Binarismo de género

Del original en la wiki de Social JusticeGender Binary.

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Alien_gender

Si no se nos asignara forzosamente un género…[1]

«No pertenezco a ningún género. Es decir, científicamente pertenecemos a múltiples géneros, pero es imposible de decir. Algunas de nosotras pueden criar hijas más fácilmente que otras, algunas tenemos más masa muscular, nuestros órganos sexuales que varían en tamaño y efectividad, algunas tenemos más estrógenos, otras más testosterona, etc. Nuestras características psíquicas y de comportamiento son el resultado de todo lo anterior, junto a nuestra experiencia vital,  y clasificarlas así es simplista. Cada persona pertenece a su propio y único género ¿en tu raza no pasa lo mismo?»

El binarismo de género es aquella construcción social que categoriza de manera dicotómica las actividades, comportamientos, emociones, modales y anatomía humanos en masculino y femenino. Es uno de los principales pilares del patriarcado.

El binarismo defiende que solo existen dos géneros, masculino y femenino, y dos tipos de ser humano, varón y hembra. Se suele añadir el corolario de que el género puede diagnosticarse mediante observación externa, no mediante autoidentificación, y en frontal oposición a la misma.

Esta estricta división de la vivencia humana en dos ámbitos de género mutuamente excluyentes es una falacia que no se sostiene mediante ningún argumento científico. A pesar de ello, a todas las personas se nos asigna un género al nacer, por mediación de ascendientes, personal médico o cultura. Lo que determina una asignación u otra es, en la mayoría de los casos, la presencia de un pene o de una vagina. Si un recién nacido es intersexual, se le será diagnosticada una patología prácticamente sin excepción, y se le someterá a cirugía para que sus órganos reproductivos se asemejen más a los de un extremo u otro del espectro.

Detalles históricos

Este  concepto tiene su origen en la invención patriarcal de la normalidad de género durante la época moderna, en el marco de las grandes colonizaciones, un hecho reciente históricamente. En las sociedades modernas, el poder institucional ha intentando por todos los medios reforzar el binarismo de género a expensas del sufrimiento, dolor y de las mismas vidas de personas transgénero, intersexuales y no binarias.

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Diadismo

Ver artículo principal de este tema: Diadismo.

Los genitales de las personas intersexuales, al nacer, no se asemejan a las ideas sociales preconcebidas sobre a qué debe parecerse un cuerpo leído como masculino y otro leído como femenino. Debido a este hecho, estas personas son obligadas a someter sus genitales a intervenciones quirúrgicas hasta que su forma y tamaño comienzan a asemejarse a lo que propugnan esas ideas. A las personas intersexuales, al igual que al resto, se les asigna forzosamente un género; sin embargo y en su caso particular, esta asignación (normalmente basada en la forma de sus genitales) solo puede llevarse a cabo si se pone en práctica una intervención quirúrgica.

Esta normalización genital forzosa y violenta es un efecto más del binarismo de género, uno especialmente despiadado. Cuando la lógica binaria se extiende a nuestra anatomía, (hecho conocido como diadismo (dyadism)), la vida de muchas de estas personas se ve afectada perjudicialmente por la denominada cirugía genital correctiva o normalizadora, que, junto al  tratamiento hormonal forzoso que esta conlleva, acaba en muchas ocasiones despojándoles de su capacidad para el disfrute sexual.

En ocasiones, a algunos niños intersexuales (nacidos con penes pequeños o con los testículos sin descender) se les ha sometido a intervenciones genitales durante su infancia en base a la consideración de que, como hombres, un pene pequeño podría ocasionarles infelicidad, pero que, sin embargo, lo tenían todo para ser felices como mujeres: «agujeros lo suficientemente grandes como para albergar un pene adulto de tamaño medio.» (La cita proviene de uno tantos artículos médicos que me leí para mi Proyecto de Fin de Carrerea en la Universidad de Berkeley.). A pesar de haber sido sometidos a castración a cambio de un par de enormes pechos obtenidos gracias a medicación estrogénica, se sintieron varones durante todas sus vidas. Muy tristemente, los propios médicos les dijeron a sus padres que negaran  rotundamente la existencia de la intervención para que las modificaciones sexuales surtieran efecto, psicológicamente hablando. Nunca lo hicieron; durante toda su vida sufrieron trastornos psicológicos y cargaron con la sensación de haber sido profundamente traicionados por sus padres.

