La revolución feminista de Rojava es un rayo de esperanza en un océano de horrores

Original en Telesurtv.net, por Tony Iltis & Stuart Munckton.

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En la región de Rojava, en Siria, al margen de todas las dificultades, sus habitantes se están organizando en comunas y en comités de mujeres.

Siria nos podrá parecer un agujero de miseria sin fondo alguno, pero en el norte, la ancha región kurda de Rojava, es el escenario de una revolución popular y humana que coloca los derechos de minorías étnicas y mujeres en el epicentro de su ser.

Irónicamente, debido a todo el horror que la rodea, en la región de Rojava se están dando la mayoría de experimentos de democracia de base y participativa a nivel mundial si excluimos los proyectos revolucionarios latinoamericanos. Como en Venezuela, el ideal de comuna representa el corazón de su floreciente democracia.

La revolución de Rojava ha dado a conocerse al mundo especialmente mediante la heroica resistencia de las combatientes de las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades de Protección Femenina (YPJ) para levantar el asedio y derrotar a los asediadores del Estado Islámico en la ciudad de Kobane en enero de 2015. Otras muchas personas nos percatamos de su situación gracias a la profunda ideología revolucionaria que guía a las luchadoras de Rojava, una ideología que buscan poner en práctica pese a las dificultades.

Rojava es una “zona liberada” en el norte de Siria que forma parte de la nación kurda histórica y reclamada. Su mayor partido político es el Partido de la Unión Democrática (PYD), ideológicamente afín al izquierdista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), en Turquía.

En 2011 el PYD dio apoyo al levantamiento contra Assad aunque empezó a mostrar su preocupación por las intenciones de la oposición de sobremilitarizar el conflicto. Un conflicto detonado por la represión de protestas pacíficas de Assad pero alimentado por las agencias de inteligencia occidentales y sus aliados en la región.

Esto, unido al chovinismo étnico de una oposición árabe y suní,  que solo quiso definirse como árabe y suní, consiguió que el movimiento kurdo se mantuviera al margen de la levantisca oposición armada.

Hacia julio de 2012, la presencia militar del gobierno de Assad en la región desapareció por completo debido a presiones desde múltiples frentes en una guerra civil que se recrudecía. Empezaba a existir un tangible y creciente peligro porque Rojava se convirtiera en campo de batalla entre fuerzas opositoras hostiles al pueblo kurdo y a otras minorías, lo que originió como respuesta un levantamiento sin derramamiento de sangre que declaró a Rojava como zona liberada. Esta insurrección popular permitió que las ideas del PKK y el PYD pudieran llevarse a cabo como una democracia confederal sustentada en un sistema participativo con autonomía local.

El papel del PYD en la transformación revolucionaria de Rojava es más bien ideológico que institucional. Colaboró en la creación del Movimiento por una Sociedad Democrática (TEV-DEM), que da cierto orden y movilización a la población, pero actualmente es un organismo independiente del propio PYD.

El poder institucional recae sobre un orden denominado autonomía democrática. El blog Ecology or Catastrophe nos informa sobre lo que el pasado enero, una portavoz del TEV-DEM, Çinar Salih relató a una delegación académica: nuestro sistema se nutre de las comunas, constituidas por vecindarios de 300 personas. Cada comuna poseen una copresidencia y existen copresidencias a todos los niveles, desde la propia comuna a la administración cantonal.

En cada comuna hay cinco o seis comités distintos. Las comunas tienen dos vías de actuación. En primer lugar, resuelven problemas rápida y prontamente (como los problemas técnicos o sociales). Hay algunos trabajos que solo te requieren cinco minutos; sin embargo, si los delegas en el Estado, entran en una vorágine burocrática, por eso resolvemos los resolvemos rápido. La segunda vía es la política, contaba Salih.

Si hablamos de una democracia real, las decisiones no pueden tomarse de arriba abajo, han de tomarse desde abajo y luego ascender por grados. La copresidencia la forman un hombre y una mujer. La representación femenina está garantizada en todos los comités populares. Ningún género excede el 60% de representación. No solo eso, también existen en paralelo organizaciones exclusivamente de mujeres.

Hay comités de mujeres en paralelo a todos los niveles, comunal, de distrito, local y cantonal. Los comités de mujeres no tienen poder de decisión sobre asuntos de índole general, para ello ya están los comités populares. Estos comités deciden sobre asuntos específicos de mujeres y tienen derecho de veto sobre todo tipo de asuntos que involucren mujeres.kobane.jpg_1718483346.jpg

El énfasis en la liberación femenina aparece reflejado en la alta visibilidad de la que gozan las combatientes kurdas en los grupos armados revolucionarios de Rojava.

Salih hizo hincapié en que la revolución de Rojava es una revolución femenina porque hay mujeres involucradas en todos los ámbitos vitales. Creemos que una revolución que no abre camino a la liberación femenina no es revolución alguna. Ha habido revoluciones en Túnez, Egipto y Libia; sin embargo, el estatus femenino no ha sido revertido.

Por la situación bélica, la devastación y el aislamiento a los que se ve sometida la región de Rojava, su economía está orientada a la subsistencia. Sin embargo, se están aplicando medidas de corte socialista como el alojamiento, alimentación, sanidad, cuidados infantiles y educación universales, ninguno de los cuales eran provistos por el régimen sirio antes de la guerra.

La revolución de Rojava también es explícitamente multiétnica. En su prefacio, la constitución de los cantones autónomos de Rojava los describe como una confederación kurda, árabe, siria, aramea, turcomana, armenia y chechena.

Sigue: en la construcción de una sociedad libre de toda autoridad, militarismo, centralismo e intervención de cualquier institución religiosa en asuntos públicos, la Carta Magna reconoce la integridad territorial siria y es firme defensora del mantenimiento de la paz tanto a nivel local como internacional.

La tendencia actual en Rojava es el establecimiento de estructuras mutiétnicas, no únicamente kurdas. Todo, desde señales de tráfico, medios de comunicación o educación se plantea desde la lengua primera de cada comunidad.

Como en cuestiones de género, la participación étnica en las comunas y comités está definida por cuotas. También existen organismos paralelos para minorías étnicas.

Gracias a estas políticas, la revolución obtuvo el rápido apoyo de minorías no kurdas, y así se muestra con la participación de comunidades no kurdas en las estructuras y organizaciones revolucionarias, así como en las alianzas con organizaciones políticas y grupos armados no kurdos.

La revolución de Rojava se están enfrentando ahora mismo a múltiples amenazas desde varios frentes y tiene que navegar entre complejas fuerzas competidoras que buscan hacer efectivos sus propios intereses en la región, pero por todo lo ya conseguido pese a todas las dificultades, la revolución de Rojava merece nuestra solidaridad. El mundo necesita a Rojava.

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Fundamentos de la anarquía relacional

Original en el blog The Thinking Asexual, Relationship Anarchy Basis.

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¿Qué es la anarquía relacional?

La anarquía relacional es un estilo de vida, es una manera de gestionar nuestras relaciones personales, es una filosofía para el amor, específicamente. Un anarquista relacional cree que el amor es una materia abundante e infinita, que todas las formas que puede adoptar ese amor no están sujetas a jerarquías, que las relaciones pueden y deben desarrollarse de manera espontánea sin estar sometidas a reglas ni expectativas impuestas por nada ajeno a la propia relación, que ambas integrantes de una pareja en cualquier tipo de relación deberían ser libres para decidir hacer lo que de manera espontánea desean tanto para su propia relación como para su relación con el resto de personas de su entorno.

¿Cuándo, dónde y cómo y por quién se inaugura la anarquía relacional?

No está del todo claro, aunque tenemos actualmente a nuestra disposición muy poca documentación sobre la anarquía relacional, podemos deducir que se trata de una filosofía que evolucionó a partir de un origen dentro de la comunidad poliamorosa. Andi Nordgren, autora sueca sexodivergente, desarrolló sus propias ideas sobre la AR a través de un blog que administró en los primeros 2000. (Andi debate sobre la anarquía relacional con Déborah Anapol de una forma muy exquisita en Polyamory in the 21st Century: Love and Intimacy with Multiple Partners). Durante los últimos dos años ha aumentado la cantidad de personas poliamorosas que han optado por investigar este concepto, que, hasta el momento, podemos considerar novedoso.

Podéis consultar la definición de anarquía relacional aquí.

