Las feministas creyentes también son feministas

Original por , and , en The Huffington Post.

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Parece ser que cada pocas semanas una celebridad declara con orgullo y a voz en grito que no es feminista: mujeres como Shailene Woodley, Katy Perry, Kelly Clarkson, Kendall Jenner lo han hecho recientemente.

Estas mujeres escudan su rechazo a proclamarse feministas en que no odian a los hombres, haciéndose eco de una de las más intratables, somnolientas y denigrantes caracterizaciones del feminismo, o insistiendo en que, personalmente, ellas no sufren opresión, haciendo caso omiso de que los papeles sólidos y cautivadores para mujeres llegan a su fin décadas antes que los de los hombres, o que hace poco, la actriz Maggie Gyllenhaal, de 37 años, fue rechazada para interpretar el papel de interés amoroso de un hombre de 55 por ser considerada “demasiado vieja”.

Incluso si aceptamos los argumentos de estas jóvenes estrellas que defienden que no sufren discriminaciones, las feministas nos preguntaríamos dónde queda su preocupación por otras mujeres menos privilegiadas. Una cuestión a la vez frustrante y justificada, por otra parte.

Por un lado, ¿a quién le importa lo que una estrella del espectáculo piense sobre el feminismo? Por otro lado, estas mujeres tienen un enorme poder de influencia sobre otras mujeres jóvenes. Al expresar displicentemente, «yo tengo derechos, así que ¿quién necesita el feminismo?» deshonran los sacrificios de las que lucharon antes que nosotras e ignoran el hecho de que los derechos de las mujeres aún  están en liza. Aún no están garantizados los derechos de las mujeres que luchan por eliminar la brecha salarial, por los permisos de maternidad y por el acceso a la sanidad reproductiva. Aún no están garantizados para las mujeres no blancas o las del espectro LGTB/GSD.

Y aún continúan debatiéndose los derechos de las mujeres creyentes.

El género sigue siendo un asunto muy importante en el seno de las tradiciones religiosas de corte patriarcal, y muchas mujeres continúan sin tener acceso a muchos roles sociales debido a su género. Sin embargo, mientras el feminismo mayoritario prácticamente le ruega a las jóvenes estrellas que por favor, se definan como feministas, las mujeres creyentes sufren burlas por proclamar su identidad feminista y combatir el sexismo desde el interior de sus tradiciones.

¿Cómo hemos llegado las mujeres creyentes a ser feministas de segunda?

Entendemos que puede parecer que existe una desconexión entre nuestra fe y nuestro feminismo, también reconocemos que nuestras tradiciones religiosas han sido sometidas a un filtro interpretativo de corte sexista, y sin duda comprendemos por qué muchas feministas abandonan su fe, pues nosotras también nos hemos visto tentadas a hacer lo mismo.

Sin embargo, aunque toda feminista judía, cristiana y musulmana abandonara sus tradiciones, aún quedarían mujeres que permanecerían, mujeres cuya decisión de seguir en su mismo entorno les reportaría consecuencias jurídico-religiosas. Seguirían estando sometidas a la Halajá, a las fatuas y al derecho canónico; seguirían sufriendo exclusión del acceso a puestos de responsabilidad y continuarían enfrentándose a opresión ejercida por parte de miembros de sus comunidades que consideraran válido el estatus menor de las mujeres en base a las enseñanzas de sacerdotes, rabinos e imanes iluminados.

Reconocemos y nos preocupamos por las consecuencias reales de nuestra fe en el mundo; sin embargo, también reivindicamos los mensajes fundacionales de nuestras creencias por lo que son y por las maneras en las que han sido malinterpretados. En otras palabras, nos negamos a que nuestra tradición religiosa se defina en base a interpretaciones sexistas.

Este rechazo se está expresando de varias maneras: académicas feministas y judías, cristianas y musulmanas estamos trabajando dentro del marco de traducciones existente de la Torá, la Biblia y el Corán, produciendo nuevas traducciones y, en ocasiones, cuestionando la autenticidad y divinidad de pasajes irremediablemente sexistas.

Al mismo tiempo, otras activistas están llevando a cabo rezos, cultos y liturgias subversivas para dejar en evidencia el arraigadísimo sexismo de las instituciones religiosas. Anat Hoffman fue detenida y cacheada por una acción en la cual buscaba el reconocimiento delas mujeres judías que deseen rezar en alto junto a sus correligionarios hombres en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén. Kate Kelly recibió la excomunión tras fundar el movimiento «Mujeres que decretan» (Ordain Women), para defender el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad en el seno de la Iglesia Mormona. Amina Wadud sufrió condenas internacionales y amenazas de agresión por ser la primera mujer en dirigir un rezo musulmán mixto en Estados Unidos.

Todas estas mujeres se han aplicado y se han mantenido firmes ante la posibilidad de abandonar sus creencias ante interpretaciones sexistas. Valentía es esto. Feminismo es esto.

 Y, pese a todo, mientras el feminismo mayoritario se arrastra ante las jóvenes estrellas para solicitarles un servicio a la lucha, las mujeres creyentes aplicadas en un trabajo valiente y arduo tienen que aguantar continuamente la comidilla de que «no son feministas de verdad».

Sabemos que mucha gente piensa que el único acto genuinamente feminista que puedes llevar a cabo con respecto a las religiones es abandonar sus tradiciones típicamente patriarcales. Nosotras defendemos que también puede serlo permanecer, y esperamos con ansia el día en que hacerlo no ponga en cuestión ni nuestra fe ni nuestro feminismo.

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Cómo diferenciar entre la solidaridad sincera y las alianzas teatreras

Original en Black Girl Dangerous, “How to tell the difference between real solidarity and ‘ally theatre’“.

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Si eres una persona en alguna situación de opresión envuelta en labores de activismo o alguien con una actividad intensa en redes sociales, o ambas cosas, es muy probable que te hayas enfrentado a esas personas autodenominadas «aliadas» con un concepto tan particular de «alianzas» que estabas mejor que se hubieran quedado en su casa.

Se mueven dentro de un espectro que abarca desde la fragilidad de la blanquitud a las estupideces cis, empezando por el «estoy de tu lado, así que deberías ser más agradable conmigo y educarme», estas «alianzas» han causado más perjuicio que favor a esas personas que prometen ayudar. Por eso hace tiempo que he dejado de usar la palabrita, salvo en ocasiones entre sarcásticas comillas.

Hace un par de meses, la columnista y editora Princess Harmony Rodríguez acuñó el término «alianza teatreras» en un artículo criticando la manera de actuar en las redes sociales  de determinadas personas que se autodenominan «aliadas».

Me encontraba hace poco twiteando sobre cómo mi recelo hacia las mujeres blancas ha influenciado mucho mi visión de la inocencia y la villanía. Al haber experimentado tantísima violencia por parte de mujeres blancas durante años, me suelo mostrar escéptica ante cualquier historia que pinte a la mujer blanca como inocente y a la negra como culpable, porque mi vivencia me indica lo contrario, que las mujeres blancas podrán hacernos cualquier cosa, que seguirán siendo ellas las víctimas y nosotras las villanas. Vamos, que no me fío de ellas, eso fue lo que twiteé.

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Así que adivinad lo que pasó, se dejó caer por ahí una «aliada».

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«Gracias por decirlo, soy blanca y soy consciente de que le hemos fallado a la gente negra desde siempre. Nos queda mucho trabajo por hacer».

Vale, empecemos por el principio: no  dije lo que dije POR ELLA. Notición: no todo lo que una persona negra diga sobre su vida es para vuestro consumo y rebote, gente no blanca.

Y segundo, de esto hablo cuando menciono lo de «alianza teatrera», ¿qué es lo que pretende diciendo eso? ¿De qué manera cree estar ayudando?

SPOILERS: nada y de ninguna. Es una manera de decir veladamente «eh, mírame, yo no soy como el resto de la gente blanca» decorado de tal manera que parece decir «la expresión de tu dolor me parece un material de lectura interesantísimo, gracias».

La necesidad de esta mujer por ocupar espacio de CUALQUIER modo, su necesidad mostrar esa alianza de manera pública, para que todo el mundo vea lo genial que es y lo diferente que es, ha pesado demasiado y se ha visto incapaz, tras leer los tweets, de tener la deferencia de callarse. Creo que resultaba bastante obvio en ese momento que la última persona con la que deseaba comunicarme es con una tipa blanca. Twiteé sobre todo el dolor el daño sufrido por culpa de mujeres blancas y la respuesta de esta chica se limita a «gracias por contarlo». Chica, te lo digo de corazón, vete al carajo.

