrado incidencias que justifiquen ese nivel de preocupación». Es más, «existen fatwas (decretos religiosos) que dictaminan que el niqab (burqa) debe ser eliminado en circunstancias que requieran identificación con fines médicos o de seguridad. Así que ya existe una  manera de mitigar los riesgos que puede provocar el uso de indumentaria que cubre el rostro respetando a la vez sentimientos religiosos».

El punto al que quiero llegar es que no hay razón para responsabilizar a mujeres de actos terroristas perpetrados principalmente por hombres. «No hay pruebas de la relación entre el terrorismo y el niqab,» dice Anne, «realmente no existe ese problema.»

Mito: Las mujeres musulmanas se encuentran un escalón por debajo de los hombres.

Crecí en una casa donde de costumbres alauitas, donde mis hermanos recibían un trato preferente. Sin embargo, también recuerdo las razones (o excusas) dadas por mis padres tenían más relación con el estatus o la reputación que con la religión, y ahí surgía la clásica comidilla: «¡Pero no podemos dejarte salir! ¿Qué dirá la gente?!»

La línea que separa cultura y religión es muy estrecha. Mi amiga Sofía, profesora universitaria, dice que la religión es cultura, y que analizar ambas como fenómenos separados no esclarece nada. Las sociedades humanas moldean y modifican la religión según sus peculiaridades y prácticas (lo cual es, efectivamente, lo que observamos en grupos terroristas modernos).

la-talla-38-me-aprieta-el-chocho

Esto no modifica el hecho de que el trato detestable hacia las mujeres en muchas sociedades musulmanas no concuerda ni con la historia del Islam ni con la palabra del Corán. Mientras que mi visión del Islam parte desde una visión más secular que espiritual, para Randa cada día representa «una constante lucha para conciliar mi profunda convicción y devoción por la fe Islámica y las enfermizas noticias de abusos a mujeres en nombre de mi fe».

No obstante, añade, «no creo ni por un momento que la opresión y brutalidad dirigida contra mujeres parta de sinceras creencias religiosas. La opresión de la mujer es esencialmente una cuestión de ansia de poder y dominación sobre las mujeres, y puede manifestarse desde un ataque a niñas que buscan educación en Afganistán o el trato de segunda a las mujeres en Arabia Saudí».

A pesar de todas sus diferencias, las bases de las sociedades musulmanas y las sociedades occidentales son fundamentalmente las mismas, ya que las dos se han construido bajo el precario pilar patriarcal. Por mucho que nos guste culpar a la religión de todos los males del mundo, la verdad es que mucho de lo que consideramos represión religiosa es en realidad misoginia cultural.

Con respecto a esto último, os dejo con la palabra de Randa, quien hace un llamamiento por «una especie de cirugía radical en los países musulmanes con el fin de eliminar la fístula putrefacta y enfermiza del patriarcado, que amenaza con definir a la mitad de la población como órganos sexuales andantes… Esto conllevaría la promoción de argumentos teológicos fundamentados que empoderasen a las mujeres para así conseguir tomar decisiones dignas basándose en su propia tradición religiosa.»

Amén.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Los hombres gordos son una cuestión feminista.

Del original de Virgie Tovar en Everyday Feminism, Fat men are a feminist issue.

fatmentfeminist

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Muy a menudo se me ha preguntado por mi opinión política en relación a la gordura en hombres.

Lo cierto es que he dudado durante largo tiempo pronunciarme al respecto –muy a pesar de la importancia que reviste el asunto– principalmente por dos razones:

  1. Mi entorno y experiencia se centran en el estudio y defensa de los cuerpos leídos como mujer, y
  2. No he dedicado el suficiente tiempo a desarrollar mis opiniones relativas a cómo afecta la gordofobia en hombres, partiendo de la base de que esta fobia se encuentra especialmente determinada por el género.

La gordofobia, en muchas de sus formas, fomenta el odio contra las mujeres y normativiza nuestros cuerpos. Sin embargo, hace poco que me he dado cuenta de que, a veces, en la gordofobia infligida contra los cuerpos leídos como hombres también existe misoginia.

Mientras me documentaba para elaborar este artículo, descubrí que a los hombres gordos se les lee como femeninos. Normalmente, se considera que los hombres gordos son de moral disoluta y de disciplina despendolada, algo que históricamente se ha adscrito a las mujeres y la femineidad. También me topé con algunas discusiones que señalaban que la gordofobia masculina tiene su origen en la preocupación por la progresiva feminización de los hombres.

De esta manera, creo firmemente que algunos elementos (o puede que la mayoría) de los que provocan la gordofobia sufrida por los cuerpos leídos como  hombre son el sexismo y el odio intrínseco hacia lo femenino en nuestra cultura, no el odio per se hacia las personas gordas.

