¡Sorpresa! Eres una TERF si…

Original por Cristan Williams (@cristanwilliams) en TransAdvocate, You might be a TERF If…

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Me he venido dando cuenta desde hace tiempo que existe cierta confusión sobre lo que significa el acrónimo TERF* (Trans-Exclusionary Radical Feminist; Feminista Radica Trans-Excluyente), así que aquí va una breve guía para ayudaros a averiguar si sois TERFs. Hay posibilidades de que lo seas si te crees feminista y a la vez…

1) Defiendes que las mujeres trans son en realidad hombres cis, que los hombres trans son mujeres cis y malgenerizas adrede a la gente trans.

2) Sacas del armario a personas trans ante sus jefes.

3) Les dices a las mujeres trans que las cirugías a las que se han sometido promueven la cultura de la violación.

4) Aseguras que las mujeres trans que se definen como lesbianas no pueden serlo.

5) No te avergüenzas de decir que viviríamos mejor en un mundo sin mujeres trans. (1)

6) Tus argumentos transantagonistas y los de los grupos de extrema derecha coinciden. (2)

7) Aseveras que el privilegio cis no existe; es deicr, que la gente cisgénero no ostenta un privilegio en una sociedad hostil a la gente trans.

8) Sostienes que el género es una ficción, pero que el binario “hombres biológicos” y “mujeres biológicos” es tan real como el aire que respiramos.

9) Reivindicas que las operaciones quirúrgicas a las que se somete la gente trans aparecieron de la mano de hombres como servicio al patriarcado. (3)

10) Mientes sobre amenazas de muerte y violación que has recibido de personas trans.

11) Difamas sobre el miedo que te da que las mujeres trans planteen un riesgo de violación y a violencia a las mujeres cis en los aseos femeninos.

12) No te cortas en decir que las personas trans transitan para satisfacer sus deseos sexuales.

13) Degradas y deshumanizas los genitales de las personas trans.

14) Trabajas para derribar protecciones legales de las que disfruta la gente trans.

15) Te aplicas en vetar el acceso de las personas trans al sistema médico.

16) Generalizas a todo el colectivo si tuviste una mala experiencia con una persona trans.

17) Comparas las transiciones con procesos similares al de Frankenstein.

18) Tienes claro que las personas trans transitan debido a presiones políticas o sociales. (4)

19) Llamas empoderamiento a tu trabajo para frenar la propagación de estereotipos antifeministas pero llamas censura a cuando las personas trans luchan por detener la propagación de estereotipos transantagonistas.

20) Para ti, las mujeres trans transitan porque en realidad son hombres homosexuales y que los hombres trans hacen lo propio porque son lesbianas que quieren huir de las imposiciones patriarcales.

21) Amenazas a organizaciones de feminismo radical de verdad con asesinar a sus componentes transgénero y te presentas armada a eventos radfem.

22) Agredes a feministas por proteger a mujeres trans de una redada TERF.

23) Hostigas a una pareja de lesbianas con una criatura trans y luego amenazas a esta con un cuchillo.

24) Amenazas de tal manera a una feminista radical, lesbiana y butch que esta decide poner en marcha su propio festival de música inclusivo para mujeres.

25) Intimidas a un grupo de mujeres trans con violencia física, lo que las acaba conminando a poner en marcha el espacio conocido como “Camp Trans” en protesta.

26) Fomentas las leyes que recortan el acceso de la gente trans a los aseos que les corresponden por género no asignado porque crees que es algo “en favor de las lesbianas”.

27) Te pispas de que los republicanos del Tea Party promueven tu retórica TERF.

28) Extiendes propaganda ultraderechista para sustentar tu odio porque, según tú, esa gente es la única que se puede considerar ideológicamente aliada.

29) Te percatas de que grupos integristas de extrema derecha defienden tus argumentos.

30) Apelas a los “olores vaginales” como esencia de diferenciación sexual que delimitan un estatus sexual genuino (¿), de tal manera que a tu juicio las mujeres trans no son mujeres de verdad porque las vaginas de estas mujeres despiden olores demasiado fuertes que causan “problemas sensitivos” mientras al mismo tiempo a otras les pasa lo contrario, por lo que, siempre según tu criterio, una mujer trans no podrá saber nunca (porque las mujeres cis sí lo saben, al parecer) lo que es tener una “vagina grande, peluda y olorosa”.

Bonus track: intentas fingir que el término “TERF”, popularizado en 2008 por un grupo feminista radical inclusivo para diferenciarse como tal de otros grupos del mismo cuño pero con un discurso transantagonista, se acuñó por parte de la comunidad trans con el objetivo de difamar el feminismo.

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Si queréis saber a qué suena una TERF, por favor, consultad la #lógicaTERF aquí.

Y con todo, ¿qué es el feminismo?

Me mostraré inequívoca con mis palabras: creo firmemente que las vidas de las personas transgénero, incluyendo aquellas que ya han transitado, son reales y genuinas. Deberíamos homenajear a estas personas, no ponerlas en cuestión. Las decisiones sobre su salud deberían ser suyas y nada más que suyas. Lo que redacté hace décadas no es fiel reflejo de lo que hoy día sabemos, pues nos alejamos de las categorías binarias de lo “masculino” y lo “femenino” y zambullimos nuestra vivencia en un continuo de identidades y expresiones plenamente humanas.

El trabajo con población transexual y los estudios sobre la formación de la identidad de género en menores nos han provisto de una información básica que echa por tierra el concepto de que existen dos sexos biológicos distintos. Estas ideas amenazan con transformar la biología tradicional relativa a las diferencias sexuales en una biología radical sustentada semejanzas sexuales… Toda persona transexual tiene derecho a someterse a una operación de cambio de sexo, y la comunidad debería proveérsela como derecho. 

  • Andrea Dworkin, feminista radical de vanguardia y activista.

Esta sociedad, dominada por los hombres, nos ha definido a las mujeres como un grupo biológico indistinto, sin posibilidad de remisión. Si esto en algún momento nos hubiera dirigido hacia la emancipación, ya seríamos libres… Para mí, ser mujer es algo político. No se me habría ocurrido decir esto hasta hace poco, ni siquiera me habría decidido a trabajar sobre ello; sin embargo, en los últimos años ha habido mucho debate sobre si las mujeres trans son en realidad mujeres… Siempre he pensado que no me importa la manera en la que una persona llega a ser mujer u hombre; no me importa, de verdad. Eso forma parte de su particularidad, de su singularidad, como la del resto. Quienquiera que se identifique como mujer, quiera ser una mujer y se presente como mujer, hasta donde llega mi entendimiento, es una mujer.

  • Catharine MacKinnon, feminista radical de vanguardia y activista.

La idea de que el feminismo radical verdaderamente revolucionario es el transinclusivo es una verdad como un templo. Honestamente, no entiendo cómo o por qué un sector del feminismo radical defiende teorías esencialistas de “casta sexual” basadas en conceptos biológicos y sexuales en lugar de la teoría de “clases sexuales”, como indicaron Wittig, Andrea y MacKinnon. ¿Se puede reformular el feminismo radical para que su transinclusividad, algo que le es consustancial, quede más en evidencia? Espero que sí. 

  • John Stoltenberg, feminista radical y activista.

 

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Es muy común que la ideología TERF de las autodenominadas “RadFem se encuentren con homólogos ideológicos como las de las viñetas.

*En los últimos años, la comunidad trans hemos dejado de hablar de las TERF como RadFems. Nuestros motivos han sido que existen una gran cantidad de feministas radicales, de segunda ola o separatistas lésbicas que consideran horrendas para el feminismo las conductas de las que he hablado antes. Como muestra de respeto a las RadFems auténticas, la comunidad trans ha dejado de equiparar la identidad de estos grupos radicales con la de las facciones de odio de algunos de ellos. De esta manera, usamos el término feminista, Trans Exclusionary Radical Feminists, Feministas Radicales Transexclusivistas o TERFs para distinguir a estos sectores de odo del resto del feminismo radical en general o de feministas transinclusivas como Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon.

(1) Se esperan que nos sorprendamos al ver las estadísticas de los asesinatos que sufren, y no se dan cuenta de que algunas de nosotras desearíamos que acabaran con TODOS.

  •  BevJo, opinadora TERF, autora y oradora.

(2) Aun cuando hay mucha gente que cree que la moralidad debe construirse en torno a la ley, yo creo que la eliminación del transexualismo no se conseguirá con que la legislación prohíba los tratamientos y cirugías transexuales sino con que lo limite y rebaje el apoyo otorgado al fomento de estereotipos de los roles sexuales, el principal causante del problema. Toda legislación debe orientarse a las condiciones sociales que iniciaron y promovieron en primer lugar la cirugía y el crecimiento del complejo médico-institucional que trasladó esos estereotipos a carne y hueso.

  • Janice Raymond (1980), “Technology on the Social and Ethical Aspects of Transsexual Surgery, opinadora TERF, autora y oradora.

(3) Hay ahora mismo una cosa que me confunde, y es que cuando presencio un debate legislativo en la Cámara de los Lores,suelo coincidir en su mayor parte con las posiciones de extrema derecha. Particularmente, con la persona con la que más estoy de acuerdo en esto,aunque no creo que le haga mucha gracia darse cuenta de ello, es Norman Tebbit… Tebbitt también habla de la salvaje mutilación del transgenerismoDe ocurrir en  culturas ajenas a las de las Islas Británicas, diríamos que se trata de una práctica cultural totalmente nociva, y que cómo es que no nos damos cuenta de ello aquí, en nuestra propia casa.

  • Sheila Jeffreys, doctora, académica y autora TERF, durante un discurso en la Conferencia en homenaje a Andrea Dworkin en el Centro de Estudios de Justicia de la Universidad de Oxford.

(4) [La cirugía de reasignación de género] se parece a la política psiquiátrica de la Unión Soviética. Me refiero que el transexualismo debería verse a través de este prisma, como una agresión médica a los derechos humanos con tintes claramente políticos. La mutilación de cuerpos sanos y la sujeción de estos cuerpos a un tratamiento de corte tan peligroso viola el derecho de estas personas a vivir con dignidad en el cuerpo en el que nacieron, el cuerpo que Janice Raymond llama “nativo”. Es un ataque al cuerpo rectificar una condición política, una insatisfacción “de género” en una sociedad machista basada en una noción de diferencia de género falsa y construida políticamente… Obras recientemente publicadas sobre el transexualismo en las comunidades lésbicas muestran claros lazos del mismo con las prácticas sadomasoquistas.

  • Sheila Jeffreys

Que quede claro que la propia comunidad de Jeffrey, “Australian Lesbians”, fue pionera en la cirugía de reasignación en Australia.

Mi conclusión más importante es que el transexualismo es básicamente un problema social cuya causa no puede ser explicada excepto en términos de los roles sexuales e identidades que genera la sociedad patriarcal. A través de tratamientos quirúrgicos y hormonales, los transexuales renuncian a sus cuerpos “nativos”, especialmente a sus órganos sexuales, en pos del cuerpo y de los órganos sexuales del sexo opuesto. Lo hacen principalmente porque su cuerpo y genitalidad encarnan principalmente la esencia de su masculinidad rechazada y su feminidad deseada. De esta manera, el transexualismo se presenta como el resultado de definiciones socialmente prescritas sobre masculinidad y feminidad, una de las cuales el transexual rechaza para bascular hacia la otra. De esta manera, en el capítulo III argumento que la Primera Causa del Transexualismo es una sociedad definida por el género cuyas normas de masculinidad y feminidad generan el deseo de transexualizarse… Creo que el primer motivo para ello no puede derivarse de actitudes y/o conductas intrapsíquicas o incluso de procesos de condicionamiento familiar, sino de los roles de una sociedad definida por el género (lo cual, en un sentido aristotélico, dispara el resto de causas).

  • Janice Raymond (1979), El Imperio Transexual, p. 16.