Y no es la única, muchísima gente hace eso, muchísima gente hace el paripé con su alianza de maneras muy dolorosas. Y esto, amiguis, es hacer teatro, puro teatro, algo muy distinto a mostrar solidaridad de verdad. Hay muchas diferencias, de hecho, aquí os expongo algunas:

  1. La solidaridad sincera no necesita de un público que atestigüe lo genial que es tu alianza.

Mucha gente de la autodenominada «aliada» se han metido en esto porque aquí dan galletitas y es algo viste muy bien. Y tanto que si viste. Es verdad que es algo que algunas de estas personas ignoran, pero ocurre, y vaya que si ocurre. Estas personas, reconocidas como aliadas, que van en busca de su palmadita en la espalda, necesitan de un público que pondere sus actuaciones, ya sea de papeles figurantes o de protagonistas. Luchar contra la opresión no vale para nada para si nadie me mira.

En las redes sociales, sus «alianzas» se centran en compartir y retwitear comentarios o publicaciones racistas, misóginas y tránsfobas publicados por otra gente junto con un texto de su cosecha donde se quejan vehementemente en plan: ¡oh, que mire todo el mundo! ¡Esta persona es una tirana! ¡Miradme cómo lo expongo! Mirad, ¿veis lo que hago? Ojooooo.

No se les suele pasar por la cabeza que de no haber sido por su retwwet, era muy probable que nadie hubiera tenido constancia jamás esos comentarios racistas, misóginos o tránsfobos publicados en la cuenta de una persona que ni siquiera se ha cambiado el huevo de la foto de perfil y que tiene la friolera de 12 seguidores. Pero no, venga, qué puñetas, por qué no, pudiendo perfectamente evitarlo, exponer a más violencia a personas a las que les afectan estas cosas para que vean lo guay que es mi alianza.

Pongamos por caso que pasa esto:

Alguien cuelga un tweet ofensivo hacia una persona sexodivergente y no blanca. Decidme cuál de las siguientes opciones es la que consideráis solidaria:

  1. Retwitear el comentario ofensivo con un «JODER, todo es una mierda».
  2. Responder al horrendo comentario asegurándote de que incluyes a la persona ofendida a la que se dirigía el mismo para que vea lo bien que te estás portando.
  3. Responder directamente a la persona que ha comentado, sin retweets ni nada, y sin incluir a la persona ofendida a quien se dirigía el comentario.

Las opciones que no son c) son todas teatro, lo siento.

La solidaridad sincera no necesita ni de un público ni de una palmadita. Si se le da un correctivo a un troll y nadie más se entera (en el momento o después) el trabajo ya está hecho. Y tiene su efecto en el entorno, ya os digo.

Es muy posible que la persona a quien se dirigía la ofensa no desee enzarzarse con el troll; si la fuerzas a involucrarse en la discusión no estás aplicando ninguna solidaridad, solo violencia.

  1. Las alianzas teatreras y el paripé esconden sibilinamente quejas que resuenan a los típicos «no todos…» y «yo no soy como las demás…».

Las soflamas como «no todos los hombres», «no todos los blancos» se han convertido en algo tan común que ya han pasado a la categoría de parodia dentro de círculos con cierta sensibilidad social. Alguien con privilegio derriba la puerta de la conversación con un «no todos…» y nos partimos de risa, ponemos los ojos en blanco o nos burlamos en su cara, y a veces las tres cosas a la vez. El «no todos» es un intento directo para hacer descarrilar una conversación un intento de ocultar las vivencias producto de opresiones sistemáticas. Otras veces es la manera que tiene esa persona de decir «yo no» o «no soy como los demás…». Cuando su uso tiene como objetivo el descarrilamiento de la conversación, lo consideramos troleo clásico, pero cuando el objetivo es sustituirlo por un «yo no» estamos de nuevo ante otra muestra de teatro o paripé.

Aquí es donde vienen las curvas porque el tan manido «no todos…» ha pasado a ser una expresión tan denostada que nos provoca rechazo instantáneo, por eso aquellas personas que se reconocen como aliadas y que ya tienen cierta solera en estas lides la evitarán, obviamente. Si la mencionan se les pondrá la cruz  y se caerán del pedestal de las Alianzas, sí, con A mayúscula y quedará nulo su diploma de honor en Lucha Social.

El hecho de que no puedan decirlo no significa que su deseo por expresarlo haya desaparecido. Al contrario,  ese sentimiento permanece ahí, estimulando su ego como un juguete sexual. Después de todo, ¿de qué manera se enteraría el resto de la gente de que su Alianza está escrita con una A mayúscula y con letras de oro si no dejan lo suficientemente claro que NO SON COMO LA DEMÁS GENTE BLANCA/HETERO/CIS, etc.? Tienen que apañárselas para encontrar las otras mil maneras de expresar su tan querido «yo no soy como…» sin usar las palabras malditas.

He aquí el teatro, he aquí la alianza de paripé.

Pongamos por caso el siguiente ejemplo:

Una mujer negra twitea: uf, esta chica blanca me ha tocado el pelo sin mi permiso, ¿por qué tienen que ser así de maleducadas y creerse con derecho a todo? Decidme cuál de las siguientes opciones es la que consideráis solidaria:

  1. Responder con un «¿Qué demonios le pasa a ciertas personas blancas? ¡Yo soy blanco y no lo hago!».
  2. Responder con un «es que a la mayoría de la población blanca nos han educado a sentirnos con derecho sobre cualquier cosa en lugar del respeto hacia otras etnias».
  3. Responder con un «siento mucho lo que te ha ocurrido».
  4. No responder

Toda respuesta que no sea la d) (o la c) en ocasiones, si conoces a la afectada), es teatro.

La solidaridad sincera no consiste en decirle a las personas afectadas por tal o cual opresión, ya sea directa o indirectamente, que no eres como las demás o que tú, que no eres como las demás, tienes legitimidad para comentar sobre lo mal que se comporta el resto de la gente.

Porque, uno, la única manera consistente de no ser como las demás es NO SER como las demás y, dos, independientemente de la visión de una persona hacia tal o cual «ismo» o su espléndida y trabajada «alianza», esa persona se sigue beneficiando de pertenecer a un grupo privilegiado. El sistema está montado para que ciertos grupos sociales se beneficien de él y bajo ningún caso podrán evitarlo por mucho que bajen al barro. En otras palabras: SÍ son como las demás personas, así funciona el sistema de privilegio y la supremacía de ciertos sectores poblacionales.

  1. La solidaridad sincera va más allá de una etiqueta.

No entiendo a esa gente que se pone la etiquetita de «aliado» o «aliada» en sus biografías. «Profesor, jardinero, aliado blanco. #BlackLivesMatter.»

No, no, déjalo, en serio.

Creo que ya lo he dicho, pero una alianza no es una identidad.

Este mismo año una estudiante universitaria de etnia negra quiso transmitirme su frustración ante la conducta de una estudiante, blanca, que siempre que recibía un reproche por algún comportamiento o comentario opresivo se mostraba herida en sus sentimientos y sus respuesta hacían hincapié que esa eran maneras de negar su identidad de aliada.

Mi reacción fue un poco así:

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Ah, qué ahora una alianza es una identidad. Muy bien, perfecto, voy a tirarme por el balcón.

Escuchad: solidaridad significa actuar, punto. Si queremos mostrar solidaridad, nuestras acciones son lo único que cuenta. Que la gente privilegiada ponga la oreja y escuche lo que les piden los grupos oprimidos. Eso es lo que cuenta.

Ponerte la chapita de tu alianza y llamarla identidad y, peor, hacer gala de ella a modo de escudo para esquivar toda crítica de aquellas personas con las que supuestamente te has aliado es lo opuesto a solidaridad.

Ponerte la etiquetita en tu biografía es una manera rápida de mostrar a la gente de que lo único que buscas es tu galletita y lo siento, #buenono, pero yo no cocino.

Si te encuentras en alguno de los ejes de privilegio (blanquitud, heterosexualidad, cisexualidad, normofuncionamiento, etc.) y quieres mostrar tu solidaridad a personas en situación de desventaja, por favor, antes de lanzarte a hacer el papel de tu vida, pregúntate: «¿lo que voy a decir va a resultar de alguna manera beneficioso a quien se lo voy a decir? Y de ser así, ¿cómo?».

Si no te sale ninguna respuesta en condiciones, es probable que se trate de puro teatro, así que por favor, sal de escena.

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La guerra contra las trabajadoras sexuales

El estante de la Citi

Una infame alianza de feministas, polizontes y conservadores hace daño a las mujeres en nombre de la defensa de  sus derechos.

Melissa Gira Grant en la edición de February 2013

http://reason.com/archives/2013/01/21/the-war-on-sex-workers

El pasado 30 de agosto, una mujer de 19 años fue detenida en Ann Arbor (Michigan) después de que un posible cliente llamara a la polícía para denunciarla. Alegó que la mujer le había subido el precio de sus servicios tras el contacto inicial por internet. Los polis se la llevaron esposada.

