El Islam africano civilizó la Península Ibérica

Original en Global Research, “How African Muslims “Civilized Spain”“, por Garikai Chengu.

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Hace pocos días marcó el aniversario del final del poblamiento musulmán de las regiones geográficas hoy ocupadas por los estado español, portugués y francés tras 700 años.

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Hace 408 años, el rey Felipe III de España dictó una orden que a la postre se convirtió en una de los ejemplos más tempranos de políticas en pos de la limpieza étnica. Durante el apogeo de la Inquisición española, el rey Felipe ordenó que en torno a 300.000 personas de tradición morisca abandonaran los territorios hispánicos, dando inicio a uno de los episodios más brutales y trágicos de la historia española.

Pese a este epitafio de la tradición musulmana en la Península Ibérica, fueron las poblaciones de origen africano las que trajeron de nuevo la civilización a los territorios que hoy conforman España,  Portugal y el resto de Europa tras el colapso romano, y no al revés, como se cree comúnmente.

La primera civilización que se puede llamar europea tuvo su origen en la isla de Creta en torno al 1700 a.C., cuya cultura, y posteriormente la griega, bebe en gran parte de la que ya existía en el valle del Nilo, hogar de poblaciones que en la actualidad se considerarían negras. La cultura griega pasó a la romana hasta su colapso, lo que resultó en una especie de edad oscura que se asentó en Europa durante cinco siglos. La civilización volvió a ser reintroducida en el continente gracias a las poblaciones magrebíes procedentes de África, los comúnmente conocidos como «pueblos moros», quienes pusieron fin a esta etapa de oscuridad.

La historia que aprendemos en occidente equipara el periodo conocido como «Edad Media» con el de «Edad Oscura», y lo caracteriza como una edad en la cual la civilización en general, incluyendo las artes y las ciencias quedaron reducidas al mínimo. Aunque esto pudiera ser cierto en algunos lugares de Europa, en África el proceso fue el inverso.

Cheikh Anta Diop, reconocido historiador panafricanista, recoge en su obra que los grandes imperios del mundo durante el Medioevo fueron los grandes imperios negros asentados en África, donde también se desarrollaron los más prominentes centros culturales y educativos del mundo. Durante este periodo, la imagen común del bárbaro forajido se atribuía más a menudo a la población europea.

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Tras el colapso del Imperio Romano, multitudes de tribus de origen caucásico sufrieron el empuje de las hordas hunas e invadieron el oeste europeo. Años después, en el 711, las poblaciones moras pusieron el pie en las costas ibéricas y el islam africano trajo introdujo una civilización antes desconocida para las tribus caucásicas que habitaban la región en ese entonces. A partir de ese entonces, «los moros» gobernaron las actuales España, Portugal, norte de África y sur de Francia durante más de 700 años.

Aunque durante generaciones de propaganda desde el poder se han tratado de suprimir estos elementos de los registros históricos; hallazgos arqueológicos y académicos recientes han arrojado luz sobre cómo los avanzados conocimientos moros en matemáticas, astronomía, arte y filosofía ayudaron a sacar a Europa de la oscuridad y empujarla al Renacimiento.

Basil Davidson, un afamado historiador británico, apunta que durante el siglo VIII no existía lugar «más admirado por su vecindad o que más comodidad facilitaba que una civilización de corte africano que estaba tomando forma en la antigua Hispania».

Gran parte de las poblaciones moras de este entonces serían consideradas negras hoy en día, e incluso el dramaturgo William Shakespeare comenzó a usar el término «moro» como sinónimo de «africano». La educación fue universal en al-Ándalus, la España musulmana, mientras que en la Europa cristiana, el 99% de la población era analfabeta, e incluso muchos reyes eran incapaces de leer o escribir. Al-Ándalus hizo crecer como la espuma la tasa de alfabetización, a unos niveles sorprendentes para una sociedad premoderna. En una época en la que Europa solo contaba con dos universidades, el mundo musulmán contaba con 17. Los fundadores de la Universidad de Oxford se inspiraron en las instituciones de la península tras una visita a las mismas para crear la suya. Según el Cuerpo Educativo de las Naciones Unidas, la universidad operativa más antigua del mundo hasta hoy es la Universidad de Al-Karaouine, en el actual Marruecos, fundada durante el siglo VIII, en el apogeo del imperio islámico, en el 859, por una mujer, Fátima al-Fihri.

En el ámbito de las matemáticas, el número 0, los numerales arábigos y el sistema decimal fueron introducidos en Europa por el Islam, facilitándoles la resolución de problemas de manera más rápida y concisa, y poniendo los cimientos para la revolución científica de siglos posteriores.

La curiosidad científica de estos pueblos llegó hasta el ámbito de la aeronáutica y la polimatía. Ibn Firmas llevó a cabo el primer experimento científico de vuelo controlado que se conoce en el año 875. Los archivos históricos surgieren que su intento fue un éxito, no así su aterrizaje. De esta manera, pueblos africanos conquistaron el cielo seis siglos antes de que Da Vinci desarrollara su ala delta.

Es una evidencia que las poblaciones moras desde al-Ándalus ayudaron a sacar a la Europa medieval del oscurantismo y pusieron las bases del Renacimiento posterior. De hecho, muchas de las características de las que la Europa actual se jacta tienen su origen en la España musulmana, como el libre comercio, la diplomacia, la apertura de fronteras, la etiqueta, la navegación avanzada, los métodos de investigación y avances clave en el ámbito de la química.

En un momento en el que en los territorios musulmanes  se construyeron 600 baños públicos y sus gobernantes vivían en suntuosos palacios, las monarquías de Alemania, Francia e Inglaterra promovieron entre sus poblaciones que la pulcritud era un pecado y así sus monarcas comenzaron a vivir en grandes graneros, sin ventanas ni chimeneas, con un único agujero en el techo para la salida del humo.

Durante el siglo X, Córdoba no solo era la capital de la España mora, sino la ciudad más importante y moderna de Europa. Con una población en torno al medio millón de habitantes, contaba con alumbrado público, 50 hospitales con agua corriente, 500 mezquitas y setenta bibliotecas, contando cada una con más de 500.000 ejemplares.

The Court of the Caliphate of Cordova in the Time of Abd-al-Rahman III, by Dionisio Baixeras Verdaguer, 1885 - TORQUEMADA 3

Todos estos logros tuvieron lugar en la misma época en la que Londres contaba con una población casi totalmente analfabeta de  apenas 20.000 personas, habiendo olvidado hacía tiempo los avances técnicos romanos. El alumbrado público y la pavimentación de las calles no se introdujo en ciudades como Londres y París hasta siglos después.

La Iglesia Católica declaró proscrito el préstamo de dinero, lo que cortó de raíz cualquier esfuerzo en pos del progreso económico. En comparación con el sur y oriente mediterráneo, la Europa medieval y cristiana era un erial de miseria, atestado de mugre, barbarismo, analfabetismo y misticismo.

A fines de la Edad Media, España y Portugal se erigieron como líderes de la navegación global. Esto fue gracias a los avances moros en tecnología de navegación como el astrolabio y el sextante, así como sus descubrimientos en cartografía y construcción naval, quienes abrieron la puerta a la conquista y el expolio de continentes enteros siglos después. En definitiva, la era de control occidental a nivel global del pasado medio milenio tuvo su origen en la navegación mora de la Península Ibérica durante el siglo XIV.

Bastante antes del encargo de los Reyes Católicos a Colón para la búsqueda de nuevas tierras más allá del Atlántico, cabe la posibilidad de que pueblos musulmanes de origen africano, y puede que otros más al sur, mantuvieran contactos con las Américas y dejaran incluso impronta en su cultura. Nuevos hallazgos comienzan a probar que visitantes de África habían ya navegado a través del Atlántico a las Américas miles de años antes de la llegada de Colón. El doctor Barry Fell, de la Universidad de Harvard, recalca la presencia de población musulmana en América antes de Colón a través de esculturas, tradiciones orales, monedas, testimonios, artefactos antiguos y documentos e inscripciones en árabe. La prueba más fehaciente de presencia africana en la América precolombina viene del propio puño y letra del Almirante. En 1920, un reputado historiador y lingüista estadounidense, Leo Weiner, de la Universidad de Harvard, expuso en su libro, Africa and the Discovery of America, cómo Colón redactó en su diario que la población nativa le había informado de que «gentes de piel negra habían llegado desde el sudeste en barcos, comerciando con lanzas con puntas doradas».

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La España musulmana no solo recogió y prodigó los avances intelectuales de las civilizaciones del Antiguo Egipto, Roma y Grecia, sino que se expandió en base a los mismos y añadió sus propias contribuciones de renombre en campos como la astronomía, la farmacología, la navegación marítima, la arquitectura y el derecho. La imagen perpetuada por el academicismo occidental durante siglos por la cual se postula que el continente africano apenas ha contribuido en nada a los avances civilizatorios y que sus gentes siempre han sido primitivas ha servido desafortunadamente como base para todo el prejuicio racial, esclavitud, colonialismo y la opresión que aún sufre el continente negro. Si los pueblos africanos tienen la oportunidad de reescribir su historia, esta revelará una gloria tal que les hará luchar inevitablemente por alcanzarla de nuevo. Después de todo, la mayor amenaza que se cierne sobre un futuro próspero para África es la ignorancia de sus habitantes sobre su glorioso pasado.

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Desmontando el mito del racismo inverso: no, la esclavitud irlandesa jamás existió.

Original por Liam Stack en el New York Times, Debunking a Myth: Irish Were Not Slaves, Too.

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Esta foto de 1908, en la que aparecen un grupo de pescadores en la iglesia de San Juan en Barbados, se usa muy a menudo para ilustrar memes que defienden falsamente que la población de origen irlandés fue tratada como esclava en la América colonial.

Ha aparecido en páginas de Facebook de cultura general irlandesa, en revistas científicas en Estados Unidos y en tablones de nacionalistas blancos: la poco conocida historia de la esclavitud irlandesa que ayudó a construir los Estados Unidos, de quien se dice que en un momento dado superó a la de origen africano y cuyo trato era peor incluso que el de esta última.

Sin embargo, esto,no es cierto. La historiografía actual defiende que el concepto de esclavitud irlandesa se basa en una interpretación errónea de la historia, y que esta anomalía en la mayoría de ocasiones viene originada por motivaciones políticas. Los memes de extrema derecha abundan por toda Internet, y son utilizados como armas de corte racista contra la población afroamericana. También existió la esclavitud irlandesa, dicen estos memes, lo superamos, ¿por qué vosotros no?

Un grupo académico formado por personas de origen irlandés y estadounidense han dedicado años a hacer retroceder este bulo. El año pasado, 82 personas del mundo de la academia y la escritura redactaron una carta abierta denunciando este falso mito de la esclavitud irlandesa y solicitando a los medios que dejaran de mencionarlo. Algunos rectificaron, eliminando o revisando los artículos en los que se hacía referencia a estas falsedades; sin embargo, el impacto de la carta tuvo un efecto limitado.

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Un meme ilustrado a partir de una foto de 1908 en Barbados hace uso de varias falsedades al respecto de la historia de la inmigración irlandesa en Estados Unidos para criticar a la población afroamericana.

Hechos vs. Ficción.

El discurso sobre la esclavitud irlandesa se sustenta sobre una malinterpretación de la historia de la servidumbre por contrato, motivo por el cual gran cantidad de población europea pobre emigró a los Estados Unidos y al Caribe en el periodo colonial temprano, afirma la historiografía.

Sin duda, la vida fue durísima para esta gente, sometida a un trabajo servil y  no remunerado; en muchas ocasiones recibían un trato vejatorio y gran parte de ella no accedió a esta servidumbre voluntariamente. Algunas de estas personas eran prisioneros políticos, y otras conformaban mano de obra infantil.

«No estoy diciendo que fuera algo agradable ni nada, más bien lo contrario, pero esta situación se encontraba en una categoría ajena  a la de la esclavitud», cuente Liam Hogan, investigador irlandés que ha llevado la iniciativa en esta lucha por desmontar el mito. «Era una situación pasajera».