¿En qué se diferencia la anarquía relacional del poliamor?

Definamos primero poliamor.

Poliamor es aquella práctica con la cual se mantiene más de una relación afectiva simultáneamente y de una manera abierta y honesta que requiere constantes consentimiento y conocimiento de las personas involucradas. El poliamor, no confundir con poligamia, es un fenómeno social bastante reciente en el mundo occidental cuyo origen a veces se adjudica al movimiento por el amor libre de los años sesenta. La poligamia, por otro lado, es una práctica antigua y extendida por todo el mundo por la cual una persona se casa múltiples veces; normalmente bajo el paraguas de alguna religión y en la que es habitual que sea el hombre el que posea varias esposas mientras que a las mujeres se les prohíbe la opción inversa. El poliamor no tiene nada que ver con el matrimonio o la religión, es un movimiento secular que pretende extender el concepto de amor sexoafectivo consensuado y ofrecer una alternativa a la formación familiar y comunitaria.

Aquí un glosario maravilloso sobre el poliamor.

La anarquía relacional supera al poliamor en su lectura del imperativo monógamo. Sí comparte con él su global rechazo a la monogamiay al matrimonio jurídico, pero también busca eliminar lo que me gusta llamar la jerarquía basada en las relaciones sexoafectivas; es decir, las categorías basadas en la presencia o ausencia de sexo o relación afectiva. De esta manera, la anarquía relacional homogeneiza a las personas y a las relaciones que establecemos con ellas, tanto conductualmente como emocionalmente. La libertad para interactuar y dar valor a las relaciones personales, una expresión de esta homogeneidad, parte de una tabula rasa y redistribuye la intimidad física, sexual y emocional en base a los deseos particulares de cada persona no de reglas y categorías de modelos relacionales preexistentes.

Una persona poliamorosa puede ser, y de hecho lo es en muchas ocasiones, supremacista del sexo y de las relaciones afectivas, casi tanto como una persona monógama. Lo que quiero decir con esto es que, como la inmensa mayoría de gente monógama, una persona poliamorosa mantiene en un estatus superior sus relaciones sexoafectivas frente a las que no lo son (no sexuales o no afectivas), basándose únicamente en criterios sexuales y afectivos.

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El anarquismo relacional no otorga valor especial a una relación solo porque esta incluya sexo o amor, aunque este se identifique desde un primer momento como emoción o conjunto de conductas aisladas y determinadas. El anarquismo relacional parte de una asunción de libertad y flexibilidad absoluta por parte cada individuo y de la definición individual de sus relaciones, estudiando caso por caso. Las anarquistas relacionales pueden mantener relaciones sexuales con varias personas, pueden mantenerse célibes todas sus vidas, pueden convivir con alguien con quien no mantienen relaciones sexuales, pueden vivir solas si así lo deciden, pueden criar a su prole con una o varias parejas sexuales o con parejas con las que no mantienen relaciones, pueden tener relaciones físicas y sensuales intensas con mucha gente al mismo tiempo, muchas de las cuales o con cuya totalidad pueden no mantener ningún tipo de relación ni sexual ni afectiva. El anarquismo relacional no etiqueta tal o cual conducta como inherentemente afectiva, y la única conducta leída como inherentemente sexual es el sexo genital. Lo que define cualquier acto son los sentimientos personales que este provoca.

Para la gente monógama y poliamorosa, una pareja es alguien a quien te estás follando y por quien te sientes atraída,  y, como tal, es el único tipo de relación en la cual puedes establecer un compromiso, practicar la convivencia a largo plazo, criar a tu prole,  desarrollar una intimidad intensa o mostrarte abiertamente vulnerable, crear una interdependencia financiera o el contacto físico sensual y no genital. Para estas personas una amistad no puede estar al mismo nivel que una pareja no hay en ella ningún tipo de deseo sexual ni de atracción afectiva. La amistad de tipo normativo no deja lugar al compromiso, la convivencia y el resto de puntos que acabo de mencionar. La gente monógama jerarquiza sus relaciones a través de un patrón rígido y obvio; al igual que muchas personas poliamorosas, otorgando a sus relaciones sexoafectivas un puesto superior a las relaciones que no son así. En ocasiones, también jerarquizan las relaciones dentro de su círculo poliamoroso, naciendo así el concepto de parejas principales y secundarias, el origen de lo que se empieza a conocer por polinormatividad.

En el anarquismo relacional, las relaciones personales y afectivas no están sometidas a jerarquía. No está establecido que ningún tipo de código de conducta sea exclusivo de relaciones sexuales o afectivas, lo que impide que las relaciones sexoafectivas ostenten un estadio superior a las no sexuales o no afectivas. La gente AR considera que todas sus relaciones personales o afectivas; esto es, cualquier relación al margen de lo profesional o lo casual, son igual de importantes y particulares, que todas satisfacen una necesidad o deseo vital y poseen un potencial emocional, físico, mental, íntimo, amoroso y satisfactorio similar o idéntico. Aquella persona que pone en práctica la anarquía relacional no tiene como expectativa pasar la mayor parte de su tiempo con tan solo una pareja sexual o afectiva con varias en general, ni tampoco asumen que sus relaciones sexoafectivas, en caso de tenerlas, merecen por el hecho de serlo más dedicación y prioridad que las que no lo son.

¿Es apta la anarquía la relacional para las personas asexuales, anafectivas, polisexuales o célibes? De ser así, ¿cómo?

La anarquía relacional, en oposición al poliamor, puede llegar a ser una filosofía amorosa altamente compatible con la asexualidad célibe, la anafectividad y la orientación mixta. Como persona asexual célibe o arromántica que has renunciado a los modelos de pareja tradicionales o persona alosexual de orientación mixta que buscas construir tus relaciones en base tus múltiples orientaciones, ya vives bastante lejos del sistema normorelacional con el que vive la mayor parte de la gente. Puede ser que hayas desechado también la jerarquía basada en las relaciones sexoafectivas y parece que te encuentras en una posición que pone en duda la validez de la monogamia, ya sea sexual o afectiva, en un lugar desde el que puedes difuminar o directamente borrar las fronteras que dividen la amistad y las relaciones afectivas (de pareja). Solo por ser quien eres. Has llegado a un punto en el que puedes permitirte desafiar los conceptos de esa gran mayoría sexoafectiva que define cómo debe funcionar una relación, una compañía de vida, una familia, etc.

Las personas asexuales afectivas pueden ser poliamorosas, independientemente de si son célibes o sexualmente activas y, como gente poliamorosa y alosexual, estas personas del espectro ace pueden adherirse a la mayoría de reglas por las que se rigen personas monógamas alosexuales; por ejemplo, creando jerarquías entre relaciones en las cuales la relación afectiva siempre se encontrará en la cima, restringiendo la mayoría de muestras de intimidad a la misma o considerándola el único vínculo que digno de llamarse principal y el único que puede unirte a una compañía de vida.

Por otro lado, alguien asexual y célibe, afectivo o anafectivo, puede poner en práctica una versión muy radical de la AR. En mi opinión sobre lo que, gira en su mayor parte la anarquía relacional es sobre la búsqueda de la igualdad de todo el tablero relacional con el objetivo de que las relaciones sexuales no se sitúen sobre las sexuales y las afectivas sobre las no afectivas. Es decir, una igualdad que significe que esa amistad no sexual o no afectiva puede tener el mismo acceso a amor, intimidad, afecto físico, apoyo, etc. que las demás; significa que esa amistad no sexual o no afectiva tiene las mismas posibilidades de convertirse en una compañera de vida (o en una de ellas) del o la anarquista relacional cualquier otra. La anarquía relacional proporciona el tipo de respeto, seguridad, oportunidad, igualdad y amor que las personas asexuales y célibes necesitan, especialmente si se encuentran solteras o están buscando como compañía de vida a más de una persona que satisfaga todas las necesidades típicas que puedan surgir en una relación afectiva tradicional.

La anarquía relacional puede ser de especial ayuda para la comunidad asexual por representar el único modelo relacional que elimina el sexo como baremo de calidad derelaciones o parejas y que divide con claridad los vínculos profundos de los casuales. Para las personas anafectivas, la anarquía relacional puede resultar ideal por su filosofía de eliminación del poder y supremacía de las relaciones afectivas y creación de un espacio libre para que estas personas disfruten de una intimidad emocional y física más intensa de lo que los cánones de la amistad común establecen. La anarquía relacional también puede ser una opción muy acertada para las personas de orientación mixta porque en ella pueden convivir relaciones sexuales tanto afectivas y no afectivas de manera ecuánime.