Tras haber revisado imágenes y artículos relacionadas con este asunto en la red, tres puntos me llamaron la atención.

  1. Feminización química.

Incluso el célebre personaje televisivo en Estados Unidos Dr. Oz ha manifestado su malestar respecto al aumento de peso en hombres, que, según él, puede dar lugar a «aumento de la conversión de testosterona en estrógenos».

En este artículo de la periodista y escritora Judy Mandelbaum en la revista Salon, cuyo título rezaba Según investigadores del sexo, el «tamaño» importa, al que le añadía la siguiente ocurrencia: «recientes estudios demuestran que los hombres gordos duran más en la cama. ¿Deberíamos de estar de celebración en los Estados Unidos? El cuerpo del texto incluía el siguiente fragmento (énfasis personal):

«Los hombres con sobrepeso mostraban altos niveles de estradiol, la hormona sexual femenina. Este elemento afectaba aparentemente a los neurotransmisores masculinos naturales y ralentizaba su llegada al orgasmo. Irónicamente, cuando más se reducía su apariencia masculina, en mejores amantes se convertían».

Es difícil patinar más y mejor.

En primer lugar, sé  que existe la creencia popular de que las hormonas sexuales de cada género determinan un un comportamiento característico, siendo agresivo en hombres y sumiso en mujeres. También se les adjudica efecto en la duración del coito.

Pertenezco a esa minoría de catedráticas que defienden que esta especie de determinismo hormonal no solo plantea problemas, sino que es totalmente falso.

Mendelbaum traza vínculos potencialmente engañosos entre la ampliación de la duración del coito y la mayor presencia de estrógenos en hombres gordos, cuando es harto difícil establecer tal conexión. Fijaos también en la palabra aparentemente en el extracto, sin ningún tipo de valor explicativo, sea el que sea. Aunque los hechos se encuentren correlacionados, esto no significa que les una ninguna relación de causalidad.

Hay infinidad de factores que posiblemente sí tengan influencia en estos descubrimientos. Uno de ellos, el primero que se me ocurre, puede ser una mayor timidez en hombres gordos, que puede afectar al tiempo que necesitan para alcanzar el orgasmo.

Las personas gordas hemos aprendido que nuestros cuerpos no solo no son atractivos, sino que directamente están MAL. Esto me ha llevado a darme cuenta de que tanto la timidez como la inseguridad son factores importantes que intervienen en la consecución del orgasmo durante el sexo.

fatcastration

Como mujer gorda, tengo más células adiposas, las mismas que almacenan hormonas, y, por ello, seguramente tendré más estrógenos y testosterona en mi cuerpo que una mujer delgada.

No creo que un mayor nivel de hormonas en mi cuerpo afecte a mi capacidad de llegar al orgasmo tanto como lo hace mi conciencia personal de persona gorda.

Cuando me encuentro con parejas sexuales que me hacen sentir emocionalmente segura, no tengo ningún problema en conseguir orgasmos increíbles en cortos periodos de tiempo. Aunque no puedo anunciar que es lo mismo que les ocurre a los hombres que se sometieron al estudio que he mencionado antes, sí puedo afirmar que este factor puede generar socava sus postulados.

En segundo lugar, y probablemente el más importante, la autora está haciendo uso de un supuesto argumento científico para proponer que los hombres gordos, tanto física como químicamente, guardan parecido con las mujeres.

La noción de que las partes del cuerpo de los hombres tienen una apariencia menos masculina cuanto mayor sea su volumen no es ciencia (ni siquiera hormonación), son los prejuicios  gordófobos de la propia autora. Sin embargo, lo importante de esto último es que vincule la expresión de género y la gordura.

Sus declaraciones ponen en entredicho el género y la virilidad de los hombres gordos, haciendo uso de una herramienta basada en la noción cultural que defiende que un hombre leído como femenino es motivo de vergüenza.

  1. Gordura castradora

En busca de imágenes y artículos relativos a hombres gordos, di con un meme muy popular asociado a hombres gordos. Lo llamé el meme de gordura castradora.

fatcat2

Representa literalmente la idea de que los hombres gordos no pueden dar con su pene (un nivel de condescendencia típica y exclusivamente reservado a las mujeres, no se nos olvide), que llevan años sin verlo y otras formas de castración metafórica.

Permitidme hablaros de las dos partes de este meme que me parecieron especialmente sexistas:

En primer lugar, la noción de que los hombres gordos están incapacitados para encontrarse el pene, cuanto menos, infantiliza.

Como he mencionado anteriormente, por lo general, estos niveles de condescendencia están reservados solo a mujeres, cuya construcción cultural les adjudica puerilidad y una menor inteligencia en comparación con los hombres.

Este meme  me trajo a la mente aquellas veces que los hombres me hablan de una manera infantil cuando creen que no he entendido algo que ellos creen obvio; es más, lo considero una prueba de que los cuerpos de los hombres gordos están construidos como femeninos: tal condescendencia muestra un tipo de comunicación normalmente unidireccional, de hombres a mujeres.