Las diferencias legales entre esta servidumbre y la esclavitud eran enormes, afirma Matthew Reilly, arqueólogo experto en Barbados. A diferencia de la población esclava, las personas sometidas a servidumbre eran consideradas humanas legalmente. Su servidumbre se legalizaba por un contrato que limitaba su servicio a un periodo de tiempo definido, muy a menudo siete años, a cambio del pasaje a las colonias. El estatus de privación de libertad no se perpetuaba a sus descendientes.

Las crónicas contemporáneas irlandesas se referían comúnmente a estas personas como esclavas, afirma el señor Hogan. Esto era cierto en el sentido de que cualquier forma de trabajo forzoso puede ser descrita como esclavitud, desde la de la Antigua Roma hasta el tráfico de personas hoy en día. Sin embargo, en la América colonial y el Caribe, el término esclavitud ostentaba un significado legal concreto y específico. La población europea, por definición, no se encontraba incluida en él.

«La servidumbre por contrato implicaba la firma de un documento legal por ambas partes; sin embargo, la esclavitud no tenía estas características, no se reflejaba en un documento contractual», nos cuenta Leslie Harris, catedrática de Historia Afroamericana en la Universidad del Noroeste. «Existe una diferencia de calado entre ser un prisionero de guerra, algo parecido al primer caso, y que  compren o vendan tu cuerpo como parte de un intercambio comercial, caso de la segunda».

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Esta imagen, extraída de una pintura de 1884 mostrando un mercado de personas esclavas en la Antigua Roma, por Jean-Léon Gérôme, se usa en muchos memes y artículos para defender la que la inmigración irlandesa en la América colonial era esclava.

«Eh, que la esclavitud irlandesa también existió».

Estos memes a veces aparecen en plataformas de corte apolítico, como en páginas de culturilla general, pero ahora se han extendido debido a la creciente tensión política y racial en países como Estados Unidos, según Hogan. Un argumento que acompaña a estos memes y les sirve de cimentación es que tanto la historiografía como los medios nos están ocultando la verdad. El propio Hogan afirma haber recibido amenazas de muerte de estadounidenses por su trabajo.

«Estos memes comparten elementos comunes: la falsedad de que la población irlandesa fue esclavizada en América y el Caribe tras la invasión británica de Irlanda de 1649 por Oliver Cromwell, el falso mito de que las personas de origen irlandés sometidas a esclavitud eran más baratas y recibían peor trato que las de origen africano y el bulo de que a las mujeres irlandesas se les obligaba a procrear con hombres negros.

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Esta versión del meme usa una fotografía de 1911 que retrata a mano de obra infantil en una mina de Pennsylvania para ilustrar los falsos mitos sobre la esclavitud irlandesa. Muchos de ellos son fáciles desenmascarar. La mayoría de memes usan fotografías, algunas incluso del Holocausto judío o de mano de obra infantil del siglo XX para ilustrar eventos del siglo XVII, siglos antes de la invención  de la fotografía. Muchos de ellos hacen referencia a un edicto del rey Jacobo II en 1625, cuando el nacimiento de este monarca data de 1633.

En muchas ocasiones se hacen con atrocidades concretas sufridas por población esclava de origen africano y las sustituyen por población irlandesa. Su evento favorito es la masacre Zong de 1781, en la cual 130 personas sometidas de origen africano fueron arrojadas por la borda de un barco negrero a su suerte.

InfoWars, el sitio web conspiranoico y de extrema derecha aupado por el Presidente Trump, es uno de los lugares que más ha defendido falsamente que las víctimas de esta masacre fueron irlandesas, inflando la cifra total de víctimas añadiendo incluso un cero al final.

«Acaba pareciendo una carrera desde abajo a ver quién ha sufrido más», dice el señor Reilly, a lo que añade que «estos memes son también un instrumento por el cual cierta gente se sirve para reivindicar un linaje concreto con el único objetivo de defender un posicionamiento político».

Los orígenes de una idea equivocada.

El discurso sobre la esclavitud blanca ha sido una herramienta muy usada por la extrema derecha; sin embargo, no comenzó a ser concretamente irlandesa hasta la publicación en el año 2000 de «To Hell or Barbados: The Ethnic Cleansing of Ireland» (Al Infierno o Barbados: la limpieza étnica de Irlanda), escrito por el fallecido periodista Sean O’Callaghan, cuya obra Hogan y otras tantas personas califican como dotada de una pobre investigación. Sin embargo, recibió críticas positivas en Irlanda y en países como Estados Unidos se convirtió en una lectura común.

En países como este último, el libro vinculó el discurso sobre la esclavitud blanca con un grupo étnico que ascendía a 34 millones de personas, la mayoría de las cuales habían crecido con historias de la rebelión irlandesa contra el dominio inglés e historias de prejuicios anti irlandeses en Estados Unidos a principios del siglo XX. Y, desde aquí, despegó.

El trabajo de O’Callaghan se incluyó en páginas sobre genealogía irlandesa, en ensayos muy populares en línea y en artículos de publicaciones como el Scientific American y el Daily Kos. También apareció en el IrishCentral, el portal de noticias líder orientado a población de origen irlandés, donde la mayoría de comentarios en Facebook iban dirigidos contra la población afroamericana.

Los memes comenzaron a popularizarse en tablones de nacionalistas blancos, páginas neonazis y páginas de extrema derecha como InfoWars. En las redes sociales, predominan sobre todo en Facebook, donde han recibido millones de publicaciones compartidas.

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Este cartel sobre una posible película sobre la esclavitud irlandesa ilustra una fotografía de mano de obra infantil en una granja en Texas.

La manipulación de la historia como arma.

Irlanda tiene una larga historia de tragedias verificables: siglos de ocupación británica, hambrunas, emigración y violencia sectaria. Tres décadas de conflicto armado en el norte que no finalizó hasta 1998 y violencia paramilitar de manera intermitente desde entonces.

El señor Hogan argumentaba que era horrible para mucha población nativa irlandesa ver cómo en Estados Unidos «la historia se usa como arma» por quienes se jactan de tener alguna vinculación con la isla. Él mismo afirmó que, para algunas personas, parecía que el meme «pretendía sustituir la verdadera historia de Irlanda».

Es cierto que existía un sentimiento anti irlandés en los Estados Unidos hasta bien entrado el siglo XX; sin embargo, era algo distinto a la servidumbre presente en el siglo XVII, dice Harris. La descendencia de esta gente sometida, irlandesa o no, no sufrió un legado de racismo similar al que sufrió la población afrodescendiente.

Sin embargo, la existencia de este meme le parece poco sorprendente. «Siempre ha habido una reacción muy agresiva a la hora de hablar sobre nuestro pasado de esclavitud que aún perdura», afirma Harris; quien no olvida mencionar las leyes segregacionistas que perduraron hasta los sesenta y otras formas de discriminación contra la población negra que nació y creció cuando la esclavitud ya era historia.

«Este uso fraudulento de la historia irlandesa devalúa la historia real», dice Hogan. «Existen bibliotecas repletas con todo lo horrendo que ocurrió realmente. No necesitamos estos memes ni artículos sórdidos hasta arriba de mentiras».

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Por qué no deberíamos celebrar nada el 12 de octubre. Cristóbal Colón al descubierto.

Original por Howard Zinn en Jacobin Magazine, “The Real Christopher Columbus“.

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Mujeres y hombres arawak, sin ninguna prenda, de tez leonada y en la plenitud de su asombro, surgieron de sus aldeas hacia las playas de la isla y nadaron para acercarse al enorme y extraño barco fondeado en la bahía. Cuando Colón y el resto de su tripulación desembarcaron con sus espadas, la población arawak les agasajó con comida, agua y regalos. Según escribió en su diario de a bordo:

«Traían ovillos de algodón hilado y papagayos y azagayas y otras cositas que sería tedio de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese… Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia… que Vuestras Altezas cuando mandaren puédenlos todos llevar a Castilla o tenerlos en la misma isla cautivos, porque con cincuenta hombres los tendrán todos sojuzgados y les harán hacer todo lo que quisieren.»

El pueblo arawak de las Islas Bahamas tenía bastante en común con la población nativa del continente, cuya hospitalidad (que los europeos se encargaron de registrar insistentemente) y fe en compartir eran dignas de renombre. Estas características no eran comunes en la Europa del Renacimiento, cuyo clima estaba controlado por la religión de los papas, el gobierno de reyes y el frenesí por los metales preciosos que a partir de entonces dominaría la agenda de la civilización occidental y de su primer mensajero, Cristóbal Colón.

A Colón le preocupaba especialmente conocer cierta información. ¿Dónde estaba el oro? Había conseguido convencer  a los Reyes Católicos para que le financiaran una expedición hacia unas tierras y una riqueza que esperaba conseguir al otro lado del Atlántico: las Indias, Asia, oro y especias. Como mucha otra gente de su tiempo, sabía que la tierra era redonda y que podía navegar hacia el oeste para llegar al extremo oriente.

Hacía poco que la unión dinástica de Castilla y Aragón se había consumado, unificando gran parte de la península ibérica bajo un mismo matrimonio y poniendo la primera piedra de uno de los nuevos estados-nación europeos, al estilo de Francia, Inglaterra y Portugal. La mayoría de su población estaba formada por el campesinado, gran parte del cual, desposeído, trabajaba en tierras de la nobleza, que constituía el 2% de la población y poseía el 95% de la tierra. Como otros estados del mundo moderno, España buscaba oro, símbolo de riqueza que en esa época comenzaba a superar en utilidad a la tierra, porque permitía el acceso a cualquier cosa.

Asia estaba, se decía, llena de oro, y de sedas y especias, que Marco Polo y muchas otras expediciones habían traído siglos atrás. Sin embargo, Constantinopla y el mediterráneo oriental habían caído en manos del imperio turco, controlando todas las rutas hacia Asia, por lo que se precisaba de otra vía. Navegantes portugueses ya había conseguido bordear el continente africano a través del cabo de Buena Esperanza. Castilla decidió jugársela con un viaje transoceánico a través de unas aguas desconocidas.

A cambio de oro y especias, le prometieron a Colón el 10% de los beneficios, el gobierno sobre las nuevas tierras recién descubiertas y el prestigio de un nuevo título: Almirante de la Mar Océana. Colón era un empleado de una oficina comercial de Génova, en Italia, tejedor a ratos (era hijo de un tejedor profesional) y un marinero experto. Zarpó con tres barcos, el mayor de los cuales era la Santa María, una pequeña carabela de unos 30 metros, y 39 tripulantes.

Colón jamás habría conseguido llegar a Asia, miles de kilómetros más alejada de lo que él creía, imaginando un planeta más pequeño, habría perecido víctima de la inmensidad del océano. Sin embargo, tuvo suerte, a un cuarto de esa distancia se encontró con unas tierras desconocidas y no cartografiadas entre Europa y Asia: el continente americano. A principios de octubre de 1492, 33 días después de dejar atrás las Islas Canarias, frente a la costa atlántica de África, vieron ramas y palos flotar sobre el agua y bandadas de pájaros sobrevolar sus cabezas.

Había tierra cerca. El día 12, un marinero de nombre Rodrigo distinguió la luna de primera hora de la mañana ocultarse sobre claras arenas, y avisó a sus camaradas. Se trataba de una isla de las Bahamas, en el mar Caribe. El primer hombre en ver tierra tenía previsto obtener como recompensa una pensión anual de 10.000 maravedíes de por vida, pero Rodrigo no vio ni una moneda: Colón se apuntó el tanto proclamando que el que ha había visto aquellos reflejos era él la mañana anterior, llevándose el premio.

Cuando se acercaron para fondear, se encontraron con la población nativa arawak, que se lanzó al agua para recibirles. La tribu arawak vivía en pequeñas comunas y había desarrollado una agricultura basada en el maíz, la batata y la yuca. Molían y tejían, pero no tenían acceso a caballos u otros animales de tiro. Desconocían el hierro, pero vestían pequeños ornamentos en oro en las orejas.

Esto último parecía ser algo aparentemente insignificante pero hizo que Colón embarcara privados de libertad a varios arawak para que le indicaran cuál era el origen de todo ese oro. Zarpó rumbo a la actual Cuba y más tarde a la Española (isla que comparten Haití y la República Dominicana). Allí, pepitas de oro en los lechos de los ríos y una máscara de oro que le fue presentada a Colón por un cacique local llevaron a despertar las ensoñaciones de ciudades de oro en los marineros del otro lado del océano.

