El Islam africano civilizó la Península Ibérica

Original en Global Research, “How African Muslims “Civilized Spain”“, por Garikai Chengu.

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Hace pocos días marcó el aniversario del final del poblamiento musulmán de las regiones geográficas hoy ocupadas por los estado español, portugués y francés tras 700 años.

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Hace 408 años, el rey Felipe III de España dictó una orden que a la postre se convirtió en una de los ejemplos más tempranos de políticas en pos de la limpieza étnica. Durante el apogeo de la Inquisición española, el rey Felipe ordenó que en torno a 300.000 personas de tradición morisca abandonaran los territorios hispánicos, dando inicio a uno de los episodios más brutales y trágicos de la historia española.

Pese a este epitafio de la tradición musulmana en la Península Ibérica, fueron las poblaciones de origen africano las que trajeron de nuevo la civilización a los territorios que hoy conforman España,  Portugal y el resto de Europa tras el colapso romano, y no al revés, como se cree comúnmente.

La primera civilización que se puede llamar europea tuvo su origen en la isla de Creta en torno al 1700 a.C., cuya cultura, y posteriormente la griega, bebe en gran parte de la que ya existía en el valle del Nilo, hogar de poblaciones que en la actualidad se considerarían negras. La cultura griega pasó a la romana hasta su colapso, lo que resultó en una especie de edad oscura que se asentó en Europa durante cinco siglos. La civilización volvió a ser reintroducida en el continente gracias a las poblaciones magrebíes procedentes de África, los comúnmente conocidos como «pueblos moros», quienes pusieron fin a esta etapa de oscuridad.

La historia que aprendemos en occidente equipara el periodo conocido como «Edad Media» con el de «Edad Oscura», y lo caracteriza como una edad en la cual la civilización en general, incluyendo las artes y las ciencias quedaron reducidas al mínimo. Aunque esto pudiera ser cierto en algunos lugares de Europa, en África el proceso fue el inverso.

Cheikh Anta Diop, reconocido historiador panafricanista, recoge en su obra que los grandes imperios del mundo durante el Medioevo fueron los grandes imperios negros asentados en África, donde también se desarrollaron los más prominentes centros culturales y educativos del mundo. Durante este periodo, la imagen común del bárbaro forajido se atribuía más a menudo a la población europea.

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Tras el colapso del Imperio Romano, multitudes de tribus de origen caucásico sufrieron el empuje de las hordas hunas e invadieron el oeste europeo. Años después, en el 711, las poblaciones moras pusieron el pie en las costas ibéricas y el islam africano trajo introdujo una civilización antes desconocida para las tribus caucásicas que habitaban la región en ese entonces. A partir de ese entonces, «los moros» gobernaron las actuales España, Portugal, norte de África y sur de Francia durante más de 700 años.

Aunque durante generaciones de propaganda desde el poder se han tratado de suprimir estos elementos de los registros históricos; hallazgos arqueológicos y académicos recientes han arrojado luz sobre cómo los avanzados conocimientos moros en matemáticas, astronomía, arte y filosofía ayudaron a sacar a Europa de la oscuridad y empujarla al Renacimiento.

Basil Davidson, un afamado historiador británico, apunta que durante el siglo VIII no existía lugar «más admirado por su vecindad o que más comodidad facilitaba que una civilización de corte africano que estaba tomando forma en la antigua Hispania».

Gran parte de las poblaciones moras de este entonces serían consideradas negras hoy en día, e incluso el dramaturgo William Shakespeare comenzó a usar el término «moro» como sinónimo de «africano». La educación fue universal en al-Ándalus, la España musulmana, mientras que en la Europa cristiana, el 99% de la población era analfabeta, e incluso muchos reyes eran incapaces de leer o escribir. Al-Ándalus hizo crecer como la espuma la tasa de alfabetización, a unos niveles sorprendentes para una sociedad premoderna. En una época en la que Europa solo contaba con dos universidades, el mundo musulmán contaba con 17. Los fundadores de la Universidad de Oxford se inspiraron en las instituciones de la península tras una visita a las mismas para crear la suya. Según el Cuerpo Educativo de las Naciones Unidas, la universidad operativa más antigua del mundo hasta hoy es la Universidad de Al-Karaouine, en el actual Marruecos, fundada durante el siglo VIII, en el apogeo del imperio islámico, en el 859, por una mujer, Fátima al-Fihri.