Creo que una persona anafectiva en busca de una compañía de vida o de varias con la que o con las que no desea un vínculo afectivo o siquiera sexual ya es anarquista relacional. También creo que alguien de orientación mixta y alosexual que se las apaña para separar sus relaciones afectivas de sus relaciones sexuales, alguien que puede distinguir entre una amistad sexual no afectiva y una amistad afectiva pero no sexual o alguien que desea formar una familia con una pareja no sexual, ya es también anarquista relacional. Y también creo, por una parte, que aquella persona asexual que a la vez es célibe y poliamorosa también es anarquista relacional.

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La comunidad poliamorosa se centra demasiado en el sexo y en las connotaciones sexuales que conlleva compaginar varias relaciones afectivas, algo por lo que la gente poliamorosa y asexual puede verse excluida, sobre todo a la célibe. La anarquía relacional versa sobre todo tipo de relaciones personales e íntimas, no únicamente sobre las afectivas o sexuales, por lo que es un espacio más cómodo para la asexualidad y la anafectividad, facilitando la exploración de la no monogamia y de formas alternativas de amar y de gestionar de relaciones.

Vale, todo lo que me has contado es un lío y no me aclaro. ¿Algún ejemplillo concreto de anarquía relacional en acción?

  1. Jessica es heterosexual y anarquista relacional. Mantiene relaciones sexuales con todos los hombres que le apetece, simultáneamente. En ocasiones desarrolla sentimientos más allá de la amistad por alguna de sus parejas sexuales, pero el resto de sus relaciones sexuales continúan abiertas y ninguna está sometida a la escalera mecánica relacional. Jessica también comparte piso con Tracy, por la que no siente atracción ni mantiene vinculación sexual, Tracy pasa tanto tiempo con Jessica como Jessica con sus parejas sexuales. Jessica ha llegado a un compromiso con Tracy de que continuarán viviendo juntas hasta que dejen de disfrutar de la convivencia, y ninguna relación sexual con una tercera parte podrá anular ese acuerdo (aunque puedan decidir que alguna de esas parejas sexuales conviva con ambas). Jessica y Tracy tienen previsto criar prole, tienen una relación que incluye intimidad física entre ambas (se abrazan, se dan la mano, se besan en las mejillas y en ocasiones duermen juntas en la misma cama), con el resto de sus parejas sexuales y con otras amistades con las que no mantienen relaciones sexuales.
  2. Juan es asexual y homoafectivo cuya predilección es el celibato. Mantiene una relación afectiva con Taylor, un hombre gay que mantiene relaciones sexuales con otros hombres pero no con Juan. Juan también mantiene una amistad con una mujer llamada Rachel tan importante para él como su pareja masculina, ya que incluye a Rachel en todos sus planes y decisiones vitales importantes. A ambos les gusta el contacto físico que se proporcionan el uno al otro. Rachel tiene por su lado sus relaciones sexoafectivas personales y Juan tiene una amistad afectiva con otro hombre llamado Paul a quien quiere tanto como a Taylor. La relación de Juan y Paul se parece mucho  a la de Juan y Taylor, la diferencia está en que Paul no tiene interés en mantener relaciones sexuales ni comenzar a salir con Juan, porque es heterosexual.
  3. Gina es anafectiva y asexual. No mantiene relaciones sexuales con nadie y no tiene interés en comenzar ninguna relación afectiva tradicional. Vive con su pareja y mejor amiga, Ruby. Duermen en habitaciones separadas y no son afectuosas físicamente la una con la otra aunque se quieren tanto que quieren pasar el resto de sus vidas juntas. Ruby es asexual y heteroafectiva y tiene una relación no sexual y afectiva con Don, que es un hombre bisexual que mantiene una relación sexual con su novio. Don y Ruby no se plantean irse a vivir juntas, les gusta vivir cada una por su lado. Aun así, Ruby nunca dejaría de vivir con Gina. En el caso de que Ruby decidiera el día de mañana criar a su prole, tanto Gina como Don serían coprogenitores (en el caso de que Don aun siga vinculado a Ruby).

¿Y para qué todo este rollo de la anarquía relacional? ¿Por qué querría alguien enfrentarse a todos los problemas que conlleva el plantearse cómo organizar relaciones con una vinculación tan intensa y hacer encaje de bolillos con las necesidades y deseos de tanta gente a la vez?

Cada anarquista relacional tendrá sus diferencias y pondrá en práctica una versión particular de la anarquía relacional, y es probable que haya llegado a la AR por diversos motivos. Hablando por mí mismo, lo único que puedo contar es que así soy y así he sido desde mi infancia. No hago distinciones entre amor afectivo, no afectivo o amistad. Siempre he tenido como referencia aquellas relaciones entre dos aguas que reflejan cosas de la normatividad afectiva sin incluir ni atracción afectiva ni sexual. No tiene ningún sentido para mí limitar la intimidad o el amor a una o varias relaciones sexoafectivas como tampoco lo tiene el prohibir intimidad física o emocional en las relaciones no afectivas. ¿Tendría lógica para vosotras dibujar en la arena una línea y decir que si quieres a alguien antes de la línea es amistad  y si es después es amor (o sexo, en su defecto)?

Si soy anarquista relacional es porque considero bello el concepto de una vida rebosante de amor e intimidad real, de una vida que, estés donde estés, te hará encontrar a  alguien que te ame, apoye y dedique la atención que necesitas. Soy anarquista relacional porque, aun no amando a muchas personas, mi tendencia natural es, cuando lo hago,  amar con pasión, a desear intimidad física y sensual y tiempo de calidad con todas y cada una de esas personas a las que amo, no solo con alguien que cumpla el rol culturalmente designado de pareja afectiva. Soy AR porque la jerarquía basada en las relaciones sexoafectivas es un insulto para un asexual célibe que busca y valora muy intensamente la amistad ante todo y porque considero la monogamia convencional (con sexo o sin él) limitada, claustrofóbica y astringente emocionalmente. Quiero ser libre, quiero amar libremente y quiero poder obedecer mis impulsos naturales en cada relación, no solo en una en particular. Soy anarquista relacional porque me gusta ser dueño de mis propias normas en vez de obedecer las ajenas o las que la sociedad mayoritariamente me impone. Quiero que mi vida rebose amor, quiero amar todo lo que pueda y a toda la gente que pueda de la manera más libre posible. La anarquía relacional es el único modelo de vida que me ofrece a la vez libertad y abundancia.

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¿Qué opináis del privilegio de pareja?

Del original de aggiesez en SolopolyCouple Privilege, Your Thoughts?

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Da igual el igualitarismo que afirmes defender, el privilegio continúa existiendo aun con eso. Todo el mundo nos regocijamos en él, incluso las personas de la comunidad poliamorosa y no monógama. El privilegio de pareja es una de las formas de desigualdad arraigada más polémica y traicionera. Estoy preparando una entrada en relación a este tema y me gustaría escuchar vuestras opiniones.

ACTUALIZADO DIC. 19: Sí, no hay duda de que con esto me he metido en un berenjenal. He recibido multitud de comentarios en relación a este asunto y la verdad es que me veo superada tanto por la cantidad de mensajes que me llegan como por su carga emocional. No os voy a mentir, mucha gente poliamorosa se ha sentido herida y ha negado rotundamente que exista eso del privilegio de pareja y, como os digo, honestamente esto está acabando conmigo y no he sabido muy bien gestionar la situación. He tomado la decisión de gestionar esto mediante una serie de entradas tras las vacaciones. Muchas gracias a todas aquellas que habéis contribuido en el debate tanto aquí como por otros lares de la red. Todas vuestras historias y comentarios son bienvenidos, especialmente de aquellas personas poliamorosas solteras y de parejas no principales. Leed el final de esta entrada para saber cómo seguir contribuyendo. ¡Gracias!.

Creo que sí, voy a meterme en un berenjenal.