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El informe que presentó el genovés a los Reyes Católicos estaba lleno de extravagancias. En él, insistía en haber llegado a Asia (llegó a Cuba) y a una isla de la costa de China (la Española). Muchas de sus descripciones eran ficticias.

«Mas es tanto y en tantos lugares y en esta misma isla Española -dice el Almirante-, que es maravilla. En la isla Española se cogían pedazos de oro de las minas como granos de trigo. También hay mucho ají, que es su pimienta, de ella que vale más que pimienta, y toda la gente no come sin ella, que la halla muy sana: puédense cargar cincuenta carabelas cada año en aquella Española.»

La población indígena, según Colón, era «tan inocente y libre de posesiones que nadie que no lo haya visto antes lo creería. Cuando les pides algo, nunca te dicen que no, con todo el mundo lo comparten…” Pone fin al escrito solicitando ayuda a sus majestades ofreciéndoles en su próximo viaje “volver con todo el oro que puedan necesitar… y todos los esclavos, también».

Gracias a este grandilocuente informe y a sus promesas ficticias, en su segundo viaje Colón pudo contar con diecisiete barcos y más de mil doscientos tripulantes. El objetivo estaba claro: oro y esclavos. Desde su base en la actual Haití, Colón envió una expedición hacia el interior del golfo de México. Volvieron de manos vacías y no vieron ninguna ciudad de oro, pero con algo debían llenar los barcos antes de volver a la península ibérica.

En 1495 Colón desató una gran redada con el objetivo de capturar y esclavizar población nativa. 1500 personas de la tribu arawak; hombres, mujeres y menores fueron puestos bajo custodia por los españoles y sus perros. Más tarde, 500 de estas personas, las que consideraron mejores especímenes, fueron confinados en las bodegas de los barcos. Solo 300 sobrevivieron a la travesía.

Gran parte de la población murió en cautividad. Y Colón, ansioso por devolver el dinero que habían invertido en él y su empresa, tenía que llenar los barcos de oro. En la provincia de Cicao, Haití, donde tanto él como muchos de sus hombres habían imaginado que se alzarían enormes ciudades doradas, ordenó que todas mayores de 14 años recogieran una cantidad determinada de oro cada tres meses. Una vez depositado, obtenían una pequeña pieza de cobre. Si les pillaban sin ese distintivo, les serían seccionadas ambas manos sin posibilidad de auxilio, abandonándoles hasta la muerte mientras se desangraban.

Los trabajos impuestos a la población eran imposibles de satisfacer. El único oro presente en la zona eran pequeñas pepitas de polvo de oro sacadas de los lechos de los ríos. De esta manera, muchas personas optaron por la huida, pero caían fácilmente bajo las fauces de los perros y finalmente morían. Cuando era obvio que oro se había agotado, se obligó a la población a acometer trabajos forzosos en grandes fincas, que más tarde se conocerían como encomiendas. La intensidad del trabajo causó la muerte a miles. Hacia el año 1515 se estima que existía una población nativa de 50.000 personas, hacia 1550 solo quedaban 500 y un informe de 1650 es conciso afirmando que para ese entonces ya no queda nadie de las poblaciones originarias ni de sus descendientes.

La principal fuente de información, y en muchos casos la única, sobre lo acontecido en las islas del Caribe tras la llegada de Colón es Bartolomé de las Casas, un joven sacerdote que participó en la conquista de Cuba. En un primer momento se hizo plantador, albergando en su hacienda a población nativa esclava, pero finalmente abandonó su puesto y se convirtió en uno de los mayores críticos del colonialismo español. Las Casas transcribió los diarios de Colón y, en la cincuentena, escribió en varios volúmenes su famosa «Historia de las Indias».

En el segundo tomo de «Historia de las Indias», Las Casas, el cual urgió que se reemplazara a la población nativoamericana por negra traída de África, creyendo que su fortaleza propiciaría su supervivencia; sin embargo, las consecuencias del trabajo esclavo en estas personas le harían desistir, habla sobre el trato del colonialismo español a la población nativa.

Poco tiempo después, según sus escritos, los colonizadores dijeron que ya no andarían más: «montaban sobre las espaldas de los Indios si tenían prisa» o les llevaban en hamacas por parejas de personas haciendo relevos. «También tenían Indios con grandes hojas para ocultarles el sol y otros para abanicarles con plumas de ganso».

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Un control absoluto llevó a la crueldad más absoluta. A los españoles «no les importaba acuchillar a Indios de diez y de veinte y de partirles en pedazos para probar el filo de sus espadas». Todo intento de rebelión fue sofocado. Según Las Casas, «sufrían y morían en las minas y otros trabajos en la desesperación del silencio, sin saber de ningún alma que pudiera acudir en su ayuda». Según él el trabajo en las minas transcurría así:

«… desgarran montañas de arriba abajo miles de veces; cavan, rompen rocas, mueven piedras y transportan tierra en sus espaldas para limpiarla en los ríos, mientras que quien se queda lavando el oro permanece en el río con las espaldas dobladas tan continuamente que se les rompen.»

Tras seis u ocho meses de trabajo en las minas, lo necesario para que el oro recolectado por cada grupo fuera el suficiente para poder fundirse, al menos un tercio de los trabajadores ya había muerto. Mientras que los hombres eran enviados a miles de kilómetros, las mujeres permanecían en las aldeas obligadas a arar la tierra para hacer sitio a miles de plantas de yuca.

«Y así maridos y mujeres solo se juntaban una vez cada ocho o diez meses y cuando se veían estaban tan agotados y deprimidos que ya no procreaban. Y los recién nacidos morían muy pronto porque a sus madres, agotadas y malnutridas, no les quedaba leche que darles… Muchas mujeres ahogaron a sus pequeños por pura desesperación… así los maridos morían en las minas, las mujeres en el campo y los niños de falta de leche… y en poco tiempo, una tierra tan fértil, poderosa y excelente, quedó falta de gente».

Cuando llegó a la Española en 1508, Las Casas dejó constancia de que «quedan 60.000 personas en esta isla, incluyendo los Indios, por lo que de 1494 a 1508 en torno a tres millones de personas han muerto por la guerra, la esclavitud y el trabajo en las minas. ¿Habrá alguien en generaciones venideras que pueda llegar a creérselo? A mí, incluso como testigo, ya me cuesta creer que sea verdad…»

Lo que Colón le hizo a la población arawak de las Bahamas, Cortés lo hizo con el Imperio Azteca de México, Pizarro con el Inca del Perú y los colonos ingleses de Virginia y Massachusetts a las poblaciones powhatan y pequot. Hicieron uso de las mismas tácticas, por las mismas razones: el frenesí el de los estados protocapitalistas europeos por el oro, esclavos y productos agrícolas con los que pagar los préstamos que financiaban sus expediciones, con los que a su vez financiar la cada vez más compleja burocracia de las crecientes monarquías occidentales, con los que estimular el crecimiento de una nueva economía monetaria que paulatinamente abandonaba el feudalismo, con los que participar en lo que Karl Marx posteriormente denominó «acumulación primitiva del capital». Así dio comienzo un intrincado sistema de tecnología negocio, política y cultura que llegaría a ser hegemónico durante los 500 años posteriores.

¿Sabemos a ciencia cierta que lo que destruimos era inferior? ¿Quiénes eran estas personas que se arrojaron a la playa y nadaron para llevar a Colón y a su tripulación regalos y presentes, estas personas que vieron a Cortés y Pizarro cabalgar sobre sus tierras? ¿Qué ganó la población española con toda esta muerte y brutalidad infringida contra la población nativoamericana? Según Hans Koning en su libro Columbus: His Enterprise:

«El oro y plata expoliados y transportados a España no repercutieron en una mejora del poder adquisitivo del pueblo español. Solo otorgó a sus gobernantes ventaja en el equilibrio de poder de la época y la oportunidad de contratar más mercenarios para sus guerras. Finalmente tuvieron que alzar la bandera blanca tras todas esas guerras y lo que quedó fue una brutal inflación, una población desabastecida, mayor poder adquisitivo para la minoría más rica y más pobreza para la mayoría más pobre, junto con un campesinado totalmente depauperado.»

Así dieron comienzo las invasiones europeas del continente americano y la posterior destrucción de los asentamientos indígenas. Un comienzo trufado de conquista, esclavitud y muerte. Sin embargo, cuando leemos libros de historia para colegios e institutos, todos comienzan hablando de «heroicas aventuras» y ninguno de derramamiento de sangre. Y el 12 de octubre, el día de la raza, de la Hispanidad y de Colón, continúa celebrándose a lo largo de todo occidente.

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La realidad transgénero y el «tercer» género, la identidad «dos espíritus», en la Norteamérica precolonial

Original por Neil Carter en Patheos, Removing the Beag Leaf, The Transgender and ‘Third’ Gender ‘Two-Spirit’ Identity in America’s Formative Years

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La diversidad sexual y de género en el continente americano ha sido una realidad desde hace mucho tiempo. El mismo tiempo que lleva sufriendo una represión que prácticamente la ha hecho caer en el olvido.

Mucha gente opina que las orientaciones sexuales y las identidades de género son ideas nuevas y radicales inventadas por progres comecuras, algo bastante alejado de la realidad.

Desde la antigua China a la América precolonial, y en todos los lugares y épocas que quedan entre medias, el reconocimiento de géneros y sexualidades no binarias ha sido una parte común pero ignorada de la historia. Los pormenores varían según culturas; es un hecho que los movimientos actuales de nuestra actual cultura tienen sus particularidades únicas, pero los conceptos básicos no son ni mucho menos un invento de hoy.

Mason Lynch

Mucho antes de que el invasor europeo introdujera la viruela y el cristianismo en el continente americano, muchas de sus tribus ya reconocían identidades de género no binarias, las que actualmente se denominan dos espíritus. Anteriormente, el europeo usó para estas personas el término bardaje, que en esencia significa «prostituto»… un pequeño ejemplo de la falta de respeto de los recién llegados por las culturas nativas.

El término «dos espíritus» comenzó a ganar terreno en el mundo nativoamericano en la década de los 90, cuando trece personas, tanto hombres como mujeres cisgénero y transgénero, se reunieron en Winnipeg, Canadá, con la tarea de averiguar un término que diera cohesión a la comunidad LGTB/GSDI nativoamericana. Numerosos términos en lenguas tribales ya identificaban terceros géneros en cada una de las culturas junto a los usados para denotar masculino y femenino, y la lucha de la asamblea de Winnipeg estuvo en encontrar un término actual y contemporáneo que fuera aceptado en el seno cultural de la totalidad de las tribus.

-Zachary Pullin, Two Spirit: The Story of a Movement Unfolds

Los detalles de la situación social de las personas dos espíritus antes de las colonizaciones europeas varían según la tribu. Muchas de estas personas consideraban tener tanto espíritus masculinos como femeninos en su cuerpo, de ahí el término actual, y en la mayoría de tribus gozaban de aceptación y respeto. Incluso algunas consideraban que el ser dos espíritus era una bendición divina. Se ocupaban de perpetuar las tradiciones orales y de ejercer de cuentacuentos, sanaban, tejían, celebraban ceremonias religiosas, se ocupaban de las criaturas, arbitraban conflictos, etcétera. La existencia de estas personas era un rasgo social común y de los más compartidos entre las tribus autóctonas de todo el continente.

Eso sí, la expresión de la identidad dos espíritus presentaba variaciones. En ocasiones estas personas vestían una mezcla de elementos tradicionalmente masculinos y femeninos, en otras vestían con unos u otros en ocasiones distintas. También, algunas de estas personas desempeñaban roles de género distinto al asignado al nacer. Un ejemplo de renombre es el de We’wha (abajo, en la foto), una persona de la tribu zuni asignada hombre al nacer que vivió como mujer. Sus padres murieron de viruela, introducida en su poblado por los estadounidenses, y su tía la adoptó. Más tarde se hizo amiga de la antropóloga Matilda Coxe Stevenson, que durante años ignoró que la asignación de género al nacer de We’wha difería con la actual. Stevenson describió a We’wha como la persona más inteligente de su tribu, como alguien que gozaba de un gran respeto y era amada por la población infantil. En lengua zuni, el término que identifica a personas como ella es lha’mana.

