Revolución y nativos americanos: el marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como el capitalismo. PARTE 1

Original por Russel Means (oral) transcrito en Black Hawk Productions.

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El siguiente discurso fue pronunciado por Russell Means en Julio de 1980 ante miles de personas de todo el mundo que se había dado cita en la Convención Internacional por la preservación de Black Hills, en la localidad homónima del estado de Dakota del Sur, en Estados Unidos. Es el discurso más famoso de Means.

Miembro de la tribu Lakota Oglala, muy probablemente fue la voz más destacada de Movimiento Nativo Americano, que inició su actividad en 1973 con la Ocupación de Wounded Knee, reserva india. También se involucró en el cine con papeles como el de Chingachgook en El Último Mohicano. Murió el 22 de octubre de 2012 a los 72 años.

La única fase de  obertura que se me ocurre darle a un discurso como este es que detesto escribir. Este proceso personifica en sí mismo el concepto europeo de pensamiento «legítimo»; es decir, la palabra escrita disfruta de una legitimidad de la que carece la oralidad. Mi cultura, la lakota, es de tradición oral, por lo que normalmente no suelo escribir. Es una de las formas que tiene el mundo blanco de destruir las culturas ajenas a lo europeo: la imposición de lo abstracto sobre las relaciones orales de un pueblo.

Así que lo que leerán aquí no lo he escrito yo, es una transcripción de mis palabras hecha por otra persona. Permito que sea así porque parece ser que la única manera de comunicarse con el mundo blanco es a través de las hojas muertas y secas de un libro. No me importa si mis palabras consiguen llegar a los blancos o no, han demostrado a lo largo de toda su historia que están sordos y ciegos, solo pueden leer (por supuesto que hay excepciones, pero son excepciones que no hacen sino confirmar la regla). Me preocupa más el pueblo indioamericano, sus estudiantes y todos los demás, que han empezado a ser asimilados por el mundo blanco a través de sus universidades y otras instituciones. Sin embargo, esta preocupación mía no es global: puedes criarte como piel roja con mentalidad blanca, y que así sea si es consecuencia de una decisión personal, pero poco tengo que hacer ahí, es parte del proceso actual de genocidio cultural del europeo contra los pueblos indioamericanos. Mi preocupación está orientada a aquellas personas indígenas que han decidido enfrentarse a este genocidio pero no saben cuál es el siguiente paso que dar.

(Habrán notado que uso el término indio antes que nativo americano  o indígena o amerindio cuando hablo de mi pueblo. Son términos que tradicionalmente han sido polémicos, sin embargo, en un punto como en el que estamos, creo que debatir sobre ellos es absurdo. Se ha puesto en solfa el término indio americano  por tener origen europeo, cierto, por otra parte, pero todos los términos que he mencionado anteriormente tienen ese mismo origen; el único autóctono sería Lakota, y más concretamente Oglaga, Brule, etc. O Dineh, Miccousukee y otros cientos de nombres de tribus más apropiados.

También existe cierta confusión sobre el origen de la palabra indio. Tradicionalmente se ha considerado que Colón, cuando apareció en el Caribe, dio ese nombre a los habitantes del continente al considerar que había llegado al que buscaba, India, cosa que no es cierta, ya que en Europa se denominaba a esa región «Indostán» ya en 1492. No tienen más que echar una ojeada a mapas de aquella época. Colón llamo indios a los habitantes indígenas por el italiano in dio, “en Dios”.)

Todo persona del pueblo indioamericano tiene que luchar arduamente durante su vida para no acabar europeizado, y la energía para sostener esta lucha solo puede obtenerse de la manera tradicional, con los valores tradicionales que aún conservan nuestros ancianos. Debe provenir del aro sagrado, de los cuatro vientos, de las relaciones, no de las páginas de uno o mil libros. Un europeo nunca podrá enseñar a un lakota a vivir como un lakota o a un hopi como a un hopi. El máster en «Estudios Indígenas» o en «educación» o cualquier otro de ese campo no puede construir a una persona como ser humano y proveer de conocimiento como en las formas tradicionales, solo puede colonizar tu mente a la europea y convertirte en un extranjero.