No hay nada particularmente excepcional en esta historia, que apareció por primera vez en AnnArbor.com. Es una de las docenas de ellas que podéis encontrar a diario en informes de la policía y periódicos locales por todo el país, a menudo acompañadas por fotos de fichaje. No hay ninguna organización defensora de los derechos de las mujeres que compile datos completos de cuántas personas son detenidas…

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Más allá de lo masculino y lo femenino: los seis géneros del judaísmo clásico

Original en Sojourn, “More Than Male and Female: The Six Genders in Classical Judaism”

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Es fácil afirmar que el judaísmo es una religión que recoge un género exclusivamente binario. Casi todo el derecho tradicional común está basado en las diferencias entre hombres y mujeres, y lo podemos ver incluido en roles de género, liturgia, responsabilidades familiares y en derecho secular y religioso.
Sin embargo, si nos zambullimos un poco más profundamente en los textos sagrados, llegamos a discernir que una perspectiva binaria masculina/femenina no solo se nos queda corta, sino que en muchos momentos nos lleva a total equívoco. He aquí breve descripción según el rabino de la Torá Trans Elliot Kukla:

Zachar/זָכָר: término que deriva de la palabra usada para una espada puntiaguda, normalmente referida al falo. Se traduce habitualmente por “hombre/masculino”.

Nekeivah/נְקֵבָה: término que deriva de la palabra usada para una fisura o grieta, que probablemente esté referida a la cavidad vaginal. Se traduce normalmente por “mujer/femenina”.

Androgynos/אַנְדְּרוֹגִינוֹס: una persona con características sexuales tanto “masculinas” como “femeninas”. Hay 149 referencias en la Mishná y en el Talmud (siglos I-VIII); 350 en la Midrash clásica y en códigos legales judíos (siglos II-XVI).

Tumtum/ טֻומְטוּם: una persona cuyas características sexuales no están determinadas o permanecen ocultas. 181 referencias en la Mishná y el Talmud, 335 en el Midrash clásico y en códigos legales judíos.

Ay’lonit/איילונית: una persona identificada como “mujer” al nacer, pero que desarrolla características “masculinas” en la pubertad y no es fértil. 80 definiciones en la Mishná y el Talmud; 40 en la Midrash clásica y en códigos legales judíos.

Saris/סריס: una persona identificada como “hombre” al nacer pero que desarolla características “femeninas” en la pubertad o que carece de pene. Una persona saris puede serlo de manera “natural” (saris hamah) o convertirse en una por interacción divina (saris Adam). 156 referencias en la Mishná y el Talmud; 379 en el Midrash clásico y en códigos legales judíos.

Podemos concluir que el género binario no es de ningún modo el sistema de categorización de género del judaísmo tradicional. Entonces, ¿cómo hemos llegado a este punto en el cual el criterio comúnmente aceptado es que tan solo existen dos géneros opuestos, masculino y femenino? Pues por el clásico ejemplo de que lo común acaba equiparándose con lo superior. Como las categorías mayoritarias son masculino y femenino empezaron a asumirse como “mejores” más que como “comunes” o “típicas”. Tras comprender las complejidades del género en la sociedad secular, estas clasificaciones judaicas cada vez tienen más visibilidad, gracias a la cual hemos conseguido descubrir que nuestros ancestros tenían una visión particularmente progresista en términos de género.

Porque, en palabras de Ben Bagbag en Pirkei Avot 5:22
בן בגבג אומר, הפוך בה והפך בה, והגי בה דכולא בה, ובה תחזי, סיב ובלי בה; ומינה לא תזוז, שאין לך מידה טובה יותר ממנה
“Ben Bagbab dijo: dale vueltas y más vueltas a la Torá porque todo está ahí. Mira a través de ella y crece con ella, no te alejes de ella, porque no tendrás mejor atributo que convivir con ella.”

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La realidad transgénero y el «tercer» género, la identidad «dos espíritus», en la Norteamérica precolonial

Original por Neil Carter en Patheos, Removing the Beag Leaf, The Transgender and ‘Third’ Gender ‘Two-Spirit’ Identity in America’s Formative Years

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La diversidad sexual y de género en el continente americano ha sido una realidad desde hace mucho tiempo. El mismo tiempo que lleva sufriendo una represión que prácticamente la ha hecho caer en el olvido.

Mucha gente opina que las orientaciones sexuales y las identidades de género son ideas nuevas y radicales inventadas por progres comecuras, algo bastante alejado de la realidad.

Desde la antigua China a la América precolonial, y en todos los lugares y épocas que quedan entre medias, el reconocimiento de géneros y sexualidades no binarias ha sido una parte común pero ignorada de la historia. Los pormenores varían según culturas; es un hecho que los movimientos actuales de nuestra actual cultura tienen sus particularidades únicas, pero los conceptos básicos no son ni mucho menos un invento de hoy.

Mason Lynch

Mucho antes de que el invasor europeo introdujera la viruela y el cristianismo en el continente americano, muchas de sus tribus ya reconocían identidades de género no binarias, las que actualmente se denominan dos espíritus. Anteriormente, el europeo usó para estas personas el término bardaje, que en esencia significa «prostituto»… un pequeño ejemplo de la falta de respeto de los recién llegados por las culturas nativas.

El término «dos espíritus» comenzó a ganar terreno en el mundo nativoamericano en la década de los 90, cuando trece personas, tanto hombres como mujeres cisgénero y transgénero, se reunieron en Winnipeg, Canadá, con la tarea de averiguar un término que diera cohesión a la comunidad LGTB/GSDI nativoamericana. Numerosos términos en lenguas tribales ya identificaban terceros géneros en cada una de las culturas junto a los usados para denotar masculino y femenino, y la lucha de la asamblea de Winnipeg estuvo en encontrar un término actual y contemporáneo que fuera aceptado en el seno cultural de la totalidad de las tribus.

-Zachary Pullin, Two Spirit: The Story of a Movement Unfolds

Los detalles de la situación social de las personas dos espíritus antes de las colonizaciones europeas varían según la tribu. Muchas de estas personas consideraban tener tanto espíritus masculinos como femeninos en su cuerpo, de ahí el término actual, y en la mayoría de tribus gozaban de aceptación y respeto. Incluso algunas consideraban que el ser dos espíritus era una bendición divina. Se ocupaban de perpetuar las tradiciones orales y de ejercer de cuentacuentos, sanaban, tejían, celebraban ceremonias religiosas, se ocupaban de las criaturas, arbitraban conflictos, etcétera. La existencia de estas personas era un rasgo social común y de los más compartidos entre las tribus autóctonas de todo el continente.

Eso sí, la expresión de la identidad dos espíritus presentaba variaciones. En ocasiones estas personas vestían una mezcla de elementos tradicionalmente masculinos y femeninos, en otras vestían con unos u otros en ocasiones distintas. También, algunas de estas personas desempeñaban roles de género distinto al asignado al nacer. Un ejemplo de renombre es el de We’wha (abajo, en la foto), una persona de la tribu zuni asignada hombre al nacer que vivió como mujer. Sus padres murieron de viruela, introducida en su poblado por los estadounidenses, y su tía la adoptó. Más tarde se hizo amiga de la antropóloga Matilda Coxe Stevenson, que durante años ignoró que la asignación de género al nacer de We’wha difería con la actual. Stevenson describió a We’wha como la persona más inteligente de su tribu, como alguien que gozaba de un gran respeto y era amada por la población infantil. En lengua zuni, el término que identifica a personas como ella es lha’mana.

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A pesar de la torpe interpretación de los europeos, que caracterizaron a las personas dos espíritus como «homosexuales», la orientación sexual no era en absoluto un rasgo definitorio del concepto. Sin embargo, sí que era común para estas personas tener parejas de su mismo género. Las mujeres dos espíritus a menudo estaban casadas con otras mujeres, lo mismo que los hombres dos espíritus con otros hombres. Al considerarles como un tercer género o como dos géneros en un mismo cuerpo, sus relaciones no se limitaban al concepto binario de heterosexualidad y homosexualidad.

La tradición dos espíritus incluía a un amplio abanico de personas, con sus diferencias particulares. Los términos occidentales, normalmente centrados en características aisladas, como la orientación sexual o la identidad de género, no incorporan correctamente el amplio espectro de matices de los roles dos espíritus, especialmente en sus dimensiones económica y política. Aunque muchas personas dos espíritus se travestían, otras no lo hacían, y algunas se vestían con un criterio ajeno a lo masculino y a lo femenino. Y mientras que otras personas dos espíritus mantenían relaciones con personas de su mismo género aunque no fueran dos espíritus, no se consideraban como relaciones homosexuales, ya que la identidad de género de estas personas estaba consideraba como una identidad distinta a la de su par.

-Will Roscoe, Who are the Two Spirits?

