Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión

Original por Chris Boeskool en Theboeskool.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Nunca he recibido un puñetazo en la cara. Ni siquiera me he visto involucrado en ninguna pelea. No soy alguien que se meta en peleas, si acaso en “discusiones”. No es que me de miedo meterme en broncas, en varias ocasiones me he colocado en situaciones susceptibles de haber acabado en pelea, es que no me veo como el tío que da la primera leche, más bien soy el que rebaja el tono de la gresca con algo de lógica o humor. Una de las consecuencias de ser este tipo de tío es que al otro tipo de tío, ese de gresca fácil, por lo general no le caigo bien. Al menos al principio, solemos caernos bien después. Y no siempre. A veces no puedes hacerte con todos.

fight-club-brad-pitt-fight-image

La primera regla del Club de los Blancos es que no se habla del Club de los Blancos

Me  mudé a Nashville, en el sur de los Estados Unidos, sin conocer a nadie. Conseguí un trabajo de camarero en mi segundo día de estancia y, casi de inmediato, me convertí en uno de los camareros favoritos de la directiva, lo que me facilitó el acceso a mejores turnos, mejores secciones y mejor salario. Nueve meses después de llegar yo, contrataron a otro tipo. Nos caímos mal desde el minuto uno. A él no le molaban mis comentarios audaces y a mí no me molaba la manera que tenía de entrar a un lugar y parecer el amo y señor del mismo. Se movía por todas partes con esa altanería repelente, como que todo fuera suyo y que la presencia de otras personas se debiera a una especie de tolerancia por su parte, siempre y cuando nos apartáramos de su camino. Se corrían rumores sobre que el tipo había estado en la cárcel, y junto con otras pruebas, me quedó claro que era del tipo de tío que no es propicio a rebajar el tono en un momento de gresca. Era el tipo de tío perfectamente consciente de su fuerza, podías sentir que bajo la superficie bullía un torrente de energía que silenciosamente de desafiaba a decirle algo. Sin duda, me intimidaba.

Me molestó un poco al principio cuando, tan solo tras un mes de estar él trabajando ahí, ya estaba haciendo turnos en alguna de las mejores secciones… una boca más que alimentar significaba menos dinero para mí. Aun así, creo que hacía bien su trabajo; sin embargo, nada me hinchaba más las narices que lo siguiente: Chuck (le llamábamos Chuck pese a que ese no era su nombre, sin embargo, Chuck era un nombre que le pegaba) tenía la costumbre de caminar hacia a ti y SISTEMÁTICAMENTE confiar en que TÚ te ibas a apartar de su camino. Con las chicas no lo hacía, pero con otros tipos (especialmente yo), no variaba su camino y, sin establecer contacto visual, continuaba andando esperando a que tú te apartaras. En caso de no hacerlo, tu destino era impactar contra esa masa hercúlea y agresiva que parecía anhelar que alguien cuestionara su camino preestablecido. Esta parecía la descripción más típica de la vida de Chuck: andar recto hacia otras personas esperando a que se aparten. Hasta que un día…

632e8dbfebe9bb99a18954afa483eec7

Ya estaba harto. Me quedé pensando: ¿por qué me estoy apartando del camino de este tío todo el rato? Lo más habitual en cualquier parte del mundo es que si dos personas transcurren por la misma dirección en sentido inverso, ambas se hagan un poquito a un lado, facilitándose recíprocamente ambas el paso. ¿Qué derecho tenía el tipo este a PRESUPONER que era yo el que tenía que apartarme? Otro pensamiento empezó a inundar mi mente: ¿y si ya no me aparto? ¿Y si sigo andando como si nada? Estaba harto de jugar con sus reglas, así que esa tarde, cuando me le encontré por el pasillo del restaurante (ambos nos movíamos muy rápido) caminando hacia a mí, comencé a andar hacia él, sin desviarme. No soy un gigante, pero sí lo suficientemente sólido como para mantenerme en pie (especialmente en momentos de colisión inminente), así que cuando impactó en mí se trastabiló y dio una vuelta sobre sí mismo. Allí mismo, enfrente de toda la clientela, dijo: ¿pero de qué coño vas, tío? ¿Estás bien? Le contesté. Estaba furioso y no dejaba de preguntarme por qué me había abalanzado sobre él. Le dije: Chuck, tan solo andaba de frente, ¿Por qué asumiste que el que me tenía que apartar era yo? Comenzó a perseguirme por todo el restaurante intentando caldear el ambiente para provocar un conflicto. Acabó parándome en frente de una mesa y cuando le espeté algo así como bienvenido al Planeta Tierra, me propinó un empujón durísimo. No fue un empujón del estilo que te ponen las manos en el pecho y empujan, sino del que las manos te golpean cuando ya van a mucha velocidad, y hace bastante ruido. Todos sus músculos de gimnasio descargaron sus energías sobre mí, sobre esa persona que se atrevió a cuestionar su derecho de paso, y caí dos pasos hacia atrás.