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A pesar de la torpe interpretación de los europeos, que caracterizaron a las personas dos espíritus como «homosexuales», la orientación sexual no era en absoluto un rasgo definitorio del concepto. Sin embargo, sí que era común para estas personas tener parejas de su mismo género. Las mujeres dos espíritus a menudo estaban casadas con otras mujeres, lo mismo que los hombres dos espíritus con otros hombres. Al considerarles como un tercer género o como dos géneros en un mismo cuerpo, sus relaciones no se limitaban al concepto binario de heterosexualidad y homosexualidad.

La tradición dos espíritus incluía a un amplio abanico de personas, con sus diferencias particulares. Los términos occidentales, normalmente centrados en características aisladas, como la orientación sexual o la identidad de género, no incorporan correctamente el amplio espectro de matices de los roles dos espíritus, especialmente en sus dimensiones económica y política. Aunque muchas personas dos espíritus se travestían, otras no lo hacían, y algunas se vestían con un criterio ajeno a lo masculino y a lo femenino. Y mientras que otras personas dos espíritus mantenían relaciones con personas de su mismo género aunque no fueran dos espíritus, no se consideraban como relaciones homosexuales, ya que la identidad de género de estas personas estaba consideraba como una identidad distinta a la de su par.

-Will Roscoe, Who are the Two Spirits?

La colonización europea trajo consigo los valores cristianos al nuevo continente y sus consecuencias fueron nefastas para la población nativa dos espíritus, comenzando a considerarse a sus miembros como pervertidos y forzados a asumir los roles de género tradicionales. El gobierno de los Estados Unidos actuó directamente con el objetivo de desmantelar la aceptación de la que gozaban los géneros no binarios entre las tribus nativas. Por desgracia, estos esfuerzos tuvieron éxito y las comunidades nativas quedaron contaminadas con la homofobia traída de Europa.

La noción de un tercer género, fluido, masculino y femenino, entró en conflicto directo con las visiones «heterosexuales» de los colonizadores y en 1879, el gobierno de Estados Unidos apartó a miles de personas dos espíritus de sus tribus para enviarlas a centros de reeducación exclusivos para población nativa.

-Samantha Mesa-Miles, Two Spirit: The Trials and Tribulations of Gender Identity in the 21st Century

El intento de exterminio de la población nativoamericana y de sus rituales por medio de la Iglesia y del Estado tuvo como consecuencia la desaparición de muchos de las ceremonias que identificaban y homenajeaban a personas transgénero. Salvo honrosas excepciones, no hay lugar hoy día dentro de las culturas nativas para las transiciones de género. Las tribus han olvidado las enseñanzas dos espíritus y la gran mayoría de sus antiguas prácticas han caído en desuso. Es más, estos roles son hoy en día un fantasma del pasado o un secreto oscuro; las personas mayores que conocen sus historias y enseñanzas temen hablar del asunto por sus experiencias en los centros de reeducación y por otras formas de colonización.

Recuerdo a una persona perteneciente a una de las organizaciones de las que fui cofundadora y que dirigí durante años. Era VIH positiva y transgénero, deseaba volver a casa a morir con dignidad alrededor de su familia y entorno afectivo, así que volvió a casa y nos comunicó que todo había ido bien y había sido bien recibida. Cuando finalmente murió nos dimos cuenta de que la tribu había alquilado una casa fuera de la reserva pues no deseaban mantenerla allí ya que su identidad transgénero no era digna de respeto en la comunidad. Este tipo de conductas son algo común en comunidades remotas que aún se están recuperando de siglos de políticas de genocidio cultural llevadas a cabo por el gobierno del país.

La arrogante y terca resistencia del europeo, judeocristiano, a respetar cualquier género u orientación sexual ajena al binario divino ha eliminado casi completamente la realidad dos espíritus de la faz de la tierra y de la historia. Solo es una línea más de la extensa lista de agresiones perpetradas contra la población nativa en nombre de Cristo.

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Gandhi: el racista misógino tras el mito

Original por Mayukh Sen en Broadly, Gandhi Was a Racist Who Forced Young Girls To Sleep  In Bed With Him.

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Gandhi en 1942 (Wikimedia Commons)

En agosto de 2012, poco antes de la celebración del 65 aniversario de la independencia de India, el India Outlook, una de las revistas con más tirada en el país, publicó los resultados de una encuesta realizada entre sus lectores. La pregunta era “¿quién tras “el Mahatma” era la persona de nacionalidad india más importante de toda su historia?” “El Mahatma” detrás de esa aduladora pregunta era, sin duda, Mohandas Karamchand Gandhi.

No nos sorprende en absoluto que Outlook  tratara de realidad esta conjetura: Gandhi se ha convertido en el barómetro absoluto que mide la grandeza india, y a veces la grandeza global. Después de todo, ¿a quién no le gusta Gandhi? Nos le han presentado siempre como un anciano frágil y malnutrido de moral pura y alma piadosa. Un hombre que trajo consigo a India toda una cosmología de resistencia no violenta, un país al que ayudó a liberarse de las cadenas del imperialismo británico. Combatió mediante valientes huelgas de hambre hasta que un nacionalista hindú le disparó, asesinándole y convirtiéndole en mártir.

Mi abuelo materno ingresó en prisión con Gandhi en 1933 así que crecí sabiendo que este mito se formó mezclándose con medias verdades. Mi abuelo se llevó sus memorias de la cárcel a un ashram (monasterio hindú) que él mismo creó en el corazón de la Bengala occidental. Fue así como mis progenitores me inculcaron un conocimiento íntimo de Gandhi que basculaba entre el elogio y la crítica. Mi familia le adoraba, aunque nunca nos creímos el mito de que él solo articulara el movimiento independentista indio. Luego también estaba el asuntillo de su fanatismo, que en casa era tabú. Décadas después de su asesinato, la imagen de Gandhi se creó a expensas de la realidad: se eliminaron todos los detalles controvertidos para que olvidáramos su discurso antinegro, su vehemente alergia a la sexualidad femenina y un rechazo global a la liberación de la casta Dalit, el grupo social conocido como “intocables”.

Gandhi vivió en Sudáfrica durante dos décadas, de 1893 a 1914, ejerciendo como abogado y luchando en pos de los derechos de la población india, pero eso, SOLO de la india. Para él, como expresó sin tapujos, la población negra sudafricana apenas podía considerarse humana. Se refería a ella con el término despectivo local de kaffir. Se lamentaba de que la población india fuera considerada “tan solo un poco mejor que las poblaciones nativas de salvajes de África”. En 1903 declaró que “la raza blanca sudafricana debía prevalecer en el país”. Tras ingresar en prisión en 1908 se burló del hecho de que la población reclusa de origen indio se encontrara encerrada junto a la de etnia negra, no junto a la blanca. El activismo en Sudáfrica ha tratado de visibilizar estas partes de pensamiento de Gandhi, como hicieron el pasado septiembre dos académicos del mismo país, con poco éxito,  la conciencia cultural global necesita una sacudida más fuerte que la que pueden facilitar algunos círculos de Tumblr.

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Gandhi en Sudáfrica (Wikimedia Commons)

En esta misma época se produce también el despertar misógino de Gandhi, el cual le acompañará durante toda su vida. Durante sus años en Sudáfrica, una de las medidas en represalia por la agresión sexual de un joven a dos de sus seguidoras fue cortar el pelo corto a estas últimas para así evitar nuevas “invitaciones” de corte sexual. Michael Connellan, en un artículo en The Guardian explica de manera muy cuidadosa cómo Gandhi opinaba que las mujeres abandonaban su humanidad en el momento en que sufrían violación a manos de un hombre. Creía firmemente que los hombres no eran capaces de frenar su impulso depredador básico y que las mujeres eran las responsables de estos impulsos, quedando a su merced. Su visión de la sexualidad femenina era igualmente deplorable. Según Rita Banerji en su libro Sex and Power, Gandhi consideraba la menstruación como la “manifestación de la deformación del alma de la mujer por su propia sexualidad”. También consideraba el uso de anticonceptivos como una llamada a la prostitución.

Se enfrentó a esta aparente incapacidad del hombre para controlar su libido cuando, en su retorno a India, juró castidad (sin debatirlo con su mujer) y comenzó a hacer uso de mujeres, muchas de ellas menores, como su sobrina nieta, para probar su templanza sexual. Dormía desnudo junto a ellas en la cama sin tocarlas para asegurarse de que no sentía excitación. Estas mujeres se convirtieron en peleles para él durante su conversión al celibato.

“La imagen de Gandhi se creó a expensas de la realidad: se eliminaron todos los detalles controvertidos para que olvidáramos su discurso antinegro, su vehemente alergia a la sexualidad femenina y un rechazo global a la liberación de la casta Dalit, el grupo social conocido como “intocables”.”

Kasturba, la esposa de Gandhi, fue su saco de boxeo más recurrente. “Es que no puedo soportar mirarla a la cara”, masculló en una ocasión refiriéndose a ella, por estar haciéndose cargo de él durante una enfermedad. “La expresión de su cara es como la de una vaca sumisa y te provoca la misma sensación que el animal,  como si, de alguna estúpida manera, estuviera intentando decirte algo.” La disculpa para esto, se suele argüir, es que las vacas para el hinduismo son sagradas, y que la comparación entre su esposa y una vaca fue un velado cumplido. O también se puede atribuir a un simple rencor matrimonial. Cuando Kasturba enfermó de neumonía, Gandhi le negó la penicilina pese a que su entorno médico insistía en que eso la curaría. No cedió en la creencia de que ese nuevo medicamento era un extraño brebaje extranjero que su cuerpo jamás toleraría. Terminó sucumbiendo a la enfermedad y murió en 1944. Años más tarde, quizás percatándose del grave error que cometió, consintió en aplicarse quinina para tratar su malaria. Sobrevivió.

Existe un empuje de corte occidental que ve a Gandhi como el sereno destructor de la sociedad de castas, algo categóricamente falso. Consideraba la emancipación de la casta Dalit como un objetivo inviable, y que no merecía la pena considerarles un electorado diferenciado. Su plan para la casta era que permaneciera complaciente esperando a una oportunidad que la historia nunca les daría. La casta Dalit continúa sufriendo por las consecuencias directas de este prejuicio sembrado en el poso cultural indio.

La historia, en palabras del ensayo de Arundhati Roy, “The doctor and the Saint”, ha sido especialmente benévola con Gandhi. Ha permitido que apartáramos sus prejuicios como meros defectillos, como manchas sin importancia sobre unas manos limpias. Sus apologetas insisten en que era humano y cometía errores. Es posible que muten esos prejuicios en algo positivo, demostrando que era una persona como cualquier otra, o quizá opten por otra vertiente discursiva: aquella que defiende que remarcar los prejuicios de Gandhi demuestra cómo al mundo occidental nos fascinan los problemas de la India, especialmente cuando nuestros escritores se obsesionan por crear de la nada lacras sociales para el subcontinente.

Este es el tipo de gimnasia mental que llevamos a cabo cuando se nos hace la boca agua creando dioses del Olimpo. Los rasgos infames de Gandhi aún perduran mayoritariamente en  la sociedad india (el odio a la negritud, la desconsideración hacia los cuerpos de las mujeres y la vista gorda del deplorable trato recibido por la casta Dalit). No es casualidad que los pilares del discurso de Gandhi sostengan hoy día a toda una sociedad.

Entonces, ¿cómo colmas las ridículas expectativas que te exige ser el o la mejor habitante de India? Alzar a una persona como la mejor de un país que sirve de hogar a miles de millones de personas es una carga brutal que nadie merece. Asimismo, la creación de un falso ídolo nos obliga a acometer un gran ejercicio de amnesia, pues lo sencillo es que se te caiga la baba ante un hombre que jamás existió realmente.

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Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión

Original por Chris Boeskool en Theboeskool.