Por otro lado, a algunas mujeres que, como yo, que nacieron con grandes clítoris, se les fue extirpado o se les redujo mediante sesiones de cirugía cuyos efectos, según afirmaciones rotundas del personal médico, no influirían negativamente en su sensibilidad sexual. Jamás se me olvidará la historia que me contó una de las víctimas de esta operación. Habló sobre lo complicado que le había resultado siempre mantener relaciones sexuales con hombres debido a su falta de estimulación sexual, pero que si se sentaba en el suelo y ponía en contacto su área genital con un tacón o su propio pie, tras más o menos diez minutos, comenzaba a sentir cierto tipo de excitación, la cual se preguntaba si sería similar a la que experimentaban otras mujeres en fases de excitación sexual. Todavía me entristezco cuando pienso cómo a esta mujer le fue arrebatada una vida de placer e intimidad tan solo porque alguien consideró que su clítoris no era lo suficientemente femenino. [3]

Ver también

Enlances externos

Referencias

  1. Jump up↑Alien Contact – A Comic on Gender Roles
  2. Jump up↑Lugones, Maria (2007). Heterosexualism and the Colonial / Modern Gender System Hypatia, Volumen 22, Número 1, Invierno 2007, pp. 186-209 | 10.1353/hyp.2006.0067.
  3. Jump up↑Dispelling The Myths: My Experience Growing Up Intersex and Au Naturel, de Hida Viloria

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Neurosexismo

Del original en Social Justice WikiNeurosexism.

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 “ Nuestros intelectos no están presos de nuestro género o nuestros genes. El objetivo de todas aquellas personas que afirman lo contrario es sencillamente ocultar estereotipos de otra época bajo un manto de credibilidad científica.
Cordelia Fine[1]

Gendered_brains

Los cerebros determinados por el género son un mito cisexista.

El neurosexismo es aquella suposición de carácter sexista que defiende que las diferencias de género que percibimos en nuestro carácter y comportamiento tiene su origen en las diferencias biológicas de nuestro cerebro. La creencia en las diferencias de género naturales contribuye a crear una profecía autorrealizada: el neurosexismo proporciona una infraestructura que fomenta la diferencia de trato de niños y adultos en base a su género, lo que origina modificaciones en su comportamiento y. a cambio, crea en estas personas lo que conocemos como diferencias de género, un elemento que en sí mismo sostiene al propio neurosexismo — el paradigma de la lógica circular y la profecía autorrealizada[2][3].

El neurosexismo es una falacia cuyo origen se encuentra en la intersección entre neurociencia y sexismo. Los máximos responsables de este sesgo son las fuerzas institucionales y culturales, cuya influencia provoca que en la investigación neurocientífica (entre la que se incluye la neurobioogía y la neurología) se tomen como bases  consideraciones cisexistas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, y por ende, nuestra mente.[4][5][6][7][8][9][10][11][12][13][14][15][16][17][18][19][20][21][22][23][24][25][26][27][28][29] Aunque es un planteamiento totalmente erróneo, ha servido como cabeza de playa para que el sexismo desembarque en las calas del rigor científico a ojos de mucha gente, tanto dentro como fuera de la comunidad científica.

Contenido

[ocultar]

 Perjuicio infantil

Exagerar las diferencias de género conduce a una situación peligrosa en las expectativas de progenitores, docentes y de los propios menores. La fe que profesamos a nuestras hijas es la que provoca su auge o caída, y cuanto más hincapié hagamos en las diferencias entre niños y niñas, más probable será que esos estereotipos arraiguen en su autopercepción y en sus profecías autorrealizadas.
—Lise Eliot[2]

Baby_gender_role

Atamos a las personas a roles de género desde el mismo momento de su nacimiento.

Aparte de su carácter pseudocientífico, con todo el perjuicio que eso conlleva a la investigación científica, el neurosexismo es un agente activo en la creación de diferencias de género al incitar a docentes y progenitores a tratar a niños y niñas de manera diferenciada.[3][30] Las normas culturales y sociales también ejercen un papel determinante, ya que riegan la semilla del propio neurosexismo mediante la creación, a su vez, de diferencias de género, origen de otras nuevas diferencias.

Un estudio sacó a la luz que los chicos lanzaban mejor la pelota con su brazo bueno que las chicas —sin embargo, cuando se les pidió lo mismo a ambos pero con el otro brazo, no había diferencias de género. Si el elemento biológico fuera el único determinante de la habilidad para el lanzamiento de pelota, los chicos lanzarían mejor que las chicas con ambos brazos. Era la práctica, no la habilidad innata, la que hacía que los chicos fueran mejores lanzadores. Jugar a videojuegos de persecuciones o de rastreo también mejora las habilidades mentales de rotación. [2]

Historia

La palabra.