En el ámbito de las matemáticas, el número 0, los numerales arábigos y el sistema decimal fueron introducidos en Europa por el Islam, facilitándoles la resolución de problemas de manera más rápida y concisa, y poniendo los cimientos para la revolución científica de siglos posteriores.

La curiosidad científica de estos pueblos llegó hasta el ámbito de la aeronáutica y la polimatía. Ibn Firmas llevó a cabo el primer experimento científico de vuelo controlado que se conoce en el año 875. Los archivos históricos surgieren que su intento fue un éxito, no así su aterrizaje. De esta manera, pueblos africanos conquistaron el cielo seis siglos antes de que Da Vinci desarrollara su ala delta.

Es una evidencia que las poblaciones moras desde al-Ándalus ayudaron a sacar a la Europa medieval del oscurantismo y pusieron las bases del Renacimiento posterior. De hecho, muchas de las características de las que la Europa actual se jacta tienen su origen en la España musulmana, como el libre comercio, la diplomacia, la apertura de fronteras, la etiqueta, la navegación avanzada, los métodos de investigación y avances clave en el ámbito de la química.

En un momento en el que en los territorios musulmanes  se construyeron 600 baños públicos y sus gobernantes vivían en suntuosos palacios, las monarquías de Alemania, Francia e Inglaterra promovieron entre sus poblaciones que la pulcritud era un pecado y así sus monarcas comenzaron a vivir en grandes graneros, sin ventanas ni chimeneas, con un único agujero en el techo para la salida del humo.

Durante el siglo X, Córdoba no solo era la capital de la España mora, sino la ciudad más importante y moderna de Europa. Con una población en torno al medio millón de habitantes, contaba con alumbrado público, 50 hospitales con agua corriente, 500 mezquitas y setenta bibliotecas, contando cada una con más de 500.000 ejemplares.

The Court of the Caliphate of Cordova in the Time of Abd-al-Rahman III, by Dionisio Baixeras Verdaguer, 1885 - TORQUEMADA 3

Todos estos logros tuvieron lugar en la misma época en la que Londres contaba con una población casi totalmente analfabeta de  apenas 20.000 personas, habiendo olvidado hacía tiempo los avances técnicos romanos. El alumbrado público y la pavimentación de las calles no se introdujo en ciudades como Londres y París hasta siglos después.

La Iglesia Católica declaró proscrito el préstamo de dinero, lo que cortó de raíz cualquier esfuerzo en pos del progreso económico. En comparación con el sur y oriente mediterráneo, la Europa medieval y cristiana era un erial de miseria, atestado de mugre, barbarismo, analfabetismo y misticismo.

A fines de la Edad Media, España y Portugal se erigieron como líderes de la navegación global. Esto fue gracias a los avances moros en tecnología de navegación como el astrolabio y el sextante, así como sus descubrimientos en cartografía y construcción naval, quienes abrieron la puerta a la conquista y el expolio de continentes enteros siglos después. En definitiva, la era de control occidental a nivel global del pasado medio milenio tuvo su origen en la navegación mora de la Península Ibérica durante el siglo XIV.

Bastante antes del encargo de los Reyes Católicos a Colón para la búsqueda de nuevas tierras más allá del Atlántico, cabe la posibilidad de que pueblos musulmanes de origen africano, y puede que otros más al sur, mantuvieran contactos con las Américas y dejaran incluso impronta en su cultura. Nuevos hallazgos comienzan a probar que visitantes de África habían ya navegado a través del Atlántico a las Américas miles de años antes de la llegada de Colón. El doctor Barry Fell, de la Universidad de Harvard, recalca la presencia de población musulmana en América antes de Colón a través de esculturas, tradiciones orales, monedas, testimonios, artefactos antiguos y documentos e inscripciones en árabe. La prueba más fehaciente de presencia africana en la América precolombina viene del propio puño y letra del Almirante. En 1920, un reputado historiador y lingüista estadounidense, Leo Weiner, de la Universidad de Harvard, expuso en su libro, Africa and the Discovery of America, cómo Colón redactó en su diario que la población nativa le había informado de que «gentes de piel negra habían llegado desde el sudeste en barcos, comerciando con lanzas con puntas doradas».