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Nunca he recibido un puñetazo en la cara. Ni siquiera me he visto involucrado en ninguna pelea. No soy alguien que se meta en peleas, si acaso en “discusiones”. No es que me de miedo meterme en broncas, en varias ocasiones me he colocado en situaciones susceptibles de haber acabado en pelea, es que no me veo como el tío que da la primera leche, más bien soy el que rebaja el tono de la gresca con algo de lógica o humor. Una de las consecuencias de ser este tipo de tío es que al otro tipo de tío, ese de gresca fácil, por lo general no le caigo bien. Al menos al principio, solemos caernos bien después. Y no siempre. A veces no puedes hacerte con todos.

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La primera regla del Club de los Blancos es que no se habla del Club de los Blancos

Me  mudé a Nashville, en el sur de los Estados Unidos, sin conocer a nadie. Conseguí un trabajo de camarero en mi segundo día de estancia y, casi de inmediato, me convertí en uno de los camareros favoritos de la directiva, lo que me facilitó el acceso a mejores turnos, mejores secciones y mejor salario. Nueve meses después de llegar yo, contrataron a otro tipo. Nos caímos mal desde el minuto uno. A él no le molaban mis comentarios audaces y a mí no me molaba la manera que tenía de entrar a un lugar y parecer el amo y señor del mismo. Se movía por todas partes con esa altanería repelente, como que todo fuera suyo y que la presencia de otras personas se debiera a una especie de tolerancia por su parte, siempre y cuando nos apartáramos de su camino. Se corrían rumores sobre que el tipo había estado en la cárcel, y junto con otras pruebas, me quedó claro que era del tipo de tío que no es propicio a rebajar el tono en un momento de gresca. Era el tipo de tío perfectamente consciente de su fuerza, podías sentir que bajo la superficie bullía un torrente de energía que silenciosamente de desafiaba a decirle algo. Sin duda, me intimidaba.

Me molestó un poco al principio cuando, tan solo tras un mes de estar él trabajando ahí, ya estaba haciendo turnos en alguna de las mejores secciones… una boca más que alimentar significaba menos dinero para mí. Aun así, creo que hacía bien su trabajo; sin embargo, nada me hinchaba más las narices que lo siguiente: Chuck (le llamábamos Chuck pese a que ese no era su nombre, sin embargo, Chuck era un nombre que le pegaba) tenía la costumbre de caminar hacia a ti y SISTEMÁTICAMENTE confiar en que TÚ te ibas a apartar de su camino. Con las chicas no lo hacía, pero con otros tipos (especialmente yo), no variaba su camino y, sin establecer contacto visual, continuaba andando esperando a que tú te apartaras. En caso de no hacerlo, tu destino era impactar contra esa masa hercúlea y agresiva que parecía anhelar que alguien cuestionara su camino preestablecido. Esta parecía la descripción más típica de la vida de Chuck: andar recto hacia otras personas esperando a que se aparten. Hasta que un día…

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Ya estaba harto. Me quedé pensando: ¿por qué me estoy apartando del camino de este tío todo el rato? Lo más habitual en cualquier parte del mundo es que si dos personas transcurren por la misma dirección en sentido inverso, ambas se hagan un poquito a un lado, facilitándose recíprocamente ambas el paso. ¿Qué derecho tenía el tipo este a PRESUPONER que era yo el que tenía que apartarme? Otro pensamiento empezó a inundar mi mente: ¿y si ya no me aparto? ¿Y si sigo andando como si nada? Estaba harto de jugar con sus reglas, así que esa tarde, cuando me le encontré por el pasillo del restaurante (ambos nos movíamos muy rápido) caminando hacia a mí, comencé a andar hacia él, sin desviarme. No soy un gigante, pero sí lo suficientemente sólido como para mantenerme en pie (especialmente en momentos de colisión inminente), así que cuando impactó en mí se trastabiló y dio una vuelta sobre sí mismo. Allí mismo, enfrente de toda la clientela, dijo: ¿pero de qué coño vas, tío? ¿Estás bien? Le contesté. Estaba furioso y no dejaba de preguntarme por qué me había abalanzado sobre él. Le dije: Chuck, tan solo andaba de frente, ¿Por qué asumiste que el que me tenía que apartar era yo? Comenzó a perseguirme por todo el restaurante intentando caldear el ambiente para provocar un conflicto. Acabó parándome en frente de una mesa y cuando le espeté algo así como bienvenido al Planeta Tierra, me propinó un empujón durísimo. No fue un empujón del estilo que te ponen las manos en el pecho y empujan, sino del que las manos te golpean cuando ya van a mucha velocidad, y hace bastante ruido. Todos sus músculos de gimnasio descargaron sus energías sobre mí, sobre esa persona que se atrevió a cuestionar su derecho de paso, y caí dos pasos hacia atrás.

Me alejé de él mientras sentía mi corazón latir en mis orejas. Pensé en qué hacer, en si debería decirle algo al gerente (no me pareció buena idea), en si debería decirle algo más a Chuck (me pareció PEOR idea)… Así que decidí esquivarle y dejar que se calmara. Quince minutos después el gerente me llamó para hablar. Me dijo que un cliente había visto a Chuck empujarme de manera violenta, y que se había quejado describiendo los hechos (los describió como que hubiera recibido un “golpe” aunque fue un empujón). Le conté lo que ocurrió, sobre lo de que él siempre asumía que era yo el que me apartaría de su camino y lo de que por una vez, no lo hice, sobre la bronca y el empujón del final. Era un restaurante de empresarios, así que se tomaron todo muy en serio. El gerente rellenó un informe de incidencias y me pregunto si deseaba presentar cargos y si deseaba que le despidieran. Contesté que no quería verle perder su trabajo, solo que reconociera que todo el mundo tenemos derecho a paso, tanto como él.

Toda esta historia volvió a mi memoria al leer esta gran cita (de quien, por desgracia, no he encontrado autor o autora aún, así que permanece como “anónimo”):

Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión.

Y todo pareció cobrar sentido: toda esta rabia de la gente que grita “All Lives Matter” (todas las vidas importan) en respuesta a las manifestaciones convocadas por activistas de etnia negra en respuesta a los recientes asesinatos de jóvenes negros por la policía, todo el cabreo de la gente que proclama que SU “libertad religiosa” está siendo atacada por las parejas gays que se casan, toda esa gente escupiendo su odio contra inmigrantes o musulmanes o contra esa “moda” que les impide decir racistadas sin ser llamados racistas. Son la gente que ha crecido en un mundo en el que podían andar hacia otras personas y sabiendo que las demás se apartarían. Así que cuando “esa gente” en su trayectoria NO se aparta, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿por qué tengo que apartarme yo del camino de este colega?, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿y si no me muevo? ¿y si sigo andando como si nada? Cuando esa gente empieza a a darse cuenta de que tienen el mismo derecho a circular por el pasillo como cualquier otra… puede parecer que SUS derechos estén siendo vulnerados.

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La igualdad PUEDE parecer opresión, pero no lo es. Lo que sientes es la molestia de estar perdiendo ese privilegio, la misma molestia que en nuestra niñez sentimos cuando vamos a la guardería y descubrimos que otras personitas quieren jugar con el mismo juegue que nosotras. Es como la molestia que siente ese anciano acostumbrado a nadar en una piscina para él solo a la que ahora pueden acceder todos los miembros de la comunidad mientras grita: ¿¡y mi derecho a nadar yo solo en la piscina!?

La situación actual nos muestra ira por ambas partes. Por un lado, las personas enrabietadas porque “esa gente” se está colando en “su” piscina. O porque tienen que compartir sus juguetes con el resto del jardín de infancia. Les enfada que les llamen racistas solo porque dicen cosas racistas o tienen pensamientos racistas. Les enfada tener que tener en consideración a esa otra persona cuya trayectoria de paso comparten. Por otro lado está la gente que opina que la piscina es para todo el mundo, la que opina que lo correcto cuando llegamos al jardín de infancia es enseñarnos a compartir juguetes, la que opina que para respetar a los demás hay que prestar atención al uso del lenguaje, la que se posiciona en solidaridad junto a las personas que reclaman su derecho a existir… Las que legítimamente siente enfado al tener que apartarse siempre del camino. Las que se preguntan ¿y si sigo andando como si nada?

¿Qué tipo de persona eres tú?

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Revolución y nativos americanos: el marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como el capitalismo. PARTE 2

Original por Russel Means (oral) transcrito en Black Hawk Productions.

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Primera parte: Revolución y nativos americanos: el marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como el capitalismo. PARTE 1.

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Llegados a este punto tengo que pararme y reflexionar sobre el alcance de mis palabras. El marxismo tiene una historia, ¿confirma esta historia mis observaciones? Echándole un vistazo al proceso de industrialización en la Unión Soviética a partir de los años veinte, puedo vislumbrar que esos marxistas hicieron en sesenta años lo que la Revolución Industrial inglesa en trescientos. El territorio de la URSS solía albergar a múltiples tribus que fueron dispersadas para dejar lugar a nuevas industrias. Los soviéticos solían referirse a esto como la “Cuestión Nacional”, la cuestión sobre si las poblaciones tribales tenían derecho a existir como pueblos. La decisión final sacrificar a estas poblaciones, razonablemente, en favor de la industria. Al igual que en China y en Vietnam, donde los marxistas imponen un orden industrial a expensas del desplazamiento y evacuación de los pueblos indígenas de las montañas.

Los científicos soviéticos afirman que cuando se agote el uranio, encontraremos otras alternativas. Veo a vietnamitas ocupar una central nuclear abandonada por el ejército de EEUU, ¿creéis que la han desmantelado? En absoluto, están haciendo uso de ella, algo parecido a lo que hace China con sus bombas nucleares mientras desarrolla sus reactores y pone a punto su programa espacial para colonizar y explotar planetas a la manera de los europeos con este hemisferio. La misma historia, pero a mayor velocidad esta vez.

El paradigma de los soviéticos es interesante. ¿Conocen acaso la fuente de energía alternativa de la que podremos hacer uso? En absoluto, solo tienen fe, ya lo descubrirá la ciencia. He oído a marxistas puros decir, un criterio sobre el cual sustentan sus acciones, que la destrucción del entorno, la polución y la radiación en un futuro se controlarán. ¿Cómo? Ya lo descubrirá la ciencia, seguro. Este tipo de fe es el que tradicionalmente se ha conocido en Europa como religión. La ciencia se ha convertido en una nueva religión para los europeos capitalistas y comunistas, ambos inseparables y cosustancialmente parte de la misma cultura. En la teoría y en la práctica, el marxismo necesita que los pueblos no europeos abandonen sus valores, tradiciones y existencia como cultura para mutar en grupos humanos adeptos a la ciencia en el seno de una sociedad marxista e industrializada.

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No considero que el capitalismo sea el único responsable de la situación actual del pueblo indio y la declaración de zona de exclusión de sus tierras. No, creo que la responsable es la misma tradición europea, la cultura europea en sí misma, de la cual el marxismo es su continuación más moderna, no una panacea para la misma. Aliarnos con los marxistas significaría aliarnos con las mismas fuerzas que nos consideran un coste asumible.

Existe una alternativa: el modelo de vida tradicional lakota y los usos del pueblo indio. El modelo que defiende que los seres humanos no tienen ningún derecho a destruir a la Madre Tierra, que existen fuerzas más allá de lo que la mente europea ha logrado concebir, que la especie debemos vivir nuestras relaciones con armonía y que esas relaciones en última instancia acabarán con la discordia. Un énfasis asimétrico en lo humano por lo humano con una falta de respeto absoluto por las relaciones naturales, la arrogante manera de actuar europea, solo puede dar lugar a una total discordia y un brusco reajuste que ponga a los arrogantes humanos de nuevo en su lugar, que les dé un baño de realidad más allá de su control para que de nuevo regrese la armonía. No hace falta una teoría revolucionaria que nos indique cómo conseguir esto, es algo que tenemos a nuestro alcance. La gente de este planeta que habita la naturaleza es consciente de ello y no necesita teorizar sobre ello. La teoría es un abstracto, nuestro conocimiento es real.

Reducidos a su mínimo común, la fe europea, incluyendo la actual fe en la ciencia, coincide en que el ser humano es Dios. Europa siempre ha ido tras un mesías, sea Jesucristo, Karl Marx o Albert Einstein. El pueblo indio consideramos eso como algo absurdo. El ser humano es la criatura más débil de todas, tanto que otras criaturas abandonan alimentos gracias a los cuales podemos sobrevivir. Solo somos capaces de sobrevivir a través del ejercicio del raciocinio ya que carecemos de las habilidades de las que disponen otras criaturas para obtener comida, como el uso de colmillos o garras.