El término neurosexismo fue acuñado por Cordelia Fine en su libro Delusions of Gender (La ilusión del género) con el objetivo de dar una descripción al fenómeno que presupone diferencias esenciales entre los cerebros masculino y femenino  en los campos de la neurociencia, neurobiología y, más ampliamente, en las ciencias del cerebro y la cognición. Gracias a textos científicos paralelos y a otras voces que han dado apoyo a su punto de vista, este fenómeno ha sido reconocido por multitud de científicos neurológicos y cognitivos. [1]

El concepto

El concepto sobre el que versa la idea de que las diferencias aparentes o reales en nuestro cerebro son causa directa de las diferencias de género ha servido para mantener a los cuerpos leídos como mujer sometidos a opresión y marginalización desde mucho antes que Fine escribiera su libro.

Hemos creído durante muchos años que una diferencia esta vez  sí, estructural — el mayor tamaño del cerebro en hombres — era un elemento clave para determinar la inteligencia; finalmente, se averiguó que apenas tenía consecuencias. Sin embargo, esta falacia ha sido la responsable de mantener a las mujeres de las universidades durante años. [2] 

Definiciones complementarias

El diccionario web Wiktionary define el neurosexismo como:

El uso de la investigación neurocientífica para reforzar prejuicios sobre las diferencias sexuales naturales. [32]

Sexo neurológico vs. Sexo biológico

Algunas activistas transgénero, las truscum (que niegan la identidad de personas trans que no han sido  diagnosticadas con disforia de género, en sus términos cismédicos y patriarcales), las TERF (feministas transexclusivistas) y muchas radicales feministas hacen uso de expresiones como sexo neurológico para referirse a una determinada configuración neurológica que da lugar a un cerebro determinado por el género y de sexo biológico como sinónimo de genitales.

Ambas expresiones, además de ser anticientíficas, son sujeto de opresión. Estos son los motivos:

  • El sexo neurológico no existe. En un nivel de análisis neuronal cognitivo y cerebral, el género no existe. El género es, además de un concepto en sí mismo, una construcción social, no una configuración neurológica.
  • El sexo biológico, usado en este caso para describir el tipo de genitales de una persona, conlleva un uso erróneo de la palabra sexo/género. Atribuir en términos de género el pene a los hombres y las vaginas a mujeres tiene como consecuencia, por ejemplo, la denominación de género errónea para los cuerpos de las mujeres trans. Una forma más correcta de describir los genitales en debates de género, es hacer uso de las palabras que nos proporciona la biología, como vulva, glande, clítoris, testículos, etc. Sexo biológico es un concepto tóxico porque la categorización de partes del cuerpo humano dentro de las categorías macho/hembra actúa en perjuicio de las personas intersexuales o trans. Muy a menudo, las personas intersexuales se ven obligadas a someterse a intervenciones quirúrgicas que en otras tantas ocasiones, les provocan lesiones que afectan a su vida sexual.

Existe una minoría de personas transgénero, personas partidarias del síndrome de Harry Benjamin y de truscum  que se han apropiado del concepto de género neurológico para intentar alcanzar, consciente o inconscientemente,  una posición de privilegio y de respeto mediante el uso de un lenguaje neurosexista. Solo es otra manera que tiene la opresión de manifestarse.

Recurriendo a la normatividad cis, a conceptos científicos y médicos desfasados y a comunidades académicas con conciencia de género, las personas partidarias del síndrome de Harry Benjamin y las truscum obtienen de esta manera aceptación y reconocimiento. En otras palabras: naturalizan y propagan el cisexismo por los beneficios a corto plazo que obtienen en términos de hegemonía de género. Cuando alguien se hace eco de la normatividad, cuando alguien se compromete con el kyriarcado, como cuando alguien acepta el binarismo de género y que tales genitales o tal cerebro están bien y tales otros están mal, adopta forzosamente el papel de guardián. De esta manera, las truscum y las partidarías del SHB, sistemáticamente por su ideología y su objetivo último de normalización de kyriarcado, aceptan el sistema cisnormativo, rechazan a las personas no binarias y presentan un comportamiento tóxico ante todas aquellas personas del espectro trans, a quienes ven como una amenaza para sus intentos de inclusión dentro de ese sistema. Estos últimos comportamientos son un efecto colateral de su teoría por definición, prácticamente, ya que las personas truscum y las comunidades partidarias del SHB no tienen ningún interés en la aceptación, (permitir la existencia de ciertas personas sin que se vean obligadas a cambiar), sino en la asimilación (que esas personas se amolden al sistema cisnormativo).