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Dejemos las cosas claras, porque parece que aún a estas alturas hay dudas al respecto: cuando hablo de europeos o personas de mente europea no estoy abogando por una falsa dicotomía. No pretendo decir, por una parte, que existen unos elementos consecuentes con miles de años de desarrollo intelectual europeo basado en el genocidio y la reacción, algo nocivo; y que por otra parte hay otro desarrollo intelectual, novedoso, y de connotaciones positivas. No, estoy hablando de las teorías marxistas y anarquistas y al izquierdismo en general. No creo que esas teorías puedan desglosarse del resto la tradición intelectual europea. En absoluto, son la misma historia de siempre.

El proceso comenzó hace mucho. Newton, por ejemplo, revolucionó la física y las llamadas ciencias naturales reduciendo el universo físico a una ecuación matemática lineal; Descartes hizo lo mismo con la cultural y Locke con la política. Por su parte, Adam Smith hizo lo propio con la economía. Cada uno de estos pensadores cogió  parte de la espiritualidad de la existencia humana y la convirtieron en un código, en algo abstracto. Retomaron el proceso donde lo había dejado el Cristianismo: secularizaron la religión cristiana, como a los académicos les gusta decir, y al hacer tal cosa pusieron a punto a Europa y a su cultura para lanzarse al expansionismo. Cada pequeña revolución intelectual sirvió para llegar a la abstracción la mentalidad europea a límites insospechados, para eliminar la maravillosa complejidad y espiritualidad del universo y reducirla a una secuencia lógica: un, dos tres, ¡conteste!

Esto es lo que se califica de eficiente en términos europeos. Lo que es mecánico es perfecto, lo que funciona en el momento; es decir, lo que prueba que el modelo mecánico es el correcto, es considerado apropiado, incluso cuando es abiertamente falaz. Por eso la verdad  cambia tan rápido en la mentalidad europea; las respuestas que surgen de tal proceso son meros apaños temporales que deben desecharse continuadamente en favor de otros apaños que den apoyo a modelos mecánicos y los mantengan con vida.

Hegel y Marx heredaron el pensamiento de Newton, Descartes, Locke y Smith. Hegel puso fin al proceso secularizador de la teología y, en sus propios términos, secularizó el pensamiento religioso a través del cual Europa tuvo conocimiento del universo. Más tarde, Marx explicó la filosofía hegeliana en términos de materialismo; o lo que es lo mismo, Marx desespiritualizó el trabajo de Hegel en su conjunto, también en términos del propio Marx. El potencial revolucionario de Europa se basa en esto, y los europeos podrán verlo como algo revolucionario, pero para el pueblo indioamericano no es más que el mismo conflicto europeo de siempre entre el ser y el obtener. Las raíces intelectuales de un nuevo imperialismo europeo con formas marxistas subyacen en los vínculos de Marx y sus seguidores con la tradición newtoniana y hegeliana, entre otras.

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Ser implica una propuesta espiritual. Obtener es un acto material. Tradicionalmente, el pueblo indioamericano hemos hecho por ser las mejores personas posibles. Parte de nuestro proceso espiritual era y es desprendernos de cualquier riqueza, de desechar cualquier tipo de riqueza para evitar la obtención. La ganancia material es un indicador de falso estatus entre las personas que vivimos a la manera tradicional, mientras que es una prueba de la efectividad del sistema en términos europeos. Podemos discernir claramente dos posturas opuestas aquí, y el marxismo se encuentra en el extremo contrario a la indioamericana. Analicemos mayores implicaciones de esto que van más allá de un mero debate intelectual.

La tradición materialista europea de desespiritualización del universo guarda similitud con el proceso mental que nos lleva a deshumanizar a otras personas. ¿Quiénes son los expertos en deshumanizar al prójimo y por qué? Soldados que han vivido múltiples situaciones de combate son instruidos en esto antes de retornar a la batalla. Asesinos, antes de llevar a cabo sus acciones, deshumanizan a sus víctimas. Los guardias de las SS en los campos de concentración lo llevaban a cabo con los reclusos Lo hace la policía y los directivos de las multinacionales que envían a sus trabajadores a minas de uranio o acerías precarias y los políticos lo hacen con todo el mundo. Lo común de este proceso deshumanizador que llevan a cabo todos estos grupos es que hace que matar o destruir a otras personas sea correcto. Uno de los mandamientos cristianos dice «no matarás»; a humanos, al menos, así que el truco está en convertir a las víctimas en no humanas. Solo así se consigue proclamar la violación de un mandamiento como el parangón de la virtud.