Sin embargo, el raciocinio es una maldición porque puede provocar que los humanos olvidemos el orden natural de las cosas, peligro que no subyace para otras criaturas, pero sí para el pueblo indio y al europeo, al que le ocurre de manera habitual. Nosotros damos gracias al ciervo por su carne; el europeo simplemente coge su carne sin más y considera al ciervo como algo inferior. El europeo se considera un dios en su racionalismo y cientifismo. Dios es el ser supremo y todo lo demás es inferior.

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Toda la tradición europea, entre la que incluyo el marxismo, ha conspirado para socavar el orden natural de las cosas. La Madre Tierra y los poderes han sido agredidos, algo que no puede continuar así, y no hay teoría que pueda modificar esta realidad. La Madre Tierra contraatacará, junto con la naturaleza, y sus agresores serán eliminados. Se cerrará el círculo, todo volverá al principio. Esta es la verdadera revolución y también una profecía de mi pueblo, el Hopi, entre otros.

El pueblo indio ha intentado transmitir esto al europeo durante siglos pero, como ya he dicho, el europeo ha hecho oídos sordos.  El orden natural prevalecerá y los criminales desaparecerán a la manera del ciervo que muere cuando atenta contra la armonía superpoblando una región. Es cuestión de tiempo que se produzca lo que los europeos llaman una catástrofe de proporciones bíblicas. Nuestro deber como pueblos indios, como seres naturales, es sobrevivir. Una parte de sobrevivir implica resistir. Resistimos no para deponer a un gobierno y alcanzar el poder, sino para resistir a la exterminación, para sobrevivir. No queremos el poder de las instituciones blancas, queremos que estas desaparezcan. Eso es revolución.

El pueblo indio aún continúa en contacto con esas realidades, esas profecías y toda la tradición de nuestros ancestros. Aprendemos de nuestros mayores, de la naturaleza y de sus poderes y cuando la catástrofe haya concluido, nuestro pueblo prevalecerá para repoblar este hemisferio. Me es indiferente si tan solo permanece una pequeña comunidad en lo más alto de los Andes, el pueblo indio sobrevivirá y retornará la armonía. Eso es revolución.

Una vez aquí, permitidme mostrarme claro con un asunto, aunque ya debiera parecerlo tras todo lo que vengo diciendo. Al hablar del término europeo, no estoy hablando de un determinado color de piel o de una cierta estructura genómica, hablo del pensar europeo, una visión del mundo producto exclusivo de la cultura europea. Nadie está determinado genéticamente para pensar así, al contrario, se nos culturiza para ello, tanto al pueblo o indio como a cualquier otro pueblo.

Muchos individuos de nuestro pueblo comparten los valores y la visión del europeo. Tenemos un término para estas personas, manzana, de piel roja (genética) por fuera y de piel blanca (valores) por dentro. Otras comunidades tienen sus propios términos parejos: las negras tienen a sus oreos, las hispanas tienen a sus cocos, etc. Y, como he señalado antes, hay excepciones a la norma entre la gente blanca: blanca por fuera pero no por dentro, pero no sé qué término aplicarles más allá de seres humanos.

Lo que propongo aquí no tiene que ver con lo racial sino con lo cultural. Soy enemigo de aquellas gentes que defienden y legitiman las realidades de la cultural europea y el industrialismo. Soy aliado de aquellas otras que se oponen y luchan contra ellas; lo son tanto mías como de mi pueblo. Y me es absolutamente indiferente su color de piel: el término técnico para definir a la raza blanca es caucásico, a lo que yo me opongo es a lo europeo.

Los comunistas vietnamitas no son caucásicos pero funcionan mentalmente como europeos. Igual que los comunistas chinos, los capitalistas japoneses, los bantúes católicos o los jefes de nuestras reservas que pretenden vender nuestras tierras y fundar casinos. No hay nada de racismo aquí: solo el reconocimiento de cómo la mente y el espíritu se conforman a través de la cultura.

Creo que soy un nacionalista cultural en términos marxistas. Mi trabajo está principalmente con el pueblo lakota porque comparto con ellos una visión común de la realidad y la misma lucha. También trabajo con otros pueblos indios por motivos muy similares. Y más allá de ahí trabajo con cualquiera que haya experimentado la opresión colonial europea y que ofrezca resistencia a su totalitarismo industrial. Aquí entran pueblos genéticamente caucásicos que tradicionalmente han ofrecido resistencia a las normas europeas dominantes, como el vasco o el irlandés, pero sin duda existen más.

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Trabajo principalmente con mi gente, con mi comunidad, algo que recomiendo a todos aquellos grupos humanos con una visión no europeizante de las cosas. Creo en la máxima cree en la perspectiva de tu prójimo, donde se incluyen todos los géneros. Creo en las perspectivas comunales y culturales de todas las etnias resistentes a la industrialización y a la consiguiente extinción. Personas blancas, a título individual, pueden ser también partícipes de esto únicamente si han reconocido que la continuidad del sistema industrial no es una simple posibilidad, sino el suicidio del ser humano como especie. El blanco es uno de los colores sagrados del pueblo lakota, junto al rojo, amarillo y negro. Los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, los cuatro periodos vitales del ser humano. Las cuatro etnias de la humanidad. Mezcla rojo, amarillo, blanco y negro y obtén el marrón, el color de la quinta etnia.. Este es el orden natural de las cosas. Por eso me parece perfectamente conveniente trabajar con todas las razas, con el significado particular de cada una, con su identidad y su manera de comunicarse.

Sin embargo, entre el caucásico suele predominar un comportamiento particular: tan pronto como empiezas a criticar activamente a Europa y a su impacto en otras culturas, se pone a la defensiva aunque el ataque no se dirija a ellos exactamente, sino a Europa. Es decir, al concretar mis críticas en Europa personalizan la cultura europea identificándose con la misma, y, por ello, tratan de legitimar una cultura letal. Este malentendido debe superarse ya mismo, nadie tenemos las fuerzas suficientes como para enfrascarnos en esta batalla inútil.

El caucásico posee una perspectiva mucho más positiva que ofertar a la humanidad que la de la cultura europea, pero es preciso que abandonen esta cultura para que esta visión prospere y para que, junto al resto de la humanidad, el hacer y el ser de Europa queden en evidencia.

Continuar aferrándose al capitalismo, marxismo o cualquier otro ismo significa permanecer dentro de la cultura europea, sin alternativa alguna. Algo que, por otra parte, sigue siendo una elección, una elección basada en criterios culturales, no étnicos, y optar por la cultura europea y el industrialismo es optar por ser mi enemigo. La elección es vuestra, no mía.

Al respecto de los miembros de mi pueblo que acuden a las universidades, viven en los extrarradios de las ciudades o se internan en las instituciones: si os metéis ahí para ejercer una resistencia de manera acorde a vuestros valores, bien, no sé cómo lo conseguiréis, pero vale. Eso sí, no os desgajéis de la realidad. Ojo con creer que el mundo blanco nos ofrece unas soluciones a los problemas que él mismo causa. Ojo también con que las palabras de nuestro pueblo se vuelvan en nuestra contra y sean usadas por nuestros enemigos, algo que Europa ha perfeccionado bien. Y si no, ojead los tratados entre los pueblos indioamericanos y los gobiernos europeos firmados a lo largo de la historia. Obtened fortaleza a través de vosotros mismos.

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Una cultura que muy comúnmente confunde algarada con resistencia no tiene nada que enseñarte y nada que ofrecerte como modo de vida. Hace mucho que el europeo ha abandonado cualquier relación con la misma realidad, si acaso alguna vez lo estuvo al mismo nivel que tú como nativo.

Así que, finalmente, concluyo que empujar a alguien al marxismo es algo que no deseo en absoluto. El marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como lo es el capitalismo y el cristianismo. Es más, no intento empujar a nadie a nada. Cuando era más joven, los medios blancos acostumbraban a tratarme de líder, como gustan de hacer, en un momento en el que el Movimiento Indioamericano era una organización novísima. Entendí a partir de ahí que no puedes serlo todo para todo el mundo. No quiero que mis enemigos me revistan en esos términos. No soy un líder, soy un patriota Oglala lakota, lo único que necesito y algo que me hace muy feliz.

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¿Quiénes fueron las brujas? – Terror patriarcal en la gestación del capitalismo. (Parte 1).

Original por Alex Knight en The End of Capitalism, Who Were the Witches? Patriarchal Terror and The Creation of Capitalism

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Esta temporada no hay libro que desee más recomendar que el brillante Calibán y la Bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria de Silvia Federici, donde nos cuenta el oscuro fenómeno de la caza de brujas que arrasó Europa durante más de 200 años. Federici, sacando a la luz este pedazo de historia oculta, nos muestra los orígenes del capitalismo en su brutal opresión a la masa trabajadora (representada por el shakesperiano Calibán) y también, sorprendentemente, en la despiadada subyugación de la mujer. También saca a la luz los gigantescos y coloridos movimientos campesinos de Europa que presentaron oposición ante las injusticias de su tiempo, conectando su derrota con la imposición de un nuevo orden patriarcal que provocó un cisma entre hombres y mujeres de clase trabajadora. Hoy día, cuando cada vez más y más gente pone en duda le eficacia de un sistema capitalista que ha arrojado al planeta en una gran crisis, Calibán y la Bruja se presenta como una lectura ineludible para comprender la traumática violencia y la desigualdad de la que el capitalismo se ha nutrido desde su creación.

¿Quiénes eran las brujas?

Es probable que aquellos padres y madres que les dan un sombrero puntiagudo a sus retoños la noche de Halloween nunca se hayan parado a reflexionar sobre ello, al margen de considerar a las brujas como otro icono de la cultura popular más al nivel del monstruo de Frankenstein o Drácula. Sin embargo, en lo más profundo de este ritual yace una historia oculta que puede explicarnos varias cosas de nuestro mundo, ya que su legado aun nos afecta 500 años después. En su libro, Federici nos lleva al pasado para mostrarnos cómo la misteriosa figura de la bruja es clave para la comprensión de la aparición del capitalismo, el sistema basado en la obtención de capital que hoy día domina el mundo.

Durante los siglos XV, XVI y XVII el miedo a las brujas dominaba la vida en Europa y en la América colonial hasta tal punto que cualquier mujer que se enfrentara a una acusación de práctica de brujería podía verse sometida a la más cruel de las torturas para obtener su confesión, o simplemente ser ejecutada en base meras sospechas, algo que era habitual al no existir en muchas ocasiones ningún tipo de prueba. La autora comenta que «durante más de dos siglos, en varios países europeos, cientos de miles de mujeres fueron juzgadas, torturadas, quemadas vivas o colgadas bajo la acusación de haber vendido su cuerpo y alma al diablo, de, mediante hechicería, haber causado la muerte a niños, bebido su sangre, elaborado pociones con sus despojos, provocado la muerte a vecinos, destruido cosechas o ganado, desatado tormentas y otras muchas abominaciones», p. 169.

En otras palabras, cualquier inconveniente que ocurriera en cualquier momento de la época era susceptible de ser producto de las brujas. Así que, ¿de dónde surgió esta avalancha de histeria que se llevó las vidas de tantas desgraciadas mujeres, muchas de las cuales es bastante probable que nunca volaran montadas en escobas ni cocinaran con ojos de tritón en grandes calderos?

Calibán subraya que la caza de brujas no fue una anécdota de manos de un grupo de campesinos ignorantes, sino una política planificada por el Estado y la Iglesia, los estamentos gobernantes de la sociedad. Para que lo comprendamos mejor en perspectiva: la brujería actual no sería causa en absoluto de alarma, pero el pánico a las células terroristas durmientes que podrían operar en cualquier momento porque odian nuestra cultura es el pan nuestro de cada día. Nada que nos sorprenda: políticos y medios de comunicación han estado metiéndonos con sacacorchos este mensaje en nuestras cabezas durante años, aunque el terrorismo cause menos muertos que, por ejemplo, la falta de acceso a sanidad. Y así como el pánico al terrorismo ha dado legitimidad a los poderes fácticos actuales para rediseñar Oriente Medio, el libro da cuenta de cómo los poderes fácticos de entonces inventaron y explotaron el miedo a las brujas para rediseñar la sociedad europea en un nuevo paradigma que satisficiera sus intereses.