Hablar sobre privilegio nos resulta incómodo y extraño. Inevitablemente, algunas personas se sienten calumniadas, incomprendidas o atacadas; otras, directamente excluidas. El debate en torno al privilegio puede causar desencuentros, pero si se gestiona de manera juiciosa, puede llevarnos a buen puerto. De hecho, es un debate imprescindible, especialmente en aquellas comunidades que se jactan de poseer como valores la honestidad, la coherencia, el respeto la justicia y el comportamiento ético.

El no sacar a colación el privilegio de pareja no va a conseguir que desaparezca. Al contrario, si evitamos examinarnos personalmente y debatir sobre ello, todo privilegio continuará perpetuándose y arraigándose cada vez más, ya que el privilegio prospera cuando puede camuflarse en nuestro entorno.

Expongo aquí algunas de mis primeras consideraciones relativas al privilegio de pareja, en las que incluyo algunas preguntas para que contestéis. Podéis comentar abajo o escribirme un correo con vuestras consideraciones.

Empezaré por mi definición de privilegio de pareja:

Privilegio de pareja: en un contexto de relaciones y comunidades no monógamas, es aquella presunción socialmente aceptada y sancionada por la que los vínculos de pareja (como el matrimonio y otras formas de vinculación vitalicia de carácter principal) obtienen preeminencia o se leen como más importantes o como mejores en contraposición a otro tipo de vínculos íntimos, afectivos o sexuales. Esta priorización surge de manera espontánea y no tiene porqué venir acompañada ni de negociación de compromisos ni de consentimiento.

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En términos generales, el privilegio de pareja se manifiesta corpóreamente en ventajas sociales, legales y financieras socialmente convenidas y automáticamente aplicadas (tanto implícita como explícitamente) a parejas que se presentan públicamente con un acuerdo monógamo, especialmente como parejas principales. Este tipo de ventajas no están convenidas para relaciones no principales, solteras o personas fuera de una relación de pareja y también en ocasiones también para parejas principales que se presentan socialmente como no monógamas.

Una comentarista, MayMay, me propuso una definición alternativa en mayo de 2012: «Comportamientos que presuponen que las personas en dúo son más importantes que las demás y se ven con derecho de actuar sobre ellas sin previo consentimiento.» En la mayor parte de nuestra sociedad, la ventaja que otorga el privilegio de pareja es un incentivo clave para subirse al carro relacional y quedarse ahí, incluso si la relación acaba vaciándose o incluso volviéndose tóxica.

El privilegio de pareja también influye en relaciones no sexoafectivas y en otras comunidades importantes como amistades, familia, vecinas, etc. Sin embargo, voy a centrarme en cómo únicamente en cómo influye en relaciones y comunidades no monógamas.

En las relaciones abiertas y poliamorosas, el privilegio de pareja influye internamente, entre las personas que forman parte de esa relación. Suele manifestarse en forma de poder de veto, de exclusividad de ciertas prácticas íntimas o sexuales únicamente para parejas principales (como medio para refuerzo de jerarquías o de adaptación a la inseguridad, no estrictamente por motivos de salud o planificación familiar) o de presunción (que no tiene por qué conllevar consentimiento previo) por la que las necesidades, deseos, horarios y preferencias pareja principal (o de ambas partes de la misma pareja), obtienen preferencia de manera automática frente a aquellos del resto de parejas no primarias en cualquier situación.

El privilegio de pareja también implica un riesgo desproporcionado para las parejas no principales dentro de relaciones abiertas o poliamorosas; el ejemplo más esclarecedor es que tenemos muchas más posibilidades de ser excluidos de la relación. Normalmente no disfrutamos de voz en las decisiones que tengan influencia en el proyecto de futuro de nuestras relaciones; si acaso, lo que se espera de nosotras es que supeditemos nuestras necesidades a las de la pareja principal. Y en muchas ocasiones se nos trata como a un secretito, esperándose también de nosotros que mantengamos a resguardo ese secreto, incluso en relaciones largas.

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Sin embargo, este privilegio también se refleja de manera externa. Las parejas principales que salen del armario como parejas abiertas o poliamorosas junto  a sus otras parejas y relaciones se enfrentan a consecuencias adversas, entre ellas, discriminaciones de alto riesgo (trabajo, vivienda, tutela infantil, etc.), pérdida de prestigio social y exclusión de amistades, familia u otras redes y comunidades. En algunas ocasiones, estos riesgos externos son un hecho empírico (como aquellos contratos de trabajo con cláusula «ética»), en otras, simplemente se asumen y se temen sin someterlos a análisis, sirviendo a veces como subterfugio para reforzar el privilegio de pareja.

En el mundo real, existen múltiples maneras de hacer las cosas, también en las relaciones. La gestión diversa de relaciones no implica forzosamente que se esté aplicando el privilegio de pareja. Más que eso, el modo en que reconozcamos y nos ajustemos a esas diferencias en nuestras relaciones puede servirnos como herramienta para reducir la influencia accidental que tiene el privilegio de pareja.

Cada persona es libre de tomar las decisiones que considere correctas para susrelaciones. Si no consideras el privilegio de pareja un problema y prefieres consagrarlo en tus relaciones, también vale. Aquí nadie somos la policía del poliamor, solo digo que nos puede servir de ayuda el que seamos conscientes y responsables de la manera por la que tomamos y adoptamos esta decisión, incluyendo su reflexión y comunicación.

Muchísima gente poliamorosa tiene la visión de que lo que aquí describo no es un «privilegio» como tal, un privilegio al mismo nivel que el privilegio blanco, masculino, heterosexual y demás losas invisibles. Comúnmente, esta disensión se argumenta así: Creo que esa decisión, por injusta que parezca, es más un asunto interpersonal que otra cosa (un asunto que, en las situaciones en las que hay hijas de por medio, puede ser perfectamente lícito).

Aunque puedo entender esta reflexión, personalmente no me convence. Respeto el derecho de cada persona a establecer cualquier tipo de decisión para su relación basada en el consentimiento, pero mi razón para diferir es la presunción que he señalado en mi definición, y en los derechos de los que hablaba Maymay en la suya.

El privilegio no solo otorga derechos o ventajas, el privilegio también otorga un derecho. Es el derecho de presuponer (comúnmente sin consideración racional previa y siempre sin preguntar) que, como disfrutas de X característica, tienes derecho a Y, tanto si Y es a costa de los demás (o peor, no piensas en los prejuicios que puedes ocasionar a los demás). Aquí incluimos la toma de decisiones en nombre de otras personas sin su consentimiento, el no tener en cuenta las necesidades o perspectivas ajenas o presuponer que puedes prescindir de manera natural y más fácilmente  las demás personas (y tu relación con ellas), a las que consideras de menor importancia. La presunción y el derecho son la muestra de que no ves necesario tratar a la gente de manera justa. Y ojo, justa no es necesariamente lo mismo que igual.

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No equiparo el privilegio de pareja al privilegio monógamo. Hay quien me lo ha sugerido, pero rechazo esta interpretación, ahora os digo por qué:

El privilegio monógamo solo está convenido para aquellas personas que se identifican o se muestran públicamente como monógamas, al margen de su tipo de relación. Por ejemplo, cuando sales con alguien, al menos dentro de la comunidad hetero, existe la presunción de que la gente soltera o es o desea ser monógama. De esta manera, la gente que se muestra como no monógama muy a menudo es apartada o excluida de este tipo de relaciones sociales. Por otro lado, el privilegio de pareja está específicamente convenido para aquellas personas que se muestran como parejas principales, al margen de si son real o aparentemente monógamas. Echadle un ojo a las estadísticas sobre infidelidad: la mayoría de parejas principales y parejas aparentemente monógamas en realidad no son tal, pero eso no lima un ápice el privilegio de pareja.

Comparte tus consideraciones y experiencias en relación al privilegio de pareja.