En relación la desespiritualización del universo, el proceso mental consecuente actúa de tal manera que destruir el planeta es algo también virtuoso. Términos como progreso y desarrollo se usan como tapadera, a la manera de cómo otras palabras como victoria y libertad justifican carnicerías en el proceso de deshumanización. Por ejemplo, un especulador del suelo puede hablar de desarrollo de una parcela mediante la apertura de una cantera, donde aquí el desarrollo significa destrucción total y permanente con desplazamiento de terreno incluido. Sin embargo, la lógica europea obtiene unas cuantas toneladas de gravilla con la que desarrollar mucho más terreno mediante la construcción de carreteras. En última instancia todo el universo está disponible, en retórica europea, para desarrollarse en esta absurdez.

Lo más importante de esto es que es probable que los europeos carezcan de sensación de pérdida; después de todo, sus filósofos han desespiritualizado la realidad, por lo que no existe satisfacción en lo que se obtiene con la simple observación de las maravillas de la existencia de una montaña, lago o pueblo. No, la satisfacción se mide en términos de obtención de elementos materiales, de tal manera que la montaña es gravilla, el lago es refrigerante industrial y el pueblo es cercado para su procesamiento en las factorías de adoctrinamiento que en Europa gustan de llamar escuelas.

Cada porción de progreso ve y sube la apuesta en el mundo real, y si no, tomen como ejemplo el uso de combustible en la industria. Hace menos de dos siglos, casi todo el mundo usaba leña, elemento reemplazable y natural, como combustible para las necesidades humanas de cocinar y calentarse. Más tarde llegó la Revolución Industrial y el carbón pasó a ser el combustible por excelencia cuando la producción ocupó el lugar primordial en la sociedad europea. La polución se convirtió en un problema para las grandes ciudades y la tierra comenzó a desgarrarse para suministrar carbón a lugares en los que siempre se había cortado leña sin mayor coste para el entorno. Más tarde fue el turno del petróleo cuando la tecnología productiva obtuvo cierto grado de perfeccionamiento tras un número de revoluciones científicas. La polución alcanzó niveles dramáticos y nadie conoce cuál será el coste ambiental a largo plazo de la extracción de ese petróleo. Ahora vivimos una crisis energética y el uranio parecer estar llamado a ocupar el lugar de combustible principal.

Podemos tener por seguro que los capitalistas desarrollarán el uso de uranio como combustible principal únicamente hasta el punto en que les genere beneficios. Esta es su ética, y es probable que pueda comprarles algo de tiempo. Por otro lado, los marxistas solo lo desarrollarán lo más rápido posible porque es el combustible del que disponen cuya producción es la más eficiente. Esta es su otra ética, y dudo sobre cuál es mejor. Como les he dicho, el marxismo está incrustado en lo más hondo de la tradición europea. Es la misma historia.

Existe una regla general que me viene muy a mano: no se puede juzgar la naturaleza de una doctrina revolucionaria europea en base a los cambios que propone para la propia sociedad europea y sus estructuras de poder, solo se podrá juzgar en base a cómo afectará a los pueblos no europeos. Toda revolución de la historia en Europa ha tenido como consecuencia un blindaje de las clásicas tendencias y capacidades europeas de exportar destrucción a otros pueblos y culturas y al propio entorno ecológico. Les desafío a cualquiera de ustedes a señalarme un ejemplo que contradiga esto último.

Así que ahora, a nuestro pueblo, al pueblo indioamericano, se nos dice que creamos en una nueva doctrina revolucionaria europea, el marxismo, que corregirá las consecuencias negativas de la historia europea en nuestro pueblo. Las relaciones de poder europeas serán modificadas de nuevo y parece ser que por fin las cosas mejorarán para nuestras comunidades. Sin embargo, ¿qué hay de tras de todo esto en realidad?