Me alejé de él mientras sentía mi corazón latir en mis orejas. Pensé en qué hacer, en si debería decirle algo al gerente (no me pareció buena idea), en si debería decirle algo más a Chuck (me pareció PEOR idea)… Así que decidí esquivarle y dejar que se calmara. Quince minutos después el gerente me llamó para hablar. Me dijo que un cliente había visto a Chuck empujarme de manera violenta, y que se había quejado describiendo los hechos (los describió como que hubiera recibido un “golpe” aunque fue un empujón). Le conté lo que ocurrió, sobre lo de que él siempre asumía que era yo el que me apartaría de su camino y lo de que por una vez, no lo hice, sobre la bronca y el empujón del final. Era un restaurante de empresarios, así que se tomaron todo muy en serio. El gerente rellenó un informe de incidencias y me pregunto si deseaba presentar cargos y si deseaba que le despidieran. Contesté que no quería verle perder su trabajo, solo que reconociera que todo el mundo tenemos derecho a paso, tanto como él.

Toda esta historia volvió a mi memoria al leer esta gran cita (de quien, por desgracia, no he encontrado autor o autora aún, así que permanece como “anónimo”):

Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión.

Y todo pareció cobrar sentido: toda esta rabia de la gente que grita “All Lives Matter” (todas las vidas importan) en respuesta a las manifestaciones convocadas por activistas de etnia negra en respuesta a los recientes asesinatos de jóvenes negros por la policía, todo el cabreo de la gente que proclama que SU “libertad religiosa” está siendo atacada por las parejas gays que se casan, toda esa gente escupiendo su odio contra inmigrantes o musulmanes o contra esa “moda” que les impide decir racistadas sin ser llamados racistas. Son la gente que ha crecido en un mundo en el que podían andar hacia otras personas y sabiendo que las demás se apartarían. Así que cuando “esa gente” en su trayectoria NO se aparta, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿por qué tengo que apartarme yo del camino de este colega?, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿y si no me muevo? ¿y si sigo andando como si nada? Cuando esa gente empieza a a darse cuenta de que tienen el mismo derecho a circular por el pasillo como cualquier otra… puede parecer que SUS derechos estén siendo vulnerados.

crayons

La igualdad PUEDE parecer opresión, pero no lo es. Lo que sientes es la molestia de estar perdiendo ese privilegio, la misma molestia que en nuestra niñez sentimos cuando vamos a la guardería y descubrimos que otras personitas quieren jugar con el mismo juegue que nosotras. Es como la molestia que siente ese anciano acostumbrado a nadar en una piscina para él solo a la que ahora pueden acceder todos los miembros de la comunidad mientras grita: ¿¡y mi derecho a nadar yo solo en la piscina!?

La situación actual nos muestra ira por ambas partes. Por un lado, las personas enrabietadas porque “esa gente” se está colando en “su” piscina. O porque tienen que compartir sus juguetes con el resto del jardín de infancia. Les enfada que les llamen racistas solo porque dicen cosas racistas o tienen pensamientos racistas. Les enfada tener que tener en consideración a esa otra persona cuya trayectoria de paso comparten. Por otro lado está la gente que opina que la piscina es para todo el mundo, la que opina que lo correcto cuando llegamos al jardín de infancia es enseñarnos a compartir juguetes, la que opina que para respetar a los demás hay que prestar atención al uso del lenguaje, la que se posiciona en solidaridad junto a las personas que reclaman su derecho a existir… Las que legítimamente siente enfado al tener que apartarse siempre del camino. Las que se preguntan ¿y si sigo andando como si nada?

¿Qué tipo de persona eres tú?

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

 

Feminismo interseccional frente a feminismo colonial

Original por Julie Hall en The Body is not an ApologyAn Intersectional Feminism against Imperial Feminism.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Beautiful-malaysian-women-in-hijab-fashion_2

Me encontraba hace poco en una clase de formación para mi sector laboral en un país de mayoría musulmana cuando un compañero mío, blanco y estadounidense, empezó a hablar sobre proyectos de desarrollo con perspectiva de género. «Estas mujeres todavía sufren mucha opresión», dijo, «llevemos la iniciativa para que estos proyectos de mujeres den comienzo, empecemos por las autoridades; que fijo que son hombres, y transmitámosles todos estos asuntos».

Como mujer no blanca y partidaria del feminismo interseccional, ese comentario me puso en guardia. Me empezaron a sobrevenir sentimientos muy familiares: frustración que apretaba mis puños y un latigazo de miedo recorriéndome la columna. Sin embargo, y muy a pesar de que quise empezar a chillarle sobre colonialismo, discurso imperativo, parternalismo, sostenibilidad y gestión del poder, tan solo respiré hondo y disparé al punto débil de su enorme y muy polémico comentario, «bueno», dije, intentando que mi voz sonara sólida, «también puede ser que de esas autoridades, haya alguna que no sean todo hombres».

El individuo me sonrió perdonándome la vida. «Los roles de género funcionan de otra manera aquí, guapa», me dijo, «los hombres ocupan cargos de más poder que las mujeres, ¿sabes? ¿No pasa lo mismo en tu cultura?».