Las partidarias del SHB y las truscum, en otras palabras, hacen uso de herramientas de opresión (binarismo, diadismo, género binario, neurosexismo, etc.) para construir una estructura que cabalgue a lomos del colonialismo, racismo y cisexismo inherentes a la ciencia y medicina occidentales. Para proteger esta estructura de la crítica de fuerzas opresoras, tienen que eliminar las voces trans y feministas disidentes que reclaman unas definiciones de género más inclusivas. Tanto para las truscum como para las pro SHB, la pseudociencia y, en concreto, el neurosexismo, les dan los fundamentos que necesitan por el mismo prestigio que ese lenguaje pseudocientífico contiene. El resultado final es la legitimación de sus ideas y comportamientos tóxicos y la perpetuación de la marginalización y la opresión tanto horizontal como vertical de personas trans y no binarias.

Ver también

Enlaces externos

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El patriarcado no está solo: el kyriarcado 101.

Del orignal de Sian Ferguson en Everyday FeminismKyriarchy 101: We’re not just fighting the patriarchy anymore.

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Si estás familiarizada con el feminismo, seguramente conocerás el término patriarcado, el orden social que otorga privilegio a los cuerpos leídos como hombre y oprime a aquellos leídos como mujer. Es un término muy útil para dar nombre a la institucionalización del privilegio masculino.

Sin embargo, el feminismo ha evolucionado, su preocupación ya no es únicamente el privilegio masculino.

Ahora tenemos en cuenta, por suerte y muy acertadamente, los privilegios y opresiones de los que disfrutamos o sufrimos todas las personas.

El feminismo interseccional, término creado en 1989 por Kimberlé Crenshaw, catedrática de la Universidad de California especializada en temas de género y etnia, lucha contra el orden social que otorga privilegio y oprime a la gente en términos de étnica, género, lengua, clase social, orientación sexual, funcionalidad, cultura, etc.

El feminismo interseccional defiende que la opresión puede afectarnos a partir de diferentes formas. Alguien no es víctima de opresión o goza de privilegio de manera excluyente; todas podemos ser opresoras y privilegiadas al mismo tiempo debido a múltiples caras de nuestra identidad.

Por ejemplo, alguien puede gozar de privilegio por el hecho de ser cisgénero, blanca, delgada y a la vez estar oprimida por ser homosexual, funciodiversa y habérsele asignado mujer al nacer.

No hay duda de que necesitamos un término nuevo para describir el complejo orden social que mantiene el statu quo de unas opresiones vinculadas interseccionalmente. Kyriarcado es una palabra excelente para esto; se encuentra más acorde con el feminismo interseccional y reduce los problemas que sí causa la palabra patriarcado.

Kyriarcado 101

El término kyriarcado (kyriarchy) aparece por primera vez en el libro de Elisabeth Schussler Fiorenza, Wisdom Ways: Introducing Feminist Biblical Interpretation (Alcanzando el conocimiento: Introducción a una interpretación feminista de la Biblia), publicado en 2001. En su glosario, el kyriarcado aparece definido como:

«un neologismo derivado de las palabras griegas “señor” o “amo” (kyrios) y “gobernar o controlar” (archein) que busca redefinir la categoría analítica del patriarcado en términos de estructuras múltiples e interseccionales de dominación. El kyriarcado, explicado en mejores términos teoréticos, es un complejo sistema piramidal formado por múltiples estructuras de superioridad jerárquica y subordinación, de dominación y opresión, vinculadas interseccionalmente.»

En otras palabras, el kyriarcado es un sistema social que mantiene el statu quo de unas opresiones vinculadas interseccionalmente.

En el glosario del mismo libro, la autora remarca que «la idoneidad teorética del patriarcado zozobra porque, por poner un ejemplo, los hombres negros no ejercen dominación sobre hombres y mujeres blancas».

No puede tener más razón.

Si seguimos el hilo del ejemplo anterior, pongámonos en la siguiente situación: imaginémonos a dos personas, una es una mujer blanca, cisgénero, heterosexual y normativamente funcional. La teoría del patriarcado nos diría que la mujer es la  oprimida mientras que el hombre es el privilegiado.