Creo que no tengo nada más que decir en relación a esto. Antes de ponerme a desarrollar más esta entrada, me gustaría escuchar lo que tenéis que decir la gente poliamorosa y no monógama (en concreto a parejas no principales o solteras (personas que no tienen o no quieren tener una pareja principal)). Aquí van esas preguntas:

  1. ¿Crees que existe el privilegio de pareja? ¿Cómo lo definirías o cómo modificarías la definición que yo he propuesto?
  2. ¿Cómo has visto manifestarse el privilegio de pareja en relaciones poliamorosas y abiertas? Pon ejemplos.
  3. ¿Es privilegio de pareja tóxico, indiferente o beneficioso en ámbitos de relaciones poliamorosas y abiertas o dentro de la misma comunidad? ¿Por qué o por qué no?
  4. ¿En qué manera te ha afectado personalmente el privilegio de pareja dentro de relaciones poliamorosas o abiertas? Ejemplos concretos o historias personales serán bienvenidos.
  5. ¿En qué medida te gustaría que el privilegio de pareja en relaciones abiertas o poliamorosas estuviera delimitado y subrayado en la comunidad poliamorosa y abierta?
  6. Si formas parte de una pareja principal cuya gestión de la relación con respecto al resto de parejas afectivas se basa en criterios jerárquicos que refuerzan el privilegio de pareja, ¿en qué basáis esta decisión y con qué propósitos la lleváis a cabo?
  7. Si evitáis las jerarquías dentro de vuestra relación abierta o poliamorosa, ¿cómo lográis mantener la coherencia ante la influencia del privilegio de pareja?
  8. Como pareja no principal o persona poliamorosa o abierta soltera, ¿cómo ha sido tu adaptación al privilegio de pareja en relación a tu gestión de relaciones y a lo que quieres alcanzar en ellas? También podéis comentar cualquier cosa relativa a problemas que emanan del privilegio de pareja como los que he comentado, o comentad algunos nuevos. Fijo que algo se me ha saltado.

En tu respuesta me gustaría que aclararas si te identificas como persona abierta o poliamorosa (o si no), si tienes una pareja principal o si te encuentras en una posición secundaria dentro de una relación. Me gustaría leer todas vuestras aportaciones, pero es importante que indiquéis vuestro contexto para entender mejor vuestro punto de vista.

Vuelvo a añadir que podéis tanto comentar aquí abajo o escribirme un correo privado (en inglés). No revelaré la identidad de las personas que contribuyáis, haré como en mi anterior en entrada sobre el cuidado de parejas no principales que elaboré gracias a vuestra colaboración, citaré a partir de algunas respuestas.

¡Muchas gracias! Por favor, corred la voz de este proyecto en vuestros círculos poliamorosos y abiertos y en vuestras redes.

NOTA: las respuestas podéis compartirlas aquí en castellano o contactar directamente con la autora original. También podéis hacer ambas cosas.

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Asexualidad: la vida sin atracción sexual

Del original anónimo en Everyday Feminism, Asexuality: Life Without Sexual Attraction.

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Publicado originalmente en Feminspire y compartido aquí con su permiso.

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Durante mi etapa de instituto, no me resultaba un gran problema mantener conversaciones sobre sexo. No era algo que hubieran practicado la mayoría de mis amigas más cercanas, así que apenas salía a colación. Además, tenía una experiencia al respecto lo suficientemente competente como para inmiscuirme en cualquier conversación referente o para formar parte de cualquier corrillo que jugara al yo nunca, llegado el caso.

Sin embargo, cuando llegué a la universidad, parecía que todas las charlas de presentación eran un interrogatorio sobre a quién te habías tirado o cómo y así un largo etcétera. No era que no tuviera historias con las que contribuir, lo que me pasó es que en algún momento de ese lapso de tiempo que transcurrió entre el fin del instituto y el comienzo de esas charlas con mis nuevas compañeras de colegio mayor, me di cuenta de algo muy personal: no sentía atracción sexual por nadie.

No miraba a la gente y fantaseaba sobre cómo me la follaría y ni siquiera es un factor que tenga en cuenta en mis relaciones o mis citas  (si exceptuamos ese leve pánico a las expectativas sexuales que cargan sobre mis espaldas).

Me siento comodísima en debates sobre orientaciones y experiencias sexuales, desde el tibio sexo hetero hasta el más bizarro, quinqui y salvaje que te puedas imaginar; creo que es importante permitir que la gente se alce como portavoz de sus propios designios y acciones.

No obstante, seamos cuidadosas, no nos dejemos llevar por la excitación y pongamos en un apuro a aquellas personas como nosotras que tienen poco o nulo interés en el sexo o en actividades sexuales de cualquier índole.

No  existen muchos trabajos de investigación sobre asexualidad actualmente, pero uno de ellos, muy comúnmente citado, es el del Journal of Sex Research, del año 2004, que declara que el 1% de la población mundial es asexual. Sin duda, un número muy inferior al real, teniendo en cuenta la gente que no se declara como tal por miles de razones.

Una persona asexual es aquella que no experimenta atracción sexual alguna.

Esto no quiere decir que no puedan experimentar excitación, atracción afectiva o estética, o que no deseen intimidad en sus relaciones. Incluso puedes masturbarte y tener encuentros sexuales y seguir siendo asexual.

La sexualidad conforma un espectro en la cual la asexualidad se encuentra en uno de los extremos; sin embargo, alguien que se identifica como asexual es también un individuo, independiente y con particularidades.

También puedes ser asexual y heteroafectiva, y asexual y homoafectiva, o incluso asexual y anafectiva, o cualquier cosa entre medias.

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El espectro asexual también incluye a  personas demisexuales, aquellas que solo experimentan atracción sexual tras haber establecido un sólido vínculo emocional y a personas grisexuales, aquellas que en muy raras ocasiones experimentan atracción sexual.

La asexualidad se diferencia notoriamente del celibato o de la abstención de actividades sexuales porque existe una diferencia intrínseca  entre conducta y atracción. Y, aun con esto, hay personas asexuales que se involucran en prácticas sexuales por múltiples razones.

En la sociedad hipersexualizada en la que vivimos, las personas asexuales tienen que enfrentarse a miles de situaciones de discriminación y juicio, no solo ante personas heterosexuales, sino ante todas las que conforman el espectro de género y orientación.

Los cuerpos leídos como masculino que se identifican como asexuales, por ejemplo, no suelen involucrarse en las típicas conversaciones de vestuario en las que muchas de nosotras nos jactamos de nuestras conquistas sexuales ni chismorrean sobre la gente atractiva de su entorno ni sobre todo lo que les gustaría hacerles.

Los cuerpos leídos como femenino e identificados como asexuales, por otra parte, sufren la acusación constante de mojigatería o de hacerse las difíciles.

Todas las personas asexuales pueden sufrir ostracismo, especialmente de adolescentes, cuando la mayoría de nuestras conversaciones están monopolizadas por el sexo o las relaciones, cuando esas personas se ven incapaces de asociar o entender por qué el sexo es un tema tan solicitado.

Suelen ser diana de comentarios como el de estar perdiéndose todo ese gran mundo del sexo, o el tan manido ya encontrarás a la persona adecuada.

Hace poco que me identifico como asexual y coincido con la mayor parte de su definición, pero sí hubo un momento a lo largo de mi vida en el que pasaba, de pleno derecho, por una persona sexualmente activa. El caso es que no me gustaba ni se me antojaba, ni tampoco veía a gente y me sentía vincluada a ella de manera sexual.

Para mí, el sexo era una manera de obtener la intimidad de una relación con alguien pero, desafortunadamente, no me funcionó. La gente no compartía mi visión, así que pensé que igual algo me ocurría al no compartir ese deseo.

Durante mucho tiempo, incluso descarté aplicar para mí cualquier tipo de orientación sexual, ya que ninguna me definía como es debido. Tampoco creía que hubiera otra gente como yo, que no concibiera las relaciones desde una óptica sexual.

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Lo que acabó por ocurrirme es que me vi envuelta en multitud de relaciones tóxicas porque consideraba que sexo era lo que se esperaba de mí y lo que tenía quedar en una relación.

Tener constancia de la asexualidad ha sido para mí un paso importantísimo a la hora de firmar la paz con todas esas experiencias sexuales no deseadas.

Para muchas personas asexuales, el ser capaces de decir simplemente que lo son es una parte importantísima dentro de la construcción de su identidad y una forma de salir del armario. Es algo perfectamente equiparable a la situación de las personas que no se identifican como heterosexuales.

No pretendo hablar por las personas asexuales en general ni por ninguna en particular, tengo perfecta constancia que el espectro asexual es igual de amplio que el alosexual (activosexual). La Red por el Reconocimiento y la Visibilidad Asexual, AVEN en sus siglas en inglés, contiene recursos informativos muy detallados y un foro de consulta y debate por internet. También hay gran cantidad de muy buena información sobre relaciones con personas asexuales (¡también hay unos consejos muy buenos para practicar sexo 100% consentido entre personas alosexuales!).