Y esto, amigas y amigos, es el feminismo colonial,  también conocido, más acertadamente, por orientalismo de género. Este el feminismo cuyo centro lo conforma el discurso blanco y declara nulas las aportaciones de la mujeres no blancas. Sitúa a Occidente como el paradigma del empoderamiento de género, ignorando ya de paso la misoginia sistemática presente en los países occidentales. Homogeneiza a las culturas no occidentales y promueve la imagen binaria de salvador blanco y de negro asalvajado. Este es el feminismo de la gente blanca (muy especialmente, aunque no exclusivamente, de los hombres) que trata de salvar a las mujeres no blancas. Se apropia de los movimientos de mujeres para curtirlos de paternalismo y de una perspectiva colonial. Es por esto por lo que hace falta la interseccionalidad: para luchar contra aquellas ideologías opresivas que hacen uso y abuso de la idea de justicia para perpetuar la injusticia. No permitamos que la gente siga explotando ideas en favor de la igualdad de género para seguir perpetuando el racismo.

En su pionera obra de 1978, Orientalismo, el autor Edward Said habló sobre la idea preconcebida de occidente aquella que considera la  «diferencia básica entre Occidente y Oriente como punto de partida para elaborar cualquier teoría, epopeya, novela, descripción social y aproximación política concerniente  al mundo oriental, a su gente, costumbres, “ideas”, futuro, etc.» . El orientalismo es la construcción ventajista del Oriente de la que occidente hace uso, es la construcción del Oriente como inferior y, como tal, necesitado de “intervención” y “ayuda humanitaria” occidental.

PropagandadaNiveaacusadaderacismo

El orientalismo de género de este colega era nocivo sin fisuras, pero encubierto en el manto de las buenas intenciones. En ningún momento llegó a pensar que estaba siendo racista o incluso levemente agresivo, para nada, se veía con la mejor de las intenciones. Creía firmemente (y fijo que aún lo hace) en su progresía y empatía, en que sus palabras y acciones estaban siendo una herramienta de lucha contra la opresión, no en favor de su perpetuación.

Tristemente, esta es una de las maneras más traicioneras que tiene la gente privilegiada de contribuir en la perpetuación del colonialismo cultural. «Estas mujeres todavía sufren mucha opresión », fue lo que dijo, no «a las mujeres», no «a las mujeres, en todas partes». Sus palabras alterizan a las mujeres no occidentales y categorizan globalmente el sexismo como un problema no occidental. Estas mujeres de este país extranjero están oprimidas. Tienen que enfrentarse a ello de manera pasiva. Este tipo de comentarios son engañosos y nocivos.

Y no se queda la cosa ahí, además de eso, da por nula la capacidad de decisión de las mujeres no blancas y se las da de héroe, a sí mismo y a los occidentales que trabajan en países en desarrollo. «Nosotros, nosotros, nosotros, nosotros», canta. Tenemos que llevar la iniciativa. Tenemos que acudir a las autoridades. Tenemos que dar comienzo con estos proyectos. Tenemos que hacerles ver. Claro, porque es obvio que ellas no pueden solucionar ninguno de sus problemas sin la ayuda del gran héroe blanco.

La condescendencia que tuvo conmigo fue algo más que una irritación personal, fue la representación explícita del trato que la gente privilegiada tiene hacia la no privilegiada. El poco respeto que mostró hacia mi experiencia personal en el trabajo fue más que evidente además de predecible lo que más me saca de quicio. Un hombre blanco menospreciando de manera arrogante a una mujer no blanca no es noticia.

Sin embargo, esta alterización a la que me vi sometida intersecciona con otros ejes del espectro sistémico. En su marco mental colonial, las civilizaciones no occidentales son salvajes y misóginas, en contraste con el ilustrado y civilizado occidente. Las mujeres no blancas que vivimos en occidente, como yo, somos víctimas de esta yuxtaposición, en su marco ideológico, las mujeres no blancas no formamos parte en ningún caso del mundo occidental.

34750_800x600_crop_53d79d464dacd

Yo vengo del mundo occidental, soy angloparlante y trabajo en un país no occidental y, como tal, no puedo huir del hecho de que contribuyo a esta herencia de colonialismo, al margen de mis otras intersecciones. Es verdad que eso es otro tema sobre el que m podría extender, pero para mí es importante reconocer la relación que tengo con esa gestión del poder. Por otra parte, el privilegio del que disfruto en ese eje interseccional no elimina la opresión que sufro por parte de gente como mi colega. La marginación es condescendiente, tanto a nivel individual como sistémico.

Gracias al orientalismo de género, este tipo metió en su cajón de sastre mi cultura asiática. « ¿Lo pillas? ¿No pasa lo mismo en tu cultura?».

Sí, quise responderle, porque, por lo visto, la misoginia solo es endémica en culturas “exóticas”.