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La España musulmana no solo recogió y prodigó los avances intelectuales de las civilizaciones del Antiguo Egipto, Roma y Grecia, sino que se expandió en base a los mismos y añadió sus propias contribuciones de renombre en campos como la astronomía, la farmacología, la navegación marítima, la arquitectura y el derecho. La imagen perpetuada por el academicismo occidental durante siglos por la cual se postula que el continente africano apenas ha contribuido en nada a los avances civilizatorios y que sus gentes siempre han sido primitivas ha servido desafortunadamente como base para todo el prejuicio racial, esclavitud, colonialismo y la opresión que aún sufre el continente negro. Si los pueblos africanos tienen la oportunidad de reescribir su historia, esta revelará una gloria tal que les hará luchar inevitablemente por alcanzarla de nuevo. Después de todo, la mayor amenaza que se cierne sobre un futuro próspero para África es la ignorancia de sus habitantes sobre su glorioso pasado.

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¿Qué es civilización?

Original por Moss Moth.

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Hay gente que, cuando oye que otras personas quieren acabar con la civilización, responde de manera negativa porque de siempre han asociado civilización a bien. Este fragmento es un intento por aclarar, definir y describir lo que yo (y otra gente) entendemos por civilización.

La definición de diccionario de la palabra civilización recoge el uso común de la palabra:

  1. Sociedad que ha alcanzado un nivel avanzado de desarrollo social (y disfruta, por ejemplo, de organizaciones políticas y religiosas complejas), «la gente evolucionó progresivamente de un estado de barbarie a uno de civilización».
  2. Proceso social por el cual las sociedades alcanzan un estado civilizado.
  3. Una determinada sociedad en un determinado momento y lugar, «la civilización maya arcaica». Sinónimo: cultura.
  4. Cualidad de la excelencia en pensamiento, modales y gusto, «un hombre refinado intelectualmente», «se le recuerda por ser un hombre generoso y civilizado».

Sus sinónimos incluyen avance, educación, cultura, desarrollo, instrucción, encumbramiento, ilustración, iluminación, modales, progreso y refinamiento.

No hace falta decir que aquellas personas que se encargan de redactar las acepciones de diccionario son en sí gente civilizada, lo que explica  las flores con las que se describen. Parafraseando a Derrick Jensen, ¿os imagináis a las personas que redactan los diccionarios describiéndose como miembros de una sociedad pobre, subdesarrollada y atrasada?

Por el contrario, entre los antónimos de civilización se incluyen: barbarie, salvajismo, brutalidad, jungla. Estas son las palabras que la gente civilizada usamos para referirnos a aquellas personas que consideramos que se encuentran más allá del linde de la civilización, en concreto, pueblos indígenas. Bárbaro viene de la palabra griega cuyo significado es no griego, extranjero. La palabra salvaje viene del latín silvaticus, que significa perteneciente a los bosques. Las etimologías parecen, en su origen, inofensivas, pero es bastante esclarecedor el modo en que hemos aplicado estos términos.

Bárbaro

  1. Cualidad de ser explícitamente cruel e inhumano. Sinónimos: atroz, atrocidad, barbaridad, monstruosidad.
  2. Acto salvaje y bárbaro. Sinónimos: brutalidad, barbarie, salvajismo.

Salvajismo

  1. Cualidad o condición de lo salvaje.
  2. Acto cruel y violento.
  3. Comportamiento o naturaleza salvaje, barbarie.

Esta asociación de crueldad e incivilización es, sin embargo, contradictoria si repasamos los registros de los contactos entre gente civilizada e indígena.

Retrotraigámonos a unos de los contactos más famosos entre pueblos indígenas y civilizados: cuando Cristóbal Colón puso el pie por primera vez en lo que más adelante se conocería como Américas, registró la impresión que le causaron los nativos, incluyendo en su diario lo siguiente: su inocencia desnuda… Son muy amables y no conocen el mal ni el asesinato ni el robo…

Así que concluyó: serán unos esclavos excelentes.