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No hay duda:  la mujer se encontrará oprimida por el hecho de ser mujer y que el hombre ostentará ciertas formas del privilegio masculino. Sin embargo, no es así de sencillo.

En esta situación, el hombre carecería de poder o privilegio económico, social y político sobre la mujer. Si asumimos que el hombre ejerce dominación y que la mujer sufre opresión sin tener en cuenta ningún otro factor estaremos eliminando el resto de facetas de su identidad.

No quiero decir con esto que el privilegio masculino no se aplique en absoluto en determinados contextos, lo que quiero decir es que la ostentación del privilegio masculino es dinámica y depende de otras identidades.

Utilidades del kyriarcado en el feminismo interseccional

La opresión no solo es discriminación, también es sufrir represión institucional y sistemática.

Por ejemplo, la opresión basada en términos de género no solo se limita a alguien que hace un chiste sobre que las mujeres no deberían salir de la cocina, es que a las mujeres se les haya negado el mismo acceso durante siglos a la educación, al mercado laboral, a un salario ecuánime, a servicios de salud reproductiva y a igualdad ante la ley.

También lo es es la violencia de género que sistemáticamente sufren las mujeres.

También lo son las instituciones como los medios de comunicación, los sistemas educativos, la política, la legislación y los grupos publicitarios, que conciben a las mujeres como seres débiles, excesivamente emocionales, carentes de libido, irracionales y superficiales.

Tambien lo es el reforzamiento de los estereotipos de todos los sexos que fomentan estas instituciones.

También lo es extender entre la gente el mensaje social de que un género es superior mientras que los demás se encuentran por debajo. Es la represión social, política y económica de las mujeres.

La opresión no se limita a incidentes aislados, es un cúmulo de incidentes, costumbres, culturas y tradiciones que refuerzan la dominación de un grupo sobre otro.

Los movimientos de liberación que se precien consideraran la opresión como sistemática. Estos movimientos tienen en cuenta que la opresión solo puede erradicarse mediante un cambio radical y holístico.

Por todo esto, necesitamos denominar la institucionalización de las opresiones; algo que las feministas tradicionalmente han denominado patriarcado.

El feminismo institucional se ha preocupado por lo general y únicamente por la desigualdad de género; sin embargo, el feminismo interseccional tiene como objetivo luchar contra todas las formas de desigualdad. El término kyriarcado tiene ahora más sentido al adecuarse en mayor medida al feminismo interseccional.

  1. Reconoce que la opresión en términos de género no es la única opresión que existe.

Nunca alcanzaremos la igualdad si solo nos ceñimos al sexismo. El sexismo no es el principio y el fin de la desigualdad, así que ¿por qué considerar que el sistema únicamente sostiene la desigualdad de género?

En oposición al término patriarcado, que solo abarca el sexismo institucionalizado, el kyriarcado abarca todas las formas de desigualdad.

Para alcanzar una igualdad plena y certera, tenemos que enfrentarnos a la opresión sistemática de todos los grupos sociales.

  1. Reconoce que una persona puede a la vez beneficiarse y estar oprimida por el sistema.

Sufro opresión por el hecho de habérseme asignado mujer al nacer; sin embargo, ostento privilegio por el hecho de ser blanca. Sufro opresión y ostento privilegio a la vez, y puedo enfrentarme a la opresión que se me aplica mientras perpetúo la ajena. El concepto de kyriarcado nos dice que podemos a la vez ostentar privilegio y sufrir opresión. También nos recuerda que, al existir diferentes tipos de opresión, podemos luchar contra una forma de la misma mientras perpetuamos otra.

Es este un hecho que particularmente ha tenido lugar en los movimientos mayoritarios a favor de los derechos de los homosexuales. Estos movimientos han excluido sistemáticamente a personas trans*, intersexuales y polisexuales. La lucha por los derechos de los homosexuales en Sudáfrica tiene un historial de exclusión sistemática de personas no blancas y de personas de clases bajas. También le ocurre al feminismo institucional: ha dejado fuera tradicionalmente a las personas trans* y a las mujeres no blancas.

En ambos casos, la lucha de ambos movimientos se ha concentrado en la opresión de un grupo de gente mientras que a los demás les ha dejado que se los coman los leones, por decirlo mal y pronto. He aquí la demostración de que un movimiento puede a la vez luchar contra una opresión y al mismo tiempo, ejercerla.