He aquí lo único cierto: ninguna cultura o país está libre de la misoginia en cualquier forma de su espectro. En todas las culturas de las cuales yo me siento parte, que son unas pocas, la discriminación sexual es un problema enorme y profundamente enraizado. Aun así, el orientalismo de género crea un binario mediante el cual las culturas alterizadas son las únicas en las que perdura la lacra de la incivilización, mientras que las culturas que disponen de poder institucional son las únicas que han alcanzado el progreso.

«Los roles de género funcionan de otra manera aquí», dijo. Es cierto que el uso de «otra» hace referencia a una diferencia de carácter horizontal pero es una diferencia donde existe una disparidad de poder. De sus palabras emana la creencia de que el mundo occidental es superior al resto. En palabras de Edward Said, «el Oriente y el Islam tienen una especie de estatus irreal y fenomenológicamente reducido que les mantiene fuera del alcance de cualquiera menos del estudioso occidental. Desde que comenzó la especulación occidental sobre el Oriente, el mismo Oriente perdió la capacidad de representarse a sí mismo.»

islamofobia2

Cuando ya nos pusimos a tratar este punto más en profundidad, me dijeron que si no estaba siendo muy inocente por ignorar la opresión que sufren las mujeres en países islámicos. « ¿Es que no se supone que deberíamos hacer algo?»

Bien, así es como «se supone que deberíamos hacer algo»: escuchemos y sigamos la estela de las personas a las que el problema afecta directamente. El feminismo colonial lo perpetúan aquellos salvadores blancos que creen que se lo saben mejor. Las  mujeres musulmanas no necesitan de ningún hombre que las salve, como tampoco necesitan a ninguna organización como FEMEN, que ningunea la voz de las mujeres musulmanas disfrazándolo de «feminismo». No necesitan de mujeres no musulmanas y no blancas como yo.

Las mujeres no blancas hemos luchado por nosotras desde el principio. También hemos dado siempre la bienvenida a aliados, a verdaderos aliados que nos han escuchado, nos han seguido y no han intentado hacerse el centro de la lucha, no «aliados» que hayan acaparado el discurso, nos hayan impuesto o hayan intentado hacerse  los héroes. La gente de una comunidad siempre va a conocer mejor su comunidad que cualquiera que venga de fuera, independientemente de las buenas intenciones o del idealismo de esos forasteros. Como mujer asiática, denuncio y condeno públicamente el sexismo y la negrofobia de mis comunidades; sin embargo, el hecho de que yo alce la voz en estos asuntos no da derecho a las personas no afectadas a liderar el debate sobre los mismos. De esta manera, como no musulmanes y no nativos del país en el que vivimos, ni mi colega ni yo tenemos derecho a liderar el debate sobre los problemas de los musulmanes. Mi trabajo es, ante todo, auxiliar.

islamofobia

Y lo que intento auxiliar es que las mujeres no occidentales, las mujeres no blancas alcemos nuestras voces contra el imperialismo, el orientalismo y el racismo disfrazo disfrazado de humanitarismo de buena voluntad. Abronqué a mi colega por su ignorancia y su falta de análisis de estas dinámicas de poder porque estoy harta de que tanta injusticia se enmascare de liberación. En Cultura e Imperalismo, Said escribía que «como ninguna persona está completamente eximida ni es ajena a la dictadura del medio físico, nadie somos completamente libres de la lucha por el medio físico. Esta lucha es compleja y plantea interés porque no va solo de soldados y artillería, sino también de ideas, formas, imágenes e imaginarios». Así como llamamos violencia a cuando un país entra en guerra con otro, el discurso que construye a la mujer no occidental como una damisela en apuros necesitada de un héroe occidental  también es violencia. Si eres alguien con inquietud por la lucha contra la injusticia, no permitas que la violencia del feminismo colonial solape la necesidad de un feminismo intereseccional y un amor radical.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Interseccionalidad

Del original en SJWiki, Intersectionality.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

Debates de carácter interseccional y hallazgos científicos han tenido un distinto nivel de impacto sobre teoría feminista, movimientos sociales, derechos humanos, políticas públicas e investigación sobre el comportamiento electoral en ciencias políticas abarcando sociología, estudios críticos del derecho e historia.
—Ange-Marie Hancock, Profesora Adjunta de Ciencias Políticas y Estudios de Género[1]

Intersectionality

Un acercamiento divertido a la interseccionalidad[2]

La interseccionalidad es el fenómeno por el cual cada individuo sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales. El término fue acuñado por Kimberlé Crenshaw en 1989.[3][4][5] 

Resumen[edit]

Las personas, a nivel individual, no encajamos de manera nítida en una única categoría, sino que nuestras vídas transcurren en relación a identidades, privilegios y formas de opresión étnicas, funcionales, sexuales y de género interconectadas que no pueden abordarse de manera individual [6]. La relación entre las múltiples identidades sociales de una persona guarda más importancia que cada una de ellas de manera individual y aislada en términos de justicia social. Por ejemplo, una mujer negra cishetero de clase media alta vivirá como mujer, como persona no blanca, como persona heterosexual, como persona cisgénero y como persona de clase media alta sin obviar que, al mismo tiempo, es víctima de opresión  debido a la interacción[7] de esas identidades. En otras palabras, las identidades sociales no son acumulativas, sino interseccionales. [9]