La colonización europea trajo consigo los valores cristianos al nuevo continente y sus consecuencias fueron nefastas para la población nativa dos espíritus, comenzando a considerarse a sus miembros como pervertidos y forzados a asumir los roles de género tradicionales. El gobierno de los Estados Unidos actuó directamente con el objetivo de desmantelar la aceptación de la que gozaban los géneros no binarios entre las tribus nativas. Por desgracia, estos esfuerzos tuvieron éxito y las comunidades nativas quedaron contaminadas con la homofobia traída de Europa.

La noción de un tercer género, fluido, masculino y femenino, entró en conflicto directo con las visiones «heterosexuales» de los colonizadores y en 1879, el gobierno de Estados Unidos apartó a miles de personas dos espíritus de sus tribus para enviarlas a centros de reeducación exclusivos para población nativa.

-Samantha Mesa-Miles, Two Spirit: The Trials and Tribulations of Gender Identity in the 21st Century

El intento de exterminio de la población nativoamericana y de sus rituales por medio de la Iglesia y del Estado tuvo como consecuencia la desaparición de muchos de las ceremonias que identificaban y homenajeaban a personas transgénero. Salvo honrosas excepciones, no hay lugar hoy día dentro de las culturas nativas para las transiciones de género. Las tribus han olvidado las enseñanzas dos espíritus y la gran mayoría de sus antiguas prácticas han caído en desuso. Es más, estos roles son hoy en día un fantasma del pasado o un secreto oscuro; las personas mayores que conocen sus historias y enseñanzas temen hablar del asunto por sus experiencias en los centros de reeducación y por otras formas de colonización.

Recuerdo a una persona perteneciente a una de las organizaciones de las que fui cofundadora y que dirigí durante años. Era VIH positiva y transgénero, deseaba volver a casa a morir con dignidad alrededor de su familia y entorno afectivo, así que volvió a casa y nos comunicó que todo había ido bien y había sido bien recibida. Cuando finalmente murió nos dimos cuenta de que la tribu había alquilado una casa fuera de la reserva pues no deseaban mantenerla allí ya que su identidad transgénero no era digna de respeto en la comunidad. Este tipo de conductas son algo común en comunidades remotas que aún se están recuperando de siglos de políticas de genocidio cultural llevadas a cabo por el gobierno del país.

La arrogante y terca resistencia del europeo, judeocristiano, a respetar cualquier género u orientación sexual ajena al binario divino ha eliminado casi completamente la realidad dos espíritus de la faz de la tierra y de la historia. Solo es una línea más de la extensa lista de agresiones perpetradas contra la población nativa en nombre de Cristo.

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Islam y sexodivergencia. De la aceptación al estigma.

Original por Shoaib Daniyal en Scroll, Orlando shooting: It’s different now, but Muslims have a long history of accepting homosexuality.

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Días después de que Omar Mateen cometiera la masacre en una discoteca de ambiente en Estados Unidos con un saldo de 49 víctimas, parece que afloran algunas de sus posibles motivaciones.

Mateen se vanagloriaba de sus vínculos con el Estado Islámico, Al Qaeda y Hezbolá. Sabemos que estos tres grupos están llevando a cabo actividades insurgentes en Oriente Próximo, algunos en otros países, y que también se encuentran mutuamente en guerra por sus antagónicas visiones teológicas. Las investigaciones en los Estados Unidos apuntan que Mateen no parecía entender las diferencias entre estos grupos, un punto que parece contradecirse con la categoría de terrorismo islámico que se había adjudicado al ataque al poco de producirse y casi de inmediato.

Mateen fue abatido por la policía tras abrir fuego en la discoteca Pulse, en Orlando, una masacre que se coloca en primer lugar entre las tragedias de ese tipo en la historia del país.

El asesino, de 29 años, ha sido reconocido como cliente habitual del Pulse e incluso como usuario de una aplicación de contactos homosexuales. Han aparecido informaciones que apuntan que pidió a otros hombres establecer relaciones, junto con las acusaciones de homosexualidad por parte de su esposa, que también incluyó que su padre, inmigrante afgano, se había mofado de su orientación sexual. Unas de las primeras palabras padre de Mateen tras la masacre fue, precisamente, que los homosexuales pueden sufrir el castigo de Dios.

El estigma de la sexodivergencia.

¿Pudo el ataque verse motivado por la orientación sexual de Mateen y la humillación que hoy día acarrea ser homosexual en el mundo musulmán, y no por el terrorismo islamista? “Una sexualidad transgresiva y una interpretación conservadora de la religión pueden ser un cóctel peligroso”, escribe David Shariatmadari en The Guardian. “Si Mateen sufría conflicto por su interés en otros hombres, ¿podría haber sido por la condena que, según él, le impondría su religión?

A la espera de mayor claridad al respecto de las motivaciones de Mateen, es un hecho que las sociedades musulmanas actuales condenan y castigan la divergencia sexual. En la mayoría de países de mayoría musulmana, nadie que profese esa religión puede salir del armario sin arriesgarse a caer bajo el peso del estigma o a sufrir violencia física.

Por otro lado, es importante que dejemos constancia de lo reciente de este brote homófobo. Durante gran parte de su historia, las sociedades musulmanas han sido sobradamente tolerantes en términos divergencia sexual.

Edad de oro.

En el apogeo de la edad de oro del Islam, entre mediados del siglo VIII y el ecuador del siglo XIII, en una etapa histórica en la que se considera que la civilización islámica alcanzó su cénit intelectual y cultural, la divergencia sexual era un elemento del cual se hablaba y escribía públicamente. Abu Nuwas (765-814), uno de los grandísimos poetas clásicos árabes durante el Califato Abasida, escribió públicamente sobre sus deseos y relaciones homosexuales. Su poesía homoerótica estuvo en circulación hasta el mismo siglo XX.

Nuwas fue una figura histórica de importancia, incluso tiene un par de apariciones en El Libro de las Mil y Una Noches, y no fue hasta el año 2001 cuando los árabes empezaron a sonrojarse ante el homoerotismo de Nuwas. En 2001, el ministro egipcio de cultura, presionado por fundamentalistas islámicos, quemó 6000 volúmenes de su poesía.

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Por este tipo de eventos la mayoría de fieles tiene hoy día poco conocimiento de la edad dorada del Islam, por mucho que algunos deseen regresar a ella.

“El ISIS no sabe nada de lo que significaría restaurar el Califato”, twiteó el periodista  belgoegipcio Khaled  Diab. “Habría que llenar Bagdad de licor, de odas al vino, de ciencia… y colocar un poeta gay en la corte.”

Bagdad fue, hasta su destrucción por parte de los mongoles, la capital cultural de gran parte del mundo, la Nueva York de su tiempo. Si Nuwas y su poesía homoerótica representaron el cénit de la cultura bagdadí,  es bastante común que otras sociedades, también musulmanas, se mostraran aperturistas de cara a la sexodivergencia. El historiador Saleem Kidwai incluye en su fabuloso libro Sexodivergencia en India, “El medievo musulmán se encuentra repleto de historias de hombres inclinados hacia el homoerotismo, y generalmente sin ninguna calificación peyorativa”.

Escribir de sexodivergencia.

Es más, no es que las sociedades musulmanas calificaran peyorativamente la sexodivergencia, sino que incluso en ocasiones la alababan abiertamente. Mahmud de Gazni, un destacado sultán de su tiempo (971-1030), fue considerado una figura ejemplar, entre otras cosas, por estar enamorado de otro hombre, Malik Ayaz.

Babur, emperador del Imperio Mogol de India, escribió sobre la atracción que sentía por un joven del bazar en su autobiografía del siglo XVI. Se consideró una obra maestra en el mundo musulmán tardomedieval y renacentista.

En el siglo XVIII, Dargah Quli Khanm, un noble del Decán, en el centro-sur del subcontinente indio de camino a Delhi, escribió un brillante recopilatorio de la ciudad en lo que llamó Muraqqa-e-Delhi (El Álbum de Delhi), en el que describió lo común de la homosexualidad en la sociedad indoislámica. En los bazares había prostitutos que ofrecían libremente sus servicios y Khan recogió su admiración por cómo “bellos jóvenes bailaban por todas partes causando gran excitación”.

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Hasta el siglo XIX, el mundo musulmán trataba la sexodivergencia como cualquier otra parcela de su vida diaria, tanto que se exponían historias de amor homosexual en centros de estudio, algo inconcebible incluso en muchos lugares del mundo occidental actual.

En palabras de Kidwai: “el clásico de Sadi, Gulistán, que contiene historias de atracción sexual entre hombres, era de lectura obligatoria en los centros educativos persas. El poema en lenguas turca, persa, urdu y árabe del poeta Ghanimat Nau rang-i ishq, del siglo XVII, que cuenta la historia de amor entre el hijo del mecenas del poeta y su amado Shahid, formaba parte de las bibliografías obligatorias de los colegios de la región.”