Un número significativo de hombres trans son lesbianas que anuncian que quieren transitar en un intento de huir de la misoginia, tanto de su versión más interiorizada como la de la sociedad. Un número significativo de mujeres trans son hombres homosexuales, presionados a tarnsitar por una sociedad conservadora que odia la disconformidad de género de estos hombres.

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Los derechos reproductivos también pertenecen a las mujeres trans

Original en Everyday Feminism por Luna Merbruja, “4 Ways To Center Trans Women In Reproductive Justice“.

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Tenía 17 años la primera vez que me dijeron que me iban a esterilizar. No me lo creía, aunque ya había oído rumores a través de otras personas trans de que igual  me ocurría al empezar la terapia de hormonación, nadie me dijo que fijo me iba a pasar.

El personal terapeuta al que me encomendé disponía de una enorme lista de cosas que debía tener en cuenta antes de comenzar la terapia hormonal; sin embargo, con lo que no podía tragar en ese momento era con lo de la esterilización. Toda mi vida había soñado con ser madre, mi criatura sería un bebé marroncito y regordete con ojos marrón oscuro y abundante cabello en la cabeza, con mi ADN como parte de la mágica existencia de este ser angelical.

Sin embargo, ese sueño se desvaneció de un plumazo, el médico le dijo a mi yo de diecisiete años que me iba a quedar estéril a un año del tratamiento. Me ofrecieron una opción: almacenar esperma en un banco para mis potenciales criaturas futuras. El precio que me dieron oscilaba en torno a los 500 euros  por congelar una primera muestra y una cuota de 50 al mes por su mantenimiento.

Lo descarté al momento al interponerse de nuevo una barrera financiera entre mí misma y mis sueños. Me fui sabiéndome derrotada, sin más alternativa que comenzar el tratamiento lo antes posible y preocuparme por la procreación más adelante. Antes siquiera de poder darle más vueltas al asunto, me informaron de que necesitaba del consentimiento de mi madre para dar comienzo al tratamiento. Al preguntarle, se opuso frontalmente y me excluyó de la cobertura sanitaria familiar. En un principio estallé de ira al ver que mi madre también suponía una barrera; sin embargo, al poder pensar más sobre el tema de la esterilización, llegué a la conclusión de que era un compromiso demasiado grande, así que abandoné la idea.

4 años después me vi en las mismas, en la consulta del médico dos días antes de Navidad preguntándole por la terapia de hormonación. Aún sin un duro y por tanto incapaz de financiarme el banco de esperma, comencé la terapia prometiéndome a mí misma que si en un año no me encontraba satisfecha con sus efectos, la abandonaría.

Hoy en día ya he superado el umbral de la esterilidad. Ya he lamentado mi incapacidad para procrear criaturas con una carga genética originaria de múltiples estirpes  , cada una de ellas intrínsecamente  ligada a las luchas antirracistas. No puedo procrear, y no hay un movimiento en favor de los derechos reproductivos que se plantee ayudarme.

Hasta que vi la actuación de Micha Cárdenas sobre su embarazo como mujer trans y tuve una revelación. Era y es posible incluso hoy quedarse embarazada de nuevo. Es decir, que las mujeres trans que interrumpen su tratamiento hormonal durante unos meses pueden hacer remitir la esterilidad y quedarse de nuevo embarazadas con esperma viable. Como público, según Micha se mostraba ante su arte y las imágenes microscópicas de su esperma, aún útil, lloré desconsoladamente. Había estado sometida a tratamiento hormonal durante años y aún pudo quedarse embarazada. Todo esto me abrió un amplio abanico de posibilidades y esperanza. ¡Y alegría! ¡Y felicidad!

También desató en mí una ira volcánica. Me tiré horas diseccionando minuciosamente todos los sistemas y estructuras que limitaban mi conocimiento y habilidad para poder procrear. Aprendí varias cosas de esta experiencia, cosas que he querido recopilar para conseguir que las luchas por la justicia reproductiva incluyan a las mujeres trans. Con suerte, gracias a un poco de pedagogía y más presencia de las mujeres trans, muchas de nosotras dejemos de ver el paso por la terapia hormonal como el fin de nuestras esperanzas de crear una familia. Y espero también que con más pedagogía e incluyendo los elementos de esta lista al corpus de la justicia reproductiva, las mujeres trans veamos ampliadas nuestras posibilidades de planificación familiar.

  1. Bancos de esperma a precios asequibles o gratuitos.

Como os he contado, almacenar esperma en un banco quedaba fuera de mis posibilidades económicas. Además, lamentablemente, muchos médicos, incluyendo muchos especializados en pacientes transgénero, nos urgen a las mujeres trans a comenzar cuanto antes la terapia hormonal. Incluso a mí ahora, con 21 años, me dice un médico que se encarga de decenas, o quizá de cientos de pacientes trans, que me tome la dosis máxima para que los resultados sean “los mejores”; es decir, que parezca lo más cis posible. Qué casualidad que justo me lo recomendara cuando le comuniqué mis reservas al respecto de la esterilización.

¿Qué podemos hacer? Actualmente las pastillas anticonceptivas cuestan en torno a 20-50€ al mes, dependiendo. Los bancos de esperma  te cuestan 40€ al mes tras una primera consulta y un primer procesamiento y congelamiento estándar de esperma, que cuesta en torno a 500€. Los métodos anticonceptivos son relativamente caros; sin embargo, la lucha por la justicia reproductiva ha combatido sin descanso por hacer que sean lo más asequible posibles. Un ímpetu que ya me gustaría ver a la hora de facilitar a las mujeres trans opciones reproductivas, por ejemplo, recaudando fondos y organizándose para luchar por cambiar la ley y que se creen blancos de esperma a precios asequibles o gratuitos para las mujeres trans a través planes sanitarios, tanto públicos como privados.

  1. Evitar que las mujeres trans sufran violencia

Morgan Robyn Collado me inspiró a reestructurar los criterios de la justicia reproductiva para que incluyera por fin a las mujeres trans con su discurso:

Si las mujeres trans negras e hispanas no podemos reproducirnos porque estamos sometidas a niveles altísimos de violencia, esto también es justicia reproductiva. Si no podemos crear una red de personas y comunidades que constituyan una familia por la transmisoginia a la que estamos sometidas, entonces esto también le concierne a la justicia reproductiva.

Así en resumen, si nos asesinan, ¿cómo vamos a poder crear familias? La violencia contra las mujeres trans tiene tintes es gravosa; entre 2008 y 2015 fueron asesinadas 1700 mujeres trans en todo el mundo, de las cuales en torno al 80% no eran blancas. Por claro que quede que estos crímenes son producto de la transmisoginia, la misoginia de corte racista, o “misoginoir”, la misoginia que que sufren con especial saña las mujeres negras, también juega un papel importante.

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Esta violencia no es accidental. Muchas mujeres trans sufren agresiones y son asesinadas por sus pajreas, lo que las coloca en una posición de especial vulnerabilidad a la hora de protegerlas. Para conseguirlo, debemos aplicarnos en la eliminación del racismo y la transmisoginia de nosotras mismas y de nuestras amplias comunidades, lo que significa que quien no sufre estos problemas debe educarse en múltiples ámbitos feministas, debe apoyarnos facilitándonos el acceso laboral a empleos sostenibles y denunciar la transmisoginia venga de donde venga. Solo así se podrá eliminar la cultura que nos despersonaliza.

Hasta que no disfrutemos de la consideración de personas  humanas válidas y encantadoras, continuaremos sufriendo una violencia brutal. Y no hay quien cree una familia sana y feliz bajo esta premisa.

  1. Empleo digno con seguro médico.

Ah, el empleo. ¿Es que acaso no buscamos todo el mundo ese empleo que satisfaga  nuestras necesidades y que a la vez no nos sorba el alma? Sí, así es, y adivinad quienes somos las que menos probabilidad tenemos de conseguirlo. Efectivamente, las mujeres trans.

Vale, partamos de que esto es muy idealista, pero si no me pongo altas expectativas y esperanzas no creo llegar a obtener nunca ni la mitad de lo que pido, así que por favor, ayudadnos a que podamos cumplir este sueño, dadnos a las mujeres trans la oportunidad de poder fracasar, de crecer profesionalmente y de que nos tomen en serio en nuestros puestos de trabajo.

Muy pocos entornos laborales nos apoyan para que aprendamos a mejorar nuestras habilidades en ellos. La mayoría exigen requisitos inusitadamente altos, en muchas ocasiones inalcanzables para nosotras. Por ejemplo, si echo el currículum en un sitio donde me ofrecen el salario mínimo es probable que no pueda hablar de mí ni de mis referencias por tener que usar mi nombre asignado al nacer y unos pronombres que nos e ajustan a la realidad.

La mayoría de puestos de trabajo exigen tener un año de experiencia y pese a ya poseerla por haber trabajado en diferentes puestos, no puedo darle validez a mi historia laboral sin salir del armario como trans, tanto a mi nuevo jefe como al anterior.

Algo útil para superar esto, o para atenuarlo sobradamente, sería aliarse con organizaciones de corte LGTBQIA+ y conseguir que nos publiciten, que nos den una visibilidad especial a las mujeres trans. Y no hablo de conseguir trabajos donde cobres el salario mínimo, hablo de puestos donde puedas disfrutar de acceso a la sanidad y donde sus beneficios te afecten tanto a ti como a tu familia; por  ejemplo, ganar un salario lo suficientemente alto para permitirte criar a tus retoños.

La mayoría de puestos de trabajo disponibles para mujeres trans no se remuneran. Aunque el trabajo pueda ser apasionante, en muy raras ocasiones ofrece unas garantías para poder crear una familia y mantenerla.

  1. Políticas de adopción orientadas a personas trans

Aunque no sé mucho de leyes, sé que hay mucha gente dentro del vasto mundo  de la lucha por la justicia reproductiva que sí, así que os necesitamos para conseguir cambios estructurales que nos apoyen a la hora de reproducirnos. Esas políticas deberían incluir criterios y sensibilidades a la hora de identificar la manera en la que la gente proyecta su transmisoginia en nosotras. Por ejemplo, la noción de que las mujeres trans somos acosadores sexuales de menores es demasiado común, algo que frena sobremanera nuestras expectativas.

Disfrutar de leyes que promuevan prácticas específicamente no discriminatorias, junto con las habilidades adecuadas para identificar este tipo de tendencias y educar sobre respeto básico a la gente trans mejoraría las oportunidades reproductivas de las mujeres trans a la hora de adoptar y procrear.

Mejor todavía, emplear a mujeres trans en estas agencias de adopción y planificación familiar para trabajar con futuras madres trans. Esto ya sería hasta un sueño. Es absolutamente imprescindible que haya alguien con quien podamos hablar de nuestras ansiedades maternales, ya que es harto difícil gestionar todas esas emociones mientras vivimos con el recordatorio constante (y jodido) de que las “mujeres de verdad” son las que menstrúan.

Disponer de una persona que honestamente nos escuche y de por buenos nuestras ansiedades maternales sin anular nuestra feminidad es algo imprescindible si queremos crear una cultura de apoyo a las familias de las mujeres trans.

***

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Históricamente, hemos sido las mujeres trans las que hemos estado en la primera línea de la lucha política y las que hemos facilitado infinitas cantidades de esfuerzo físico y emocional a la juventud luchando por hogares para ella. Muchísimas mujeres trans han acogido y alimentado a jóvenes trans y LGTB/GSD en general, al estilo de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera con su STAR House. Las mujeres trans estadounidenses fueron pioneras en la creación de hogares relacionadas con su “ball culture”, una subcultura solidaria de corte LGBT/GSD, a través de la cual facilitaron el acceso de jóvenes sexodivergentes y trans de todas las edades a familias que les aceptaron y quisieron. Este tipo de conductas solidarias ha sido algo históricamente muy importante en términos de lucha social. Hoy en día aún existen organizaciones y refugios como Casa Ruby o Jazzie’s Place.