La interseccionalidad nos muestra lo que se oculta tras la conceptualización de categorías como género y raza de manera aislada. El cambio que ha llevado a interseccionar estas categorías es consecuencia lo difícil que resulta visibilizar a aquellas personas víctimas de opresión en términos de ambas categorías. Aunque todas las personas dentro de este mundo contemporáneo, capitalista y eurocéntrico estamos sometidas a roles de género y etnia, no todas somos víctimas de opresión en términos de esos mismos roles. Feministas no blancas como Kimberlé Crenshaw se han opuesto a la consideración de estas categorías como homogéneas  y en las cuales se normaliza su grupo dominante, o lo que es lo mismo, que cuando hablamos de mujeres, hablamos de mujeres blancas de clase media alta y cuando hablamos de personas negras, hablamos de hombres negros y heterosexuales, etcétera. Queda en evidencia que la lógica de categorización individual distorsiona aquello que existe en la intersección, como la violencia infligida a las mujeres no blancas. Sin embargo, según están construidas las categorías, la misma intersección nos lleva a malinterpretar la realidad de las mujeres no blancas. De esta manera, una vez que la interseccionalidad nos muestra lo que obviamos, tenemos pendiente la tarea de reconceptualizar la lógica de la intersección con el fin de evitar divisibilidad. Solo cuando seamos plenamente conscientes de que las categorías de género y raza se encuentran entrelazadas o incluso fusionadas, podremos discernir con claridad a las mujeres no blancas. [10]:192-3

Existen múltiples categorías en las que nos encontramos cada persona y que dictan las posibilidades que tenemos de ostentar privilegio o de ser víctimas de opresión, como:

Axes_of_privilege

Subcategoría de ejes de privilegio interseccionando y prologándonse hasta su eje de opresión equivalente.

Todas nuestras identidades descansan sobre cada una de estas categorías o, mejor dicho, a lo largo de todo este espectro. La inmensa mayoría de la población no ostenta privilegio universalmente en cada uno de estos ejes de opresión de manera. El privilegio individual cumple, por ende, una determinada función según el punto en el que se encuentre. Por ejemplo, si alguien se encuentra en un determinado número de identidades oprimidas interseccionando, como la transmisoginia o la racimisoginia, donde etnia y género son factores que determinan el odio hacia mujeres negras[11], será víctima de opresión desde diferentes frentes, incluyendo la opresión no acumulativa que emana de las interacciones entre sus identidades. Por el contrario, sí es posible que el privilegio interactivo facilite cierto beneficio no acumulativo. Por ejemplo, si alguien ostenta privilegio en base a varios ejes, existe la posibilidad que determinadas ventajas cancelen o minimicen algunas opresiones si, en su caso, afectan a determinados factores. [12] Es importante tener en cuenta que algunos ejes de opresión, separadamente, pueden guardar algún tipo de relación, como los ejes de lengua, clase, estudios cursados, condición funcional y fisionomía.

Historia del término

All_power_to_the_people

Una manifestante durante los desórdenes de Stonewall sostiene una pancarta en la que se muestra el carácter interseccional de la revuelta de 1969.

«Poder gay, poder negro, poder femenino, poder estudiantil. Todo el poder para el pueblo».

Tanto feministas como teóricas sobre justicia social y activistas en general ya estaban familiarizadas con el concepto de interseccionalidad de categorías sociales desde hace bastante tiempo, pero no fue hasta 1989 que la académica negra y feminista Kimberlé Williams Crenshaw lo acuñó por primera vez. Desde entonces, ha tenido un profundo impacto en el pensamiento y expresión tanto escrita como oral de académicas, críticas sociales y especialmente feministas (que luego formarían la base de lo que se acabaría conociendo por feminismo de tercera ola): [13]

Recuperemos aquel proceso de 1976 que llevó a Crenshaw a comenzar a teorizar sobre la interseccionalidad, el que involucró a un grupo de mujeres negras que se querellaron contra la corporación de General Motors. El contencioso era el siguiente: la General Motors había estado contratando a mujeres blancas para ocupar cargos administrativos, mientras que los hombres negros contratados iban dirigidos hacia el sector industrial, dejando fuera de todo lugar a las mujeres negras. Un grupo de mujeres negras se querelló contra la General Motors tomando como base la cláusula VII de la ley de Derechos Civiles de 1964, alegando que estaban siendo discriminadas por razones de género o etnia. ¿Parece algo evidente, verdad? Pues, increíblemente, perdieron el caso. El Tribunal de Distrito (tribuna de primera instancia) falló que, como la General Motors ya contrataba a mujeres (blancas), la compañía no discriminaba por razones de género, y como la misma compañía ya contrataba a negros (hombre), tampoco lo hacía por razones de etnia. ¿Vaya hachazo, eh? De los mejores del siglo, sin duda. La cosa fue así: el tribunal se negó a bajarse de la burra y considerar al grupo mujeres y personas negras como algo diverso y diferentes perspectivas, no como algo uniformes. [14]