Lo mejor que podemos hacer es mantenernos informadas, tanto de nuestras propias orientaciones como de las ajenas, y tener siempre en cuenta la posibilidad de que hay personas a nuestro alrededor que pueden no compartir nuestra visión del sexo.

Incluso entre personas alosexuales existen un amplio abanico de situaciones e individuos que les estimulan o deprimen sexualmente. ¿Por qué parece tan rupturista que algunas de nosotras no pertenezcamos a ninguna opción de este surtido tan difuso?

Muchas veces parece que cada vez que nos distraemos un momento, aparece una nueva orientación que debemos empezar a tener en cuenta.

Es muy importante que tengamos en cuenta que no solo no hay nada malo en tener sexo, en evitarlo, en tenerlo con una persona, muchas o personas de distinto género, tampoco hay nada malo en simplemente no tenerlo o no querer tenerlo.

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Alternativas de género neutro para «novio» y «novia».

Del original del 23 de diciembre de 2013 en Everyday Feminism, Gender neutral alternatives to “boyfriend” and “girlfriend”, de Maddie McClouskey

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No sé tú, pero a mí no me apetece nada en una conversación  tener que anunciar para luego explicar mi orientación sexual cuando es totalmente irrelevante en la interacción.

Estoy enamorada de mi mejor amiga. Es una mujer, como yo.

En muchas ocasiones, esta información es necesaria, pero te sorprendería la cantidad de veces en las que no lo es.

Si eres una persona no hetero a la que no le apetece entrar en detalle en un momento determinado o  una persona hetero que actúe en solidaridad con la comunidad LGBTQIA+, hacer uso de términos afectivos de género neutro puede ser muy útil.

Si eres bisexual, pansexual o fluida, pero tienes una relación aparentemente hetero, un término de género neutro te prevendrá de comentarios graciosos como «espera, espera, ¿no eras tú gay antes?»

Si tú o tu pareja os identificáis como genderqueer, trans, de género fluido o cualquier otra identidad no binaria, excluir el género de la ecuación hará que la gente menos informada lo entienda mejor.

Eres una persona que está saliendo con otras persona. ¿Creo que así lo entendemos todas, no?

Además de lo beneficioso que resulta para la comunidad LGBTQIA+, creo que hay palabras de género neutro que describen mejor  la naturaleza de tu relación que «novio» o «novia».

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De momento, aquí tenéis algunas opciones de género neutro que podéis usar en su lugar:

Cómplice

Aunque he oído el término cómplice de fechorías usado generalmente por parejas gay cisgénero de larga duración, esta distinción se ha quedado anticuada una vez que muchos lugares ya han legalizado el matrimonio homosexual.

No me solía gustar el término cómplice porque me recordaba a la mafia o al crimen.

Sin embargo, ahora que ya soy mayor y estoy muy feliz con mi relación, le he cogido el gusto, porque tengo un cómplice, así como una amante y una amiga monógama.

Amante

Si tienes un don para el dramatismo, he aquí una fantástica palabra.

Como lesbiana, suelo huir de esta palabra por sus connotaciones lujuriosas (y porque muchos miembros de mi familia constantemente se referían a mi novia de la universidad como mi «amante lésbica», y sí, sonaba tan raro como lo parece).

Sin embargo, si eres aficionada a la sensualidad y al melodrama, prueba a llamar a tu pareja amante.

Pareja

Me encanta este término porque es totalmente neutral.

No tiene la intensidad de una relación a largo plazo o connotaciones abiertamente sexuales implícitas, como en otros términos de género neutro que me he mencionado hasta ahora.

Sin embargo, aun contiene la connotación de particularidad, de que esa persona es importante en tu vida en cierto modo, y eso es fascinante.

Una variación de esto sería, «par», que significa lo mismo, pero es un calco del francés «paire». Sin embargo, solo creo haberlo oído una vez en una serie de parejas pijas.

Mirad que cortito a la vez que dulce, neutro y moderno que es. Del término francés beau. ¿A que os gusta?

Ah, pero los primeros noventa, además, nos deleitaron con esta joyita. De nada.

Sin embargo, si llamar a alguien «bó», no encaja con tu dialecto; o peor, suena como que te estás metiendo con el andaluz, evítalo.

Corres el peligro de sonar centralista, y dejarás de tener autoridad a partir de ahí.

Novie.

No, no se me ha ido la mano, «novie» es el término de género neutro entre las palabras «novio» y «novia» y un guiño al undécimo mes del año.

El uso de –e para crear palabras de género neutro es recurrente en círculos feministas donde se pone en práctica la no-monogamia.

Si te sientes identificada con él, ¡comienza a usarlo!

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Es obvio que este listado no es ni mucho menos exhaustivo, pero creo que merece que tanto tú como tu pareja lo comentéis para ver cómo os sentís con respecto al género neutro y la terminología afectiva. Que no te extrañe que sea un territorio totalmente virgen para tu pareja.

La típica pregunta que saldrá a colación será «¿por qué preocuparme sobre si decir novio/novia puede afectar a mi relación?»

Ciertos términos afectivos de género neutro tienen connotaciones más serias que los típicos «novio» y «novia».

Es una forma muy bonita de decirle al mundo e incluso a mi pareja que mi relación tiene visos de ser duradera (¡e incluso me da tiempo para ahorrar para mi alianza!).

El género neutro también puede dar una impresión de madurez, profesionalidad y puede facilitar a las demás la comprensión de nuestras relaciones.

Además, apuesto a que no quieres ser esa persona que da la chapa repitiendo una y otra vez lo de «mi novio/novia» hasta la náusea.

Si estás de acuerdo conmigo, seguramente preferirás usar diferente terminología según espacios.

Por ejemplo, en una charla casual con amigas o cuando estoy dando un monólogo en directo o en Twitter, prefiero referirme a mi pareja como «novia».

A ambas se nos lee relativamente como mujeres femeninas cis y estamos cómodas llamándonos «novias» en espacios en los que se nos acepta como pareja homosexual.

Sin embargo, hablando con gente mayor, contactos profesionales o personas muy religiosas, uso el término «pareja». Lo que no quiero es iniciar un debate sobre el matrimonio homosexual o hacer que alguien se sienta muy incómoda.

Normalmente, cuando mi pareja sale a colación en una conversación, es cuando tocamos temas nimios o irrelevantes en relación a mi orientación, como esa pulsera bonita que me regaló por mi veinte cumpleaños.

El uso regular de pronombres de género neutro puede ejemplarizar y ayudar a otras personas de tu entorno.

Por ejemplo, si te identificas como una persona dentro del ámbito queer (no hetero), alguien de tu familia puede que se sienta incómoda refiriéndose a tu pareja como «novio» o «novia». Esto vale por diez si eres joven, ya que tu familia se referirá a tu pareja como «amiga», aunque todo les indique que no es así. Puede resultar alienante y doloroso.

Si esto te suena demasiado a tu familia, seguramente quieres ampliar el debate más abajo, pero los términos de género neutro seguramente sean bastante digeribles para todo el mundo.

No quiero con esto excusar a la homofobia militante, pero si te posicionas como un adalid de la lucha LGBTQIA+, no puedes esperar que todo el mundo se apunte sin reparos a todo tipo de cambio, especialmente a aquellos relacionados con el género o el sexo.

Sean cuales sean tus razones, espero que esta lista te ayude. Sé que le falta mucho para estar terminada, así que, a partir de aquí, ya entras tú.

Habla con tus parejas y con tus amigas, a ver si puedes crear más términos de género neutro que añadir al listado y ponlos en los comentarios.

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Ser gordo, mulato, femme, feo y aborrecible

Del original de Caleb Luna en Black Girl DangerousOn Being Fat, Brown, Femme, Ugly, and Unloveable

21 de Julio de 2014. Caleb Luna.

Es peligroso que un chico mulato se enamore porque, según el supremacismo blanco, no somos gente a la que se deba amar. Es peligroso que un chico mulato se enamore porque la gente no nos ve como personas independientes a las que se deba amar.

El colonialismo nos adoctrina para que idealicemos románticamente la delgadez, la blanquitud y la masculinidad, tanto en nosotros mismos como en el resto del mundo. ¿Y cómo yo, gordo, mulato y femme puedo deconstruir mi deseo de tal manera que me desee a mí mismo? ¿Cómo puedo amarme en un mundo que no para de decirme que no soy alguien a quien se deba amar? Y de nuevo, ¿cómo puedo deconstruir mi deseo de tal manera que nunca más vuelva a acosar con la mirada a ese chico delgadito que se niega a verme como la diosa que soy?