Apoyarnos a las mujeres trans  en esta materia es necesario para que la lucha de la justicia reproductiva pueda seardigna de su nombre. Es imposible que una comunidad pueda sostenerse únicamente mediante acciones individuales, como demostraron el desmantelamiento de la STAR House y la Transie House, por lo que si dispusiéramos de sistemas y estructuras que nos facilitaran el acceso a la reproducción, existiría menos juventud trans y sexodivergente siendo excluida del sistema de adopción y acabando en la indigencia.

Me quedan años para que pueda llegar a ser capaz de reproducirme, así que espero que hayamos progresado lo suficiente para que cuando llegue el momento pueda disfrutar de varias opciones para llevarlo a cabo. Este es un buen comienzo para reestructurar vuestro trabajo en esta materia y para que elaboréis una nueva estrategia para que vuestro entorno comience a apoyar más y mejor a las mujeres trans.

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La realidad transgénero y el «tercer» género, la identidad «dos espíritus», en la Norteamérica precolonial

Original por Neil Carter en Patheos, Removing the Beag Leaf, The Transgender and ‘Third’ Gender ‘Two-Spirit’ Identity in America’s Formative Years

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La diversidad sexual y de género en el continente americano ha sido una realidad desde hace mucho tiempo. El mismo tiempo que lleva sufriendo una represión que prácticamente la ha hecho caer en el olvido.

Mucha gente opina que las orientaciones sexuales y las identidades de género son ideas nuevas y radicales inventadas por progres comecuras, algo bastante alejado de la realidad.

Desde la antigua China a la América precolonial, y en todos los lugares y épocas que quedan entre medias, el reconocimiento de géneros y sexualidades no binarias ha sido una parte común pero ignorada de la historia. Los pormenores varían según culturas; es un hecho que los movimientos actuales de nuestra actual cultura tienen sus particularidades únicas, pero los conceptos básicos no son ni mucho menos un invento de hoy.

Mason Lynch

Mucho antes de que el invasor europeo introdujera la viruela y el cristianismo en el continente americano, muchas de sus tribus ya reconocían identidades de género no binarias, las que actualmente se denominan dos espíritus. Anteriormente, el europeo usó para estas personas el término bardaje, que en esencia significa «prostituto»… un pequeño ejemplo de la falta de respeto de los recién llegados por las culturas nativas.

El término «dos espíritus» comenzó a ganar terreno en el mundo nativoamericano en la década de los 90, cuando trece personas, tanto hombres como mujeres cisgénero y transgénero, se reunieron en Winnipeg, Canadá, con la tarea de averiguar un término que diera cohesión a la comunidad LGTB/GSDI nativoamericana. Numerosos términos en lenguas tribales ya identificaban terceros géneros en cada una de las culturas junto a los usados para denotar masculino y femenino, y la lucha de la asamblea de Winnipeg estuvo en encontrar un término actual y contemporáneo que fuera aceptado en el seno cultural de la totalidad de las tribus.

-Zachary Pullin, Two Spirit: The Story of a Movement Unfolds

Los detalles de la situación social de las personas dos espíritus antes de las colonizaciones europeas varían según la tribu. Muchas de estas personas consideraban tener tanto espíritus masculinos como femeninos en su cuerpo, de ahí el término actual, y en la mayoría de tribus gozaban de aceptación y respeto. Incluso algunas consideraban que el ser dos espíritus era una bendición divina. Se ocupaban de perpetuar las tradiciones orales y de ejercer de cuentacuentos, sanaban, tejían, celebraban ceremonias religiosas, se ocupaban de las criaturas, arbitraban conflictos, etcétera. La existencia de estas personas era un rasgo social común y de los más compartidos entre las tribus autóctonas de todo el continente.

Eso sí, la expresión de la identidad dos espíritus presentaba variaciones. En ocasiones estas personas vestían una mezcla de elementos tradicionalmente masculinos y femeninos, en otras vestían con unos u otros en ocasiones distintas. También, algunas de estas personas desempeñaban roles de género distinto al asignado al nacer. Un ejemplo de renombre es el de We’wha (abajo, en la foto), una persona de la tribu zuni asignada hombre al nacer que vivió como mujer. Sus padres murieron de viruela, introducida en su poblado por los estadounidenses, y su tía la adoptó. Más tarde se hizo amiga de la antropóloga Matilda Coxe Stevenson, que durante años ignoró que la asignación de género al nacer de We’wha difería con la actual. Stevenson describió a We’wha como la persona más inteligente de su tribu, como alguien que gozaba de un gran respeto y era amada por la población infantil. En lengua zuni, el término que identifica a personas como ella es lha’mana.

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A pesar de la torpe interpretación de los europeos, que caracterizaron a las personas dos espíritus como «homosexuales», la orientación sexual no era en absoluto un rasgo definitorio del concepto. Sin embargo, sí que era común para estas personas tener parejas de su mismo género. Las mujeres dos espíritus a menudo estaban casadas con otras mujeres, lo mismo que los hombres dos espíritus con otros hombres. Al considerarles como un tercer género o como dos géneros en un mismo cuerpo, sus relaciones no se limitaban al concepto binario de heterosexualidad y homosexualidad.

La tradición dos espíritus incluía a un amplio abanico de personas, con sus diferencias particulares. Los términos occidentales, normalmente centrados en características aisladas, como la orientación sexual o la identidad de género, no incorporan correctamente el amplio espectro de matices de los roles dos espíritus, especialmente en sus dimensiones económica y política. Aunque muchas personas dos espíritus se travestían, otras no lo hacían, y algunas se vestían con un criterio ajeno a lo masculino y a lo femenino. Y mientras que otras personas dos espíritus mantenían relaciones con personas de su mismo género aunque no fueran dos espíritus, no se consideraban como relaciones homosexuales, ya que la identidad de género de estas personas estaba consideraba como una identidad distinta a la de su par.

-Will Roscoe, Who are the Two Spirits?

La colonización europea trajo consigo los valores cristianos al nuevo continente y sus consecuencias fueron nefastas para la población nativa dos espíritus, comenzando a considerarse a sus miembros como pervertidos y forzados a asumir los roles de género tradicionales. El gobierno de los Estados Unidos actuó directamente con el objetivo de desmantelar la aceptación de la que gozaban los géneros no binarios entre las tribus nativas. Por desgracia, estos esfuerzos tuvieron éxito y las comunidades nativas quedaron contaminadas con la homofobia traída de Europa.

La noción de un tercer género, fluido, masculino y femenino, entró en conflicto directo con las visiones «heterosexuales» de los colonizadores y en 1879, el gobierno de Estados Unidos apartó a miles de personas dos espíritus de sus tribus para enviarlas a centros de reeducación exclusivos para población nativa.

-Samantha Mesa-Miles, Two Spirit: The Trials and Tribulations of Gender Identity in the 21st Century

El intento de exterminio de la población nativoamericana y de sus rituales por medio de la Iglesia y del Estado tuvo como consecuencia la desaparición de muchos de las ceremonias que identificaban y homenajeaban a personas transgénero. Salvo honrosas excepciones, no hay lugar hoy día dentro de las culturas nativas para las transiciones de género. Las tribus han olvidado las enseñanzas dos espíritus y la gran mayoría de sus antiguas prácticas han caído en desuso. Es más, estos roles son hoy en día un fantasma del pasado o un secreto oscuro; las personas mayores que conocen sus historias y enseñanzas temen hablar del asunto por sus experiencias en los centros de reeducación y por otras formas de colonización.

Recuerdo a una persona perteneciente a una de las organizaciones de las que fui cofundadora y que dirigí durante años. Era VIH positiva y transgénero, deseaba volver a casa a morir con dignidad alrededor de su familia y entorno afectivo, así que volvió a casa y nos comunicó que todo había ido bien y había sido bien recibida. Cuando finalmente murió nos dimos cuenta de que la tribu había alquilado una casa fuera de la reserva pues no deseaban mantenerla allí ya que su identidad transgénero no era digna de respeto en la comunidad. Este tipo de conductas son algo común en comunidades remotas que aún se están recuperando de siglos de políticas de genocidio cultural llevadas a cabo por el gobierno del país.

La arrogante y terca resistencia del europeo, judeocristiano, a respetar cualquier género u orientación sexual ajena al binario divino ha eliminado casi completamente la realidad dos espíritus de la faz de la tierra y de la historia. Solo es una línea más de la extensa lista de agresiones perpetradas contra la población nativa en nombre de Cristo.

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Islam y sexodivergencia. De la aceptación al estigma.

Original por Shoaib Daniyal en Scroll, Orlando shooting: It’s different now, but Muslims have a long history of accepting homosexuality.

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Días después de que Omar Mateen cometiera la masacre en una discoteca de ambiente en Estados Unidos con un saldo de 49 víctimas, parece que afloran algunas de sus posibles motivaciones.

Mateen se vanagloriaba de sus vínculos con el Estado Islámico, Al Qaeda y Hezbolá. Sabemos que estos tres grupos están llevando a cabo actividades insurgentes en Oriente Próximo, algunos en otros países, y que también se encuentran mutuamente en guerra por sus antagónicas visiones teológicas. Las investigaciones en los Estados Unidos apuntan que Mateen no parecía entender las diferencias entre estos grupos, un punto que parece contradecirse con la categoría de terrorismo islámico que se había adjudicado al ataque al poco de producirse y casi de inmediato.

Mateen fue abatido por la policía tras abrir fuego en la discoteca Pulse, en Orlando, una masacre que se coloca en primer lugar entre las tragedias de ese tipo en la historia del país.

El asesino, de 29 años, ha sido reconocido como cliente habitual del Pulse e incluso como usuario de una aplicación de contactos homosexuales. Han aparecido informaciones que apuntan que pidió a otros hombres establecer relaciones, junto con las acusaciones de homosexualidad por parte de su esposa, que también incluyó que su padre, inmigrante afgano, se había mofado de su orientación sexual. Unas de las primeras palabras padre de Mateen tras la masacre fue, precisamente, que los homosexuales pueden sufrir el castigo de Dios.

El estigma de la sexodivergencia.

¿Pudo el ataque verse motivado por la orientación sexual de Mateen y la humillación que hoy día acarrea ser homosexual en el mundo musulmán, y no por el terrorismo islamista? “Una sexualidad transgresiva y una interpretación conservadora de la religión pueden ser un cóctel peligroso”, escribe David Shariatmadari en The Guardian. “Si Mateen sufría conflicto por su interés en otros hombres, ¿podría haber sido por la condena que, según él, le impondría su religión?

A la espera de mayor claridad al respecto de las motivaciones de Mateen, es un hecho que las sociedades musulmanas actuales condenan y castigan la divergencia sexual. En la mayoría de países de mayoría musulmana, nadie que profese esa religión puede salir del armario sin arriesgarse a caer bajo el peso del estigma o a sufrir violencia física.

Por otro lado, es importante que dejemos constancia de lo reciente de este brote homófobo. Durante gran parte de su historia, las sociedades musulmanas han sido sobradamente tolerantes en términos divergencia sexual.

Edad de oro.

En el apogeo de la edad de oro del Islam, entre mediados del siglo VIII y el ecuador del siglo XIII, en una etapa histórica en la que se considera que la civilización islámica alcanzó su cénit intelectual y cultural, la divergencia sexual era un elemento del cual se hablaba y escribía públicamente. Abu Nuwas (765-814), uno de los grandísimos poetas clásicos árabes durante el Califato Abasida, escribió públicamente sobre sus deseos y relaciones homosexuales. Su poesía homoerótica estuvo en circulación hasta el mismo siglo XX.

Nuwas fue una figura histórica de importancia, incluso tiene un par de apariciones en El Libro de las Mil y Una Noches, y no fue hasta el año 2001 cuando los árabes empezaron a sonrojarse ante el homoerotismo de Nuwas. En 2001, el ministro egipcio de cultura, presionado por fundamentalistas islámicos, quemó 6000 volúmenes de su poesía.

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Por este tipo de eventos la mayoría de fieles tiene hoy día poco conocimiento de la edad dorada del Islam, por mucho que algunos deseen regresar a ella.

“El ISIS no sabe nada de lo que significaría restaurar el Califato”, twiteó el periodista  belgoegipcio Khaled  Diab. “Habría que llenar Bagdad de licor, de odas al vino, de ciencia… y colocar un poeta gay en la corte.”