El concepto interseccionalidad creció en su mayor parte de la mano de las experiencias de aquellas personas pertenecientes a movimientos sociales que se percataron de que ciertas formas de opresión a las que se veían sometidas no estaban diferenciadas dentro de los propios movimientos en los que militaban. De hecho, las defensoras de interseccionalismo social han tenido mucho protagonismo dentro de los movimientos en favor de los derechos de las personas LGBT, derechos de las mujeres y derechos sociales en general, etc. Sin embargo, en muchas ocasiones, como en la revuelta de Stonewall, han sido silenciadas y la opresión a la que se ven sometidas y  sus contribuciones ignoradas, las cuales al mismo tiempo han sufrido un proceso de lavado racial y de género por parte de los medios de comunicación. [15][16][17][18][19]

Transcendencia

Muchos movimientos progresistas tienen lagunas conceptuales que demuestran la necesidad de un acercamiento crítico e interseccional. Entre ellos se encuentran:

  • Movimientos feministas que consideran el ámbito mujer de manera indiferenciada, cometiendo el error de obviar las experiencias de aquellas mujeres que no comparten las identidades cis, heterosexuales, capacitistas y de clase (media) de muchas de las líderes feministas.
  • Movimientos antirracistas que no tienen en cuenta que el racismo afecta de manera diferente a los cuerpos leídos como hombre y a los leídos como mujer o que las minorías étnicas son víctimas de una opresión similar debido al privilegio blanco.
  • Movimientos radicales de izquierda que asumen que La Revolución destruirá sistemáticamente el sexismo y el racismo una vez que la clase obrera se haya liberado sin que haga falta abordar de manera específica esos problemas.
  • Investigaciones de carácter académico en general, que, ajenas a un acercamiento interseccional, no han tenido en cuenta a aquellas personas que no encajan en su arquetipo de grupo social de referencia.

Por ejemplo, cuando la revista en línea RH Reality Check, un soporte orientado a la salud sexual y reproductiva de manera crítica, salió a la luz en 2006, se vio rápidamente sometida a duras críticas provenientes de periodistas de determinadas minorías. Alegaban que no solo no había una sola mujer no blanca en el equipo de la revista, sino que los artículos enfocaban los problemas desde una perspectiva mayormente blanca y de clase media. Durante los siguientes ocho años, comenzaron a introducir activamente a periodistas pertenecientes a minorías, como mujeres negras o transgénero, no sin dejar de incluir a varios redactores hombres. Muy a pesar de este ímpetu por tener en cuenta experiencias ajenas y establecer un cambio verdaderamente real, la página aún recibe presiones para mejorar en este campo e incluir diferentes perspectivas.

Ver más

  • Niveles de análisis

Enlaces externos

Intersectionalityen RationalWiki, origen de este artículo.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

El patriarcado no está solo: el kyriarcado 101.

Del orignal de Sian Ferguson en Everyday FeminismKyriarchy 101: We’re not just fighting the patriarchy anymore.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).

intersectionality

Si estás familiarizada con el feminismo, seguramente conocerás el término patriarcado, el orden social que otorga privilegio a los cuerpos leídos como hombre y oprime a aquellos leídos como mujer. Es un término muy útil para dar nombre a la institucionalización del privilegio masculino.

Sin embargo, el feminismo ha evolucionado, su preocupación ya no es únicamente el privilegio masculino.

Ahora tenemos en cuenta, por suerte y muy acertadamente, los privilegios y opresiones de los que disfrutamos o sufrimos todas las personas.

El feminismo interseccional, término creado en 1989 por Kimberlé Crenshaw, catedrática de la Universidad de California especializada en temas de género y etnia, lucha contra el orden social que otorga privilegio y oprime a la gente en términos de étnica, género, lengua, clase social, orientación sexual, funcionalidad, cultura, etc.

El feminismo interseccional defiende que la opresión puede afectarnos a partir de diferentes formas. Alguien no es víctima de opresión o goza de privilegio de manera excluyente; todas podemos ser opresoras y privilegiadas al mismo tiempo debido a múltiples caras de nuestra identidad.

Por ejemplo, alguien puede gozar de privilegio por el hecho de ser cisgénero, blanca, delgada y a la vez estar oprimida por ser homosexual, funciodiversa y habérsele asignado mujer al nacer.

No hay duda de que necesitamos un término nuevo para describir el complejo orden social que mantiene el statu quo de unas opresiones vinculadas interseccionalmente. Kyriarcado es una palabra excelente para esto; se encuentra más acorde con el feminismo interseccional y reduce los problemas que sí causa la palabra patriarcado.