En 1493, bajo el auspicio de la Corona de Castilla, se declaró Virrey y Gobernador del Caribe y las Américas. Se instaló en la isla que actualmente se encuentra dividida entre Haití y la República Dominicana y comenzó a exterminar y esclavizar sistemáticamente a la población indígena (las tribus taino de la isla estaban sin civilizar, al contrario que la civilización inca, también invadida por los conquistadores). En tres años había conseguido reducir la población indígena de ocho millones a tres. Hacia 1514 solo quedaban veintidós mil, y para 1542 se les consideraba extintos. [2]

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El sistema tributario establecido por Colón [en los territorios recién colonizados] alrededor de 1495, tan sencillo como despiadado, satisfizo el hambre de oro español  y aunó el desprecio, también español, por el trabajo manual, leído como judaizante. Todo habitante taíno que superara los 14 años estaba obligado a tributar a los nuevos dirigentes un cascabel de oro cada tres meses (o en zonas con no tanta abundancia de oro, veinticinco libras de algodón empacado). A aquellos que satisfacían esta demanda, se les daba un identificador que se colgaban al cuello como prueba de que así lo habían hecho. A los que no, se les castigaba cortándoles las manos y dejándoles desangrarse hasta la muerte… [3].

Más de diez mil personas fueron asesinadas durante la etapa de Colón como gobernador. En innumerables ocasiones estos civilizados invasores hicieron uso de tortura, violación y asesinato. Los españoles se apostaban quién era capaz de partir a una persona en dos, o de cortar una cabeza de un solo tajo o de abrirle las tripas a alguien. Arrancaban a los recién nacidos de los pechos de sus madres para estamparles la cabeza contra las rocas… Pasaron por la espada a recién nacidos, a sus madres y a todos los que estaban allí antes que ellos.

En otro momento:

Un español… desenvainó de repente su espada. Al momento, los otros cien hicieron lo mismo y empezaron a abrir tripas, a tajar y a asesinar hombres, mujeres, niños y personas ancianas que se encontraban en cautiverio y en estado de pánico… Y entre dos credos, solo puede quedar uno. Los españoles entraron en una casa grande que se encontraba al lado de donde sucedieron los hechos y, de la misma manera, empezaron a pasar por el filo a todo al que encontraron allí, derramando un arroyo de sangre como si en vez de personas hubiera sido sacrificado ganado…”[5].

Este patrón de crueldad y vicio unilateral, inexcusable y sin provocación se ha repetido innumerables veces en las interacciones entre gente civilizada e indígena a lo largo de la historia.

Este fenómeno está bien documentado en obras excelentes, entre ellas A Little Matter of Genocide: Holocaust and Denial in the Americas, de Ward Churchill, The Conquest of Paradise: Christopher Columbus and the Columbian Legacy, de Kirkpatrick Sale y Bury My Heart at Wounded Knee: An Indian Historia of the American West. Las obras de Farley Mowat, entre las que destacan Walking on the Land, The Deer People y The Desperate People ilustran también todos estos hechos poniendo el énfasis en las regiones árticas de Norteamérica. Eduardo Galeano también toca el tema  en  la trilogía Memoria del Fuego poniendo el punto de mira en el sur del continente americano (esta trilogía épica recoge varias situaciones de injusticia y sus consiguientes revueltas).  Una muy buena recomendación es el libro de Jack D. Forbes, Columbus and Other Cannibals: The Wétiko Disease of Exploitation, Imperialism and Terrorism. Otra fuente de información es el libro de Jared Diamond’s Guns, Germs and Steel: The Fates of Human Societies, aunque discrepo con algunos puntos de vista del autor.

EL mismo tipo de agresiones cometidas por la gente civilizada contra la población indígena fueron también cometidas contra toda forma de vida no humana animal y vegetal, a las que prácticamente se esquilmó (a menudo deliberadamente) incluso cuando no eran necesarias como alimento, simplemente por deporte. Para más información sobre esto, echadle un vistazo a las obras exhaustivas y conmovedoras de Farley Mowat Sea of Slaughter o de Clive Ponting A Green History of the World: The Environment and the Collapse of Great Civilization (donde se analiza la forma de vida precolombina y el colonialismo europeo).

Con todo este historial de atrocidades, deberíamos (si no lo hemos hecho ya) desterrar las connotaciones propagandísticas que conlleva la palabra civilizado (bueno) e incivilizado (malo) y buscar una definición más adecuada. Antropólogos y demás académicos ya han pensado en algunas definiciones de civilizado  menos propagandísticas.