Bagdad fue, hasta su destrucción por parte de los mongoles, la capital cultural de gran parte del mundo, la Nueva York de su tiempo. Si Nuwas y su poesía homoerótica representaron el cénit de la cultura bagdadí,  es bastante común que otras sociedades, también musulmanas, se mostraran aperturistas de cara a la sexodivergencia. El historiador Saleem Kidwai incluye en su fabuloso libro Sexodivergencia en India, “El medievo musulmán se encuentra repleto de historias de hombres inclinados hacia el homoerotismo, y generalmente sin ninguna calificación peyorativa”.

Escribir de sexodivergencia.

Es más, no es que las sociedades musulmanas calificaran peyorativamente la sexodivergencia, sino que incluso en ocasiones la alababan abiertamente. Mahmud de Gazni, un destacado sultán de su tiempo (971-1030), fue considerado una figura ejemplar, entre otras cosas, por estar enamorado de otro hombre, Malik Ayaz.

Babur, emperador del Imperio Mogol de India, escribió sobre la atracción que sentía por un joven del bazar en su autobiografía del siglo XVI. Se consideró una obra maestra en el mundo musulmán tardomedieval y renacentista.

En el siglo XVIII, Dargah Quli Khanm, un noble del Decán, en el centro-sur del subcontinente indio de camino a Delhi, escribió un brillante recopilatorio de la ciudad en lo que llamó Muraqqa-e-Delhi (El Álbum de Delhi), en el que describió lo común de la homosexualidad en la sociedad indoislámica. En los bazares había prostitutos que ofrecían libremente sus servicios y Khan recogió su admiración por cómo “bellos jóvenes bailaban por todas partes causando gran excitación”.

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Hasta el siglo XIX, el mundo musulmán trataba la sexodivergencia como cualquier otra parcela de su vida diaria, tanto que se exponían historias de amor homosexual en centros de estudio, algo inconcebible incluso en muchos lugares del mundo occidental actual.

En palabras de Kidwai: “el clásico de Sadi, Gulistán, que contiene historias de atracción sexual entre hombres, era de lectura obligatoria en los centros educativos persas. El poema en lenguas turca, persa, urdu y árabe del poeta Ghanimat Nau rang-i ishq, del siglo XVII, que cuenta la historia de amor entre el hijo del mecenas del poeta y su amado Shahid, formaba parte de las bibliografías obligatorias de los colegios de la región.”

Ley islámica

Es cierto que teológicamente el Islam considera la homosexualidad como un pecado, basándose en la historia coránica de las gentes de Lut (Lot en la biblia). Sin embargo e independientemente de ello, la Shariat, el término paraguas para varios códigos y escuelas de derecho sobre los que se sustentan las sociedades musulmanas, no castiga la sexodivergencia per se: las relaciones sexuales entre hombres se encontraban prohibidas bajo el amplio concepto de adulterio. Incluso así, las penas por homosexualidad solo se dictaban si podían dar fe del acto sexual cuatro testigos. Este requisito tan desproporcionado ha  llevado a estudiosos del islam como Hamza Yusuf a caracterizar la prohibición de la homosexualidad en la Shariat como una especie de “ficción legal”. Es más, a diferencia de la Europa medieval cristiana, el castigo a personas sexodivergentes era excepcional en las sociedades musulmanas de por aquel entonces.

Entonces, ¿qué es lo que llevó a que las sociedades musulmanas pasaran de leer de buena gana poesía homoerótica a prohibir y estigmatizar esta divergencia? Es difícil deducir una razón exacta, pero fijaos en esta coincidencia: hay cinco países musulmanes en los que ser sexodivergente no es delito. Lo que comparten la totalidad de esos cinco, Malí, Jordania, Indonesia, Turquía y Albania, es que nunca fueron colonizados por el Imperio Británico.

Influencia colonial

En 1858, el Imperio Otomano despenalizó la homosexualidad (algo que heredó la actual Turquía), dos años antes de que el Raj británico de la India estableciera el Código Penal Indio, cuyo artículo 377 declaró proscrita la divergencia sexual en lo que hoy día es India, Pakistán y Bangladés.

El código penal de 1860 tuvo tanta influencia que grupos conservadores del país aún  continúan catalogando de inmoral la homosexualidad, y tras 70 años de independencia, el parlamento no ha sido capaz de derogar el texto.

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Subramanian Swamy, diputado del partido Bharatiya Janata, de derechas, llegó a decir que: “la posición del partido al respecto de la homosexualidad es que se trata de un trastorno genético.” Algo especialmente peculiar debido a que el hinduismo, a diferencia del Islam o el Cristianismo, no condena expresamente la divergencia sexual.

Parece que, sin saberlo, el ala más conservadora del mundo musulmán (y del hindú) está copiando los usos y costumbres del colonialismo victoriano del XIX ignorando su propia historia. Por otro lado, y contrariamente a su costumbre, las culturas del occidente europeo están optando hoy día por garantizar progresivamente los derechos de sus gentes independientemente del género por el que se sientan atraídas.

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Desmontando el mito de “la homosexualidad no es cosa de África”.

Original por Abel Shifferaw en OkayAfrica, Disscting The “Homosexuality is Un-African” Myth

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).Mastaba-tomb-of-the-brothers-Niankhkhnum-Khnumhotep-egypt-715x537.jpgKhnumhotep and Niankhkhnum.

Aunque tipos como el matusalén zimbabuense Robert Mugabe defiendan que la homosexualidad es algún tipo de embrujo tribal del que el occidente imperialista hace uso para destruir a la población africana a través del sida, lo cierto es que bueno, más bien no, amigo.

Intentare mostraros aquí muy brevemente algunos hechos para que luego consideréis lo verídico de esta conspiración imperialista, aquí van:

El Afrobarómetro, una red panafricana e independiente controlada por personas del continente negro que dirige encuestas públicas de tendencia sobre democracia, gobierno, condiciones económicas y similares, hizo público recientemente un informe basado en cincuenta mil entrevistas realizadas en más de treinta países del continente con el título ¿Buenos vecinos? El pueblo africano muestra un alto nivel de tolerancia para la mayoría de convecinos, pero no todos. La mayoría representaban inmigrantes, personas de otra religión y etnicidad; no todos eran las personas de la comunidad LGBTQ. De las personas encuestadas, solo el 21 por ciento contestó que le resultaba indiferente vivir al lado de alguien sexodivergente.

Este tipo de tendencias son consecuencia de una última oleada de leyes restrictivas hacia la comunidad sexodivergente a lo largo del continente. Una de ellas se aprobó en Uganda en 2014 y condena a toda persona acusada de homosexualidad a cadena perpetua. En Nigeria está penado con 14 años el sentirte atraído por tu mismo género. Por la misma, puedes asesinar a alguien y ser culpable de homicidio involuntario, que la pena impuesta será menor. En 2014, Chimamanda Ngozi Adichie, novelista nigeriana, escribió al respecto de la nueva legislación restrictiva de su país: un crimen lo es por una razón, hay víctimas. Un crimen hace daño a una sociedad, ¿en qué se basan para considerar la homosexualidad un crimen? Las personas no causan perjuicio a una sociedad por su forma de amar o a quién aman. Esta ley no prevendrá el crimen, al contrario, promoverá crímenes de odio, y ya los hay actualmente; en muchos lugares de Nigeria se están llevando a cabo ataques contra personas sospechosas de homosexualidad.

El mes pasado, a Akinnifesi Olumide Olubunmi, hombre acusado de homosexualidad en el Estado de Ondo, Nigeria, una turba, vistiéndose a la vez de jurado, juez y verdugo, le sometió a linchamiento hasta causarle la muerte.

El informe del Afrobarómetro da constancia de que el podio del país menos tolerante se lo lleva Senegal, con un 3 por ciento de senegaleses a los que no les importaría vivir pared con pared con un o una homosexual. Esto suma un total de 97 por ciento de senegaleses contrarios a convivir en su vecindario con personas LGBTQ. Guinea va segunda y luego ya Burkina Faso, Níger, Malawi y Sierra Leona, con un ínfimo 6 por ciento de tolerancia. Los países más tolerantes, por el contrario, son Cabo Verde, con un 74 por ciento al que no le molesta convivir con homosexuales; Sudáfrica, con un 67 por ciento y Mozambique con un 56.

afrobarometer-tolerance-in-africa-survey-copy-715x373Del informe de Afrobarómetro: ¿Buenos vecinos? El pueblo africano muestra un alto nivel de tolerancia para la mayoría de convecinos, pero no todos.

Muy bien, ahora pongámonos las boinas de viajar en el tiempo y busquemos la primera relación (presuntamente) homosexual de la que tenemos registros en toda la historia. Buf, follón, a Mugabe esto no le va a molar. Nos vamos hasta el Antiguo Egipto, en el continente al que Mugabe llama hogar, en torno al 2400 A.C., como diez años antes de que naciera el bueno de Robert. Conocemos a Khnumhotep y Niankhkhnum, supervisores de manicura en el palacio del Rey Niuserre, durante la quinceava dinastía de los faraones de Egipto. Ojo, que aunque soy partidario de que la imposición de género y sus roles imperativos desaparezcan, sé que en muchos círculos, especialmente al que pertenece Mugabe, las asignaciones de estos muchachos, podrían ser muestra clara de su orientación sexual.

En antiguos murales aparecen reflejados dos hombres abrazándose y frotándose nariz con nariz, algo equivalente a besarse para el Egipto antiguo. Sus nombres cambiaron en algún momento de la historia y a la traducción Niankhkhnum significaría unido a la vida y Khnumhotep significaría unido al sagrado estado de la muerte. Sí, y sus nombres juntitos significaría algo así como unidos en vida y unidos en muerte.

Pese a que ambos provenían de familias heteronormativas, de lo mono del significado de sus nombres juntos y del hecho de que hicieran real su promesa y consiguieran ser enterrados juntos, existe un intenso debate en el seno de la egiptología al respecto de la naturaleza de su relación y su orientación. Según encuestas del Centro de Estudios Pew de 2013, el 95 por ciento de la población egipcia actual rechaza abiertamente la homosexualidad.

El concepto de que la homosexualidad no existía en África antes de la avalancha colonial europea es falsa; es más, fueron los colonialistas europeos los primeros en legislar la penalización de la sodomía o la homosexualidad por todo el continente, sustentando su supuesta guía moral en textos como la Biblia. Antes de la imposición de estos códigos, personas homosexuales y trans ya existían y vivían acorde a los grados de tolerancia de sus respectivas sociedades. Bueno, y de hecho, ahora que lo pienso, sí que existe esa conspiración de la que hablaba al principio, pero de una manera distinta a la que pensamos: lo único invasivo en África no es la homosexualidad, es la homofobia. Y si vamos más allá, podemos argumentar que decir que algo no es africano es algo típicamente reduccionista si tenemos en cuenta el enorme tamaño y diversidad del continente.

En noticias recientes que nos llegan de Kenya, los derechos LGBTQ, algo que el presidente Kenyatta proclamó que no era algo que debatir, al final sí, es algo (que ya era, por cierto) que debatir. Las autoridades solicitaron el bloqueo del acceso a través de Google a una versión interpretada por un grupo de rap nigeriano del himno en favor de la sexodivergencia de Macklemore y Ryan Lewis porque no acataba la moral del país.

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¿Quiénes fueron las brujas? – Terror patriarcal en la gestación del capitalismo. (Parte 1).