Kyriarcado 101

El término kyriarcado (kyriarchy) aparece por primera vez en el libro de Elisabeth Schussler Fiorenza, Wisdom Ways: Introducing Feminist Biblical Interpretation (Alcanzando el conocimiento: Introducción a una interpretación feminista de la Biblia), publicado en 2001. En su glosario, el kyriarcado aparece definido como:

«un neologismo derivado de las palabras griegas “señor” o “amo” (kyrios) y “gobernar o controlar” (archein) que busca redefinir la categoría analítica del patriarcado en términos de estructuras múltiples e interseccionales de dominación. El kyriarcado, explicado en mejores términos teoréticos, es un complejo sistema piramidal formado por múltiples estructuras de superioridad jerárquica y subordinación, de dominación y opresión, vinculadas interseccionalmente.»

En otras palabras, el kyriarcado es un sistema social que mantiene el statu quo de unas opresiones vinculadas interseccionalmente.

En el glosario del mismo libro, la autora remarca que «la idoneidad teorética del patriarcado zozobra porque, por poner un ejemplo, los hombres negros no ejercen dominación sobre hombres y mujeres blancas».

No puede tener más razón.

Si seguimos el hilo del ejemplo anterior, pongámonos en la siguiente situación: imaginémonos a dos personas, una es una mujer blanca, cisgénero, heterosexual y normativamente funcional. La teoría del patriarcado nos diría que la mujer es la  oprimida mientras que el hombre es el privilegiado.

onefight

No hay duda:  la mujer se encontrará oprimida por el hecho de ser mujer y que el hombre ostentará ciertas formas del privilegio masculino. Sin embargo, no es así de sencillo.

En esta situación, el hombre carecería de poder o privilegio económico, social y político sobre la mujer. Si asumimos que el hombre ejerce dominación y que la mujer sufre opresión sin tener en cuenta ningún otro factor estaremos eliminando el resto de facetas de su identidad.

No quiero decir con esto que el privilegio masculino no se aplique en absoluto en determinados contextos, lo que quiero decir es que la ostentación del privilegio masculino es dinámica y depende de otras identidades.

Utilidades del kyriarcado en el feminismo interseccional

La opresión no solo es discriminación, también es sufrir represión institucional y sistemática.

Por ejemplo, la opresión basada en términos de género no solo se limita a alguien que hace un chiste sobre que las mujeres no deberían salir de la cocina, es que a las mujeres se les haya negado el mismo acceso durante siglos a la educación, al mercado laboral, a un salario ecuánime, a servicios de salud reproductiva y a igualdad ante la ley.

También lo es es la violencia de género que sistemáticamente sufren las mujeres.

También lo son las instituciones como los medios de comunicación, los sistemas educativos, la política, la legislación y los grupos publicitarios, que conciben a las mujeres como seres débiles, excesivamente emocionales, carentes de libido, irracionales y superficiales.

Tambien lo es el reforzamiento de los estereotipos de todos los sexos que fomentan estas instituciones.

También lo es extender entre la gente el mensaje social de que un género es superior mientras que los demás se encuentran por debajo. Es la represión social, política y económica de las mujeres.

La opresión no se limita a incidentes aislados, es un cúmulo de incidentes, costumbres, culturas y tradiciones que refuerzan la dominación de un grupo sobre otro.

Los movimientos de liberación que se precien consideraran la opresión como sistemática. Estos movimientos tienen en cuenta que la opresión solo puede erradicarse mediante un cambio radical y holístico.

Por todo esto, necesitamos denominar la institucionalización de las opresiones; algo que las feministas tradicionalmente han denominado patriarcado.

El feminismo institucional se ha preocupado por lo general y únicamente por la desigualdad de género; sin embargo, el feminismo interseccional tiene como objetivo luchar contra todas las formas de desigualdad. El término kyriarcado tiene ahora más sentido al adecuarse en mayor medida al feminismo interseccional.

  1. Reconoce que la opresión en términos de género no es la única opresión que existe.

Nunca alcanzaremos la igualdad si solo nos ceñimos al sexismo. El sexismo no es el principio y el fin de la desigualdad, así que ¿por qué considerar que el sistema únicamente sostiene la desigualdad de género?

En oposición al término patriarcado, que solo abarca el sexismo institucionalizado, el kyriarcado abarca todas las formas de desigualdad.

Para alcanzar una igualdad plena y certera, tenemos que enfrentarnos a la opresión sistemática de todos los grupos sociales.

  1. Reconoce que una persona puede a la vez beneficiarse y estar oprimida por el sistema.

Sufro opresión por el hecho de habérseme asignado mujer al nacer; sin embargo, ostento privilegio por el hecho de ser blanca. Sufro opresión y ostento privilegio a la vez, y puedo enfrentarme a la opresión que se me aplica mientras perpetúo la ajena. El concepto de kyriarcado nos dice que podemos a la vez ostentar privilegio y sufrir opresión. También nos recuerda que, al existir diferentes tipos de opresión, podemos luchar contra una forma de la misma mientras perpetuamos otra.