Segundo, este pene desaparecido representa la clásica preocupación cultural por la diferenciación sexual.

Este meme parece insinuar que a los hombres gordos no se les puede clasificar como hombres porque su volumen afecta a la visibilidad de su pene. Ya que los penes se leen como sinónimo de masculinidad, una cantidad de grasa tal que altere la visibilidad del pene le genera problemas al binarismo de género y, por tanto, a la heterosexualidad obligatoria.

Considero importante incluir que la grasa, como otros elementos, altera la forma de los genitales, cosa que es totalmente normal, por otra parte.

Estamos bombardeados por la idea de la uniformidad genital que nos transmite el porno, esa fuente sobre la cual muchas personas basan su aprendizaje sexual, pero lo cierto es que lo que hay por ahí es una variedad de genitales muy abundante, además de real.

Uno de los grandes descubrimientos de mi adultez fue el entorno de mi oronda vulva, porque sí, las mujeres gordas también tenemos vulvas gordas.

Mis labios mayores poseen un tamaño mayor que los de las mujeres delgadas, así que mi clítoris está profundamente acurrucado entre mis rechonchos labios y gracias a mi hermoso vientre, la entrada a mi conducto vaginal está un poquito más por debajo que el de los cuerpos delgados, porque los cuerpos varían.

Todos estos elementos se adaptan perfectamente al acto sexual y no modifican la identidad de género, la orientación o el encanto de las personas.

e39c8a9a-3454-11e4-_762438h

  1. El desarrollo de las tetas de hombre.

Otra fuente de preocupación en lo relativo a hombres gordos es el desarrollo de los pechos, también conocidos con el vergonzante nombre de tetas de hombre o moobs en inglés (mezcla de los términos man (hombre) y boobs (tetas, pechos).

Este fenómeno suele leerse como repugnante (¡gracias, UrbanDictionary!) e Internet está lleno de recomendaciones para su tratamiento, tanto quirúrgicas como de otros tipos.

En un artículo para la revista Men’s Health sobre el destierro de las tetas de hombre, el autor se explaya con lo siguiente: es probable que te gusten los pechos prominentes siempre que no seas tú el que los lleva puestos.

Como en el anteriormente mencionado meme del pene desaparecido, se establece aquí un vínculo entre la heterosexualidad obligatoria y el tamaño del cuerpo, ya que, subliminalmente, se determinan las fronteras de la sexualidad insisitiendo en que solo las mujeres deben tener pechos.

Como hombre, debes sentirte atraído hacia ellas, y si eres el que las lleva, entonces estás haciendo tambalear la heteronormatividad porque desdibujas esa división socialmente determinada entre los cuerpos leídos como hombres y los leídos como mujer.

He aquí la verdad: todo ser humano tienen pechos. Y los Estados Unidos poseen una cultura especialmente obsesionada con los mismos. Creo que, en relación a esto, hay un nexo de unión entre la obsesión por la despersonalización y la sexualización de los cuerpos leídos como mujer y las preocupaciones sociales que generan los cuerpos gordos leídos como hombre.

Se supone que solo los hombres son los que despersonalizan nuestros cuerpos; nuestros pechos, específicamente. Cuando los pechos masculinos superan el límite que se establece de manera arbitraria, comienza a haber problemas, ya que la lectura de lo masculino comienza a confundirse.

Más que eso, el poder que en teoría ostentan los hombres se sustenta, en parte, en el concepto de la superioridad física de sus cuerpos, porque los cuerpos gordos, género aparte, están construidos como físicamente incapaces, convirtiendo a los hombres gordos en una amenaza a la dominación masculina.

Conclusiones.

Seamos claras: no apoyo ninguna de las descripciones de los hombres gordos que he mencionado anteriormente. Quiero también aclarar que no he llegado a todas las razones por las cuales los hombres sufren gordofobia, ya que son muchísimas.

Sin embargo, creo firmemente que el sexismo ejerce uno de los papeles más importantes en las maneras en que se describe a los hombres gordos por Internet.

Esta preocupación porque  los hombres gordos se conviertan paulatinamente en cuerpos leídos como mujer o porque muestren características tradicionalmente adscritas a los mismos es, en mi opinión, el núcleo (o su mayor parte) de la gordofobia sufrida por los cuerpos leídos como hombre.

Y, por tanto, concibo que el enfoque de este asunto debe partir desde el feminismo. No solo eso, creo que merece que nos preguntemos, sin obviar el privilegio masculino, que los hombres gordos todavía ostentan, por las modos con los que se construyen culturalmente los cuerpos de los hombres gordos  y la manera que esto afecta a la lectura de los cuerpos leídos como mujer y al control de la disconformidad de género de cualquier tipo.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Las trabajadoras del sexo tenemos mucho que decir sobre derechos laborales. ¡Escuchadnos!