Antropólogos decimonónicos como E.B Tylor definieron la civilización como la vida urbanita organizada bajo un gobierno y estructurada mediante escribas (o el uso de la palabra escrita). En estas sociedades, según él, hay un excedente de recursos con los que se puede comerciar o que se puede conseguir mediante guerra o explotación, lo que permite a su vez la diversificación de la actividad urbana en sí.

El genial autor y activista contemporáneo Derrick Jensen, habiendo reconocido las fallas que tiene la definición popular y de diccionario, escribe:

Definiría civilización de manera más precisa, y creo que también más útil, como una cultura , o lo que es lo mismo, como un complejo de historias, instituciones y mecanismos que se gobiernan y se sostiene en base al crecimiento urbano (civilización, ver civil, de civis, ciudadano, de latín civitatis, estado o ciudad) definiéndose así ciudad en contraposición a campo, pueblo, etc. y con una población en la práctica permanentemente sedentaria establecida en densidades que hacen necesaria la importación de comida y otras necesidades primarias.

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Jensen también tiene en cuenta que, debido a las necesidades de importación que tienen estas ciudades para satisfacer su nivel de vida y para crecer, ven necesario crear sistemas de centralización indefinida de recursos, creando una creciente área de insostenibilidad alrededor de un área rural cada vez más sobreexplotada.

El antropólogo contemporáneo John H. Bodley dice que «la principal función de la civilización es la organización de redes sociales paralelas de influencia ideológica, política, económica y militar que benefician explícitamente a intereses privilegiados. En otras palabras, instituciones civilizadas como iglesias, corporaciones y ejércitos existen por y para dotar de recursos y de pujanza a la élite dominante».

El historiador y sociólogo del siglo XX Lewis Mumford es el creador de una de mis definiciones favoritas de civilización, breve y concisa. Para él, una civilización es un grupo de instituciones que comenzó a tomar forma bajo los regímenes monárquicos. Sus características principales, constantes pero en proporciones variables a lo largo de la historia, son la centralización del poder político, la división en clases, la estratificación laboral de por vida, la mecanización de la producción, la hipertrofia del poder militar, la explotación económica del débil y la generalización de la esclavitud y el trabajo forzoso con fines industriales o militares [8).

Teniendo en cuenta el mencionado surtido de definiciones históricas y antropológicas, podemos deducir criterios básicos de lo que conocemos como civilización (en contraposición a poblaciones indígenas)…

  • Los grupos humanos viven en núcleos sedentarios, ciudades en su mayoría.
  • La sociedad en su conjunto depende del cultivo agrícola a gran escala, necesario para sostener a las poblaciones urbanas densas que no cultivan.
  • La sociedad está regida por gobernantes y cierta aristocracia bajo la centralización del poder político, económico y militar que se sustentan en la cúspide de la pirámide mediante la explotación de las masas.
  • La élite, y probablemente otros elementos, hacen uso de la escritura y las matemáticas para controlar la mercancía y los botines de guerra, entre otros.
  • Existe esclavitud y trabajo forzoso mediante el uso directo de la violencia física o la violencia mediante coacción económica (por la que la población es excluida sistemáticamente de todo aquello ajeno al trabajo asalariado).
  • Existen ejércitos profesionales y belicismo institucional.
  • La producción está mecanizada mediante el uso de maquinaria o el uso de fuerza de trabajo humana como si de elementos mecánicos se tratara (más explicación próximamente).
  • Existen instituciones complejas con el objetivo de mediar y controlar el comportamiento de la población a través de su aprendizaje y del moldeo de su visión del mundo (escuelas e iglesias), de su relación con las demás personas, con lo desconocido y con la naturaleza (religión organizada).

El antropólogo Stanley Diamond lo resumió de la siguiente manera: la civilización se sustenta en la conquista extranjera y la represión doméstica.

El patrón recurrente es el control. La civilización es una cultura de control. En las civilizaciones, un pequeño grupo de personas ejercen control sobre la gran mayoría de la población mediante instituciones civilizadas. Si hay personas más allá de las fronteras de la civilización, el control intentará extenderse mediante ejércitos o misioneros (tanto religiosos como laicos(técnicos)). Si la gente a la que se quiere someter es urbana, el control se efectuará mediante grupos locales militarizados, como la policía. Sin embargo, es más barato y explícitamente menos violento condicionar tipos de comportamiento mediante religión organizada, institucionalización académica y medios de comunicación u otros elementos semejantes que hacer uso de la fuerza bruta, algo que requiere una inversión significativa en armamento, vigilancia y mano de obra asalariada.