Según las construcciones coloniales de belleza y deseo, ser gordo, mulato, homosexual y femme es ser feo. Significa sentirse y ser aborrecible y que todo el mundo esté de acuerdo con ello. Ser gordo y mulato mientras tu mentalidad está colonizada significa apreciar, desear y dar prioridad al amor romántico, un amor que no te corresponde y que no te querrá nunca. Significa no poder escapar del estómago de la bestia.

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Feo es cómo me muevo por el mundo, cómo me ve la gente, mis compañeras de trabajo, mis potenciales amantes, mis jefas, la gente de mi entorno, las médicos, las profesoras, las trabajadoras del sector servicios, etc. Esta percepción afecta directamente al trato que recibo a diario. Me han rechazado en varias entrevistas de trabajo debido a mi cuerpo, no quepo bien en las mesas con butaca de los restaurantes, en los asientos del avión y en los pupitres. Todo es un recordatorio constante de que este mundo no está hecho para mí.

He desarrollado sentimientos afectivos a lo largo de mi vida y en muy raras ocasiones han sido recíprocos, aunque la gente por la que he desarrollado esos sentimientos normalmente han sido amigos, gente que me apreciaba e incluso me quería de otras maneras. Sin embargo, no pasé por alto que estas mismas personas, con asiduidad, preferían antes tener citas con gente delgada o blanca que con gente como yo. Comencé mi primera relación romántica poco después de cumplir los 27, y, a esas alturas, no me costó mucho ver que muchos de mis allegados ya habían tenido varias. Tampoco me costó ver que muchos de nosotros no las habíamos tenido ni las tendríamos nunca.

Con esto no estoy diciendo que nadie ame ni desee a la peña gorda y a la gente no blanca, todo lo contrario, hay múltiples ejemplos así en mi entorno. Pero esto no elimina el hecho de que nuestros amplísimos sistemas culturales, aquellos que alimentan nuestras decisiones y deseos, descansan sobre siglos de historia en los que, sistemáticamente, se ha otorgado privilegio a determinados cuerpos mientras que se han marginalizado otros. En consecuencia, no dejo de ver múltiples ejemplos de cuerpos marginalizados en los que el deseo no tiene cabida.

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Hablaba con mi amiga, Ivette González-Alé sobre identidad gorda cuando se hizo la siguiente pregunta: « ¿gorda para quién?». Decía que su cuerpo era idéntico al del resto de su familia; sus caracteres indígenas hacen que su cuerpo se considere ajeno a los estándares blancos de altura, peso y distribución de la grasa corporal. La gordura se contrapone a los cuerpos blancos, sacando del juego comparativo al resto de grupos étnicos, y creando de esta manera una identidad totalmente ajena a su propio cuerpo mulato.

Teniendo en cuenta que muchas de las personas gordas en los Estados Unidos son también pobres y no blancas y también considerando que lo personal es lo político, apreciar y desear cuerpos blancos y delgados se convierte en una (poco) sutil colaboración con la supremacía blanca y el privilegio de clase. Y son especialmente los hombres los que ganan dentro de estas construcciones, como demuestran las opciones, aparentemente graciosas, pero que poco tienen de irónicas, que existen las aplicaciones telefónicas para ligar que usan hombres homosexuales: «ni gordos ni femme», «ni negros ni asiáticos».

Si eres gordo en entornos de hombres homosexuales solo serás apetecible si tienes un cuerpo de oso peludo, ya que la barba te reafirma en tu masculinidad y compensa la tendencia a la feminización de la gordura. Sin embargo, puedo extraer el origen de mi cuerpo lampiño de mis raíces indígenas, de tal manera que cuando empieza la charlita para medir lo muy oso o lo poco oso que soy (pelo en la barba, el ombligo y en el resto del cuerpo) y mi negritud comienza a ubicarse un determinada y solitaria categoría, toda la charla puede resumirse en: «si eres blanco y estás gordo, no pasa nada». Es este un entorno del que me repele participar tanto por el racismo como por la misoginia encubierta; pero no deja de ser el único espacio donde cuerpos masculinizados pueden sentirse apreciados o incluso deseados.

Hubo una breve época en la que algunos hombres —en concreto hombres gordos y negros— se interesaron por mi cuerpo. Fue una experiencia totalmente increíble tener relaciones sexuales con hombres con un cuerpo como el mío. Sin embargo, en el momento en que cambió mi expresión y adopté la identidad femme, estas comunidades parecen haber perdido interés. ¿Qué te queda cuando eres demasiado mulato, demasiado femme, demasiado marica para los osos? ¿Cuándo se convirtieron en tu único recurso? ¿Cuándo, incluso en espacios radicales de maricas no blancos, ha comenzado a darse preferencia a los cuerpos delgados, masculinos, cisgénero y normofuncionales? Además, aun esforzándome activamente para interrogar, expandir y enfrentarme a mi propio deseo, no estoy exento de perpetuar estas actitudes. Entonces, ¿cuál es el lugar para la gente como yo?

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Soy una persona antirromántica porque rechazo la propia idea del amor romántico; la considero nociva para mi salud mental. Significa estar expuesto de manera eterna e íntima a los entretejidos sistemas de supremacía blanca, gordofobia, cisexismo y demás. Bajo esos sistemas, mi cuerpo no puede ser ni neutral ni mucho menos erótico, no puede ser objeto de deseo sin ser convertido en un fetiche descontextualizado y excluido. No solo eso, mi cuerpo también se vuelve invisible en aquellas concepciones alternativas creadas por las personas que buscan destruir esos sistemas, aquellas personas más involucradas en esos sistemas de lo que ellas, nosotras o yo estamos dispuestos a reconocer.

El amor romántico tal y como lo conocemos es un constructo colonial. Es una empresa perpetua, posesiva y monógama que sangra cada segundo de tu vida y cuyo fin es, apoyándose sobre la familia nuclear, sostener al sistema capitalista y al supremacismo blanco heteropatriarcal. Nos enseñan que el amor romántico es esencial, nos lo muestran como un mito de autorrealización. ¿Qué podría cambiar si nos construyéramos en base a amor propio, amor platónico o amor comunal? Podríamos adivinar la belleza dentro de nuestra interdependencia, más que observar a un grupo de personas competir por salarios o modos de vida más elevados a costa de las demás. Dar prioridad a la formación de familias en vez de comunidades crea jerarquías en las cuales ciertas personas son más merecedoras de nuestra atención, protección y devoción que otras. Si reestructuramos el amor romántico y lo hacemos equiparable  al amor propio, platónico o comunal, conseguiríamos establecer prioridades de cuidados y de sustento para nuestra comunidad, unas prioridades muy parecidas a las que podríamos facilitar a nuestra pareja emocional.

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En su artículo Moving Toward the Ugly: A Politic Beyond Desirability (De paseo por lo feo: la política más allá de lo deseable), Mia Mingus nos urge a que dejemos atrás nuestra concepción binaria de la belleza y alcancemos lo que ella llama magnificencia: abrazar lo Feo y la diversidad de los cuerpos. Mingus ubica el concepto de belleza en una construcción inherentemente exclusivista en la que se impide específicamente el acceso a personas no blancas, a personas trans, a personas no conformes con su género o a personas diversofuncionales. Con toda esta información, aun sigo dándole vueltas a lo que significa ser feo, ser bello y mi involucración en la belleza. Si ser «no bello» significa no ser o no sentirse «digno de ser amado», y si «digno de ser amado» significa «humanidad», ¿qué pasa con las personas que no somos bellas? ¿Qué significa ser «digno de ser amado» bajo una construcción colonial del amor y de la belleza articulada en base a la supremacía blanca y al colonialismo? ¿Implica algo diferente para mi cuerpo gordo, mulato, homosexual, femme que para las demás? ¿Y quién lo decide? ¿Y a qué feas nos dejamos por el camino?

Caleb Luna se identifica como gordo, mulato, homosexual y femme. Vive, estudia, baila, escribe, da conferencias y las organiza en Austin.

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Anarquía Relacional y Poliamor No Jerárquico

Del original en The Thinking Asexual,  Relationship Anarchy vs. Nonhierarchical Polyamory.