Un grupo de personas puede estar luchando contra una forma de opresión mientras hace uso de sus privilegios para oprimir a otras. Podemos ser víctimas y agresoras al mismo tiempo.

La interseccionalidad nos recuerda lo limitado de luchar solo contra una forma de opresión.

Debemos ser lo más inclusivas posibles si de verdad queremos hacer frente a la desigualdad. Repito de nuevo; por estas razones no basta con que nos enfrentemos a una forma de opresión sistemática, el patriarcado, sino a todas las formas de opresión, el kyriarcado.

  1. Podría explicar por qué muchas oprimidas son cómplices de su propia opresión.

Nadie es exclusivamente agresor o víctima en el kyriarcado.

Como he explicado antes, la mayoría de la gente ocupa las dos categorías; la mayoría de grupos sociales se caracterizan por contener en su seno a miembros con poder sobre otros grupos sociales.

Hay gente que no desea enfrentarse a las estructuras sociales que las oprimen, principalmente porque saben que enfrentarse a esas estructuras les obligará a cuestionarse y a perder el poder sobre otros grupos. En palabras de Lisa Factora-Borchers:

Cuando nos ponemos a analizar el kyriarcado, descubrimos que hay vida más allá de los hombres ricos, de clase alta, blancos y cristianos, que, personalmente. a mí no me parecen los más peligrosos. Hay un mogollón de gente en los escalones inferiores de la pirámide con mayor interés en perpetuar su lugar en el sistema que en ponerlo todo patas arriba.

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Esta gente de la que habla la autora, es aquella gente de clase media-baja saturada de trabajo que se opone a la renta básica para las personas sin recursos. Esta gente también son las mujeres cishetero que huyen del feminismo considerándolo un movimiento solo para lesbianas y trans.

No sé si será por avaricia o por pura supervivencia, pero la gente tendemos a adherirnos al mismo sistema que nos escupe día a día.

  1. Coloca en el mapa a las personas no binarias.

El concepto de patriarcado siempre se ha caracterizado por una concepción binarista del género. Viene a decir que o se es hombre, privilegiado, o mujer, oprimida.

Sí, sistemáticamente, los hombres ostentan privilegio frente a las mujeres; sin embargo, ¿qué pasa con la gente que no se identifica como ninguno de los dos géneros binarios (genderqueer)? El concepto de patriarcado no tiene en cuenta que las mujeres cisgénero ostentan privilegio frente a la gente no binaria.

El kyriarcado, por otro lado, sí tiene en cuenta a todas esas personas que conforman el amplio abanico de género, así como el privilegio cis.

  1. Reconoce la interseccionalidad de las opresiones.

El término patriarcado aun puede sernos de utilidad cuando hablamos de relaciones de género. También puede serlo si hablamos de una determinada cultura: por ejemplo, puedo decir que la cultura de las personas blancas y de clase media de Ciudad del Cabo es patriarcal, ya que el control de los hombres frente a las mujeres está profundamente arraigado.

No obstante, visibilizar las relaciones de género sin tener en cuenta otras formas de opresión institucionalizada es muy simplista. Quedarnos solo en el análisis de género elimina y deja coja la realidad del asunto que nos concierne.

Usar el término kyriarcado mejora esto último, ya que nos abre los ojos ante otro tipo de opresiones.

Volvamos al ejemplo de la cultura de las personas blancas y de clase media de Ciudad del Cabo: no tendría ningún sentido ignorar el hecho de que se trata de una cultura elitista, étnicamente excluyente, heterosexista y cisexista. Si las ignoráramos, estaríamos dejando fuera las realidades sociales de gente no blanca, homosexual, trans* y pobre.

He de añadir que la realidad social de una persona no se limita a pertenecer a un género o a una etnia, nuestras realidades dependen de todas nuestras identidades, no de una por cada momento. Yo no puedo separar mi realidad de opresión por ser mujer de mi realidad de opresión por ser lesbiana, lo que he sido toda mi vida.

El kyriarcado nos facilita redes para debatir todas las opresiones en un contexto común.

***

Aunque la palabra patriarcado aun nos puede ser útil en muchos aspectos, el concepto kyriarcado está en mayor consonancia con el feminismo interseccional.

¿Reemplazaríais la palabra patriarcado por kyriarcado en vuestros círculos feministas? ¿Por qué? ¿Por qué no? Dejad vuestra opinión.

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