Estos elementos alcanzan la cumbre de su efectividad cuando se combinan con el control económico y de los medios agrícolas. Si controlas el suministro de alimento o de otros elementos de primera necesidad, la gente te obedecerá o morirá. La población urbana depende de sistemas de suministro de alimentos controlados por la élite para sobrevivir, ya que en la definición comúnmente aceptada de ciudad, la población está concentrada a unos niveles tan densos  que la importación de alimentos es capital.

Para aumentar el grado de control, la élite gobernante ha combinando su control sobre los medios de producción alimentaria y agrícola con un condicionamiento específico que refuerza su supremacía. En nuestra sociedad hegemónica capitalista, las clases altas controlan tanto el suministro de alimentos y de otros elementos de primera necesidad como de los contenidos que se enseñan en las escuelas. Las escuelas y los lugares de trabajo llevan a cabo un proceso de selección: aquellas personas que demuestran que son válidas para cooperar con la élite comportándose como es debido y obedeciendo en el trabajo o en la escuela, tendrán acceso a trabajos mejor remunerados y con menor carga de trabajo. Aquellas personas que o no pueden o no quieren obedecer, estarán excluidas de un acceso cómodo a elementos de primera necesidad, alimentos entre ellos, pudiendo acceder solo a trabajos de baja categoría y estando apocadas a trabajar mucho más solo para sobrevivir o directamente caer bajo el umbral de la pobreza. Un sistema de explotación tan racionalizado como este ayuda a aumentar la eficacia del propio sistema reduciendo la posibilidad de resistencia o de revuelta entre la población.

Los medios propagandísticos han conseguido convencer a la mayoría de la población de que este sistema es, en cierto modo, natural o necesario. Sin embargo, la realidad es que, como sistema, es una estructura completamente artificial y consecuencia directa de las acciones de la élite gobernante (y la omisión de aquellas personas que creen que se benefician del sistema o han sido reducidas mediante violencia o amenazas).

En contraposición a lo anterior, el concepto de natural que nos vende la cultura dominante no es cierto. Durante el 99% de la historia humana, las poblaciones han convivido en grupos pequeños, ecológicos, participativos e igualitarios. Y hay multitud de libros que comparan civilización e indigenismo de manera muy acertada, algunos de los cuales expongo a continuación.

My name is Chellis and I’m in recovery from western civilization, de Chellis Glendinning es un libro genial y muy asequible, amén de ser de mis favoritos. También podéis echar una ojeada al extracto del libro A Lesson in Earth Civics en línea: http://www. eco-action. org/dt/civics. html. De la misma autora, When Technology Wounds: The Human Consequences of Progress. O el Against Civilization: Readings and Reflections  de John Zerzan, una recopilación de extractos de autores de todo el mundo.

The Culture of Make Believe de Derrick Jensen es una crónica de los odios con violencia que han acusado nuestro planeta, tirando del hilo hasta sus orígenes imperiales, esclavistas, capitalistas y de ideología de la propiedad y el consumo. El Stone Age Economics de Marshall Sahlin es otro clásico en la misma línea. Mirad su ensayo The Original Affluent Society en línea aquí: http://www. primitivism. com/original-affluent. htm

El  libro del antropólogo Stanley Diamond Search of the Primitive: A Critique of Civilization también es digno de leerse, y el ensayo The Primitivist Critique of Civilization, de Richard Heinberg, también, y está disponible aquí: http://www. eco-action. org/dt/critique. html. También podéis revisar http://www.primitivism.com y http://eco-action.org/.

Lo que podéis encontrar ahí es una explicación de cómo lo común en las sociedades humanas eran las comunidades igualitarias y ecológicas durante generaciones, y que lo que es monstruoso y aberrante son las civilizaciones.

Vivir en el seno del ambiente controlador de la civilización es una experiencia traumática, aunque el nivel de trauma varía según las circunstancias personales y los grados de privilegio que las personas ostentamos dentro de la sociedad. Derrick Jensen deja bastante claro esto en su increíble documento A Language Older thn Words y Chellis Glendinning también en la obra que he mencionado anteriormente.

La insostenibilidad ecológica de las civilizaciones, sistemática, también es importante. Ampliaremos esta información más adelante.

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