Me he percatado de que, en la comunidad alosexual y poliamorosa, cuando sale a colación el término anarquía relacional, suele usarse como término sinonímico al de poliamor no jerárquico. Sin embargo, yo los considero significativa y sensiblemente diferentes  y, aunque puedo equivocarme, creo que Andie Nordgren, que tiene el honor de haber acuñado el término en su sueco natal, también lo ve así.

A continuación, desarrollo mi visión de los tres tipos mayoritarios relaciones no monógamas:

  1. Poliamor jerárquico: red en la cual existe una relación romántico-sexual principal y el resto de relaciones románticas o sexuales están supeditadas a ella. Es decir, la relación principal sostiene la mayor parte de carga emocional, de compromisos, de tiempo, etc. A menudo, la pareja principal tiene derecho de veto sobre el resto de relaciones romántico-sexuales. Las relaciones románticas, sexuales o romántico-sexuales secundarias (o incluso terciarias) podrán sacrificarse, reducirse o sufrir perjuicio siempre que la relación principal así lo necesite. El componente secundario de la pareja, tanto sexual como romántico-sexual, posee menos derechos por defecto que el componente principal.

 En alguna ocasión he oído describir a los componentes de este tipo de relación como «monógamos que mantienen una relación poliamorosa bajo normas monógamas», descripción que considero bastante acertada. Las personas en una relación de poliamor jerárquico solo consideran como parte de su red las relaciones romántico-sexuales, mientras que sus amistades se encuentran en una posición inferior, al igual que en relaciones monógamas, ya que esas mismas amistades también funcionan de manera normativa. No están sujetas a compromisos, contacto físico, intimidad ni afectividad, etc.

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  1. Poliamor no jerárquico: red en la cual ninguna relación romántico-sexual tiene una posición privilegiada con respecto a las demás. Es decir, nadie tiene derecho de veto y nadie tiene autoridad sobre las relaciones de los miembros de la red con terceras personas. Puede existir un sentimiento amoroso parejo entre sus componentes aunque los compromisos establecidos no sean idénticos. Incluyo un ejemplo: Janie vive con su amante, Mike, y tienen hijos; a su vez, ambos tienen amantes respectivas que no viven con ellas y que no comparten la maternidad con ellas a tiempo completo. Desde su punto de vista no jerárquico, Janie y Mike consideran sus relaciones romántico-sexuales respectivas importantes, valiosas y dignas de dedicar todo el tiempo y los cuidados que las partes involucradas deseen. Janie y Mike aplican los mismos niveles de esfuerzo y cortesía en el resto de sus relaciones romántico-sexuales que ya aplican en su propia relación; se preocupan de la misma manera por las necesidades, deseos y bienestar de sus amantes que por las de ellas mismas. Ni Janie ni Mike van a sacrificar su propia relación para satisfacer a algunas de sus otras parejas, ni tampoco van a hacer lo mismo con el resto de sus relaciones para satisfacer la relación entre las dos.

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Por otro lado, y al igual que en el anterior punto, las personas en relación poliamorosa no jerárquica posicionan sus amistades de una manera normativa; solo consideran parte de su red a las personas con la mantienen relaciones romántico-sexuales. Sus relaciones romántico sexuales disfrutan de una posición homogénea, pero todas, en su conjunto, ostentan un lugar privilegiado dentro de su entorno social, frente a sus relaciones no románticas o no sexuales, que carecen de él, al igual que en relaciones monógamas.

Recomiendo encarecidamente dos ensayos en los que se tratan tanto las relaciones de poliamor jerárquico como las relaciones de poliamor no jerárquico: The problem with polynormativity, Polyamory and hierarchy.

  1. Anarquía relacional: el concepto de anarquía relacional no hace exclusivas las relaciones románticas ni el sexo, aunque puede incorporar tanto una como ambas. De esta manera, para una anarquista relacional, tanto sus relaciones convencionales como sus relaciones íntimas y más intensas no van a reducirse a las categorías de «pareja romántica», «sexual» o «romántico-sexual». Puede que incluso no tengan ese tipo de parejas porque, maldita sea, las personas asexuales y arrománticas también pueden ser ARs. Usemos como ejemplo a una persona romántica, alguien quien discrimina claramente el amor «romántico» del «no romántico»/«amistad». Si una persona romántica, tanto alosexual como asexual es anarquista relacional, jamás pondrá sus relaciones no románticas por delante de las románticas. Nunca diferenciará sistemáticamente entre «pareja» y «amiga» («no pareja»); es decir, no discriminará a alguien con quien se relacione de manera romántica de alguien con quien se relacione de manera no romántica, respectivamente. Una anarquista relacional no hará exclusivo de sus parejas románticas el sexo, el compromiso, el afecto físico/sensorial y la intimidad, afectiva o no. Es decir, no privará de todo esto a sus relaciones de amistad no románticas.

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Una anarquista relacional no solo rechaza la jerarquización entre relaciones de pareja, sino entre relaciones románticas y no románticas. Puede hacer que una de sus relaciones de amistad no románticas se convierta en su pareja,  y no hablo ya de sexo. Es decir, una anarquista relacional puede copiar todo el código de conducta del concepto de «pareja» –compromisos de convivencia, crianza, gananciales, integración de la pareja en la familia de origen, etc. – y ponerlo en práctica con una pareja con la que no mantiene relaciones románticas ni sexuales o incorporarlo a su relación con una pareja romántica y/o sexual. Queda a disposición de la anarquista relacional incluso estructurar su ámbito de relaciones individuales y su red relacional totalmente fuera de toda tendencia romántica; en otras palabras, un anarquista relacional, hombre y heterosexual, puede convivir con su mejor amigo o establecer una relación romántica homoplatónica con él sin que se diferencie en absoluto de una relación igualmente importante, íntima y afectiva que ya haya establecido con una mujer. Puede incluso acabar conviviendo con él y su pareja romántica, formar una familia y que todos funcionen como parejas ecuánimes.

Una persona arromántica de cualquier orientación también puede ser anarquista relacional (soy de las que opina que las personas arrománticas sí pueden ser poliamorosas, pero ese es otro tema).

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En definitiva, y en mi opinión, la anarquía relacional tiene diferencias fundamentales que la separan del poliamor no jerárquico. El poliamor (excepto para aquellas personas arrománticas) no tiene en absoluto en consideración las relaciones no románticas y no sexuales, como sí hace la anarquía relacional. La anarquía relacional derriba las estructuras sobre las que colocamos las relaciones individuales, lo que provoca que no existan ideas preconcebidas sobre cómo deberían funcionar las relaciones «románticas» y las relaciones de  «amistad». Las parejas románticas no tienen autoridad sobre las relaciones de amistad de cada componente ni sobre las relaciones románticas de los mismos. En una red AR, puedes disfrutar de amistades sexuales no románticas, de relaciones románticas no sexuales y de amistades no sexuales y no románticas con mucho más significado que algunas relaciones románticas o sexuales.

La anarquía relacional se mueve sobre una escala de grises. Crea relaciones sobre esa base, y ese es el espacio que ocupa. No existe un número finito de posibilidades de relación dentro de una red anarcorelacional, y, de hecho, eso es lo que configura su núcleo, el que no importe cómo conformas tu relación. Las relaciones establecidas dentro de escala de grises no se adscriben a las definiciones sociales categóricas de «relación romántica», «amistad», «pareja» y «familia».

Es por esto que a veces me siento incómoda o decepcionada al escuchar a gente alosexual y poliamorosa en relación no jerárquica usar el término «anarquía relacional». No soy la policía del lenguaje de la comunidad poliamorosa mundial; ni siquiera soy la persona que acuñó el término «anarquía relacional», por lo que no puedo obligar a las personas poliamorosas a adherirse a las definiciones que he incluido aquí. Sin embargo, si se me acerca alguna persona poliamorosa hablando de anarquía relacional, me mostraré escéptica  y la preguntaré qué es en realidad lo que quiere decir con ese término. ¿Tienes en cuenta tus relaciones no románticas o no sexuales? ¿Tus relaciones romántico-sexuales ostentan una posición muy parecida a la que ostentan las relaciones romántico-sexuales en un ámbito normativo y monógamo, si excluyes la monogamia? ¿O tienen una posición menos definida y ambigua?.

Anarquismo Sin Tonterías, Conan y las muchachas