Original por Alex Knight en The End of Capitalism, Who Were the Witches? Patriarchal Terror and The Creation of Capitalism

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Esta temporada no hay libro que desee más recomendar que el brillante Calibán y la Bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria de Silvia Federici, donde nos cuenta el oscuro fenómeno de la caza de brujas que arrasó Europa durante más de 200 años. Federici, sacando a la luz este pedazo de historia oculta, nos muestra los orígenes del capitalismo en su brutal opresión a la masa trabajadora (representada por el shakesperiano Calibán) y también, sorprendentemente, en la despiadada subyugación de la mujer. También saca a la luz los gigantescos y coloridos movimientos campesinos de Europa que presentaron oposición ante las injusticias de su tiempo, conectando su derrota con la imposición de un nuevo orden patriarcal que provocó un cisma entre hombres y mujeres de clase trabajadora. Hoy día, cuando cada vez más y más gente pone en duda le eficacia de un sistema capitalista que ha arrojado al planeta en una gran crisis, Calibán y la Bruja se presenta como una lectura ineludible para comprender la traumática violencia y la desigualdad de la que el capitalismo se ha nutrido desde su creación.

¿Quiénes eran las brujas?

Es probable que aquellos padres y madres que les dan un sombrero puntiagudo a sus retoños la noche de Halloween nunca se hayan parado a reflexionar sobre ello, al margen de considerar a las brujas como otro icono de la cultura popular más al nivel del monstruo de Frankenstein o Drácula. Sin embargo, en lo más profundo de este ritual yace una historia oculta que puede explicarnos varias cosas de nuestro mundo, ya que su legado aun nos afecta 500 años después. En su libro, Federici nos lleva al pasado para mostrarnos cómo la misteriosa figura de la bruja es clave para la comprensión de la aparición del capitalismo, el sistema basado en la obtención de capital que hoy día domina el mundo.

Durante los siglos XV, XVI y XVII el miedo a las brujas dominaba la vida en Europa y en la América colonial hasta tal punto que cualquier mujer que se enfrentara a una acusación de práctica de brujería podía verse sometida a la más cruel de las torturas para obtener su confesión, o simplemente ser ejecutada en base meras sospechas, algo que era habitual al no existir en muchas ocasiones ningún tipo de prueba. La autora comenta que «durante más de dos siglos, en varios países europeos, cientos de miles de mujeres fueron juzgadas, torturadas, quemadas vivas o colgadas bajo la acusación de haber vendido su cuerpo y alma al diablo, de, mediante hechicería, haber causado la muerte a niños, bebido su sangre, elaborado pociones con sus despojos, provocado la muerte a vecinos, destruido cosechas o ganado, desatado tormentas y otras muchas abominaciones», p. 169.

En otras palabras, cualquier inconveniente que ocurriera en cualquier momento de la época era susceptible de ser producto de las brujas. Así que, ¿de dónde surgió esta avalancha de histeria que se llevó las vidas de tantas desgraciadas mujeres, muchas de las cuales es bastante probable que nunca volaran montadas en escobas ni cocinaran con ojos de tritón en grandes calderos?

Calibán subraya que la caza de brujas no fue una anécdota de manos de un grupo de campesinos ignorantes, sino una política planificada por el Estado y la Iglesia, los estamentos gobernantes de la sociedad. Para que lo comprendamos mejor en perspectiva: la brujería actual no sería causa en absoluto de alarma, pero el pánico a las células terroristas durmientes que podrían operar en cualquier momento porque odian nuestra cultura es el pan nuestro de cada día. Nada que nos sorprenda: políticos y medios de comunicación han estado metiéndonos con sacacorchos este mensaje en nuestras cabezas durante años, aunque el terrorismo cause menos muertos que, por ejemplo, la falta de acceso a sanidad. Y así como el pánico al terrorismo ha dado legitimidad a los poderes fácticos actuales para rediseñar Oriente Medio, el libro da cuenta de cómo los poderes fácticos de entonces inventaron y explotaron el miedo a las brujas para rediseñar la sociedad europea en un nuevo paradigma que satisficiera sus intereses.

Es interesante comparar cómo ambas cruzadas han hecho uso de la táctica que se conoce técnicamente como dominio rápido (Shock and Awe), con el objetivo de confundir a la población con una enorme exhibición de fuerza, suavizando así la oposición a la implantación de reformas drásticas e impopulares. Con la caza, esta terapia del shock se aplicó mediante la quema de brujas, espectáculos de tal violencia que paralizaban pueblos y regiones enteras para inducirlos a que aceptaran los elementos fundamentales de la reestructuración de la sociedad medieval. Federici describe una quema cualquiera como un «importante evento público al que todos los miembros de la comunidad debían asistir , incluyendo a los hijos e hijas de las condenadas, particularmente a sus hijas, a las cuales, en ocasiones, se les propinaba una sarta de latigazos frente a la hoguera en la que veían su madre arder viva», p. 186.

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La quema de brujas fue la versión moderna de la táctica de dominio rápido.

El libro argumenta que este tipo de cruentas ejecuciones no tenían como objetivo únicamente castigar a las brujas, sino mostrar gráficamente las consecuencias de cualquier tipo de desobediencia al clero o a la nobleza. Más en concreto, la quema de brujas pretendía aterrorizar a las mujeres para que aceptaran un «nuevo orden patriarcal en el cual su cuerpo, su fuerza de trabajo y su poder sexual y reproductivo quedara a disposición del estado y fuera transformado en capital económico», p. 170.

Federici hace hincapié en que hasta el siglo XVI, aun viviendo en una sociedad sexista, las mujeres conservaban una independencia económica sustancial al respecto del hombre que en el capitalismo ha desaparecido, donde los roles de género están más diferenciados. «Si tenemos en cuenta que en la sociedad medieval  las relaciones colectivas preponderaban frente a las relaciones familiares y que la mayoría de tareas de las mujeres siervas (lavado, hilado, recolección y cuidado de los animales) se llevaban a cabo en cooperación con otras mujeres podemos deducir que esto representaba una fuente de poder y protección para las mujeres. Era la base de una intensa sociabilidad femenina y de una solidaridad que otorgaba a las mujeres poder para resistir al hombre».

La caza de brujas dio comienzo a un periodo en el cual las mujeres fueron forzadas a convertirse en lo que ella ha denominado «siervas de la fuerza de trabajo masculina», p.115 y verse así excluidas de obtener un salario. Se las recluyó en el gratuito cuidado de menores, mayores y enfermos, en la alimentación de sus maridos o parejas y en el mantenimiento del hogar. En palabras de Federici, esta fue la reclusión doméstica femenina, la imposición de un estatus de segunda clase en el cual las mujeres se encontraban totalmente sometidas al salario del hombre, p.27.

La autora más adelante nos muestra cómo la sexualidad femenina, considerada entonces una fuente de poder femenino sobre el masculino, comenzó a caer bajo sospecha y se convirtió objetivo militar de las autoridades. El asedio dio comienzo mediante nuevas leyes que eliminaron el control de las mujeres sobre el proceso reproductivo, tal como los métodos anticonceptivos  y la sustitución de matronas por obstetras hombres, así como la prohibición del aborto y el infanticidio. Federici considera esto un intento para convertir el cuerpo de las mujeres en una «máquinas productoras de niños para el Estado», de tal manera que el único objetivo vital al que toda mujer debía aspirar fuera la reproducción, p. 144.

Aun con todo, comprendemos que esto solo es una parte de un gran plan elaborado por Iglesia y Estado para eliminar todas las formas «improductivas» de sexualidad. Por ejemplo, «la homosexualidad, el sexo entre personas jóvenes y mayores, el sexo entre personas de distinta clase, el coito anal, el sexo a cuatro patas, el nudismo y las danzas. También se suprimió la sexualidad pública y colectiva tan en boga durante el Medievo, como en los festivales de primavera de origen pagano que aún se celebraban por toda Europa en el siglo XVI.», p. 194. En este punto, la caza de brujas atrapó no solo a la sexualidad femenina sino a la homosexualidad y a la disconformidad de género, colaborando en la elaboración del cisma sexual patriarcal que nos define hoy como sociedad.

Capitalismo – Nacido de entre las llamas

Lo que destaca a Calibán de otros trabajos que han explorado el fenómeno brujería es que el libro coloca la caza de brujas dentro del contexto del desarrollo del capitalismo. Para Federici, no fue ningún accidente que «la caza de brujas ocurriera de manera simultánea a la colonización y el exterminio de poblaciones del Nuevo Mundo, el cercamiento en Inglaterra o el comienzo del comercio de esclavos», p.164. Para ella, este cúmulo de tragedias, aparentemente inconexas, fueron instigadas por la élite europea cuando el capitalismo aún se encontraba en gestación, a lo largo de los siglos XV al XVII. Muy contrariamente a la ortodoxia del dejar-hacer, que propugna que el buen funcionamiento del capitalismo se basa en la no intervención estatal, Federici propone que fue precisamente la violencia estatal a través de estas campañas la que sentó las bases del capitalismo económico.

Illustration of Joan of Arc Being Burned at the Stake

Una nueva era surgió de entre las llamas de la caza de brujas.

Por suerte para el lector o lectora, en caso de que no esté familiarizada con este periodo histórico, Federici da a conocer estos eventos mediante un lenguaje claro y accesible. Hace hincapié en las políticas de cercamiento porque su importancia se ha diluido  a lo largo del tiempo.

La mayoría no recordamos que durante el Medievo, antes del cercamiento, incluso lo más bajo de la servidumbre poseía su pedazo de tierra para uso personal. Federici añade que «con el uso de la tierra también llegó el uso de zonas comunitarias como prados, bosques, lagos, pastos salvajes, las cuales proveían al campesinado de recursos cruciales para su economía (leña como combustible, madera para construcción, estanques para pescar y zonas de pastoreo para animales que fortalecieron la cohesión comunitaria y la cooperación », p. 24. Este acceso a la tierra suponía un colchón para el campesinado a través del cual obtenían una seguridad que de otro modo debían obtener del designio de su señor. Podían cultivar su propio alimento y cazar en abundantes bosques que aún permanecían en pie por aquel entonces, lo que junto a su conexión con las zonas comunitarias les otorgó un territorio en el que organizar movimientos de resistencia y economías alternativas ajenas al control de sus amos.

El cercamiento fue un proceso mediante el cual la tierra era sustraída por el Estado, dividida en lotes y entregada a especuladores que buscaban obtener un beneficio a través del pastoreo de rebaños de ovejas o vacas o de la agricultura a gran escala. En lugar de usarse para subsistencia, como hasta entonces, el botín catastral se vendía en los frágiles mercados nacionales o internacionales. Una nueva clase de terratenientes capitalistas emergió, mientras, en su contraparte más oscura, el campesinado desahuciado era víctima del trauma de la desposesión. En palabras de Federici: «tan pronto se vieron privados del acceso a la tierra, toda esta clase trabajadora cayó presa de una dependencia desconocida  durante el Medievo, ya que su condición de campesinado desposeído permitió a sus empleadores reducirles los salarios y extender su jornada», p.72.

Para Federici, la consecuencia del cercamiento fue la creación de una clase trabajadora desposeída, sin propiedades ni tierra, un proletariado sin más opción que trabajar por un salario para sobrevivir, constituyéndose el trabajo asalariado como elemento troncal del capitalismo.

Excluidas de su hogar tradicional, muchas comunidades se disolvieron por toda la campiña en busca de nuevas fincas. Así, el Estado contraatacó con el llamado Código Sangriento, que convirtió en legal la captura de vagabundos errantes para forzarles a trabajar por un salario o ser ejecutados. El resultado, para Federici, es claro: «el empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora europea. Una prueba de ello es el cambio en su dieta. La carne desapareció de sus mesas, con la excepción de algún resto de manteca, así como la cerveza y el vino, la sal y el aceite de oliva.», p.77.  Y aunque esta clase empezó a trabajar durante más horas al servicio de sus nuevos amos capitalistas, el nivel de vida cayó en picado durante todo el siglo XVI y no fue hasta el siglo XIX cuando los ingresos alcanzaron de nuevo el nivel de antes del cercamiento.