Ley islámica

Es cierto que teológicamente el Islam considera la homosexualidad como un pecado, basándose en la historia coránica de las gentes de Lut (Lot en la biblia). Sin embargo e independientemente de ello, la Shariat, el término paraguas para varios códigos y escuelas de derecho sobre los que se sustentan las sociedades musulmanas, no castiga la sexodivergencia per se: las relaciones sexuales entre hombres se encontraban prohibidas bajo el amplio concepto de adulterio. Incluso así, las penas por homosexualidad solo se dictaban si podían dar fe del acto sexual cuatro testigos. Este requisito tan desproporcionado ha  llevado a estudiosos del islam como Hamza Yusuf a caracterizar la prohibición de la homosexualidad en la Shariat como una especie de “ficción legal”. Es más, a diferencia de la Europa medieval cristiana, el castigo a personas sexodivergentes era excepcional en las sociedades musulmanas de por aquel entonces.

Entonces, ¿qué es lo que llevó a que las sociedades musulmanas pasaran de leer de buena gana poesía homoerótica a prohibir y estigmatizar esta divergencia? Es difícil deducir una razón exacta, pero fijaos en esta coincidencia: hay cinco países musulmanes en los que ser sexodivergente no es delito. Lo que comparten la totalidad de esos cinco, Malí, Jordania, Indonesia, Turquía y Albania, es que nunca fueron colonizados por el Imperio Británico.

Influencia colonial

En 1858, el Imperio Otomano despenalizó la homosexualidad (algo que heredó la actual Turquía), dos años antes de que el Raj británico de la India estableciera el Código Penal Indio, cuyo artículo 377 declaró proscrita la divergencia sexual en lo que hoy día es India, Pakistán y Bangladés.

El código penal de 1860 tuvo tanta influencia que grupos conservadores del país aún  continúan catalogando de inmoral la homosexualidad, y tras 70 años de independencia, el parlamento no ha sido capaz de derogar el texto.

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Subramanian Swamy, diputado del partido Bharatiya Janata, de derechas, llegó a decir que: “la posición del partido al respecto de la homosexualidad es que se trata de un trastorno genético.” Algo especialmente peculiar debido a que el hinduismo, a diferencia del Islam o el Cristianismo, no condena expresamente la divergencia sexual.

Parece que, sin saberlo, el ala más conservadora del mundo musulmán (y del hindú) está copiando los usos y costumbres del colonialismo victoriano del XIX ignorando su propia historia. Por otro lado, y contrariamente a su costumbre, las culturas del occidente europeo están optando hoy día por garantizar progresivamente los derechos de sus gentes independientemente del género por el que se sientan atraídas.

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Feminismo islámico: combatir la discriminación a través de la fe

Original por Collen Boland en Your Middle East, Islamic Feminism: fighting discrimination, inspired by faith.

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Es un argumento común entre muchos grupos, incluidas las feministas, académicos y prensa, el que defiende que los sistemas legales de Oriente Medio codifican la desigualdad de género con arreglo a los preceptos del Islam.  El derecho islámico es común en muchos de los sistemas judiciales y constituciones de la región, ya que muchos de sus códigos legales y textos constitucionales son una amalgama de leyes civiles de inspiración europea y preceptos de la sharia.

Queda en evidencia que muchos de estos sistemas no garantizan la protección de las mujeres frente a la discriminación, como reconocen internacionalmente las Naciones Unidas y otras organizaciones de derechos humanos a través de marcos legales internacionales.

Se suele hablar de uno de los principios de la sharia, el quiwama, o la autoridad del hombre sobre la mujer, como el responsable del marco que subyace bajo toda esta legislación discriminatoria. El derecho familiar y las leyes sobre estado civil son las muestras más evidentes de estas desigualdades, argumentan críticos.

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Sin embargo, existen al mismo tiempo voces que reclaman lo contrario: que el Islam no es la raíz de la desigualdad de género. Bajo la categoría de feministas islámicas, muchas mujeres luchan en pos de legislaciones más favorables y de los derechos de las mujeres en general.

En lugar de colocar al Islam como el germen de toda discriminación contra las mujeres, las feministas islámicas acusan a los hombres de Estado y a las élites, a los líderes que manipulan el Islam para favorecer sus propios fines políticos, sometiendo a opresión a amplios segmentos sociales, incluido el de las mujeres.

Las feministas islámicas abrazan su fe, cultura y tradición y a su vez reclaman cambios sociales seculares y de interpretación de las escrituras que muestren una aproximación más moderna al papel de las mujeres en la sociedad. No pretenden eliminar el Islam de la esfera pública, de hecho, reivindican que su lucha por las mujeres nace de su misma fe.

«Un acercamiento académico feminista al Islam, así como a otras tradiciones religiosas, tiene mucho que ofrecer tanto al entendimiento de la religión como a la búsqueda de la justicia. Las feministas islámicas aseguran que los principios de la sharia, como el qiwama, pueden interpretarse de distintas maneras, pero que a lo largo de la historia élites masculinas han hecho uso de la ley y la han interpretado para satisfacer sus propios fines», nos explica Ziba Mir Hosseini, una de las catedráticas, musulmana y feminista, de más renombre.

Los orígenes del derecho islámico se remontan a la huida de la Meca a Medina del profeta Mahoma en el año 622 de nuestra era. Tras la muerte del Profeta, esta ley comenzó a desarrollarse en base a interpretaciones de autoridad, o itjihad, de textos como el Corán o la palabra del Profeta en la Sunna. A partir de aquí han surgido cuatro escuelas de filosofía del derecho islámico dentro de la tradición suní: Maliki, Hanafi, Shafi’i y Hanbali, y otras tantas en la tradición chií.

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¿Cómo buscan el cambio las feministas islámicas? A través de múltiples vías: modificaciones legales, legislativas, de burocracia y del sistema judicial y a través de acciones para ponerle coto a la discriminación femenina. Una de ellas implica luchar por la implantación de interpretaciones judiciales de escuelas de filosofía del derecho que estén más cercanas a los intereses de las mujeres, como la Hanbali o la Maliki.

Una medida que luchan por instaurar es la aprobación de una ley federal que establezca una edad mínima de matrimonio para las chicas, para que los jueces más tradicionalistas se vean cohibidos a la hora de aprobar el matrimonio de una mujer muy joven.

Muchas feministas islámicas luchan codo con codo con sus camaradas seculares actuando como voces críticas contra los actuales códigos legales, especialmente los concernientes  a la familia y las leyes de estado civil, concretamente las de divorcio, herencia y tutela infantil, por todo Oriente Medio.

Esta aproximación feminista tiene sus voces críticas. Una de ellas proclama que el feminismo islámico y sus intentos de conciliar Islam y feminismo dividen el movimiento y reduce la efectividad que su lucha pueda tener a la hora de conseguir cambios de manera real y rápida.

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Sin embargo, otras reconocida académica, musulmana y feminista, Leila Ahmed, aclara que «las feministas de toda religión o entorno religioso han debatido desde siempre sobre las fuentes de su opresión como mujeres. ¿Es el patriarcado, la religión, el racismo, el imperialismo, la opresión de clase o una venenosa mezcla de todas las anteriores? Todas ellas difieren en sus soluciones, así como de contra cuál tenemos que luchar en primer lugar para liberarnos.»

Así que, siendo las feministas un colectivo que lucha por los derechos de una gran parte de la población, no ha des sorprendernos que sus estrategias y razonamientos sean complejos y en ocasiones difieran. Probablemente  otorguemos más dignidad a nuestros derechos reconociendo nuestras distintas convicciones como mujeres y respetando el derecho de estas a perseguir sus intereses y luchar contra su opresión de la manera que represente su propia identidad mejor y más honestamente.

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Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión

Original por Chris Boeskool en Theboeskool.

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Nunca he recibido un puñetazo en la cara. Ni siquiera me he visto involucrado en ninguna pelea. No soy alguien que se meta en peleas, si acaso en “discusiones”. No es que me de miedo meterme en broncas, en varias ocasiones me he colocado en situaciones susceptibles de haber acabado en pelea, es que no me veo como el tío que da la primera leche, más bien soy el que rebaja el tono de la gresca con algo de lógica o humor. Una de las consecuencias de ser este tipo de tío es que al otro tipo de tío, ese de gresca fácil, por lo general no le caigo bien. Al menos al principio, solemos caernos bien después. Y no siempre. A veces no puedes hacerte con todos.