Del original de Jane Green en The GuardianListen to sex workers – you’ll realise we have a lot to say about labour rights.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Las trabajadoras del sexo practicamos nuestra profesión porque tenemos necesidades y deseos en la vida: comida, cobijo y los gastos cotidianos que nos afectan diariamente. Además, somos parte integrante de las comunidades donde trabajamos y vivimos.

e648329b-6fc9-4b7f-871f-ce5b0302a474-460x276

En Victoria, Londres, el trabajo sexual a pie de calle continúa criminalizado y sometido a leyes reguladoras.

Me produjo una frustración y una desesperación horrible leer el artículo Vivir en St. Kilda (Escocia) me abrió los ojos al mundo de la prostitución. Si tengo suerte, podré escapar. Frustración y desesperación porque, como trabajadora del sexo, antigua trabajadora a pie de calle y abogada de trabajadoras del sexo, muy a menudo veo que gente ajena a nuestro mundo habla de nuestras vidas de forma despectiva y estigmatizante. Tan, tan a menudo, que hasta ya existe un término para denominar nuestro trabajo: porno por compasión.

El término porno por compasión nos describe a las trabajadoras del sexo como víctimas alienadas,  incapaces de tener voz propia y en constante necesidad de rescate o de rehabilitación. Es esta una visión que niega la potestad que tenemos sobre nuestros propios cuerpos, que busca sabotear las luchas de las trabajadoras del sexo para que nuestros derechos como personas se vean reconocidos y que coloca en un lugar preponderante en debates sobre nuestras vidas y derechos las voces de aquellas personas ajenas a nuestro mundo. Esto no puede ser.

Las trabajadoras del sexo, como las demás, practicamos nuestra profesión porque tenemos necesidades y deseos en la vida: comida, cobijo y los gastos cotidianos que nos afectan diariamente, y sí, a veces drogas, aunque obtener drogas no es ni mucho menos el motivo indispensable que nos lleva a involucrarnos en esta rama profesional. Formamos parte de las comunidades en las que trabajamos y vivimos, siendo las trabajadoras del sexo a pie de calle la parte más visible de nuestra comunidad y también las que se enfrentan a situaciones específicas en términos de atención pública y mediática.

En Victoria, Londres, el trabajo sexual a pie de calle continúa criminalizado y sometido a leyes reguladoras. Esto se refleja en nuestro día a día como profesionales del sexo cuando recibimos un trato diferente al que se aplica a trabajadoras de otras ramas. Estamos sometidas a un complejo y confuso régimen de regulaciones que nos dicta cómo y cuándo tenemos que trabajar. Cuando en alguna ocasión no cumplimos esas determinaciones o cuando somos víctimas de violencia, nos vemos obligadas a pedir ayuda a las autoridades (entre ellas, la policía) y a arriesgarnos a ser multadas por no cumplir las especificaciones de las leyes reguladoras.

En relación con lo anterior, algo que te puede provocar que el ánimo se te caiga a los pies es leer la prensa y encontrarte un artículo de opinión que tire de generalizaciones fundamentadas en interacciones que el autor ha con trabajadoras del sexo, que en general no van más allá que un par de buenos días.

Si de verdad quieres enterarte de nuestras vidas como trabajadoras del sexo, te daré una pista: escúchanos, tenemos mucho que decir. No estamos calladas, luchamos a diario por los derechos laborales de nuestra comunidad. Apreciamos a aquellas personas que nos escuchan y no tratan de hablar en nuestro nombre; las aliadas de verdad respetan nuestra independencia y no presuponen nada sobre nosotras, sino que intentan descubrir por sí mismas nuestro mundo, el de las trabajadoras del sexo, a través de nosotras.

Si escribes sobre nosotras, es importante que entiendas que cuando describes el ambiente en el que trabajamos como un martilleo constante de miseria, día y  noche,  día y  noche y a nosotras como de caras sumisas, pero de ojos curtidos, lo que estás haciendo es despersonalizarnos y estigmatizarnos. Si en realidad te preocupa la violencia en nuestras vidas, si quieres ser una persona mentalizada sobre nuestra comunidad que quiere darnos su apoyo, los elementos clave a los que te tienes que enfrentar son el estigma y la discriminación y las leyes que criminalizan nuestro trabajo y evitan que disfrutemos de los derechos como personas y trabajadoras de los que sí disfrutan otros miembros de la sociedad, esas mismas leyes que nos dificultan el acceso a la justicia cuando somos víctimas de violencia.

Todo tipo de ayuda relativa a lo anterior que se nos facilite a las trabajadoras del sexo es un apoyo muy importante, escribir cosas como sexo por compasión, no.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).