Según Federici, la caza de brujas fue de vital importancia en este proceso de empobrecimiento al introducir un cuño sexista en el seno de la clase trabajadora que minó la solidaridad de clase, dificultando la resistencia de estas comunidades al verse desplazadas de sus tierras, p. 48. Mientras que las mujeres sufrían la amenaza de horribles torturas y muerte si no se adaptaban a los nuevos y sumisos roles de género, a los hombres se les sobornaba con la promesa de unas esposas dóciles y un nuevo acceso al cuerpo femenino. También se cita que «otro aspecto de la política de división sexual para difuminar la protesta de la clase trabajadora fue la institucionalización de la prostitución, implementada mediante la apertura de burdeles municipales por toda Europa», p.49. Junto a la prostitución, la legalización de la violencia sexual otorgó más aprobación a la explotación del cuerpo de las mujeres. Explica que «En Francia, las autoridades municipales en la práctica despenalizaron la violación, siempre y cuando las víctimas fueran mujeres de clase baja», p-47. Con esto dio comienzo lo que Federici gusta de llamar «movimiento proviolación de facto», colocando a las mujeres en una posición difícil si deseaban salir de casa.

Los juicios por brujería fueron el asalto final, mediante los cuales la integridad de las comunidades campesinas fue totalmente destruida gracias a la promoción en su seno de la sospecha y el miedo. En cada vez peores condiciones, se animaba a los vecinos a volverse los unos contra los otros para que cualquier insulto o molestia presentara base para una denuncia por brujería. Sondeando todo este perjuicio, Silvia Federici concluye que «la persecución de las brujas, en Europa y el Nuevo Mundo, tuvo la misma importancia que las colonizaciones y le expropiación del campesinado europeo en el desarrollo del capitalismo».

1 – Estudiantes de Harvard publicaron un estudio el 17 de septiembre de 2009 en el que defendían que aproximadamente 45.000 estadounidenses mueren anualmente por falta de acceso al sistema médico, una proporción bastante mayor que los asesinados el 11 de septiembre en los ataques terroristas al World Trade Center. Más información en este enlace: http://www.reuters.com/article/healthNews/idUSTRE58G6W520090917

2 – Dominio Rápido, Wikipedia. En línea. http://en.wikipedia.org/wiki/Shock_and_awe.

3 – La estrategia de la doctrina del shock ha sido analizada con detalle en diversos casos por Naomi Klein en su excelente La Doctrina del Shock: El auge del capitalismo deldesastre. Metropolitan Books 2007. Por ejemplo, cuenta que la devastación por parte de Estados Unidos de la infraestructura social de Irak, entre la que se encontraban hospitales, escuelas y sistemas de suministro de alimentos y agua dejó en tal estado de trauma a la población iraquí que carecieron de fuerza de movilización para prevenir la privatización de la riqueza petrolera del país.

4 – Más información de las consecuencias de la caza de bruja en la dominación masculina de la reproducción y la medicina en Brujas, Parteras y Enfermeras: Una historia de sanadoras de Bárbara Ehrenreich.

5 – El punto más alto en el que se encontraron los salarios ocurrió poco antes del siglo XVI (en torno a 1450) y su punto más bajo fue en sus postrimerías (en torno a 1650). Su caída durante el siglo XVI fue abruptísima. The Modern World-System. Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century. New York: Academic Press, 1974. pg. 80.

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Binarismo de género

Del original en la wiki de Social JusticeGender Binary.

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Si no se nos asignara forzosamente un género…[1]

«No pertenezco a ningún género. Es decir, científicamente pertenecemos a múltiples géneros, pero es imposible de decir. Algunas de nosotras pueden criar hijas más fácilmente que otras, algunas tenemos más masa muscular, nuestros órganos sexuales que varían en tamaño y efectividad, algunas tenemos más estrógenos, otras más testosterona, etc. Nuestras características psíquicas y de comportamiento son el resultado de todo lo anterior, junto a nuestra experiencia vital,  y clasificarlas así es simplista. Cada persona pertenece a su propio y único género ¿en tu raza no pasa lo mismo?»

El binarismo de género es aquella construcción social que categoriza de manera dicotómica las actividades, comportamientos, emociones, modales y anatomía humanos en masculino y femenino. Es uno de los principales pilares del patriarcado.

El binarismo defiende que solo existen dos géneros, masculino y femenino, y dos tipos de ser humano, varón y hembra. Se suele añadir el corolario de que el género puede diagnosticarse mediante observación externa, no mediante autoidentificación, y en frontal oposición a la misma.

Esta estricta división de la vivencia humana en dos ámbitos de género mutuamente excluyentes es una falacia que no se sostiene mediante ningún argumento científico. A pesar de ello, a todas las personas se nos asigna un género al nacer, por mediación de ascendientes, personal médico o cultura. Lo que determina una asignación u otra es, en la mayoría de los casos, la presencia de un pene o de una vagina. Si un recién nacido es intersexual, se le será diagnosticada una patología prácticamente sin excepción, y se le someterá a cirugía para que sus órganos reproductivos se asemejen más a los de un extremo u otro del espectro.

Detalles históricos

Este  concepto tiene su origen en la invención patriarcal de la normalidad de género durante la época moderna, en el marco de las grandes colonizaciones, un hecho reciente históricamente. En las sociedades modernas, el poder institucional ha intentando por todos los medios reforzar el binarismo de género a expensas del sufrimiento, dolor y de las mismas vidas de personas transgénero, intersexuales y no binarias.

Hoy-comienza-el-Congreso-Internacional-sobre-Identidad-de-Genero-y-Derechos-Humanos

Diadismo

Ver artículo principal de este tema: Diadismo.

Los genitales de las personas intersexuales, al nacer, no se asemejan a las ideas sociales preconcebidas sobre a qué debe parecerse un cuerpo leído como masculino y otro leído como femenino. Debido a este hecho, estas personas son obligadas a someter sus genitales a intervenciones quirúrgicas hasta que su forma y tamaño comienzan a asemejarse a lo que propugnan esas ideas. A las personas intersexuales, al igual que al resto, se les asigna forzosamente un género; sin embargo y en su caso particular, esta asignación (normalmente basada en la forma de sus genitales) solo puede llevarse a cabo si se pone en práctica una intervención quirúrgica.

Esta normalización genital forzosa y violenta es un efecto más del binarismo de género, uno especialmente despiadado. Cuando la lógica binaria se extiende a nuestra anatomía, (hecho conocido como diadismo (dyadism)), la vida de muchas de estas personas se ve afectada perjudicialmente por la denominada cirugía genital correctiva o normalizadora, que, junto al  tratamiento hormonal forzoso que esta conlleva, acaba en muchas ocasiones despojándoles de su capacidad para el disfrute sexual.

En ocasiones, a algunos niños intersexuales (nacidos con penes pequeños o con los testículos sin descender) se les ha sometido a intervenciones genitales durante su infancia en base a la consideración de que, como hombres, un pene pequeño podría ocasionarles infelicidad, pero que, sin embargo, lo tenían todo para ser felices como mujeres: «agujeros lo suficientemente grandes como para albergar un pene adulto de tamaño medio.» (La cita proviene de uno tantos artículos médicos que me leí para mi Proyecto de Fin de Carrerea en la Universidad de Berkeley.). A pesar de haber sido sometidos a castración a cambio de un par de enormes pechos obtenidos gracias a medicación estrogénica, se sintieron varones durante todas sus vidas. Muy tristemente, los propios médicos les dijeron a sus padres que negaran  rotundamente la existencia de la intervención para que las modificaciones sexuales surtieran efecto, psicológicamente hablando. Nunca lo hicieron; durante toda su vida sufrieron trastornos psicológicos y cargaron con la sensación de haber sido profundamente traicionados por sus padres.

Por otro lado, a algunas mujeres que, como yo, que nacieron con grandes clítoris, se les fue extirpado o se les redujo mediante sesiones de cirugía cuyos efectos, según afirmaciones rotundas del personal médico, no influirían negativamente en su sensibilidad sexual. Jamás se me olvidará la historia que me contó una de las víctimas de esta operación. Habló sobre lo complicado que le había resultado siempre mantener relaciones sexuales con hombres debido a su falta de estimulación sexual, pero que si se sentaba en el suelo y ponía en contacto su área genital con un tacón o su propio pie, tras más o menos diez minutos, comenzaba a sentir cierto tipo de excitación, la cual se preguntaba si sería similar a la que experimentaban otras mujeres en fases de excitación sexual. Todavía me entristezco cuando pienso cómo a esta mujer le fue arrebatada una vida de placer e intimidad tan solo porque alguien consideró que su clítoris no era lo suficientemente femenino. [3]

Ver también

Enlances externos

Referencias

  1. Jump up↑Alien Contact – A Comic on Gender Roles
  2. Jump up↑Lugones, Maria (2007). Heterosexualism and the Colonial / Modern Gender System Hypatia, Volumen 22, Número 1, Invierno 2007, pp. 186-209 | 10.1353/hyp.2006.0067.
  3. Jump up↑Dispelling The Myths: My Experience Growing Up Intersex and Au Naturel, de Hida Viloria

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El patriarcado no está solo: el kyriarcado 101.

Del orignal de Sian Ferguson en Everyday FeminismKyriarchy 101: We’re not just fighting the patriarchy anymore.

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Si estás familiarizada con el feminismo, seguramente conocerás el término patriarcado, el orden social que otorga privilegio a los cuerpos leídos como hombre y oprime a aquellos leídos como mujer. Es un término muy útil para dar nombre a la institucionalización del privilegio masculino.

Sin embargo, el feminismo ha evolucionado, su preocupación ya no es únicamente el privilegio masculino.

Ahora tenemos en cuenta, por suerte y muy acertadamente, los privilegios y opresiones de los que disfrutamos o sufrimos todas las personas.

El feminismo interseccional, término creado en 1989 por Kimberlé Crenshaw, catedrática de la Universidad de California especializada en temas de género y etnia, lucha contra el orden social que otorga privilegio y oprime a la gente en términos de étnica, género, lengua, clase social, orientación sexual, funcionalidad, cultura, etc.

El feminismo interseccional defiende que la opresión puede afectarnos a partir de diferentes formas. Alguien no es víctima de opresión o goza de privilegio de manera excluyente; todas podemos ser opresoras y privilegiadas al mismo tiempo debido a múltiples caras de nuestra identidad.

Por ejemplo, alguien puede gozar de privilegio por el hecho de ser cisgénero, blanca, delgada y a la vez estar oprimida por ser homosexual, funciodiversa y habérsele asignado mujer al nacer.

No hay duda de que necesitamos un término nuevo para describir el complejo orden social que mantiene el statu quo de unas opresiones vinculadas interseccionalmente. Kyriarcado es una palabra excelente para esto; se encuentra más acorde con el feminismo interseccional y reduce los problemas que sí causa la palabra patriarcado.

Kyriarcado 101

El término kyriarcado (kyriarchy) aparece por primera vez en el libro de Elisabeth Schussler Fiorenza, Wisdom Ways: Introducing Feminist Biblical Interpretation (Alcanzando el conocimiento: Introducción a una interpretación feminista de la Biblia), publicado en 2001. En su glosario, el kyriarcado aparece definido como:

«un neologismo derivado de las palabras griegas “señor” o “amo” (kyrios) y “gobernar o controlar” (archein) que busca redefinir la categoría analítica del patriarcado en términos de estructuras múltiples e interseccionales de dominación. El kyriarcado, explicado en mejores términos teoréticos, es un complejo sistema piramidal formado por múltiples estructuras de superioridad jerárquica y subordinación, de dominación y opresión, vinculadas interseccionalmente.»

En otras palabras, el kyriarcado es un sistema social que mantiene el statu quo de unas opresiones vinculadas interseccionalmente.

En el glosario del mismo libro, la autora remarca que «la idoneidad teorética del patriarcado zozobra porque, por poner un ejemplo, los hombres negros no ejercen dominación sobre hombres y mujeres blancas».

No puede tener más razón.

Si seguimos el hilo del ejemplo anterior, pongámonos en la siguiente situación: imaginémonos a dos personas, una es una mujer blanca, cisgénero, heterosexual y normativamente funcional. La teoría del patriarcado nos diría que la mujer es la  oprimida mientras que el hombre es el privilegiado.

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No hay duda:  la mujer se encontrará oprimida por el hecho de ser mujer y que el hombre ostentará ciertas formas del privilegio masculino. Sin embargo, no es así de sencillo.