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La primera regla del Club de los Blancos es que no se habla del Club de los Blancos

Me  mudé a Nashville, en el sur de los Estados Unidos, sin conocer a nadie. Conseguí un trabajo de camarero en mi segundo día de estancia y, casi de inmediato, me convertí en uno de los camareros favoritos de la directiva, lo que me facilitó el acceso a mejores turnos, mejores secciones y mejor salario. Nueve meses después de llegar yo, contrataron a otro tipo. Nos caímos mal desde el minuto uno. A él no le molaban mis comentarios audaces y a mí no me molaba la manera que tenía de entrar a un lugar y parecer el amo y señor del mismo. Se movía por todas partes con esa altanería repelente, como que todo fuera suyo y que la presencia de otras personas se debiera a una especie de tolerancia por su parte, siempre y cuando nos apartáramos de su camino. Se corrían rumores sobre que el tipo había estado en la cárcel, y junto con otras pruebas, me quedó claro que era del tipo de tío que no es propicio a rebajar el tono en un momento de gresca. Era el tipo de tío perfectamente consciente de su fuerza, podías sentir que bajo la superficie bullía un torrente de energía que silenciosamente de desafiaba a decirle algo. Sin duda, me intimidaba.

Me molestó un poco al principio cuando, tan solo tras un mes de estar él trabajando ahí, ya estaba haciendo turnos en alguna de las mejores secciones… una boca más que alimentar significaba menos dinero para mí. Aun así, creo que hacía bien su trabajo; sin embargo, nada me hinchaba más las narices que lo siguiente: Chuck (le llamábamos Chuck pese a que ese no era su nombre, sin embargo, Chuck era un nombre que le pegaba) tenía la costumbre de caminar hacia a ti y SISTEMÁTICAMENTE confiar en que TÚ te ibas a apartar de su camino. Con las chicas no lo hacía, pero con otros tipos (especialmente yo), no variaba su camino y, sin establecer contacto visual, continuaba andando esperando a que tú te apartaras. En caso de no hacerlo, tu destino era impactar contra esa masa hercúlea y agresiva que parecía anhelar que alguien cuestionara su camino preestablecido. Esta parecía la descripción más típica de la vida de Chuck: andar recto hacia otras personas esperando a que se aparten. Hasta que un día…

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Ya estaba harto. Me quedé pensando: ¿por qué me estoy apartando del camino de este tío todo el rato? Lo más habitual en cualquier parte del mundo es que si dos personas transcurren por la misma dirección en sentido inverso, ambas se hagan un poquito a un lado, facilitándose recíprocamente ambas el paso. ¿Qué derecho tenía el tipo este a PRESUPONER que era yo el que tenía que apartarme? Otro pensamiento empezó a inundar mi mente: ¿y si ya no me aparto? ¿Y si sigo andando como si nada? Estaba harto de jugar con sus reglas, así que esa tarde, cuando me le encontré por el pasillo del restaurante (ambos nos movíamos muy rápido) caminando hacia a mí, comencé a andar hacia él, sin desviarme. No soy un gigante, pero sí lo suficientemente sólido como para mantenerme en pie (especialmente en momentos de colisión inminente), así que cuando impactó en mí se trastabiló y dio una vuelta sobre sí mismo. Allí mismo, enfrente de toda la clientela, dijo: ¿pero de qué coño vas, tío? ¿Estás bien? Le contesté. Estaba furioso y no dejaba de preguntarme por qué me había abalanzado sobre él. Le dije: Chuck, tan solo andaba de frente, ¿Por qué asumiste que el que me tenía que apartar era yo? Comenzó a perseguirme por todo el restaurante intentando caldear el ambiente para provocar un conflicto. Acabó parándome en frente de una mesa y cuando le espeté algo así como bienvenido al Planeta Tierra, me propinó un empujón durísimo. No fue un empujón del estilo que te ponen las manos en el pecho y empujan, sino del que las manos te golpean cuando ya van a mucha velocidad, y hace bastante ruido. Todos sus músculos de gimnasio descargaron sus energías sobre mí, sobre esa persona que se atrevió a cuestionar su derecho de paso, y caí dos pasos hacia atrás.

Me alejé de él mientras sentía mi corazón latir en mis orejas. Pensé en qué hacer, en si debería decirle algo al gerente (no me pareció buena idea), en si debería decirle algo más a Chuck (me pareció PEOR idea)… Así que decidí esquivarle y dejar que se calmara. Quince minutos después el gerente me llamó para hablar. Me dijo que un cliente había visto a Chuck empujarme de manera violenta, y que se había quejado describiendo los hechos (los describió como que hubiera recibido un “golpe” aunque fue un empujón). Le conté lo que ocurrió, sobre lo de que él siempre asumía que era yo el que me apartaría de su camino y lo de que por una vez, no lo hice, sobre la bronca y el empujón del final. Era un restaurante de empresarios, así que se tomaron todo muy en serio. El gerente rellenó un informe de incidencias y me pregunto si deseaba presentar cargos y si deseaba que le despidieran. Contesté que no quería verle perder su trabajo, solo que reconociera que todo el mundo tenemos derecho a paso, tanto como él.

Toda esta historia volvió a mi memoria al leer esta gran cita (de quien, por desgracia, no he encontrado autor o autora aún, así que permanece como “anónimo”):

Viviendo bajo el paraguas del privilegio, todo atisbo de igualdad parece opresión.

Y todo pareció cobrar sentido: toda esta rabia de la gente que grita “All Lives Matter” (todas las vidas importan) en respuesta a las manifestaciones convocadas por activistas de etnia negra en respuesta a los recientes asesinatos de jóvenes negros por la policía, todo el cabreo de la gente que proclama que SU “libertad religiosa” está siendo atacada por las parejas gays que se casan, toda esa gente escupiendo su odio contra inmigrantes o musulmanes o contra esa “moda” que les impide decir racistadas sin ser llamados racistas. Son la gente que ha crecido en un mundo en el que podían andar hacia otras personas y sabiendo que las demás se apartarían. Así que cuando “esa gente” en su trayectoria NO se aparta, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿por qué tengo que apartarme yo del camino de este colega?, cuando esa gente empieza a preguntarse ¿y si no me muevo? ¿y si sigo andando como si nada? Cuando esa gente empieza a a darse cuenta de que tienen el mismo derecho a circular por el pasillo como cualquier otra… puede parecer que SUS derechos estén siendo vulnerados.

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La igualdad PUEDE parecer opresión, pero no lo es. Lo que sientes es la molestia de estar perdiendo ese privilegio, la misma molestia que en nuestra niñez sentimos cuando vamos a la guardería y descubrimos que otras personitas quieren jugar con el mismo juegue que nosotras. Es como la molestia que siente ese anciano acostumbrado a nadar en una piscina para él solo a la que ahora pueden acceder todos los miembros de la comunidad mientras grita: ¿¡y mi derecho a nadar yo solo en la piscina!?

La situación actual nos muestra ira por ambas partes. Por un lado, las personas enrabietadas porque “esa gente” se está colando en “su” piscina. O porque tienen que compartir sus juguetes con el resto del jardín de infancia. Les enfada que les llamen racistas solo porque dicen cosas racistas o tienen pensamientos racistas. Les enfada tener que tener en consideración a esa otra persona cuya trayectoria de paso comparten. Por otro lado está la gente que opina que la piscina es para todo el mundo, la que opina que lo correcto cuando llegamos al jardín de infancia es enseñarnos a compartir juguetes, la que opina que para respetar a los demás hay que prestar atención al uso del lenguaje, la que se posiciona en solidaridad junto a las personas que reclaman su derecho a existir… Las que legítimamente siente enfado al tener que apartarse siempre del camino. Las que se preguntan ¿y si sigo andando como si nada?

¿Qué tipo de persona eres tú?

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Desmontando el mito de “la homosexualidad no es cosa de África”.

Original por Abel Shifferaw en OkayAfrica, Disscting The “Homosexuality is Un-African” Myth

Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).Mastaba-tomb-of-the-brothers-Niankhkhnum-Khnumhotep-egypt-715x537.jpgKhnumhotep and Niankhkhnum.

Aunque tipos como el matusalén zimbabuense Robert Mugabe defiendan que la homosexualidad es algún tipo de embrujo tribal del que el occidente imperialista hace uso para destruir a la población africana a través del sida, lo cierto es que bueno, más bien no, amigo.

Intentare mostraros aquí muy brevemente algunos hechos para que luego consideréis lo verídico de esta conspiración imperialista, aquí van:

El Afrobarómetro, una red panafricana e independiente controlada por personas del continente negro que dirige encuestas públicas de tendencia sobre democracia, gobierno, condiciones económicas y similares, hizo público recientemente un informe basado en cincuenta mil entrevistas realizadas en más de treinta países del continente con el título ¿Buenos vecinos? El pueblo africano muestra un alto nivel de tolerancia para la mayoría de convecinos, pero no todos. La mayoría representaban inmigrantes, personas de otra religión y etnicidad; no todos eran las personas de la comunidad LGBTQ. De las personas encuestadas, solo el 21 por ciento contestó que le resultaba indiferente vivir al lado de alguien sexodivergente.