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Ahora mismo, hoy en día, aquellas personas que vivimos en la reserva Pine Ridge, vivimos en lo que la sociedad blanca ha denominado Zona de extracción. Es decir, vivimos junto a enormes vetas de uranio y la cultura blanca (no la nuestra) necesita el uranio para producir energía. La manera más barata y eficiente de extraer y gestionar este uranio para la industria es arrojar los deshechos generados durante la extracción en los mismos lugares de excavación. Aquí mismo, donde vivimos. Estos deshechos  son radioactivos y harán inhabitable la región para siempre. La industria y la sociedad blanca que la originó consideran que este es un precio aceptable por el desarrollo de recursos energéticos. Junto a esto, también planean drenar la capa freática de esta región de Dakota del Sur como parte del proceso industrial, lo que doblará la inhabitabilidad de la región. Algo parecido a lo que ya ocurre en las tierras Navajo y Hopi, en Cheyenne del Norte y Cuervo, y en muchas otras partes. El treinta por ciento del carbón del Oeste y la mitad de las vetas de uranio de los Estados Unidos han sido localizados bajo reservas, algo que nos afecta con la mayor importancia.

Nuestra resistencia está ahora en evitar ser denominados Zona de Extracción y que nos convirtamos en población de una Zona de Extracción. Los costes del proceso industrial no son aceptables para nuestro pueblo. Para nuestro pueblo, extraer uranio y drenar la capa freática es genocidio, ni más, ni menos.

Bien, entonces supongan que en nuestra resistencia a la exterminación buscamos aliados (que tenemos), supongan que adoptamos los preceptos del marxismo revolucionario: nada menos que el derrocamiento del orden capitalista europeo que amenaza nuestra propia existencia. Una alianza aparentemente natural para el pueblo indioamericano. Al fin y al cabo, como dicen los marxistas, son los capitalistas los que nos calificaron de zona de extracción. Hasta aquí, ninguna pega.

Sin embargo, como ya les he contado, la verdad es engañosa. El marxismo revolucionario está estrechamente vinculado a la perpetuación y perfeccionamiento del proceso industrial que busca nuestra destrucción, la única diferencia estriba en su propuesta de redistribución de los resultados (el dinero, probablemente) de esta industrialización entre un sector más amplio de la población. Su propuesta es arrebatarles la riqueza a los capitalistas y repartirla, pero para alcanzar esto, el marxismo debe preservar el sistema industrial. Una vez más las relaciones de poder de la sociedad europea deben modificarse, sin embargo, sus consecuencias sobre el pueblo indioamericano aquí y no europeo en general no se verán alteradas. Algo similar a lo que ocurrió durante las llamadas revoluciones burguesas, la redistribución de riqueza desde la propiedad eclesiástica hacia manos privadas. La sociedad europea cambió ligeramente, superficialmente al menos, pero su actitud ante las sociedades no europeas no cambió un ápice. ¿O qué efectos creen que tuvo la Revolución Americana de 1776 sobre la población india? La misma historia.

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El marxismo revolucionario, como la sociedad industrial en otras facetas, busca racionalizar a las personas en su relación con la industria (máxima industria, máxima producción). Es una doctrina que entra en conflicto con la tradición espiritual indioamericana, nuestra cultura y modo de vida. El propio Marx nos denominó precapitalistas y primitivos. Precapitalista significa, según él, que en algún momento descubriremos el capitalismo y nos volveremos capitalistas, porque en términos marxistas siempre hemos estado económicamente retrasados. La única manera por la cual los pueblos indioamericanos podríamos vernos envueltos en una revolución marxista sería, por este orden: adoptar un sistema industrial y convertirnos en trabajadores industriales o proletarios, en términos marxistas. El hombre dejó bastante claro que la revolución solo podría llevarse a cabo mediante la lucha proletaria y que la existencia de una sociedad mayoritariamente industrial es condición sine qua non para que pueda surgir la sociedad marxista.

Creo que existe un problema lingüístico aquí. Cristianos, capitalistas y marxistas, todos ellos se han considerado revolucionarios en sus pensamientos, pero ninguno de ellos lo han sido realmente. Continuistas, eso es lo que han sido; hacen lo que la situación precisa para que la cultura europea siga existiendo y desarrollándose acorde a sus necesidades.

En definitiva, para que podamos unir nuestras fuerzas al marxismo, los pueblos indioamericanos debemos aceptar que nuestro hogar sea zona de extracción, cometer suicidio cultural, industrializarnos y  europeizarnos.

Continuará…

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