En esta situación, el hombre carecería de poder o privilegio económico, social y político sobre la mujer. Si asumimos que el hombre ejerce dominación y que la mujer sufre opresión sin tener en cuenta ningún otro factor estaremos eliminando el resto de facetas de su identidad.

No quiero decir con esto que el privilegio masculino no se aplique en absoluto en determinados contextos, lo que quiero decir es que la ostentación del privilegio masculino es dinámica y depende de otras identidades.

Utilidades del kyriarcado en el feminismo interseccional

La opresión no solo es discriminación, también es sufrir represión institucional y sistemática.

Por ejemplo, la opresión basada en términos de género no solo se limita a alguien que hace un chiste sobre que las mujeres no deberían salir de la cocina, es que a las mujeres se les haya negado el mismo acceso durante siglos a la educación, al mercado laboral, a un salario ecuánime, a servicios de salud reproductiva y a igualdad ante la ley.

También lo es es la violencia de género que sistemáticamente sufren las mujeres.

También lo son las instituciones como los medios de comunicación, los sistemas educativos, la política, la legislación y los grupos publicitarios, que conciben a las mujeres como seres débiles, excesivamente emocionales, carentes de libido, irracionales y superficiales.

Tambien lo es el reforzamiento de los estereotipos de todos los sexos que fomentan estas instituciones.

También lo es extender entre la gente el mensaje social de que un género es superior mientras que los demás se encuentran por debajo. Es la represión social, política y económica de las mujeres.

La opresión no se limita a incidentes aislados, es un cúmulo de incidentes, costumbres, culturas y tradiciones que refuerzan la dominación de un grupo sobre otro.

Los movimientos de liberación que se precien consideraran la opresión como sistemática. Estos movimientos tienen en cuenta que la opresión solo puede erradicarse mediante un cambio radical y holístico.

Por todo esto, necesitamos denominar la institucionalización de las opresiones; algo que las feministas tradicionalmente han denominado patriarcado.

El feminismo institucional se ha preocupado por lo general y únicamente por la desigualdad de género; sin embargo, el feminismo interseccional tiene como objetivo luchar contra todas las formas de desigualdad. El término kyriarcado tiene ahora más sentido al adecuarse en mayor medida al feminismo interseccional.

  1. Reconoce que la opresión en términos de género no es la única opresión que existe.

Nunca alcanzaremos la igualdad si solo nos ceñimos al sexismo. El sexismo no es el principio y el fin de la desigualdad, así que ¿por qué considerar que el sistema únicamente sostiene la desigualdad de género?

En oposición al término patriarcado, que solo abarca el sexismo institucionalizado, el kyriarcado abarca todas las formas de desigualdad.

Para alcanzar una igualdad plena y certera, tenemos que enfrentarnos a la opresión sistemática de todos los grupos sociales.

  1. Reconoce que una persona puede a la vez beneficiarse y estar oprimida por el sistema.

Sufro opresión por el hecho de habérseme asignado mujer al nacer; sin embargo, ostento privilegio por el hecho de ser blanca. Sufro opresión y ostento privilegio a la vez, y puedo enfrentarme a la opresión que se me aplica mientras perpetúo la ajena. El concepto de kyriarcado nos dice que podemos a la vez ostentar privilegio y sufrir opresión. También nos recuerda que, al existir diferentes tipos de opresión, podemos luchar contra una forma de la misma mientras perpetuamos otra.

Es este un hecho que particularmente ha tenido lugar en los movimientos mayoritarios a favor de los derechos de los homosexuales. Estos movimientos han excluido sistemáticamente a personas trans*, intersexuales y polisexuales. La lucha por los derechos de los homosexuales en Sudáfrica tiene un historial de exclusión sistemática de personas no blancas y de personas de clases bajas. También le ocurre al feminismo institucional: ha dejado fuera tradicionalmente a las personas trans* y a las mujeres no blancas.

En ambos casos, la lucha de ambos movimientos se ha concentrado en la opresión de un grupo de gente mientras que a los demás les ha dejado que se los coman los leones, por decirlo mal y pronto. He aquí la demostración de que un movimiento puede a la vez luchar contra una opresión y al mismo tiempo, ejercerla.

Un grupo de personas puede estar luchando contra una forma de opresión mientras hace uso de sus privilegios para oprimir a otras. Podemos ser víctimas y agresoras al mismo tiempo.

La interseccionalidad nos recuerda lo limitado de luchar solo contra una forma de opresión.

Debemos ser lo más inclusivas posibles si de verdad queremos hacer frente a la desigualdad. Repito de nuevo; por estas razones no basta con que nos enfrentemos a una forma de opresión sistemática, el patriarcado, sino a todas las formas de opresión, el kyriarcado.

  1. Podría explicar por qué muchas oprimidas son cómplices de su propia opresión.

Nadie es exclusivamente agresor o víctima en el kyriarcado.

Como he explicado antes, la mayoría de la gente ocupa las dos categorías; la mayoría de grupos sociales se caracterizan por contener en su seno a miembros con poder sobre otros grupos sociales.

Hay gente que no desea enfrentarse a las estructuras sociales que las oprimen, principalmente porque saben que enfrentarse a esas estructuras les obligará a cuestionarse y a perder el poder sobre otros grupos. En palabras de Lisa Factora-Borchers:

Cuando nos ponemos a analizar el kyriarcado, descubrimos que hay vida más allá de los hombres ricos, de clase alta, blancos y cristianos, que, personalmente. a mí no me parecen los más peligrosos. Hay un mogollón de gente en los escalones inferiores de la pirámide con mayor interés en perpetuar su lugar en el sistema que en ponerlo todo patas arriba.

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Esta gente de la que habla la autora, es aquella gente de clase media-baja saturada de trabajo que se opone a la renta básica para las personas sin recursos. Esta gente también son las mujeres cishetero que huyen del feminismo considerándolo un movimiento solo para lesbianas y trans.

No sé si será por avaricia o por pura supervivencia, pero la gente tendemos a adherirnos al mismo sistema que nos escupe día a día.

  1. Coloca en el mapa a las personas no binarias.

El concepto de patriarcado siempre se ha caracterizado por una concepción binarista del género. Viene a decir que o se es hombre, privilegiado, o mujer, oprimida.

Sí, sistemáticamente, los hombres ostentan privilegio frente a las mujeres; sin embargo, ¿qué pasa con la gente que no se identifica como ninguno de los dos géneros binarios (genderqueer)? El concepto de patriarcado no tiene en cuenta que las mujeres cisgénero ostentan privilegio frente a la gente no binaria.

El kyriarcado, por otro lado, sí tiene en cuenta a todas esas personas que conforman el amplio abanico de género, así como el privilegio cis.

  1. Reconoce la interseccionalidad de las opresiones.

El término patriarcado aun puede sernos de utilidad cuando hablamos de relaciones de género. También puede serlo si hablamos de una determinada cultura: por ejemplo, puedo decir que la cultura de las personas blancas y de clase media de Ciudad del Cabo es patriarcal, ya que el control de los hombres frente a las mujeres está profundamente arraigado.

No obstante, visibilizar las relaciones de género sin tener en cuenta otras formas de opresión institucionalizada es muy simplista. Quedarnos solo en el análisis de género elimina y deja coja la realidad del asunto que nos concierne.

Usar el término kyriarcado mejora esto último, ya que nos abre los ojos ante otro tipo de opresiones.

Volvamos al ejemplo de la cultura de las personas blancas y de clase media de Ciudad del Cabo: no tendría ningún sentido ignorar el hecho de que se trata de una cultura elitista, étnicamente excluyente, heterosexista y cisexista. Si las ignoráramos, estaríamos dejando fuera las realidades sociales de gente no blanca, homosexual, trans* y pobre.

He de añadir que la realidad social de una persona no se limita a pertenecer a un género o a una etnia, nuestras realidades dependen de todas nuestras identidades, no de una por cada momento. Yo no puedo separar mi realidad de opresión por ser mujer de mi realidad de opresión por ser lesbiana, lo que he sido toda mi vida.

El kyriarcado nos facilita redes para debatir todas las opresiones en un contexto común.

***

Aunque la palabra patriarcado aun nos puede ser útil en muchos aspectos, el concepto kyriarcado está en mayor consonancia con el feminismo interseccional.

¿Reemplazaríais la palabra patriarcado por kyriarcado en vuestros círculos feministas? ¿Por qué? ¿Por qué no? Dejad vuestra opinión.

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Alternativas de género neutro para «novio» y «novia».

Del original del 23 de diciembre de 2013 en Everyday Feminism, Gender neutral alternatives to “boyfriend” and “girlfriend”, de Maddie McClouskey

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No sé tú, pero a mí no me apetece nada en una conversación  tener que anunciar para luego explicar mi orientación sexual cuando es totalmente irrelevante en la interacción.

Estoy enamorada de mi mejor amiga. Es una mujer, como yo.

En muchas ocasiones, esta información es necesaria, pero te sorprendería la cantidad de veces en las que no lo es.

Si eres una persona no hetero a la que no le apetece entrar en detalle en un momento determinado o  una persona hetero que actúe en solidaridad con la comunidad LGBTQIA+, hacer uso de términos afectivos de género neutro puede ser muy útil.

Si eres bisexual, pansexual o fluida, pero tienes una relación aparentemente hetero, un término de género neutro te prevendrá de comentarios graciosos como «espera, espera, ¿no eras tú gay antes?»

Si tú o tu pareja os identificáis como genderqueer, trans, de género fluido o cualquier otra identidad no binaria, excluir el género de la ecuación hará que la gente menos informada lo entienda mejor.

Eres una persona que está saliendo con otras persona. ¿Creo que así lo entendemos todas, no?

Además de lo beneficioso que resulta para la comunidad LGBTQIA+, creo que hay palabras de género neutro que describen mejor  la naturaleza de tu relación que «novio» o «novia».

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De momento, aquí tenéis algunas opciones de género neutro que podéis usar en su lugar:

Cómplice

Aunque he oído el término cómplice de fechorías usado generalmente por parejas gay cisgénero de larga duración, esta distinción se ha quedado anticuada una vez que muchos lugares ya han legalizado el matrimonio homosexual.

No me solía gustar el término cómplice porque me recordaba a la mafia o al crimen.

Sin embargo, ahora que ya soy mayor y estoy muy feliz con mi relación, le he cogido el gusto, porque tengo un cómplice, así como una amante y una amiga monógama.

Amante

Si tienes un don para el dramatismo, he aquí una fantástica palabra.

Como lesbiana, suelo huir de esta palabra por sus connotaciones lujuriosas (y porque muchos miembros de mi familia constantemente se referían a mi novia de la universidad como mi «amante lésbica», y sí, sonaba tan raro como lo parece).

Sin embargo, si eres aficionada a la sensualidad y al melodrama, prueba a llamar a tu pareja amante.

Pareja

Me encanta este término porque es totalmente neutral.

No tiene la intensidad de una relación a largo plazo o connotaciones abiertamente sexuales implícitas, como en otros términos de género neutro que me he mencionado hasta ahora.

Sin embargo, aun contiene la connotación de particularidad, de que esa persona es importante en tu vida en cierto modo, y eso es fascinante.

Una variación de esto sería, «par», que significa lo mismo, pero es un calco del francés «paire». Sin embargo, solo creo haberlo oído una vez en una serie de parejas pijas.

Mirad que cortito a la vez que dulce, neutro y moderno que es. Del término francés beau. ¿A que os gusta?

Ah, pero los primeros noventa, además, nos deleitaron con esta joyita. De nada.

Sin embargo, si llamar a alguien «bó», no encaja con tu dialecto; o peor, suena como que te estás metiendo con el andaluz, evítalo.

Corres el peligro de sonar centralista, y dejarás de tener autoridad a partir de ahí.

Novie.

No, no se me ha ido la mano, «novie» es el término de género neutro entre las palabras «novio» y «novia» y un guiño al undécimo mes del año.