Es interesante comparar cómo ambas cruzadas han hecho uso de la táctica que se conoce técnicamente como dominio rápido (Shock and Awe), con el objetivo de confundir a la población con una enorme exhibición de fuerza, suavizando así la oposición a la implantación de reformas drásticas e impopulares. Con la caza, esta terapia del shock se aplicó mediante la quema de brujas, espectáculos de tal violencia que paralizaban pueblos y regiones enteras para inducirlos a que aceptaran los elementos fundamentales de la reestructuración de la sociedad medieval. Federici describe una quema cualquiera como un «importante evento público al que todos los miembros de la comunidad debían asistir , incluyendo a los hijos e hijas de las condenadas, particularmente a sus hijas, a las cuales, en ocasiones, se les propinaba una sarta de latigazos frente a la hoguera en la que veían su madre arder viva», p. 186.

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La quema de brujas fue la versión moderna de la táctica de dominio rápido.

El libro argumenta que este tipo de cruentas ejecuciones no tenían como objetivo únicamente castigar a las brujas, sino mostrar gráficamente las consecuencias de cualquier tipo de desobediencia al clero o a la nobleza. Más en concreto, la quema de brujas pretendía aterrorizar a las mujeres para que aceptaran un «nuevo orden patriarcal en el cual su cuerpo, su fuerza de trabajo y su poder sexual y reproductivo quedara a disposición del estado y fuera transformado en capital económico», p. 170.

Federici hace hincapié en que hasta el siglo XVI, aun viviendo en una sociedad sexista, las mujeres conservaban una independencia económica sustancial al respecto del hombre que en el capitalismo ha desaparecido, donde los roles de género están más diferenciados. «Si tenemos en cuenta que en la sociedad medieval  las relaciones colectivas preponderaban frente a las relaciones familiares y que la mayoría de tareas de las mujeres siervas (lavado, hilado, recolección y cuidado de los animales) se llevaban a cabo en cooperación con otras mujeres podemos deducir que esto representaba una fuente de poder y protección para las mujeres. Era la base de una intensa sociabilidad femenina y de una solidaridad que otorgaba a las mujeres poder para resistir al hombre».

La caza de brujas dio comienzo a un periodo en el cual las mujeres fueron forzadas a convertirse en lo que ella ha denominado «siervas de la fuerza de trabajo masculina», p.115 y verse así excluidas de obtener un salario. Se las recluyó en el gratuito cuidado de menores, mayores y enfermos, en la alimentación de sus maridos o parejas y en el mantenimiento del hogar. En palabras de Federici, esta fue la reclusión doméstica femenina, la imposición de un estatus de segunda clase en el cual las mujeres se encontraban totalmente sometidas al salario del hombre, p.27.

La autora más adelante nos muestra cómo la sexualidad femenina, considerada entonces una fuente de poder femenino sobre el masculino, comenzó a caer bajo sospecha y se convirtió objetivo militar de las autoridades. El asedio dio comienzo mediante nuevas leyes que eliminaron el control de las mujeres sobre el proceso reproductivo, tal como los métodos anticonceptivos  y la sustitución de matronas por obstetras hombres, así como la prohibición del aborto y el infanticidio. Federici considera esto un intento para convertir el cuerpo de las mujeres en una «máquinas productoras de niños para el Estado», de tal manera que el único objetivo vital al que toda mujer debía aspirar fuera la reproducción, p. 144.

Aun con todo, comprendemos que esto solo es una parte de un gran plan elaborado por Iglesia y Estado para eliminar todas las formas «improductivas» de sexualidad. Por ejemplo, «la homosexualidad, el sexo entre personas jóvenes y mayores, el sexo entre personas de distinta clase, el coito anal, el sexo a cuatro patas, el nudismo y las danzas. También se suprimió la sexualidad pública y colectiva tan en boga durante el Medievo, como en los festivales de primavera de origen pagano que aún se celebraban por toda Europa en el siglo XVI.», p. 194. En este punto, la caza de brujas atrapó no solo a la sexualidad femenina sino a la homosexualidad y a la disconformidad de género, colaborando en la elaboración del cisma sexual patriarcal que nos define hoy como sociedad.

Capitalismo – Nacido de entre las llamas

Lo que destaca a Calibán de otros trabajos que han explorado el fenómeno brujería es que el libro coloca la caza de brujas dentro del contexto del desarrollo del capitalismo. Para Federici, no fue ningún accidente que «la caza de brujas ocurriera de manera simultánea a la colonización y el exterminio de poblaciones del Nuevo Mundo, el cercamiento en Inglaterra o el comienzo del comercio de esclavos», p.164. Para ella, este cúmulo de tragedias, aparentemente inconexas, fueron instigadas por la élite europea cuando el capitalismo aún se encontraba en gestación, a lo largo de los siglos XV al XVII. Muy contrariamente a la ortodoxia del dejar-hacer, que propugna que el buen funcionamiento del capitalismo se basa en la no intervención estatal, Federici propone que fue precisamente la violencia estatal a través de estas campañas la que sentó las bases del capitalismo económico.

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Una nueva era surgió de entre las llamas de la caza de brujas.

Por suerte para el lector o lectora, en caso de que no esté familiarizada con este periodo histórico, Federici da a conocer estos eventos mediante un lenguaje claro y accesible. Hace hincapié en las políticas de cercamiento porque su importancia se ha diluido  a lo largo del tiempo.

La mayoría no recordamos que durante el Medievo, antes del cercamiento, incluso lo más bajo de la servidumbre poseía su pedazo de tierra para uso personal. Federici añade que «con el uso de la tierra también llegó el uso de zonas comunitarias como prados, bosques, lagos, pastos salvajes, las cuales proveían al campesinado de recursos cruciales para su economía (leña como combustible, madera para construcción, estanques para pescar y zonas de pastoreo para animales que fortalecieron la cohesión comunitaria y la cooperación », p. 24. Este acceso a la tierra suponía un colchón para el campesinado a través del cual obtenían una seguridad que de otro modo debían obtener del designio de su señor. Podían cultivar su propio alimento y cazar en abundantes bosques que aún permanecían en pie por aquel entonces, lo que junto a su conexión con las zonas comunitarias les otorgó un territorio en el que organizar movimientos de resistencia y economías alternativas ajenas al control de sus amos.

El cercamiento fue un proceso mediante el cual la tierra era sustraída por el Estado, dividida en lotes y entregada a especuladores que buscaban obtener un beneficio a través del pastoreo de rebaños de ovejas o vacas o de la agricultura a gran escala. En lugar de usarse para subsistencia, como hasta entonces, el botín catastral se vendía en los frágiles mercados nacionales o internacionales. Una nueva clase de terratenientes capitalistas emergió, mientras, en su contraparte más oscura, el campesinado desahuciado era víctima del trauma de la desposesión. En palabras de Federici: «tan pronto se vieron privados del acceso a la tierra, toda esta clase trabajadora cayó presa de una dependencia desconocida  durante el Medievo, ya que su condición de campesinado desposeído permitió a sus empleadores reducirles los salarios y extender su jornada», p.72.

Para Federici, la consecuencia del cercamiento fue la creación de una clase trabajadora desposeída, sin propiedades ni tierra, un proletariado sin más opción que trabajar por un salario para sobrevivir, constituyéndose el trabajo asalariado como elemento troncal del capitalismo.

Excluidas de su hogar tradicional, muchas comunidades se disolvieron por toda la campiña en busca de nuevas fincas. Así, el Estado contraatacó con el llamado Código Sangriento, que convirtió en legal la captura de vagabundos errantes para forzarles a trabajar por un salario o ser ejecutados. El resultado, para Federici, es claro: «el empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora europea. Una prueba de ello es el cambio en su dieta. La carne desapareció de sus mesas, con la excepción de algún resto de manteca, así como la cerveza y el vino, la sal y el aceite de oliva.», p.77.  Y aunque esta clase empezó a trabajar durante más horas al servicio de sus nuevos amos capitalistas, el nivel de vida cayó en picado durante todo el siglo XVI y no fue hasta el siglo XIX cuando los ingresos alcanzaron de nuevo el nivel de antes del cercamiento.

Según Federici, la caza de brujas fue de vital importancia en este proceso de empobrecimiento al introducir un cuño sexista en el seno de la clase trabajadora que minó la solidaridad de clase, dificultando la resistencia de estas comunidades al verse desplazadas de sus tierras, p. 48. Mientras que las mujeres sufrían la amenaza de horribles torturas y muerte si no se adaptaban a los nuevos y sumisos roles de género, a los hombres se les sobornaba con la promesa de unas esposas dóciles y un nuevo acceso al cuerpo femenino. También se cita que «otro aspecto de la política de división sexual para difuminar la protesta de la clase trabajadora fue la institucionalización de la prostitución, implementada mediante la apertura de burdeles municipales por toda Europa», p.49. Junto a la prostitución, la legalización de la violencia sexual otorgó más aprobación a la explotación del cuerpo de las mujeres. Explica que «En Francia, las autoridades municipales en la práctica despenalizaron la violación, siempre y cuando las víctimas fueran mujeres de clase baja», p-47. Con esto dio comienzo lo que Federici gusta de llamar «movimiento proviolación de facto», colocando a las mujeres en una posición difícil si deseaban salir de casa.

Los juicios por brujería fueron el asalto final, mediante los cuales la integridad de las comunidades campesinas fue totalmente destruida gracias a la promoción en su seno de la sospecha y el miedo. En cada vez peores condiciones, se animaba a los vecinos a volverse los unos contra los otros para que cualquier insulto o molestia presentara base para una denuncia por brujería. Sondeando todo este perjuicio, Silvia Federici concluye que «la persecución de las brujas, en Europa y el Nuevo Mundo, tuvo la misma importancia que las colonizaciones y le expropiación del campesinado europeo en el desarrollo del capitalismo».

1 – Estudiantes de Harvard publicaron un estudio el 17 de septiembre de 2009 en el que defendían que aproximadamente 45.000 estadounidenses mueren anualmente por falta de acceso al sistema médico, una proporción bastante mayor que los asesinados el 11 de septiembre en los ataques terroristas al World Trade Center. Más información en este enlace: http://www.reuters.com/article/healthNews/idUSTRE58G6W520090917

2 – Dominio Rápido, Wikipedia. En línea. http://en.wikipedia.org/wiki/Shock_and_awe.

3 – La estrategia de la doctrina del shock ha sido analizada con detalle en diversos casos por Naomi Klein en su excelente La Doctrina del Shock: El auge del capitalismo deldesastre. Metropolitan Books 2007. Por ejemplo, cuenta que la devastación por parte de Estados Unidos de la infraestructura social de Irak, entre la que se encontraban hospitales, escuelas y sistemas de suministro de alimentos y agua dejó en tal estado de trauma a la población iraquí que carecieron de fuerza de movilización para prevenir la privatización de la riqueza petrolera del país.

4 – Más información de las consecuencias de la caza de bruja en la dominación masculina de la reproducción y la medicina en Brujas, Parteras y Enfermeras: Una historia de sanadoras de Bárbara Ehrenreich.

5 – El punto más alto en el que se encontraron los salarios ocurrió poco antes del siglo XVI (en torno a 1450) y su punto más bajo fue en sus postrimerías (en torno a 1650). Su caída durante el siglo XVI fue abruptísima. The Modern World-System. Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century. New York: Academic Press, 1974. pg. 80.

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La revolución feminista de Rojava es un rayo de esperanza en un océano de horrores

Original en Telesurtv.net, por Tony Iltis & Stuart Munckton.

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En la región de Rojava, en Siria, al margen de todas las dificultades, sus habitantes se están organizando en comunas y en comités de mujeres.

Siria nos podrá parecer un agujero de miseria sin fondo alguno, pero en el norte, la ancha región kurda de Rojava, es el escenario de una revolución popular y humana que coloca los derechos de minorías étnicas y mujeres en el epicentro de su ser.