Este tipo de tendencias son consecuencia de una última oleada de leyes restrictivas hacia la comunidad sexodivergente a lo largo del continente. Una de ellas se aprobó en Uganda en 2014 y condena a toda persona acusada de homosexualidad a cadena perpetua. En Nigeria está penado con 14 años el sentirte atraído por tu mismo género. Por la misma, puedes asesinar a alguien y ser culpable de homicidio involuntario, que la pena impuesta será menor. En 2014, Chimamanda Ngozi Adichie, novelista nigeriana, escribió al respecto de la nueva legislación restrictiva de su país: un crimen lo es por una razón, hay víctimas. Un crimen hace daño a una sociedad, ¿en qué se basan para considerar la homosexualidad un crimen? Las personas no causan perjuicio a una sociedad por su forma de amar o a quién aman. Esta ley no prevendrá el crimen, al contrario, promoverá crímenes de odio, y ya los hay actualmente; en muchos lugares de Nigeria se están llevando a cabo ataques contra personas sospechosas de homosexualidad.

El mes pasado, a Akinnifesi Olumide Olubunmi, hombre acusado de homosexualidad en el Estado de Ondo, Nigeria, una turba, vistiéndose a la vez de jurado, juez y verdugo, le sometió a linchamiento hasta causarle la muerte.

El informe del Afrobarómetro da constancia de que el podio del país menos tolerante se lo lleva Senegal, con un 3 por ciento de senegaleses a los que no les importaría vivir pared con pared con un o una homosexual. Esto suma un total de 97 por ciento de senegaleses contrarios a convivir en su vecindario con personas LGBTQ. Guinea va segunda y luego ya Burkina Faso, Níger, Malawi y Sierra Leona, con un ínfimo 6 por ciento de tolerancia. Los países más tolerantes, por el contrario, son Cabo Verde, con un 74 por ciento al que no le molesta convivir con homosexuales; Sudáfrica, con un 67 por ciento y Mozambique con un 56.

afrobarometer-tolerance-in-africa-survey-copy-715x373Del informe de Afrobarómetro: ¿Buenos vecinos? El pueblo africano muestra un alto nivel de tolerancia para la mayoría de convecinos, pero no todos.

Muy bien, ahora pongámonos las boinas de viajar en el tiempo y busquemos la primera relación (presuntamente) homosexual de la que tenemos registros en toda la historia. Buf, follón, a Mugabe esto no le va a molar. Nos vamos hasta el Antiguo Egipto, en el continente al que Mugabe llama hogar, en torno al 2400 A.C., como diez años antes de que naciera el bueno de Robert. Conocemos a Khnumhotep y Niankhkhnum, supervisores de manicura en el palacio del Rey Niuserre, durante la quinceava dinastía de los faraones de Egipto. Ojo, que aunque soy partidario de que la imposición de género y sus roles imperativos desaparezcan, sé que en muchos círculos, especialmente al que pertenece Mugabe, las asignaciones de estos muchachos, podrían ser muestra clara de su orientación sexual.

En antiguos murales aparecen reflejados dos hombres abrazándose y frotándose nariz con nariz, algo equivalente a besarse para el Egipto antiguo. Sus nombres cambiaron en algún momento de la historia y a la traducción Niankhkhnum significaría unido a la vida y Khnumhotep significaría unido al sagrado estado de la muerte. Sí, y sus nombres juntitos significaría algo así como unidos en vida y unidos en muerte.

Pese a que ambos provenían de familias heteronormativas, de lo mono del significado de sus nombres juntos y del hecho de que hicieran real su promesa y consiguieran ser enterrados juntos, existe un intenso debate en el seno de la egiptología al respecto de la naturaleza de su relación y su orientación. Según encuestas del Centro de Estudios Pew de 2013, el 95 por ciento de la población egipcia actual rechaza abiertamente la homosexualidad.

El concepto de que la homosexualidad no existía en África antes de la avalancha colonial europea es falsa; es más, fueron los colonialistas europeos los primeros en legislar la penalización de la sodomía o la homosexualidad por todo el continente, sustentando su supuesta guía moral en textos como la Biblia. Antes de la imposición de estos códigos, personas homosexuales y trans ya existían y vivían acorde a los grados de tolerancia de sus respectivas sociedades. Bueno, y de hecho, ahora que lo pienso, sí que existe esa conspiración de la que hablaba al principio, pero de una manera distinta a la que pensamos: lo único invasivo en África no es la homosexualidad, es la homofobia. Y si vamos más allá, podemos argumentar que decir que algo no es africano es algo típicamente reduccionista si tenemos en cuenta el enorme tamaño y diversidad del continente.

En noticias recientes que nos llegan de Kenya, los derechos LGBTQ, algo que el presidente Kenyatta proclamó que no era algo que debatir, al final sí, es algo (que ya era, por cierto) que debatir. Las autoridades solicitaron el bloqueo del acceso a través de Google a una versión interpretada por un grupo de rap nigeriano del himno en favor de la sexodivergencia de Macklemore y Ryan Lewis porque no acataba la moral del país.

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Revolución y nativos americanos: el marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como el capitalismo. PARTE 2

Original por Russel Means (oral) transcrito en Black Hawk Productions.

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Primera parte: Revolución y nativos americanos: el marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como el capitalismo. PARTE 1.

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Llegados a este punto tengo que pararme y reflexionar sobre el alcance de mis palabras. El marxismo tiene una historia, ¿confirma esta historia mis observaciones? Echándole un vistazo al proceso de industrialización en la Unión Soviética a partir de los años veinte, puedo vislumbrar que esos marxistas hicieron en sesenta años lo que la Revolución Industrial inglesa en trescientos. El territorio de la URSS solía albergar a múltiples tribus que fueron dispersadas para dejar lugar a nuevas industrias. Los soviéticos solían referirse a esto como la “Cuestión Nacional”, la cuestión sobre si las poblaciones tribales tenían derecho a existir como pueblos. La decisión final sacrificar a estas poblaciones, razonablemente, en favor de la industria. Al igual que en China y en Vietnam, donde los marxistas imponen un orden industrial a expensas del desplazamiento y evacuación de los pueblos indígenas de las montañas.

Los científicos soviéticos afirman que cuando se agote el uranio, encontraremos otras alternativas. Veo a vietnamitas ocupar una central nuclear abandonada por el ejército de EEUU, ¿creéis que la han desmantelado? En absoluto, están haciendo uso de ella, algo parecido a lo que hace China con sus bombas nucleares mientras desarrolla sus reactores y pone a punto su programa espacial para colonizar y explotar planetas a la manera de los europeos con este hemisferio. La misma historia, pero a mayor velocidad esta vez.

El paradigma de los soviéticos es interesante. ¿Conocen acaso la fuente de energía alternativa de la que podremos hacer uso? En absoluto, solo tienen fe, ya lo descubrirá la ciencia. He oído a marxistas puros decir, un criterio sobre el cual sustentan sus acciones, que la destrucción del entorno, la polución y la radiación en un futuro se controlarán. ¿Cómo? Ya lo descubrirá la ciencia, seguro. Este tipo de fe es el que tradicionalmente se ha conocido en Europa como religión. La ciencia se ha convertido en una nueva religión para los europeos capitalistas y comunistas, ambos inseparables y cosustancialmente parte de la misma cultura. En la teoría y en la práctica, el marxismo necesita que los pueblos no europeos abandonen sus valores, tradiciones y existencia como cultura para mutar en grupos humanos adeptos a la ciencia en el seno de una sociedad marxista e industrializada.

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No considero que el capitalismo sea el único responsable de la situación actual del pueblo indio y la declaración de zona de exclusión de sus tierras. No, creo que la responsable es la misma tradición europea, la cultura europea en sí misma, de la cual el marxismo es su continuación más moderna, no una panacea para la misma. Aliarnos con los marxistas significaría aliarnos con las mismas fuerzas que nos consideran un coste asumible.

Existe una alternativa: el modelo de vida tradicional lakota y los usos del pueblo indio. El modelo que defiende que los seres humanos no tienen ningún derecho a destruir a la Madre Tierra, que existen fuerzas más allá de lo que la mente europea ha logrado concebir, que la especie debemos vivir nuestras relaciones con armonía y que esas relaciones en última instancia acabarán con la discordia. Un énfasis asimétrico en lo humano por lo humano con una falta de respeto absoluto por las relaciones naturales, la arrogante manera de actuar europea, solo puede dar lugar a una total discordia y un brusco reajuste que ponga a los arrogantes humanos de nuevo en su lugar, que les dé un baño de realidad más allá de su control para que de nuevo regrese la armonía. No hace falta una teoría revolucionaria que nos indique cómo conseguir esto, es algo que tenemos a nuestro alcance. La gente de este planeta que habita la naturaleza es consciente de ello y no necesita teorizar sobre ello. La teoría es un abstracto, nuestro conocimiento es real.