Es este un hecho que particularmente ha tenido lugar en los movimientos mayoritarios a favor de los derechos de los homosexuales. Estos movimientos han excluido sistemáticamente a personas trans*, intersexuales y polisexuales. La lucha por los derechos de los homosexuales en Sudáfrica tiene un historial de exclusión sistemática de personas no blancas y de personas de clases bajas. También le ocurre al feminismo institucional: ha dejado fuera tradicionalmente a las personas trans* y a las mujeres no blancas.

En ambos casos, la lucha de ambos movimientos se ha concentrado en la opresión de un grupo de gente mientras que a los demás les ha dejado que se los coman los leones, por decirlo mal y pronto. He aquí la demostración de que un movimiento puede a la vez luchar contra una opresión y al mismo tiempo, ejercerla.

Un grupo de personas puede estar luchando contra una forma de opresión mientras hace uso de sus privilegios para oprimir a otras. Podemos ser víctimas y agresoras al mismo tiempo.

La interseccionalidad nos recuerda lo limitado de luchar solo contra una forma de opresión.

Debemos ser lo más inclusivas posibles si de verdad queremos hacer frente a la desigualdad. Repito de nuevo; por estas razones no basta con que nos enfrentemos a una forma de opresión sistemática, el patriarcado, sino a todas las formas de opresión, el kyriarcado.

  1. Podría explicar por qué muchas oprimidas son cómplices de su propia opresión.

Nadie es exclusivamente agresor o víctima en el kyriarcado.

Como he explicado antes, la mayoría de la gente ocupa las dos categorías; la mayoría de grupos sociales se caracterizan por contener en su seno a miembros con poder sobre otros grupos sociales.

Hay gente que no desea enfrentarse a las estructuras sociales que las oprimen, principalmente porque saben que enfrentarse a esas estructuras les obligará a cuestionarse y a perder el poder sobre otros grupos. En palabras de Lisa Factora-Borchers:

Cuando nos ponemos a analizar el kyriarcado, descubrimos que hay vida más allá de los hombres ricos, de clase alta, blancos y cristianos, que, personalmente. a mí no me parecen los más peligrosos. Hay un mogollón de gente en los escalones inferiores de la pirámide con mayor interés en perpetuar su lugar en el sistema que en ponerlo todo patas arriba.

i_love_equality__let_s_smash_kyriarchy_and_patriar_by_puio94-d7gfhau

Esta gente de la que habla la autora, es aquella gente de clase media-baja saturada de trabajo que se opone a la renta básica para las personas sin recursos. Esta gente también son las mujeres cishetero que huyen del feminismo considerándolo un movimiento solo para lesbianas y trans.

No sé si será por avaricia o por pura supervivencia, pero la gente tendemos a adherirnos al mismo sistema que nos escupe día a día.

  1. Coloca en el mapa a las personas no binarias.

El concepto de patriarcado siempre se ha caracterizado por una concepción binarista del género. Viene a decir que o se es hombre, privilegiado, o mujer, oprimida.

Sí, sistemáticamente, los hombres ostentan privilegio frente a las mujeres; sin embargo, ¿qué pasa con la gente que no se identifica como ninguno de los dos géneros binarios (genderqueer)? El concepto de patriarcado no tiene en cuenta que las mujeres cisgénero ostentan privilegio frente a la gente no binaria.

El kyriarcado, por otro lado, sí tiene en cuenta a todas esas personas que conforman el amplio abanico de género, así como el privilegio cis.

  1. Reconoce la interseccionalidad de las opresiones.

El término patriarcado aun puede sernos de utilidad cuando hablamos de relaciones de género. También puede serlo si hablamos de una determinada cultura: por ejemplo, puedo decir que la cultura de las personas blancas y de clase media de Ciudad del Cabo es patriarcal, ya que el control de los hombres frente a las mujeres está profundamente arraigado.

No obstante, visibilizar las relaciones de género sin tener en cuenta otras formas de opresión institucionalizada es muy simplista. Quedarnos solo en el análisis de género elimina y deja coja la realidad del asunto que nos concierne.

Usar el término kyriarcado mejora esto último, ya que nos abre los ojos ante otro tipo de opresiones.

Volvamos al ejemplo de la cultura de las personas blancas y de clase media de Ciudad del Cabo: no tendría ningún sentido ignorar el hecho de que se trata de una cultura elitista, étnicamente excluyente, heterosexista y cisexista. Si las ignoráramos, estaríamos dejando fuera las realidades sociales de gente no blanca, homosexual, trans* y pobre.

He de añadir que la realidad social de una persona no se limita a pertenecer a un género o a una etnia, nuestras realidades dependen de todas nuestras identidades, no de una por cada momento. Yo no puedo separar mi realidad de opresión por ser mujer de mi realidad de opresión por ser lesbiana, lo que he sido toda mi vida.

El kyriarcado nos facilita redes para debatir todas las opresiones en un contexto común.

***

Aunque la palabra patriarcado aun nos puede ser útil en muchos aspectos, el concepto kyriarcado está en mayor consonancia con el feminismo interseccional.

¿Reemplazaríais la palabra patriarcado por kyriarcado en vuestros círculos feministas? ¿Por qué? ¿Por qué no? Dejad vuestra opinión.

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).