Irónicamente, debido a todo el horror que la rodea, en la región de Rojava se están dando la mayoría de experimentos de democracia de base y participativa a nivel mundial si excluimos los proyectos revolucionarios latinoamericanos. Como en Venezuela, el ideal de comuna representa el corazón de su floreciente democracia.

La revolución de Rojava ha dado a conocerse al mundo especialmente mediante la heroica resistencia de las combatientes de las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades de Protección Femenina (YPJ) para levantar el asedio y derrotar a los asediadores del Estado Islámico en la ciudad de Kobane en enero de 2015. Otras muchas personas nos percatamos de su situación gracias a la profunda ideología revolucionaria que guía a las luchadoras de Rojava, una ideología que buscan poner en práctica pese a las dificultades.

Rojava es una “zona liberada” en el norte de Siria que forma parte de la nación kurda histórica y reclamada. Su mayor partido político es el Partido de la Unión Democrática (PYD), ideológicamente afín al izquierdista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), en Turquía.

En 2011 el PYD dio apoyo al levantamiento contra Assad aunque empezó a mostrar su preocupación por las intenciones de la oposición de sobremilitarizar el conflicto. Un conflicto detonado por la represión de protestas pacíficas de Assad pero alimentado por las agencias de inteligencia occidentales y sus aliados en la región.

Esto, unido al chovinismo étnico de una oposición árabe y suní,  que solo quiso definirse como árabe y suní, consiguió que el movimiento kurdo se mantuviera al margen de la levantisca oposición armada.

Hacia julio de 2012, la presencia militar del gobierno de Assad en la región desapareció por completo debido a presiones desde múltiples frentes en una guerra civil que se recrudecía. Empezaba a existir un tangible y creciente peligro porque Rojava se convirtiera en campo de batalla entre fuerzas opositoras hostiles al pueblo kurdo y a otras minorías, lo que originió como respuesta un levantamiento sin derramamiento de sangre que declaró a Rojava como zona liberada. Esta insurrección popular permitió que las ideas del PKK y el PYD pudieran llevarse a cabo como una democracia confederal sustentada en un sistema participativo con autonomía local.

El papel del PYD en la transformación revolucionaria de Rojava es más bien ideológico que institucional. Colaboró en la creación del Movimiento por una Sociedad Democrática (TEV-DEM), que da cierto orden y movilización a la población, pero actualmente es un organismo independiente del propio PYD.

El poder institucional recae sobre un orden denominado autonomía democrática. El blog Ecology or Catastrophe nos informa sobre lo que el pasado enero, una portavoz del TEV-DEM, Çinar Salih relató a una delegación académica: nuestro sistema se nutre de las comunas, constituidas por vecindarios de 300 personas. Cada comuna poseen una copresidencia y existen copresidencias a todos los niveles, desde la propia comuna a la administración cantonal.

En cada comuna hay cinco o seis comités distintos. Las comunas tienen dos vías de actuación. En primer lugar, resuelven problemas rápida y prontamente (como los problemas técnicos o sociales). Hay algunos trabajos que solo te requieren cinco minutos; sin embargo, si los delegas en el Estado, entran en una vorágine burocrática, por eso resolvemos los resolvemos rápido. La segunda vía es la política, contaba Salih.

Si hablamos de una democracia real, las decisiones no pueden tomarse de arriba abajo, han de tomarse desde abajo y luego ascender por grados. La copresidencia la forman un hombre y una mujer. La representación femenina está garantizada en todos los comités populares. Ningún género excede el 60% de representación. No solo eso, también existen en paralelo organizaciones exclusivamente de mujeres.

Hay comités de mujeres en paralelo a todos los niveles, comunal, de distrito, local y cantonal. Los comités de mujeres no tienen poder de decisión sobre asuntos de índole general, para ello ya están los comités populares. Estos comités deciden sobre asuntos específicos de mujeres y tienen derecho de veto sobre todo tipo de asuntos que involucren mujeres.kobane.jpg_1718483346.jpg

El énfasis en la liberación femenina aparece reflejado en la alta visibilidad de la que gozan las combatientes kurdas en los grupos armados revolucionarios de Rojava.

Salih hizo hincapié en que la revolución de Rojava es una revolución femenina porque hay mujeres involucradas en todos los ámbitos vitales. Creemos que una revolución que no abre camino a la liberación femenina no es revolución alguna. Ha habido revoluciones en Túnez, Egipto y Libia; sin embargo, el estatus femenino no ha sido revertido.

Por la situación bélica, la devastación y el aislamiento a los que se ve sometida la región de Rojava, su economía está orientada a la subsistencia. Sin embargo, se están aplicando medidas de corte socialista como el alojamiento, alimentación, sanidad, cuidados infantiles y educación universales, ninguno de los cuales eran provistos por el régimen sirio antes de la guerra.

La revolución de Rojava también es explícitamente multiétnica. En su prefacio, la constitución de los cantones autónomos de Rojava los describe como una confederación kurda, árabe, siria, aramea, turcomana, armenia y chechena.

Sigue: en la construcción de una sociedad libre de toda autoridad, militarismo, centralismo e intervención de cualquier institución religiosa en asuntos públicos, la Carta Magna reconoce la integridad territorial siria y es firme defensora del mantenimiento de la paz tanto a nivel local como internacional.

La tendencia actual en Rojava es el establecimiento de estructuras mutiétnicas, no únicamente kurdas. Todo, desde señales de tráfico, medios de comunicación o educación se plantea desde la lengua primera de cada comunidad.

Como en cuestiones de género, la participación étnica en las comunas y comités está definida por cuotas. También existen organismos paralelos para minorías étnicas.

Gracias a estas políticas, la revolución obtuvo el rápido apoyo de minorías no kurdas, y así se muestra con la participación de comunidades no kurdas en las estructuras y organizaciones revolucionarias, así como en las alianzas con organizaciones políticas y grupos armados no kurdos.

La revolución de Rojava se están enfrentando ahora mismo a múltiples amenazas desde varios frentes y tiene que navegar entre complejas fuerzas competidoras que buscan hacer efectivos sus propios intereses en la región, pero por todo lo ya conseguido pese a todas las dificultades, la revolución de Rojava merece nuestra solidaridad. El mundo necesita a Rojava.

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Cuando asesinas a diez millones de africanos no eres un “Hitler”

Original por Liam O’Ceallaigh en Diary of a Walking Butterfly.

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Echadle un ojo a esta foto, ¿sabéis quién es?

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Más de uno no habéis oído hablar de él en la vida, aunque deberíais. Deberíais enfermar solo de ver su cara o de escuchar su nombre tanto como lo hacéis cuando leéis sobre Hitler o Mussolini o veis algún retrato suyo. Aquí donde le veis, este tipo asesinó a diez millones de personas en el Congo.

Su nombre: Leopoldo II de Bélgica.

Fue “propietario” del Congo durante su reinado como monarca constitucional de Bélgica. Tras varios intentos coloniales fallidos en Asia y África, consiguió penetrar en el Congo. Lo “adquirió” y esclavizó a su población, convirtiendo a todo el país en su plantación esclavista personal, disfrazó sus negocios de “filantropía” y “esfuerzo científico” bajo la bandera de la Sociedad Africana Internacional e hizo uso de su mano de obra esclava para extraer recursos congoleños y servirse de infinidad de sus bienes. Su reinado se sostuvo sobre campos de trabajo, mutilaciones físicas, ejecuciones, torturas y un ejército privado.

La mayoría de nosotros y nosotras (no conozco el porcentaje, pero me atrevo a pensar que es bastante alto) no hemos oído hablar de él en nuestras escuelas. Tampoco en los medios. No forma parte de eje de odio repetido hasta la saciedad donde se encuentra el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Este señor forma parte de una larga historia de colonialismo, imperialismo,  esclavitud y genocidio en África que choca con la construcción social del discurso supremacista al que tenemos acceso en nuestros centros docentes. No es alguien que encaje bien del todo dentro de un plan de estudios de cualquier país capitalista. Hacer comentarios abiertamente racistas es algo (a veces) que se rechaza dentro de las capas cultas de la sociedad, sin embargo, no hay problema  en omitir los genocidios causados en África por monarcas de países capitalistas europeos.

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Mark Twain escribió una sátira sobre Leopoldo a la que le puso el nombre de “El soliloquio del Rey Leopoldo, en defensa de su gobierno sobre el Congo”, y en la que se mofaba del reinado de terror del monarca a través de las propias palabras del mismo gobernante. Son 49 páginas. Mark Twain es un autor muy estudiado en nuestras escuelas pero como ocurre con la mayoría de autores que trataron temas políticos, estudiamos sus textos menos políticos o lo hacemos sin saber de las motivaciones del autor para escribirlos (Rebelión de la Granja de Orwell ha servido para reforzar la propaganda antisocialista en Estados Unidos aunque Orwell fuera un revolucionario anticapitalista, algo que en contadas ocasiones se señala). Nos dan a leer Huckleberry Finn y Tom Sawyer, pero el Soliloquio del Rey Leopoldo nunca aparece en las listas bibliográficas. No es un descuido, estas listas bibliográficas son acordadas por una junta educativa para que el alumnado aprenda a seguir órdenes y a sobrellevar el aburrimiento lo más airosamente posible. Y es así porque según criterios del Ministerio de Educación, África no tiene historia.

Cuando nos enseñan cosas sobre África, aprendemos sobre un Egipto que roza la caricatura, sobre el VIH (pero nunca sobre sus causas), sobre las consecuencias superficiales del comercio con esclavos y quizá sobre el Apartheid sudafricano (algo que ya hace muuuucho que superamos, a ver qué os creéis). También vemos miles de imágenes de infantes malnutridos en los anuncios de Cáritas o safaris en los programas de animales y fotos de desiertos en películas. Jamás aprendemos sobre la Gran Guerra Africana (o Guerra del coltán) o el Reinado del Terror de Leopoldo durante el genocidio congoleño. Tampoco se nos enseña sobre lo que los Estados Unidos han hecho en Irak o Afganistán, causando al menos de 5 a 7 millones de muertos mediante bombardeos, sanciones, enfermedad o hambruna. Las estadísticas de bajas son importantes, y en ella nunca están afganos, iraquís o congoleños.

Hay una página en la Wikipedia llamada “Genocidios en la historia”. No aparece el genocidio congoleño, aunque sí aparece mencionado el país: lo que hoy conocemos como República democrática del Congo figura en relación a la Segunda Guerra del Congo (también llamada Guerra Mundial Africana o Gran Guerra de África) donde ambos bandos del conflicto internacional dieron caza a Bambenga y se lo comieron. El canibalismo y la esclavitud son males horribles que debemos incluir en el estudio de la historia y sobre los que se ha de debatir sin dilación, pero no dejo de darle vueltas a qué intereses sirve el hecho de que la única mención al Congo en toda la página sea en referencia una serie de incidentes involucrando a varios países donde una minoría irrisoria de personas se devoró la una a la otra (vaciando de contenido las causas del conflicto, por supuesto). Estas historias que dan sustento al discurso supremacista blanco al hacer hincapié en la subhumanidad del pueblo africano tienen garantizado el acceso a los anales de la historia. El tipo blanco que convirtió todo el Congo en su plantación, campo de concentración e iglesia particular y asesinó de 10 a 15 millones de congoleños no pasó el corte para figurar en los libros de texto.

¿Veis? Asesina a diez millones de africanos y no te llamará nadie “Hitler”. Es decir, tu nombre nunca será el símbolo de la encarnación del mal, tu imagen no producirá miedo, odio ni tristeza, tus víctimas caerán en el olvido y tu nombre será borrado de la historia.

Leopoldo era solo uno de los miles de elementos que contribuyeron a la construcción del supremacismo blanco como discurso ideológico y como realidad sustancial. Y en absoluto digo que él fuera la fuente de todo mal en el Congo. A su mando estaban generales, soldados rasos y gestores que llevaron a cabo su voluntad e hicieron cumplir su ley. Era todo un sistema, algo que no excluye del debate a aquellos individuos que lo simbolizaban. Pero nada, ni eso. Y al haber desaparecido de la historia, los efectos del capitalismo en África, los privilegios que las personas blancas opulentas obtuvieron gracias a este genocidio permanecen ocultos. A las víctimas del imperialismo, como suele ocurrir, se las oculta tras un telón.

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