El uso de –e para crear palabras de género neutro es recurrente en círculos feministas donde se pone en práctica la no-monogamia.

Si te sientes identificada con él, ¡comienza a usarlo!

***

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Es obvio que este listado no es ni mucho menos exhaustivo, pero creo que merece que tanto tú como tu pareja lo comentéis para ver cómo os sentís con respecto al género neutro y la terminología afectiva. Que no te extrañe que sea un territorio totalmente virgen para tu pareja.

La típica pregunta que saldrá a colación será «¿por qué preocuparme sobre si decir novio/novia puede afectar a mi relación?»

Ciertos términos afectivos de género neutro tienen connotaciones más serias que los típicos «novio» y «novia».

Es una forma muy bonita de decirle al mundo e incluso a mi pareja que mi relación tiene visos de ser duradera (¡e incluso me da tiempo para ahorrar para mi alianza!).

El género neutro también puede dar una impresión de madurez, profesionalidad y puede facilitar a las demás la comprensión de nuestras relaciones.

Además, apuesto a que no quieres ser esa persona que da la chapa repitiendo una y otra vez lo de «mi novio/novia» hasta la náusea.

Si estás de acuerdo conmigo, seguramente preferirás usar diferente terminología según espacios.

Por ejemplo, en una charla casual con amigas o cuando estoy dando un monólogo en directo o en Twitter, prefiero referirme a mi pareja como «novia».

A ambas se nos lee relativamente como mujeres femeninas cis y estamos cómodas llamándonos «novias» en espacios en los que se nos acepta como pareja homosexual.

Sin embargo, hablando con gente mayor, contactos profesionales o personas muy religiosas, uso el término «pareja». Lo que no quiero es iniciar un debate sobre el matrimonio homosexual o hacer que alguien se sienta muy incómoda.

Normalmente, cuando mi pareja sale a colación en una conversación, es cuando tocamos temas nimios o irrelevantes en relación a mi orientación, como esa pulsera bonita que me regaló por mi veinte cumpleaños.

El uso regular de pronombres de género neutro puede ejemplarizar y ayudar a otras personas de tu entorno.

Por ejemplo, si te identificas como una persona dentro del ámbito queer (no hetero), alguien de tu familia puede que se sienta incómoda refiriéndose a tu pareja como «novio» o «novia». Esto vale por diez si eres joven, ya que tu familia se referirá a tu pareja como «amiga», aunque todo les indique que no es así. Puede resultar alienante y doloroso.

Si esto te suena demasiado a tu familia, seguramente quieres ampliar el debate más abajo, pero los términos de género neutro seguramente sean bastante digeribles para todo el mundo.

No quiero con esto excusar a la homofobia militante, pero si te posicionas como un adalid de la lucha LGBTQIA+, no puedes esperar que todo el mundo se apunte sin reparos a todo tipo de cambio, especialmente a aquellos relacionados con el género o el sexo.

Sean cuales sean tus razones, espero que esta lista te ayude. Sé que le falta mucho para estar terminada, así que, a partir de aquí, ya entras tú.

Habla con tus parejas y con tus amigas, a ver si puedes crear más términos de género neutro que añadir al listado y ponlos en los comentarios.

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Ser gordo, mulato, femme, feo y aborrecible

Del original de Caleb Luna en Black Girl DangerousOn Being Fat, Brown, Femme, Ugly, and Unloveable

21 de Julio de 2014. Caleb Luna.

Es peligroso que un chico mulato se enamore porque, según el supremacismo blanco, no somos gente a la que se deba amar. Es peligroso que un chico mulato se enamore porque la gente no nos ve como personas independientes a las que se deba amar.

El colonialismo nos adoctrina para que idealicemos románticamente la delgadez, la blanquitud y la masculinidad, tanto en nosotros mismos como en el resto del mundo. ¿Y cómo yo, gordo, mulato y femme puedo deconstruir mi deseo de tal manera que me desee a mí mismo? ¿Cómo puedo amarme en un mundo que no para de decirme que no soy alguien a quien se deba amar? Y de nuevo, ¿cómo puedo deconstruir mi deseo de tal manera que nunca más vuelva a acosar con la mirada a ese chico delgadito que se niega a verme como la diosa que soy?

Según las construcciones coloniales de belleza y deseo, ser gordo, mulato, homosexual y femme es ser feo. Significa sentirse y ser aborrecible y que todo el mundo esté de acuerdo con ello. Ser gordo y mulato mientras tu mentalidad está colonizada significa apreciar, desear y dar prioridad al amor romántico, un amor que no te corresponde y que no te querrá nunca. Significa no poder escapar del estómago de la bestia.

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Feo es cómo me muevo por el mundo, cómo me ve la gente, mis compañeras de trabajo, mis potenciales amantes, mis jefas, la gente de mi entorno, las médicos, las profesoras, las trabajadoras del sector servicios, etc. Esta percepción afecta directamente al trato que recibo a diario. Me han rechazado en varias entrevistas de trabajo debido a mi cuerpo, no quepo bien en las mesas con butaca de los restaurantes, en los asientos del avión y en los pupitres. Todo es un recordatorio constante de que este mundo no está hecho para mí.

He desarrollado sentimientos afectivos a lo largo de mi vida y en muy raras ocasiones han sido recíprocos, aunque la gente por la que he desarrollado esos sentimientos normalmente han sido amigos, gente que me apreciaba e incluso me quería de otras maneras. Sin embargo, no pasé por alto que estas mismas personas, con asiduidad, preferían antes tener citas con gente delgada o blanca que con gente como yo. Comencé mi primera relación romántica poco después de cumplir los 27, y, a esas alturas, no me costó mucho ver que muchos de mis allegados ya habían tenido varias. Tampoco me costó ver que muchos de nosotros no las habíamos tenido ni las tendríamos nunca.

Con esto no estoy diciendo que nadie ame ni desee a la peña gorda y a la gente no blanca, todo lo contrario, hay múltiples ejemplos así en mi entorno. Pero esto no elimina el hecho de que nuestros amplísimos sistemas culturales, aquellos que alimentan nuestras decisiones y deseos, descansan sobre siglos de historia en los que, sistemáticamente, se ha otorgado privilegio a determinados cuerpos mientras que se han marginalizado otros. En consecuencia, no dejo de ver múltiples ejemplos de cuerpos marginalizados en los que el deseo no tiene cabida.

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Hablaba con mi amiga, Ivette González-Alé sobre identidad gorda cuando se hizo la siguiente pregunta: « ¿gorda para quién?». Decía que su cuerpo era idéntico al del resto de su familia; sus caracteres indígenas hacen que su cuerpo se considere ajeno a los estándares blancos de altura, peso y distribución de la grasa corporal. La gordura se contrapone a los cuerpos blancos, sacando del juego comparativo al resto de grupos étnicos, y creando de esta manera una identidad totalmente ajena a su propio cuerpo mulato.

Teniendo en cuenta que muchas de las personas gordas en los Estados Unidos son también pobres y no blancas y también considerando que lo personal es lo político, apreciar y desear cuerpos blancos y delgados se convierte en una (poco) sutil colaboración con la supremacía blanca y el privilegio de clase. Y son especialmente los hombres los que ganan dentro de estas construcciones, como demuestran las opciones, aparentemente graciosas, pero que poco tienen de irónicas, que existen las aplicaciones telefónicas para ligar que usan hombres homosexuales: «ni gordos ni femme», «ni negros ni asiáticos».

Si eres gordo en entornos de hombres homosexuales solo serás apetecible si tienes un cuerpo de oso peludo, ya que la barba te reafirma en tu masculinidad y compensa la tendencia a la feminización de la gordura. Sin embargo, puedo extraer el origen de mi cuerpo lampiño de mis raíces indígenas, de tal manera que cuando empieza la charlita para medir lo muy oso o lo poco oso que soy (pelo en la barba, el ombligo y en el resto del cuerpo) y mi negritud comienza a ubicarse un determinada y solitaria categoría, toda la charla puede resumirse en: «si eres blanco y estás gordo, no pasa nada». Es este un entorno del que me repele participar tanto por el racismo como por la misoginia encubierta; pero no deja de ser el único espacio donde cuerpos masculinizados pueden sentirse apreciados o incluso deseados.

Hubo una breve época en la que algunos hombres —en concreto hombres gordos y negros— se interesaron por mi cuerpo. Fue una experiencia totalmente increíble tener relaciones sexuales con hombres con un cuerpo como el mío. Sin embargo, en el momento en que cambió mi expresión y adopté la identidad femme, estas comunidades parecen haber perdido interés. ¿Qué te queda cuando eres demasiado mulato, demasiado femme, demasiado marica para los osos? ¿Cuándo se convirtieron en tu único recurso? ¿Cuándo, incluso en espacios radicales de maricas no blancos, ha comenzado a darse preferencia a los cuerpos delgados, masculinos, cisgénero y normofuncionales? Además, aun esforzándome activamente para interrogar, expandir y enfrentarme a mi propio deseo, no estoy exento de perpetuar estas actitudes. Entonces, ¿cuál es el lugar para la gente como yo?

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Soy una persona antirromántica porque rechazo la propia idea del amor romántico; la considero nociva para mi salud mental. Significa estar expuesto de manera eterna e íntima a los entretejidos sistemas de supremacía blanca, gordofobia, cisexismo y demás. Bajo esos sistemas, mi cuerpo no puede ser ni neutral ni mucho menos erótico, no puede ser objeto de deseo sin ser convertido en un fetiche descontextualizado y excluido. No solo eso, mi cuerpo también se vuelve invisible en aquellas concepciones alternativas creadas por las personas que buscan destruir esos sistemas, aquellas personas más involucradas en esos sistemas de lo que ellas, nosotras o yo estamos dispuestos a reconocer.

El amor romántico tal y como lo conocemos es un constructo colonial. Es una empresa perpetua, posesiva y monógama que sangra cada segundo de tu vida y cuyo fin es, apoyándose sobre la familia nuclear, sostener al sistema capitalista y al supremacismo blanco heteropatriarcal. Nos enseñan que el amor romántico es esencial, nos lo muestran como un mito de autorrealización. ¿Qué podría cambiar si nos construyéramos en base a amor propio, amor platónico o amor comunal? Podríamos adivinar la belleza dentro de nuestra interdependencia, más que observar a un grupo de personas competir por salarios o modos de vida más elevados a costa de las demás. Dar prioridad a la formación de familias en vez de comunidades crea jerarquías en las cuales ciertas personas son más merecedoras de nuestra atención, protección y devoción que otras. Si reestructuramos el amor romántico y lo hacemos equiparable  al amor propio, platónico o comunal, conseguiríamos establecer prioridades de cuidados y de sustento para nuestra comunidad, unas prioridades muy parecidas a las que podríamos facilitar a nuestra pareja emocional.

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En su artículo Moving Toward the Ugly: A Politic Beyond Desirability (De paseo por lo feo: la política más allá de lo deseable), Mia Mingus nos urge a que dejemos atrás nuestra concepción binaria de la belleza y alcancemos lo que ella llama magnificencia: abrazar lo Feo y la diversidad de los cuerpos. Mingus ubica el concepto de belleza en una construcción inherentemente exclusivista en la que se impide específicamente el acceso a personas no blancas, a personas trans, a personas no conformes con su género o a personas diversofuncionales. Con toda esta información, aun sigo dándole vueltas a lo que significa ser feo, ser bello y mi involucración en la belleza. Si ser «no bello» significa no ser o no sentirse «digno de ser amado», y si «digno de ser amado» significa «humanidad», ¿qué pasa con las personas que no somos bellas? ¿Qué significa ser «digno de ser amado» bajo una construcción colonial del amor y de la belleza articulada en base a la supremacía blanca y al colonialismo? ¿Implica algo diferente para mi cuerpo gordo, mulato, homosexual, femme que para las demás? ¿Y quién lo decide? ¿Y a qué feas nos dejamos por el camino?

Caleb Luna se identifica como gordo, mulato, homosexual y femme. Vive, estudia, baila, escribe, da conferencias y las organiza en Austin.

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