Reducidos a su mínimo común, la fe europea, incluyendo la actual fe en la ciencia, coincide en que el ser humano es Dios. Europa siempre ha ido tras un mesías, sea Jesucristo, Karl Marx o Albert Einstein. El pueblo indio consideramos eso como algo absurdo. El ser humano es la criatura más débil de todas, tanto que otras criaturas abandonan alimentos gracias a los cuales podemos sobrevivir. Solo somos capaces de sobrevivir a través del ejercicio del raciocinio ya que carecemos de las habilidades de las que disponen otras criaturas para obtener comida, como el uso de colmillos o garras.

Sin embargo, el raciocinio es una maldición porque puede provocar que los humanos olvidemos el orden natural de las cosas, peligro que no subyace para otras criaturas, pero sí para el pueblo indio y al europeo, al que le ocurre de manera habitual. Nosotros damos gracias al ciervo por su carne; el europeo simplemente coge su carne sin más y considera al ciervo como algo inferior. El europeo se considera un dios en su racionalismo y cientifismo. Dios es el ser supremo y todo lo demás es inferior.

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Toda la tradición europea, entre la que incluyo el marxismo, ha conspirado para socavar el orden natural de las cosas. La Madre Tierra y los poderes han sido agredidos, algo que no puede continuar así, y no hay teoría que pueda modificar esta realidad. La Madre Tierra contraatacará, junto con la naturaleza, y sus agresores serán eliminados. Se cerrará el círculo, todo volverá al principio. Esta es la verdadera revolución y también una profecía de mi pueblo, el Hopi, entre otros.

El pueblo indio ha intentado transmitir esto al europeo durante siglos pero, como ya he dicho, el europeo ha hecho oídos sordos.  El orden natural prevalecerá y los criminales desaparecerán a la manera del ciervo que muere cuando atenta contra la armonía superpoblando una región. Es cuestión de tiempo que se produzca lo que los europeos llaman una catástrofe de proporciones bíblicas. Nuestro deber como pueblos indios, como seres naturales, es sobrevivir. Una parte de sobrevivir implica resistir. Resistimos no para deponer a un gobierno y alcanzar el poder, sino para resistir a la exterminación, para sobrevivir. No queremos el poder de las instituciones blancas, queremos que estas desaparezcan. Eso es revolución.

El pueblo indio aún continúa en contacto con esas realidades, esas profecías y toda la tradición de nuestros ancestros. Aprendemos de nuestros mayores, de la naturaleza y de sus poderes y cuando la catástrofe haya concluido, nuestro pueblo prevalecerá para repoblar este hemisferio. Me es indiferente si tan solo permanece una pequeña comunidad en lo más alto de los Andes, el pueblo indio sobrevivirá y retornará la armonía. Eso es revolución.

Una vez aquí, permitidme mostrarme claro con un asunto, aunque ya debiera parecerlo tras todo lo que vengo diciendo. Al hablar del término europeo, no estoy hablando de un determinado color de piel o de una cierta estructura genómica, hablo del pensar europeo, una visión del mundo producto exclusivo de la cultura europea. Nadie está determinado genéticamente para pensar así, al contrario, se nos culturiza para ello, tanto al pueblo o indio como a cualquier otro pueblo.

Muchos individuos de nuestro pueblo comparten los valores y la visión del europeo. Tenemos un término para estas personas, manzana, de piel roja (genética) por fuera y de piel blanca (valores) por dentro. Otras comunidades tienen sus propios términos parejos: las negras tienen a sus oreos, las hispanas tienen a sus cocos, etc. Y, como he señalado antes, hay excepciones a la norma entre la gente blanca: blanca por fuera pero no por dentro, pero no sé qué término aplicarles más allá de seres humanos.

Lo que propongo aquí no tiene que ver con lo racial sino con lo cultural. Soy enemigo de aquellas gentes que defienden y legitiman las realidades de la cultural europea y el industrialismo. Soy aliado de aquellas otras que se oponen y luchan contra ellas; lo son tanto mías como de mi pueblo. Y me es absolutamente indiferente su color de piel: el término técnico para definir a la raza blanca es caucásico, a lo que yo me opongo es a lo europeo.

Los comunistas vietnamitas no son caucásicos pero funcionan mentalmente como europeos. Igual que los comunistas chinos, los capitalistas japoneses, los bantúes católicos o los jefes de nuestras reservas que pretenden vender nuestras tierras y fundar casinos. No hay nada de racismo aquí: solo el reconocimiento de cómo la mente y el espíritu se conforman a través de la cultura.

Creo que soy un nacionalista cultural en términos marxistas. Mi trabajo está principalmente con el pueblo lakota porque comparto con ellos una visión común de la realidad y la misma lucha. También trabajo con otros pueblos indios por motivos muy similares. Y más allá de ahí trabajo con cualquiera que haya experimentado la opresión colonial europea y que ofrezca resistencia a su totalitarismo industrial. Aquí entran pueblos genéticamente caucásicos que tradicionalmente han ofrecido resistencia a las normas europeas dominantes, como el vasco o el irlandés, pero sin duda existen más.

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Trabajo principalmente con mi gente, con mi comunidad, algo que recomiendo a todos aquellos grupos humanos con una visión no europeizante de las cosas. Creo en la máxima cree en la perspectiva de tu prójimo, donde se incluyen todos los géneros. Creo en las perspectivas comunales y culturales de todas las etnias resistentes a la industrialización y a la consiguiente extinción. Personas blancas, a título individual, pueden ser también partícipes de esto únicamente si han reconocido que la continuidad del sistema industrial no es una simple posibilidad, sino el suicidio del ser humano como especie. El blanco es uno de los colores sagrados del pueblo lakota, junto al rojo, amarillo y negro. Los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, los cuatro periodos vitales del ser humano. Las cuatro etnias de la humanidad. Mezcla rojo, amarillo, blanco y negro y obtén el marrón, el color de la quinta etnia.. Este es el orden natural de las cosas. Por eso me parece perfectamente conveniente trabajar con todas las razas, con el significado particular de cada una, con su identidad y su manera de comunicarse.

Sin embargo, entre el caucásico suele predominar un comportamiento particular: tan pronto como empiezas a criticar activamente a Europa y a su impacto en otras culturas, se pone a la defensiva aunque el ataque no se dirija a ellos exactamente, sino a Europa. Es decir, al concretar mis críticas en Europa personalizan la cultura europea identificándose con la misma, y, por ello, tratan de legitimar una cultura letal. Este malentendido debe superarse ya mismo, nadie tenemos las fuerzas suficientes como para enfrascarnos en esta batalla inútil.

El caucásico posee una perspectiva mucho más positiva que ofertar a la humanidad que la de la cultura europea, pero es preciso que abandonen esta cultura para que esta visión prospere y para que, junto al resto de la humanidad, el hacer y el ser de Europa queden en evidencia.

Continuar aferrándose al capitalismo, marxismo o cualquier otro ismo significa permanecer dentro de la cultura europea, sin alternativa alguna. Algo que, por otra parte, sigue siendo una elección, una elección basada en criterios culturales, no étnicos, y optar por la cultura europea y el industrialismo es optar por ser mi enemigo. La elección es vuestra, no mía.

Al respecto de los miembros de mi pueblo que acuden a las universidades, viven en los extrarradios de las ciudades o se internan en las instituciones: si os metéis ahí para ejercer una resistencia de manera acorde a vuestros valores, bien, no sé cómo lo conseguiréis, pero vale. Eso sí, no os desgajéis de la realidad. Ojo con creer que el mundo blanco nos ofrece unas soluciones a los problemas que él mismo causa. Ojo también con que las palabras de nuestro pueblo se vuelvan en nuestra contra y sean usadas por nuestros enemigos, algo que Europa ha perfeccionado bien. Y si no, ojead los tratados entre los pueblos indioamericanos y los gobiernos europeos firmados a lo largo de la historia. Obtened fortaleza a través de vosotros mismos.

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Una cultura que muy comúnmente confunde algarada con resistencia no tiene nada que enseñarte y nada que ofrecerte como modo de vida. Hace mucho que el europeo ha abandonado cualquier relación con la misma realidad, si acaso alguna vez lo estuvo al mismo nivel que tú como nativo.

Así que, finalmente, concluyo que empujar a alguien al marxismo es algo que no deseo en absoluto. El marxismo es algo tan ajeno a mi cultura como lo es el capitalismo y el cristianismo. Es más, no intento empujar a nadie a nada. Cuando era más joven, los medios blancos acostumbraban a tratarme de líder, como gustan de hacer, en un momento en el que el Movimiento Indioamericano era una organización novísima. Entendí a partir de ahí que no puedes serlo todo para todo el mundo. No quiero que mis enemigos me revistan en esos términos. No soy un líder, soy un patriota Oglala lakota, lo único que necesito y algo que me hace muy feliz.

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